Introduction Introducción Chapter 5 Capítulo 5
Chapter 1 Capítulo 1 Chapter 6 Capítulo 6
Chapter 2 Capítulo 2 Notes for Indicators Notas
Chapter 3 Capítulo 3 Notes for boxes Notas de los recuadros
Chapter 4 Capítulo 4 Indicators Indicadores
Capítulo 2 Printer Friendly imprimir artículo
Chapter 1 Los pobres urbanos: esperanza frente a desolacion

Los dramas ocultos de los pobres urbanos 3

Tugurios: desmesurada concentración de la pobreza

Las persistentes disparidades

Bienestar y autonomía de la mujer: pilares de las ciudades sostenibles

Contradicciones sociales en las ciudades en crecimiento: diálogo y discordia

Los cambiantes perfiles demográficos de las ciudades en crecimiento

Como mejorar la gobernabilidad urbana e involucrar a los pobres: lo que debe hacerse

Bienestar y autonomía de la mujer: pilares de las ciudades sostenibles

“Como las mujeres suelen ser el sector más pobre de los pobres . . . la eliminación de la discriminación social, cultural, política y económica contra la mujer es condición indispensable para eliminar la pobreza . . . en el contexto del desarrollo sostenible�.(21)

El equipamiento social y físico de las ciudades facilita la evolución hacia una situación de mayor equidad entre hombres y mujeres. En verdad, la concentración de población en zonas urbanas abre muchas posibilidades para la mujer— ya sea migrante o nativa—de encontrar a otras mujeres, trabajar, establecer redes de apoyo social, intercambiar información y organizarse en pro de los temas de mayor importancia para ella. Las ciudades tienden a propiciar una mayor diversidad cultural y, por ende, mayor flexibilidad en la aplicación de las normas sociales que tradicionalmente constriñen la libertad de opción de la mujer.

C En comparación con las zonas rurales, las ciudades ofrecen a la mujer mejores servicios educativos y opciones de empleo más diversas. También proporcionan más oportunidades de participación social y política, así como acceso a los medios de comunicación, a la información y a la tecnología. Las ciudades ofrecen muchos cauces para influir en la adopción de decisiones, mediante la participación comunitaria y política. Las mujeres pueden utilizar el espacio urbano para proyectar sus voces, participar en la política y el desarrollo de la comunidad e influir en los procesos sociales y políticos en todos los niveles.

Las mujeres han de beneficiarse de la proximidad y la mayor disponibilidad de servicios urbanos, entre ellos, abastecimiento de agua, saneamiento, educación, servicios de salud y transportes; todo ello puede reducir la triple carga de la mujer en el plano reproductivo, productivo y de trabajo comunitario y, como resultado, contribuirá a mejorar su estado de salud y el de sus hijos y familias.

LA EDUCACIÓN EN �MBITOS URBANOS:¿REDUCCIÓN DE LA DISPARIDAD DE GÉNERO?

La urbanización acrecienta el acceso de las niñas a la educación y promueve la aceptación cultural de su derecho a la educación. La educación primaria, y especialmente la educación secundaria, en beneficio de las niñas, tiene efectos multiplicadores de importancia crucial para elevar la condición social y económica de la mujer y ampliar sus posibilidades de opción. Las mujeres con nivel de instrucción tienden a contraer matrimonio más tarde y a tener menor número de hijos, los cuales suelen ser más saludables.(22) En la adultez, tienen un mayor potencial de empleo, una mayor capacidad para obtener ingresos y una mayor autoridad para la adopción de decisiones en el hogar.(23) Otros beneficios son los conocimientos y las capacidades para mantener y proteger su salud, incluidas la prevención de los embarazos no deseados y las infecciones de transmisión sexual (ITS), así como el VIH/SIDA. Todas esas aptitudes son de gran utilidad en la lucha contra la pobreza.

