CAPÍTULO 5
Pobreza, desigualdad y población
Download chapter in pdf
- Cultural Contexts of Population Issues, Poverty and Inequality
- Culture and Fertility Issues
- Poverty and Health Care Delivery
- Culture and Issues Related to Reproductive Health
- Safe Mootherhood
- HIV and AIDS
- Migration, Immigrants and Cultural Diversity
- Internal Migration
- Contexts and Complexities
Una empresa de familia en Katmandú, Nepal. En muchas culturas, un trabajo típico de los pobres es lavar la ropa
de otras personas.© Peter Bruyneel
El desarrollo sostenible reduce la pobreza y la desigualdad y promueve la inclusión socioeconómica de todos los grupos. La desigual distribución de los resultados del crecimiento económico acrecienta tanto la magnitud como la profundidad de la pobreza. La pobreza y la desigualdad limitan el acceso a los recursos y las oportunidades. En esta realidad, componentes culturales como las relaciones en las familias, las pautas de actividad humana, las estrategias para sobrevivir y los comportamientos prescriptos y no sancionados son características importantes y omnipresentes. La deficiente salud y los bajos niveles de educación dificultan que el aumento del ingreso produzca mayor bienestar, e impiden que las personas establezcan objetivos personales, o los alcancen.(1)
Unos 750 millones de personas son objeto de discriminación o de postergación socioeconómicas debido a sus identidades culturales (2). Talvez las políticas excluyan deliberadamente a esas personas o, al limitar su acceso a los servicios y a la financiación, los expongan a una vida de pobreza. Las minorías que son objeto de discriminación y están en situación desventajosa probablemente vivirán en la pobreza. Los pobres tienen peor salud que los que están en posición económica más holgada, recurren menos a los servicios de salud, tienen menores probabilidades de evitar prácticas insalubres o de adoptar prácticas saludables, y padecen desventajas en otras esferas que determinan el estado de salud (3). Entre los pobres, la esperanza de vida es baja, y las tasas de mortalidad y morbilidad derivadas de la maternidad son altas. Las mujeres pobres, en particular, están sujetas a aspectos de la tradición y la cultura que son nocivos para su bienestar.
Varios análisis recientes hacen hincapié en que son las relaciones de desigualdad las que sostienen las estructuras y los procesos que perpetúan la pobreza. Es preciso ubicar los análisis económicos y políticos dentro de los marcos culturales, y examinar no sólo los tipos de opciones que se realizan, sino también las condiciones locales y los dinamismos externos dentro de los cuales se efectúan esas opciones. Para poder fundamentar y mejorar el asesoramiento sobre políticas es indispensable satisfacer esas condiciones.
Marcos culturales y cuestiones de población, pobreza y desigualdad
Las altas tasas de fecundidad agravan la pobreza, al frenar el crecimiento económico y distorsionar la distribución del consumo de manera perjudicial para los pobres. Al reducir la fecundidad—reduciendo al mismo tiempo la mortalidad, aumentando la educación y mejorando el acceso a los servicios, especialmente los de salud reproductiva y planificación de la familia—se contrarresta aquellos dos efectos (4).
El Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) es la base para alcanzar los objetivos de población y desarrollo dentro de un marco de derechos humanos e igualdad entre hombres y mujeres. Los objetivos incluyen el acceso universal a los servicios de salud reproductiva, la educación universal, la ampliación de los medios de acción de la mujer y la igualdad de género, como factores decisivos y necesarios para facilitar el desarrollo y reducir la pobreza.
Esos objetivos se incorporaron en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
Las condiciones de pobreza y desigualdad, inclusive los derechos desiguales de la mujer a los bienes de la familia y a la adopción de decisiones; la carga que impone a las mujeres cuidar a las personas que viven con el VIH/SIDA y la sujeción de niñas y mujeres a la violencia por motivos de género (incluidas las mujeres refugiadas o víctimas de trata), dificultan más la promoción de los derechos reproductivos y la salud reproductiva.
Las cuestiones de población a nivel de la comunidad, de la familia y del individuo se trasuntan en las decisiones acerca del número de hijos a tener y cuándo tenerlos; decisiones acerca de la atención de la salud y los comportamientos relacionados con la salud; inversiones en los hijos (que suelen depender del género del hijo y de las utilidades que se prevén para la familia); y decisiones acerca de si trasladarse o no en busca de mejores medios de vida y cuándo hacerlo. Todas esas decisiones se adoptan dentro de determinados marcos culturales.
