Capítulo 2
Chapter 1 Los pobres urbanos: esperanza frente a
desolacion

Los dramas ocultos de los pobres urbanos

Tugurios: desmesurada concentración de la pobreza

Las persistentes disparidades

Bienestar y autonomía de la mujer: pilares de las ciudades sostenibles

Contradicciones sociales en las ciudades en crecimiento: diálogo y discordia

Los cambiantes perfiles demográficos de las ciudades en crecimiento

Como mejorar la gobernabilidad urbana e involucrar a los pobres: lo que debe hacerse



“Como el mundo en desarrollo es cada vez más urbano y la pobreza se localiza en las ciudades, la batalla por alcanzar los ODM se librará en los tugurios de todo el mundo”(1)

El crecimiento urbano sin precedentes que está teniendo lugar en los países en desarrollo refleja las esperanzas y aspiraciones de millones de nuevos habitantes de las ciudades. Las ciudades tienen un enorme potencial para mejorar la vida de la gente, pero una gestión urbana inadecuada, basada con frecuencia en percepciones e información inexactas, puede transformar las oportunidades en desastres.

Consciente de esa deficiencia, el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo recomendó: “Los gobiernos deberían aumentar la capacidad y la competencia de las autoridades locales y municipales para administrar el desarrollo urbano, proteger el medio ambiente, satisfacer las necesidades de seguridad personal, infraestructuras y servicios básicos de todos los ciudadanos, incluidos los habitantes de asentamientos ilegales en zonas urbanas, eliminar problemas sanitarios y sociales, incluidos los problemas relacionados con la droga y la delincuencia, y los problemas resultantes del hacinamiento y los desastres, y ofrecer a las personas alternativas a su permanencia en zonas vulnerables a los desastres, tanto naturales como provocados por el hombre.”(2) En este capítulo se abordan algunas de estas preocupaciones, particularmente las que afectan a las mujeres, habida cuenta del futuro crecimiento urbano previsto en los países en desarrollo.


Los dramas ocultos de los pobres urbanos(3)

Hasta hace poco, los asentamientos rurales eran el epicentro de la pobreza y el sufrimiento humano. Todas las mediciones de la pobreza, se basaran éstas en el ingreso, el consumo o el gasto, mostraban que la pobreza rural era más grave y estaba más generalizada que en las ciudades(4) En general, los centros urbanos ofrecían mejor acceso a servicios de salud y educación, a infraestructura básica, a información y conocimientos, y a oportunidades.(5) Esas constataciones eran fáciles de comprender, tomando en cuenta las asignaciones presupuestarias, la concentración de servicios y los demás beneficios intangibles de las ciudades.

Sin embargo, actualmente la pobreza está aumentando más rápidamente en las zonas urbanas que en las rurales, aunque se le ha prestado mucho menos atención. Las estadísticas agregadas ocultan profundas desigualdades y no ponen de manifiesto las concentraciones de extrema pobreza dentro de las ciudades. Las estimaciones, en su mayoría, no reflejan suficientemente la escala ni la profundidad de la pobreza urbana.(6)

En las ciudades de los países de medianos y bajos ingresos hay centenares de millones de personas que viven en la pobreza y, con toda seguridad, su número aumentará en los próximos años. Más de la mitad de la población urbana está por debajo de la línea de pobreza en Angola, Armenia, Azerbaiyán, Bolivia, el Chad, Colombia, Georgia, Guatemala, Haití, Madagascar, Malawi, Mozambique, el Níger, Sierra Leona y Zambia. Muchos otros países tienen entre un 40% y un 50% de su población urbana viviendo por debajo del nivel de pobreza, entre ellos Burundi, El Salvador, Gambia, Kenya, Moldova, el Perú, la República Kirguisa y Zimbabwe. Se incluirían en esta lista muchos otros países si las líneas establecidas para medir la pobreza tuvieran realmente en cuenta los costos de satisfacer necesidades no alimentarías en las zonas urbanas(7)

La mala gestión urbana suele dilapidar las ventajas y el potencial urbanos para la reducción de la pobreza. Si bien la pobreza está aumentando más aceleradamente en las ciudades que en las zonas rurales, sólo recientemente las agencias de desarrollo han comenzado a considerar que necesitan medidas de otro tipo para atacar las raíces de la pobreza.

Tugurios: desmesurada concentración de la pobreza

La pobreza, la mendicidad y las personas sin vivienda han formado parte del panorama urbano desde que aparecieron las primeras ciudades en Mesopotamia. Los pobres, en su mayoría, están relegados a zonas socialmente segregadas, que se denominan genéricamente “tugurios” (véase el Recuadro 4). Nuestro concepto de tugurios modernos data de la Revolución Industrial, con características como las de Londres en el siglo XIX o Nueva York a comienzos del siglo XX.(8)

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LOS TUGURIOS Y LOS POBRES URBANOS

El término “tugurio” se usa para denotar muchos tipos de vivienda, incluso las que podrían mejorarse . Las denominaciones de “tugurio”, “chabola”, “villa miseria”, “villa de emergencia” “asentamiento marginal”, “viviendas de precaristas” y “comunidad de bajos ingresos”, se utilizan a menudo de manera indistinta.

Según ONU-Hábitat, “un hogar de un tugurio” está constituido por un grupo de personas que viven bajo el mismo techo en una zona urbana y carecen de uno o más de los siguientes elementos: residencia permanente, espacio suficiente para vivir, acceso a agua no contaminada, instalaciones de saneamiento y seguridad en la tenencia1.(1)

No todas las personas pobres viven en tugurios y no todas las personas que viven en zonas definidas como tugurios son pobres. Sin embargo, a fin de simplificar, en este informe se equiparan los pobres urbanos con los habitantes de los tugurios.


Las características básicas de la vida en los tugurios no han cambiado: la diferencia actual es sólo de escala. Los habitantes de tugurios en el nuevo milenio ya no son unos pocos miles en unas pocas ciudades de un continente en rápida industrialización; son uno de cada tres habitantes urbanos, 1.000 millones de personas, la sexta parte de la población mundial.(9)

Más del 90% de los actuales habitantes de los tugurios están en el mundo en desarrollo. La mayor proporción corresponde al Asia meridional y le siguen Asia oriental, África al sur del Sahara y América Latina. China y la India, conjuntamente, tienen un 37% de los tugurios del mundo. En África al sur del Sahara, el concepto de urbanización ha pasado a ser virtualmente sinónimo de crecimiento de los tugurios; un 72% de la población urbana de la región vive en tugurios, en comparación con el 56% en el Asia meridional. La población de tugurios en África al sur del Sahara casi se duplicó en 15 años y llegó a aproximadamente 200 millones en 2005.

En la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas se reconoció la importancia de abordar la situación de los habitantes de tugurios para la reducción de la pobreza mundial y la promoción del desarrollo humano. Pese a la firmeza de este compromiso, el seguimiento del grado de adelanto en la situación de los habitantes de tugurios ha sido problemático.(10) Es necesario que los países adopten de inmediato políticas proactivas, para que se cumpla el espíritu de la meta 11 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio(11) y sea posible mejorar la vida de millones de pobres urbanos.

Las persistentes disparidades

Ninguna de las desventajas que padecen los pobres urbanos, en comparación con los demás habitantes de las ciudades, es más pronunciada que la relativa a los servicios de salud.(12) Las mujeres pobres están en situación particularmente desventajosa. Aun cuando el ingreso en efectivo es mucho mayor en las ciudades que en las aldeas, la pobreza de ingreso es sólo uno de los aspectos de la pobreza urbana; otros son: mala calidad y hacinamiento de la vivienda, falta de servicios públicos y de infraestructura, entre ellos agua corriente, instalaciones de saneamiento, recolección de residuos, desagües y calles, así como la inseguridad en la tenencia de la tierra (véase el Recuadro 5). Dichas desventajas agravan los riesgos para la salud y la sobrecarga de trabajo de los pobres urbanos, y además acrecientan los riesgos que estos corren por contingencias del medio ambiente y la delincuencia.

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LA VIDA EN LOS TUGURIOS Y LAS NUEVAS CIUDADES DE EGIPTO(1)

Durante los últimos quince años, Feryal El Sayed ha considerado que una pequeña habitación cuadrada repleta con una cama, dos sillas, y un minúsculo cubículo con instalaciones de cocina y de baño, es “su hogar”. El techo improvisado se está cayendo a pedazos y la Sra. El Sayed, de 62 años de edad, tuvo que instalar láminas de plástico bajo el cielo raso para recoger los escombros. Sin embargo, su situación es mejor que la de algunos de sus vecinos en el Distrito 3 de Ezbet El Haggana, que carecen de techo y, cuando llueve, deben guarecerse debajo de sus camas para dormir.

Ezbet El Haggana, un tugurio irregularmente disperso al noroeste de El Cairo, es una de las mayores ashwaiiyat, o “zonas informales”, en torno a esta ciudad. Tiene más de un millón de habitantes y figura entre los pocos lugares donde los egipcios más pobres entre los pobres pueden costearse algún tipo de albergue: un lugar donde las líneas de alto voltaje zumban constantemente sobre sus cabezas, donde el suelo bajo sus pies rezuma aguas cloacales y donde el humo de la quema de basura invade sus pulmones.

Hazem Hassan, del Instituto Al-Shehab para el Desarrollo Integral, una organización comunitaria que ha estado ayudando a los residentes de Ezbet El Haggana desde 2001, dice: “Además de todo tipo de enfermedades, en esas viviendas siempre hay incendios, debido a las líneas de transmisión de alto voltaje”. Dentro de poco, Al-Shehab dotará de nuevos techos a 50 de las viviendas más amenazadas en el distrito, incluida la de la Sra. El Sayed.

