UNFPA - United Nations Population Found

State of World Population 2009

go to UNFPA.org

3 En marcha

El medio ambiente siempre ha conformado los desplazamientos de las personas y la distribución de las poblaciones humanas en el planeta. A lo largo de la historia, muchas personas se marcharon de lugares donde las condiciones eran difíciles o se estaban deteriorando, y tradicionalmente, los pueblos nómades han optado por la migración estacional para mantener sus medios de vida en ecosistemas delicados.

En la aldea de Sandeshkhali, a 100 kilómetros al sudeste de Kolkata, una aldeana de la India acarrea sus pertenencias vadeando las aguas en terrenos inundados.
© AFP/Getty Images

Las sequías ocurridas entre 1930 y 1936 en el "Cuenco de polvo" (Dust Bowl) estadounidense desplazaron a centenares de miles de personas y las sequías que asolaron la región del Sahel en África durante el decenio de 1970 obligaron a millones de agricultores y nómades a migrar a las ciudades (1).

Pero en las dos últimas décadas, la naturaleza y la escala de los desplazamientos de población causados por el medio ambiente han comenzado a cambiar. Si bien no se cuenta con cifras fidedignas, va en aumento la certeza acerca de los efectos del cambio climático y esto sugiere que crecientes cantidades de personas han de migrar en el futuro debido principalmente a razones relativas al medio ambiente. Aun cuando el medio geográfico y la escala de los futuros desplazamientos de población es menos fácil de pronosticar que los aspectos del propio cambio climático, es muy probable que en las próximas décadas, los cambios en el nivel del mar, en el clima y en otras condiciones del medio ambiente estimulen grandes aumentos en los desplazamientos. Las sociedades harán bien en considerar desde ahora cómo abordar los desplazamientos de poblaciones debidos al medio ambiente.

La relación entre factores medioambientales y movilidad humana es compleja: por una parte, el cambio en el medio ambiente estimula los desplazamientos humanos. Por otra parte, la migración y el desplazamiento pueden perjudicar al medio ambiente, en zonas de origen, zonas de destino y rutas de tránsito entre unas y otras. Esa conexión bidireccional entre migración y medio ambiente puede establecer un círculo vicioso: los movimientos de la población contribuyen a la degradación del medio ambiente en la zona de destino y esto, a su vez, puede estimular una nueva migración y desplazamiento. La degradación del medio ambiente se refiere a procesos, como la elevación del nivel del mar, que pueden ser causados o exacerbados por el clima, así como por la actividad humana mediante, por ejemplo, degradación de suelos a raíz de cultivos excesivamente intensivos.

En la mayoría de los casos es difícil establecer una relación causal simple y directa entre el desplazamiento de las personas y la degradación del medio ambiente. Los vínculos entre ambos factores suelen complicarse debido a otros factores, entre ellos conflictos, deficiente administración pública y bajos niveles de desarrollo.

[15] Ya no queda ningún lugar adonde ir

Cuando Oreba da un paso fuera de la puerta de su casa, está en el mar. Oreba y su esposo Titera viven en un auti,o cabaña abierta, con sus dos hijos varones, unos pocos pollos, tres lechones y un perro, parte de la comunidad Tebike Inano, en la zona costera de baja altitud de Tarawa, atolón de Kiribati.

Oreba, de 51 años de edad, ha presenciado los cambios en el mar, especialmente en la última década. Dice que el nivel del agua está subiendo y explica que ella y su esposo ya tuvieron que agregar varias veces arena al piso de su vivienda para mantenerlo seco. "En un principio, nues-tro techo era muy alto. Ahora, el techo realmente se está acercando. Si seguimos agregando arena al piso, dentro de poco mi cabeza chocará contra el cielo raso".

En Kiribati, Oreba Obiin, de 51 años de edad, combate la erosión costera con plantones de manglares.
© Reethu Arjun/UNPFA

Muchos habitantes de Tarawa han construido muros de contención a lo largo de la costa para proteger sus tierras, pero si el nivel del mar sigue subiendo, esos muros no bastarán. "Nosotros queremos permanecer aquí...si nos marchamos, va a ser porque no tenemos otra opción", dice Oreba.

Pero, ¿adónde irán Oreba y otros miles de personas como ella?

Kiribati es un país integrado por 33 atolones, pequeños montículos angostos constituidos por la acumulación de coral, arena y piedra caliza, con una altitud de apenas tres metros sobre el nivel del mar, en medio del vasto Océano Pacífico. Estos islotes son especialmente vulnerables a los efectos del calentamiento mundial: la elevación del nivel del mar, las tormentas más violentas, la erosión de las costas y la intrusión de sal en la capa freática. En algunos atolones periféricos, aldeas enteras han sido arrasadas. Pero, a diferencia de otros países con suelos de baja altitud, la población de Kiribati no tiene terrenos más elevados hacia los cuales emprender la retirada.

"La posibilidad de adaptación está muy severamente limitada para nosotros", explica el Presidente de Kiribati, Anote Tong. "Si nos apartamos de la línea costera, ya estamos en la otra costa, del otro lado de la isla".

