CAPÍTULO 4
Chapter 1 Por la fuerza y no de buen grado:
Las mujeres refugiadas y las solicitantes de asilo

Mayor protección y reconocimiento

Violencia contra las mujeres y las niñas

Salud reproductiva, incluida la prevención del VIH

Repatriación, integración y reasentamiento

Con voz tenue y ojos entornados, Hajji relata su historia. Hace cinco meses, cuando estaba embarazada de cuatro meses, se marchó de su aldea huyendo de un conflicto que sigue destrozando las vidas de innumerables personas en Darfur (Sudán). Ella, su esposo y sus siete hijos recorrieron bajo un sol abrasador 55 kilómetros de desierto antes de llegar al campamento de Kalma, un refugio seguro apiñado junto a las vías ferroviarias, cerca de la frontera entre el Sudán y el Chad. Abandonaron su hogar, sus amigos y una vida a la que nunca podrán reintegrarse.

El campamento de Kalma es el más grande de Darfur y aloja a más de 100.000 personas internamente desplazadas (PID). Muchos de sus residentes probablemente se marcharán en procura de seguridad a otros países u otros continentes. El 10 de mayo de 2005, Haiji dio a luz a una hermosa y saludable niñita en una clínica apoyada por el UNFPA y dirigida por la organización Médecins du monde. El nombre de la niñita, “Esperanza”, sirve como invocación para el futuro y añoranza de todo lo que su familia ha perdido. Esperanza es también lo que posibilita que millones de mujeres, hombres y niños huyan del conflicto, la persecución y la conculcación de sus derechos humanos, pese a que la huída acarrea dificultades, incertidumbre, temores y violencia . Es por la fuerza, y no de buen grado, que abandonan sus familias, sus hogares, sus comunidades y hasta los países donde han nacido.

Aun cuando los desplazamientos forzados entrañan riesgos para quienquiera que los intente, las mujeres y las niñas enfrentan problemas particulares durante la huida, en los albergues transitorios y en los asentamientos permanentes. En 2005, había en el mundo aproximadamente 12,7 millones de refugiados, una mitad de los cuales eran mujeres, y había 773.500 solicitantes de asilo a escala mundial(1). Por otra parte, además de riesgos y peligros, la huida ofrece a los refugiados la oportunidad de escapar de la explotación, la discriminación y la persecución. La desintegración de una sociedad también puede ofrecer la oportunidad de reconstruirla nuevamente sobre bases de igualdad y de respeto a los derechos humanos. Tras el fin de las hostilidades, las mujeres refugiadas desempeñan un papel de importancia crítica en el establecimiento de una paz duradera y la restauración del orden social y económico(2). Para muchas mujeres refugiadas, la reconstrucción puede ofrecer la vía para escapar a la discriminación y la oportunidad de ejercer una autonomía recientemente adquirida. Pero para muchas otras, esto no ocurre.

Las mujeres y las niñas enfrentan numerosos peligros y obstáculos a lo largo de toda la experiencia como refugiadas. Cuando las escuelas y los establecimientos médicos se cierran, los empleos se pierden y los grupos armados asumen el control, son en gran medida las mujeres y las niñas quienes se encargan de cuidar a otros niños y a los enfermos y ancianos. Muchas deben padecer embarazos no deseados o forzados y tienen necesidades especiales con respecto a problemas de salud sexual y reproductiva. Asimismo, a menudo soportan una parte desproporcionada de las responsabilidades y las cargas. Algunos grupos de mujeres—entre ellas, las jefas de hogar, las excombatientes, las ancianas, las discapacitadas, las viudas, las jóvenes madres y las adolescentes no acompañadas—son más vulnerables y requieren protección y apoyo especiales. Aun cuando las mujeres constituyen una proporción más alta de los refugiados ancianos, con frecuencia se hace caso omiso de sus necesidades particulares(3). Además, muchas también han quedado viudas y se encargan de niños huérfanos o separados.




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RAZONES PARA OTORGAR ASILO: RECONOCIMIENTO DE LA PERSECUCIÓN POR MOTIVOS DE GÉNERO

Actualmente, es excesivo el número de mujeres que siguen tropezando con considerables obstáculos en sus intentos de presentar denuncias de persecución: es una importante razón por la cual, a diferencia de los refugiados, por lo general las mujeres constituyen una proporción pequeña del total de quienes solicitan asilo. Por razones históricas, y debido a que las delegaciones de los países, integradas exclusivamente por hombres, no consideraron que la persecución pueda basarse en cuestiones de género, la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y su Protocolo de 1967 no reconocieron específicamente que es una razón válida para invocar la condición de refugiado(1).