En los últimos tres decenios, la población de El Cairo ha aumentado de forma explosiva, desde 6,4 millones de habitantes en 1975 hasta 11,1 millones en 2005. Las más recientes estadísticas del Ministerio de Vivienda, Servicios Públicos y Comunidades Urbanas de Egipto indican que hay 1.221 “zonas informales” similares a Ezbet El Haggana, que alojan a entre 12 y 15 millones de los 77 millones de habitantes del país. De esas zonas, 67 están en el área metropolitana de El Cairo.

El Ministerio ha estado desviando el flujo de población desde las grandes ciudades egipcias hacia las “nuevas ciudades”, mediante proyectos de desarrollo y vivienda de bajo costo. Solamente las construidas en la zona de El Cairo han albergado 1,2 millónes de personas que, de otra manera, habrían terminado como residentes de ashwaiiyat. Con todo, pese a los incentivos gubernamentales, son muchos quienes aún no pueden sufragar el costo del cambio de residencia. Muchas personas, al igual que la Sra. El Sayed, permanecen en Ezbet El Haggana. Pese a su difícil situación, sigue siendo optimista, tal vez porque se percata de que es más afortunada que muchos de sus vecinos, y sabe que pronto tendrá un nuevo techo.


Los pobres viven en ámbitos insalubres.(13)Los riesgos para la salud se deben al saneamiento deficiente, la falta de agua potable, el hacinamiento y la mala ventilación de los recintos de vida y de trabajo, además de la contaminación del aire y la causada por los desechos industriales. La dieta inadecuada reduce la resistencia de los habitantes de tugurios a las enfermedades, especialmente debido a que viven en constante contacto con microorganismos patógenos.(14)

En el Informe sobre Desarrollo Humano 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo se ofrece un excelente panorama general y un análisis de las relaciones entre estructuras de poder, pobreza y abastecimiento de agua.(15)El informe destaca el hecho de que las sombrías realidades de la vida en los tugurios desafían el análisis estadístico. Con frecuencia, muchas personas viven en recintos con varias casas agrupadas, donde se dispone de sólo un retrete para todos los adultos y los niños. A veces, los retretes están reservados a los adultos, y los niños se ven obligados a servirse de otros lugares del recinto o de las calles, donde también juegan.(16)En las ciudades de África al sur del Sahara, no es infrecuente que 250 familias de una comunidad compartan tres retretes y una ducha. Condiciones como ésas agravan el estrés que padecen todos los residentes, especialmente las mujeres, quienes también están sujetas a mayores riesgos de violencia por motivos de género.(17) En América Latina, sólo un 33,6% de los pobres urbanos tiene acceso a retretes con descarga de agua, en comparación con 63,7% de los demás residentes urbanos que no son pobres.(18)

El agua es un recurso escaso y costoso para los pobres urbanos, que a menudo se adquiere en pequeñas cantidades compradas a vendedores callejeros. Cuando el agua se adquiere de esta manera, el costo unitario puede ser muy superior al abonado por personas que tienen agua corriente en sus hogares. Cuando existe una red de agua corriente, para obtenerla puede ser necesario recorrer una larga distancia hasta el grifo del vecindario, al llegar allí tal vez haya prolongadas esperas, y luego fatigosos viajes de regreso acarreando bidones llenos, tras lo cual se requiere un almacenamiento cuidadoso para minimizar el despilfarro y volver a utilizar varias veces la misma agua, con lo cual aumenta el riesgo de contaminación.(19)

El acarreo de agua consume una parte sustancial del tiempo de las mujeres y las niñas. Un estudio parcial del uso del tiempo en diez ciudades del África oriental comprobó que el tiempo de espera para obtener agua había aumentado desde 28 minutos diarios en 1967 hasta 92 minutos en 1997.(20) La sobrecarga física y el tiempo gastado no se deben tanto a las grandes distancias hasta la fuente de agua, como ocurre en las aldeas, sino al gran número de personas obligadas a utilizar la misma fuente (Véase el Recuadro 6).

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ABASTECIMIENTO DE AGUA EN KIBERA, EL TUGURIO MÁS GRANDE DE ÁFRICA(1)

Algunos dicen que allí viven un millón de personas. Otros creen que hay más de un millón. No se sabe a ciencia cierta. . . . los habitantes viven en chozas de hojalata o “casas” de barro, sin retrete, sin camas y con muy poco o ningún acceso al agua. La electricidad está casi totalmente ausente. La mayoría de las letrinas en pozos excavados están repletas y selladas, de modo que las personas utilizan los llamados “retretes volantes”, es decir, orinan o defecan en bolsas de plástico que luego acumulan en pilas en la calle. Los niños juegan sobre esas pilas.

Sabina, una mujer de edad mediana, está sentada junto a un grifo público, para cobrar el dinero a cada persona que llena un envase de 20 litros con agua supuestamente no contaminada. Pero las tuberías que alimentan el grifo, muchas de las cuales no son herméticas, atraviesan canales a cielo abierto por los que corren desagües cloacales. Cuando disminuye la presión hidráulica, como ocurre con mucha frecuencia, los tubos absorben los excrementos. Sabina explica: “Cobro tres chelines (4 centavos de dólar) por cada bidón. Pero cuando hay menos agua, aumento el precio hasta 5,5 chelines”. Sabina permanece sentada allí durante once horas diarias, pero no recibe un salario. Los grifos públicos están bajo el control de personas desconocidas quienes, según se rumorea, son funcionarios gubernamentales que obtienen sumas importantes del negocio del agua.


La conexión entre pobreza, medio ambiente y vivienda en zonas urbanas tiene una importancia crítica porque indica una esfera clave de intervención. Las políticas orientadas a mejorar la vivienda en zonas urbanas pueden tener enormes efectos sobre la reducción de la pobreza y la preservación del medio ambiente. Los avances en los indicadores de salud y mortalidad dependen en gran medida del abastecimiento de agua en las ciudades y de las instalaciones de saneamiento higiénico.

Bienestar y autonomía de la mujer: pilares de las ciudades sostenibles

“Como las mujeres suelen ser el sector más pobre de los pobres . . . la eliminación de la discriminación social, cultural, política y económica contra la mujer es condición indispensable para eliminar la pobreza . . . en el contexto del desarrollo sostenible”.(21)

El equipamiento social y físico de las ciudades facilita la evolución hacia una situación de mayor equidad entre hombres y mujeres. En verdad, la concentración de población en zonas urbanas abre muchas posibilidades para la mujer— ya sea migrante o nativa—de encontrar a otras mujeres, trabajar, establecer redes de apoyo social, intercambiar información y organizarse en pro de los temas de mayor importancia para ella. Las ciudades tienden a propiciar una mayor diversidad cultural y, por ende, mayor flexibilidad en la aplicación de las normas sociales que tradicionalmente constriñen la libertad de opción de la mujer.

C En comparación con las zonas rurales, las ciudades ofrecen a la mujer mejores servicios educativos y opciones de empleo más diversas. También proporcionan más oportunidades de participación social y política, así como acceso a los medios de comunicación, a la información y a la tecnología. Las ciudades ofrecen muchos cauces para influir en la adopción de decisiones, mediante la participación comunitaria y política. Las mujeres pueden utilizar el espacio urbano para proyectar sus voces, participar en la política y el desarrollo de la comunidad e influir en los procesos sociales y políticos en todos los niveles.

Las mujeres han de beneficiarse de la proximidad y la mayor disponibilidad de servicios urbanos, entre ellos, abastecimiento de agua, saneamiento, educación, servicios de salud y transportes; todo ello puede reducir la triple carga de la mujer en el plano reproductivo, productivo y de trabajo comunitario y, como resultado, contribuirá a mejorar su estado de salud y el de sus hijos y familias.

LA EDUCACIÓN EN ÁMBITOS URBANOS:¿REDUCCIÓN DE LA DISPARIDAD DE GÉNERO?

La urbanización acrecienta el acceso de las niñas a la educación y promueve la aceptación cultural de su derecho a la educación. La educación primaria, y especialmente la educación secundaria, en beneficio de las niñas, tiene efectos multiplicadores de importancia crucial para elevar la condición social y económica de la mujer y ampliar sus posibilidades de opción. Las mujeres con nivel de instrucción tienden a contraer matrimonio más tarde y a tener menor número de hijos, los cuales suelen ser más saludables.(22) En la adultez, tienen un mayor potencial de empleo, una mayor capacidad para obtener ingresos y una mayor autoridad para la adopción de decisiones en el hogar.(23) Otros beneficios son los conocimientos y las capacidades para mantener y proteger su salud, incluidas la prevención de los embarazos no deseados y las infecciones de transmisión sexual (ITS), así como el VIH/SIDA. Todas esas aptitudes son de gran utilidad en la lucha contra la pobreza.

Cuando las familias están en condiciones de matricular en la escuela tanto a las niñas como a los niños varones y de mantenerlos allí, este factor influye decisivamente en la magnitud y la gravedad de la pobreza urbana y en la transmisión de la pobreza de una generación a la siguiente. Lamenta­blemente, en los países donde la tasa general de matriculación es baja, muchas niñas residentes en zonas urbanas pobres abandonan la escuela antes de adquirir una alfabetización funcional. Los datos de las Encuestas Demográficas y de Salud ponen de manifiesto cuatro razones principales de esa situación: falta de recursos; matrimonio y embarazo precoces; responsabilidades en las tareas domésticas; y deficiente desempeño escolar. El costo de la matrícula escolar y de los uniformes y los útiles escolares, la falta de ingresos o de ayuda para las tareas del hogar, el gasto en transportes y otros gastos de enviar los niños a la escuela pueden ser prohibitivos para muchas familias pobres y reducir las ventajas educacionales de las ciudades. Cuando las familias se ven obligadas a escoger, son las niñas las que suelen no asistir a la escuela o la abandonan.

