PROTEGER A LOS JÓVENES QUE VIVEN EN LA POBREZA URBANA AHORA Y EN EL FUTURO

Las siete historias de este informe desafían a quienes se interesan por los jóvenes y por el futuro de nuestras ciudades. Ambos están estrechamente ligados, especialmente en los países en desarrollo, en los que la mitad de la población urbana es menor de 25 años. Planifi cadores urbanos, líderes políticos, empleadores y entidades de la sociedad civil comparten el interés por apoyar la riqueza de recursos y la creatividad de los jóvenes, y por crear un paisaje urbano libre de pobreza y violencia.

Los testimonios en primera persona de Maty, Freddy, Reham, Angelo, Bing, Geeta y Shimu refl ejan fragmentos de las ásperas vidas urbanas de millones de jóvenes de hoy y de millones más en el futuro. Dos elementos atraviesan las siete historias: un trasfondo de pobreza, dureza y violencia y la esperanza de un futuro mejor, conseguido por sus propios esfuerzos.

El tema de la violencia, común a todas las historias excepto la de Bing, no es casual. En cualquier ciudad, en cualquier parte del mundo, es difícil encontrar jóvenes viviendo en la pobreza que no hayan sido afectados por el abuso sexual, la violencia de género, el impacto violento de la actividad criminal o actos aislados de violencia.

El esperado crecimiento rápido de las áreas urbanas en las próximas décadas transformará, para bien o para mal, los espacios urbanos. Los hijos de Maty, Freddy, Reham, Angelo, Bing, Geeta y Shimu merecen un comienzo mejor que el de sus padres. Tienen derecho a una vivienda digna y una alimentación sufi ciente, a educación, a la atención de su salud, a una vida libre de abuso y violencia. Este futuro es posible si las ciudades se preparan AHORA para absorber y sostener el crecimiento poblacional previsto. Tienen que concentrar la atención en ayudar a los pobres a salir de su pobreza, y sobre todo, tienen que invertir en los jóvenes, que son la clave para romper el ciclo que transmite la pobreza de generación en generación. Los responsables políticos en cada nivel y todos los actores interesados, incluidos los propios jóvenes, deben tomar conciencia de la transformación urbana y prepararse para ella. Las ciudades deberían:

– Asegurar que los jóvenes tengan acceso a educación de calidad en los barrios donde viven, para poder adaptarse a las cambiantes necesidades del mercado de trabajo; que las escuelas estén libres de violencia, negligencia y abuso sexual, que las niñas y los niños sean tratados igual y que aprendan en la escuela sobre resolución de confl ictos, aptitudes para la negociación, pensamiento crítico y salud sexual y reproductiva, incluida la prevención del VIH-SIDA.

– Capacitar a los jóvenes –en colaboración con los empleadores– para desarrollar habilidades demandadas por el mercado laboral, apoyar los esfuerzos de la Red de Empleo de Jóvenes (http://www.ilo.org/public/english/employment/strat/yen/) y replicar este modelo como forma de vincular a los jóvenes con oportunidades genuinas de empleo.

– Proteger la salud de los jóvenes. Facilitar el acceso a servicios de salud amigables y económicamente asequibles. Éstos deben incluir servicios de salud sexual y reproductiva, para que puedan protegerse de embarazos no deseados y de infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH-SIDA

– Asegurar el acceso a agua potable y segura, saneamiento y vivienda adecuada, necesarios para una transición saludable a la adultez, y garantizar la permanencia y los derechos de propiedad.

– Apoyar a los jóvenes para que participen en proyectos de autoayuda destinados a la construcción de vivendas adecuadas para sí mismos y sus familias.

– Crear espacios seguros, en particular para las niñas adolescentes en sus comunidades, para que puedan realizar su proyecto de vida sin miedo a la violencia o el abuso sexual; comprometer a los jóvenes en la vigilancia del delito y los esfuerzos de
prevención; y asegurar que los servicios policiales ofrezcan protección efectiva en los barrios pobres y no sólo en las comunidades más acomodadas.

– Implicar a los jóvenes en el planeamiento urbano, incluidos la toma de decisiones, el seguimiento y la evaluación de los programas de la ciudad diseñados para ellos; comprometerlos en una ciudadanía activa, apoyando el desarrollo de una autoimagen positiva y el sentimiento de pertenencia social, permitiéndoles hacer contribuciones efectivas al bienestar de sus comunidades.

– Reforzar la gobernabilidad urbana, con apoyo de los gobiernos regional y nacional, para posibilitar estas medidas y otras similares.

– Movilizar apoyo de la comunidad internacional.

Esta perspectiva supone tomar un nuevo rumbo respecto de las políticas anteriores. Más que reaccionar a los problemas urbanos según van surgiendo, el objetivo sería anticipar el crecimiento urbano y sus impactos. Las medidas propuestas, además de apoyar la creatividad de los jóvenes, atacan en su raíz las causas de la pobreza. Aseguran que los jóvenes estén preparados para entrar en el mercado laboral, se mantengan sanos y pospongan el matrimonio y la crianza de los hijos. En conjunto, representan una estrategia para que todos los jóvenes, hombres y mujeres, realicen su potencial humano y las ciudades realicen su función como motores del desarrollo nacional.