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Grita

Futbolista Mozambiqueña: Jugar Fuerta por la Vida

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Era tan difícil separarla de su hermano mellizo. Grita y Elias siempre habían estado juntos, jugado juntos, peleado juntos: cuando su hermano empezó a jugar al fútbol, Grita lo siguió, corriendo descalza por las calles de tierra detrás de la pelota. Los chicos de su barrio —Alto Mãe, en Maputo, la capital de Mozambique— a veces se burlaban de ella: "Uy, otra vez el varoncito vino a jugar, vete a cocinar, varoncito".

Pero, a fin de cuentas, no tenían más remedio que dejarla: los hermanos de Grita eran los dueños de la pelota.

El dueño de la pelota siempre juega. Aunque juegue muy mal, juega. Así son las cosas, y yo me aprovechaba.

Grita jugaba bien, tenía habilidad y mucho empuje. Le gustaba el fútbol, pero también le gustaban las muñecas. En la escuela, en cambio, no le iba tan bien, y sus padres se lo reprochaban. Grita nació en Maputo en 1987, la cuarta de los cinco hijos de un matrimonio del norte del país. No les resultó fácil, pero pudieron criarlos en medio de una guerra civil. Todos los días, su madre salía a vender "ropa de fardos": en muchos países africanos hay personas que compran fardos de cincuenta o cien kilos de ropa usada de los países ricos, la ordenan, la acomodan y la venden por unidad en los mercados. Su madre vendía mucha ropa hasta que se enfermó y tuvo que dejarlo; su padre, mientras tanto, mantenía su trabajo en el Ministerio de Agricultura:

A mi padre hasta los vecinos lo llaman Machel…

Samora Machel fue el primer jefe del FRELIMO, el movimiento guerrillero que expulsó a los portugueses de Mozambique: un señor con fama de inflexible.

… porque es un hombre serio, muy exigente. Pero si él no fuera así vaya a saber dónde estaría yo ahora.

Por qué?

Porque mi barrio es muy duro, mucha mala vida.

Grita tardó en descubrirlo: cuando era una nena, dice, jugaba, iba a la escuela, todo parecía tranquilo. Pero al entrar en la adolescencia se dio cuenta de que, para ella y sus amigos, había muchas cosas que desear y muy pocas posibilidades de alcanzarlas:

Los hombres quieren dinero para invitar a salir a sus chicas, ven un auto que les gusta, un teléfono, y no tienen, entonces algunos salen a robar. Y nosotras vemos unos zapatos, unas extensiones para el pelo, un vestido, los ves y no los puedes comprar, entonces muchas chicas prefieren vender su cuerpo para conseguirlos. En mi barrio eso es muy común.

Alguna te lo propuso alguna vez?

Las mujeres nunca les dicen a otras mujeres "vamos a prostituirnos". La mujer nunca habla de esas cosas. La mujer hace cosas para que la veas y, si no tienes fuerza de voluntad, vas a seguir su camino. Son los hombres los que van y les dicen a otros hombres que se junten con ellos para robar, para lo que sea.

Y alguna vez te asaltó esa tentación?

La tentación es algo que todos sufrimos. Pero no, no.

Cómo la controlaste? A mí siempre me hablaron mucho de reglas, de conducta. Mis padres en mi casa, el pastor de la Iglesia… Y en mi equipo de fútbol, el entrenador fue un educador, como un padre, y también nos decía que nos cuidáramos, que no nos dejáramos tentar por la mala vida. Y yo siempre le hice caso.

descicrao

Cuando Grita tenía once años, un joven entrenador llamado Wali la vio jugando en su escuela y la invitó a unirse a sus jugadoras. Las Rock7 –que en portugués se lee "roxettes"– eran el mejor equipo de fútbol femenino de la ciudad, y Grita se entusiasmó. Sus compañeras tenían diez años más que ella, pero la aceptaron con cariño: era la bebé de las Rock. 7

