Capítulo 5
Chapter 5 Urbanización y sostenibilidad en el siglo XXI

Las ciudades: ¿carga o beneficio?

Un enfoque más amplio

Una mirada más allá del ámbito local

Cambios en la cubierta del suelo

Las ciudades y el cambio climático

Pobreza y vulnerabilidad a los desastres naturales

Elevación del nivel del mar: la cuestión no es si ocurrirá o no sino ¿cuándo y en qué medida?

Adaptación al cambio climático

Acciones locales y consecuencias mundiales: cambios mundiales y efectos locales



“Es particularmente paradójico que la batalla por salvar los pocos ecosistemas saludables que subsisten en el mundo, se gane o se pierda no en los bosques tropicales ni en los arrecifes coralinos amenazados, sino en las calles de los ámbitos menos naturales del planeta”.(1)

Las ciudades: ¿carga o beneficio?

La preservación de los derechos de nuestros hijos y nuestros nietos a la salud y la felicidad depende de lo que hagamos con respecto al cambio del medio ambiente mundial. La batalla en pro de un futuro medio ambiente sostenible se libra primordialmente en las ciudades. En este momento, se acumulan en las ciudades muchos de los mayores problemas medioambientales del planeta: crecimiento de la población, contaminación, degradación de los recursos naturales y generación de residuos. Es paradójico que sean también las ciudades las que nos dan la mejor oportunidad de un futuro sostenible.

No es inevitable que la concentración urbana agrave los problemas del medio ambiente, los cuales se deben principalmente a pautas insostenibles de producción y consumo y a una gestión urbana inadecuada. Los asentamientos urbanos ofrecen, en verdad, mejores posibilidades de sostenibilidad a largo plazo, empezando por el hecho de que concentran la mitad de la población del planeta en menos del 3% de su superficie terrestre. Como
se indica en el Capítulo 4, la dispersión de la población y de las actividades económicas probablemente empeorará los problemas en lugar de mitigarlos. Si se adoptan enfoques correctos en previsión del crecimiento urbano, también será posible evitar muchos de los problemas medioambientales vinculados a la urbanización.

Desde el punto de vista demográfico, los asentamientos densos no sólo tienen mayor capacidad que las zonas rurales para albergar grandes poblaciones de manera sostenible, sino que la propia urbanización es un poderoso factor que influye en la disminución de las tasas de fecundidad. La urbanización proporciona pocos incentivos para tener familias numerosas, más bien genera numerosos desincentivos.

No obstante, los beneficios para la sostenibilidad dimanados de la urbanización no ocurrirán automáticamente; por el contrario, requieren cuidadosos preparativos y medidas de fomento. En el capítulo anterior se fundamentó este enfoque en relación con la organización interna de las ciudades. El presente capítulo considera las diversas interacciones entre las ciudades y el medio ambiente mundial.

Un enfoque más amplio(2)

En general, se están realizando numerosas iniciativas a nivel local para que los asentamientos urbanos sean más habitables y más respetuosos con el medio ambiente(3). La ciudades pueden aprender las unas de las otras y aprovechar en beneficio propio las experiencias positivas de los demás. Sin embargo, las soluciones locales a los problemas inmediatos no bastan, habida cuenta de la rápida duplicación de la población urbana de los países en desarrollo en una era de globalización económica. Será preciso integrar las estrategias locales en un marco espacial y temporal más amplio, a fin de abordar problemas de mayor escala y velar por la sostenibilidad a más largo plazo.

El concepto de cambio mundial del medio ambiente (CMA) proporciona el marco adecuado. Los cambios mundiales del medio ambiente abarcan los problemas ambientales a escala local, nacional y regional(4). El concepto también denota las repercusiones de esos problemas, por ejemplo, las variaciones en los regímenes de temperatura y precipitación que podrían acrecentar la frecuencia de inundaciones y sequías, elevar los niveles del mar o influir en la propagación de enfermedades y especies invasivas.

Las zonas urbanas contribuyen a los cambios mundiales del medio ambiente mediante el consumo de recursos, el uso del suelo y la producción de residuos y, al mismo tiempo, padecen sus consecuencias. Pero esas consecuencias sólo se pondrán de manifiesto plenamente en el mediano o largo plazo. Debido a ese desfase temporal, con frecuencia se hace caso omiso de tales consecuencias y sólo se presta atención a los problemas medioambientales inmediatos y más acuciantes, como el abastecimiento de agua, el saneamiento y la eliminación de residuos.