Los datos diferenciales dentro de una misma ciudad ponen de manifiesto pronunciadas disparidades en el acceso a la educación y en los niveles de alfabetización entre los tugurios y los vecindarios de mejor nivel económico. En algunos países, entre ellos Bangladesh, Colombia, la India y el Pakistán, la tasa de alfabetización de las mujeres que viven en tugurios es inferior entre un 30% y 50% a la de las mujeres que viven en otros barrios(24) Factores como la edad al contraer matrimonio, el embarazo y la condición de jefa de familia, contribuyen a reducir la posibilidad de que las jóvenes sigan asistiendo a la escuela. En los hogares de bajos ingresos, los jóvenes, tanto mujeres como varones, probablemente tendrán hijos, estarán casados o serán jefes de familia antes que sus homólogos en grupos de más altos ingresos.(25)

EL MERCADO DE TRABAJO: ¿UNA SALIDA?

En las zonas urbanas, las posibilidades de empleo están mucho más diversificadas, tanto para los hombres como para las mujeres. La urbanización ha incrementado sustan­cialmente la participación de la mujer en la fuerza laboral.(26) El empleo remunerado de la mujer no sólo acrecienta el ingreso del hogar, sino que también puede desencadenar transformaciones en los papeles asignados a hombres y mujeres y elevar la condición de la mujer en la familia y en la sociedad.

En los últimos años, ha habido en todo el mundo un aumento sustancial en el empleo remunerado no agrícola de la mujer.(27) Han surgido nuevas oportunidades, especialmente en sectores comerciales(28) y en el trabajo a domicilio vinculado a redes mundiales de producción.(29) Por ejemplo, de los 50 millones de trabajadores en zonas de procesamiento para la exportación, un 80% son mujeres jóvenes.(30)

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TRABAJO PARA LAS NIÑAS DE LA CALLE

La Oficina del UNFPA en Etiopía apoya al Centro Buen Samaritano de Capacitación, una ONG urbana que imparte enseñanza de oficios a niñas y jóvenes mujeres de 18 a 25 años de edad, para que puedan trabajar por cuenta propia o encontrar empleo remunerado. Los principales grupos beneficiarios son las niñas de la calle: hijas de familias de bajos ingresos expuestas a la vida en la calle debido a privaciones económicas, abandono, desintegración de la familia, disturbios civiles y guerra. Aparte de recibir capacitación en diferentes oficios, entre ellos, artesanías de cuero, tejido en telares, tejidos de punto, costura, bordado y peinado, el Centro imparte capacitación en salud, economía doméstica, nutrición, VIH/SIDA y planificación de la familia.


Sin embargo, la mayor parte del empleo femenino pertenece al sector informal, en el cual se genera una gran proporción de las nuevas oportunidades de empleo a escala mundial,(31) y donde las mujeres constituyen una gran mayoría, especialmente en África y Asia.(32) El empleo en ese sector tiene importancia crítica para posibilitar que las mujeres absorban los choques económicos que padecen los hogares pobres. En este sentido, el empleo de la mujer, remunerado y no remunerado, tiene una importancia fundamental para evitar la caída en la pobreza de muchos hogares.(33) El aspecto negativo es que gran parte del trabajo en el sector informal es inestable, de mala calidad y deficientemente remunerado.(34)

EL LARGO CAMINO DE LAS MUJERES HACIA LA PROPIEDAD.

Los activos físicos y financieros ofrecen a las mujeres más que bienestar económico y seguridad. La propiedad legal de bienes acrecienta las oportunidades de la mujer de tener acceso al crédito, generar ingresos y establecer una reserva como amortiguación contra la pobreza. También le da mayor autonomía en la relación con su pareja y sus familiares, reduce su vulnerabilidad a la violencia por motivos de género y al VIH/SIDA y proporciona una red de condiciones mínimas de seguridad para la vejez.

A escala mundial, las mujeres son propietarias de menos del 15% de las tierras.(35) En algunos países, las leyes prohíben que las mujeres sean legalmente propietarias independientemente de sus esposos, en particular en partes de Asia y África al sur del Sahara. Al carecer de título legal para poseer tierras y otros bienes, las mujeres carecen de garantías para solicitar préstamos y créditos, y ven así limitadas sus opciones económicas. En algunos lugares, aun cuando las mujeres pueden legalmente y en teoría ser propietarias y herederas, las costumbres imponen que sean los hombres quienes controlan dichos bienes y que al fallecer el hombre, los bienes sólo pasen a manos de herederos masculinos. En esas circunstancias, es difícil o imposible que las mujeres ejerzan en la práctica sus derechos de propiedad.

Hay pruebas de que la dificultad de obtener títulos de propiedad en zonas rurales está impulsando a muchas mujeres a migrar a las ciudades, donde se supone que hay mejores perspectivas, en la esperanza de ser propietarias allí.(36) Asimismo, cuando residen en zonas urbanas, las mujeres pueden tener mejor acceso a la información de índole jurídica y a recibir más apoyo. Debido al mayor dinamismo social y a la gama de posibilidades económicas a disposición de la mujer, tarde o temprano las ciudades probablemente le ofrecerán más oportunidades de adquirir algún tipo de propiedad. 

Sin embargo, es necesario introducir reformas jurídicas específicas para garantizar la igualdad de derechos de la mujer a la propiedad. Cuando ya están vigentes esas leyes, las ciudades necesitan además programas y mecanismos de provisión de recursos, a fin de superar las barreras oficiosas, entre ellas las prácticas consuetudinarias, la escasa conciencia de las mujeres de sus propios derechos, el alto costo de la tierra y la vivienda, y las políticas discriminatorias sobre préstamos y títulos de propiedad.

El derecho a la propiedad y el acceso al crédito están estrechamente vinculados entre sí, de modo que no cabe sorprenderse de que las mujeres tropiecen con dificultades para obtener activos financieros. Los programas de microcrédito han satisfecho parcialmente esa necesidad. El microcrédito, que inicialmente dio excelentes resultados en ámbitos rurales, también está posibilitando que las mujeres pobres residentes en zonas urbanas potencien sus capacidades y acrecienten sus ingresos.

PODER Y VOZ:LOGROS DE LAS ORGANIZACIONES COMUNITARIAS

El poder de adoptar decisiones es uno de los principales indicadores de la autonomía de la mujer. Las perspectivas de participación política de la mujer están mejorando, pese a los numerosos problemas que enfrenta, entre ellos la discriminación por motivos de género y los prejuicios, las múltiples responsabilidades escasamente recompensadas y las pesadas demandas que consumen gran parte de su tiempo y su energía, además de la falta de apoyo en cuestiones de importancia crucial como la salud reproductiva y la carencia de recursos.

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POLIFACÉTICAS ORGANIZACIONES URBANAS DE MUJERES

Las zonas urbanas, donde la información, la comunicación y la tecnología son de mejor calidad, posibilitan que las mujeres se organicen más rápida y eficazmente y que lo que comienza como una pequeña agrupación crezca hasta establecer redes de mayor magnitud, e incluso constituir movimientos internacionales. La Comisión Huairou, surgida a raíz de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing, es un ejemplo. La presencia de 35.000 organizaciones no gubernamentales de todo el mundo que participaron en la Conferencia proporcionó el impulso para continuar la colaboración en red de esas organizaciones, en su mayoría dirigidas por mujeres, hasta trans­formarse en un verdadero movimiento mundial que ha influido en la formulación de políticas a escala local, regional e internacional sobre cuestiones relativas al hábitat y el medio ambiente.(1)

Mediante una amplia utilización de los medios de difusión impresos, la radio y la televisión, es posible aprovechar un amplio frente para difundir los mensajes instantáneamente, alentando el aprendizaje en cuestiones como la salud, impulsando causas concretas y promoviendo conocimientos sobre los derechos de la mujer. Por ejemplo, la organización CEMINA (Comunicación, educación e información sobre cuestiones de género) llega a miles de radioescuchas en algunas de las comunidades más pobres de todo el Brasil. Con 400 programas de radiodifusión, la Women’s Radio Network (Red de Radiodifusión de Mujeres) lleva a muchos hogares educación sobre igualdad entre hombres y mujeres, salud y cuestiones medioambientales.(2) 

Desde los grupos cívicos hasta los grupos de ahorro, las mujeres urbanas han sido agentes activas de cambio en sus comunidades, trabajando para satisfacer las necesidades de vivienda y mejorar los servicios esenciales, elevar las condiciones de vida en los tugurios y proporcionar respaldo a la seguridad económica.(3) La Asociación de Trabajadoras por Cuenta Propia, un sindicato con un total de 700.000 miembros en seis estados de la India, ha establecido instalaciones que ofrecen servicios de salud, guarderías infantiles y servicios de seguro, investigación, capacitación, co­mu­ni­ca­ción y comercialización, así como provisión de vivienda e infraestructura para mujeres pobres que trabajan en el sector informal.(4) Estas actividades se realizan a menudo en ausencia de apoyo gubernamental o internacional; sin embargo, cuando las actividades de las mujeres son reconocidas e incorporadas en la programación, se ha comprobado que tienen un valor inapreciable. El proyecto CAMEBA es una llamativa demostración de ese hecho: un proyecto de mejora de tugurios en Caracas, Venezuela, respaldado por el Banco Mundial, logró mayor eficiencia y sostenibilidad después de que se incluyeran los grupos de mujeres que ya habían estado trabajando sobre el terreno durante varios años.