En 2002, el ACNUR dio a conocer un conjunto de directrices internacionales en que afirma que la definición internacional de refugiado “incluye las reivindicaciones relativas a cuestiones de género”(2) , las cuales abarcan formas de persecución peculiares a las mujeres, o que afectan primordialmente a las mujeres, o que ocurren debido a que son mujeres, entre ellas, las formas graves de discriminación por motivos de género (por ejemplo, las mujeres afganas durante el régimen de los Talibanes)(3) . Las solicitudes de asilo basadas en problemas de género pueden incluir violencia sexual, violencia doméstica, trata, planificación de la familia bajo coacción, aborto forzado, mutilación o corte genital femenino, asesinatos “para preservar la honra”, matrimonios forzados, castigo por contrariar las normas sociales y discriminación contra parejas del mismo sexo(4) . En todos los casos, quienes solicitan asilo por motivos de género necesitan satisfacer los criterios estipulados para tener derecho a la condición de refugiado, de conformidad con la definición de la Convención.

Pese a esos y otros factores, los funcionarios tienden a favorecer una definición estrecha de qué es un refugiado. Eso significa que a veces son renuentes a reconocer la persecución por motivos de género como justificación para otorgar asilo, especialmente cuando esa persecución es perpetrada por ciudadanos privados y cuando el Estado no está en condiciones de ofrecer protección(5) . Hay quienes aducen que la violencia contra las mujeres es de naturaleza demasiado personal para equipararla a la persecución; otros temen que todas las solicitudes de asilo sobre la base de la discriminación o el ataque tengan que ser aprobadas necesariamente si se considera a las mujeres como “grupo social particular”. Sin embargo, la experiencia en el Canadá y los Estados Unidos ha probado que esto no sucede(6).

En 1993, el Canadá fue el primer país del mundo que adoptó directrices según las cuales se define a las mujeres como “grupo social particular” según lo indicado en la Convención de 1951. Esto sentó las bases para establecer directrices relativas a cuestiones de género en otros países, entre ellos Australia, Sudáfrica, el Reino Unido y los Estados Unidos(7) . En 1995, el Gobierno de los Estados Unidos otorgó asilo a una mujer que huía de la mutilación o corte genital femenino. Fue un precedente importante y posteriormente el Gobierno otorgó asilo admitiendo razones de “asesinato para preservar la honra” y matrimonio forzado.

En 2004, el Consejo de Europa aprobó una directiva que, entre otras cosas, reconoció formas específicas de persecución de los niños y las mujeres, inclusive la violencia sexual. Esa ley, aplicable a casi todos los Estados miembros de la Unión Europea, exhorta a los países a dar cumplimiento a la norma aprobando y haciendo cumplir leyes nacionales antes de octubre de 2006(8) . Si bien el objetivo de la Unión Europea es establecer un sistema común de asilo para todos sus miembros antes de 2010, actualmente cada país tiene sus propias políticas. Por ejemplo, de los 41 países europeos estudiados durante 2004 por el ACNUR, 17 reconocen explícitamente que la violencia sexual es una forma de persecución, pero el resto no hace lo propio. Un poco más de la mitad de esos países reconocen que la discriminación puede constituir una forma de persecución, mientras que las tres cuartas partes de ellos no reconocen en sus procedimientos de asilo la explotación sexual y la prostitución forzada. Sin embargo, dos terceras partes de esos Estados reconocen los agentes de persecución no estatales(9).

El Reino Unido se destaca como uno de los países europeos más progresistas en lo concerniente a las políticas que protegen a las mujeres solicitantes de asilo. Además de la publicación en 2004 de Gender Issues in the Asylum Claim, la jurisprudencia reconoce el papel de grupos armados no estatales en el fomento de la violencia sexual(10) . Con todo, incluso en países donde las políticas son más progresistas, la aplicación de esas normas puede no ser sistemática(11) . La consolidación de las políticas de asilo en la Unión Europea ofrece la oportunidad de fortalecer y estandarizar las directrices aplicables a las mujeres que solicitan asilo.

No obstante, las probabilidades de solicitar asilo y de que éste sea otorgado son mayores para los hombres que para las mujeres. En 2000, las mujeres representaban sólo 33% de los solicitantes de asilo al Canadá(12) , y en 2002, aproximadamente una tercera parte en Europa(13) . Esto obedece a que, por lo general, las mujeres no son el principal solicitante (los que solicitan asilo son los parientes varones); razones de género pueden dificultar la presentación de casos (por ejemplo, vergüenza con respecto a las dolorosas experiencias de ser violada o torturada y bochorno al comunicar información personal a entrevistadores masculinos). Entre otros problemas figuran el hecho de que las mujeres probablemente serán entrevistadas conjuntamente con sus esposos u otros compañeros íntimos cuando no son el solicitante principal, aun cuando hayan sido objeto de persecución. Esta situación se agrava a veces dada la ignorancia del entrevistador acerca de la manera en que las diferencias culturales respecto del comportamiento femenino pueden influir en los resultados de la entrevista (por ejemplo, renuencia a mirar directamente a los ojos)(14).

