Introduction Introducción Chapter 5 Capítulo 5
Chapter 1 Capítulo 1 Chapter 6 Capítulo 6
Chapter 2 Capítulo 2 Notes for Indicators Notas
Chapter 3 Capítulo 3 Notes for boxes Notas de los recuadros
Chapter 4 Capítulo 4 Indicators Indicators
Capítulo 1 Printer Friendly imprimir artculo
Chapter 1 La promesa del crecimiento urbano

El iceberg está creciendo

La segunda ola de urbanización: una diferencia de escala

El futuro del crecimiento urbano: tasas, aceleración y magnitud

La mitad del mundo urbano vive en ciudades pequeñas

Diferentes velocidades, diferentes políticas

Políticas basadas en hechos y no en prejuicios

La segunda ola de urbanización: una diferencia de escala

La comparación de las tendencias futuras con las del pasado permite situar en perspectiva las tendencias actuales del crecimiento urbano. La escala del cambio actual no tiene precedentes, aun cuando en la mayoría de las regiones han disminuido las tasas de crecimiento urbano. También difieren entre sí los factores socioeconómicos y demográficos subyacentes a la transición urbana en los países desarrollados y en los menos adelantados, como se explica en el Recuadro 2.

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LA SEGUNDA OLA(1)

El enorme aumento de la población urbana en los países más pobres es parte de una “segunda olaâ€� de transiciones demográficas, económicas y urbanas, de magnitud y velocidad mucho mayores que la primera. Esa primera ola de transiciones modernas comenzó en Europa y América del Norte a comienzos del siglo XVIII Durante dos siglos (1750 a 1950), esas regiones experimentaron la primera transición demo­­grá­fica, la primera industrialización y la primera ola de urbanización. Así nacieron las nuevas sociedades industriales urbanas que hoy dominan el mundo. El proceso fue comparativamente gradual e involucró a unos pocos centenares de millones de personas.

En el último medio siglo, las regiones menos desarrolladas iniciaron la misma transición. En la mayoría de esas regiones disminuyó rápida y espectacularmente la mortalidad, se logró en uno o dos decenios lo que los países desarrollados habían conseguido en uno o dos siglos, y los efectos demográficos de esas reducciones de la mortalidad fueron de magnitud muy superior. El proceso ha continuado con un descenso de las tasas de fecundidad, muy rápidamente en el Asia oriental y sudoriental y en América Latina, y más lentamente en Ã�frica.

En ambas olas, el crecimiento de la población se combinó con cambios económicos para impulsar la transición urbana. Sin embargo, de nuevo, la velocidad y la escala de la urbanización actual son mucho mayores que en el pasado. Esto suscita problemas inéditos para las ciudades de los países más pobres, que necesitarán construir una nueva infraestructura urbana—viviendas, energía, agua, saneamiento, calles, instalaciones comerciales y de producción—más rápidamente que cualquiera de las ciudades que experimentaron la primera ola de urbanización.

La segunda ola está acentuada por dos situaciones nuevas. En el pasado, la migración hacia el extranjero mitigó la presión sobre las ciudades europeas. Muchos de esos migrantes, especialmente los que se dirigían a las Américas, se asentaron en nuevas tierras agrícolas que alimentaron a las nuevas ciudades. Debido a las restricciones actuales, la migración internacional es un factor de menor importancia en la urbanización mundial.

Finalmente, la velocidad y la magnitud de la segunda ola están reforzadas por los adelantos en las tecnologías médicas y de salud pública, que reducen rápidamente la mortalidad y posibilitan que las personas regulen su propia fecundidad. Hoy día nos enfrentamos a un desafío mucho mayor para desarrollar y adaptar nuevas formas de organización política, social y económica que satisfagan las necesidades del nuevo mundo urbano.


En América del Norte y en Europa, la primera ola de urbanización duró más de dos siglos, desde 1750 hasta 1950: la población urbana pasó del 10% al 52% y el número de habitantes urbanos, de 15 millones a 423 millones. En la segunda ola de urbanización, en las regiones menos desarrolladas la población urbana aumentará desde 309 millones en 1950 hasta 3.900 millones en 2030. En esos 80 años, la proporción de población urbana de dichos países pasará del 18% a un 56%.

A comienzos del siglo XX, las regiones desarrolladas del planeta tenían más del doble de habitantes urbanos que las menos desarrolladas (150 millones, en comparación con 70 millones). Pese a sus niveles de urbanización mucho más bajos, actualmente los países en desarrollo tienen 2,6 veces más habitantes urbanos que las regiones desarrolladas (1.300 millones, en comparación con 900 millones). Esta brecha aumentará rápidamente en los próximos decenios.

A escala mundial, en el siglo XX la población urbana aumentó desde 220 millones de habitantes en 1900 hasta 2.840 millones en 2000.(7) En el siglo actual, se producirá un crecimiento similar en números absolutos en apenas cuatro decenios. Las regiones en desarrollo, en su conjunto, representarán el 93% de este aumento; y Asia y �frica, más del 80%.

Entre 2000 y 2030, la población urbana de Asia aumentará desde 1.360 millones hasta 2.640 millones; la de Ã�frica, desde 294 millones hasta 742 millones; y la de América Latina y el Caribe, desde 394 millones hasta 609 millones. Como resultado de esos incrementos, en 2030 los países en desarrollo tendrán el 80% de la población urbana del mundo. Para ese entonces, casi siete de cada diez habitantes urbanos del mundo vivirán en Ã�frica y Asia.

Los efectos de la globalización sobre las pautas de crecimiento urbano marcan una diferencia crítica entre las transiciones del pasado y del presente(8) Las ciudades son las principales beneficiarias de la globalización y de la integración progresiva de las economías mundiales. Las personas van en pos de los empleos, los cuales son el resultado de las inversiones y las actividades económicas, y éstas, en su mayoría, están cada vez más concentradas en zonas urbanas dinámicas, grandes y pequeñas.

Por otra parte, muy pocas ciudades de los países en desarrollo generan suficientes empleos para satisfacer las demandas de sus crecientes poblaciones. Además, no todos los estratos de la población se benefician por igual de la urbanización; entre los marginados están los grupos tradicionalmente sometidos a exclusión social y económica, por ejemplo, las mujeres y las minorías étnicas. Como se describe en el Chapter 2 el crecimiento masivo del número de habitantes urbanos, sumado al persistente subdesarrollo y a la escasez de empleos urbanos, crean condiciones de miseria e indigencia peores que las descritas por Charles Dickens durante la Revolución Industrial. No obstante, al igual que en el relato sobre Adegoke Taylor presentado al comienzo de este capítulo, por lo general los migrantes del campo a la ciudad prefieren su nueva vida a la que dejaron atrás.

 



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