Introducción Introducción Capítulo 5 Capítulo 5
Capítulo 1 Capítulo 1 Notas Notas
Capítulo 2 Capítulo 2 Notas para las citas Notas para las citas
Capítulo 3 Capítulo 3 Notas para los recuadros Notas para los recuadros
Capítulo 4 Capítulo 4 Indicadores Indicadores
CAPÍTULO 4 Printer Friendly imprimir artículo
Chapter 1 Por la fuerza y no de buen grado:
Las mujeres refugiadas y las solicitantes de asilo

Mayor protección y reconocimiento

Violencia contra las mujeres y las niñas

Salud reproductiva, incluida la prevención del VIH

Repatriación, integración y reasentamiento

Con voz tenue y ojos entornados, Hajji relata su historia. Hace cinco meses, cuando estaba embarazada de cuatro meses, se marchó de su aldea huyendo de un conflicto que sigue destrozando las vidas de innumerables personas en Darfur (Sudán). Ella, su esposo y sus siete hijos recorrieron bajo un sol abrasador 55 kilómetros de desierto antes de llegar al campamento de Kalma, un refugio seguro apiñado junto a las vías ferroviarias, cerca de la frontera entre el Sudán y el Chad. Abandonaron su hogar, sus amigos y una vida a la que nunca podrán reintegrarse.

El campamento de Kalma es el más grande de Darfur y aloja a más de 100.000 personas internamente desplazadas (PID). Muchos de sus residentes probablemente se marcharán en procura de seguridad a otros países u otros continentes. El 10 de mayo de 2005, Haiji dio a luz a una hermosa y saludable niñita en una clínica apoyada por el UNFPA y dirigida por la organización Médecins du monde. El nombre de la niñita, "Esperanza", sirve como invocación para el futuro y añoranza de todo lo que su familia ha perdido. Esperanza es también lo que posibilita que millones de mujeres, hombres y niños huyan del conflicto, la persecución y la conculcación de sus derechos humanos, pese a que la huída acarrea dificultades, incertidumbre, temores y violencia . Es por la fuerza, y no de buen grado, que abandonan sus familias, sus hogares, sus comunidades y hasta los países donde han nacido.

Aun cuando los desplazamientos forzados entrañan riesgos para quienquiera que los intente, las mujeres y las niñas enfrentan problemas particulares durante la huida, en los albergues transitorios y en los asentamientos permanentes. En 2005, había en el mundo aproximadamente 12,7 millones de refugiados, una mitad de los cuales eran mujeres, y había 773.500 solicitantes de asilo a escala mundial(1). Por otra parte, además de riesgos y peligros, la huida ofrece a los refugiados la oportunidad de escapar de la explotación, la discriminación y la persecución. La desintegración de una sociedad también puede ofrecer la oportunidad de reconstruirla nuevamente sobre bases de igualdad y de respeto a los derechos humanos. Tras el fin de las hostilidades, las mujeres refugiadas desempeñan un papel de importancia crítica en el establecimiento de una paz duradera y la restauración del orden social y económico(2). Para muchas mujeres refugiadas, la reconstrucción puede ofrecer la vía para escapar a la discriminación y la oportunidad de ejercer una autonomía recientemente adquirida. Pero para muchas otras, esto no ocurre.

Las mujeres y las niñas enfrentan numerosos peligros y obstáculos a lo largo de toda la experiencia como refugiadas. Cuando las escuelas y los establecimientos médicos se cierran, los empleos se pierden y los grupos armados asumen el control, son en gran medida las mujeres y las niñas quienes se encargan de cuidar a otros niños y a los enfermos y ancianos. Muchas deben padecer embarazos no deseados o forzados y tienen necesidades especiales con respecto a problemas de salud sexual y reproductiva. Asimismo, a menudo soportan una parte desproporcionada de las responsabilidades y las cargas. Algunos grupos de mujeres-entre ellas, las jefas de hogar, las excombatientes, las ancianas, las discapacitadas, las viudas, las jóvenes madres y las adolescentes no acompañadas-son más vulnerables y requieren protección y apoyo especiales. Aun cuando las mujeres constituyen una proporción más alta de los refugiados ancianos, con frecuencia se hace caso omiso de sus necesidades particulares(3). Además, muchas también han quedado viudas y se encargan de niños huérfanos o separados.




