VIOLENCIA URBANA CONTRA MUJERES Y NIÑAS
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Es una experiencia casi universal: en las ciudades de todo el mundo las mujeres y las niñas se sienten inseguras cuando están solas en la calle. En algún momento de sus vidas, sólo por su género, muchas tienen
o tendrán que enfrentar el acoso sexual, el abuso y la
violencia en los escenarios urbanos. La experiencia de
Reham le cambió la vida –pero sólo fue uno de millones
de actos fortuitos de violencia urbana que afectan a las
mujeres y las niñas.

La violencia contra las mujeres y niñas atraviesa las diferencias de ingresos económicos, clase, cultura y residencia. Algunas formas parecen ser más prevalentes
en áreas rurales, por ejemplo, el matrimonio infantil y los crímenes de honor; otras, como el acoso sexual en lugares públicos, la prostitución forzada y el sexo forzado por razones económicas, en áreas urbanas.

La violencia física, sexual y psicológica puede ser un tema cotidiano en las interacciones de las mujeres en sus vecindarios, en el transporte público, en los lugares de trabajo, escuelas, clubes deportivos, universidades, hospitales e instituciones religiosas y sociales.(1) Los espacios inseguros abundan en ciudades y zonas aledañas –calles desiertas, callejones oscuros, paradas de ómnibus aisladas, baños públicos.(2) Los espacios urbanos ofrecen mayor anonimato a los perpetradores de violencia contra las mujeres y niñas. Hay un vínculo causal entre la violencia doméstica y la violencia
urbana, atribuida a cambios en los controles sociales, en especial, al quiebre de los lazos sociales en el nivel del vecindario.(3)

La violencia es generalmente sub-denunciada y las estadísticas confiables son difíciles de encontrar. Las mujeres tienden a sentir vergüenza, estigma, falta de confianza en la protección legal y miedo a la venganza.

Muchas niñas adolescentes han sido forzadas en su primera experiencia sexual. Por ejemplo, de acuerdo con una encuesta en Ghana, era significativamente más probable que la primera experiencia sexual de adolescentes mujeres en áreas urbanas fuera forzada, que la de sus contrapartes en áreas rurales.(4) Un estudio en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, mostró que el 72 por ciento de las mujeres jóvenes embarazadas y el 60 por
ciento de las que nunca lo estuvieron, declararon haber sido forzadas a tener sexo.(5) Y un estudio multinacional de la OMS encontró que en Bangladesh el 22 por ciento de las mujeres urbanas, contra el 11 por ciento de las mujeres rurales, habían sufrido violencia física o sexual después de los 15 años, ejercida por alguien diferente de su pareja. En Brasil, el 24,5 por ciento de las mujeres urbanas y el 15,9 por ciento en las provincias
reportaron violencia.(7) El mismo estudio encontró elevados niveles de violencia doméstica en la mayoría de las ciudades y áreas provinciales.

Los datos sugieren también que la violencia contra las chicas es muy común en las escuelas.(8) Investigaciones en Nepal y Papúa-Nueva Guinea demostraron que las adolescentes temen ser acosadas sexualmente por sus pares varones y por los maestros.(9) En un estudio de Kenya, cerca de dos tercios de las chicas que reportaron
sexo no consentido mencionaron al maestro como culpable.(10)

La violencia contra las mujeres y las niñas compromete la salud, la dignidad, la seguridad y la autonomía de sus víctimas. Puede dejar profundas heridas físicas y psicológicas. Socava el desarrollo de las niñas haciéndoles difícil continuar la escuela, destruyendo su confianza en los adultos y en sus pares, y poniéndolas en riesgo de embarazos involuntarios e infecciones de transmisión sexual, incluído el VIH. investigaciones en Ruanda, Sudáfrica y Tanzania mostraron que las mujeres jóvenes que experimentan violencia son tres veces más vulnerables a la infección por VIH.(11)

Los adolescentes varones y los hombres adultos a menudo toleran y perdonan la coerción sexual. También las mujeres jóvenes pueden ver como “normal� la violencia sexual o el sexo obtenido por la fuerza, el miedo o la intimidación. Estas actitudes reflejan normas de género pervertidas en ciertas sociedades o comunidades. Las víctimas de violencia sexual se sienten muy a menudo culpables, cosa que las puede llevar a reacciones tales como cambios drásticos en su estilo de vida, y a someterse a normas más tradicionales. Estudios realizados en Perú y Sudáfrica hallaron que tanto las chicas como los varones creían que la víctima de un ataque sexual tenía la culpa y que incluso podría haber provocado su propia violación.(12)