En muchos casos, las organizaciones de mujeres están en condiciones de realizar lo que otros movimientos sociales no pueden lograr. Algunas de las desventajas que padecen las mujeres pueden convertirse en un tipo de fortaleza. Las mujeres y sus organizaciones son menos amenazantes, no sólo para los gobiernos sino también para las pandillas y los grupos de poder locales. Asimismo, hay situaciones en que las organizaciones de hombres serían rápidamente corrompidas o desmanteladas por los intereses creados, mientras que las organizaciones de mujeres pueden obtener poder y apoyo.(5)


A fin de superar esas barreras y velar por que las mujeres tengan un nivel crítico de participación en los concejos municipales y los gobiernos locales, algunos gobiernos han aprobado leyes que fijan cuotas o requisitos de paridad.(37) No obstante, en África y Asia las mujeres sólo representan el 16% de los parlamentarios y en los Estados árabes, apenas un 9%.(38) Esos porcentajes son muy inferiores a lo que se considera “una masa crítica” para que las mujeres puedan influir en las políticas públicas y en las prioridades presupuestarias.

Pese a ese sombrío panorama reinante en las capitales de los países, se han conseguido avances en la participación de la mujer en instancias descentralizadas del gobierno. Las esferas de gobierno locales ofrecen mayores oportunidades de ampliación de los medios de acción de la mujer y de participación política, situación que influye positivamente en las perspectivas de la mujer, a medida que avanza la urbanización. Además, los países con más altos porcentajes de mujeres consejeras municipales probablemente tendrán mayor número de parlamentarias y esto, a su vez, podría beneficiar a las mujeres a nivel local.(39)

Así pues, la urbanización puede ser un poderoso factor de creación de condiciones propicias para una mayor autonomía de la mujer. Plasmar dicho potencial en la realidad es una de las maneras más eficaces de promover los derechos humanos, mejorar las condiciones de vida de los pobres y transformar las ciudades de los países en desarrollo en mejores lugares para vivir

Las ciudades propician la participación social y política de la mujer en muchos niveles. Para las mujeres pobres, cuyas vidas han estado confinadas en el hogar, la familia y el trabajo, el mero hecho de sumarse a una organización comunitaria amplía inmediatamente sus perspectivas. Cuando las mujeres participan activamente en una organización, o asumen papeles de liderazgo, adquieren confianza en sí mismas, nuevas actitudes y conocimientos y una mejor comprensión del mundo. Las organizaciones comunitarias pueden abordar muchas de las limitaciones que impone la pobreza a las mujeres pobres; pueden comenzar a contrarrestar los costos y los riesgos del trabajo en el sector informal. También pueden contribuir a reducir la vulnerabilidad de las mujeres pobres, su inseguridad y dependencia, así como su falta de conocimientos acerca del mundo exterior y de su funcionamiento.

Participar en organizaciones también ayuda a la mujer que tiene pocos bienes a aunar los recursos individuales, acrecentando así su poder económico. Los grupos de ahorro y crédito pueden ayudar a los pobres que trabajan a obtener acceso a servicios de microfinanciación; combinando los recursos individuales, los productores que poseen escaso capital pueden adquirir materias primas a precios mayoristas.(40)

Esas ventajas podrían afianzarse si se brindara mayor apoyo. Las mujeres pobres necesitan representación y voz en las instituciones y procesos que establecen las políticas sociales y económicas en una economía globalizada, a fin de seguir mejorando las condiciones de vida y de trabajo de los pobres. Las negociaciones internacionales, regionales y nacionales relativas a acuerdos de libre comercio, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y las estrategias para la reducción de la pobreza, necesitan todos ellos incluir las voces y las preocupaciones de los pobres urbanos y, en particular, de los trabajadores del sector informal, que son, en su mayoría, mujeres. Para asegurar que las mujeres pobres urbanas tengan voz en los niveles más altos es preciso que los gobiernos y las organizaciones internacionales apoyen el crecimiento de sus organizaciones y fomenten la capacidad de liderazgo.

EL ACCESO A LOS SERVICIOS DE SALUD REPRODUCTIVA DEBERÍA SER MUCHO MEJOR

El acceso a los servicios de salud tiene importancia particularmente crítica para las mujeres, debido a sus funciones reproductivas, porque además soportan desproporcionadamente la carga de cuidar a los ancianos y los enfermos y son quienes más trabajan para mitigar la pobreza a nivel comunitario.(41) Un mejor acceso de la mujer a la educación y al empleo contribuye a la ampliación general de su autonomía, a su capacidad de ejercer sus derechos a la salud, incluida la salud reproductiva, y, sobre todo, a mejorar sus oportunidades en la vida.

Esos servicios y esas oportunidades tienden a ser más accesibles para las mujeres en las ciudades que en el campo. Pero en el caso de las mujeres pobres, la falta de tiempo y de dinero, así como la falta de libertad para adoptar decisiones en el hogar o incluso para desplazarse en la ciudad, pueden contrarrestar esas ventajas. En las zonas urbanas, la aplicación de programas y políticas de salud más inclusivos, combinados con una mejor focalización de los servicios y los recursos, podrían elevar rápidamente el estado de salud de la mujer, en particular de su salud reproductiva.

Las relaciones de género y la pobreza condicionan la actitud de las parejas y las familias acerca del comportamiento sexual y reproductivo. Las mujeres urbanas pobres están expuestas a más altos riesgos de salud reproductiva que el resto de mujeres que viven en la ciudad. Asimismo, tienen menos probabilidades de obtener servicios de buena calidad; y mayores probabilidades de padecer violencia por motivos de género en el hogar y en las calles y de seguir sujetas a prácticas tradicionales nocivas.

En todo el mundo, las tasas de fecundidad total en las ciudades son inferiores a las del campo.(42) Pero esto no significa que todas las mujeres residentes en zonas urbanas tengan el mismo acceso a servicios de salud reproductiva, ni siquiera que puedan satisfacer todas sus necesidades de anticonceptivos. En las ciudades, es mucho más probable que las mujeres pobres tengan un menor uso de anticonceptivos y tasas de fecundidad más altas que sus homólogas en mejor condición económica. En algunos casos, su situación en materia de salud reproductiva se asemeja mucho a la de las mujeres rurales(43) (Véase el Gráfico 4).


Gráfico 4: Tasas de fecundidad total de mujeres urbanas residentes en tugurios y en otras zonas de la ciudad y de
mujeres rurales: Países africanos seleccionados, 2003-2004

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fig4

Fuente: Basado en datos de ONU-Hábitat. Indicadores urbanos. Etapa III.


Puede preverse que la necesidad insatisfecha de anticonceptivos de las mujeres varia en función de su pobreza relativa. Las encuestas realizadas en Asia, América Latina, África septentrional y África al sur del Sahara muestran en general niveles más altos de necesidades insatisfechas en la población rural que en la población urbana. Además, se constata que los pobres urbanos se ubican a un nivel intermedio entre la población rural, y la población urbana considerada en su conjunto.(44) En el Asia sudoriental, por ejemplo, las estimaciones de necesidades insatisfechas llegan al 23% entre los pobres urbanos, en comparación con sólo el 16% entre el resto de residentes urbanos no pobres.(45)

En términos generales, la pobreza puede estar más correlacionada con las pautas de fecundidad que la residencia rural o urbana. En consecuencia, para los encargados de formular políticas preocupados por la tasa de crecimiento urbano, será especialmente importante considerar las interacciones entre población y pobreza, y cada vez más, analizar dichas interacciones en ámbitos urbanos.(46) Cuando se asigna prioridad a la autonomía de la mujer y a su acceso a la educación y el empleo, así como a la información y los servicios de buena calidad de salud sexual y reproductiva tanto a mujeres como a hombres, se multiplican sus opciones y se logran familias más pequeñas y más saludables. De esta forma se contribuye también a satisfacer las necesidades y respetar los derechos de las personas, a la vez que se mejoran simultáneamente las perspectivas de crecimiento económico y bienestar humano.

VIOLENCIA POR MOTIVOS DE GÉNERO

La violencia por motivos de género, y los enormes daños físicos, psicológicos y financieros que acarrea para la mujer y para la sociedad, es un rasgo de la vida urbana, independientemente del nivel de ingresos o de educación. La violencia en sus diversas formas, desde la intimidación hasta el ataque sexual, restringe la capacidad de las mujeres de desplazarse en la ciudad y en torno a ella,(47) reduciendo su libertad para buscar trabajo, y acceder a servicios sociales y actividades de esparcimiento. Los malos tratos físicos y sexuales son también un factor contribuyente al embarazo no deseado, las infecciones de transmisión sexual (incluido el VIH/SIDA) y las complicaciones del embarazo.(48)



Es mucho más probable que las mujeres denuncien haber sido objeto de violencia
en el ámbito urbano que en las zonas rurales, en parte por la erosión de las
normas culturales tradicionales que rigen las relaciones entre hombres y
mujeres en las ciudades.