Su padre, en cambio, se oponía: decía que una chica no debía hacer esas cosas. Pero su madre pensaba que si se entusiasmaba con el fútbol, Grita no iba a dejarse tentar por otras cosas peores, y la apoyó desde el principio y consiguió que el padre autorizara. Tres veces por semana, el entrenador la pasaba a buscar por su casa y caminaban cinco kilómetros hasta el campo de prácticas. Y el domingo era el día del partido: el mejor momento de toda la semana. Entonces Grita se ponía la camiseta verde y blanca con el dibujo de la campaña por el uso de preservativos: las Rock7 tienen, desde hace años, el apoyo de la Associação Moçambicana para Desenvolvimento da Família y de la Coalizão Nacional de Organizações de Mulheres para difundir información sobre HIV/SIDA, salud sexual y reproductiva y cuestiones de género. Muchas veces, en los intervalos de los partidos, las jugadoras se sientan a charlar con las contrarias o con el público sobre esos asuntos. Y también lo hacen en otros lugares: escuelas, casas, plazas.

Nosotras no sólo somos jugadoras de fútbol; también somos activistas. Al principio no nos tomaban muy en serio con esas cosas, pero ahora no tienen más remedio, porque les mostramos que lo que hacemos lo hacemos bien, entonces tienen que escucharnos.

En 1999, el año en que empezó, Grita ganó su primer campeonato, y aquel partido final –un 1 a 0– sigue siendo todavía, después de tantos triunfos, el que más recuerda: hasta entonces tenía miedo de entrar en la cancha, de equivocarse; a partir de ese día supo que servía y que quería dedicarse en serio al fútbol.

Por qué quisiste practicar un deporte dominado por los hombres?

Primero porque quiero, porque me gusta. Pero también para mostrar que nosotras podemos hacer lo mismo que ellos, que somos como ellos. Pero para eso las mujeres tendríamos que tener mejores condiciones. Acá muchas veces la FIFA manda dinero para el fútbol femenino, pero la Liga de Mozambique lo usa para los hombres.

Ahora Grita es la capitana de su equipo, y puede jugar en varias posiciones: de defensora, de mediocampista, de atacante central. A veces su entrenador la cambia, en medio del partido, de un puesto a otro, para complicar a las contrarias. Grita no es alta pero sí muy atlética, tiene buen control de la pelota, le pega con las dos piernas, corre rápido.

Les mostramos a todos que las mujeres también podemos jugar, igual que los hombres. Existe una forma femenina de jugar al fútbol? No, es lo mismo. Cuando nosotras jugamos la gente cree que los que juegan son hombres. Pero se equivocan los que creen que porque jugamos al fútbol somos menos mujeres, homosexuales, marimachos. Nosotras somos mujeres, tenemos cuerpos de mujeres, tenemos caderas, senos, somos bien mujeres.

En las Rock7 hay mujeres entre los quince y los veintiocho años; algunas son estudiantes secundarias, otras son madres de familia.

Y les pegas a las contrarias?

Si es necesario… Pero también hay que saber cómo pegar, sin que te vean, sin hacer falta. Son cosas del juego. Pegar también es parte de la vida. Y cuando se trata de pegar, no hay que pegar un poquito. Tiene que ser en serio.

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Es domingo a la tarde, y las Rock7 juegan un fútbol muy ordenado, con un par de ideas claras, sobre un campo pura piedra en un barrio pobre de Maputo. Se ve la mano del entrenador, que, además, no deja de darles indicaciones desde el costado de la cancha. En la tribuna hay cien, doscientas personas –mayoría de muchachos– que charlan, gritan, bailan.

No te molesta que tu equipo de mujeres sea dirigido por un hombre?

Es así, dicen que el hombre tiene más capacidad para educar a la mujer. Muchas veces las mujeres se desvían del camino por culpa de los hombres. Bueno, estos son hombres y nos explican las cosas buenas de la vida.

