Crecer en las ciudades, proteger la salud sexual y reproductiva
bing potrait

Los Centros de orientación para adolescentes como
el que visitó Maty son importantes para ayudar a las mujeres jóvenes a ejercer su derecho a una vida libre de violencia, protegerse de sexo no deseado ni consentido y tener acceso a la información y servicios para prevenir la infección por VIH y el embarazo no deseado. Comparados con sus contrapartes rurales, los jóvenes que viven en áreas urbanas tienen mejor acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. Clínicas, hospitales, pruebas voluntarias de VIH y consejerías y otras facilidades para la atención de la salud se ubican con mayor frecuencia en los espacios urbanos. Los partos en estas áreas tienen más posibilidades de ser atendidos por personal obstétrico capacitado. Por ejemplo, el 78,1 por ciento de los partos en zonas urbanas de Bolivia, el 60,6 por ciento en Pakistán, el 52,8 en Angola y el 46,9 en Yemen, son atendidos por personal idóneo. En algunos países, los partos atendidos por personal idóneo en las áreas rurales son entre dos y cuatro veces menos.(1) Los jóvenes urbanos instruidos también tienen más posibilidades de usar anticoncepción.(2) Estudios en Ghana, Kenya, Nigeria, Mozambique y Tanzania sugieren que el uso de condones entre los varones urbanos de 15 a 24 años es onsiderablemente mayor que entre varones rurales de la misma edad.(3) Esto está relacionado también
con el conocimiento y el acceso: sólo la mitad de los hombres jóvenes que viven en las zonas rurales de Nigeria, Bolivia, Mozambique y Vietnam sabían cómo obtener condones.(4)

Al mismo tiempo, el mayor acceso y la mayor proximidad física a los servicios de salud en las zonas urbanas no se traduce automáticamente en mejor salud sexual y reproductiva para los jóvenes: los servicios de salud pueden ser simplemente inaccesibles por su costo, puede no haber servicios en algunos barrios y las inequidades
de género pueden dificultar que las mujeres jóvenes se protejan de las infecciones, del sexo no consensuado y de los embarazos.

La edad en que se llega al matrimonio está aumentando y se incrementa la actividad sexual extramatrimonial en las zonas urbanas. Las mujeres jóvenes corren el riesgo de sexo forzado, embarazos no deseados, abortos inseguros y enfermedades de transmisión sexual, incluído el VIH. La utilización de anticonceptivos, aunque más difundida entre la juventud urbana que en su contraparte rural, sigue siendo infrecuente. La persistencia de altos niveles de embarazos involuntarios y abortos inseguros indica una considerable demanda insatisfecha de planificación familiar entre las mujeres jóvenes urbanas.

Cada año, unos 14 millones de adolescentes de 15 a 19 años de edad dan a luz.(5) Las tasas más elevadas de fecundidad adolescente se encuentran en �frica sub-Sahariana y Asia meridional.(6) En base a datos de 56 países, las adolescentes entre 15 y 19 años pertenecientes a los grupos más pobres, tanto urbanos como rurales, tienen tres veces más probabilidades que sus pares más acomodadas de dar a luz en la adolescencia.(7) Crían el doble de hijos y tienen entre dos y cinco veces más probabilidades de morir de
complicaciones relacionadas con el embarazo que las mujeres entre los 20 a 30 años.(8) Sus bebés también tienen menores probabilidades de sobrevivir. En todas las regiones del mundo las jóvenes rurales tienen hijos antes que las urbanas(9), sin embargo, en las ciudades de Namibia, Nepal, Nicaragua y Nigeria, una de cada cinco adolescentes da a luz antes de su décimo octavo cumpleaños.(10) Se estima que de los veinte millones de
abortos inseguros que se practica cada año, al menos una cuarta parte corresponde a adolescentes de 15 a 19 años. Un estudio entre mujeres de 20 a 29 años en Yaoundé, Camerún, halló que el 21 por ciento de las jóvenes urbanas informaron no haber tenido nunca un aborto y el 29 por ciento de los varones reportaron no haber tenido nunca una amiga que terminara un embarazo del que ellos fueran responsables.(11) El estudio
también destaca que los abortos practicados a mujeres menores de 20 años eran más probablemente autoinducidos o realizados por una persona no idónea en circunstancias no seguras que los realizados a mujeres mayores de esa edad.