Además, algunas directrices nacionales sobre asilo probablemente reconocerán a quienes han sido perseguido por el Estado (más frecuentemente, hombres) que a víctimas de persecución por agentes no estatales (más frecuentemente, mujeres, quienes probablemente serán amenazadas por miembros de su familia o su comunidad, como en el caso del “asesinato para preservar la honra”, la mutilación o corte genital femenino o la violencia conyugal)(15) . Incluso cuando las mujeres tienen actividad política, su involucramiento suele ser “de bajo nivel” y no de alta visibilidad, como el de los hombres. Gran parte del abuso se comete en el hogar, lo cual significa que puede ser más difícil reunir pruebas para justiciar la solicitud de asilo. Por consiguiente, las mujeres solicitantes de asilo pueden contrariar las nociones convencionales de persecución por motivos políticos y, en consecuencia, probablemente enfrentarán barreras cuando traten de presentar una solicitud(16).

El hecho de no reconocer las reivindicaciones por motivos de género—además de perpetuar la incertidumbre y el temor a una deportación que las devuelva a una situación amenazante”—también se ha vinculado con la migración en condiciones irregulares y los más altos riesgos de explotación. Algunas mujeres que tienen reivindicaciones legítimas pueden optar por eludir totalmente los procedimientos oficiales y transformarse, en cambio, en migrantes indocumentadas. Y dado que muchos países prohíben que los solicitantes de asilo tengan empleo legal, esto significa que muchas mujeres se ven obligadas a aceptar cualquier trabajo disponible, aun cuando esto pueda acrecentar el riesgo de explotación y/o de ser objeto de trata(17).

Aun cuando las políticas y las prácticas difieren y varían de un país a otro, se han puesto de manifiesto algunas buenas prácticas para que otros países sigan el ejemplo. Cabe citar al respecto la capacitación intercultural sensible a las cuestiones de género en beneficio de funcionarios, y también poner a las mujeres solicitantes de asilo al tanto de sus derechos, entre ellos, el derecho a ser entrevistada por separado y con carácter confidencial y de registrar su solicitud independientemente. El ACNUR recomienda que se asigne un entrevistador del mismo sexo, que hable con las mujeres en forma separada de otros miembros de la familia, a fin de asegurar el carácter privado de la entrevista y la libertad de expresión(18).


Mayor protección y reconocimiento

Tras muchos años de hacer caso omiso de las diferentes necesidades y los distintos papeles y experiencias de hombres y mujeres, la comunidad internacional está logrando importantes avances hacia la protección de las mujeres y las niñas refugiadas y la promoción de sus derechos.

En la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, de las Naciones Unidas, que data de 1951, y su Protocolo de 1967, se define a un refugiado como la persona que está fuera del país del que es ciudadano “debido al temor bien fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas”(4). En virtud del derecho humanitario internacional, los gobiernos están obligados a proteger a los refugiados contra la violencia y a salvaguardar sus derechos, incluidos los derechos a la educación, el trabajo y la libertad de movimiento y de culto(5). También están obligados por el principio de no devolución, en virtud del cual los refugiados no pueden ser obligados a regresar a su país de origen si tienen un razonable temor de que al hacerlo sus vidas correrán peligro.

Actualmente, varios acuerdos internacionales se centran en ampliar los medios de acción de la mujer y protegerla. En 1991, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) emitió las Directrices sobre la protección de las mujeres refugiadas, cuyo propósito es responder mejor a las necesidades de dichas mujeres y mejorar su participación en la adopción de decisiones. Las Directrices sobre violencia sexual y por motivos de género, emitidas en 2003, estipulan medidas adicionales para asegurar la protección y el apoyo de las sobrevivientes(6). Los organismos de socorro humanitario han logrado considerables adelantos en cuanto a aumentar la disponibilidad de servicios de salud, abordar la violencia por motivos de género, acrecentar la matriculación de los niños en las escuelas e involucrar a las mujeres refugiadas en la gestión de los campamentos(7).

En los últimos años, la comunidad internacional también ha emprendido importantes iniciativas encaminadas a proteger a las mujeres contra la violación durante los conflictos y después de éstos y enjuiciar a los perpetradores(8). Entre las iniciativas más importantes cabe mencionar el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, que tipifica la violencia sexual como crimen de guerra, de conformidad con el precedente establecido por los tribunales penales internacionales de Rwanda y de la ex Yugoslavia(9). Varias resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobadas entre 1999 y 2003 a fin de proteger a los niños durante los conflictos armados, también señalan las necesidades y las vulnerabilidades de las niñas y condenan la violencia sexual durante las operaciones de mantenimiento de la paz(10).

En todas las conferencias de las Naciones Unidas celebradas durante el decenio de 1990, los gobiernos convinieron en proporcionar protección especial a las mujeres refugiadas y satisfacer sus necesidades. Entre esos acuerdos cabe mencionar el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo celebrada en 1994 y la Declaración y Programa de Acción de Beijing, de 1995. En el año 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 1325, memorable disposición que dispone la participación de las mujeres en el proceso de paz y exhorta a proteger y apoyar a las mujeres atrapadas en medio de conflictos armados(11). El Documento Final de la Cumbre Mundial de 2005, aprobado por los Jefes de Estado y de gobierno, reiteró la importancia de aplicar la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas(12).

