CAPÍTULO 2
Chapter 1 Una poderosa corriente silenciosa:
Las mujeres y la migración

Globalización y migración de mujeres

Millones de rostros, innumerables experiencias

Las repercusiones socioeconómicas de la migración de mujeres

La experiencia de la migración: Aprovechar oportunidades, superar obstáculos

En una fábrica tailandesa, junto a la frontera con Myanmar, una mujer joven con rostro suavemente redondeado y grandes ojos, confecciona alhajas de fantasía para su exportación a América del Norte. Su nombre es Saokham; gana 140 baht tailandeses (aproximadamente 3,50 dólares EE.UU.) por día. En esta parte del mundo, es un salario respetable, particularmente para alguien que creció en la miseria en una aldea serrana de la provincia de Shan (Myanmar). Aun cuando Saokham recibió ocho años de enseñanza escolar gratuita, no pudo continuar su educación porque sus padres eran demasiado pobres para sufragar las matrículas escolares. A los 14 años de edad siguió los pasos de su hermana mayor—que se había marchado del hogar hacía dos años—y emigró a la vecina Tailandia. Actualmente, vive con su joven esposo en una comunidad de compatriotas, cerca de la frontera con Myanmar. Dice: “Ahora que vivimos en Tailandia, tenemos dinero para comprar alimentos y para gastar. La vida es cómoda. En mi pueblo natal no teníamos trabajo, salvo en tareas agrícolas”.

Saokham forma parte de una revolución en constante crecimiento. Es una revolución relacionada con la movilidad y la autonomía; impulsada por la esperanza y asediada por el riesgo. No obstante, sigue siendo en gran medida silenciosa. Actualmente, 94,5 millones, o casi la mitad (49,6%) de todos los migrantes internacionales son mujeres(1). Si hasta hace poco la migración internacional ha ocupado un lugar marginal en las politicas públicas en todo el mundo, la cuestión de las mujeres migrantes ha recibido aun menos atención. Esto se debe a que la investigación no ha tomado en cuenta las contribuciones socioeconómicas y las experiencias singulares de las mujeres y las niñas(2).

Es una omisión importante, que tiene grandes consecuencias, no sólo para las propias mujeres migrantes, sino también para las familias y las comunidades que quedaron atrás. Sus remesas constituyen una contribución sustancial al desarrollo y la reducción de la pobreza. Pese a ello, las mujeres enfrentan obstáculos y riesgos desproporcionados por el simple hecho de ser mujeres. Esos obstáculos y riesgos son, entre otros, discriminación—en el lugar de origen y en el de destino—, malos tratos y explotación, que ponen de manifiesto hasta qué punto se descuidan sus derechos (véase el Capítulo 3). No obstante, en los hechos la migración ha sido una experiencia positiva para millones de mujeres y sus familias en todo el mundo. Al trasladarse a un nuevo país, las mujeres están expuestas a nuevas ideas y normas sociales que pueden promover sus derechos y posibilitar que participen más plenamente en la sociedad; también pueden tener influencia positiva sobre las normas de género en el país de origen. En todos los casos, los encargados de formular políticas necesitan centrar la atención en la manera en que la discriminación influye sobre el curso de la migración internacional a nivel individual, familiar, comunitario y nacional. Sólo cuando se encauce correctamente la migración internacional, se asegurará la vigencia de los derechos humanos de las mujeres migrantes y se plasmarán plenamente sus contribuciones a sus familias, sus comunidades y sus países.



"En ese país [Etiopía], hay muy limitadas oportunidades de empleo . . . sólo recuerdo cuánto sufrí antes de encontrar un empleo en el Yemen . . . si no me hubiera marchado al extranjero a trabajar, la situación habría empeorado para mí y mi familia".

— Mujer etiope que emigró (indocumentada) al Yemen para trabajar en el servicio doméstico. En un lapso de cuatro años, logró que sus cinco hermanas también emigraran.

Globalización y migración de mujeres

Si bien a lo largo de la historia las mujeres, en su mayoría, han migrado debido al matrimonio o la reunificación familiar, en los últimos decenios aumentó el número de mujeres—casadas y solteras—que migran por sí solas o en compañía de otras mujeres u otros migrantes ajenos a su círculo familiar(3). Las mujeres están en marcha en todas partes del mundo, impulsadas por las oportunidades y las fuerzas de la globalización. Los prejuicios con respecto a lo que es trabajo “adecuado para el hombre” o “adecuado para la mujer”, sumados a políticas oficiales y prácticas de los empleadores influyen sobre las razones por las que hombres y mujeres se trasladan, las ocupaciones a las que aspiran y las condiciones en que se desplazan.