Tong ha marcado un claro camino a seguir para la adaptación a corto plazo, por una parte, y por la otra, para encontrar soluciones a más largo plazo. "Seguiremos viviendo aquí durante tanto tiempo como sea posible y seguiremos necesitando lo que hemos necesitado a lo largo de los años, de modo que las inversiones en infraestructura tendrán que continuar", dice Tong. "Pero, si no nos reubicamos, ¿qué opciones tenemos? Nos ahogamos, ¿verdad? Estamos obligados a reubicarnos. Si nos reubicamos en otro país, naturalmente perderemos parte de nuestra cultura. Pero si no lo hacemos, perderemos todo el país y todo nuestro pueblo. No es cuestión de opción, es cuestión de necesidad".

Cambio climático y movilidad humana

Ya en 1990, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático declaró que "uno de los efectos más graves del cambio climático puede ser el que ejerce sobre la migración humana" (2). Esta declaración fue fundamentada por el Grupo en su cuarto Informe de Evaluación 2007, en que demostró que el cambio climático probablemente ha de acrecentar el riesgo de emergencias humanitarias y ha de desencadenar desplazamientos de población, como resultado de eventos meteorológicos cada vez más intensos, elevación del nivel del mar y acelerada degradación del medio ambiente (3).

El cambio climático y sus consecuencias perjudiciales para los medios de vida, la salud pública, la seguridad alimentaria y la disponibilidad de agua tendrán grandes repercusiones sobre la movilidad humana, y probablemente redundarán en un sustancial aumento en la escala de las migraciones y los desplazamientos. Esos movimientos causados por el medio ambiente probablemente se realizarán dentro de un mismo país, pero también, en menor medida, a través de fronteras nacionales (4). Asimismo, los efectos del cambio climático podrían transformar a algunas personas en apátridas.

La diferencia en los números

Si bien muchos expertos concuerdan en prever que el cambio climático ha de ser uno de los principales factores que impulsarán los desplazamientos de poblaciones en las próximas décadas, aún hay incertidumbre acerca de la escala y la naturaleza de los efectos del cambio climático y acerca de las mejores políticas y estrategias para abordar el problema. Una razón de la incertidumbre es la ausencia de datos fidedignos. Pero pese a la escasez de datos irrefutables, es evidente que los cambios del medio ambiente ya están redundando en sustanciales migraciones y desplazamientos de seres humanos.

En las últimas dos décadas, los desastres naturales registrados (5) se han duplicado; pasaron de aproximadamente 200 por año hasta más de 400, y siete de cada diez desastres registrados fueron clasificado como "relacionados con el clima" (6). La cantidad total de personas que sufren las consecuencias de esos desastres naturales se ha triplicado en el último decenio, con un promedio de 211 millones de personas directamente afectadas cada año (7). Se estimó que en los 30 años entre 1973 y 2003, el "costo humanitario" de desastres relacionados con el clima fue de 165 millones de personas, es decir, un 98% de todas las personas que resultaron muertas o afectadas por desastres naturales en ese período (8). También hay indicios de que esta cantidad está aumentando: entre 1998 y 2007, hubo 2.200 millones de personas afectadas por desastres climáticos, en comparación con 1.800 millones en los diez años anteriores (9).

Hay diversas estimaciones de la cantidad de personas que ya han sido desplazadas debido a los cambios del medio ambiente, y la cantidad mencionada con mayor frecuencia es de 25 millones de personas (10). En ese número no se incluye la cantidad, posiblemente mayor, de personas que se desplazaron como resultado de cambios graduales del medio ambiente, entre ellos sequías o erosión de los suelos. Asimismo, aquel total no incluye a quienes también fueron desplazados por otras consecuencias perjudiciales del cambio climático, por ejemplo, la disminución de la seguridad alimentaria.

La estimación de futuros desplazamientos de la población relacionados con el cambio climático hacia mediados de este siglo plantea dificultades aun mayores, pues las cantidades oscilan pronunciadamente entre 50 millones y 1.000 millones de personas, con desplazamientos o bien dentro de sus propios países o bien a través de las fronteras, con carácter permanente o transitorio (11). La estimación para 2050 más ampliamente utilizada del número de personas que han de ser desplazadas por factores medioambientales es de unos 200 millones (12).

Las grandes discrepancias entre las diversas estimaciones plantean importantes cuestiones, no sólo acerca de la fiabilidad y disponibilidad de los datos, sino también con respecto a las metodologías y definiciones utilizadas para recopilar y analizar la información y acerca de las hipótesis subyacentes adoptadas por quienes efectúan esos cálculos. La formulación de estimaciones fiables de las corrientes de población relacionadas con el cambio climático está colmada de dificultades, entre ellas la compleja relación entre factores medioambientales y movilidad humana, la incertidumbre acerca de los efectos del cambio climático y de futuras hipótesis al respecto y la necesidad de tener en cuenta otras variables, entre ellas las tendencias y proyecciones demográficas (13). Además, los procesos medioambientales y las consecuentes migraciones varían a lo largo del tiempo y del espacio, lo cual complica aún más el análisis.

Otra dificultad es la ausencia de una terminología generalmente aceptada. Los términos de uso popular como "refugiado del clima" o "refugiado del medio ambiente" no tienen base en la legislación internacional existente sobre los refugiados. Con frecuencia, las personas a quienes se califica de "refugiados del clima" no han atravesado realmente una frontera internacional. El uso de esa terminología puede exacerbar la confusión relativa al vínculo entre cambio climático, degradación del medio ambiente y migración.