LA VIDA EN LOS CAMPAMENTOS

Los refugiados a menudo terminan viviendo en diversos emplazamientos transitorios. En algunos casos, permanecen con familias anfitrionas o se asientan en zonas urbanas. Pero muchos deben seguir viviendo en campamentos. Si bien algunos campamentos proporcionan refugio a unos pocos miles de personas, otros alojan a cantidades mucho mayores. (En 2003, había más de un millón de afganos residentes en campamentos pakistaníes(13)). Y si bien algunos campamentos de refugiados duran sólo unos pocos meses, debido a la persistente inestabilidad en los países de origen, esto es la excepción y no la norma. En 2003, la duración media en años de la residencia de personas en campamentos de refugiados era de 17 años(14). Varios campamentos palestinos fueron establecidos en 1948 y en 1967(15).

Muchos refugiados llegan a su lugar de destino en condiciones de agotamiento, enfermos y traumatizados. Antes de llegar, con frecuencia han sido testigos de extrema violencia, cuando no la han padecido directamente. Incluso cuando residen en campamentos, los refugiados pueden quedar atrapados en medio de las hostilidades entre distintas facciones, clanes o nacionalidades, y pueden ser vulnerables a los ataques transfronterizos. Las diferencias étnicas o religiosas con la comunidad anfitriona pueden suscitar resentimientos.

Especialmente en los momentos iniciales de una emergencia, es posible que la cantidad de albergues, agua, alimentos, medicamentos y servicios de salud sea insuficiente para el número de personas que buscan refugio. La educación de los niños es motivo de gran preocupación: de la cantidad de refugiados adolescentes de 12 a 17 años de edad en países en desarrollo, que se estima en 1,5 millón, sólo un 3% asistía a la escuela secundaria, según estimaciones para el año 2000(16). Las niñas tropiezan con barreras particulares, debido a que las mujeres y las niñas suelen dedicar más tiempo a realizar tareas domésticas, recoger alimentos, leña y agua, en vez de ir a la escuela o de obtener un ingreso(17). En respuesta, va en aumento el número de programas educacionales específicamente orientados a las niñas, para velar por que finalicen su educación. Para las jóvenes madres, esto puede ser particularmente difícil. En 2003 y 2004, el ACNUR y la Embajada de los Estados Unidos sufragaron el costo de las matrículas de las jóvenes madres refugiadas angoleñas en el campamento de Meheba (Zambia). Además, se ofreció a esas niñas guarderías infantiles y el apoyo de mujeres de más edad, que oficiaron de mentoras(18).

En algunos grupos de refugiados, tal vez algunas normas culturales tradicionales se arraiguen más, a consecuencia del desplazamiento. Esto puede redundar en limitaciones adicionales a la autonomía femenina. Durante su desplazamiento, las mujeres afganas refugiadas en el Pakistán, por ejemplo, adoptaron una forma más extrema de purdah (separación entre hombres y mujeres) que la que hicieron cumplir estrictamente los Talibanes cuando ellas regresaron al Afganistán(19). No obstante, la activa participación de las comunidades y de las propias mujeres puede contribuir a superar las actitudes discriminatorias. Tiene importancia particularmente vital asegurar que las mujeres, especialmente las que son jefas de hogar, tengan acceso a las oportunidades educacionales y de ganarse la vida. En el Pakistán, la organización Save the Children ofrece un programa de salud y alfabetización para mujeres refugiadas afganas que viven en provincias remotas. La Organización Alemana para el Desarrollo (GTZ) ha ofrecido durante los últimos 18 años cursos de alfabetización en muchos de los 250 campamentos de refugiados a los que ha brindado apoyo(20). En 2002, la Oficina del ACNUR ofreció en Liberia cursos de alfabetización a un grupo de mujeres que seguidamente procedieron a alfabetizar a otras mujeres. La organización también apoyó programas de obtención de ingresos; en un proyecto, un 80% de los 339 refugiados que recibieron capacitación en aptitudes prácticas y conocimientos para ganarse la vida eran mujeres y niñas adolescentes(21).

En el campamento de Buduburam (Ghana), la organización Unite for Sight estableció un programa sin par que proporciona alternativas económicas a mujeres liberianas refugiadas cuya situación económica era tan penosa que a menudo se veían forzadas a trocar relaciones sexuales a cambio de alimentos(22). Allí, las mujeres jefas de hogar producen estuches artesanales para anteojos, que son vendidos en los mercados mundiales. Todas las utilidades se destinan a una clínica oftalmológica para los refugiados en el campamento(23). Otro programa del ACNUR ofrece pequeñas remuneraciones mensuales y atención médica a los refugiados congoleños registrados residentes en Kampala (Uganda). Esos programas también contribuyen a enviar a los niños desplazados a la escuela. Los refugiados urbanos en Kampala, en su mayoría, son viudas con tres o más hijos(24).