Si bien hay demanda tanto de mujeres como de hombres migrantes, estos últimos probablemente ocuparán empleos más calificados y mejor remunerados. Las mujeres, por otra parte, suelen verse constreñidas a ocupaciones tradicionalmente “femeninas”—como tareas domésticas, sectores de servicios (camareras, etc.) y trabajo sexual—con frecuencia, empleos inestables con bajos salarios, ausencia de servicios sociales y deficientes condiciones de trabajo(4). No obstante, debido a que el cuidado de los demás y las tareas de enfermería siguen siendo funciones tradicionalmente femeninas, algunos cauces de inmigración están ahora ampliamente abiertos y cuentan con mecanismos oficiales para satisfacer la demanda de empleadas. Por otra parte, aun cuando su migración sea legal, con frecuencia las mujeres quedan relegadas a empleos en que están sujetas a discriminación, condiciones arbitrarias de trabajo y malos tratos.



Gráfico 5: Tendencias de la migración femenina, por continente/región, 1960-2005

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Fuente: División de Población de las Naciones Unidas. 2006. Trends in Total Migrant Stock: The 2005 Revision.


LA DECISIÓN DE PARTIR

Además de responder a la demanda mundial de servicios, las mujeres adoptan la decisión de marcharse al extranjero debido a diversos factores que las “empujan” fuera de su país de origen, entre ellos, obligaciones familiares, desempleo, bajos salarios, pobreza, escasas oportunidades sociales y económicas y deseo de ampliar sus horizontes. Por lo general, pesan sobre las mujeres mayores restricciones, en lo concerniente a las finanzas y la adopción de decisiones, que sobre los hombres, y esto puede obstaculizar su libertad de movimiento. No obstante, las oportunidades de obtener ingresos en el extranjero pueden paliar las limitaciones tradicionales de la movilidad femenina. Los disturbios económicos y sociales también pueden proporcionar el ímpetu para marcharse. Por ejemplo, la crisis económica de 1998 y la “dolarización” de la moneda ecuatoriana en el año 2000 desencadenaron una cuantiosa corriente de nuevos migrantes a España(5). De manera similar, la crisis financiera de 1997 en Asia condujo a la emigración de muchas mujeres provenientes de los países más pobres(6). Para las mujeres educadas que no pueden superar la discriminación en el empleo existente en su propio país, la emigración ofrece una oportunidad de encontrar trabajo que más probablemente aproveche sus aptitudes(7). Asimismo, las mujeres migran para huir de matrimonios abusivos y tradiciones patriarcales que limitan sus oportunidades y su libertad(8). Otro factor que impulsa a muchas a partir es la discriminación contra ciertos grupos de mujeres: madres solteras, mujeres solteras, viudas o divorciadas(9).




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LA FEMINIZACIÓN DE LA MIGRACIÓN: CANTIDADES Y TENDENCIAS

En los últimos 40 años, la cantidad de mujeres que han migrado es casi igual a la de hombres. La mayoría de ellas se trasladaron para ir al encuentro de sus esposos en los países de destino: Australia, el Canadá, Nueva Zelandia y los Estados Unidos. Hacia el año 2005, la cantidad de mujeres migrantes era ligeramente superior a la de hombres migrantes en todas las regiones del mundo, a excepción de África y Asia(1).

Entre las regiones desarrolladas, América del Norte es excepcional en cuanto a que desde 1930, la cantidad de mujeres migrantes ha sido superior a la de hombres migrantes y sigue siéndolo, tanto en el Canadá como en los Estados Unidos(2). En Europa y en Oceanía también se están registrando crecientes cantidades de inmigrantes de sexo femenino, que desde el año 2000 son superiores a las cantidades de sexo masculino(3). Entre los migrantes a Australia, en los últimos tres decenios el número de mujeres ha sido superior al de hombres. Las mujeres que migran a Australia, Nueva Zelandia, Europa y América del Norte, en su mayoría, lo hacen por razones de reunificación familiar, y por orden de importancia, siguen las cantidades de migración laboral y de solicitantes de asilo(4).

En el mundo en desarrollo, también han aumentado pronunciadamente las cantidades de mujeres migrantes laborales(5).