[16] Definiciones relativas a las personas en movimiento

No hay un consenso internacional sobre la terminología relativa a las personas que se desplazan en respuesta a factores relacionados con el clima. La Organización Internacional para las Migraciones ha propuesto una definición de trabajo de "migrantes del medio ambiente" como "personas o grupos de personas que, por apremiantes razones de cambios repentinos o progresivos en el medio ambiente, los cuales perjudican sus vidas o sus condiciones de vida, se ven obligados a marcharse de sus viviendas habituales u optan por hacerlo, o bien transitoriamente o bien permanentemente, y que se desplazan tanto dentro de su propio país como hacia el extranjero" (14).

Personas internamente desplazadas
La definición actualmente aceptada de persona internamente desplazada es "personas o grupos de personas que se han visto obligadas a huir o a marcharse de sus viviendas o lugares de residencia habitual, en particular como resultado de conflictos armados, situaciones de violencia generalizada, conculcación de los derechos humanos o desastres naturales o causados por el ser humano, o para evitar los efectos de dichas situaciones, y que no han cruzado una frontera nacional internacionalmente reconocida". Esta definición incluye a todos quienes se ven desplazados por la fuerza dentro de su propio país debido a los efectos del cambio climático.

Refugiados
De conformidad con el derecho internacional, un refugiado es una persona que "debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él". El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados tiene el mandato de proteger, en calidad de refugiados, a personas que tengan temores acerca de graves e indiscriminadas amenazas contra su vida, su integridad física o su libertad a raíz de la violencia generalizada o de eventos que perturben gravemente el orden público, y también a las personas que encuadren en la definición incluida en la Convención de 1951 sobre los refugiados (Convención sobre el Estatuto de los Refugiados). Esas definiciones excluyen a quienquiera que atraviese fronteras debido únicamente a la degradación del medio ambiente en sus países de origen.

Personas apátridas
Una persona apátrida se define como "toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación". Las personas que poseen oficialmente una nacionalidad pero cuya nacionalidad no es efectiva se denotan por general como "personas apátridas de facto". Además, un "refugiado apátrida" se define en la Convención de 1951 sobre los refugiados como persona "que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él".

Es posible que en el futuro haya desplazamientos de población de magnitud considerable provocados por el medio ambiente y es posible que esos desplazamientos tengan implicaciones para la conducción del socorro humanitario y de la migración. Incluso si se materializaran las variantes bajas de las estimaciones sobre desplazamientos lentos o repentinos de población, se suscitarían dificultades a escala mundial. Satisfacer las necesidades de millones adicionales de personas que se marchan de su vivienda a consecuencia de factores relativos al cambio climático pondría gravemente a prueba la eficacia y la sostenibilidad de los modelos de respuesta humanitaria que actualmente aplican las Naciones Unidas y las organizaciones internacionales de socorro.

Los mitos en contraposición con la realidad

La sugerencia de que millones de migrantes del medio ambiente están listos para marcharse de los países en desarrollo en procura de seguridad permanente y nuevas vidas en países industrializados es engañosa.

En general, la migración debida al medio ambiente es—y probablemente ha de seguir siendo—principalmente un fenómeno que ocurre dentro de un país; una pequeña proporción de los desplazamientos se realizan entre países limítrofes, y hay cantidades aún más pequeñas de personas que se trasladan largas distancias desde sus regiones de origen. Además, varios estudios, entre ellos uno sobre las zonas rurales de Malí durante las sequías de 1983 y 1985, comprobaron que la degradación del medio ambiente puede, en verdad, contribuir a que disminuyan las tasas de desplazamientos internacionales a grandes distancias (15). Probablemente, esto se debe al costo relativamente alto de la migración a largas distancias, que pocos hogares pueden sufragar durante años de sequía. Cuando realmente ocurre la migración a largas distancias, la elección del lugar de destino suele basarse en la ubicación de redes de apoyo ya establecidas o en rutas de migración tradicionales y, en muchos casos, hay vínculos históricos entre el país de origen y el país de destino. Numerosos desplazamientos de población relacionados con el medio ambiente son transitorios; muchas personas prefieren regresar a su lugar de origen tan pronto como esto es viable y puede hacerse sin riesgo.

Los migrantes a causa del medio ambiente, en su mayoría, vienen de zonas rurales de los países menos adelantados. Pero en el futuro, es bien probable que haya migraciones desde zonas urbanas provocadas por el medio ambiente, a medida que la elevación del nivel del mar amenace con inundar zonas costeras densamente pobladas, donde se ubica un 60% de las 39 metrópolis más grandes del mundo, entre ellas 12 ciudades con poblaciones superiores a diez millones de habitantes cada una (16).

Factores del medio ambiente que impulsan la migración

En algunos casos, los eventos meteorológicos extremos, por ejemplo los ciclones, empujan a las personas a marcharse de sus hogares, pero en muchos más casos, es la degradación insidiosa del medio ambiente la que proporciona el impulso para marcharse. No toda la degradación del medio ambiente se relaciona con el cambio climático y, por consiguiente, no todos los desplazamientos en respuesta a tal degradación se relacionan con el cambio climático.

