Introduction Introducción Chapter 5 Capítulo 5
Chapter 1 Capítulo 1 Chapter 6 Capítulo 6
Chapter 2 Capítulo 2 Notes for Indicators Notas
Chapter 3 Capítulo 3 Notes for boxes Notas de los recuadros
Chapter 4 Capítulo 4 Indicators Indicadores
Capítulo 3 Printer Friendly imprimir artículo
Chapter 1 Revisión de las políticas contra la pobreza urbana

Calles a contramano y nuevas avenidas

El intento de mantener alejadas a las masas: fracaso de una estrategia

Respuesta a las necesidades de los pobres en materia de vivienda

Un avance cuántico: nuevo escenario para la vivienda

Regulación de los mercados de suelo urbano: ¿misión imposible?

Promoción, votos y acción: la necesidad de liderazgo

Una dosis de realismo

Preparación para el futuro

“Expulsar de las ciudades a los pobres mediante desalojos o prácticas discriminatorias no es la respuesta adecuada. Frente a la creciente urbanización de la pobreza la única solución duradera y sostenible es ayudar a los pobres urbanos a integrarse en la trama social de las ciudades.”.(1)

Calles a contramano y nuevas avenidas(2)

Para satisfacer las necesidades de la población urbana en acelerado aumento, estimular el desarrollo tanto urbano como rural y alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), los planificadores y los encargados de formular políticas deberían reconsiderar sus prejuicios contra el crecimiento urbano, porque esta actitud es ineficaz y suele ser contraproducente. Además, obstaculiza las iniciativas para la reducción de la pobreza.

Hay claras pruebas de que la urbanización puede desempeñar un papel positivo en el desarrollo social y económico. Según muestra la experiencia histórica, ha habido una fuerte correlación estadística entre urbanización y crecimiento económico(3). En la actualidad, las ciudades tienen por lo general más potencial que las zonas rurales para reducir la pobreza. En las ciudades se localiza principalmente el crecimiento económico de la mayoría de los países y una parte desproporcionadamente alta de la producción económica nacional corresponde a las ciudades(4): “Los países muy urbanizados tienden a tener ingresos más altos, economías más estables e instituciones más sólidas y suelen estar en mejores condiciones para resistir la inestabilidad de la economía mundial”.(5)

La proximidad y la concentración otorgan ventajas a las ciudades en cuanto a la producción de bienes y servicios, al reducir los costos, apoyar la innovación y fomentar los efectos sinérgicos entre diferentes sectores de la economía. Pero la proximidad y la concentración también tienen potencial para mejorar directamente la vida de la gente, a un costo inferior al de las zonas rurales: por ejemplo, las ciudades pueden ofrecer acceso a la infraestructura y los servicios básicos a un costo mucho más bajo, en beneficio de toda su población. Como resultado, en general los niveles de pobreza en las ciudades son inferiores a los de las zonas rurales; la movilidad de la población desde las zonas rurales a las ciudades contribuye a reducir los niveles generales de pobreza a escala nacional (véase el Recuadro 13).

13

EL PAPEL DE LA URBANIZACIÓN EN LA REDUCCIÓN DE LA POBREZA(1)

Se suele suponer que la migración rural-urbana redistribuye meramente la pobreza del campo a las ciudades. Sin embargo, la migración por lo común va acompañada de movilidad social, y en muchos países han disminuido los niveles de pobreza tanto en las zonas rurales como urbanas. Un estudio realizado por el UNFPA ha analizado el papel de la urbanización en esos cambios. El criterio analítico consiste en desagregar las mejoras en los niveles nacionales de pobreza en tres componentes: disminución de la pobreza rural, disminución de la pobreza urbana y aumento de la proporción de población residente en zonas urbanas, donde los niveles de pobreza son menores.

La metodología aplicada a 25 países de diferentes regiones y para distintos períodos, proporciona una indicación a grandes rasgos de la posible importancia de la urbanización en el proceso general de reducción de la pobreza. Según este enfoque, al parecer hasta el decenio de 1990 el efecto de la urbanización ha sido de poca importancia. Pero a partir de entonces, la movilidad de la población desde zonas rurales hacia zonas urbanas habría contribuido, en promedio, en un 10% a la reducción de los niveles nacionales de pobreza.

En Bolivia, la urbanización contribuyó en un 28, 3% a la reducción del 1, 2% en el nivel nacional de pobreza durante el período 1999-2005. La reducción de un 5, 1% de la pobreza en el Brasil entre 1994 y 2004 es atribuible en un 17% también a la urbanización. En Nicaragua, los niveles de pobreza urbana y rural cambiaron muy poco entre 1998 y 2001; no obstante, el nivel nacional de pobreza disminuyó más de medio punto porcentual como resultado de la urbanización.

Si bien este ejercicio descriptivo no proporciona pruebas concluyentes de que la urbanización tenga una función independiente en la reducción de la pobreza, indica no obstante que, si se dan las condiciones adecuadas, la urbanización puede ser un componente dinámico en el proceso nacional de reducción de la pobreza, en lugar de ser una mera válvula de escape para la pobreza rural.


La gente percibe intuitivamente las ventajas de la vida urbana y esto explica por qué cada año millones de personas emigran a las ciudades. No obstante, en países en rápido proceso de urbanización, muchos planificadores y encargados de formular políticas quieren prevenir el crecimiento urbano(6). Esas actitudes carecen de fundamento y además tienen consecuencias negativas para la reducción de la pobreza. El derecho a la ciudad, propuesto por un Equipo de Tareas del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas (7)sigue siendo una aspiración esquiva frente al prejuicio contra la expansión de la ciudad prevaleciente entre los responsables políticos.(8)

La renuencia de los encargados de formular políticas a aceptar la urbanización ha levantado una barrera contra la corriente de avances promovidos por los movimientos sociales urbanos. En los últimos años, las organizaciones locales de pobres urbanos (OPU) y las organizaciones no gubernamentales (ONG) han logrado notables avances en sus acciones colectivas para mejorar la vivienda, la infraestructura y los servicios, mitigando y reduciendo en gran medida la pobreza urbana(9). Cada vez se reconocen más sus esfuerzos: la Conferencia de Hábitat 2006 fue, en muchos sentidos, una celebración de su éxito.

No obstante, con frecuencia las comunidades locales se han visto obligadas a superar los obstáculos impuestos por las autoridades locales y nacionales, pero si se hubiera adoptado un enfoque más propicio y con mayor apoyo, se podrían haber conseguido mayores logros de importancia crucial. Para contribuir a que la urbanización avance en la dirección debida, es preciso que los encargados de formular políticas revisen los supuestos subyacentes a su prejuicio antiurbano(10). Deberían estar en condiciones no sólo de avanzar a favor de la corriente, sino también de encauzarla hacia la mejora del hábitat urbano y la reducción de la pobreza. En el presente capítulo se ilustra esta cuestión relacionada con un tema crítico para la reducción de la pobreza urbana: las necesidades de los pobres en materia de vivienda.


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