En Asia, el número de mujeres que emigran de algunos países ha sobrepasado al de hombres. Las mujeres, en su mayoría, migran solas a países vecinos del Asia oriental, el Oriente Medio y otros países. Hacia el año 2000, según estimaciones, había dos millones de mujeres asiáticas que trabajaban en países vecinos(6). En 2005, más del 65% de casi 3.000 filipinos que se marchaban del país cada día para trabajar o residir en el extranjero, eran mujeres(7). En 2002, por cada emigrante masculino de Sri Lanka había dos mujeres que emigraban(8). Entre 2002 y 2003, en promedio un 79% de todos los migrantes que se marchaban de Indonesia para trabajar en el extranjero eran mujeres(9). Se estima que hacia mediados del decenio de 1990, cada año 800.000 mujeres asiáticas migraron al Oriente Medio, mayormente como trabajadoras domésticas(10).

Las mujeres de América Latina y el Caribe también tienen mucha movilidad. Hacia 1990, las mujeres migrantes de América Latina fueron las primeras del mundo en desarrollo cuyas cantidades alcanzaron paridad con las de hombres migrantes(11). Los países de destino fueron los de Europa, América del Norte y otros de América del Sur. La tendencia a la feminización también es muy llamativa entre migrantes que se desplazan desde Centroamérica y América del Sur hacia España, pues en 2001 las mujeres constituían casi un 70% de todos los inmigrantes procedentes del Brasil y de la República Dominicana(12). Las mujeres de esta región también predominan claramente en las corrientes migratorias hacia Italia, donde en el año 2000 un 70% o más de las personas provenientes de 13 de los 30 países de origen eran mujeres(13). A partir del decenio de 1950, en cada decenio las cantidades de mujeres caribeñas migrantes a América del Norte han sido superiores a las de hombres; y las mujeres están bien representadas en las categorías de trabajadores calificados(14). La industria del turismo ha sido un importante factor de atracción que impulsó la migración de mujeres caribeñas(15).

En África, la pobreza generalizada, las enfermedades, la degradación de los suelos y las altas tasas de desempleo masculino están contribuyendo a un sostenido aumento en las cantidades de mujeres migrantes, con tasas superiores al promedio mundial(16). Hacia 2005, de los 17 millones de inmigrantes en África, un 47% eran mujeres— en comparación con 42% en 1960—y los mayores aumentos ocurrieron entre migrantes en las regiones orientales y occidentales del continente(17). Si bien las mujeres africanas, en su mayoría, circulan dentro de su región, también se están desplazando hacia países de América del Norte y de Europa. Por ejemplo: las mujeres procedentes de Cabo Verde constituyen un 85% de todas las personas de ese país que migran a Italia(18). Las oportunidades de empleo en Francia han atraído a crecientes cantidades de mujeres educadas procedentes de zonas urbanas del Senegal(19). Las enfermeras también están en marcha: nigerianas hacia la Arabia Saudita; y otras procedentes de Ghana, Sudáfrica y Zimbabwe migran al Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos(20).

En la región de los países árabes, las normas socioculturales siguen limitando la movilidad femenina. Aun cuando se carece de datos fidedignos, en general se acepta que la cantidad de hombres emigrados supera en mucho a la de mujeres. Los principales factores han sido el desempleo, los conflictos armados y las necesidades económicas. Los hombres jóvenes que migran desde países más pobres hacia los Estados productores de petróleo donde las condiciones económicas son mejores, han predominado en las corrientes migratorias para satisfacer la demanda de trabajadores en la construcción y en las infraestructuras, después del aumento en los precios del petróleo.



Millones de rostros, innumerables experiencias

Las mujeres migrantes se desplazan para contraer matrimonio, reunirse con esposos y familias que han migrado antes, o trabajar. Son las empleadas domésticas, son quienes limpian las residencias y cuidan a los enfermos, los ancianos y los niños. Son agricultoras, camareras, trabajadoras en talleres donde las explotan, profesionales sumamente calificadas, maestras, enfermeras, artistas del espectáculo, trabajadoras del sexo, recepcionistas, refugiadas y solicitantes de asilo. Son jóvenes y ancianas, casadas, solteras, divorciadas y viudas. Muchas migran con sus hijos. Otras se ven forzadas a dejarlos atrás. Algunas son educadas y buscan oportunidades más adecuadas a sus calificaciones. Otras proceden de medios de bajos ingresos o rurales pobres y van en busca de una vida mejor para ellas mismas y sus hijos.

MIGRAR PARA CASARSE: MATRIMONIOS CONCERTADOS POR LAS FAMILIAS O FORZADOS, Y NOVIAS PEDIDAS POR CORREO

El matrimonio ha sido un factor importante en la migración de mujeres y sigue siéndolo(10). Sin embargo, en el mundo globalizado de hoy, la migración para contraer matrimonio tiene un aspecto adicional: el creciente fenómeno de las uniones internacionales, inclusive las novias pedidas por correo y los matrimonios concertados por las familias o forzados.