Cuestiones de cultura y fecundidad
Una de las decisiones más fundamentales que adopta una pareja es si tener o no hijos, cuántos hijos tener y cuándo tenerlos. En el pasado, las rígidas limitaciones sociales y culturales conformaban el comportamiento de procreación; la mortalidad de menores de cinco años era elevada y se necesitaban altas tasas de fecundidad para la supervivencia de la sociedad. Esa necesidad pasó a osificarse en estrictas normas de comportamiento que favorecen los alumbramientos numerosos y próximos entre sí. Esta situación persiste cuando los servicios de salud son deficientes, el costo de la crianza de los hijos es relativamente bajo y estable, el trabajo infantil redunda en una importante ventaja económica para la familia y no hay otras oportunidades económicas, salvo la agricultura de subsistencia. En esas condiciones, las familias piensan que los hijos pueden contribuir al bienestar del hogar mediante el trabajo infantil y la ayuda en las labores agrícolas y domésticas, y también que los hijos pueden brindar apoyo a sus progenitores en la ancianidad. En los lugares donde hay elevada mortalidad de menores de cinco años, la más altas tasas de fecundidad acrecientan las probabilidades de que sobreviva el número de hijos a que se aspira.
view graphic
El desarrollo redefine el valor de los hijos. Aumenta la cantidad de hijos que sobreviven y su trabajo ya no es una importante fuente de ingreso para la familia; por el contrario, los padres y madres desean efectuar inversiones en la salud y la educación de sus hijos. Las normas culturales se van adaptando, gracias a la mayor cantidad de información y a los servicios de salud reproductiva.
A escala mundial, el promedio de hijos de una mujer es 2,6; en los países desarrollados, 1,6 y en los países en desarrollo, 2,8. Los quintiles de ingresos dentro de un mismo país también reflejan diferencias en la fecundidad. En cada uno de los 48 países donde se recopilaron esos datos, las mujeres en los quintiles de más bajos ingresos tenían sistemáticamente tasas de fecundidad más altas que las mujeres en los quintiles de más altos ingresos (Gráfico 2).
En África al sur del Sahara y en la región de América Latina y el Caribe, las mujeres más pobres tienen al menos dos hijos más que las mujeres en los quintiles de más altos ingresos. Además, las mujeres en los quintiles de más bajos ingresos tienen menos probabilidades de estar utilizando un método anticonceptivo, aun cuando digan que no quieren tener más hijos o que no quieren volver a tener un hijo en un plazo corto (Gráfico 3).
En todas las regiones en desarrollo del mundo, la proporción de mujeres en edad de procrear que afirman no querer tener otro hijo (o no querer tenerlo en un plazo breve) es mayor en los quintiles de mayores ingresos que entre las mujeres de los quintiles de menores ingresos. La diferencia es particularmente marcada en África. Pero entre las mujeres en los quintiles más ricos, la proporción de las que no utilizan ningún método anticonceptivo es menor que la correspondiente a las mujeres más pobres. En otras palabras, se sostiene con frecuencia que las mujeres más pobres tienen baja demanda de anticonceptivos; lo probable es que quieran tener más hijos. Entre las que sí crean demanda de anticonceptivos, es mayor la proporción de necesidad insatisfecha; es decir, es menos probable que tengan acceso a anticonceptivos.
A medida que las familias más pequeñas pasan a ser la norma, va en aumento la proporción de las diferencias observadas en materia de fecundidad entre los ricos y los pobres atribuibles a diferencias en el acceso a anticonceptivos y en la utilización de éstos. En los países pobres, los ricos crean mayor demanda y tienen más posibilidad de satisfacerla. Los pobres desean familias numerosas debido, en parte, a normas culturales residuales y en parte, a que sus circunstancias no han cambiado mucho. No reciben las señales en cuanto a los cambios en las tasas de mortalidad, ni a las utilidades de las inversiones en la educación, señales de las que disponen sus compatriotas en mejor posición económica (5).