Otro estudio encontró que en muchos países, una gran proporción de mujeres cree que pegarle a la esposa puede estar justificado por razones tales como negarse a tener relaciones sexuales o por no terminar a tiempo el trabajo doméstico.(13)

Los valores y actitudes que perpetúan las desigualdades de género son interiorizados en la infancia. La adolescencia puede ofrecer la última oportunidad de proporcionar alternativas. Sobre esta premisa, el proyecto De Joven a Joven que lleva adelante el
Instituto Promundo en las ciudades brasileñas, compromete a hombres jóvenes como agentes de cambio en la prevención de la violencia basada en el género y en la promoción de la salud sexual y reproductiva. Los agentes de cambio o promotores entre pares son jóvenes de zonas de bajos ingresos de Rio de Janeiro que llegan a otros jóvenes con materiales educativos, condones, una revista de estilos de vida y una obra
de teatro sobre la reducción de la violencia contra las mujeres. A través del proyecto, muchos de los jóvenes interpelados llegan a cuestionar la violencia de los hombres contra mujeres y niñas.(14)

De forma similar, en Mumbai, India, la organización masculina MAVA (Hombres Contra la Violencia y el Abuso) está dando grandes pasos en la lucha contra la violencia hacia las mujeres y niñas. MAVA se dirige principalmente a hombres jóvenes y adolescentes por
medio de programas de concientización masiva en asuntos de género, servicios de consejería y talleres. Utiliza medios innovadores como representaciones callejeras, concursos de ensayos y posters, periódicos murales, radioteatros y grupos de discusión. Provee orientación prematrimonial y consejería a jóvenes varones y mujeres y se asocia estrechamente con grupos de mujeres en Mumbai, incluyendo la derivación de casos de violencia doméstica y actividades relacionadas con el abordaje de asuntos específicos de género.(15)

Los 16 Días de Activismo Contra la Violencia de Género es una campaña internacional iniciada por mujeres, que se hace anualmente desde el 25 de noviembre, Día internacional de la Violencia Contra la Mujer, hasta el 10 de diciembre, Día internacional de los Derechos Humanos, para poner de manifiesto que la violencia de género es una violación de los derechos humanos. Individuos y grupos de todo el mundo han usado la Campaña de los 16 días para llamar a la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas, y para aumentar la conciencia y llamar a la acción a nivel local, nacional, regional e internacional. La campaña demuestra la solidaridad de las mujeres y niñas de todo el mundo organizándose contra la violencia y presiona a los gobiernos para cumplir sus promesas de eliminar la violencia contra mujeres y niñas.(16)

En la quincuagésima primera sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, en marzo de 2007, los estados miembros de las Naciones Unidas discutieron “la eliminación de todas las formas de violencia contra las niñas� y se volvieron a comprometer firmemente con los instrumentos internacionales de derechos humanos, incluida la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Violencia Contra
las Mujeres.

Ahora, el desafío es asegurar que estas normas y acuerdos internacionales sean promulgados y cumplidos y que las políticas para terminar con la violencia contra las mujeres y las niñas sean aplicadas.

Con este fin, se deberían reforzar las alianzas para que la erradicación de la violencia contra las mujeres sea una prioridad de salud pública. Las actitudes de la comunidad deben cambiar y las mismas, incluyendo sus jóvenes, deben comprometerse en este proceso. La prevención de la violencia contra las mujeres y niñas debería ser también un elemento explícito del planeamiento urbano y del diseño de edificios y viviendas residenciales. Y debería formar parte del trabajo de prevención mejorar la seguridad del transporte público y las rutas recorridas por mujeres y niñas desde y hacia escuelas y fábricas. La capacitación de los agentes de salud, maestras, personal de justicia y trabajadoras sociales tendría que incluir una comprensión integral de las causas y consecuencias de la violencia contra las mujeres. Los medios de comunicación pueden cumplir un poderoso papel en el cambio de las mentalidades y normas sociales que toleran la violencia contra las mujeres y niñas.