Cuando las familias están en condiciones de matricular en la escuela tanto a las niñas como a los niños varones y de mantenerlos allí, este factor influye decisivamente en la magnitud y la gravedad de la pobreza urbana y en la transmisión de la pobreza de una generación a la siguiente. Lamenta­blemente, en los países donde la tasa general de matriculación es baja, muchas niñas residentes en zonas urbanas pobres abandonan la escuela antes de adquirir una alfabetización funcional. Los datos de las Encuestas Demográficas y de Salud ponen de manifiesto cuatro razones principales de esa situación: falta de recursos; matrimonio y embarazo precoces; responsabilidades en las tareas domésticas; y deficiente desempeño escolar. El costo de la matrícula escolar y de los uniformes y los útiles escolares, la falta de ingresos o de ayuda para las tareas del hogar, el gasto en transportes y otros gastos de enviar los niños a la escuela pueden ser prohibitivos para muchas familias pobres y reducir las ventajas educacionales de las ciudades. Cuando las familias se ven obligadas a escoger, son las niñas las que suelen no asistir a la escuela o la abandonan.

Los datos diferenciales dentro de una misma ciudad ponen de manifiesto pronunciadas disparidades en el acceso a la educación y en los niveles de alfabetización entre los tugurios y los vecindarios de mejor nivel económico. En algunos países, entre ellos Bangladesh, Colombia, la India y el Pakistán, la tasa de alfabetización de las mujeres que viven en tugurios es inferior entre un 30% y 50% a la de las mujeres que viven en otros barrios(24) Factores como la edad al contraer matrimonio, el embarazo y la condición de jefa de familia, contribuyen a reducir la posibilidad de que las jóvenes sigan asistiendo a la escuela. En los hogares de bajos ingresos, los jóvenes, tanto mujeres como varones, probablemente tendrán hijos, estarán casados o serán jefes de familia antes que sus homólogos en grupos de más altos ingresos.(25)

EL MERCADO DE TRABAJO: ¿UNA SALIDA?

En las zonas urbanas, las posibilidades de empleo están mucho más diversificadas, tanto para los hombres como para las mujeres. La urbanización ha incrementado sustan­cialmente la participación de la mujer en la fuerza laboral.(26) El empleo remunerado de la mujer no sólo acrecienta el ingreso del hogar, sino que también puede desencadenar transformaciones en los papeles asignados a hombres y mujeres y elevar la condición de la mujer en la familia y en la sociedad.

En los últimos años, ha habido en todo el mundo un aumento sustancial en el empleo remunerado no agrícola de la mujer.(27) Han surgido nuevas oportunidades, especialmente en sectores comerciales(28) y en el trabajo a domicilio vinculado a redes mundiales de producción.(29) Por ejemplo, de los 50 millones de trabajadores en zonas de procesamiento para la exportación, un 80% son mujeres jóvenes.(30)

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TRABAJO PARA LAS NIÑAS DE LA CALLE

La Oficina del UNFPA en Etiopía apoya al Centro Buen Samaritano de Capacitación, una ONG urbana que imparte enseñanza de oficios a niñas y jóvenes mujeres de 18 a 25 años de edad, para que puedan trabajar por cuenta propia o encontrar empleo remunerado. Los principales grupos beneficiarios son las niñas de la calle: hijas de familias de bajos ingresos expuestas a la vida en la calle debido a privaciones económicas, abandono, desintegración de la familia, disturbios civiles y guerra. Aparte de recibir capacitación en diferentes oficios, entre ellos, artesanías de cuero, tejido en telares, tejidos de punto, costura, bordado y peinado, el Centro imparte capacitación en salud, economía doméstica, nutrición, VIH/SIDA y planificación de la familia.


Sin embargo, la mayor parte del empleo femenino pertenece al sector informal, en el cual se genera una gran proporción de las nuevas oportunidades de empleo a escala mundial,(31) y donde las mujeres constituyen una gran mayoría, especialmente en �frica y Asia.(32) El empleo en ese sector tiene importancia crítica para posibilitar que las mujeres absorban los choques económicos que padecen los hogares pobres. En este sentido, el empleo de la mujer, remunerado y no remunerado, tiene una importancia fundamental para evitar la caída en la pobreza de muchos hogares.(33) El aspecto negativo es que gran parte del trabajo en el sector informal es inestable, de mala calidad y deficientemente remunerado.(34)

EL LARGO CAMINO DE LAS MUJERES HACIA LA PROPIEDAD.