En algunas culturas, los matrimonios concertados por las familias son muy comunes, especialmente entre emigrantes del subcontinente de la India, donde tanto hombres como mujeres migran con esos propósitos(11). En muchos casos, los matrimonios concertados por las familias pueden redundar en una unión satisfactoria que dura toda la vida. Pero cuando se hace caso omiso de los deseos de la mujer o la niña y de sus derechos humanos, esas uniones pueden ser calificadas más correctamente de “forzadas”(12).

Actualmente, los gobiernos de países de destino están tratando de hacer frente a esta cuestión. En 2004, el Reino Unido estableció una oficina que se ocupa de matrimonios forzados, en un intento por frenar la práctica y proporcionar apoyo a las víctimas(13). En Australia, una ley reciente estipula prisión por 25 años para quienquiera que envíe a una menor al extranjero para que contraiga matrimonio contra su voluntad(14). En Dinamarca, las autoridades han establecido una red nacional de centros de crisis al servicio de mujeres y niñas que han sido obligadas a contraer matrimonio(15). El Gobierno de Francia también ha expresado su preocupación y se propone poner coto al reconocimiento automático de las uniones de extranjeros(16).

En Asia también hay gran demanda de novias extranjeras (véase el Recuadro 5). La migración a Taiwán, Provincia de China, con el propósito de contraer matrimonio está aumentando aceleradamente. Las novias extranjeras, mayormente procedentes de China y el Asia sudoriental, ahora son unas 300.000, la mitad del total de la población de extranjeros(17). Desde el decenio de 1990, casi 100.000 mujeres vietnamitas han contraído matrimonio con hombres de Taiwán(18). También hay un pronunciado aumento de las cantidades de mujeres que migran a Corea del Sur para casarse con hombres locales(19). No obstante, aun cuando el matrimonio se realice por “consentimiento mutuo”, las mujeres de países más pobres siguen sometidas a términos y condiciones desiguales, debido a que esas uniones suelen efectuarse con hombres de países más ricos(20).

En lo concerniente al comercio mundial de novias pedidas por correo y por conducto de Internet, en general las mujeres son participantes de buen grado, o bien con el deseo de encontrar un compañero que las apoye y les dé seguridad económica, o bien como medio de ingresar legalmente en otro país. No obstante, el trueque entraña que dependen de sus futuros esposos para que se regularice su situación de legalidad(21). En este caso, la demanda también impulsa a la oferta. En Rusia, por ejemplo, casi mil agencias ofrecen servicios de intermediación(22), y se estima que entre 10.000 y 15.000 mujeres rusas emigran cada año con visados de novias: en los últimos diez años, según el Departamento de Justicia, ingresaron en los Estados Unidos 80.000 mujeres en esas condiciones(23). Además, las empresas que encargan novias por correo pueden servir de pantalla para encubrir el reclutamiento y la trata de mujeres, inclusive las que envían mujeres rusas para que trabajen en la industria del sexo en Alemania, el Japón y los Estados Unidos(24). En 2005, los Estados Unidos, dada la posibilidad de abuso, autorizaron a los consulados a proporcionar información a las futuras novias con respecto a sus presuntos esposos(25).




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LAS “NIÑAS DESAPARECIDAS” DE ASIA Y LA DEMANDA DE NOVIAS

En algunas partes de Asia, diversos factores están impulsando la demanda de posibles novias. En muchos países del Asia oriental y sudoriental el aumento del número de mujeres que ingresan a la fuerza laboral—sumado a la tendencia a aplazar el matrimonio y la maternidad, o desistir completamente de ambos—está redundando en la demanda de novias más “tradicionales” que se ocupen de mantener el hogar(1). La migración de campesinas a las ciudades es otro factor que explica el déficit de novias. Los investigadores también atribuyen la escasez a que más de 100 millones de mujeres y niñas han “desaparecido”, vale decir, han sido eliminadas mediante la selección prenatal en función del sexo y el infanticidio(2). Las principales razones de diezmar silenciosamente la población de niñas son la decidida preferencia por los hijos varones y las exorbitantes exigencias de pago de dotes. Se estima que en China y en la India, respectivamente, han desaparecido 40,1 y 39,1 millones de mujeres y niñas(3).

Para colmar esa laguna, los hombres están cada vez más a la búsqueda fuera de las fronteras de sus propios países. En la India, los aldeanos recurren a intermediarios que procuran mujeres y niñas en Bangladesh y Nepal y éstas a menudo enfrentan discriminación por ser pobres y étnicamente diferentes y por haber sido compradas; esto “justifica” los comportamientos abusivos de algunos esposos que piensan que “son propietarios” de sus esposas. Para algunas mujeres y sus familias, esos arreglos ofrecen una vía de escape de la pobreza. Pero para otras es un pasaje sin retorno hacia una vida de tribulaciones, exclusión social y trabajos forzados(4).