Lo probable es que los eventos meteorológicos extremos, los cambios en las temperaturas medias y en las precipitaciones pluviales, y la elevación del nivel del mar contribuyan en muchos casos a acrecentar los niveles de movilidad; pero hay dificultades intrínsecas para pronosticar con alguna precisión de qué manera el cambio climático repercutirá sobre la distribución y los movimientos de la población. Esto se debe en parte a los niveles relativamente altos de incertidumbre acerca de los efectos concretos del cambio climático y, en parte, a la falta de datos integrales sobre corrientes de migración, especialmente los desplazamientos dentro de las fronteras nacionales, en particular, en países de bajos ingresos que probablemente sean los más afectados por el cambio climático (17).

Para obtener un panorama más claro de la movilidad de las personas y el cambio del medio ambiente, es útil distinguir entre los efectos de eventos o desastres naturales repentinos y los de procesos que se van desenvolviendo lentamente. Ambos influyen sobre las pautas de movilidad de la población, pero de maneras diferentes.

Los desastres naturales, incluidos los relativos al cambio climático, pueden destruir la infraestructura básica, perturbar los servicios y menoscabar los medios de vida, y a menudo tienen como resultado desplazamientos repentinos y en gran escala de las poblaciones. Por ejemplo, el Huracán Katrina, que asoló a los Estados Unidos en agosto de 2005, causó el desplazamiento de aproximadamente un millón de personas.

Muchos de quienes se marchan de sus hogares cuando ocurren desastres naturales, eventualmente retornan. Pero hay varios factores que influyen sobre la posibilidad de marcharse de zonas afectadas por desastres y de regresar a ellas; entre otros, la percepción de que hay riesgos, el nivel socioeconómico y la mitigación de los desastres gracias a la asistencia y los subsidios.

Si bien los desastres naturales de gran magnitud, como el Ciclón Nargis en Myanmar, son los que reciben mayor atención en los medios de difusión y las noticias, hay cambios medioambientales menos espectaculares, pero igualmente devastadores, que se van produciendo paulatinamente y no reciben mucha atención en los medios de difusión internacionales. No obstante, son esos cambios graduales, entre ellos la desertificación, la escasez de agua y la erosión de costas y de suelos, los que causan la mayoría de los desplazamientos de población relacionados con el medio ambiente.

[17] Hipótesis futuras sobre el cambio climático y sus efectos sobre los desplazamientos de población

Según el Cuarto Informe de Evaluación preparado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, es posible que se desencadenen desplazamientos de población en zonas afectadas por sequías, que se intensifique la actividad de ciclones tropicales, que aumente la incidencia de elevaciones extremas del nivel del mar (distintos de los tsunamis) y que se acentúe la variabilidad climática (18). Mientras tanto, Walter Kälin, Representante del Secretario General de las Naciones Unidas para la cuestión de los derechos humanos de los desplazados internos, ha formulado cinco hipótesis futuras sobre el cambio climático, cada una de las cuales tiene diferentes repercusiones sobre la velocidad o la escala de la migraciaón o el desplazamiento:

  • Desastres hidrometeorológicos, inclusive eventos meteorológicos extremos, como huracanes, inundaciones, deslizamientos de tierras y aludes de lodo, que pueden suscitar desplazamientos repentinos de población.
  • Degradación del medio ambiente, inclusive la desertificación, la escasez de agua y el agotamiento de los suelos, que puede redundar en migraciones o desplazamientos graduales.
  • Pérdidas del territorio estatal, inclusive la erosión y las inundaciones costeras resultantes de la elevación del nivel del mar. Quienes viven en zonas costeras de baja altitud y los pequeños Estados insulares en desarrollo, de los que se dice que "se están hundiendo", entre ellos las Maldivas, Tuvalu y Vanuatu, serán los más afectados si se materializara esta hipótesis; esto puede conducir a migraciones y desplazamientos graduales y, posiblemente, incluso a la apatridia de los desplazados.
  • Designación de "zonas de alto riesgo" por las autoridades nacionales, inclusive territorios propensos a desastres y designados como peligrosos, lo cual conduce al reasentamiento forzado de sus habitantes. Si se materializara esta hipótesis, podría causar procesos graduales de migración, reubicación y desplazamiento, con mucha frecuencia dentro del mismo país.
  • Violencia y conflicto armado para disputarse recursos naturales escasos y en disminución, inclusive los conflictos dimanados de la inseguridad en el suministro de alimentos y agua y de la escasez de tierras cultivables. Si se materializara esta hipótesis, podría causar migraciones y desplazamientos, en forma tanto gradual como repentina.

Por ejemplo, se estima que en África, lo probable es que en los últimos dos decenios hayan migrado o hayan sido desplazadas diez millones de personas, debido principalmente a la degradación del medio ambiente y la desertificación (19).

Los cambios graduales del medio ambiente pueden producir muy diversas corrientes migratorias y lo probable es que la mayoría de éstas ocurran internamente o a través de las fronteras con países limítrofes.

Puede preverse que diferentes etapas de la degradación del medio ambiente han de tener diferentes efectos en cuanto al movimiento de personas. En etapas tempranas e intermedias de tal degradación, la respuesta migratoria suele ser de naturaleza transitoria y probablemente, no forzada. Cuando la degradación se torna grave o irreversible, como en el caso de la elevación del nivel del mar, los desplazamientos resultantes pueden transformarse en permanentes y requerir el reasentamiento de las poblaciones afectadas.