Violencia contra las mujeres y las niñas

La violencia es una realidad en la vida de los campamentos. Las mujeres y las niñas corren grandes riesgos cuando salen del perímetro del campamento para recoger leña, agua y otros recursos escasos. Entre 1996 y 1997, en los campamentos de Dadaab (Kenya septentrional), aproximadamente un 90% de las violaciones denunciadas ocurrieron mientras las mujeres somalíes salían a recoger leña o cuidar al ganado(25). A fines del decenio de 1990, las mujeres etíopes manifestaban que tenían miedo de salir a recoger leña debido a la hostilidad de los habitantes locales, intensificada por la competencia por recursos escasos(26). En 2001, muchas mujeres residentes en campamentos de Zambia manifestaron que no era infrecuente el trueque de relaciones sexuales a cambio de pescado, un alimento básico muy buscado(27). Los asentamientos de diseño deficiente pueden acrecentar el riesgo. En algunos casos, los retretes y las duchas están ubicados en la periferia de los campamentos y con frecuencia las mujeres y las niñas evitan utilizarlos, pues temen ser violadas.

La alta tasa de desempleo, el estrés y la frustración de los hombres refugiados también pueden redundar en un aumento de la violencia doméstica. En 2001, en seis campamentos de Guinea, el número de casos de violencia doméstica denunciados fue cinco veces superior al de casos de violación(28). Por añadidura, algunos hombres pueden ser presa de resentimiento al verse excluidos de proyectos que se centran principalmente en las mujeres y los jóvenes(29).

Las niñas adolescentes y las mujeres jóvenes son las que corren mayores riesgos. Es frecuente que grupos armados merodeen en torno a los campamentos, en busca de niños para secuestrar y reclutar como combatientes y, cuando se trata de niñas, como esclavas sexuales, cocineras y lavanderas. Cerca de Uganda septentrional, los trabajadores de asistencia informan de que las niñas tratan de congraciarse con los intermediarios en el campamento a fin de evitar que las entreguen a los grupos armados(30). En la zona oriental del Chad, las niñas sudanesas acusan a los habitantes locales de atacarlas y violarlas cuando tratan de salir a recoger leña(31). Las amenazas también pueden provenir de miembros de la comunidad, de la propia familia y de otros jóvenes; a veces, sus parientes obligan a las niñas a contraer matrimonio precozmente a cambio de dinero o como medio de garantizar su propia seguridad física(32).

Hasta personas encargadas de la protección se transformaron en abusadores. En 2002, la comunidad internacional tomó conocimiento de la explotación de mujeres jóvenes en los campamentos de refugiados del África occidental. Lo realmente escandaloso fue que la explotación era perpetrada por el personal de socorro de las Naciones Unidas y de ONG, así como por miembros de las fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz: por las propias personas cuya misión era brindar protección. Los investigadores constataron que esos funcionarios estaban trocando suministros y servicios de asistencia humanitaria—como trigo, láminas de plástico, medicamentos, tarjetas de racionamiento y cursos educacionales—a cambio de relaciones sexuales, muy frecuentemente con niñas de entre 13 y 18 años de edad(33). Entre las víctimas figuraban niñas separadas de sus familias, niñas jefas de hogar y niñas en hogares de guarda o que vivían con parientes. Casi todas eran adolescentes mujeres y, si bien los expertos creen que también había adolescentes varones entre las víctimas, el enorme estigma impedía hablar del tema(34). Esto impulsó en 2003 a la Asamblea General de las Naciones Unidas a aprobar una resolución por la que se ordenaba realizar una investigación(35). Seguidamente, ese mismo año, el Secretario General de las Naciones Unidas emitió un boletín en que exhortaba a la comunidad internacional a intensificar las medidas para prevenir la explotación y el abuso sexuales y estipuló que los funcionarios de las Naciones Unidas y de todas las entidades distintas de las Naciones Unidas que colaboren en la asistencia deben cumplir con las normas del derecho internacional humanitario(36). También dispuso que el personal de las Naciones Unidas debe comunicar toda sospecha o preocupación acerca de la posibilidad de que haya explotación o abuso sexuales. La política de tolerancia nula adoptada por el Secretario General ha vuelto a dinamizar las acciones y condujo al establecimiento de dependencias que vigilan la conducta de las fuerzas de mantenimiento de la paz, y dependencias que aplican sanciones disciplinarias. Las investigaciones sobre la conducta del personal también han redundado en varios despidos. A comienzos de 2006, entre 70% y 90% del personal civil, policial y militar recibió capacitación sobre el tema(37).