No obstante, los encargados de formular políticas deben tener conciencia de que sus decisiones locales tienen efectos de vasto alcance y, a su vez, que las variaciones del clima o de los ecosistemas pueden tener efectos locales. Ambos aspectos requieren contar con mejor información y un horizonte a más largo plazo. Las decisiones que se adopten hoy en relación con las fuentes de energía, los sistema de transporte y la planificación espacial tendrán efectos a largo plazo sobre los procesos biofísicos regionales y mundiales que contribuyen a los cambios del medio ambiente a escala global. La solución de los problemas actuales puede contribuir a mitigar los ulteriores efectos de los cambios mundiales del medio ambiente, pero sólo si se consideran explícitamente las interacciones entre los problemas urbanos locales y los procesos regionales y globales.

Este enfoque integral, que combina una renovación en la manera de pensar y de planificar, puede reforzar la capacidad de adaptación de las zonas urbanas frente a los cambios mundiales del medio ambiente y a los choques que estos generan. Por ejemplo, pueden contribuir a preservar ecosistemas saludables o velar por que los nuevos sistemas de transporte, abastecimiento de agua y energía se construyan de modo de puedan resistir los riesgos climáticos. Recíprocamente, las acciones encaminadas a resolver cuestiones mundiales a largo plazo pueden contribuir a resolver problemas ambientales más inmediatos a escala local.

Una mirada más allá del ámbito local

Las zonas urbanas dependen de los recursos naturales para obtener agua, alimentos, materiales de construcción y energía, así como para eliminar residuos. A su vez, la urbanización transforma los ámbitos locales, así como los ecosistemas, tanto locales como en las zonas circundantes.



Los encargados de formular políticas deben ser conscientes de que sus decisiones locales tienen efectos de vasto alcance y que, a su vez, los cambios climáticos o de los ecosistemas pueden tener efectos locales. Ambos aspectos requieren contar con mejor información y una visión a más largo plazo.



Las megaciudades atraen la atención debido a su magnitud y a su poder económico. Sin embargo, las ciudades pequeñas y de tamaño intermedio, donde vive actualmente más de la mitad de la población urbana mundial y que, según se espera, seguirán teniendo un papel predominante, tropiezan con desafíos y presiones similares.(5)

Hay dos cuestiones en particular que ilustran la interacción entre urbanización y recursos naturales, y sus repercusiones en relación con los cambios mundiales del medio ambiente. La primera cuestión conciernente a los cambios en el uso del suelo urbano y otros usos alternativos de la tierra, ya se consideraron en detalle en el Capítulo 4. En el presente capítulo se presta más atención a los efectos del cambio climático y la variabilidad del clima.

Cambios en la cubierta del suelo

La rápida expansión de las zonas urbanas altera la cubierta del suelo y causa pérdidas en el hábitat de las especies vegetales y animales. En el Capítulo 4 se señaló de que forma la combinación de crecimiento de la población urbana, menores densidades y periurbanización podría conducir, en los próximos decenios, a la conversión de grandes superficies de valiosas tierras a usos urbanos.

Los problemas del medio ambiente ocasionados por la conversión de ecosistemas naturales y agrícolas a usos urbanos tienen importantes repercusiones para el funcionamiento de los ecosistemas a escala mundial. Y el grado de gravedad de esas repercusiones depende de dónde y cómo se ampliarán los asentamientos urbanos; y dependen aun más de las pautas de consumo que adopte la población urbana.

Las “huellas urbanas” se extienden mucho más allá del entorno inmediato de las ciudades, particularmente en los países desarrollados. Los crecientes niveles de ingreso y de consumo en zonas urbanas generan crecientes presiones sobre los recursos naturales, desencadenando cambios en la cubierta y en los usos del suelo dentro de las zonas de influencia de las ciudades, que a veces cubren grandes superficies. Esto suele causar pérdidas mucho más grandes en el hábitat y en los servicios prestados por los ecosistemas que la propia expansión urbana.