Un estudio realizado en 2005 de 213 mujeres migrantes vietnamitas que habían vivido en China constató que casi un 30% de ellas habían sido vendidas como novias. Muchas manifestaron que habían aceptado ese arreglo debido a la pobreza (91% indicaron que su ingreso “no alcanzaba para sobrevivir”, y 69% mencionaron el desempleo), y también para mantener a padres y madres ancianos (80%). Si bien muchas habían previsto enviar remesas a su lugar de origen, muchas se encontraron confinadas en el hogar y obligadas a labrar la parcela de la familia. Los investigadores también descubrieron pruebas de malos tratos físicos y de conculcación de los derechos reproductivos(5).


TRABAJO PRIVADO Y NECESIDADES PÚBLICAS: TRABAJADORAS DOMÉSTICAS

El servicio doméstico es uno de los principales sectores que impulsan la migración laboral femenina internacional. A medida que fue aumentando el número de mujeres de América del Norte, de Europa occidental y del Asia oriental que ingresaron a la fuerza laboral, fue disminuyendo la cantidad de mujeres disponibles para cuidar a los ancianos, los niños y los enfermos. En los Estados Unidos, por ejemplo, la proporción de mujeres que trabajan y tienen hijos menores de seis años aumentó pronunciadamente desde 15% en 1950 hasta más de 65% en la actualidad(26). Pese al acelerado ingreso de las mujeres en la fuerza laboral, no hubo un cambio correlativo en cuanto a que los hombres asumieran una proporción equivalente de las responsabilidades en el hogar.

Además, la ausencia de políticas propicias a la familia y de servicios de guardería torna imprescindible, para quienes pueden sufragar esos servicios, contratar niñeras y trabajadoras domésticas. En verdad, los hogares con doble ingreso han pasado a ser necesarios allí donde el costo de la vida es alto. El mayor número de familias en situación económica holgada, la disminución de las prestaciones sociales (debido a la reforma del régimen de bienestar social y la privatización), la mayor longevidad y la creciente población de ancianos también están acrecentando la demanda(27). Todos esos factores han estimulado las corrientes masivas de mujeres provenientes de países de Asia, América Latina y el Caribe y ahora también, cada vez más, de África (véase el Capítulo 3). En España, por ejemplo, aproximadamente un 50% de las cuotas anuales de inmigración corresponden a trabajadoras domésticas(28). Las trabajadoras domésticas asiáticas, en su mayoría, emigran a países del Oriente Medio, donde la prosperidad impulsa la demanda(29). Asimismo, las trabajadoras domésticas se desplazan en una misma región, desde países más pobres hacia países más prósperos.

Para millones de mujeres y sus familias, la “cadena mundial de cuidados” ofrece considerables beneficios, aun cuando con algunos graves inconvenientes, entre ellos la separación de los hijos y otras personas queridas (véase el Recuadro 6). Además de recibir sueldos varias veces superiores a los habituales en el país de origen, las trabajadoras domésticas internacionales también obtienen beneficios personales y sociales, entre ellos mejores oportunidades de educación y servicios de salud para sus hijos, obsequios, dinero extra para enviar al país de origen y viajes con las familias de sus empleadores. En el caso de trabajadoras domésticas musulmanas en los Emiratos Árabes Unidos, la oportunidad de hacer el peregrinaje a la Meca puede plasmar un sueño de toda la vida(30).




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LA “CADENA MUNDIAL DE CUIDADOS”: EQUILIBRIO ENTRE LAS FUNCIONES PRODUCTIVAS Y REPRODUCTIVAS

Muchas de las migrantes internacionales que trabajan en el servicio doméstico o cuidan a otras personas en el extranjero también tienen sus propios hijos y ancianos de quienes deben ocuparse. Es común que las mujeres migrantes transfieran esta responsabilidad a otras mujeres de la familia; o, gracias a su mayor ingreso en el extranjero, contraten a su vez a trabajadoras domésticas de bajos ingresos para que cuiden sus propios hogares. Este fenómeno es conocido como “la cadena mundial de cuidados”, un sistema internacional de atención de las personas, estratificado en función de la clase social y, a menudo, del grupo étnico de pertenencia(1).