Hay muchas razones por las cuales las mujeres, si bien dicen que no quieren tener más hijos, no usan anticonceptivos. Tal vez no tengan conocimiento de la posibilidad de planificar la familia o de tener acceso a los servicios; pero el acceso cada vez mayor a la información y a los servicios de planificación de la familia, por sí mismo, no elimina la necesidad insatisfecha. No obstante, cuando se toman en cuenta las limitaciones culturales, los programas que promueven la planificación de la familia logran mejores resultados. Un ejemplo es el rápido aumento en el uso de anticonceptivos entre las parejas de la República Islámica del Irán y la consecuente disminución en las tasas de fecundidad.
En 1989, el programa nacional de planificación de la familia mereció el apoyo de líderes religiosos de alto rango, quienes en sus sermones semanales promovieron las familias más pequeñas como responsabilidad social (6).
Si bien son las mujeres más pobres las que suelen tener mayores necesidades insatisfechas en materia de planificación de la familia, hay casos en que aumentó el uso de anticonceptivos aun cuando no hubiera desarrollo económico. En Bangladesh, por ejemplo, el compromiso del Gobierno y la intensa labor de organizaciones no gubernamentales para obtener apoyo local político y comunitario redundó en aumentos en el uso de anticonceptivos por parte de mujeres analfabetas y de bajos ingresos. (7)
Note: Unweighted averages based on the most recent available survey for each country.
view graphic
Las mujeres que poseen una información somera, pero poco dinero, por ejemplo en algunas zonas urbanas pobres, tal vez tomen decisiones que, a su juicio, responden a sus circunstancias, pero que para otros podrían parecer irracionales y poco saludables. Las tasas de anticoncepción quirúrgica, especialmente entre los pobres, son muy altas. Por ejemplo, el trabajo etnográfico de campo ha revelado que en zonas urbanas del Brasil son muy altas las tasas de anticoncepción quirúrgica entre las mujeres de bajos ingresos. Aparentemente, ésta es una estrategia para hacer frente a la creciente pobreza, y no un deseo de regular la fecundidad en sí misma; aparte de la píldora anticonceptiva, la anticoncepción quirúrgica es el único método anticonceptivo de que disponen. Por otra parte, las mujeres en mejor situación económica tienen acceso a diversos métodos ofrecidos por clínicas privadas. (8)
Pobreza y prestación de servicios de salud
Las tasas de mortalidad derivada de la maternidad reflejan las enormes discrepancias entre ricos y pobres, tanto dentro de una misma sociedad como entre distintos países:
- Las mujeres pobres tienen probabilidades muy superiores de morir a raíz del embarazo o el parto.
- Las familias y las personas pobres tienen menos recursos y suelen vivir a mayor distancia de los servicios de atención de la salud.
- Al reducir las defunciones y la discapacidad derivadas de la maternidad se reducirá la pobreza.
- Las inversiones en salud materna mejoran en general la prestación de servicios de salud. Se utilizan indicadores de salud materna para determinar el nivel de desempeño del sistema de salud en lo concerniente al grado de acceso, equidad de género y eficiencia institucional. (9)
view graphic
* The MMR and lifetime risk have been rounded according to the following scheme: < 100, no rounding; 100–999, rounded to nearest 10; and >1,000, rounded to nearest 100. The numbers of maternal deaths have been rounded as follows: < 1,000, rounded to nearest 10, 1,000–9,999, rounded to nearest 100; and >10,000, rounded to nearest 1,000.
** Includes Albania, Australia, Austria, Belgium, Bosnia and Herzegovina, Bulgaria, Canada, Croatia, Czech Republic, Denmark, Estonia, Finland, France, Germany, Greece, Hungary, Iceland, Ireland, Italy, Japan, Latvia, Lithuania, Luxembourg, Malta, the Netherlands, New Zealand, Norway, Poland, Portugal, Romania, Serbia and Montenegro (Serbia and Montenegro became separate independent entities in 2006), Slovakia, Slovenia, Spain, Sweden, Switzerland, The former Yugoslav Republic of Macedonia, the United Kingdom, and the United States of America.
*** The CIS countries are Armenia, Azerbaijan, Belarus, Georgia, Kazakhstan, Kyrgyzstan, Tajikistan, Turkmenistan, Uzbekistan, the Republic of Moldova, the Russian Federation and Ukraine.