Las sobrevivientes de la violencia por motivos de género pueden padecer lesiones de larga duración, embarazos no deseados, disfunción sexual, trastornos por estrés postraumático y enfermedades de transmisión sexual, inclusive el VIH/SIDA. Se estima que en Sierra Leona, de las sobrevivientes de violación durante la guerra de 1991 a 2002, entre 70% y 90% contrajeron infecciones de transmisión sexual (ITS), inclusive VIH/SIDA(38). En marzo de 2006, el ACNUR informó de que dos terceras partes de las mujeres sudanesas refugiadas que recibían tratamiento en el Hospital de Abeche (Chad) habían sido víctimas de violación. La víctima más joven tenía sólo 10 años de edad(39). El UNFPA y el ACNUR están apoyando al Hospital para que dispense tratamiento a las pacientes de fístula, trastorno causado por el parto obstruido o la extrema violencia sexual. Dado que las mujeres suelen estar demasiado avergonzadas para denunciar la violación y solicitar asistencia, el ACNUR ha estado tratando de establecer un sistema de remisión de pacientes que coordine la asistencia médica con la jurídica(40). Asimismo, funcionarios del Cuerpo Médico Internacional están celebrando consultas con ancianas y curanderos tradicionales sobre el trauma posterior a la violación, impartiendo sesiones de asesoramiento psicosocial con sensibilidad cultural y en beneficio de toda la familia de la víctima(41). Sobre la base de un proyecto piloto para sobrevivientes de la violación en Tanzanía, en 2005 el UNFPA y el ACNUR capacitaron a agentes de salud que prestan servicios en campamentos de Kenya y Uganda sobre la gestión clínica y la profilaxis después de la violación (para disminuir los riesgos de infección con el VIH)(42).

Con el apoyo del Consorcio de Salud Reproductiva en intervenciones posteriores a conflictos, las mujeres refugiadas residentes en Tailandia han preparado una Guía a fin de ayudar a las sobrevivientes de la violencia por motivos de género. En la Guía se establecen normas de atención, inclusive atención de la salud, asesoramiento psicosocial, promoción y tratamiento de los casos(43). En el distrito de Kono (Sierra Leona), donde los refugiados han comenzado a repatriarse, el ACNUR y la organización International Rescue Committee (IRC) han contribuido a establecer centros comunitarios dirigidos por mujeres que ofrecen, entre otras cosas, datos útiles sobre la manera de evitar la violencia por motivos de género y de responder a ella. Se han congregado mujeres, hombres y jóvenes en grupos de acción cuyo propósito es crear conciencia y proporcionar oportunidad de hablar de esas cuestiones. La iniciativa es parte de otra mayor para la ampliación de los medios de acción de la comunidad, dirigida por representantes del Gobierno, el ACNUR y otros copartícipes en la ejecución(44).

En Burundi, el ACNUR proporciona leña y ha instalado moliendas dentro de los campamentos. Las fuerzas de seguridad de los campamentos ahora incluyen a mujeres(45). Además, se designó a más de 70 ancianas refugiadas para que cumplan funciones de “madres voluntarias” que detecten, ayuden y atiendan a las jóvenes víctimas de violación. Esas voluntarias, a su vez, captaron a hombres ancianos para que actúen como “padres voluntarios”, dado que los hombres pueden desempeñar un papel fundamental en la prevención de la violencia sexual(46). Los ancianos también despliegan actividades en Kenya, donde se organizaron comités contra la violación a fin de desalentar los ataques contra las mujeres y las niñas somalíes. Los ancianos iniciaron la aplicación de varias medidas prácticas, entre ellas la siembra de matorrales espinosos especiales en torno a los campamentos a fin de ahuyentar a posibles predadores humanos(47).




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SACRIFICIO DOBLE DE LAS MUJERES Y LOS NIÑOS: TRATA DE REFUGIADOS

Las mujeres y los niños refugiados y desplazados son especialmente vulnerables a la trata. Durante el conflicto en Tayikistán, en el decenio de 1990 y posteriormente, las mujeres y los niños desplazados fueron objeto de trata para su explotación sexual en países de Europa oriental y occidental y del Golfo Pérsico(1).

En el África meridional, hay entre los refugiados tanto tratantes como personas objeto de trata. Según informes de la OIM, los hombres refugiados suelen captar a sus propias parientas en el país de origen. En muchos casos, las mujeres y los niños se ven obligados a realizar trabajo sexual comercial y todas las utilidades van a miembros de la familia. Algunos tratantes ayudan a sus víctimas a solicitar que se reconozca su condición de refugiadas, a fin de prevenir la deportación y de ese modo, proteger “su inversión”(2).

Las políticas de asilo estrictas o inadecuadas pueden aumentar más la vulnerabilidad de los refugiados. En Tailandia, los solicitantes de asilo desplazados de Myanmar a quienes se deniega la condición de refugiados, a menudo se ven obligados a la clandestinidad, y en esas condiciones, aumentan las probabilidades de que sean objeto de trata y esclavizados(3).


Las mujeres también están desempeñando importantes funciones de seguridad en otros lugares. Por ejemplo, el ACNUR ha capacitado a 90 oficiales de policía ugandeses, de los cuales 25 son mujeres, para que trabajen con los refugiados congoleños. Mediante juegos teatrales en que los oficiales de policía, por turnos, representaban a sobrevivientes que denunciaban violación, se trató de mejorar las aptitudes para entrevistarlas, aprender cómo recopilar pruebas forenses, suministrar información sobre servicios de remisión y adquirir información sobre las leyes ugandesas relativas a la violencia por motivos de género(48).