Es mucho más probable que las mujeres denuncien haber sido objeto de violencia en el ámbito urbano que en las zonas rurales.(49) Tal vez esto se deba simplemente a las mejores posibilidades de denunciar la violencia existentes en las ciudades. No obstante, en realidad es posible que las mujeres corran mayor riesgo de violencia por motivos de género en las zonas urbanas, debido a la erosión de las normas culturales que rigen las relaciones entre hombres y mujeres y la menor probabilidad de que intervengan los vecinos. La pobreza, el traslado a un nuevo ámbito (en el caso de los migrantes), el desempleo, el salario insuficiente, la exclusión social y el racismo pueden producir frustración a los hombres y acrecentar la vulnerabilidad de las mujeres. Lo más probable es que los más afectados sean quienes sufren más privaciones.(50) Los niños de la calle y las trabajadoras del sexo son especialmente vulnerables.(51)

Las normas en rápida evolución aplicables a los papeles femenino y masculino también pueden agravar la violencia doméstica. Según investigaciones realizadas en Filipinas, la pobreza y la residencia urbana están asociadas a una mayor probabilidad de violencia por parte de los compañeros íntimos.(52) Un estudio de mujeres urbanas de Moshi, República Unida de Tanzanía, comprobó que el 21,2% de ellas habían experimentado incidentes de violencia infligida por su pareja en el año que precedió a la encuesta, y más de una cuarta parte había sido objeto de violencia en algún momento de su vida.(53)

MORTALIDAD MATERNA E INFANTIL

La mortalidad materna sigue siendo increíblemente alta, unas 529.000 defunciones por año, más del 99% de ellas en países en desarrollo, y en gran parte fácilmente prevenibles.(54) Cuatro de cada cinco defunciones son resultado directo de complicaciones obstétricas,(55) la mayoría de las cuales podrían haber sido evitadas si el parto hubiera contado con la atención de personal capacitado, y si la mujer hubiera tenido acceso a servicios obstétricos de emergencia.

La existencia de atención obtétrica por personal capacitado y el acceso a servicios de emergencia explican por qué razón la mortalidad materna suele ser menor en zonas urbanas, donde las probabilidades de que una mujer sea atendida por personal capacitado durante el parto son tres veces superiores a la de las mujeres rurales.(56) Sin embargo, las mujeres urbanas pobres tienen menos probabilidades de ser atendidas en el parto por personal capacitado.(57) Por ejemplo, en los tugurios de Kenya, Malí, Rwanda y Uganda, sólo entre el 10% y el 20% de las mujeres cuentan con atención de personal capacitado, en comparación con entre 68% y 86% de las mujeres urbanas no pobres.(58)

Hay varias razones por las cuales las mujeres urbanas pobres no buscan la atención materna: entre ellas están la pobreza y las demandas más acuciantes de otros gastos del hogar, otras exigencias que pesan sobre su tiempo, sus numerosas responsabilidades y la ausencia de infraestructura de apoyo, como transportes y guarderías infantiles.(59)

La carencia de vivienda adecuada contribuye a mantener las altas tasas de mortalidad de niños menores de cinco años. En Etiopía, la tasa de mortalidad en los tugurios (180 por 1.000 nacidos vivos) es casi el doble que en las viviendas de otras zonas urbanas (95). Hay diferencias similares en Guinea, Nigeria, Rwanda y la República Unida de Tanzanía. Otros países, entre ellos Filipinas y Uzbekistán, donde las tasas de mortalidad infantil son muy inferiores, también acusan la relación negativa entre privación de vivienda y supervivencia infantil.

Aun cuando los niños pobres nacidos en las ciudades viven a menos distancia de hospitales y clínicas y por lo general, sus progenitores están bien informados, sus tasas de mortalidad siguen siendo comparables a los de los niños rurales.(60) as condiciones de vida insalubres y de hacinamiento, con deficientes servicios de abastecimiento de agua y saneamiento, crean un medio muy propicio a las enfermedades intestinales y de las vías respiratorias e incrementan la mortalidad entre los niños desnutridos de las zonas urbanas.(61)

9

LA SALUD REPRODUCTIVA EN LOS
TUGURIOS DE MAHARASHTRA

Según el censo de 2001, el número de habitantes de tugurios en la India ascendería a 40,3 millones, es decir, aproximadamente el 14,2% del total de la población urbana. El UNFPA promueve un proyecto en cinco municipios del estado de Maharashtra que han experimentado un acelerado crecimiento de la población en los tugurios urbanos.

En zonas de los tugurios remotas e inaccesibles, el proyecto ha mejorado los centros de atención obstétrica de emergencia para que proporcionen servicios integrales y colaboren con grupos de mujeres para fortalecer sus conocimientos y capacidades en materia de salud reproductiva, así como la utililización de mecanismos institucionales y comunitarios contra la violencia por motivos de género.

El proyecto también proporciona espacio para que los adolescentes hablen de cuestiones de salud sexual y reproductiva en un ámbito protegido y que los acepta; fomenta un mejor acceso a la información y los servicios de salud reproductiva, y proporciona oportunidades para que los adolescentes vayan adquiriendo aptitudes para la vida.

Además, el proyecto ha establecido depósitos comunitarios de anticonceptivos no clínicos, atendidos por voluntarios. El valor de este enfoque reside en que vincula a las comunidades con las instituciones de salud, y aumenta así su accesibilidad.


En las zonas rurales de Kenya, el número de niños menores de un año y de menores de cinco años fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos es casi el doble del correspondiente a Nairobi, la capital. Pero las tasas de mortalidad son mucho más altas en los asentamientos marginales de la capital, donde vive aproximadamente la mitad de la población de Nairobi. En Kibera, uno de los tugurios más grandes de África, casi uno de cada cinco niños muere antes de cumplir cinco años. Las encuestas realizadas en muchas otras ciudades también han constatado en algunos asentamientos altas tasas de mortalidad infantil, de entre 100 y 250 por cada 1.000 nacidos vivos.

EL VIH/SIDA EN UN MARCO URBANO:NUEVOS RIESGOS Y NUEVAS OPORTUNIDADES

El riesgo y la prevalencia del VIH/SIDA aumenta en el ámbito urbano, pero al parecer también son mejores las posibilidades de reducir la epidemia a más largo plazo. Actualmente, la situación es sombría. Los migrantes del campo a la ciudad dejan atrás no sólo a sus parejas y a sus familias, sino también las restricciones tradicionales sobre el comportamiento sexual. La dependencia respecto del dinero en efectivo, sumada a la pobreza y a la discriminación por motivos de género, pueden conducir a un mayor número de relaciones sexuales transaccionales; al mismo tiempo, reducen las oportunidades de negociar relaciones sexuales con protección, especialmente las mujeres y las niñas, pero también los hombres jóvenes y los adolescentes. El uso ilícito de drogas inyectables tiende a ser mayor en ámbitos urbanos; y las infecciones de transmisión sexual y la tuberculosis, que aumentan las probabilidades de contagio y transmisión del VIH, son también más comunes en zonas urbanas.

Parte de la población rural que vive con el VIH migra a las ciudades para obtener mejor tratamiento y atención, incluida la obtención de medicamentos antiretrovirales. En consecuencia, en África al sur del Sahara, el epicentro de la epidemia de SIDA, la prevalencia del VIH tiende a ser en general más alta entre la población urbana que en la población rural.(62) Botswana y Sudáfrica tienen altos niveles de urbanización y tasas extremadamente altas de prevalencia del VIH.

La pobreza urbana está vinculada a la transmisión del VIH y reduce la probabilidad de tratamiento; los niños de la calle, los huérfanos, las trabajadoras del sexo y las mujeres pobres son paticularmente vulnerables a la infección con el VIH. Las mujeres urbanas pobres tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia sexual o trata, lo cual acrecienta su riesgo de contagio; además, es menos probable que sepan cómo protegerse a sí mismas.(63) Las mujeres amenazadas de violencia no pueden negociar relaciones sexuales en condiciones de menor riesgo. 

Sin embargo, hay algunos hechos positivos. Recientemente se recogieron pruebas de una menor prevalencia del VIH en zonas urbanas de algunos países y esto indica que la urbanización puede tener potencial para disminuir la epidemia. En las zonas urbanas puede disponerse más fácilmente de condones — clave para la prevención del VIH—y de información acerca de la transmisión del VIH. Asimismo, en las zonas urbanas tal vez el estigma y la discriminación sean menores, debido a una mejor educación y una mayor tolerancia hacia las personas que viven con el VIH/SIDA.

Contradicciones sociales en las ciudades en crecimiento: diálogo y discordia

LA ACELERACIÓN DEL CAMBIO CULTURAL

A partir del decenio de 1950, la rápida urbanización ha sido un factor catalizador del cambio cultural. A medida que va avanzando la globalización, la transición urbana está ejerciendo enorme influencia sobre las ideas, los valores y las creencias. Esas transformaciones no han sido tan homogéneas ni han estado tan libres de tropiezos como habían pronosticado los científicos sociales. Las crecientes brechas entre distintos grupos sociales aumenta la visibilidad de las desigualdades. En este clima, las grandes ciudades pueden generar creatividad y solidaridad, pero también agudizan los conflictos.(64)

Las ciudades en acelerado crecimiento, especialmente las de mayor magnitud, incluyen varias generaciones de migrantes, cada una con diversos antecedentes sociales y culturales. Es así como la vida urbana expone a los recién llegados a múltiples estímulos culturales y les ofrece nuevas opciones sobre diversas cuestiones, que oscilan desde la manera de organizar sus familias hasta el empleo de su tiempo libre. En este sentido, la urbanización proporciona oportunidades de gran desarrollo cultural y es un importante impulsor de la modernización. Asimismo, mediante la interacción de los nuevos residentes urbanos con los de las zonas rurales, se acelera el cambio social en diferentes regiones.

Al mismo tiempo, es posible que los nuevos residentes urbanos pierdan contacto con normas y valores tradicionales. Tal vez tengan nuevas aspiraciones, pero no siempre disponen de los medios para plasmarlas en la realidad y esto, a su vez, puede conducir a que tengan una sensación de desarraigo y marginación, con las consiguientes crisis de identidad, frustración y comportamientos agresivos. Muchas personas de los países en desarrollo también asocian el proceso de modernización y globalización con la imposición de valores occidentales sobre sus propias culturas y esto es motivo de resentimiento.(65)

URBANIZACIÓN Y RESURGIMIENTO RELIGIOSO

El resurgimiento de la fe religiosa en una gran variedad de formas es una de las más novedosas transformaciones culturales que están ocurriendo simultáneamente con la urbanización. Se preveía que la rápida urbanización iría acompañada del triunfo de la racionalidad, los valores seculares y la desmitificación de la percepción del mundo, así como la pérdida de protagonismo de la religión, que pasaría a un plano secundario. Pero ha ocurrido todo lo contrario: en muchos países ha renacido el fervor religioso.