Los activos físicos y financieros ofrecen a las mujeres más que bienestar económico y seguridad. La propiedad legal de bienes acrecienta las oportunidades de la mujer de tener acceso al crédito, generar ingresos y establecer una reserva como amortiguación contra la pobreza. También le da mayor autonomía en la relación con su pareja y sus familiares, reduce su vulnerabilidad a la violencia por motivos de género y al VIH/SIDA y proporciona una red de condiciones mínimas de seguridad para la vejez.

A escala mundial, las mujeres son propietarias de menos del 15% de las tierras.(35) En algunos países, las leyes prohíben que las mujeres sean legalmente propietarias independientemente de sus esposos, en particular en partes de Asia y �frica al sur del Sahara. Al carecer de título legal para poseer tierras y otros bienes, las mujeres carecen de garantías para solicitar préstamos y créditos, y ven así limitadas sus opciones económicas. En algunos lugares, aun cuando las mujeres pueden legalmente y en teoría ser propietarias y herederas, las costumbres imponen que sean los hombres quienes controlan dichos bienes y que al fallecer el hombre, los bienes sólo pasen a manos de herederos masculinos. En esas circunstancias, es difícil o imposible que las mujeres ejerzan en la práctica sus derechos de propiedad.

Hay pruebas de que la dificultad de obtener títulos de propiedad en zonas rurales está impulsando a muchas mujeres a migrar a las ciudades, donde se supone que hay mejores perspectivas, en la esperanza de ser propietarias allí.(36) Asimismo, cuando residen en zonas urbanas, las mujeres pueden tener mejor acceso a la información de índole jurídica y a recibir más apoyo. Debido al mayor dinamismo social y a la gama de posibilidades económicas a disposición de la mujer, tarde o temprano las ciudades probablemente le ofrecerán más oportunidades de adquirir algún tipo de propiedad. 

Sin embargo, es necesario introducir reformas jurídicas específicas para garantizar la igualdad de derechos de la mujer a la propiedad. Cuando ya están vigentes esas leyes, las ciudades necesitan además programas y mecanismos de provisión de recursos, a fin de superar las barreras oficiosas, entre ellas las prácticas consuetudinarias, la escasa conciencia de las mujeres de sus propios derechos, el alto costo de la tierra y la vivienda, y las políticas discriminatorias sobre préstamos y títulos de propiedad.

El derecho a la propiedad y el acceso al crédito están estrechamente vinculados entre sí, de modo que no cabe sorprenderse de que las mujeres tropiecen con dificultades para obtener activos financieros. Los programas de microcrédito han satisfecho parcialmente esa necesidad. El microcrédito, que inicialmente dio excelentes resultados en ámbitos rurales, también está posibilitando que las mujeres pobres residentes en zonas urbanas potencien sus capacidades y acrecienten sus ingresos.

PODER Y VOZ:LOGROS DE LAS ORGANIZACIONES COMUNITARIAS

El poder de adoptar decisiones es uno de los principales indicadores de la autonomía de la mujer. Las perspectivas de participación política de la mujer están mejorando, pese a los numerosos problemas que enfrenta, entre ellos la discriminación por motivos de género y los prejuicios, las múltiples responsabilidades escasamente recompensadas y las pesadas demandas que consumen gran parte de su tiempo y su energía, además de la falta de apoyo en cuestiones de importancia crucial como la salud reproductiva y la carencia de recursos.