Algunas zonas pueden estar expuestas a una combinación de degradación gradual del medio ambiente y desastres naturales. En esos casos, la degradación puede acrecentar pronunciadamente la vulnerabilidad de la zona a los desastres naturales.

[18] Conducción de movimientos de población provocados por el clima en Nepal

En agosto de 2008, las reiteradas inundaciones en las zonas oriental y occidental de Nepal afectaron a más de 250.000 personas, muchas de las cuales estaban viviendo en la pobreza y habían padecido inundaciones y deslizamientos de tierras el año anterior.

En Nepal, las inundaciones y los deslizamientos de tierras son desastres que se repiten con la sucesión de las estaciones y son atribuibles a la tala de los bosques, particularmente en zonas serranas. Se prevé que el cambio climático ha de exacerbar la frecuencia y la intensidad de las inundaciones, a medida que las lluvias se vayan extendiendo hacia el oeste del país y el derretimiento de la nieve y los glaciares van aportando crecientes cantidades de agua a los ríos, cuyo caudal ya ha aumentado y causado desbordes en la estación lluviosa.

Nepal figura entre los países con bajo �ndice de Desarrollo Humano; más del 80% de su población sobrevive con menos de dos dólares diarios.

Entre los factores que influyen sobre la vulnerabilidad a los desastres naturales en Nepal figuran las cuestiones de género. A medida que va en aumento el número de hombres que se marchan de las zonas montañosas y rurales y emigran a ciudades recientemente industrializadas, hay cada vez más y más cantidades de mujeres que se convierten en jefas de familia y permanecen en zonas propensas a las inundaciones y, por consiguiente, son más vulnerables a los desastres relacionados con el clima.

En 2008, se derrumbó un muro de contención del Río Koshi, en la zona oriental de Nepal, y arrasó aldeas enteras en los distritos de Sunsari y Saptari, afectando a unas 70.000 personas. La fuerza del agua fue tan arrolladora que el curso del río cambió casi completamente, bloqueó el acceso a algunas zonas inundadas y empujó a decenas de miles de personas hacia campamentos improvisados. En respuesta a la catástrofe, la Organización Internacional para las Migraciones se encargó de la coordinación de la respuesta humanitaria internacional de las Naciones Unidas, de la Federación de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, y de varias organizaciones no gubernamentales y otros copartícipes, para ayudar al Gobierno de Nepal a responder a las urgentes necesidades humanitarias, sentar al mismo tiempo las bases para soluciones más duraderas y para el fomento de las capacidades nacionales en materia de reducción del riesgo de desastres, y preparar así el camino para un regreso voluntario, ordenado y en condiciones de seguridad de los desplazados.

Factores agravantes

La relación entre factores del medio ambiente y movimiento de personas puede tanto afectar como ser afectada por los conflictos. Los cambios en la distribución de la población a raíz de la degradación del medio ambiente y el cambio climático pueden agravar la desigualdad en materia de recursos y la competición por recursos como agua o tierras, lo cual puede eventualmente desencadenar conflictos. En Darfur, por ejemplo, la desertificación, la degradación de las tierras y la deforestación han exacerbado los efectos de las recurrentes sequías sobre las comunidades y han contribuido a agravar las tensiones entre pastores nómades y agricultores, al competir por elementos cada vez más escasos como pastizales, tierras cultivables y agua dulce (20). Por otra parte, la investigación actual indica que, aun cuando el estrés del medio ambiente o los movimientos espontáneos de las personas pueden agregarse a las tensiones preexistentes y exacerbarlas, no se trata de una relación simple de causa a efecto. Las pruebas objetivas empíricas no apoyan la noción de que el cambio del medio ambiente automáticamente crea migraciones en masa, las cuales podrían a su vez desencadenar conflictos violentos. Es mucho lo que depende de las circunstancias locales.

El crecimiento de la población, la pobreza y los sistemas de gobernabilidad también influyen sobre la forma en que el cambio del medio ambiente afecta las vidas y los medios de vida de las personas. Los conceptos gemelos de "capacidad portante" y "capacidad de atención" también son pertinentes. La capacidad portante denota las particulares características de un ecosistema que afectan cómo sostiene la actividad humana o cómo se hace vulnerable a los efectos negativos del cambio climático. La capacidad de atención describe las variables sociales, de desarrollo e institucionales que sustentan la capacidad de las instituciones para hacer frente al estrés medioambiental (21). Los potenciales efectos perjudiciales del cambio climático probablemente serán especialmente severos en países cuyas capacidades, tanto portante como de atención, son limitadas (22).

¿Marcharse o quedarse?

La decisión de marcharse o quedarse suele adoptarse a nivel individual o de la familia, especialmente cuando el problema es la degradación lenta y gradual del medio ambiente. En consecuencia, un análisis de la manera en que las personas, los hogares y, en algunos casos, las comunidades, responden a los cambios del medio ambiente, proporciona percepciones acerca de cuándo es probable que haya migraciones, quién es probable que migre y por qué razón.