Salud reproductiva, incluida la prevención del VIH

Según informes recientes preparados por investigadores y organizaciones de socorro humanitario, las mujeres residentes en campamentos tienen mejor acceso a servicios de salud reproductiva, inclusive los de planificación de la familia, que las mujeres en el país anfitrión o en el país de origen de los refugiados(49). Es frecuente que las poblaciones de refugiados tengan menor incidencia de problemas del embarazo que las mujeres que viven tanto en el país anfitrión como en los países de origen. Esto se debe en gran medida a que en el ámbito de los campamentos hay mejor acceso a los servicios de salud(50). Una evaluación mundial realizada en 2004 de 8,5 millones de personas desplazadas constató que casi todos los campamentos ofrecían al menos un método de planificación de la familia, inclusive anticonceptivos orales (96%) y condones (preservativos) (95%). Además, en un 89% de los emplazamientos se ofreció educación sobre prevención del VIH y en 84%, diagnóstico y tratamiento de las ITS(51). De manera similar, las acciones encaminadas a crear conciencia acerca del VIH/SIDA y otras ITS están surtiendo efecto en algunas zonas. En Kenya, los refugiados tenían muchos más conocimientos sobre la prevención del VIH que sus homólogos en la comunidad anfitriona o sus compatriotas en el Sudán meridional: un 72% de los refugiados en el campamento conocían los tres principales métodos de prevención del VIH, en comparación con 32% en la población local(52).



Los desplazamientos pueden menoscabar y, de hecho, menoscaban la salud reproductiva y los derechos reproductivos. Ésta es una cuestión grave puesto que se estima que, en cualquier circunstancia, un 25% de las refugiadas en edad fértil están embarazadas.



No obstante, pese a los adelantos, los desplazamientos pueden menoscabar y, de hecho, menoscaban la salud reproductiva y los derechos reproductivos, necesidades fundamentales ya en peligro antes del desplazamiento. Ésta es una cuestión grave puesto que se estima que, en cualquier circunstancia, un 25% de las refugiadas en edad fértil están embarazadas(53). Si se carece de acceso a servicios de salud reproductiva, las complicaciones del embarazo y del parto pueden causar mortalidad materna e infantil, bajo peso al nacer y otros resultados perjudiciales. En los campamentos de refugiados también es frecuente que haya relaciones sexuales sin protección y embarazos en la adolescencia. Las adolescentes corren riesgos particularmente altos en el parto: en el Sudán meridional, zona azotada por la guerra, se comprobó que las probabilidades de que las niñas mueran a raíz del embarazo y el parto son mayores que las probabilidades de que completen su educación primaria(54).

La huida y el desplazamiento pueden redundar en tasas más altas de ITS y de prevalencia del VIH. El trabajo sexual, la explotación sexual, la trata de seres humanos y el hacinamiento pueden acrecentar las tasas de transmisión. Tal vez el mejor ejemplo de esto sea la guerra en curso en la República Democrática del Congo. Antes del estallido de las hostilidades en 1997, un 5% de la población tenía reacción serológica positiva al VIH. En 2002, esa proporción había aumentado al 20% en las partes orientales del país, donde el conflicto era más intenso(55). En otros casos, las crisis prolongadas pueden retardar transitoriamente la proliferación del VIH, cuando las poblaciones quedan aisladas y se interrumpen las líneas de transporte y las corrientes de migración del campo a la ciudad. Esto ocurrió con los conflictos de larga duración en Angola, Sierra Leona y el Sudán meridional, donde se comprobó que las tasas de prevalencia del VIH eran inferiores a las de los países vecinos(56). Pero cuando se restaura la estabilidad y las personas pueden nuevamente desplazarse con libertad, los países corren el riesgo de un aumento pronunciado de la prevalencia del VIH después del conflicto, si no se aplican programas de prevención.

La comunidad internacional sigue intensificando sus acciones. Actualmente, muchos refugiados se benefician cada vez más con programas de salud reproductiva. En 2005, el UNFPA brindó apoyo en Benin y Ghana a los refugiados que huían de los disturbios en el Togo, inclusive programas de alimentación suplementaria y servicios de inmunización para las embarazadas y los niños, botiquines de maternidad, condones (preservativos) masculinos y femeninos, tratamiento de las infecciones de transmisión sexual, mosquiteros impregnados de insecticida y jabón(57). En el campamento de Sherkole (Etiopía) para refugiados sudaneses, el UNFPA apoya al Comité Internacional de la Cruz Roja en la movilización de ancianos, grupos de mujeres y otros líderes comunitarios a fin de crear conciencia sobre planificación de la familia y salud maternoinfantil, y formular estrategias para que cambien las prácticas nocivas(58). En el Irán, el UNICEF y la OMS han apoyado a la Fundación Internacional de asistencia a árabes y refugiados de las marismas (AMAR) en la capacitación de más de 100 voluntarias agentes de salud para que ayuden a los iraquíes residentes en campamentos de refugiados, así como a los refugiados afganos en zonas urbanas. El propósito es proporcionar información sobre atención de la salud materna, inmunización y planificación de la familia(59).