La propagación de los nuevos movimientos religiosos es principalmente un fenómeno urbano(66), como ponen de manifiesto, por ejemplo, el islamismo radical en la región de los países árabes, el protestantismo evangélico en América Latina y partes de África y el culto de Shivaji en algunas partes de la India. En China, donde las ciudades están creciendo con enorme aceleración, los movimientos religiosos están ganando rápidamente gran número de fieles.

La creciente urbanización, sumada a un más lento desarrollo económico y a la globalización, ha contribuido a la diversidad religiosa, como parte de la multiplicación de las subculturas urbanas. En lugar del renacer de una tradición, los nuevos movimientos religiosos pueden considerarse adaptaciones de la religión a las nuevas circunstancias.

La investigación se ha centrado sobre todo en los credos religiosos extremistas— que, en verdad, han ganado numerosos seguidores—y, por ende, hay tendencia a englobarlos bajo el título de “fundamentalismo”. No obstante, el resurgimiento religioso asume formas diversas con diferentes efectos, desde las filosofías de la desafección como la de “la nueva era” (new age), hasta aquellas otras que optan por una decidida inmersión en los procesos políticos. Dentro de esta amplia gama hay múltiples manifestaciones de credo religioso, que, en conjunto, están causando rápidos cambios en la dinámica política y en la identidad social de los actuales ciudadanos del mundo.(67)

VIOLENCIA E INSEGURIDAD EN LAS CIUDADES

La violencia interpersonal y la inseguridad están aumentando, particularmente en las zonas urbanas de los países más pobres. Esa situación se cobra un enorme precio, tanto a nivel personal como a nivel comunitario e incluso nacional, y se está transformando rápidamente en un grave problema de seguridad y salud pública. La violencia tiende a ser más grave en las ciudades más grandes y las que crecen más rápidamente.

Las condiciones de vida cotidiana de los pobres urbanos están fuertemente correlacionadas con la exclusión social y la desigualdad, que tienden a ser más flagrantes y generar mayor resentimiento en las ciudades.(68) Asimismo, pueden elevar el potencial para que surjan conflictos, delincuencia o violencia. La insuficiencia de las instituciones estatales, particularmente de la policía y del sistema judicial, afecta más gravemente a los pobres. Las mujeres son las principales víctimas, particularmente de la violencia doméstica y sexual.

El aumento de la violencia también se asocia con la globalización y las políticas de ajuste estructural, las cuales han agravado la desigualdad y reducido al mismo tiempo la capacidad del Estado para adoptar medidas correctivas. Las organizaciones delictivas han aprovechado la ampliación de los mercados para crear una economía delictiva mundial, promoviendo nuevas formas de fraude electrónico y de tráfico internacional ilegal.(69) La mundialización de la industria de drogas ilícitas, en particular, tiene un efecto multiplicador sobre la violencia y la delincuencia.

La violencia desencadena una amplia gama de efectos directos e indirectos sobre la organización económica, política y social y tiene enormes consecuencias sobre el desarrollo. Por ejemplo, si la región de América Latina tuviera una tasa de delincuencia similar a la del resto del mundo, su producto interno bruto per cápita “podría ser mayor en un asombroso 25%”.(70)

La delincuencia y la violencia también afectan la organización del espacio urbano. La clase media y las clases más altas, en situación económica más holgada, se rodean de muros protectores y contratan servicios de seguridad privados. Pero la propia privatización de la seguridad puede ser fuente de mayor violencia y de violación de los derechos humanos.(71)

Los efectos de la delincuencia, el robo, la violación y los asaltos son mucho más severos sobre las comunidades más pobres. Los efectos más nocivos tal vez sean la erosión del capital social—la confianza recíproca y sostenida entre vecinos y miembros de una comunidad— que, en sí mismo, es una eficaz protección contra la delincuencia.(72)

Es particularmente importante señalar que los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad son quienes cometen el mayor número de actos de violencia y también sus principales víctimas. El pronunciado aumento de la población jóven que se avecina (la llamada “burbuja juvenil”) podría augurar un recrudecimiento de la violencia, a menos que se adopten de inmediato medidas preventivas. Aun cuando las mujeres son especialmente vulnerables a la violencia y el acoso sexuales, los varones tienen mucho mayores probabilidades de ser víctimas de crímenes violentos (Gráfico 5). Los hombres jóvenes son quienes perpetran la mayoría de homicidios y, a la vez, sus principales víctimas.

Como ocurre con muchas de las situaciones descritas en este informe, para abordar eficazmente la violencia urbana es necesario tener una perspectiva de más largo plazo. Las causas profundas de la delincuencia no se pueden eliminar de la noche a la mañana. Los encargados de formular políticas deben abordar la violencia, no sólo como una cuestión de patología social, sino también como una limitación fundamental de las condiciones de vida de los pobres. (73) Para modificar la tendencia hacia una creciente violencia es menester aplicar medidas eficaces contra la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.

Los cambiantes perfiles demográficos de las ciudades en crecimiento

GENTE JOVEN EN CIUDADES JÓVENES74(74)

El perfil demográfico de las ciudades de los países en desa­rrollo muestra un marcado aumento de la población jóven, particularmente más cusado en la población de los tugurios. Los éxitos y los fracasos individuales de los jóvenes, a medida que vaya avanzando la ola del crecimiento urbano, serán decisivos para el futuro desarrollo, porque estos radicales cambios demográficos, combinados con la persistencia de la pobreza y del desempleo, son fuente de conflictos en las ciudades de todos los países en desarrollo. No obstante, es infrecuente que los procesos políticos reflejen las prioridades de los jóvenes, especialmente los centenares de millones de niños pobres que viven en las ciudades, en condiciones que amenazan su salud, su seguridad, su educación y sus perspectivas de futuro.

Los jóvenes suelen ser dinámicos, creativos y receptivos al cambio; pero si no reciben atención, no están escolarizados, no se les orienta y no tienen empleo, su energía puede desviarse hacia direcciones destructivas y, a menudo, autodestructivas. La inversión en los niños y los jóvenes urbanos, para ayudarlos a integrarse plenamente en la sociedad, es una cuestión de derechos humanos y de justicia social; y también es la clave para generar posibles beneficios económicos y garantizar la seguridad urbana.

Se estima que hacia 2030 alrededor de un 60% de la población urbana tendrá menos de 18 años.(75) Si no se adoptan urgentemente medidas para proporcionar servicios básicos, empleo y vivienda, ese numeroso contingente de jóvenes crecerá en la pobreza. El número de niños nacidos en los tugurios del mundo en desarrollo está aumentando rápidamente. El gráfico 6 muestra que los tugurios tienen, por lo general, una proporción muy superior de niños. Ya se han descrito los problemas de salud que se originan en esos ámbitos.

Es motivo de particular preocupación la proliferación de niños de la calle y huérfanos sin vivienda. En las aldeas, la familia ampliada o la comunidad se ocuparían normalmente de adoptar o cuidar a los niños huérfanos o sin vivienda. En las ciudades, los niños y los jóvenes que han perdido a sus progenitores a causa del SIDA carecen de familias ampliadas que los acojan o los guíen. Son vulnerables al secuestro y a la trata con fines sexuales. Las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA, y el riesgo de ser víctimas de organizaciones delictivas o de verse involucrados en ellas, es alto entre esos grupos marginados.


Gráfico 5: Estimación de tasas mundiales de homicidio y suicidio, por grupo de edades. Mundo, 2000

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fig5

Fuente: OMS: 2002. World Report on Violence and Health. Ginebra: OMS.


NECESIDADES INSATISFECHAS:EDUCACIÓN, SALUD Y EMPLEO PARA LOS JÓVENES

Los jóvenes necesitan estar alfabetizados, tener nociones de aritmética y un nivel adecuado de educación formal, a fin de poder abrirse paso en ámbitos urbanos complejos y aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece la ciudad. La matriculación escolar puede ser más alta en las ciudades debido a que las escuelas están más próximas a las zonas habitadas, pero también en este caso los pobres, en particular las niñas pobres, tienen menos oportunidades. Es especialmente problemática la transición de la escuela primaria a la secundaria porque, en esta etapa, muchos jóvenes deben comenzar a trabajar para contribuir a mantener a sus familias. Se suele sacar a las niñas de la escuela para que ayuden a realizar tareas domésticas o para casarlas, práctica aún prevalente en muchas ciudades de África al sur del Sahara. Tal vez las escuelas se nieguen a matricular a niños residentes en tugurios, debido a que esos asentamientos no están reconocidos oficialmente. Muchas familias no pueden sufragar los costos indirectos de la educación “gratuita”, entre ellos los uniformes, libros de texto y otros útiles escolares. Finalmente, con pocas excepciones, la calidad de la educación en las escuelas que atienden a los tugurios es marcadamente inferior y, por ende, se priva a esos niños de las ventajas urbanas.

Como era de suponer, los riesgos relativos al sistema escolar son muy superiores para las niñas. Factores como el riesgo de trasladarse hasta la escuela y desde ella, los servicios sanitarios inadecuados, el hacinamiento y el acoso sexual, disuaden a padres y madres de matricular a sus hijas en la escuela. El abuso sexual por parte de los maestros y de otros estudiantes ha sido documentado en varios países y es causa de que aumenten las tasas de abandono escolar. Esos obstáculos se combinan con prácticas culturales y sociales que militan contra la educación de la niña y favorecen el matrimonio precoz o en la infancia. En algunos países de África al sur del Sahara, entre ellos Benin, Côte d’Ivoire, Guinea y Malí, sólo la mitad de las niñas en edad escolar están matriculadas en escuelas urbanas. En la mayoría de los demás países, entre el 20% y el 30% de las niñas que viven en tugurios no asisten a la escuela. Las políticas y los programas educativos focalizados geográficamente son tan importantes como la vivienda para acrecentar los niveles de matriculación escolar de las niñas. Para subsanar esas situaciones, es necesario contar con sistemas educativos extraescolares flexibles.