Y no crees que tendría que haber mujeres entre los dirigentes?

Sí, creo, pero la mujer hoy en día no es considerada. Nadie considera que las mujeres sean capaces de hacer algo, no confían en ellas. En el equipo tenemos una broma, que siempre la decimos: "La mujer no piensa, la mujer se acuerda". Pero nosotras mostramos que tenemos capacidad, sólo que no nos consideran.

En 2004, Grita entró en la selección de fútbol de su país, y ahora es una de sus estrellas. Allí compartió equipo con María Mutola, la gran atleta mozambiqueña, campeona olímpica de los 800 metros, que después dejó el fútbol para dedicarse con todo al atletismo. Al principio, esos partidos internacionales eran una responsabilidad importante:

Me sentía como que cargaba con mi bandera, con todo mi país, me emocionaba oír el himno nacional. Pero ahora se volvió jugar por jugar, porque ni los propios dirigentes se lo toman en serio. Antes ellos te prometían un dinero, cien dólares, y te los daban. Ahora te prometen cien y te dan sesenta, y si les preguntas qué pasó te tratan de indisciplinada. Es triste. Si no te los dan es que se fueron al bolsillo de alguien, y yo no quiero jugar para que ellos se queden con la plata. Ellos tienen miedo de los hombres, pero creen que la mujer va a ser pasiva y no va a decir nada… Ya se están dando cuenta de que se equivocaron.

Gracias a la selección, Grita conoció lugares que nunca habría imaginado: Zambia, Argelia, Francia. Pero sigue sin tener un sueldo, un ingreso fijo. Todavía vive en casa de su padre, y su novio le invita las salidas. Grita lleva cinco años de novia con un estudiante de la Academia Policial y dice que se quiere casar con él –"me lo mandó Dios, es perfecto para mí"– pero no todavía:

Todavía tengo muchas cosas que hacer. Quiero estudiar medicina, armar mi vida. Yo no quiero correr a casarme sin terminar mis estudios.

El año próximo, Grita va a tratar de entrar en la facultad de Medicina, y está convencida de que puede conseguirlo. Por ahora, lo más importante de su vida sigue siendo el fútbol: este partido que ahora se termina. Su equipo ganó por muchos goles, ella hizo seis o siete, y cae la tarde de domingo sobre Maputo con explosión de colores en el horizonte. Las chicas se cambian en las gradas, vuelven a sus ropas de mujer, a sus pinturas. Wali, el entrenador, y su ayudante les reparten un sándwich y quince meticais –unos 60 centavos de dólar americano– para pagar el autobús hasta sus casas. Grita parece cansada y feliz.

Esto está muy bien, y yo no quiero dejarlo, pero lo que más me importa es estudiar. Yo tengo que hacer algo con mi vida. Yo quiero casarme, sí, claro que quiero, pero si un día mi marido me deja no quiero quedarme sin nada, por eso no me puedo casar antes de estudiar. Yo quiero tener algo mío, tener mi propia vida.


UTILIZAR EL DEPORTE PARA DESAFIAR ESTEREOTIPOS
El deporte forma parte de la vida de los jóvenes; sin embargo, aún hoy muchas culturas impiden que las niñas y las jóvenes participen en él. La historia de Grita muestra cómo jóvenes persistentes y decididas son capaces de desafiar incluso la cultura del fútbol, dominada por hombres. Gracias a su empuje, hoy más y más niñas y mujeres jóvenes juegan ese deporte.

El deporte ha comenzado a figurar en la agenda de muchos países y organismos internacionales.

1 La participación regular en actividades deportivas promueve el buen estado físico, fortalece la autoestima y la confianza y disminuye el estrés y la depresión.

2 Por medio de sus valores universales de buen estado físico, juego limpio, trabajo en equipo y búsqueda de la excelencia, el deporte puede mejorar la vida de individuos y comunidades, y crea espacios seguros, sobre todo para las niñas.