Investigaciones de todo el mundo demuestran que los jóvenes saben todavía alarmantemente poco sobre VIH-SIDA. La juventud urbana tiende a saber más que la rural, y el conocimiento aumenta dramáticamente según mejora la educación y el status económico. Un estudio multinacional en �frica sub-Sahariana encontró que la proporción de mujeres y hombres jóvenes de 18 a 24 años con conocimiento de métodos modernos de planificación familiar era sustancialmente mayor en las áreas urbanas que en las rurales.(13)

Incluso si los jóvenes tienen la información que necesitan, pueden no encontrar los medios para protegerse. Alrededor de la mitad del total de infecciones por VIH en todo el mundo, unas 6.000 por día, corresponden a jóvenes de 15 a 24 años. En todo el mundo la juventud urbana está más afectada por el VIH-SIDA que la juventud campesina. En Zambia, uno de los países más gravemente afectados por el virus, la tasa de prevalencia en jóvenes de 15 a 24 años que habitan en áreas urbanas es de 10,5 por ciento, cerca del doble de la que se observa en la juventud rural de ese grupo de edad.(14)

Una extendida y persistente discriminación de género pone a las chicas de las zonas urbanas en mayor riesgo de infección por VIH: 15,2 por ciento de mujeres de 15 a 24 años que viven en zonas urbanas están infectadas por el virus, comparadas con el 3,7 por ciento de los varones urbanos de ese grupo de edad.15 Esta tendencia es común en toda �frica sub-Sahariana, donde, en promedio, están infectadas tres mujeres por cada varón.(16)

El UNFPA, en colaboración con el Ministerio de Salud de Perú y la VII Red de Salud de San Juan de Lurigancho, está implementando el proyecto Voces Más Fuertes por la Salud Reproductiva en San Juan de Lurigancho, una comunidad indígena muy pobre de migrantes rurales a la ciudad de Lima. El proyecto se propone mejorar la calidad y la facilidad de acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva para jóvenes, en especial para mujeres adolescentes. El proyecto también organiza campañas de información y asociaciones directas con agentes de salud. Las consultas con grupos de jóvenes influyen en la forma en que se brindan los servicios y hacen que les resulten más atractivos. La iniciativa ha permitido a chicas y chicos adolescentes expresar sus necesidades en materia de salud reproductiva y ejercer su derecho a una vida sin violencia y con acceso a servicios de salud.

El UNFPA utiliza un enfoque multisectorial que considera la salud reproductiva y sexual como un aspecto del desarrollo personal, ligado a otros servicios de salud y sociales. En algunas ciudades, los centros juveniles brindan espacios seguros para las chicas, organizan actividades recreativas y consejerías, donde las adolescentes pueden encontrar orientación sobre asuntos de familia, violencia contra las mujeres y niñas,
trabajos, relaciones personales y salud reproductiva.

Los jóvenes precisan información apropiada, educación y servicios de salud. La promoción de conocimientos sobre salud sexual y reproductiva, resolución de conflictos y capacidad de negociación puede ayudar a los jóvenes a protegerse del sexo no consensuado, los embarazos involuntarios, las ITS y el HIV-SIDA. También puede ayudarles a tomar decisiones informadas y responsables sobre sus vidas. Además, la educación debería enfocar los temas de violencia contra las mujeres y niñas, aumentar la conciencia y ayudar a evitar experiencias dañinas como las de Maty. Y debería abordar las necesidades especiales de las chicas casadas, las que están en riesgo de contraer VIH y las chicas y chicos en riesgo de quedar fuera de la escuela. Es preciso dar mucha mayor importancia a la educación no formal, de manera que pueda alcanzar a la juventud marginada y vulnerable que no está escolarizada. Los servicios de salud sexual y reproductiva deberían ser acogedores para los jóvenes, respetar la confidencialidad, ofrecer localizaciones y horarios convenientes y mantener precios accesibles. Pero la salud sexual y reproductiva es sólo un aspecto del desarrollo de los jóvenes. Las intervenciones deberían estar vinculadas con otros programas, especialmente los destinados a la promoción del empleo y los medios de vida.