Cerca de Niamey, Níger, un hombre corre en busca de refugio al aproximarse una tormenta.
© AFP/Getty Images

Las decisiones de migrar son complejas y dependen de muchas consideraciones, entre ellas las relaciones recíprocas entre capacidad portante y capacidad de atención. Por consiguiente, es difícil, tanto en la teoría como en la práctica, aislar factores del medio ambiente y, especialmente, los relacionados con el cambio climático, respecto de otros motivos para la migración. Dentro de un conjunto dado de circunstancias sociales y medioambientales, las decisiones de marcharse o permanecer en un lugar dependen del nivel de ingresos, de las redes de apoyo social, de las pautas locales en las relaciones de género y de las percepciones sobre las alternativas distintas de marcharse. Por ende, al igual que el medio ambiente es sólo uno entre varios factores que impulsan la migración, la migración es sólo una entre varias posibles respuestas a los cambios en el medio ambiente.

Al mismo tiempo, la distinción entre migración voluntaria y migración forzada se hace a veces borrosa, lo cual complica más los intentos de determinar si las personas se marchan de sus hogares debido a circunstancias relativas al clima, o cuándo lo hacen. Con la excepción de los desastres naturales que provocan una huida inmediata, por lo general hay una acumulación de factores de índole económica, social y política que conducen a una persona a la decisión de marcharse. Cuando hay un empeoramiento progresivo de la situación, puede llegarse a un punto basculante decisivo: tal vez la decisión de marcharse no sea forzada, pero ya no será voluntaria. En un extremo de la serie sin solución de continuidad están los casos evidentes de migración forzada; en el otro extremo, los casos claros de migración voluntaria; entre ambos extremos, existe una amplia gradación, una "zona gris".

Efectos desiguales

El cambio climático tiende a exacerbar las diferencias entre diversos grupos en lo concerniente a la vulnerabilidad y la capacidad para hacer frente a los efectos de dicho cambio. En general, los grupos desprotegidos y socialmente marginados, entre ellos los pobres, los niños, las mujeres, los ancianos y las poblaciones indígenas, suelen ser quienes sufren las más arduas consecuencias del cambio medioambiental. Por lo tanto, en el análisis de las consecuencias del cambio climático es imprescindible incorporar consideraciones de género, edad y diversidad, así como centrar en dichos grupos las respuestas de política.

Dado que la migración requiere contar con recursos económicos y de otra índole, no todos disponen de ese tipo de estrategia para salir adelante. En general, las mujeres, los niños y los ancianos son quienes quedan relegados, mientras que los miembros varones de la familia son quienes probablemente se marcharán del hogar. Por consiguiente, los restantes miembros de la familia, particularmente las mujeres, se hacen aun más vulnerables, dado que deben soportar la carga de atender a la familia mientras tienen menor acceso a oportunidades de obtener ingresos. Por ejemplo, en la región de Tambacounda, en el Senegal, un 90% de los hombres de entre 30 y 60 años de edad han migrado al menos una vez durante su vida. Esta migración ha acrecentado la carga económica sobre las mujeres y los niños que quedaron atrás (23).

El cambio climático tiende a exacerbar las diferencias entre diversos grupos en lo concerniente a la vulnerabilidad y la capacidad para hacer frente a los efectos de dicho cambio. En general, los grupos desprotegidos y socialmente marginados, entre ellos los pobres, los niños, las mujeres, los ancianos y las poblaciones indígenas, suelen ser quienes sufren las más arduas consecuencias del cambio medioambiental.

En algunos casos, la emigración de los varones puede también agravar la vulnerabilidad de las mujeres a los efectos de los desastres naturales, y hay pruebas objetivas de que la vulnerabilidad a dichos desastres difiere entre los hombres y las mujeres. Según las estadísticas, los desastres naturales se cobran mayor cantidad de vidas de mujeres que de hombres, o matan a las mujeres a edades más tempranas que a los hombres. En 1991, por ejemplo, un ciclón en Bangladesh causó entre las mujeres una cantidad de víctimas cinco veces superior a la de víctimas masculinas (24). Las diferencias entre las tasas de mortalidad de hombres y de mujeres a raíz de desastres naturales están directamente vinculadas a las diferencias en la condición socioeconómica entre uno y otro sexo y a la medida en que las mujeres disfrutan de derechos económicos y sociales. La más baja condición socioeconómica de la mujer se correlaciona con mayores diferencias en las tasas de mortalidad. Las restricciones a los comportamientos y el acceso limitado a la información y los recursos pueden reducir directamente las posibilidades de supervivencia de la mujer durante un desastre natural o inmediatamente después de éste. Además, dado que en muchas sociedades las mujeres son las principales encargadas de atender a los demás miembros de la familia, en una crisis tienden a preservar la seguridad de sus hijos, a expensas de la suya propia.

Además, dado que en los países en desarrollo las mujeres están desproporcionadamente involucradas en la agricultura de subsistencia, en el ordenamiento de los recursos naturales y en la recolección de agua, es más probable que ellas padezcan en mayor medida que los hombres los efectos de la erosión de los suelos, la desertificación, las sequías, la escasez de agua, las inundaciones y otros cambios del medio ambiente (25).