**** Excludes Sudan, which is included in sub-Saharan Africa.
Cultura y cuestiones relativas a la salud reproductiva
En octubre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su sexagésimo segundo período de sesiones, aprobó una nueva meta para el acceso universal a servicios de salud reproductiva (de conformidad con lo recomendado por la Cumbre Mundial en 2005).
Los indicadores para medir el progreso hacia la meta son : proporcionar acceso a servicios de planificación de la familia para reducir las cantidades de embarazos no deseados y espaciar los embarazos deseados; abordar el embarazo en la adolescencia; y proporcionar atención prenatal para prevenir los riesgos de salud que afectan a madres y niños. Los problemas de salud reproductiva siguen siendo en todo el mundo la causa principal de enfermedad y muerte de las mujeres en edad de procrear. El efecto de las iniciativas de salud reproductiva es que la maternidad se hace menos riesgosa al:
(1) mejorar el acceso a la planificación, de la familia a fin de reducir los embarazos no deseados y lograr el espaciamiento preferido entre los embarazos;
(2) proporcionar atención por personal calificado a todos los partos;
(3) proporcionar atención obstétrica sin tardanza a todas las mujeres que padecen complicaciones del parto.
Maternidad Sin Riesgo
(10)
Source:WHO. 2007. "Proportion of Birth Attended by a Skilled Attendant—2007 Updates" WHO Factsheet. Geneva: World Health Organization.
Esta definición excluye a las parteras tradicionales, dotadas o no de capacitación. La atención prenatal y del
parto por personal de partería calificado es más fácilmente accesible y está al alcance de las personas en
posición económica más holgada.
En África, sólo un 46,5% de las mujeres tienen acceso a personal de partería
calificado; en Asia la proporción es 65,4%; y en América Latina y el Caribe, de 88,5% (11). Los datos recogidos en
48 países en desarrollo indican que la proporción de mujeres que reciben atención prenatal y que dan a luz con la
asistencia de personal calificado es sistemáticamente más alta en los quintiles de más altos ingresos que en los
quintiles de más bajos ingresos (gráficos 4 y 5). En África al sur del Sahara, en el Asia meridional y en el Asia
sudoriental, la proporción de mujeres que dan a luz con la asistencia de personal de partería calificado es más
de dos veces superior para las mujeres ricas que para las mujeres pobres.
Las mujeres que utilizan los servicios de parteras tradicionales, en su mayoría, carecen de acceso a personal de
partería calificado.
Pero muchas optan por parteras tradicionales porque éstas aportan más que la atención del
trabajo de parto y el parto, pues proporcionan múltiples servicios antes y después del parto, desde cuidados
físicos hasta asesoramiento sobre anticoncepción, aborto, enfermedades del aparato reproductor y curas. Las
parteras tradicionales están conectadas social y emocionalmente con sus clientas y se las prefiere debido a la
atención y la amabilidad en su trato, aparte de sus aptitudes para atender el parto. Esas consideraciones
deberían formar parte de la capacitación del personal de partería calificado. Por ejemplo, las enfermeras
parteras auxiliares que no residían en las comunidades comprobaron que había muy poca demanda de sus servicios.
Ganar la confianza de las mujeres en los hogares rurales es la principal razón por la que el Gobierno de Etiopía
ha iniciado un plan para capacitar a 2.800 mujeres a fin de que presten servicios como trabajadoras de difusión
de salud en zonas rurales.
El plan, iniciado en 2003, está “formulado para mejorar el estado de salud de las
familias, con su plena participación, utilizando las tecnologías locales y las aptitudes y sabiduría de la
comunidad” (12). En caso de contar con un eficaz respaldo de atención obstétrica de emergencia y de remisión a esos
servicios, se puede suscitar una reducción aún más rápida de la mortalidad derivada de la maternidad.
Para abordar las preocupaciones de quienes se oponen a ofrecer información y servicios es preciso realizar tareas
de promoción y entablar negociaciones delicadas. Conocer a la oposición y comprender sus opiniones puede ser la
clave del éxito de las negociaciones sobre temas delicados, como las necesidades de los adolescentes en materia
de información y servicios, el aborto y la adopción de decisiones sobre la fecundidad.