Gráfico 6. Grupo de edades más jóvenes, como porcentaje del total de la población masculina y femenina, por lugar de
residencia urbana, en países seleccionados

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fig6

Fuente: ONU-Hábitat. 2007. Base de datos de indicadores urbanos.


La adolescencia es la etapa en que la mayoría de los jóvenes inicia su actividad sexual. La falta de acceso a la información y a los servicios de salud sexual y reproductiva puede ocasionar embarazos no deseados y abortos riesgosos. El hecho de que los jóvenes, incluso en zonas urbanas, carezcan de suficiente información o servicios en materia de salud sexual y reproductiva es especialmente preocupante en la era de la pandemia del VIH/SIDA. Casi la mitad de las nuevas infecciones con el VIH ocurren entre jóvenes de 15 a 24 años de edad, en particular las niñas.(76)

El desempleo y el subempleo en las ciudades son motivos de profunda preocupación para los jóvenes que tratan de mantenerse a sí mismos y ayudar a sus familias ampliadas. Los jóvenes que viven en condiciones de pobreza urbana tienen más probabilidades de casarse precozmente, tener al menos un hijo y ser jefes de familia a edad temprana, lo cual requiere mayores recursos financieros.(77) Las mujeres jóvenes carentes de educación tienen más probabilidades de encontrar solamente trabajo temporal y en el sector informal.

10

PROTECCIÓN DE LA SALUD, REDUCCIÓN DE LA POBREZA

La Oficina del UNFPA en el Senegal, conjuntamente con la Fundación pro Naciones Unidas, apoya un proyecto para niñas adolescentes que combina servicios de salud reproductiva con educación para la vida y enseñanza de oficios, dentro del marco de las estrategias para la reducción de la pobreza. El UNFPA también apoya la detección voluntaria del VIH y servicios de asesoramiento en centros de consejería para jóvenes de zonas urbanas, donde los jóvenes corren mayor riesgo de entablar relaciones sexuales precoces, tener embarazos no deseados y contraer infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA. Las actividades de prevención se destinan a poblaciones como las de migrantes y camioneros, que pueden provocar riesgos para los jóvenes.


La frustración de los jóvenes varones cuando no pueden encontrar un empleo adecuado u obtener medios de vida productivos y dignos, contribuye a los comportamientos violentos en las calles o en el hogar. Las mujeres jóvenes y solteras que enfrentan un incierto futuro financiero pueden recurrir al matrimonio precoz o dedicarse a la prostitución para mantenerse a sí mismas y a sus hijos, aumentando así el riesgo de violencia sexual e infección con el VIH/SIDA.

Los programas que ofrecen enseñanza de oficios y consejería, y promueven el acceso al capital y el apoyo a las microempresas, pueden ayudar a los jóvenes a realizar su potencial económico. La capacidad de las ciudades para absorber la mano de obra juvenil será un factor determinante clave para el futuro éxito de las ciudades y sus habitantes.

La vida urbana acrecienta en gran medida el contacto de los jóvenes con las nuevas tecnologías, los medios de comunicación de masas y la cultura mundial. En la mayoría de los países en desarrollo, Internet es un fenómeno exclusivamente urbano, que podría utilizarse más eficazmente para capacitar a los jóvenes y vincularlos con posibles empleos.

PARTICIPACIÓN DE LOS JÓVENES EN LAS DECISIONES QUE AFECTAN A SU VIDA

Se reconoce cada vez más la importancia de involucrar a los jóvenes en la mejora de sus vecindarios. Los jóvenes tienen el derecho de que se los escuche en cuestiones que les atañen. También son expertos en su propio ámbito de vida, están en buenas condiciones no sólo de detectar los problemas que les afectan, sino también de proponer posibles soluciones. Internet, que ha multiplicado en gran medida la comunicación entre los jóvenes, podría transformarse en un importante instrumento para llegar a ellos y promover su efectiva participación en el gobierno de las ciudades.

El reconocimiento de la necesidad de involucrar a los jóvenes en el gobierno de las ciudades ha dado lugar a iniciativas como el movimiento de “Ciudades amigas de los niños” (una red flexible de gobiernos municipales comprometidos en involucrar a los niños en el proceso de mejorar las ciudades para que éstas sean más acogedoras para la infancia) y el programa “Crecer en las ciudades” (que ha apoyado a niños de vecindarios urbanos de bajos ingresos en todo el mundo para que puedan evaluar su entorno local y colaborar con los funcionarios locales a fin de mejorarlo).(78)

ENVEJECIMIENTO Y URBANIZACIÓN (79)

El número y la proporción de adultos mayores está creciendo en todo el mundo. La urbanización de los países en desarrollo concentrará una creciente proporción de personas de edad en zonas urbanas. En áfrica y Asia, este grupo de población sigue viviendo predominantemente en zonas rurales, pero se prevé que antes de 2020, esta proporción se revierta.(80)

Como en muchos países hay un limitado acceso a los servicios sociales, una alta incidencia de la pobreza y una baja cobertura de la seguridad social, el aumento del número de personas de edad pondrá a prueba la capacidad de los gobiernos nacionales y locales. En principio, las zonas urbanas ofrecen condiciones más favorables: mejores servicios de salud, servicios de atención de los enfermos en el hogar e instalaciones recreativas, así como mayor acceso a la información y a las nuevas tecnologías.(81) Además, las zonas urbanas favorecen la creación de asociaciones de la tercera edad, así como el desarrollo de servicios comunitarios de apoyo a los enfermos y los débiles.

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PARTICIPACIÓN DE LOS NIÑOS EN EL GOBIERNO LOCAL: EL EJEMPLO DE BARRA MANSA, BRASIL(1)

En la ciudad de Barra Mansa, más de 6.000 niños han participado en debates para mejorar su ciudad. Participan en asambleas vecinales, donde intercambian ideas sobre apremiantes cuestiones de actualidad y eligen delegados de distrito, quienes, a su vez, eligen niños como concejales municipales. Pueden participar todos los niños y niñas de entre 9 y 15 años de edad, quienes proponen candidatos y votan en las asambleas, pero sólo pueden ser elegidos los que asisten a la escuela. Esas iniciativas mejoran la calidad de las respuestas de los vecindarios a las prioridades de los niños y proporcionan a estos�tanto a los elegidos como a quienes se reúnen para hablar de las cuestiones que les preocupan�una auténtica oportunidad de aprender y adquirir aptitudes para una ciudadanía activa.


Sin embargo, para poder beneficiarse de esas ventajas teóricas es preciso que las personas de edad tengan seguridad económica, además de contar con sólidos sistemas de apoyo social, acceso a buenos sistemas de transporte y acceso sin trabas a los espacios urbanos, de forma gratuita.(82) En la mayoría de las ciudades del mundo en desarrollo, esas posibles ventajas quedan anuladas por la pobreza y las restricciones físicas o institucionales. Además, las personas de edad suelen ser invisibles y estar ‘perdidos’ en medio de otras prioridades. La urbanización tiende a erosionar las normas y valores socioculturales tradicionales y las redes sociales y estructuras de apoyo familiar que propician la atención a las personas de edad brindada por comunidades y familias.

Es preciso adoptar medidas en tres esferas principales: ayudar a las personas de edad a preservar su autonomía e independencia y prolongar su vida tanto como sea posible; proporcionar servicios de salud y otros servicios sociales, incluida la atención a largo plazo; y asegurar más altos niveles de seguridad económica mediante sistemas de protección social para quienes son más vulnerables en términos sociales y económicos.

Debe prestarse particular atención a la situación de las mujeres, que suelen carecer de ingresos regulares y empleo a jornada completa a lo largo de su vida laboral, y también tienden a vivir más tiempo, perdiendo por ende el apoyo del esposo. Asimismo, es más probable que hayan trabajado en el sector informal y, en consecuencia, no tienen derecho a pensiones ni a prestaciones de la seguridad social y tampoco han podido acumular ahorros. Además, dada la ausencia de protección por parte del Estado, lo probable es que la carga de la atención familiar a las personas de edad sea absorbida enteramente por las mujeres y las niñas.

Es preciso mejorar y actualizar los datos necesarios para el análisis y el seguimiento de estas cuestiones, entre ellas la confección de mapas sobre la distribución y la situación de las personas de edad y su segregación social y espacial.(83) Asimismo, será necesario adoptar nuevos enfoques a fin de maximizar los beneficios para el desarrollo generados por la urbanización y minimizar al mismo tiempo sus posibles efectos negativos sobre las personas de edad. En el siguiente Recuadro se ofrece un ejemplo de cómo se abordan los problemas del envejecimiento de la población en Asia.