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RAZONES PARA OTORGAR ASILO: RECONOCIMIENTO DE LA PERSECUCIÓN POR MOTIVOS DE GÉNERO

Actualmente, es excesivo el número de mujeres que siguen tropezando con considerables obstáculos en sus intentos de presentar denuncias de persecución: es una importante razón por la cual, a diferencia de los refugiados, por lo general las mujeres constituyen una proporción pequeña del total de quienes solicitan asilo. Por razones históricas, y debido a que las delegaciones de los países, integradas exclusivamente por hombres, no consideraron que la persecución pueda basarse en cuestiones de género, la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y su Protocolo de 1967 no reconocieron específicamente que es una razón válida para invocar la condición de refugiado(1).

En 2002, el ACNUR dio a conocer un conjunto de directrices internacionales en que afirma que la definición internacional de refugiado "incluye las reivindicaciones relativas a cuestiones de género"(2) , las cuales abarcan formas de persecución peculiares a las mujeres, o que afectan primordialmente a las mujeres, o que ocurren debido a que son mujeres, entre ellas, las formas graves de discriminación por motivos de género (por ejemplo, las mujeres afganas durante el régimen de los Talibanes)(3) . Las solicitudes de asilo basadas en problemas de género pueden incluir violencia sexual, violencia doméstica, trata, planificación de la familia bajo coacción, aborto forzado, mutilación o corte genital femenino, asesinatos "para preservar la honra", matrimonios forzados, castigo por contrariar las normas sociales y discriminación contra parejas del mismo sexo(4) . En todos los casos, quienes solicitan asilo por motivos de género necesitan satisfacer los criterios estipulados para tener derecho a la condición de refugiado, de conformidad con la definición de la Convención.

Pese a esos y otros factores, los funcionarios tienden a favorecer una definición estrecha de qué es un refugiado. Eso significa que a veces son renuentes a reconocer la persecución por motivos de género como justificación para otorgar asilo, especialmente cuando esa persecución es perpetrada por ciudadanos privados y cuando el Estado no está en condiciones de ofrecer protección(5) . Hay quienes aducen que la violencia contra las mujeres es de naturaleza demasiado personal para equipararla a la persecución; otros temen que todas las solicitudes de asilo sobre la base de la discriminación o el ataque tengan que ser aprobadas necesariamente si se considera a las mujeres como "grupo social particular". Sin embargo, la experiencia en el Canadá y los Estados Unidos ha probado que esto no sucede(6).

En 1993, el Canadá fue el primer país del mundo que adoptó directrices según las cuales se define a las mujeres como "grupo social particular" según lo indicado en la Convención de 1951. Esto sentó las bases para establecer directrices relativas a cuestiones de género en otros países, entre ellos Australia, Sudáfrica, el Reino Unido y los Estados Unidos(7) . En 1995, el Gobierno de los Estados Unidos otorgó asilo a una mujer que huía de la mutilación o corte genital femenino. Fue un precedente importante y posteriormente el Gobierno otorgó asilo admitiendo razones de "asesinato para preservar la honra" y matrimonio forzado.

En 2004, el Consejo de Europa aprobó una directiva que, entre otras cosas, reconoció formas específicas de persecución de los niños y las mujeres, inclusive la violencia sexual. Esa ley, aplicable a casi todos los Estados miembros de la Unión Europea, exhorta a los países a dar cumplimiento a la norma aprobando y haciendo cumplir leyes nacionales antes de octubre de 2006(8) . Si bien el objetivo de la Unión Europea es establecer un sistema común de asilo para todos sus miembros antes de 2010, actualmente cada país tiene sus propias políticas. Por ejemplo, de los 41 países europeos estudiados durante 2004 por el ACNUR, 17 reconocen explícitamente que la violencia sexual es una forma de persecución, pero el resto no hace lo propio. Un poco más de la mitad de esos países reconocen que la discriminación puede constituir una forma de persecución, mientras que las tres cuartas partes de ellos no reconocen en sus procedimientos de asilo la explotación sexual y la prostitución forzada. Sin embargo, dos terceras partes de esos Estados reconocen los agentes de persecución no estatales(9).