Por ejemplo, los bosques tropicales de Tabasco han sufrido una tala desmesurada para proporcionar tierras de pastoreo, en respuesta a la creciente demanda de carne vacuna del distrito federal de Mëxico, a 400 kilómetros de distancia. La creciente demanda de frijol de soya y carne en las zonas urbanas de China, sumada a la demanda del Japón, los Estados Unidos y Europa, está acelerando la deforestación de las zonas amazónicas del Brasil.(6)

El concepto de “huella urbana”, que se ha utilizado para describir esta expansión perimetral del consumo urbano, es hoy muy familiar(7). Pero muchos interpretan que el problema es la propia concentración urbana, en lugar de las pautas de consumo de un grán número de residentes urbanos en situación económica más o menos holgada. Evidentemente, la “huella urbana” de los centros urbanos de los países pobres no es igual a la de las ciudades de los países desarrollados.

El concepto de transición medioambiental pone de manifiesto las diferencias entre las ciudades de países de altos y bajos ingresos(8). En las ciudades de los países más pobres, los problemas del medio ambiente son locales y afectan sobre todo a la salud, entre ellos el abastecimiento inadecuado de agua y el deficiente saneamiento, la mala calidad del aire (dentro y fuera de las viviendas) y los limitados o inexistentes medios de eliminación de residuos. A medida que aumenta el ingreso medio, esos problemas inmediatos no son tan acuciantes, pero los cambios en las actividades productivas y en las pautas de consumo incrementan los efectos sobre las zonas rurales circundantes. En las ciudades más ricas, suelen amortiguarse los efectos locales y regionales gracias a estrictas regulaciones del medio ambiente, a inversiones en la depuración de residuos y a la lucha contra la contaminación, asi como a la transición de la base económica, de la industria a los servicios. Pero la riqueza amplía los efectos acumulativos sobre el medio ambiente mundial, especialmente sobre el cambio climático8.

La cuestión del agua es particularmente pertinente en este debate. La gran dependencia de las ciudades respecto de un abastecimiento garantizado impone grandes demandas a las existencias mundiales de agua dulce. En algunas regiones, entre ellas la zona sudoccidental de los Estados Unidos, el Oriente Medio, el África meridional, partes de Asia central y el Sahel, las ciudades ya están compitiendo con las demandas mucho mayores de la agricultura, que pesan sobre los escasos recursos de agua. En casos extremos—por ejemplo, el sistema Cutzmala que abastece al distrito federal de México —se inundan los terrenos que ocupan comunidades enteras, o se las reubica, para instalar la infaestructura de abastecimiento de agua. Este fenómeno tendrá una escala monumental si China lleva a término la desviación de cursos de agua Sur-Norte(9). En última instancia, las ciudades prevalecen sobre los usuarios rurales agrícolas cuando se compite por los suministros de agua disponibles.(10)

Las zonas urbanas pueden afectar los recursos hídricos y el ciclo hidrológico de otras dos maneras: en primer lugar, debido a la expansión de la red vial, las áreas de estacionamiento y otras superficies impermeables que contaminan la escorrentía y reducen la absorción de agua de lluvia y la reposición de los acuíferos; y, en segundo lugar, mediante instalaciones hidroeléctricas en gran escala que contribuyen a satisfacer las necesidades energéticas de las ciudades.(11)

Estos ejemplos ilustran las complejidades existentes para dar respuesta a los efectos de las ciudades sobre el sistema biofísico y destacan la necesidad de una perspectiva amplia e integral.

Las ciudades y el cambio climático

El cambio climático y sus ramificaciones sobre los procesos urbanos cubren un amplio espectro de cuestiones. La frecuencia y la magnitud de los desastres naturales relacionados con el clima están aumentando cada vez más y sus consecuencias dependerán de diversos factores, entre ellos la fortaleza y capacidad de adaptación o el grado de vulnerabilidad de las personas y los asentamientos urbanos.

Las condiciones climáticas siempre han conformado el entorno construido. A partir del decenio de 1950, se han ido abandonando cada vez más las pautas tradicionales adaptadas a las condiciones climáticas locales. La globalización y los acelerados avances tecnológicos tienden a promover la homogeneización del diseño arquitectónico y urbano, cualquiera que sean las condiciones naturales. Este tipo de arquitectura monocorde y repetitiva aumenta el consumo de energía debido al transporte de materiales exógenos y a la utilización de un único diseño de construcciones en diversos ámbitos y bajo distintas condiciones climáticas, sin prestar atención a la eficiencia energética. En algunos lugares, la energía es demasiado barata como para motivar un diseño eficiente en términos energéticos; en otros casos, las empresas inmobiliarias no tienen en cuenta el costo de la energía, dado que los precios de venta no reflejan futuras economías por una mayor eficiencia energética.