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POLIFACÉTICAS ORGANIZACIONES URBANAS DE MUJERES

Las zonas urbanas, donde la información, la comunicación y la tecnología son de mejor calidad, posibilitan que las mujeres se organicen más rápida y eficazmente y que lo que comienza como una pequeña agrupación crezca hasta establecer redes de mayor magnitud, e incluso constituir movimientos internacionales. La Comisión Huairou, surgida a raíz de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing, es un ejemplo. La presencia de 35.000 organizaciones no gubernamentales de todo el mundo que participaron en la Conferencia proporcionó el impulso para continuar la colaboración en red de esas organizaciones, en su mayoría dirigidas por mujeres, hasta trans­formarse en un verdadero movimiento mundial que ha influido en la formulación de políticas a escala local, regional e internacional sobre cuestiones relativas al hábitat y el medio ambiente.(1)

Mediante una amplia utilización de los medios de difusión impresos, la radio y la televisión, es posible aprovechar un amplio frente para difundir los mensajes instantáneamente, alentando el aprendizaje en cuestiones como la salud, impulsando causas concretas y promoviendo conocimientos sobre los derechos de la mujer. Por ejemplo, la organización CEMINA (Comunicación, educación e información sobre cuestiones de género) llega a miles de radioescuchas en algunas de las comunidades más pobres de todo el Brasil. Con 400 programas de radiodifusión, la Women’s Radio Network (Red de Radiodifusión de Mujeres) lleva a muchos hogares educación sobre igualdad entre hombres y mujeres, salud y cuestiones medioambientales.(2) 

Desde los grupos cívicos hasta los grupos de ahorro, las mujeres urbanas han sido agentes activas de cambio en sus comunidades, trabajando para satisfacer las necesidades de vivienda y mejorar los servicios esenciales, elevar las condiciones de vida en los tugurios y proporcionar respaldo a la seguridad económica.(3) La Asociación de Trabajadoras por Cuenta Propia, un sindicato con un total de 700.000 miembros en seis estados de la India, ha establecido instalaciones que ofrecen servicios de salud, guarderías infantiles y servicios de seguro, investigación, capacitación, co­mu­ni­ca­ción y comercialización, así como provisión de vivienda e infraestructura para mujeres pobres que trabajan en el sector informal.(4) Estas actividades se realizan a menudo en ausencia de apoyo gubernamental o internacional; sin embargo, cuando las actividades de las mujeres son reconocidas e incorporadas en la programación, se ha comprobado que tienen un valor inapreciable. El proyecto CAMEBA es una llamativa demostración de ese hecho: un proyecto de mejora de tugurios en Caracas, Venezuela, respaldado por el Banco Mundial, logró mayor eficiencia y sostenibilidad después de que se incluyeran los grupos de mujeres que ya habían estado trabajando sobre el terreno durante varios años.

En muchos casos, las organizaciones de mujeres están en condiciones de realizar lo que otros movimientos sociales no pueden lograr. Algunas de las desventajas que padecen las mujeres pueden convertirse en un tipo de fortaleza. Las mujeres y sus organizaciones son menos amenazantes, no sólo para los gobiernos sino también para las pandillas y los grupos de poder locales. Asimismo, hay situaciones en que las organizaciones de hombres serían rápidamente corrompidas o desmanteladas por los intereses creados, mientras que las organizaciones de mujeres pueden obtener poder y apoyo.(5)


A fin de superar esas barreras y velar por que las mujeres tengan un nivel crítico de participación en los concejos municipales y los gobiernos locales, algunos gobiernos han aprobado leyes que fijan cuotas o requisitos de paridad.(37) No obstante, en �frica y Asia las mujeres sólo representan el 16% de los parlamentarios y en los Estados árabes, apenas un 9%.(38) Esos porcentajes son muy inferiores a lo que se considera “una masa crítica� para que las mujeres puedan influir en las políticas públicas y en las prioridades presupuestarias.