El deporte puede hacer sentir a los jóvenes que forman parte de una comunidad que va más allá de sus familias y ayudarlos a conectarse con sus pares y con los adultos. Puede ponerlos en contacto con nuevas ideas y posibilidades y darles acceso a recursos, oportunidades y aspiraciones en su camino a la adultez.

El deporte y la actividad física fueron reconocidos por primera vez como un derecho humano en la Carta Internacional de la Educación Física y el Deporte de la UNESCO de 1978, concepto que apoyó también la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989.

En 2004 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución 58/53 que invitaba a los gobiernos, a las Naciones Unidas, a los organismos especializados –donde correspondiera– y a las instituciones vinculadas al deporte a trabajar colectivamente para lograr que el deporte y la educación física brinden oportunidades para la solidaridad y el diálogo, con el objeto de promover una cultura de paz y equidad social y de género, y abogar por el diálogo y la armonía.

La Asamblea General proclamó el 2005 como el Año Internacional del Deporte y la Educación Física. Esto apuntaba a facilitar que se compartieran conocimientos, a crear conciencia y a generar las condiciones adecuadas para la implementación de programas de desarrollo humano basados en el deporte. Pese a que niños y niñas tienen igual derecho a sus beneficios, el deporte sigue estando dominado por los varones jóvenes.

4 Por ejemplo, en Perú, el 46 por ciento de los varones de entre 18 y 34 años participan en deportes o actividades recreativas, mientras que sólo lo hacen el 28 por ciento de las mujeres del mismo grupo etario. En Bangladesh, los porcentajes son 47 y 14 por ciento, respectivamente.5 En Nairobi, Kenia, la Asociación Deportiva Juvenil de Mathare (Mathare Youth Sports Association, MYSA) es una organización de gran escala, comunitaria y mixta que funciona en uno de los barrios precarios más grandes y pobres de la ciudad. Desde hace más de dos décadas, MYSA ha encontrado nuevas formas de promover los deportes, la mejora ambiental y el desarrollo comunitario, y de transmitir información sobre salud sexual y reproductiva. En lugar de pagar una cuota, sus miembros participan en proyectos de aseo en los lugares donde viven.

El programa para niñas de MYSA se ocupa de los estereotipos tradicionales de género y promueve interacciones positivas entre niños y niñas. Antes de cada partido, las jugadoras y los simpatizantes escuchan charlas sobre VIH/SIDA, embarazo no deseado y otras cuestiones de salud reproductiva. MYSA fortalece la autoestima y dirige las capacidades de los jóvenes hacia el crecimiento personal y el de sus comunidades. Sus programas han cambiado la vida de miles de niños y niñas.

Los jóvenes que han participado en MYSA se han transformado a su vez en líderes juveniles y en modelos para otros jóvenes. Algunos han continuado en los deportes profesionales, se han graduado en la universidad y se han transformado en líderes locales.6 Las niñas y las mujeres que se dedican al deporte abren las restricciones que imponen los estereotipos de género, pero el deporte también les da acceso a la esfera pública. Les proporciona canales hacia la información y el aprendizaje y hacia nuevas y valiosas capacidades para la vida. Les permite trabar amistades, expandir sus redes sociales y disfrutar de la libertad de expresión y movimiento.

A través del deporte, las niñas pueden beneficiarse de la tutoría de adultos de confianza. Al enfrentarse a niñas que asumen un nuevo rol, los niños aprenden acerca de sus fortalezas, capacidades y contribuciones, lo que puede ayudar a que reformulen sus ideas sobre lo que las niñas deben o no hacer7. El deporte puede contribuir a transformar los modos en que las niñas se ven a sí mismas y el modo en que las ven sus familias, sus pares y sus comunidades.

"[Practico un deporte] porque quiero, porque me gusta. Pero también para mostrar que nosotras podemos hacer lo mismo que ellos, que somos como ellos. Pero para eso las mujeres tendríamos que tener mejores condiciones."


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