Introduction Introducción Chapter 5 Capítulo 5
Chapter 1 Capítulo 1 Chapter 6 Capítulo 6
Chapter 2 Capítulo 2 Notes for Indicators Notas
Chapter 3 Capítulo 3 Notes for boxes Notas de los recuadros
Chapter 4 Capítulo 4 Indicators Indicadores
Capítulo 6 Printer Friendly imprimir artículo
Chapter 1 Un futuro urbano sostenible: políticas, información y gobernabilidad

¿Qué podemos hacer?

Una visión de futuro para las ciudades

Beneficios recíprocos: desarrollo social y crecimiento urbano

Mejor información para la adopción de decisiones

Preparativos para la transición urbana: una última palabra

Beneficios recíprocos: desarrollo social y crecimiento urbano

En el presente informe se ha reiterado que el masivo crecimiento urbano en las regiones en desarrollo “es inevitable”. La confluencia y la inercia de al menos dos procesos dominantes—globalización, con sus numerosas ramificaciones económicas y sociales, y crecimiento demográfico en zonas rurales y urbanas—causarán un inexorable crecimiento de las ciudades en los próximos decenios. Esto es particularmente válido para África y Asia.

Por otra parte, la velocidad y la magnitud de este inevitable crecimiento urbano no están predeterminadas. Si los encargados de formular políticas pudieran reducir la intensidad del crecimiento demográfico, tendrían más tiempo para abordar las necesidaes existentes y, al mismo tiempo, podrían prepararse mejor para enfrentar el futuro crecimiento de la población urbana. Hasta ahora, los intentos de frenar el crecimiento urbano se han centrado casi exclusivamente en reducir la emigración del campo a la ciudad, pero raramente han tenido éxito. Los migrantes siguen acudiendo a las ciudades debido a que perciben, acertadamente, que pese a todos sus inconvenientes, el ámbito urbano ofrece más opciones.

Los intentos de contener dicha migración no abordan el principal componente demográfico del crecimiento urbano, que es el crecimiento vegetativo en las propias zonas urbanas (e, indirectamente, en las zonas rurales). A medida que aumentan los niveles de urbanización, el crecimiento vegetativo constituye una creciente proporción del crecimiento urbano total. Este patrón de crecimiento situa a los encargados de formular políticas ante una oportunidad (hasta ahora desaprovechada) de lograr éxito en todos los aspectos: reducir la tasa de crecimiento vegetativo al mejorar las condiciones sociales de los pobres, y promover los derechos de la mujer.

Para reducir el crecimiento vegetativo hace falta mejorar la condición social y económica de los pobres, asegurando que se ofrezcan servicios de salud reproductiva asequibles y de calidad y que se amplíe la autonomía de la mujer. En conjunto, esas medidas influyen sobre las preferencias reproductivas de las personas y sobre su posibilidad de satisfacerlas. El desarrollo potencia el ejercicio de los derechos humanos y otorga a las personas un mayor control sobre su vida.

Además, hay un claro vínculo positivo entre desarrollo, ampliación de la autonomía de la mujer y posibilidad de planificar eficazmente la propia familia. Las mujeres que pueden decidir por sí mismas el número y el espaciamiento de sus hijos tienen más libertad para trabajar, recibir educación y realizar actividades comunitarias, así como para obtener un ingreso fuera del hogar(6).

La reducción de las disparidades entre hombres y mujeres en educación y salud, y la ampliación de las oportunidades de la mujer de conseguir trabajo más variado y mejor remunerado, promueven el crecimiento económico. Los mayores ingresos, a su vez, reducen la desigualdad de género, pero no bastan para superar todas las barreras que se oponen a la participación y el desarrollo de la mujer.