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ASIA SE PREOCUPA POR EL ENVEJECIMIENTO, PLANTEA PREGUNTAS Y PROPONE RESPUESTAS(1)

Hacia 2050, un 24% de la población de China tendrá 65 o más años de edad, en comparación con un 8% actualmente; del total, un 7% serán personas de 80 y más años de edad, en comparación con un 1% en la actualidad. Hoy las personas tienen vidas más prolongadas y menos hijos, gracias, en gran medida, a los avances tecnológicos. Pero no hay una respuesta técnica sencilla a la repentina aparición de un gran número de personas de edad . El envejecimiento de la población está ocurriendo rápidamente en los países en desarrollo y para hacer frente a esos desa�fíos, será necesario desplegar ingenio

En Asia, el envejecimiento es cada vez más un fenómeno urbano. Persiste la tradición de que los hijos sean el sostén de sus progenitores en la vejez, pero actualmente muchos jóvenes se han marchado del campo y viven en la ciudad. Cada vez es mayor el número de personas de edad que los siguen, en busca de medios de vida. No siempre los encuentran: en China, la ciudad de Wei Hai está edificando hogares para unas 10.000 ‘personas mayores abandonadas’, que carecen de apoyo directo de sus familias.

La adaptación para el futuro envejecimiento requiere creatividad organizativa. En Chennai, por ejemplo, donde la tasa de fecundidad total ya ha disminuido por debajo del nivel de reemplazo, la ciudad está cerrando diez clínicas de maternidad, capacitando nuevamente a su personal y reabriendo esas clínicas como establecimientos geriátricos.

El cambio de los sistemas organizativos también es parte de la respuesta en el Asia oriental y sudoriental, donde el envejecimiento está más avanzado. Wei Hai se está proponiendo como ubicación de un programa piloto en que se ampliará el mandato de la Junta Nacional de Planificación de la Familia para incluir a las personas de edad. Nuevas propuestas creativas como las mencionadas serán necesarias para prepararse a hacer frente a los desafíos del envejecimiento urbano.

Como mejorar la gobernabilidad urbana e involucrar a los pobres: lo que debe hacerse

En este capítulo se han destacado algunas oportunidades potenciales y las marcadas disparidades existentes en las ciudades. En especial, se han abordado muchos de los problemas que tiene que enfrentar la población urbana pobre en rápido crecimiento. En general, se observan enormes brechas entre los pobres y quienes están en mejor posición económica en el acceso a las ventajas que puede ofrecer la ciudad en materia de género, mortalidad infantil, salud reproductiva, educación, ingresos, vivienda y seguridad. La conclusión principal es que con frecuencia quedan severamente restringidos los derechos de los pobres a la ciudad y sus beneficios, y que en muchos países en desarrollo, las ventajas de los pobres urbanos son sorprendentemente pequeñas en comparación con la población rural.

Esto es desalentador. Las economías de escala y de proximidad que genera la ciudad deberían traducirse en acceso a mejores servicios para todos los residentes urbanos. Llevar los servicios a los vecindarios más pobres cuesta mucho menos que llevarlos a igual número de personas en asentamientos rurales remotos y dispersos.(84) Por consiguiente, es razonable concluir que gran parte de la discrepancia entre los beneficios potenciales y la realidad se debe a la gestión urbana.

¿Cómo podrían mejorarse estas pautas? ¿Qué sería necesario hacer? Este informe destaca que el punto de partida crucial consiste en aceptar la inevitabilidad y las posibles ventajas del crecimiento urbano. Lamentablemente, los enfoques prohibicionistas siguen prevaleciendo en la gestión de la expansión urbana y de los tugurios. Muchos políticos y planificadores consideran que la formación de tugurios es un fenómeno transitorio y que cuanto menos se haga al respecto, tanto mejor será.(85)

Para inducir a los líderes a que adopten un enfoque más positivo de la urbanización y de los residentes en tugurios es preciso promover los beneficios de prepararse eficazmente para el crecimiento urbano. En última instancia, es imprescindible el compromiso político para lograr soluciones viables; esta cuestión será considerada en el capítulo siguiente. Tanto los encargados de formular políticas como la sociedad civil necesitan información fidedigna sobre quiénes son los pobres, cómo crecen, dónde viven, qué necesidades tienen y cuáles son los obstáculos con que tropiezan para tener acceso a lo que la ciudad puede ofrecer. El Capítulo 6 considera detalladamente esos aspectos.

Otra estrategia de importancia crítica en las acciones para reducir la pobreza y velar por la vigencia de los derechos individuales, es involucrar a las personas en la formulación de las políticas y los programas que afectan a su vida. Se han reconocido y alentado ampliamente los beneficios de la participación en las estrategias nacionales para la reducción de la pobreza, así como en los enfoques a nivel local. Sin embargo, aun cuando parece obvio que es necesario involucrar a la enorme y creciente población urbana en los procesos de desarrollo, en muchas ciudades esto queda desvirtuado por los prejuicios antiurbanos.(86)

En respuesta a las realidades cotidianas, los pobres urbanos han establecido importantes grupos, asociaciones y federaciones. Las organizaciones de pobres urbanos (OPU), grandes y pequeñas, se han unido para diagnosticar las condiciones sociales y económicas que enfrentan a fin de encontrar soluciones prácticas a esos problemas, combatir la marginación y asegurar el acceso a los bienes y servicios a los que tienen derecho. Han tenido éxito en diversos frentes: entre ellos, la mejora de los tugurios, el rechazo a las reubicaciones forzadas y desalojos, y la provisión de vivienda costeable e infraestructura y la creación de capacidades para la vida estable de sus miembros.(87)

Hay algunos casos ilustrativos que ejemplifican ese proceso. La Federación Sudafricana de Personas sin Vivienda (South African Homeless People's Federation) y el Diálogo Popular sobre Tierra y Vivienda (People's Dialogue on Land and Shelter) tienen más de 80.000 familias miembros. Por conducto de sus grupos comunitarios, dichas organizaciones trabajan en la confección de mapas y la recopilación de datos locales para la planificación; la formulación de planes de ahorro y crédito; la adquisición de viviendas y tierras; la generación de ingresos; y la ampliación de la autonomía personal mediante el establecimiento de redes e intercambios.(88)

En aproximadamente 80 ciudades del Afganistán, los grupos comunitarios, en gran parte liderados por mujeres, han ido proporcionando servicios de educación, salud y comerciales incluso durante los tiempos difíciles del gobierno de los Talibanes. Actualmente, ONU-Hábitat está tratando de incorporar esas iniciativas comunitarias en el proceso de reconstrucción y desarrollo.(89) En Filipinas, una federación de organizaciones de vecinos (ZOTO) lideró una exitosa campaña para obtener del Gobierno derechos de propiedad y de arriendo y la mejora de las condiciones de vida de las comunidades, en una zona de Manila que había sido condenada a la reconversión del uso del suelo y el traslado de las masas de pobres residentes allí. Esta campaña, junto con otras, ha inspirado nuevas leyes que casi imposibilitan el desalojo por la fuerza sin previa consulta a los afectados y aseguran la reubicación en zonas dotadas de servicios adecuados.(90)

Muchas organizaciones de pobres urbanos logran influir en las políticas y las prácticas de los gobiernos. En Pune, India, casi dos millones de habitantes recibieron del gobierno local bloques de retretes públicos, como resultado de una campaña liderada conjuntamente por la Sociedad para la Promoción de Centros de Recursos Zonales y por la Federación Nacional de Habitantes de Tugurios, Mahila Milan, una red de grupos de ahorro y crédito constituidos por mujeres.(91) En Tailandia, más de 1.000 organizaciones y grupos comunitarios están integrados en un proyecto nacional para introducir mejoras locales en zonas urbanas pobres.(92) Y en varias ciudades del Brasil, gracias a la planificación y los presupuestos participativos, se ha asignado una mayor proporción de las inversiones municipales a las prioridades establecidas por los vecinos y los grupos comunitarios.(93)

En otros casos, varios grupos pequeños han crecido y se han convertido en federaciones nacionales, e incluso en redes internacionales.(94) Shack/Slum Dweller's International (Asociación Internacional de Habitantes de Tugurios), posiblemente el mayor de esos movimientos internacionales, y la Comisión Huairou (Véase el Recuadro 8) son dos ejemplos de cómo la asociación en red ha logrado aumentar eficazmente la visibilidad de cuestiones importantes para los pobres urbanos.(95) La presión de estas organizaciones ha influido en la agenda internacional en cuestiones como el derecho a la vivienda y a la protección contra desalojos, los derechos de la mujer y las responsabilidades de los gobiernos y de la sociedad civil con respecto a la difícil situación de los pobres urbanos.(96)

Es así como, a lo largo de los años, las organizaciones de los pobres urbanos han demostrado, gracias a su creatividad y a sus dinámicas gestiones, que son capaces y están motivadas para asumir responsabilidades a fin de satisfacer las necesidades de sus miembros y reivindicar sus derechos a tener una vida digna y en condiciones adecuadas. El Equipo de Tareas para el mejoramiento de la vida de los habitantes de tugurios, del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas, ha recomendado que los gobiernos "reconozcan a las organizaciones de los pobres urbanos dondequiera que éstas existan y colaboren con sus estrategias’.(97) Asimismo, uno de los principios básicos promovido por el Banco Mundial en las estrategias para la reducción de la pobreza es la participación de la sociedad civil y la aplicación de enfoques locales impulsados por los propios países.(98)

La acción de los miembros de estas organizaciones, con un adecuado apoyo gubernamental, pueden tener efectos aun mayores en la lucha contra la pobreza material, en la vigencia de sus derechos como ciudadanos y residentes urbanos, y en el fomento de su capacidad como activos agentes de cambio. Los gobiernos sólo pueden beneficiarse de este proceso, porque la inclusión de las organizaciones de los pobres urbanos en la gestión municipal hará que esta sea más eficaz. De este modo, se determinan más claramente las necesidades y las demandas y, al mismo tiempo, se proporcionan respuestas más adecuadas y eficaces en la prestación de los servicios urbanos. Dicha colaboración también favorece el aprendizaje y el entendimiento, al combinar los conocimientos técnicos especializados y las experiencias locales. Al ampliar los medios de acción de la sociedad civil, se afianza la democracia.(99)