Formular una estrategia de
promoción diferente para cada caso suele ser la manera más eficaz de llegar a un consenso. Por ejemplo, en
Guatemala, gracias a las tareas de promoción, las consultas y la participación de tantos interesados como fuera
posible, se logró en 2001 la aprobación de la Ley de Desarrollo Social.
En la República Islámica del Irán, una iniciativa conocida como “Proyecto de la mujer” está movilizando el apoyo
a servicios de salud reproductiva de calidad y la promoción de los derechos de la mujer, proporcionando pruebas
objetivas basadas en la investigación, organizando campañas de concienciación del público, e involucrando a las
comunidades de base.
Esta iniciativa fomenta la capacidad de las instituciones y las organizaciones que trabajan
en el sector social y apoya actividades para ampliar los medios de acción de la mujer, e incluir los planes para
la generación de ingresos. Al encontrarse en un ámbito más propicio, los líderes religiosos y comunitarios y los
parlamentarios están ahora intercambiando ideas sobre legislación de protección y otras medidas.
La Ley de Desarrollo Social de 2001 fue posible gracias al amplio apoyo político en pro de reducir una de las más altas tasas de mortalidad derivada de la maternidad que se registra en América Latina: 270 defunciones por cada 100.000 nacidos vivos. Esa Ley estipula políticas concretas en materia de población, salud reproductiva, planificación de la familia y educación sobre la sexualidad. El Gobierno y varios interesados directos prepararon con mucha antelación una compleja estrategia de promoción que incluía a partidarios tradicionales de esta causa, posibles aliados dentro de las iglesias católica y evangélica, y líderes empresariales. Había un amplio consenso acerca de la necesidad de reducir la mortalidad maternoinfantil, y este consenso fue el punto de partida para las negociaciones y el elemento fundamental de la nueva Ley. Las alianzas estratégicas contribuyeron a obtener apoyo y reducir la influencia de los grupos opositores. En periódicos y revistas aparecieron artículos sobre temas de población y salud reproductiva, y se difundieron por televisión y por radio debates al respecto. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) facilitó el proceso, apoyando a las instituciones gubernamentales y las organizaciones de la sociedad civil, autores y responsables de la nueva Ley.
VIH y SIDA
El VIH y el SIDA ilustran la contribución de las desigualdades económicas a la propagación de enfermedades
infecciosas. El VIH y el SIDA aparecen en todas las clases sociales, pero las personas que viven en la pobreza
son más vulnerables a las infecciones, incluido el VIH, y tienen menos probabilidades de recibir tratamiento. La
pérdida de ingresos y los gastos médicos pueden empujar a una familia hacia una renovada espiral de pobreza.
Atender a las personas que viven con el VIH y el SIDA agrava la carga de trabajo no remunerado de la mujer y
reduce sus opciones para obtener ingresos. En esas circunstancias, las mujeres pueden verse obligadas a realizar
tareas de alto riesgo, como la industria del sexo. Atender a crecientes cantidades de huérfanos agrava la carga
de los ancianos y de los hermanos de más edad. Esto mantiene a los niños, especialmente a las niñas, fuera de la
escuela, de modo que se multiplica la transmisión de la pobreza de una generación a otra y se reduce el potencial
de crecimiento económico.
El lavado de ropa en Madagascar. Al carecer de agua corriente, las personas pobres no tienen otra posibilidad
sino utilizar la misma fuente para todas sus necesidades de agua: beber, lavar y desaguar aguas servidas.© Paula Bronstein
No hay cura para el VIH y el SIDA, y ninguna se vislumbra en el horizonte; la prevención sigue siendo el factor de importancia crítica para frenar la epidemia. Las medidas de prevención se están consolidando en varios países. La tendencia descendente en la cantidad de nuevas infecciones con el VIH que se registra en Côte d’Ivoire, Kenya, Zimbabwe, Camboya, Myanmar y Tailandia puede ser resultado de la intensificación de las medidas de prevención (13). Los líderes tradicionales e indígenas y los ancianos de las tribus, así como las organizaciones confesionales, pueden ser importantes recursos en la lucha por eliminar la propagación del VIH, contrarrestar el estigma que éste conlleva y ayudar a las personas afectadas e infectadas a superar las dificultades económicas y sociales.