Pese a ese sombrío panorama reinante en las capitales de los países, se han conseguido avances en la participación de la mujer en instancias descentralizadas del gobierno. Las esferas de gobierno locales ofrecen mayores oportunidades de ampliación de los medios de acción de la mujer y de participación política, situación que influye positivamente en las perspectivas de la mujer, a medida que avanza la urbanización. Además, los países con más altos porcentajes de mujeres consejeras municipales probablemente tendrán mayor número de parlamentarias y esto, a su vez, podría beneficiar a las mujeres a nivel local.(39)

Así pues, la urbanización puede ser un poderoso factor de creación de condiciones propicias para una mayor autonomía de la mujer. Plasmar dicho potencial en la realidad es una de las maneras más eficaces de promover los derechos humanos, mejorar las condiciones de vida de los pobres y transformar las ciudades de los países en desarrollo en mejores lugares para vivir

Las ciudades propician la participación social y política de la mujer en muchos niveles. Para las mujeres pobres, cuyas vidas han estado confinadas en el hogar, la familia y el trabajo, el mero hecho de sumarse a una organización comunitaria amplía inmediatamente sus perspectivas. Cuando las mujeres participan activamente en una organización, o asumen papeles de liderazgo, adquieren confianza en sí mismas, nuevas actitudes y conocimientos y una mejor comprensión del mundo. Las organizaciones comunitarias pueden abordar muchas de las limitaciones que impone la pobreza a las mujeres pobres; pueden comenzar a contrarrestar los costos y los riesgos del trabajo en el sector informal. También pueden contribuir a reducir la vulnerabilidad de las mujeres pobres, su inseguridad y dependencia, así como su falta de conocimientos acerca del mundo exterior y de su funcionamiento.

Participar en organizaciones también ayuda a la mujer que tiene pocos bienes a aunar los recursos individuales, acrecentando así su poder económico. Los grupos de ahorro y crédito pueden ayudar a los pobres que trabajan a obtener acceso a servicios de microfinanciación; combinando los recursos individuales, los productores que poseen escaso capital pueden adquirir materias primas a precios mayoristas.(40)

Esas ventajas podrían afianzarse si se brindara mayor apoyo. Las mujeres pobres necesitan representación y voz en las instituciones y procesos que establecen las políticas sociales y económicas en una economía globalizada, a fin de seguir mejorando las condiciones de vida y de trabajo de los pobres. Las negociaciones internacionales, regionales y nacionales relativas a acuerdos de libre comercio, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y las estrategias para la reducción de la pobreza, necesitan todos ellos incluir las voces y las preocupaciones de los pobres urbanos y, en particular, de los trabajadores del sector informal, que son, en su mayoría, mujeres. Para asegurar que las mujeres pobres urbanas tengan voz en los niveles más altos es preciso que los gobiernos y las organizaciones internacionales apoyen el crecimiento de sus organizaciones y fomenten la capacidad de liderazgo.

EL ACCESO A LOS SERVICIOS DE SALUD REPRODUCTIVA DEBER�A SER MUCHO MEJOR

El acceso a los servicios de salud tiene importancia particularmente crítica para las mujeres, debido a sus funciones reproductivas, porque además soportan desproporcionadamente la carga de cuidar a los ancianos y los enfermos y son quienes más trabajan para mitigar la pobreza a nivel comunitario.(41) Un mejor acceso de la mujer a la educación y al empleo contribuye a la ampliación general de su autonomía, a su capacidad de ejercer sus derechos a la salud, incluida la salud reproductiva, y, sobre todo, a mejorar sus oportunidades en la vida.

Esos servicios y esas oportunidades tienden a ser más accesibles para las mujeres en las ciudades que en el campo. Pero en el caso de las mujeres pobres, la falta de tiempo y de dinero, así como la falta de libertad para adoptar decisiones en el hogar o incluso para desplazarse en la ciudad, pueden contrarrestar esas ventajas. En las zonas urbanas, la aplicación de programas y políticas de salud más inclusivos, combinados con una mejor focalización de los servicios y los recursos, podrían elevar rápidamente el estado de salud de la mujer, en particular de su salud reproductiva.

Las relaciones de género y la pobreza condicionan la actitud de las parejas y las familias acerca del comportamiento sexual y reproductivo. Las mujeres urbanas pobres están expuestas a más altos riesgos de salud reproductiva que el resto de mujeres que viven en la ciudad. Asimismo, tienen menos probabilidades de obtener servicios de buena calidad; y mayores probabilidades de padecer violencia por motivos de género en el hogar y en las calles y de seguir sujetas a prácticas tradicionales nocivas.