En las hipótesis futuras sobre migraciones y desplazamientos, tanto graduales como repentinos, a menudo se agravan las pautas preexistentes de discriminación y malos tratos. Las mujeres y las niñas corren riesgo de violencia sexual y violencia por motivos de género, así como de ser víctimas de trata de seres humanos, de malos tratos infantiles y de malos tratos relacionados con el consumo de alcohol. Las mujeres y las niñas desplazadas y refugiadas corren mayores peligros en ámbitos de campamentos y urbanos, cuando recogen leña o agua y buscan medios de vida. En muchas sociedades, las mujeres están en una posición aun más desventajosa cuando tratan de obtener documentación o de recuperar la propiedad de un bien.

Además, cuando hay desplazamientos forzados, desastres y crisis, suelen quedar perturbadas o debilitadas las capacidades de los sistemas de atención de la salud para responder a las crecientes necesidades de las poblaciones afectadas. Debido a que durante una emergencia tal vez haya múltiples prioridades de salud que compiten entre sí, hay peligro de que el suministro de servicios de salud reproductiva para las mujeres y las niñas no satisfaga la demanda (26). En general, los desplazamientos de población agravan los riesgos de salud que corren los grupos más vulnerables, incluidas las embarazadas, los ancianos y las personas con discapacidad.

Los pobres, otros grupos marginados y las personas residentes en ciudades densamente pobladas que ocupan los deltas del mundo, son particularmente vulnerables a los desastres climáticos y a la degradación lenta del medio ambiente. Con frecuencia, los pobres viven en tugurios y en la periferia de esas ciudades, y tienen limitado acceso a la infraestructura, los servicios de salud y otros servicios. Las migraciones hacia las ciudades desde zonas rurales que padecen degradación medioambiental o desde zonas azotadas por desastres naturales, pueden exacerbar las condiciones reinantes en los tugurios urbanos. La capital de Bangladesh, Dhaka, en la ribera del Río Buriganga, es la megaciudad en más acelerado crecimiento del mundo, con una población superior a 12 millones de habitantes—el doble de la que tenía hace un decenio—y, según las proyecciones, ha de llegar a 20 millones de habitantes hacia 2020 (27). También se prevé que ha de aumentar la población de los tugurios de Dhaka, estimada en 3,4 millones de personas, pues cada año llegan hasta 400.000 nuevos migrantes, en su mayoría pobres, procedentes de zonas rurales y costeras donde son cada vez más comunes las penurias a consecuencia del medio ambiente (28).

Debido a la insuficiente capacidad de absorción de muchas ciudades del mundo y a la falta de planificación para un futuro crecimiento, con frecuencia los migrantes desde zonas rurales hacia zonas urbanas tienen como única opción explotar excesivamente o contaminar los recursos naturales para satisfacer sus necesidades básicas. Dado que no hay vivienda costeable, los migrantes tal vez recurran a construcciones no reglamentarias, así como a medios de vida insostenibles y a prácticas no sanitarias que crean graves riesgos de salud pública y degradan las tierras, con lo cual se exacerban los efectos de los aludes de lodo y las inundaciones, así como la vulnerabilidad a ellos (29).

El otro costado de la migración a causa del medio ambiente

No todas las noticias acerca de las migraciones provocadas por el medio ambiente son malas. En algunos casos, esos desplazamientos de población han beneficiado a las personas y las comunidades. Los migrantes que retornan a su lugar de origen pueden traer consigo aptitudes y conocimientos prácticos recientemente adquiridos y así crear nuevas oportunidades en cuanto a los medios de vida y estimular las economías locales (30). En consecuencia, la movilidad puede contribuir a la adaptación de las personas afectadas por los cambios del medio ambiente. A la inversa, la inmovilidad puede acrecentar la vulnerabilidad de las personas a las presiones del medio ambiente.

Según Cecilia Tacoli, del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo (IIED), muchos de los pronósticos acerca de que habrá centenares de millones de "refugiados del clima" y "migrantes del clima" se basan en ideas implícitas acerca de que la migración refleja un fracaso de la adaptación a los cambios en el medio ambiente físico y que los migrantes son un grupo relativamente indiferenciado, cuyos integrantes responden todos de manera similar a las emergencias desplazándose hacia destinos no especificados. Esas ideas contrarían otra opinión, formulada sobre la base de más sutiles distinciones y mayor realismo, de que la migración es una respuesta adaptativa al cambio socioeconómico, cultural y medioambiental. Van en aumento las pruebas objetivas de que la movilidad, conjuntamente con la diversificación del ingreso, es una importante estrategia para reducir la vulnerabilidad a los riesgos medioambientales y de otra índole.

En muchos casos, la movilidad no sólo acrecienta la resiliencia frente al cambio climático, sino que además posibilita que las personas y los hogares acumulen bienes. Es importante adoptar políticas de apoyo que den lugar a la movilidad y la migración, con fines tanto de adaptación como de logro de objetivos más amplios de desarrollo (31).

El camino hacia adelante

Nadie sabe con seguridad cuántas personas se desplazarán en los próximos decenios como resultado de la insidiosa declinación del medio ambiente o a raíz de huracanes, ciclones y otros desastres naturales relacionados con el clima. Que el total sea de 50 millones o de 1.000 millones, la comunidad internacional debe estar preparada para situaciones en que crecientes cantidades de personas se marchan de sus hogares, transitoria o permanentemente.