Migración, inmigrantes y diversidad cultural
Migración, Culturas y Opciones
En 2005, la cantidad de migrantes internacionales llegó a 191 millones y de ellos, la mitad está constituida por
mujeres . La migración ha sido una experiencia desigual para las comunidades y los países tanto de origen como
de destino, y para los propios migrantes. Los migrantes tienden a llenar los huecos económicos que deja la mano
de obra local y cuando los migrantes carecen de calificaciones o aptitudes pueden encontrarse en empleos mal
remunerados, desagradables y, a menudo, peligrosos. Por otra parte, muchos migrantes y sus familias han
encontrado oportunidades para obtener ingresos, efectuar inversiones, recibir educación y acumular experiencia
profesional. Las remesas a los miembros de las familias en el país de origen han ayudado a reducir los niveles de
pobreza de los hogares y contribuido al crecimiento económico. En 2006, las remesas ascendieron en todo el mundo
a aproximadamente 251.000 millones de dólares EE.UU.15. Según un estudio, cuando aumenta en 1% la porción
(16)
El Programa Regional sobre VIH y SIDA en los Estados Árabes (HARPAS), patrocinado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha tratado desde su creación en 2002 de “quebrar el silencio” en torno al VIH y el SIDA. El programa HARPAS se ha comprometido a crear condiciones sociales que alienten el liderazgo para lograr la transformación necesaria a fin de mantener las tasas de prevalencia en la región a un nivel bajo y prevenir la propagación de la enfermedad. Esto es particularmente espinoso en ámbitos donde la cultura impone un fuerte tabú sobre toda conversación en público acerca de temas relacionados con la sexualidad.
El programa HARPAS individualizó y congregó a agentes de cambio en los ámbitos económico, sociocultural y político: líderes confesionales, empresarios, ONG de mujeres, legisladores y medios de difusión, entre otros, en las primeras redes sobre VIH y SIDA constituidas en la región de los países árabes. Según el programa HARPAS, una respuesta eficaz al VIH y al SIDA requiere un real involucramiento de toda la comunidad, complementando y apoyando las labores recíprocamente, como fuerza única. Los líderes confesionales tienen una influencia de importancia vital sobre las comunidades árabes, y no puede dejarse de lado la influencia de esos líderes. “Tienen legitimidad, una presencia permanente y, aun más, contribuyen a conformar los valores y normas sociales de las personas y están en buena posición para influir sobre actitudes públicas y políticas nacionales en relación con el VIH y el SIDA”.
Las remesas son mucho más que un fenómeno económico; demuestran de qué manera las culturas—comprensión compartida
y respuestas comunes relativas a responsabilidades y obligaciones familiares y comunitarias—pueden aportar
seguridad económica a las familias.
A lo largo del tiempo, la migración alienta las transiciones culturales, puesto que algunos migrantes amplían sus
identidades, asignan menor significación a algunos de los sistemas, creencias y normas de sus comunidades de
origen, y tal vez comiencen a cuestionarlos. Los migrantes transmiten el cambio a través del contacto con el
extranjero y al regresar al lugar de origen con nuevas modalidades de pensamiento y de interpretación de la
realidad. Algunas personas pueden ser influyentes: las estrellas de rock, los jugadores de fútbol, los disidentes
políticos y los empresarios exitosos pueden enviar poderosos mensajes culturales.
La migración estimula las
transiciones culturales también en los países de acogida, puesto que las personas absorben nuevas ideas y
enfoques de otros países. Por vías como las señaladas, las culturas abarcan diferentes enfoques de las
cuestiones, inclusive los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres. Es mucho lo que depende del
carácter de esos marcos más amplios y de las experiencias de cada migrante en las sociedades de acogida y en sus
países de origen.
Algunos migrantes enriquecen su visión del mundo cuando están expuestos a diferentes culturas; otros pueden
quedar anclados en la discriminación y la hostilidad que enfrentan. Las percepciones económicas, como las
relativas a la pobreza o la riqueza de los migrantes, la competición por empleos con la población local o la
dependencia económica, pueden reforzar las barreras sociales y ahondar los malentendidos.
A veces, las
poblaciones del país de acogida responsabilizan a los migrantes de múltiples problemas económicos y sociales,
trátese de la pobreza en Sudáfrica o de las perturbaciones sociales en Italia.
