PARA LAS OPORTUNIDADES DE EMPLEO JUVENIL

Los jóvenes son casi la mitad (43,7 por ciento) del total de los desempleados
a nivel mundial. Tienen tres veces más posibilidades de no tener empleo que
los adultos.(1) La falta de oportunidades y el subempleo empujan a millones
de jóvenes campesinos como Bing a ganarse
la vida en las ciudades.
Los migrantes rurales asumen con frecuencia que las oportunidades de empleo son mejores en las grandes ciudades. Muchas veces tienen razón, aunque las personas que buscan trabajo son más que las oportunidades existentes y el crecimiento rápido de la población urbana aumenta las tasas de desempleo. Además de la migración urbana, el crecimiento natural en las propias ciudades está incorporando gran cantidad de jóvenes al mercado laboral, contribuyendo al alto desempleo juvenil.
Muchos jóvenes en busca de trabajo recurren al “emprendimiento
forzado” y el autoempleo, y en ciertos
países, en la última década, el empleo en el sector urbano informal ha aumentado
mucho su proporción
sobre el empleo total.(2),(3) De
acuerdo con la OIT, aproximadamente
el 85 por ciento de las nuevas oportunidades
de trabajo pertenecen a la economía informal.
Como muestra la historia de Bing, esto es riesgoso,
pero contribuye a la flexibilidad y vigoriza el crecimiento
económico.
La mayoría de los jóvenes que trabajan en el sector informal urbano vive en barrios precarios. Por ejemplo, el 75 por ciento en Benin y el 90 por ciento en Burkina Faso, la República Áfricana Central, Chad y Etiopía.(4)
Al mismo tiempo, la proporción de adolescentes que
trabajan ha descendido en muchos países en las décadas
pasadas.(5) Por ejemplo, las tasas de participación
de los jóvenes varones de 15 a 19 años en la fuerza laboral
en Argentina, cayó del 51,6 por ciento entre 1980 y
1984 al 36,9 por ciento desde 1995 hasta ahora. De
manera similar, las tasas de participación de la fuerza
de trabajo femenina para este grupo de edad decayó
de 27,8 a 24,2 por ciento.
En Tailandia, las tasas de participación femenina y masculina en la fuerza de trabajo para los 15-19 años de edad descendieron desde 70,6 y 71,4 por ciento respectivamente a 40,4 y 34,1 por ciento para los mismos períodos.(6)
Aún así, mucha gente joven en los países en desarrollo trabaja todavía demasiado temprano y demasiado tiempo. No tienen la oportunidad de terminar su educación y adquirir las habilidades que necesitan para un desarrollo saludable. Niños y adolescentes son explotados en el mercado laboral, a menudo trabajando por un salario bajo, en condiciones peligrosas y con escasas perspectivas. Explotación, frustración y agotamiento pueden causar desilusión y alienación entre los jóvenes trabajadores.(7)
Para otros jóvenes no hay transición desde la escuela al trabajo. Dejan la escuela antes de tiempo o no han ido nunca, y tampoco trabajan. Una estudio en zonas urbanas de Zambia encontró que la mayoría de los jóvenes carece de medios de ganarse la vida: 70 por ciento de varones y 83 por ciento de mujeres entre 15 y 19 años indicaron que no iban a la escuela ni trabajaban.(8)
Cuando los jóvenes que buscan empleo no logran encontrar
una forma de sustento digna pueden entrar en
un ciclo de pobreza con altas tasas de desempleo, que
se extiende toda su vida. Hay creciente preocupación
entre los responsables políticos en cuanto a que las
frustraciones que acompañan el desempleo de largo
plazo en grandes poblaciones de hombres jóvenes en
las áreas urbanas puedan alimentar la agitación política
e ideológica y provocar violencia. Elevados niveles de
desempleo entre los jóvenes, particularmente en áreas
urbanas, indican que las ciudades son incapaces de
absorber fuerza de trabajo, lo que en el largo plazo
tiene un impacto económico directo en el crecimiento
económico y la reducción de la pobreza.(9) La
importancia de ayudar a los jóvenes a encontrar trabajo digno
y productivo ha llegado a ser una motivación principal
del diseño de políticas internacionales sobre la juventud
y de los esfuerzos de desarrollo. La población joven
puede hacer su mejor contribución si las ciudades proveen
una red de seguridad social, incluyendo vivienda,
atención de la salud y oportunidades de educación.
La Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, adoptada por la Asamblea General en 2000, refleja el compromiso de los jefes de estado y de gobierno para desarrollar e implementar estrategias que den oportunidades de trabajo decente y productivo a los jóvenes de todas partes. Este objetivo fue integrado subsecuentemente en los Objetivos del Milenio; el octavo Objetivo, que se relaciona con el fomento de una alianza mundial para el desarrollo, se refiere explícitamente a crear oportunidades de trabajo para los jóvenes. La Red de Empleo de Jóvenes (YEN), que incluye a la OIT, el Banco Mundial y las Naciones Unidas, fue establecida a continuación de la Cumbre del Milenio para iniciar la acción sobre el terreno, y está contribuyendo a impulsar la cuestión del trabajo juvenil a nivel nacional.(10) Diecinueve países ya han avanzado para compartir experiencias, adelantar en la formulación de planes de acción sobre trabajo juvenil y comprometerse con el cambio al más alto nivel político.(11)
Varios de los Documentos de Estrategia de Lucha contra la Pobreza (DELP) formulados por países en desarrollo en los años recientes han delineado estrategias de empleo juvenil enfocadas en el entrenamiento empresarial, esquemas de microcrédito, el desarrollo de capacitación vocacional y servicios de orientación profesional, formación de líderes juveniles, programas intensivos de trabajo dirigidos a los jóvenes y la adquisición de destrezas informáticas.(12) Otros países podrían seguir este ejemplo y crear más oportunidades de empleo para los jóvenes.
El conjunto de habilidades y las oportunidades para una seguridad económica a largo plazo se establecen en la adolescencia temprana; hay una necesidad inmediata de aumentar las capacidades de ganarse la vida. Los adolescentes y jóvenes necesitan la oportunidad de realizar el máximo de su potencial productivo a través de la educación de calidad y el trabajo digno. Al mismo tiempo, la oferta educativa debería coordinarse con las necesidades del mercado laboral, ahora y en el futuro previsible.
Durante los próximos diez años, 1.200 millones de mujeres y hombres jóvenes ingresarán en la población activa. Si los países logran encontrar la forma de utilizar sus conocimientos, su entusiasmo y su creatividad, serán la generación mejor educada y más capacitada que hubo nunca, con enorme potencial para el desarrollo económico y social. En caso contrario se verán, como sus padres, condenados a la pobreza.