El Reino Unido se destaca como uno de los países europeos más progresistas en lo concerniente a las políticas que protegen a las mujeres solicitantes de asilo. Además de la publicación en 2004 de Gender Issues in the Asylum Claim, la jurisprudencia reconoce el papel de grupos armados no estatales en el fomento de la violencia sexual(10) . Con todo, incluso en países donde las políticas son más progresistas, la aplicación de esas normas puede no ser sistemática(11) . La consolidación de las políticas de asilo en la Unión Europea ofrece la oportunidad de fortalecer y estandarizar las directrices aplicables a las mujeres que solicitan asilo.

No obstante, las probabilidades de solicitar asilo y de que éste sea otorgado son mayores para los hombres que para las mujeres. En 2000, las mujeres representaban sólo 33% de los solicitantes de asilo al Canadá(12) , y en 2002, aproximadamente una tercera parte en Europa(13) . Esto obedece a que, por lo general, las mujeres no son el principal solicitante (los que solicitan asilo son los parientes varones); razones de género pueden dificultar la presentación de casos (por ejemplo, vergüenza con respecto a las dolorosas experiencias de ser violada o torturada y bochorno al comunicar información personal a entrevistadores masculinos). Entre otros problemas figuran el hecho de que las mujeres probablemente serán entrevistadas conjuntamente con sus esposos u otros compañeros íntimos cuando no son el solicitante principal, aun cuando hayan sido objeto de persecución. Esta situación se agrava a veces dada la ignorancia del entrevistador acerca de la manera en que las diferencias culturales respecto del comportamiento femenino pueden influir en los resultados de la entrevista (por ejemplo, renuencia a mirar directamente a los ojos)(14).

Además, algunas directrices nacionales sobre asilo probablemente reconocerán a quienes han sido perseguido por el Estado (más frecuentemente, hombres) que a víctimas de persecución por agentes no estatales (más frecuentemente, mujeres, quienes probablemente serán amenazadas por miembros de su familia o su comunidad, como en el caso del "asesinato para preservar la honra", la mutilación o corte genital femenino o la violencia conyugal)(15) . Incluso cuando las mujeres tienen actividad política, su involucramiento suele ser "de bajo nivel" y no de alta visibilidad, como el de los hombres. Gran parte del abuso se comete en el hogar, lo cual significa que puede ser más difícil reunir pruebas para justiciar la solicitud de asilo. Por consiguiente, las mujeres solicitantes de asilo pueden contrariar las nociones convencionales de persecución por motivos políticos y, en consecuencia, probablemente enfrentarán barreras cuando traten de presentar una solicitud(16).

El hecho de no reconocer las reivindicaciones por motivos de género-además de perpetuar la incertidumbre y el temor a una deportación que las devuelva a una situación amenazante"-también se ha vinculado con la migración en condiciones irregulares y los más altos riesgos de explotación. Algunas mujeres que tienen reivindicaciones legítimas pueden optar por eludir totalmente los procedimientos oficiales y transformarse, en cambio, en migrantes indocumentadas. Y dado que muchos países prohíben que los solicitantes de asilo tengan empleo legal, esto significa que muchas mujeres se ven obligadas a aceptar cualquier trabajo disponible, aun cuando esto pueda acrecentar el riesgo de explotación y/o de ser objeto de trata(17).

Aun cuando las políticas y las prácticas difieren y varían de un país a otro, se han puesto de manifiesto algunas buenas prácticas para que otros países sigan el ejemplo. Cabe citar al respecto la capacitación intercultural sensible a las cuestiones de género en beneficio de funcionarios, y también poner a las mujeres solicitantes de asilo al tanto de sus derechos, entre ellos, el derecho a ser entrevistada por separado y con carácter confidencial y de registrar su solicitud independientemente. El ACNUR recomienda que se asigne un entrevistador del mismo sexo, que hable con las mujeres en forma separada de otros miembros de la familia, a fin de asegurar el carácter privado de la entrevista y la libertad de expresión(18).