En todo el mundo, las tasas de fecundidad total en las ciudades son inferiores a las del campo.(42) Pero esto no significa que todas las mujeres residentes en zonas urbanas tengan el mismo acceso a servicios de salud reproductiva, ni siquiera que puedan satisfacer todas sus necesidades de anticonceptivos. En las ciudades, es mucho más probable que las mujeres pobres tengan un menor uso de anticonceptivos y tasas de fecundidad más altas que sus homólogas en mejor condición económica. En algunos casos, su situación en materia de salud reproductiva se asemeja mucho a la de las mujeres rurales(43) (Véase el Gráfico 4).


Gráfico 4: Tasas de fecundidad total de mujeres urbanas residentes en tugurios y en otras zonas de la ciudad y de
mujeres rurales: Países africanos seleccionados, 2003-2004

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Fuente: Basado en datos de ONU-Hábitat. Indicadores urbanos. Etapa III.


Puede preverse que la necesidad insatisfecha de anticonceptivos de las mujeres varia en función de su pobreza relativa. Las encuestas realizadas en Asia, América Latina, �frica septentrional y �frica al sur del Sahara muestran en general niveles más altos de necesidades insatisfechas en la población rural que en la población urbana. Además, se constata que los pobres urbanos se ubican a un nivel intermedio entre la población rural, y la población urbana considerada en su conjunto.(44) En el Asia sudoriental, por ejemplo, las estimaciones de necesidades insatisfechas llegan al 23% entre los pobres urbanos, en comparación con sólo el 16% entre el resto de residentes urbanos no pobres.(45)

En términos generales, la pobreza puede estar más correlacionada con las pautas de fecundidad que la residencia rural o urbana. En consecuencia, para los encargados de formular políticas preocupados por la tasa de crecimiento urbano, será especialmente importante considerar las interacciones entre población y pobreza, y cada vez más, analizar dichas interacciones en ámbitos urbanos.(46) Cuando se asigna prioridad a la autonomía de la mujer y a su acceso a la educación y el empleo, así como a la información y los servicios de buena calidad de salud sexual y reproductiva tanto a mujeres como a hombres, se multiplican sus opciones y se logran familias más pequeñas y más saludables. De esta forma se contribuye también a satisfacer las necesidades y respetar los derechos de las personas, a la vez que se mejoran simultáneamente las perspectivas de crecimiento económico y bienestar humano.

VIOLENCIA POR MOTIVOS DE GÉNERO

La violencia por motivos de género, y los enormes daños físicos, psicológicos y financieros que acarrea para la mujer y para la sociedad, es un rasgo de la vida urbana, independientemente del nivel de ingresos o de educación. La violencia en sus diversas formas, desde la intimidación hasta el ataque sexual, restringe la capacidad de las mujeres de desplazarse en la ciudad y en torno a ella,(47) reduciendo su libertad para buscar trabajo, y acceder a servicios sociales y actividades de esparcimiento. Los malos tratos físicos y sexuales son también un factor contribuyente al embarazo no deseado, las infecciones de transmisión sexual (incluido el VIH/SIDA) y las complicaciones del embarazo.(48)



Es mucho más probable que las mujeres denuncien haber sido objeto de violencia
en el ámbito urbano que en las zonas rurales, en parte por la erosión de las
normas culturales tradicionales que rigen las relaciones entre hombres y
mujeres en las ciudades.