En el Yemen, la organización Marie Stopes International (MSI) ha dirigido centros de salud reproductiva para refugiados somalíes y la población local desde 1998. Las sesiones de educación sobre salud impartidas con el apoyo del UNFPA y el ACNUR han beneficiado a miles de refugiados(60). De manera similar, en el campamento de Yarenja para refugiados sudaneses en Etiopía, el Comité Internacional de la Cruz Roja y los clubes de lucha contra el VIH/SIDA y de promoción de la salud reproductiva que apoya el UNFPA informan de que al menos un 55% de los refugiados de entre 14 y 45 años de edad saben ahora cómo prevenir las infecciones de transmisión sexual, inclusive el VIH. Los clubes de niñas fueron particularmente eficaces(61).



Repatriación, integración y reasentamiento

Por lo general, los refugiados tienen tres “soluciones duraderas” a su disposición: repatriación voluntaria a su país de origen; integración local en el país de asilo; o reasentamiento en un tercer país(62). No obstante, como ya se indicó, muchos refugiados terminan residiendo en campamentos durante muchos años, con limitadas perspectivas de lograr ninguna de las soluciones mencionadas.

Las organizaciones internacionales, especialmente el ACNUR y la OIM, coordinan las repatriaciones y ofrecen servicios médicos. También acompañan a los refugiados más vulnerables. Con frecuencia, los gobiernos de países de destino favorecen la repatriación y dejan de lado la posibilidad de integración local, mediante restricciones al número de refugiados, aun cuando esa solución ofrezca ventajas prácticas a corto y largo plazo. Esto ocurre especialmente cuando la prolongada inestabilidad en los países de origen imposibilita el regreso de los refugiados(63). Entre las pocas excepciones figuran Papua Nueva Guinea, junto con Belice, México y Uganda(64). En 2005, Papua Nueva Guinea otorgó permisos de residencia a 184 refugiados de Indonesia, sólo un año después de su llegada. Además, el Gobierno otorgó permisos por igual a hombres y mujeres, en reconocimiento explícito de la igualdad de derechos y como prueba de su compromiso en pro de la igualdad en cuestiones de género(65).

Si bien durante muchos años sólo unos pocos países ofrecieron a los refugiados la opción de reasentarse en un tercer país, es mayor el número de los que ahora están ofreciendo esta alternativa(66). Actualmente, el ACNUR está tratando de asignar prioridad a los hogares cuya jefa es una mujer y a las víctimas de violencia por motivos de género(67). En 2004, la Oficina en Guinea del ACNUR hizo un intento especial de incluir a mayor cantidad de mujeres cuando presentó al Programa de Refugiados de los Estados Unidos los nombres de 2.500 mujeres(68). El Brasil también ha comenzado a recibir mayor cantidad de familias cuya jefa es una mujer. Al llegar, se les ofrecen cursos de idioma, capacitación, asistencia para encontrar empleo, microcréditos y guarderías infantiles(69).

No obstante, al facilitar la integración social, cultural y económica de las mujeres refugiadas pueden suscitarse problemas. Muchas mujeres refugiadas están sobrecargadas con las tareas domésticas y la atención de sus hijos. Tal vez los miembros masculinos de la familia se opongan a que las mujeres trabajen fuera del hogar. El aislamiento y la falta de familiaridad con la sociedad anfitriona pueden causar depresión. Para abordar esta necesidad, el Consejo Canadiense para los Refugiados ofrece reuniones semanales a las mujeres refugiadas y servicios de guardería durante las sesiones. Los organizadores alientan a que las mujeres aprendan las unas de las otras y se brinden apoyo mutuo, para hacerse al mismo tiempo más independientes(70).

Los programas en que los inmigrantes ayudan a otros inmigrantes pueden ser especialmente útiles con respecto a los recién llegados. En Australia, las mujeres inmigrantes procedentes de las Islas Cook están acogiendo a las refugiadas recientemente llegadas del Cuerno de África(71). En otros lugares, se está tratando ahora de ampliar los servicios de salud y superar las barreras socioculturales y lingüísticas que pueden impedir que muchas personas acudan en procura de los servicios. En el Canadá, donde se está tratando continuamente de integrar a los refugiados en el sistema existente de servicios de salud, más mujeres refugiadas experimentadas están ayudando a las recién llegadas a tener acceso a servicios de salud, sociales y educacionales(72). En Austria, el Centro Omega de Servicios de Salud ofrece asesoramiento psicológico y social, además de servicios médicos, a los refugiados y víctimas de tortura, prestando atención a las cuestiones de género(73). En los Estados Unidos, la organización sin fines de lucro RAINBO ayuda a las comunidades de refugiados a cobrar conciencia acerca de cuestiones de salud sexual y salud reproductiva, prestando especial atención a la mutilación o corte genital femenino. También colabora con servicios de salud para mejorar la calidad de la atención de las mujeres que han sido objeto de esa práctica(74).

Pese al progreso, subsisten muchos problemas, al igual que para las mujeres migrantes en general. Esto refleja la situación en muchos países de destino: hay progreso desigual y discrepancias apreciables entre las políticas y su aplicación.