Las políticas migratorias de los países de acogida pueden promover la integración, las estrategias para manejar
la diversidad y el aprendizaje intercultural. La sociedad civil puede ayudar disipando nociones erróneas y
rumores, proporcionando a los migrantes conocimientos y acceso a ciertos servicios e involucrándolos en procesos
de integración. Los países de origen deben hacer frente no sólo a la pérdida de personas dotadas de aptitudes,
sino también a importantes miembros de las familias y las comunidades, aun cuando puedan obtener interlocutores
culturales en el extranjero. Es preciso que las políticas sociales y económicas protejan a las familias de los
migrantes y también los intereses de los trabajadores que van al extranjero, especialmente las mujeres.
El costado sombrío de la migración es la trata de seres humanos, que perjudica a las comunidades tanto de origen
como de destino, así como a las personas afectadas. La apertura de fronteras nacionales y de mercados
internacionales ha acrecentado las corrientes legales de capital, bienes y mano de obra que atraviesan las
fronteras, pero también ha globalizado la delincuencia organizada. Las mejores tecnologías de la información y
los mejores transportes posibilitan que los sindicatos delictivos transnacionales operen con más facilidad.
Quienes caen en las manos de tratantes están impulsados por la esperanza de una vida mejor o se ven obligados por
amigos o parientes. Tal vez estén engañados por falsas promesas, o simplemente hayan sido vendidos.
En Europa y
América del Norte, las políticas de inmigración cada vez más restrictivas están empujando hacia los tratantes a
cantidades cada vez mayores de aspirantes a la migración. Las mujeres objeto de trata se ven obligadas a
prostituirse, o dedicarse al turismo sexual, o contraer un matrimonio de conveniencia comercialmente, o realizar
tareas domésticas sin remuneración o mal pagadas, o realizar tareas agrícolas, o trabajar en talleres
insalubres.(17)
Migración Interna
Hajira, de 8 años de edad, en la puerta de un taller de reciclado de acumuladores eléctricos en Bangladesh.
Trabaja con su madre y también cuida a los niños más pequeños.© Shehzad Noorani/Getty Images
La migración desde las zonas rurales, así como el crecimiento vegetativo, son causa del rápido aumento de la
población urbana en los últimos decenios. Los residentes urbanos pobres, tanto migrantes como no migrantes, están
en situación muy desventajosa. En comparación con los demás residentes urbanos pobres, las necesidades de salud
reproductiva de los migrantes tal vez estén más relacionadas con su inseguridad respecto del empleo, los medios
de vida y las redes sociales, que con los propios servicios médicos o de salud18. Aun cuando en las zonas urbanas
el acceso a los servicios de salud reproductiva tal vez sea más fácil que en las zonas rurales, muchos migrantes
en zonas urbanas no pueden sufragar esos servicios. La falta de contactos sociales de esos migrantes también
perjudica su grado de acceso a la atención obstétrica de emergencia y de ginecología en los hospitales, así como
su grado de aprovechamiento de dichos servicios. En Rajastán, por ejemplo, las mujeres migrantes pobres regresan
a sus aldeas para dar a luz19, aun cuando lo probable es que los servicios de atención obstétrica de emergencia y
atención ginecológica, así como los de inmunización infantil y atención postnatal, sean allí menos accesibles que en una ciudad.
Ámbito Social y Complejidades
Los estilos de vida y las expectativas están cambiando aceleradamente. A medida que aumenta la movilidad
geográfica y social, también cambian las relaciones entre miembros de las familias y de las comunidades, y la
cantidad de experiencias compartidas. Los cambios en las oportunidades sociales y económicas están transformando
las expectativas y los deseos de las personas en relación con sus familias. Los efectos acumulativos del cambio
social están creando las condiciones en que se efectúan las transiciones culturales.
A medida que las culturas van influyendo sobre el marco en que se aplican las políticas, también resultan
transformados los diversos elementos constitutivos de la cultura. Por consiguiente, los significados, las normas
y las prácticas culturales no son inmutables; atraviesan transiciones y cambian, a medida que las personas y los
grupos adquieren nueva información, aumentan sus capacidades y están expuestos a diferentes ámbitos. En todos los
casos, la sensibilidad cultural sigue siendo un componente clave de políticas que traten de responder a los
desafíos de la migración y la urbanización, en las intersecciones de éstos con las relaciones de género y la
dinámica de derechos humanos.