En este área, los avances han sido desalentadores. Las mujeres siguen estando desproporcionadamente representadas entre los pobres. En conjunto, la liberalización económica tal vez haya tenido efectos negativos sobre la reducción de la pobreza en general y sobre las mujeres en particular(7). Es particularmente decepcionante la evolución del sector de la salud(8). Un estudio del Banco Mundial ha comprobado que los servicios de salud reproductiva son más inequitativos que ningún otro grupo de servicios(9). En muchas partes del mundo en desarrollo, las actividades del sector de la salud pública diseñadas para proteger a las mujeres pobres son inoperantes(10). No cabe sorprenderse entonces de que las tasas de fecundidad de las mujeres urbanas pobres sean sustancialmente mayores que las correspondientes al resto de mujeres urbanas no pobres. Además, la pobreza limita el poder de negociación de las mujeres dentro del hogar y a menudo estas no pueden plasmar en la práctica sus preferencias reproductivas, en contraste con las posibilidades de sus esposos. Esto también ocurre en relación con el acceso a la información y a los servicios de salud reproductiva(11).

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SALUD REPRODUCTIVA, NECESIDADES INSATISFECHAS Y CRECIMIENTO VEGETATIVO

Casi la quinta parte de las mujeres casadas de los países en desarrollo tienen necesidades insatisfechas de servicios de planificación de la familia. Entre las mujeres adolescentes, esta necesidad es dos veces superior a la existente en la población en general. Este déficit sigue siendo muy alto en la mayoría de las regiones de baja prevalencia de anticonceptivos. En los países en desarrollo, los altos niveles de necesidad insatisfecha de anticonceptivos eficaces contribuyen a alrededor de 70 a 80 millones de embarazos no deseados al año. La cobertura de estas necesidades de planificación de la familia contribuiría a reducir los riesgos para la salud reproductiva y ampliaría las oportunidades de las mujeres jóvenes en materia de educación, empleo y participación social.(1)

Estos hallazgos tienen una gran relevancia para el crecimiento urbano. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si los pobres urbanos pudieran alcanzar los niveles de fecundidad que desean? Un cálculo ilustrativo indica una pronunciada diferencia en la tasa de crecimiento de las poblaciones urbanas de los países en desarrollo2. A partir de datos de las Encuestas Demográficas y de Salud correspondientes a dos países (Bangladesh, 2004 y Colombia, 2005) se estimó como cambiarían las tasas de fecundidad si las mujeres tuvieran total acceso a servicios de salud reproductiva y lograran el nivel de fecundidad deseado.

En esas condiciones, las proyecciones de crecimiento de la población urbana de Colombia en el período 2005-2025, disminuirían desde una tasa promedio anual de 1,66% hasta 1,21% y la reducción de su población rural se acentuaría desde una tasa anual de -0,20% hasta un -0,83%.

En Bangladesh, las proyecciones de crecimiento urbano disminuirían desde una tasa anual del 3,38% hasta un 3,05% y su tasa de crecimiento rural se reduciría aún más, desde 0,80% hasta 0,39% durante ese período. Una menor tasa de crecimiento vegetativo rural contribuiría evidentemente a reducir la emigración del campo a la ciudad. Esa simulación no constituye de ninguna manera una representación perfecta de la realidad, pero, con todo, es indicativa .

La elevación de la edad mínima para contraer matrimonio también tendría efectos sobre el crecimiento vegetativo. En la mayoría de los países en desarrollo, los nacimientos tienen lugar dentro del matrimonio, y por lo tanto, la edad al contraer matrimonio es un indicador fundamental de exposición a la probabilidad de embarazo. En general, entre las jóvenes de 20 a 24 años de edad, un 90% tienen su primer hijo después de contraer matrimonio. En los países en desarrollo, entre la mitad y las tres cuartas partes del total de primeros nacimientos de las mujeres casadas ocurren dentro de los dos primeros años de matrimonio. Puede preverse que un aumento en la edad media al contraer matrimonio tendría efectos significativos en la disminución de las tasas de fecundidad.


 

Los encargados de formular políticas han reconocido las ventajas de reducir el rítmo de crecimiento urbano, pero no han comprendido los costos y las limitaciones de las medidas para frenar la emigración del campo a la ciudad. La reducción del crecimiento urbano no depende de restringir el derecho de las personas a emigrar, sino de facultar a la gente para que puedan ejercer sus derechos humanos básicos, incluido el derecho a la salud reproductiva.


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