Es mucho más probable que las mujeres denuncien haber sido objeto de violencia en el ámbito urbano que en las zonas rurales.(49) Tal vez esto se deba simplemente a las mejores posibilidades de denunciar la violencia existentes en las ciudades. No obstante, en realidad es posible que las mujeres corran mayor riesgo de violencia por motivos de género en las zonas urbanas, debido a la erosión de las normas culturales que rigen las relaciones entre hombres y mujeres y la menor probabilidad de que intervengan los vecinos. La pobreza, el traslado a un nuevo ámbito (en el caso de los migrantes), el desempleo, el salario insuficiente, la exclusión social y el racismo pueden producir frustración a los hombres y acrecentar la vulnerabilidad de las mujeres. Lo más probable es que los más afectados sean quienes sufren más privaciones.(50) Los niños de la calle y las trabajadoras del sexo son especialmente vulnerables.(51)

Las normas en rápida evolución aplicables a los papeles femenino y masculino también pueden agravar la violencia doméstica. Según investigaciones realizadas en Filipinas, la pobreza y la residencia urbana están asociadas a una mayor probabilidad de violencia por parte de los compañeros íntimos.(52) Un estudio de mujeres urbanas de Moshi, República Unida de Tanzanía, comprobó que el 21,2% de ellas habían experimentado incidentes de violencia infligida por su pareja en el año que precedió a la encuesta, y más de una cuarta parte había sido objeto de violencia en algún momento de su vida.(53)

MORTALIDAD MATERNA E INFANTIL

La mortalidad materna sigue siendo increíblemente alta, unas 529.000 defunciones por año, más del 99% de ellas en países en desarrollo, y en gran parte fácilmente prevenibles.(54) Cuatro de cada cinco defunciones son resultado directo de complicaciones obstétricas,(55) la mayoría de las cuales podrían haber sido evitadas si el parto hubiera contado con la atención de personal capacitado, y si la mujer hubiera tenido acceso a servicios obstétricos de emergencia.

La existencia de atención obtétrica por personal capacitado y el acceso a servicios de emergencia explican por qué razón la mortalidad materna suele ser menor en zonas urbanas, donde las probabilidades de que una mujer sea atendida por personal capacitado durante el parto son tres veces superiores a la de las mujeres rurales.(56) Sin embargo, las mujeres urbanas pobres tienen menos probabilidades de ser atendidas en el parto por personal capacitado.(57) Por ejemplo, en los tugurios de Kenya, Malí, Rwanda y Uganda, sólo entre el 10% y el 20% de las mujeres cuentan con atención de personal capacitado, en comparación con entre 68% y 86% de las mujeres urbanas no pobres.(58)

Hay varias razones por las cuales las mujeres urbanas pobres no buscan la atención materna: entre ellas están la pobreza y las demandas más acuciantes de otros gastos del hogar, otras exigencias que pesan sobre su tiempo, sus numerosas responsabilidades y la ausencia de infraestructura de apoyo, como transportes y guarderías infantiles.(59)

La carencia de vivienda adecuada contribuye a mantener las altas tasas de mortalidad de niños menores de cinco años. En Etiopía, la tasa de mortalidad en los tugurios (180 por 1.000 nacidos vivos) es casi el doble que en las viviendas de otras zonas urbanas (95). Hay diferencias similares en Guinea, Nigeria, Rwanda y la República Unida de Tanzanía. Otros países, entre ellos Filipinas y Uzbekistán, donde las tasas de mortalidad infantil son muy inferiores, también acusan la relación negativa entre privación de vivienda y supervivencia infantil.

Aun cuando los niños pobres nacidos en las ciudades viven a menos distancia de hospitales y clínicas y por lo general, sus progenitores están bien informados, sus tasas de mortalidad siguen siendo comparables a los de los niños rurales.(60) as condiciones de vida insalubres y de hacinamiento, con deficientes servicios de abastecimiento de agua y saneamiento, crean un medio muy propicio a las enfermedades intestinales y de las vías respiratorias e incrementan la mortalidad entre los niños desnutridos de las zonas urbanas.(61)

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LA SALUD REPRODUCTIVA EN LOS
TUGURIOS DE MAHARASHTRA

Según el censo de 2001, el número de habitantes de tugurios en la India ascendería a 40,3 millones, es decir, aproximadamente el 14,2% del total de la población urbana. El UNFPA promueve un proyecto en cinco municipios del estado de Maharashtra que han experimentado un acelerado crecimiento de la población en los tugurios urbanos.