Muchas trabajadoras domésticas terminan encargándose de ambos hogares: el de sus empleadores y el propio, a distancia. Tanto ellas como sus empleadoras femeninas siguen cargando con responsabilidades desproporcionadas: las mujeres destinan un 70% de su tiempo no remunerado a atender a otros miembros de la familia: efectúan una contribución a la economía mundial que permanece en gran medida sin reconocimiento(2). Es evidente que al abandonar a la propia familia para poder mantenerla se paga un enorme precio psicológico y emocional. Esas mujeres brindan amor y afecto a los hijos de sus empleadoras, a cambio de ingresos que puedan mejorar la calidad de vida de sus propios hijos, a muchos de los cuales a veces dejan de ver durante muchos años.


LOS SECTORES DE LAS ARTES DEL ESPECTÁCULO, DE LA HOSPITALIDAD Y DE LA INDUSTRIA DEL SEXO SE GLOBALIZAN

La globalización ha redundado en una explosión en los sectores del espectáculo y de la industria del sexo, que proporcionan cauces adicionales de migración para las mujeres, aunque debido en gran medida a la escasez de otras alternativas.

Las constancias en el Reino Unido pusieron de manifiesto que en 2004, la categoría que ocupaba el segundo lugar entre las mayores cantidades de solicitudes de permisos de trabajo presentadas por mujeres extranjeras correspondía a “artes del espectáculo y entretenimiento”, pues totalizaban 5.908, mientras otras 4.627 correspondían a “hospitalidad, servicios de comidas” y “otras” ocupaciones(31). En el Canadá, a mediados del decenio de 1990 se otorgaron más de 1.000 permisos transitorios de trabajo por año a bailarinas exóticas(32). En 2004, el Japón admitió a casi 65.000 mujeres con visado para la industria del entretenimiento, la mayoría de ellas procedentes de Filipinas(33). Esas grandes cantidades (sumadas a la preocupación respecto a la trata de seres humanos) han impulsado a ese Gobierno a reconsiderar los requisitos para quienes trabajan en la industria del entretenimiento(34).

El deslinde entre “entretenimiento” (cantantes, bailarinas, anfitrionas) y el trabajo en la industria del sexo suele ser poco claro, especialmente cuando se trata de mujeres que han sido obligadas a migrar y/o secuestradas(35). Por ejemplo, en 2004 más de 1.000 mujeres rusas trabajaban en la industria del sexo en Corea del Sur. Muchas habían ingresado al país con visados de entretenimiento o de turistas, pero seguidamente varios empresarios y reclutadores las obligaron a dedicarse a la prostitución(36).

La industria del sexo es lucrativa. A lo largo del decenio de 1990, constituyó más del 2% del PIB en cuatro países del Asia sudoriental(37). Las trabajadoras del sexo circulan en Asia y Europa y también viajan desde América Latina hacia Europa y América del Norte y desde Europa oriental hacia Europa occidental(38). Debido a la naturaleza en gran medida no reglamentada y clandestina de esas industrias, es difícil obtener datos fidedignos, y las cantidades reales probablemente son superiores a las estimaciones. Además, muchas trabajadoras permanecen en el país de destino después de la expiración de sus visados. Según algunas estimaciones, hay entre 200.000 y 500.000 mujeres que trabajan en la industria ilegal del sexo en la Unión Europea; muchas de ellas han sido objeto de trata(39).



"Aquí había muchas oportunidades para mis hijos, que podían tener una vida diferente. Por esas oportunidades y por todas las cosas buenas que tienen mis hijos, yo amo este país, realmente lo amo y estoy muy agradecida".

- Trabajadora doméstica venezolana residente en los Estados Unidos, que huyó junto con sus dos hijos, de un esposo que la maltrataba.

UN MUNDO DE APTITUDES, UN MUNDO DE OPORTUNIDADES: MUJERES PROFESIONALES

Va en aumento la cantidad de mujeres profesionales—maestras, enfermeras, científicas, técnicas y propietarias de empresas—que viajan al extranjero, pese a que muchas tropiezan con enormes obstáculos, simplemente para que se reconozcan sus calificaciones(40). Desde comienzos del decenio de 2000, aproximadamente una cuarta parte de las mujeres migrantes empleadas en Finlandia, Suecia y el Reino Unido han trabajado en los sectores de educación y salud(41). Desde 2001, tanto el Reino Unido como los Estados Unidos han estado contratando maestras caribeñas directamente al egresar de la escuela secundaria y de la universidad y esto ha afectado negativamente la calidad de la educación en las escuelas jamaiquinas(42).

En el Reino Unido, también ha aumentado el número de mujeres migrantes que participan en los sectores de tecnología de la información y las comunicaciones, finanzas y empresas(43). En Australia, datos recientes también indican que es mayor el número de mujeres que migran al país para trabajar en cargos ejecutivos, profesionales y paraprofesionales(44). Las mujeres educadas y calificadas también están migrando de un país a otro dentro de la misma región, en África y en América Latina. Se incluyen en esos grupos, profesionales de las artes y las ciencias procedentes de la Argentina, Chile y el Uruguay, que migran al Brasil(45).