El uso de nuevas modalidades arquitectónicas y urbanas, nuevos materiales, e innovaciones como el aire acondicionado, han hecho aumentar pronunciadamente tanto los costos de la energía como las contribuciones de las ciudades a las emisiones de efecto invernadero. Los adelantos tecnológicos también han posibilitado el rápido crecimiento de las ciudades en lugares anteriormente considerados inhabitables. Por ejemplo, la ciudad estadounidense de Phoenix ha crecido pronunciadamente debido a obras de ingeniería que desviaron el agua del río Colorado; en la ciudad de Riyadh, Arabia Saudita, el abastecimiento de agua se efectúa en gran medida a partir de centrales de desalinización.

Las formas y las funciones urbanas también contribuyen a definir la naturaleza de las interacciones entre las ciudades y los cambios climáticos locales. Por ejemplo, “el efecto insular del calentamiento urbano” es causado por las repercusiones de diferentes usos del suelo en zonas urbanas, que crean microclimas y acarrean consecuencias para la salud.

El efecto insular del calentamiento urbano consiste en un aumento de las temperaturas en el centro de la ciudad en comparación con las zonas circundantes. El tamaño del centro urbano, el tipo de urbanización, la forma de la ciudad, las funciones y el uso del suelo son todos factores contribuyentes a ese efecto. A medida que las aldeas se van transformando en poblados y estos, en ciudades, su temperatura media aumenta entre dos y seis grados centígrados por encima de la temperatura en los campos aledaños(12).

Los diseños y las formas urbanos que hacen caso omiso de las condiciones climáticas locales y pierden el efecto refrescante de las zonas verdes tienden a agravar el efecto insular del calentamiento urbano. Las ciudades de los países tropicales pobres están particularmente afectadas por este fenómeno.

El rápido crecimiento urbano, combinado con las potentes repercusiones de la variabilidad y el cambio climáticos, probablemente tendrán graves consecuencias para la salubridad del medio ambiente en los trópicos (causando, por ejemplo, estrés térmico y acumulación del ozono en la troposfera), que a su vez puede afectar a la economía urbana (por ejemplo, el rendimiento del trabajo y de las actividades económicas), así como a la organización social.

En un círculo vicioso, el cambio climático acrecentará la demanda de energía para el aire acondicionado en zonas urbanas y contribuirá al efecto insular del calentamiento urbano debido a la contaminación térmica. La contaminación térmica, la bruma industrial (smog) y la capa de ozono a nivel del terreno no son solamente fenómenos urbanos; también afectan a las zonas rurales aledañas, reduciendo el rendimiento agrícola(13), agravando los riesgos para la salud(14) y generando huracanes y tormentas eléctricas.

La salud humana en las zonas urbanas se resiente como resultado del cambio climático, especialmente en las zonas urbanas pobres cuyos habitantes tienen menor margen de adaptación. Los tradicionales problemas de salud ligados a la pobreza y la falta de equidad, se verán agravados por el cambio climático. Por ejemplo, las zonas urbanas pobres que carecen de servicios de salud y de otros servicios básicos, donde la gente vive hacinada, con deficiente abastecimiento de agua y saneamiento inadecuado, son terreno propicio para la propagación de trastornos respiratorios e intestinales y la proliferación de mosquitos y otros vectores de enfermedades tropicales, entre ellas el paludismo, el dengue y la fiebre amarilla. Los cambios en la temperatura y la precipitación pueden propagar las enfermedades en zonas anteriormente no afectadas y agravarlas en las zonas endémicas. Los cambios en el clima y en el ciclo hídrico pueden afectar el abastecimiento de agua, su distribución y su calidad en las zonas urbanas, con importantes consecuencias para las enfermedades transmitidas por el agua.

Los efectos del cambio climático sobre el abastecimiento de agua en zonas urbanas probablemente serán espectaculares. Muchos países pobres ya enfrentan la acumulación de deficiencias en el abastecimiento, la distribución y la calidad del agua, pero el cambio climático probablemente agravará esas dificultades. El reciente informe del Grupo Intergu­bernamental de Expertos sobre el Cambio Climático destaca que las ciudades de las regiones más secas, como Karachi en el Pakistán y Nueva Delhi en la India, padecerán efectos particularmente graves.(15)

Pobreza y vulnerabilidad a los desastres naturales

Las ciudades son sumamente vulnerables a las crisis y los desastres naturales: escasez repentina de suministros, pesadas sobrecargas medioambientales o catástrofes de gran magnitud pueden generar súbitas emergencias graves. Las consecuencias de esas crisis se multiplican cuando la gestión y la planificación están deficientemente coordinadas.

