Introduction Introducción Chapter 5 Capítulo 5
Chapter 1 Capítulo 1 Chapter 6 Capítulo 6
Chapter 2 Capítulo 2 Notes for Indicators Notas
Chapter 3 Capítulo 3 Notes for boxes Notas de los recuadros
Chapter 4 Capítulo 4 Indicators Indicadores
Capítulo 3 Printer Friendly imprimir artículo
Chapter 1 Revisión de las políticas contra la pobreza urbana

Calles a contramano y nuevas avenidas

El intento de mantener alejadas a las masas: fracaso de una estrategia

Respuesta a las necesidades de los pobres en materia de vivienda

Un avance cuántico: nuevo escenario para la vivienda

Regulación de los mercados de suelo urbano: ¿misión imposible?

Promoción, votos y acción: la necesidad de liderazgo

Una dosis de realismo

Preparación para el futuro

Respuesta a las necesidades de los pobres en materia de vivienda

Una vez que los responsables políticos aceptan la inevitabilidad del crecimiento urbano, están en condiciones de contribuir a satisfacer las necesidades de los pobres. Una de las más críticas es la vivienda. Como ONU-Hábitat ha demostrado de manera reiterada a lo largo de los años, las numerosas dificultades con que tropiezan los pobres en las ciudades están vinculadas, en mayor o menor medida, a la calidad, la ubicación y la seguridad de su vivienda.

El hacinamiento, la insuficiencia de la infraestructura y los servicios, la inseguridad en la tenencia, los peligros asociados a los fenómenos naturales y a la acción humana, la exclusión de las actividades cívicas, y los grandes obstáculos de acceso al empleo y a las oportunidades de obtener ingresos, son todos factores vinculados entre sí. La vivienda es el factor medular de la pobreza urbana y en este área falta mucho por hacer para mejorar la vida de las personas con medidas más eficaces. Estas iniciativas son particularmente beneficiosas para las mujeres pobres, que a menudo están sobrecargadas con la triple responsabilidad de criar a los hijos, administrar el hogar y obtener ingresos.

Para los pobres urbanos, un punto de partida de importancia vital es tener un techo y un domicilio en un vecindario habitable, a partir de los cuales aprovechar lo que la ciudad puede ofrecerles en materia de empleo, ingresos, infraestructura, servicios y recreación. Una vivienda digna proporciona a la gente un hogar, seguridad para sus pertenencias, protección para sus familias, un lugar desde donde fortalecer sus relaciones y sus contactos sociales, un sitio para el comercio local y la provisión de servicios, y una base desde donde tener acceso a servicios básicos. Es el primer paso en el camino hacia una vida mejor. Para las mujeres, la propiedad y la vivienda son particularmente importantes en lo concerniente a la pobreza, el VIH/SIDA, la migración y la violencia.

Si la vivienda inadecuada es un factor básico de la pobreza urbana, la pertinaz renuencia de los encargados de formular políticas a aceptar el crecimiento urbano deja a los pobres librados a sí mismos en forma desorganizada, frente a los despiadados mercados del suelo y la vivienda. Los pobres, inermes, se ven obligados a vivir en zonas inhabitables o inseguras, donde es poco probable que se materialicen alguna vez incluso los servicios mínimos, como abastecimiento de agua y saneamiento básico.

Con inagotable inventiva e ilimitada habilidad, a lo largo y ancho del mundo, millones de personas de los países en desarrollo viven en “viviendas autoconstruidas”. Un gran número de pobres urbanos sólo pueden tener acceso a la tierra y la vivienda si ocupan tierras de propiedad de especuladores o se asientan en zonas marginales de escaso valor inmobiliario, entre ellas laderas empinadas, riberas fluviales sujetas a inundaciones, ecosistemas frágiles, zonas donde se acumula agua estancada o lugares cercanos a depósitos de desechos industriales peligrosos.

Estos asentamientos precarios suelen ser ilegales, pero en general son la única opción de que disponen los pobres, tanto migrantes como nativos, que buscan una vivienda. La ilegalidad y la inseguridad en la tenencia suelen disuadir a las personas de introducir mejoras sustanciales en sus viviendas, o de reunirse para mejorar el vecindario. La seguridad en la tenencia estimularía la economía local, porque alentaría a las personas a efectuar inversiones para mejorar sus viviendas.

En general, los gobiernos no brindarán asistencia a zonas donde no estén claros los derechos de propiedad del suelo y, por tanto, estos asentamientos marginales raramente disponen de abastecimiento de agua, saneamiento, transportes, electricidad o servicios sociales básicos. El patrón de ocupación resultante suele ser desordenado y asimétrico.
Cuando los habitantes de los tugurios intentan mejorar las condiciones en que viven, o cuando los gobiernos locales finalmente les ofrecen servicios mínimos, los costos económicos pueden llegar a ser prohibitivos(17). El mero trazado de una calle o la instalación de redes de abastecimiento de agua o saneamiento requiere la demolición de construcciones existentes. La falta de planificación previa, la ubicación inadecuada, la falta de caminos de acceso y la enorme acumulación de condiciones miserables, dificultan la provisión de agua, saneamiento, electricidad, calles de acceso y evacuación de residuos a los vecindarios pobres. Mientras tanto, la mera expectativa de intervención infla los precios del suelo, alienta la especulación y agrava la inseguridad.

Para mejorar el acceso a la tierra y a la vivienda de las crecientes masas de pobres urbanos se requiere una actitud más proactiva. Aunque se reconoce cada vez más el derecho de los pobres a la vivienda, la actitud negativa de la mayoría de los funcionarios ejecutivos sigue impidiéndoles abordar de manera eficaz las necesidades de vivienda de los pobres. En varios países, las mujeres tropiezan con dificultades adicionales en el ejercicio de su derecho a la vivienda, debido a que las leyes nacionales les impiden ser propietarias legales.

 

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