Mayor protección y reconocimiento

Tras muchos años de hacer caso omiso de las diferentes necesidades y los distintos papeles y experiencias de hombres y mujeres, la comunidad internacional está logrando importantes avances hacia la protección de las mujeres y las niñas refugiadas y la promoción de sus derechos.

En la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, de las Naciones Unidas, que data de 1951, y su Protocolo de 1967, se define a un refugiado como la persona que está fuera del país del que es ciudadano "debido al temor bien fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas"(4). En virtud del derecho humanitario internacional, los gobiernos están obligados a proteger a los refugiados contra la violencia y a salvaguardar sus derechos, incluidos los derechos a la educación, el trabajo y la libertad de movimiento y de culto(5). También están obligados por el principio de no devolución, en virtud del cual los refugiados no pueden ser obligados a regresar a su país de origen si tienen un razonable temor de que al hacerlo sus vidas correrán peligro.

Actualmente, varios acuerdos internacionales se centran en ampliar los medios de acción de la mujer y protegerla. En 1991, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) emitió las Directrices sobre la protección de las mujeres refugiadas, cuyo propósito es responder mejor a las necesidades de dichas mujeres y mejorar su participación en la adopción de decisiones. Las Directrices sobre violencia sexual y por motivos de género, emitidas en 2003, estipulan medidas adicionales para asegurar la protección y el apoyo de las sobrevivientes(6). Los organismos de socorro humanitario han logrado considerables adelantos en cuanto a aumentar la disponibilidad de servicios de salud, abordar la violencia por motivos de género, acrecentar la matriculación de los niños en las escuelas e involucrar a las mujeres refugiadas en la gestión de los campamentos(7).

En los últimos años, la comunidad internacional también ha emprendido importantes iniciativas encaminadas a proteger a las mujeres contra la violación durante los conflictos y después de éstos y enjuiciar a los perpetradores(8). Entre las iniciativas más importantes cabe mencionar el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, que tipifica la violencia sexual como crimen de guerra, de conformidad con el precedente establecido por los tribunales penales internacionales de Rwanda y de la ex Yugoslavia(9). Varias resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobadas entre 1999 y 2003 a fin de proteger a los niños durante los conflictos armados, también señalan las necesidades y las vulnerabilidades de las niñas y condenan la violencia sexual durante las operaciones de mantenimiento de la paz(10).

En todas las conferencias de las Naciones Unidas celebradas durante el decenio de 1990, los gobiernos convinieron en proporcionar protección especial a las mujeres refugiadas y satisfacer sus necesidades. Entre esos acuerdos cabe mencionar el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo celebrada en 1994 y la Declaración y Programa de Acción de Beijing, de 1995. En el año 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 1325, memorable disposición que dispone la participación de las mujeres en el proceso de paz y exhorta a proteger y apoyar a las mujeres atrapadas en medio de conflictos armados(11). El Documento Final de la Cumbre Mundial de 2005, aprobado por los Jefes de Estado y de gobierno, reiteró la importancia de aplicar la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas(12).

LA VIDA EN LOS CAMPAMENTOS

Los refugiados a menudo terminan viviendo en diversos emplazamientos transitorios. En algunos casos, permanecen con familias anfitrionas o se asientan en zonas urbanas. Pero muchos deben seguir viviendo en campamentos. Si bien algunos campamentos proporcionan refugio a unos pocos miles de personas, otros alojan a cantidades mucho mayores. (En 2003, había más de un millón de afganos residentes en campamentos pakistaníes(13)). Y si bien algunos campamentos de refugiados duran sólo unos pocos meses, debido a la persistente inestabilidad en los países de origen, esto es la excepción y no la norma. En 2003, la duración media en años de la residencia de personas en campamentos de refugiados era de 17 años(14). Varios campamentos palestinos fueron establecidos en 1948 y en 1967(15).