En los últimos dos decenios, los desastres naturales se han hecho más frecuentes y más severos y han afectado a varias ciudades importantes (véase el Gráfico 7). El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) informa de que, entre 1980 y 2000, un 75% del total de la población mundial residía en zonas afectadas por desastres naturales(16). En 1999 hubo más de 700 desastres naturales de gran magnitud que causaron pérdidas económicas por valor de más de 100.000 millones de dólares y miles de víctimas. Más del 90% de las pérdidas de vidas humanas a causa de desastres naturales en todo el mundo ocurrieron en los países pobres.


Gráfico 7: Relación entre las grandes ciudades y los riesgos climáticos

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fig7

Fuente: de Sherbinin, A., A. Schiller y A. Pulsipher. The Vulnerability of Global Cities to Climate Hazards. Environment and Urbanization. Nota: el nivel de riesgo representa una escala acumulativa basada en el riesgo de ciclones, inundaciones, seismos y sequías.


Los efectos de los cambios mundiales del medio ambiente, en particular los riesgos relacionados con el clima, afectan desproporcionadamente a las personas pobres y vulnerables, a quienes viven en tugurios y asentamientos precarios ubicados en laderas empinadas, en zonas con deficientes desagües o en zonas costeras de baja altitud(17). Por ejemplo, los asentamientos marginales que se fueron acumulando durante decenios en las laderas que rodean a Caracas, Venezuela, contribuyeron a los devastadores efectos de las inundaciones repentinas y los deslizamientos de tierras ocurridos en diciembre de 1999, los cuales, según se informó, costaron 30.000 vidas y afectaron a casi medio millón de personas(18). El efecto del Huracán Katrina en Nueva Orleans (véase el Recuadro 23) muestra que tampoco los países desarrollados son inmunes a desastres en gran escala.

23

DESASTRE CAUSADO POR EL HURACÁN KATRINA EN NUEVA ORLEANS(1)

El huracán Katrina alcanzó la costa del Golfo de los Estados Unidos el 22 de agosto de 2005. Causó la muerte de más de 2.800 personas, destruyó vidas, arrasó viviendas y dejó sin techo a centenares de miles de sobrevivientes. Según se estima, 9,7 millones de residentes de los estados de Alabama, Louisiana y Mississippi se vieron afectados con mayor o menor intensidad por los vientos huracanados. El Katrina causó los mayores estragos en la ciudad de Nueva Orleáns y en la costa del estado de Mississippi, pero la devastación se extendió hasta 160 kilómetros del centro de la tormenta, a lo largo de las zonas septentrional y central de la costa del Golfo de México.

En los tres estados más afectados por la tormenta, residen en zonas costeras unos 4,9 millones de personas, alrededor de un 41% de la población total. En zonas susceptibles de inundación o que suelen inundarse viven unos 3,2 millones de personas. Los más afectados por el huracán fueron los pobres. La mayoría de los afroamericanos y las personas de edad residían en zonas inundables y corrieron mayor riesgo de muerte que los habitantes blancos no ancianos.


Las sequías, las inundaciones y otras consecuencias del cambio climático también pueden modificar las pautas de migración entre zonas rurales y zonas urbanas o dentro de las zonas urbanas. Por ejemplo, en 1998 y 2002, las severas inundaciones en la Cuenca del Río Yangtze en China, causadas por la combinación de la variabilidad climática y los cambios en la cubierta del suelo como resultado de la actividad humana, desplazaron a millones de personas, principalmente agricultores de subsistencia y aldeanos. Pueden citarse efectos similares en la India, México y otros países pobres. Muchos de esos “refugiados medioambientales” nunca regresan a las zonas rurales de las cuales fueron desplazados.

Elevación del nivel del mar: la cuestión no es si ocurrirá o no sino ¿cuándo y en qué medida?(19)

Una de las perspectivas alarmantes del cambio climático es la de sus efectos sobre la elevación del nivel del mar y las posibles consecuencias para las zonas urbanas costeras. Las zonas costeras siempre han concentrado población y actividades económicas debido a sus recursos naturales y sus oportunidades comerciales. Muchas de las mayores ciudades del mundo están en la costa marítima o en la desembocadura de un gran río. Las zonas urbanas y rurales de ecosistemas costeros son las más densamente pobladas.