Las organizaciones de socorro, los responsables políticos, los donantes, los países de acogida y los propios países afectados están mal preparados para los desplazamientos de población provocados por el medio ambiente, debido en parte a la escasez de datos y pronósticos fidedignos, que son indispensables para crear conciencia y movilizar la voluntad política y los recursos necesarios a fin de hacer frente a las dificultades que vayan surgiendo. Además, se necesita con urgencia lograr una mejor comprensión de los efectos de los factores medioambientales sobre los movimientos y la distribución de la población, además de contar con información más detallada y más sensible a las cuestiones de género acerca de cuáles serán las poblaciones y las zonas más afectadas, de manera de poder planificar eficazmente para hacer frente a los efectos del cambio climático sobre la movilidad humana, adaptarse a esos efectos y mitigarlos32. Esto requerirá no solamente investigación interdisciplinaria, sino también la colaboración de múltiples interesados directos en la formulación de enfoques integrales.

Es preciso contar con políticas nacionales e internacionales para abordar los movimientos de población provocados por el medio ambiente. Los programas de acción nacionales para la adaptación todavía no incluyen disposiciones relativas a la migración; y las políticas nacionales de gestión de la migración aún no incorporan consideraciones relativas al medio ambiente y el cambio climático. De manera similar, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático todavía no considera las implicaciones del cambio climático sobre la movilidad humana.

La eficacia de las acciones encaminadas a mitigar los efectos del cambio climático y adaptarse a ellos dependerá de la plena participación y la contribución de las mujeres y las niñas. Mejorar el involucramiento de las mujeres no sólo es esencial para reducir su vulnerabilidad sino que también ha de contribuir sustancialmente a la supervivencia de comunidades enteras. El éxito de las estrategias de adaptación también dependerá de la participación de las poblaciones indígenas. Con frecuencia se ha comprobado que aprender de la rica experiencia de las poblaciones indígenas y aprovechar los recursos y conocimientos locales para formular las soluciones de adaptación apropiadas es la manera más exitosa de acrecentar la resiliencia de las poblaciones afectadas. También es importante la participación de las poblaciones indígenas en la adopción de decisiones acerca de estrategias de adaptación, debido a que esas comunidades figuran entre las más profundamente afectadas por el cambio climático: sus identidades están estrechamente ligadas a sus territorios y a sus medios de vida tradicionales, que pueden estar amenazados por los efectos del cambio climático, los cuales podrían empujarlos a que se marcharan de sus lugares de residencia.

La migración puede ser una manera eficaz de adaptarse a los efectos del cambio climático. Pero la migración no planificada y repentina, en respuesta a un desastre natural, probablemente desencadenará una secuencia de eventos que pueden redundar en un aumento de las dificultades, entre ellas conflictos, pobreza y mayor deterioro del medio ambiente. Si se realizaran investigaciones integrales—incluidas la cartografía y las encuestas mediante sistemas de información geográfica—se podrían proporcionar algunos instrumentos necesarios para evitar o reducir la probabilidad de trastornos catastróficos para las comunidades vulnerables, de modo que la migración sea cuestión de opción y no de necesidad apremiante o de supervivencia.

[19] En Colombia, un programa de migración transitoria beneficia a las comunidades vulnerables al medio ambiente

Muchas zonas de Colombia son vulnerables a riesgos medioambientales estacionales, entre ellos escasez de agua, inundaciones y erosión de los suelos. En febrero de 2009, por ejemplo, el Río Mira se desbordó y afectó a más de 30.000 personas.

Las vulnerabilidades al medio ambiente, agravadas por el cambio climático, también son exacerbadas por la pobreza. Esos factores, sumados a conflictos y problemas de seguridad, impulsan desplazamientos de población internos e internacionales. Según se estima, 3,3 millones de colombianos se han trasladado a otros países; sus remesas a Colombia ascendieron a 4.600 millones de dólares en 2007 solamente.

Al reconocer la posible contribución de la migración al desarrollo y la adaptación al cambio climático, Colombia estableció en 2006 un programa que facilita la migración transitoria estacional a España. Originariamente, el programa se proponía ayudar a los hogares que habían perdido sus medios de vida a raíz de una erupción volcánica en la región de Galera. Pero desde entonces, el programa se ha ampliado para incluir a miembros de comunidades rurales cuyos cultivos y tierras son vulnerables a las inundaciones y otros desastres naturales.

En España, los migrantes obtienen un ingreso, mayormente del trabajo agrícola, que les ayuda a sufragar los gastos de atención de la salud de la familia, educación de los hijos y vivienda, y posibilita que las mujeres y los hombres efectúen inversiones en proyectos que benefician a sus comunidades de origen. Los migrantes también adquieren nuevas aptitudes, lo cual puede ayudarlos a diversificar sus ingresos tras regresar a Colombia.

El programa, que cuenta con el apoyo de la Unión Europea, posibilita que los colombianos acrecienten su resiliencia a los problemas del medio ambiente y les ofrece una alternativa distinta de un reasentamiento permanente. Los periódicos contratos de empleo por seis meses proporcionan amplio tiempo para que las tierras ecológicamente frágiles se recuperen, de modo que sea posible efectuar nuevamente cultivos comerciales en ellas.

Descargar PDF Volver al principio