ENFERMERAS

La enorme demanda internacional de enfermeras está alentando a cantidades crecientes de mujeres a migrar. Pero a medida que los países más ricos se esfuerzan por satisfacer sus necesidades, otros están experimentando inquietantes déficit (véase el Recuadro 7). Más de una de cada cuatro enfermeras y asistentes de enfermería que trabajan en las grandes ciudades de los Estados Unidos ha nacido en el extranjero(46). En Nueva Zelandia, el registro de enfermeras indica que en 2002, un 23% eran extranjeras(47). En Singapur, un 30% de las enfermeras registradas en 2003 habían nacido fuera del país(48). Casi todas las enfermeras capacitadas en el extranjero que trabajan en el Reino Unido han migrado desde países de África, Asia y las Antillas(49); en verdad, entre 1998 y 2004 se cuadruplicó el número de enfermeras diplomadas procedentes de África(50).




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ÉXODO DE PROFESIONALES Y ESCASEZ MUNDIAL DE ENFERMERAS

Las corrientes masivas de enfermeras y parteras diplomadas y médicos que se marchan de los países más pobres para residir en países más ricos es uno de los problemas más difíciles planteados actualmente por la migración internacional. Pone de manifiesto complejidades de la migración en sus relaciones con la mitigación de la pobreza y los objetivos de desarrollo humano. Por una parte, las mujeres y los hombres calificados están recurriendo cada vez más a la migración como medio de mejorar sus propias vidas y las de sus familias. Por otra parte, sus países enfrentan crisis de los servicios de salud sin precedentes en el mundo moderno.

Esta situación está causando problemas sustanciales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una proporción mínima de 100 enfermeras por cada 100.000 personas, pero muchos países pobres ni siquiera se acercan a esa proporción. En algunos (República Centroafricana, Liberia, Uganda) la proporción es inferior a diez enfermeras por cada 100.000 habitantes, en comparación con más de 2.000 por 100.000 habitantes en países más ricos (como Finlandia y Noruega). En Europa, la proporción media es diez veces superior a las de África y el Asia sudoriental(1).

El éxodo anual de 20.000 enfermeras diplomadas y médicos sumamente calificados de África(2) está empeorando una situación ya grave para una región asolada por la enfermedad, el VIH/SIDA y la trágica realidad de que una de cada 16 mujeres enfrentará a lo largo de su vida el riesgo de morir de parto(3). Para alcanzar el Objetivo de Desarrollo del Milenio, de las Naciones Unidas, de reducir para 2015 las tasas de incidencia del VIH y de mortalidad materna e infantil, los países de África al sur del Sahara necesitarán contar con un millón de trabajadores de salud adicionales(4), inclusive 620.000 enfermeras más(5).

Por otra parte, las motivaciones para migrar abundan. En muchos países pobres, los sistemas de salud se están desintegrando, carecen de recursos y padecen de escasez crónica de suministros básicos, equipo y personal. Esta situación se exacerba por la abrumadora presión resultante de las masivas necesidades de atención de la salud. Las enfermeras citan los siguientes motivos de su intención de migrar: sobrecarga de trabajo, baja remuneración, escasas oportunidades de ascenso, falta de apoyo de gestión y deficientes relaciones de trabajo(6). Mientras tanto, la continua corriente de colegas que se marchan está agravando las disparidades existentes en los servicios de salud y contribuyendo a la desmoralización del personal que queda atrás. En el año 2000, el número de enfermeras que se marcharon de Ghana fue el doble de las que se diplomaron(7). Dos años después, el Ministerio de Salud estimó que el número de vacantes para puestos de enfermera era del 57%(8). En 2003, Jamaica y Trinidad y Tabago informaron acerca de vacantes de enfermería del 58% y 53%, respectivamente(9). Según se estima, en 2003 un 85% de las enfermeras filipinas empleadas estaban trabajando en el extranjero(10).