Esas poblaciones, especialmente cuando están concentradas en grandes zonas urbanas rodeadas de ricas zonas ecológicas, pueden sobrecargar los ecosistemas costeros, muchos de los cuales ya están sometidos a estrés. Debido a su proximidad a la costa corren riesgos cada vez mayores, como resultado de la elevación del nivel del mar y las tormentas más intensas causadas por el cambio climático.

La elevación del nivel del mar, especialmente si se combina con fenómenos climáticos extremos, inundaría grandes sectores de esas zonas. Además, el agua salada se infiltraría en las aguas dulces superficiales y los acuíferos de agua dulce, afectando el abastecimiento de agua de las ciudades y modificando ecosistemas clave que proporcionan servicios ecológicos y recursos naturales a las zonas urbanas. Esto provocaría inevitablemente migraciones a otras zonas urbanas. Los asentamientos costeros en los países de más bajos ingresos serían los más vulnerables y, entre ellos, especialmente los grupos de población pobre asentados en planicies inundables.

La primera evaluación sistemática de estas cuestiones indica que las zonas costeras de baja altitud constituyen actualmente sólo el 2% de la superficie terrestre del planeta, pero albergan un 13% de la población urbana(20). Pese a sus menores niveles de urbanización, África y Asia tienen residiendo en las zonas costeras proporciones de sus poblaciones urbanas mucho mayores que las de Norteamérica o Europa en similares condiciones (véase el Cuadro 1).


Cuadro 1: Población y superficie ocupada en zonas costeras de
baja altitud, por regiónes, 2000

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table1

Fuente: McGranahan, G., D. Balk y B. Anderson. De próxima publicación. “The Rising Risks of Climate Change: Urban Population Distribution and Characteristics in Low Elevation Coastal Zones.” Environment and Urbanization.


Esas diferencias reflejan el legado colonial de África y Asia, donde las principales ciudades crecieron como puertos y centros de exportación de materias primas(21). Por su parte, Asia destaca por albergar unas tres cuartas partes de la población mundial en zonas costeras de baja altitud, y dos terceras partes de su población urbana.

Es llamativa la concentración de grandes asentamientos humanos en zonas costeras de baja altitud. Es así como un 65% de las ciudades de más de cinco millones de habitantes se ubican en esas zonas, en comparación con sólo 13% de las que tienen menos de 100.000 habitantes.

Habida cuenta de las amenazas reales y crecientes derivadas de los cambios mundiales del medio ambiente en las zonas costeras de baja altitud, causa preocupación la posibilidad de que continúen las presentes pautas de crecimiento urbano. Desde una perspectiva medioambiental, el desarrollo costero incontrolado probablemente perjudicará a los ecosistemas delicados e importantes y otros recursos naturales. Al mismo tiempo, los asentamientos costeros, en particular en las tierras de baja altitud, probablemente expondrán a los residentes a los riesgos del mar, los cuales a su vez se agravarán a medida que se produzcan los cambios climáticos.

Si continuaran los actuales patrones de urbanización, las zonas costeras de baja altitud atraerían a mayores cantidades de población. En particular, el crecimiento económico de China, impulsado por las exportaciones, se ha asociado con una intensa emigración hacia las zonas costeras (véase el Gráfico 8). Bangladesh, pese a sus menores tasas de crecimiento económico y de urbanización, también experimenta un proceso similar.


Gráfico 8: China. Región costera del Mar Amarrillo.

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fgi8

Fuente: McGranahan, G., D. Balk y B. Anderson. De próxima publicación. “The Rising Tide: Assessing the Risks of Climate Change and Human Settlements in Low Elevation Coastal Zones.Environment and Urbanization 19 (1).


Para proteger a la población que vive en las costas contra los riesgos generados por el cambio climático será necesario mitigar esos riesgos y encauzar la migración lejos de las zonas costeras de menor altitud, así como modificar las formas más comunes de asentamientos costeros.

Evidentemente, esas intervenciones serán más fáciles de realizar en las nuevas zonas urbanas. A este respecto, tendrá una importancia crucial evitar las políticas que favorecen el desarrollo junto a las costas y, al mismo tiempo, será necesario imponer una gestión más eficaz de las zonas costeras. Pero, sobre todo, se requiere contar con una visión de futuro y un firme compromiso, y deben adoptarse medidas con mucha antelación.