En zonas de los tugurios remotas e inaccesibles, el proyecto ha mejorado los centros de atención obstétrica de emergencia para que proporcionen servicios integrales y colaboren con grupos de mujeres para fortalecer sus conocimientos y capacidades en materia de salud reproductiva, así como la utililización de mecanismos institucionales y comunitarios contra la violencia por motivos de género.

El proyecto también proporciona espacio para que los adolescentes hablen de cuestiones de salud sexual y reproductiva en un ámbito protegido y que los acepta; fomenta un mejor acceso a la información y los servicios de salud reproductiva, y proporciona oportunidades para que los adolescentes vayan adquiriendo aptitudes para la vida.

Además, el proyecto ha establecido depósitos comunitarios de anticonceptivos no clínicos, atendidos por voluntarios. El valor de este enfoque reside en que vincula a las comunidades con las instituciones de salud, y aumenta así su accesibilidad.


En las zonas rurales de Kenya, el número de niños menores de un año y de menores de cinco años fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos es casi el doble del correspondiente a Nairobi, la capital. Pero las tasas de mortalidad son mucho más altas en los asentamientos marginales de la capital, donde vive aproximadamente la mitad de la población de Nairobi. En Kibera, uno de los tugurios más grandes de �frica, casi uno de cada cinco niños muere antes de cumplir cinco años. Las encuestas realizadas en muchas otras ciudades también han constatado en algunos asentamientos altas tasas de mortalidad infantil, de entre 100 y 250 por cada 1.000 nacidos vivos.

EL VIH/SIDA EN UN MARCO URBANO:NUEVOS RIESGOS Y NUEVAS OPORTUNIDADES

El riesgo y la prevalencia del VIH/SIDA aumenta en el ámbito urbano, pero al parecer también son mejores las posibilidades de reducir la epidemia a más largo plazo. Actualmente, la situación es sombría. Los migrantes del campo a la ciudad dejan atrás no sólo a sus parejas y a sus familias, sino también las restricciones tradicionales sobre el comportamiento sexual. La dependencia respecto del dinero en efectivo, sumada a la pobreza y a la discriminación por motivos de género, pueden conducir a un mayor número de relaciones sexuales transaccionales; al mismo tiempo, reducen las oportunidades de negociar relaciones sexuales con protección, especialmente las mujeres y las niñas, pero también los hombres jóvenes y los adolescentes. El uso ilícito de drogas inyectables tiende a ser mayor en ámbitos urbanos; y las infecciones de transmisión sexual y la tuberculosis, que aumentan las probabilidades de contagio y transmisión del VIH, son también más comunes en zonas urbanas.

Parte de la población rural que vive con el VIH migra a las ciudades para obtener mejor tratamiento y atención, incluida la obtención de medicamentos antiretrovirales. En consecuencia, en �frica al sur del Sahara, el epicentro de la epidemia de SIDA, la prevalencia del VIH tiende a ser en general más alta entre la población urbana que en la población rural.(62) Botswana y Sudáfrica tienen altos niveles de urbanización y tasas extremadamente altas de prevalencia del VIH.

La pobreza urbana está vinculada a la transmisión del VIH y reduce la probabilidad de tratamiento; los niños de la calle, los huérfanos, las trabajadoras del sexo y las mujeres pobres son paticularmente vulnerables a la infección con el VIH. Las mujeres urbanas pobres tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia sexual o trata, lo cual acrecienta su riesgo de contagio; además, es menos probable que sepan cómo protegerse a sí mismas.(63) Las mujeres amenazadas de violencia no pueden negociar relaciones sexuales en condiciones de menor riesgo. 

Sin embargo, hay algunos hechos positivos. Recientemente se recogieron pruebas de una menor prevalencia del VIH en zonas urbanas de algunos países y esto indica que la urbanización puede tener potencial para disminuir la epidemia. En las zonas urbanas puede disponerse más fácilmente de condones — clave para la prevención del VIH—y de información acerca de la transmisión del VIH. Asimismo, en las zonas urbanas tal vez el estigma y la discriminación sean menores, debido a una mejor educación y una mayor tolerancia hacia las personas que viven con el VIH/SIDA.



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