Muchos refugiados llegan a su lugar de destino en condiciones de agotamiento, enfermos y traumatizados. Antes de llegar, con frecuencia han sido testigos de extrema violencia, cuando no la han padecido directamente. Incluso cuando residen en campamentos, los refugiados pueden quedar atrapados en medio de las hostilidades entre distintas facciones, clanes o nacionalidades, y pueden ser vulnerables a los ataques transfronterizos. Las diferencias étnicas o religiosas con la comunidad anfitriona pueden suscitar resentimientos.

Especialmente en los momentos iniciales de una emergencia, es posible que la cantidad de albergues, agua, alimentos, medicamentos y servicios de salud sea insuficiente para el número de personas que buscan refugio. La educación de los niños es motivo de gran preocupación: de la cantidad de refugiados adolescentes de 12 a 17 años de edad en países en desarrollo, que se estima en 1,5 millón, sólo un 3% asistía a la escuela secundaria, según estimaciones para el año 2000(16). Las niñas tropiezan con barreras particulares, debido a que las mujeres y las niñas suelen dedicar más tiempo a realizar tareas domésticas, recoger alimentos, leña y agua, en vez de ir a la escuela o de obtener un ingreso(17). En respuesta, va en aumento el número de programas educacionales específicamente orientados a las niñas, para velar por que finalicen su educación. Para las jóvenes madres, esto puede ser particularmente difícil. En 2003 y 2004, el ACNUR y la Embajada de los Estados Unidos sufragaron el costo de las matrículas de las jóvenes madres refugiadas angoleñas en el campamento de Meheba (Zambia). Además, se ofreció a esas niñas guarderías infantiles y el apoyo de mujeres de más edad, que oficiaron de mentoras(18).

En algunos grupos de refugiados, tal vez algunas normas culturales tradicionales se arraiguen más, a consecuencia del desplazamiento. Esto puede redundar en limitaciones adicionales a la autonomía femenina. Durante su desplazamiento, las mujeres afganas refugiadas en el Pakistán, por ejemplo, adoptaron una forma más extrema de purdah (separación entre hombres y mujeres) que la que hicieron cumplir estrictamente los Talibanes cuando ellas regresaron al Afganistán(19). No obstante, la activa participación de las comunidades y de las propias mujeres puede contribuir a superar las actitudes discriminatorias. Tiene importancia particularmente vital asegurar que las mujeres, especialmente las que son jefas de hogar, tengan acceso a las oportunidades educacionales y de ganarse la vida. En el Pakistán, la organización Save the Children ofrece un programa de salud y alfabetización para mujeres refugiadas afganas que viven en provincias remotas. La Organización Alemana para el Desarrollo (GTZ) ha ofrecido durante los últimos 18 años cursos de alfabetización en muchos de los 250 campamentos de refugiados a los que ha brindado apoyo(20). En 2002, la Oficina del ACNUR ofreció en Liberia cursos de alfabetización a un grupo de mujeres que seguidamente procedieron a alfabetizar a otras mujeres. La organización también apoyó programas de obtención de ingresos; en un proyecto, un 80% de los 339 refugiados que recibieron capacitación en aptitudes prácticas y conocimientos para ganarse la vida eran mujeres y niñas adolescentes(21).

En el campamento de Buduburam (Ghana), la organización Unite for Sight estableció un programa sin par que proporciona alternativas económicas a mujeres liberianas refugiadas cuya situación económica era tan penosa que a menudo se veían forzadas a trocar relaciones sexuales a cambio de alimentos(22). Allí, las mujeres jefas de hogar producen estuches artesanales para anteojos, que son vendidos en los mercados mundiales. Todas las utilidades se destinan a una clínica oftalmológica para los refugiados en el campamento(23). Otro programa del ACNUR ofrece pequeñas remuneraciones mensuales y atención médica a los refugiados congoleños registrados residentes en Kampala (Uganda). Esos programas también contribuyen a enviar a los niños desplazados a la escuela. Los refugiados urbanos en Kampala, en su mayoría, son viudas con tres o más hijos(24).


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