Por consiguiente, es muy importante planificar a tiempo contando con información y análisis de buena calidad. Lamentablemente, las consideraciones medioambientales no han tenido hasta ahora mucha influencia en las pautas de asentamiento. Para alterar esas pautas será necesario un enfoque proactivo, hasta ahora infrecuente por la prioridad asignada al crecimiento económico. Y ese enfoque proactivo, a su vez, requerirá la creación de una mayor conciencia y la movilización de apoyos sociales y políticos.

Adaptación al cambio climático

Tal vez otras interacciones con el cambio climático no tengan las espectaculares consecuencias asociadas a los desastres naturales, pero afectarán apreciablemente la vida y las funciones urbanas. Por ejemplo, los cambios en las temperaturas medias y extremas, o en la intensidad y la duración de las estaciones, pueden tener una significativa influencia en algunas áreas importantes relacionadas con la actividad económica (como es el caso del turismo); la productividad de los trabajadores; el uso del espacio urbano para la interacción social; el índice de confort; el abastecimiento de agua, su distribución y su calidad; y la demanda de energía.

Esta amplia gama de efectos del cambio climático sobre las zonas urbanas debería suscitar respuestas de adaptación adecuadas a las condiciones y a los recursos locales. La adaptación a la geografía física y al clima local tiene efectos apreciables sobre los tipos de construcción y sobre las formas de edificación de las zonas urbanas. La adaptación a los ciclos biofísicos también modifica el uso del suelo dentro de las zonas urbanas y define la manera en que crece una ciudad.

Pese a que cada vez se conocen mejor esas cuestiones, todavía carecemos de una perspectiva integral de las interacciones entre el cambio climático y el medio ambiente urbano. Es decir, cómo el primero contribuye a la conformación del espacio edificado o cómo este debería adaptarse a eventuales cambios en los regímenes térmico y de precipitación pluvial.

Las instituciones desempeñan un papel sustancial para ayudar a los sistemas urbanos a hacer frente a las consecuencias negativas de los cambios mundiales del medio ambiente y adaptarse a ellos. Por ejemplo, la creación de redes internacionales de ciudades es una tendencia nueva y con buenas perspectivas en relación con el medio ambiente urbano(22). Estas redes tratan de facilitar el intercambio de información y el fomento de la capacidad local sobre cuestiones urbanas y ambientales, y también pueden transformarse en entidades dotadas de influencia política en coyunturas críticas.

Acciones locales y consecuencias mundiales: cambios mundiales y efectos locales

El presente capítulo propone que la sostenibilidad urbana a más largo plazo depende de que los encargados de formular políticas puedan adoptar un enfoque más amplio del uso del espacio y vincular los procesos locales con sus consecuencias mundiales.

Una perspectiva más amplia mejora la eficacia de las acciones locales y, al mismo tiempo, promueve la sostenibilidad a más largo plazo. Por ejemplo, la planificación local para el desa­rrollo costero requiere, como mínimo, una visión de futuro más amplia que conecte los planes económicos propuestos con cuestiones como los aspectos espaciales, el uso del suelo, la velocidad y las características del crecimiento demográfico, las necesidades de los pobres en materia de vivienda y servicios, la infraestructura, la eficiencia energética y la eliminación de residuos.

También se necesita una visión de futuro que sea sensible a las condiciones del medio ambiente mundial, a fin de evitar que se perjudiquen ecosistemas delicados y otros recursos. Asimismo, es preciso combinar las perspectivas locales y mundiales, así como contar con una información fidedigna, que permita determinar la orientación del futuro crecimiento de las ciudades.

Las cuestiones urbanas ofrecen oportunidades únicas de traducir la investigación científica en políticas concretas porque involucran a gran número de actores relevantes, a nivel nacional, urbano, de vecindario y de hogar, incluidos los gobiernos y las organizaciones del sector privado y de la sociedad civil. Dada la creciente atención prestada a estos temas por las agencias internacionales y los gobiernos nacionales y locales, debería ser más fácil crear una mayor conciencia mundial, a partir del contexto urbano local.

Además, las zonas urbanas suelen ser más ricas que las zonas rurales y, en consecuencia, están en mejores condiciones de encontrar financiación local para proyectos de gran magnitud. La eficacia de tales proyectos dependerá, en última instancia, de la adopción de una actitud más proactiva, inspirada por una visión de futuro, que impulse las acciones necesarias hoy para garantizar la sostenibilidad a más largo plazo.