Los gobiernos han comenzado a hacerse cargo del problema. En 2004, el Departamento de Salud del Reino Unido dio a conocer un Código de conducta enmendado que restringe la contratación de enfermeras procedentes de países en desarrollo, a menos que haya un acuerdo oficial con el país de origen(11). No obstante, las agencias privadas siguen contratando(12). Entre abril de 2004 y marzo de 2005, 3.301 enfermeras de países vedados se registraron profesionalmente en el Reino Unido; y de ellas, la mayoría provenía de Sudáfrica(13). Tanto el Canadá como el Reino Unido están apoyando las medidas adoptadas por los países de origen (entre ellos, Jamaica y Sudáfrica) para capacitar a mayor cantidad de enfermeras y maestras, y contribuir así a contrarrestar los efectos negativos del éxodo de profesionales(14). El Consejo Sudafricano de Enfermería no registrará enfermeras procedentes de los 14 países de la Comunidad del África Meridional para el Desarrollo (SADC) si no media un acuerdo previo entre los respectivos gobiernos(15). Filipinas ha presentado varios proyectos de ley que estipulan que las enfermeras deben trabajar en el país durante un período mínimo de dos años antes de que se les permita marcharse(16).

También las asociaciones de enfermeras están expresando creciente preocupación acerca de los efectos del éxodo de profesionales y, al mismo tiempo, están buscando soluciones que sigan salvaguardando la libertad de movimiento: la profesión es una de las pocas integrantes de corrientes migratorias que ofrecen a las mujeres empleo en el sector estructurado de la economía y con remuneración decorosa. Las asociaciones nacionales de enfermeras, el Consejo Internacional de Enfermería (con miembros en 128 países)(17), la Federación Europea de Asociaciones de Enfermeras(18), y la Organización de Enfermeras Caribeñas(19) están adoptando enfoques cada vez más dinámicos y activos, inclusive exhortaciones a una mejor gestión en todo el mundo de los recursos humanos del sector de salud.

No obstante, esas medidas probablemente no frenarán la demanda. Según estimaciones de la OMS, hacia 2008, en comparación con 1997, Gran Bretaña necesitará 25.000 médicos más y 250.000 enfermeras más. Según proyecciones del Gobierno de los Estados Unidos, hacia 2020 será necesario cubrir más de un millón de cargos de enfermeras(20). Según varias proyecciones, durante los próximos cuatro a cinco años los déficit de enfermeras en el Canadá y Australia serán de 78.000(21) y 40.000(22) personas, respectivamente.


EMPRESARIAS Y COMERCIANTES

El autoempleo posibilita que las mujeres armonicen su trabajo con sus responsabilidades familiares y les ofrece alternativas a situaciones de discriminación laboral o explotación(51). En el África meridional y occidental, esto queda mejor ilustrado por la creciente cantidad de mujeres que dependen del comercio transfronterizo. Las mujeres de Zimbabwe, por ejemplo, están encontrando maneras creativas de suplementar el ingreso de sus familias, adquiriendo artículos en Mozambique, Sudáfrica, Tanzanía y Zambia para su reventa en su propio país, donde la inflación galopante ha alejado del alcance del comprador medio los artículos de consumo(52). El autoempleo también va en aumento entre las mujeres migrantes procedentes del Asia meridional, China y Turquía residentes en el Reino Unido(53).

TRABAJADORAS DE FÁBRICA

En los últimos decenios, el establecimiento de fábricas como las maquiladoras a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México y las industrias textiles en Asia, ha aumentado las oportunidades de empleo de la mujer. Esas industrias dependen en gran medida de las mujeres trabajadoras y han ofrecido a muchas un punto de partida para luego buscar trabajo en otros países. En 2001, las mujeres constituían casi las tres cuartas partes de los trabajadores extranjeros en las industrias textil y de confección de ropa en Mauricio. Si bien la mitad de ellas estaban casadas y tenían hijos, casi todas acudieron atraídas por los mayores salarios, aun cuando eso significara dejar atrás a los seres queridos, incluso a los hijos(54). En unas 200 fábricas establecidas en la Provincia de Tak (Tailandia), las mujeres migrantes de Myanmar constituyen casi un 70% de la mano de obra. Los salarios son mucho más altos. En su país de origen, las mujeres pueden ganar el equivalente de unos 15 dólares EE.UU. por mes, en comparación con unos 80 dólares EE.UU. en Tailandia(55). Con todo, abundan los abusos, entre ellos, retención del salario, pago insuficiente, deudas con las agencias de empleo, explotación y deficientes condiciones de vida y de trabajo, e insuficiente acceso a los servicios de salud.



Las repercusiones socioeconómicas de la migración de mujeres

REMESAS, EN DINERO Y EN ESPECIE

Pese a la escasez de datos, algo es evidente: el dinero que las mujeres migrantes envían al lugar de origen puede elevar por encima de la pobreza a las familias, y hasta a comunidades enteras. De un total de más de 1.000 millones de dólares EE.UU. en remesas enviadas a Sri Lanka en 1999, las mujeres aportaron más del 62%(56). De aproximadamente 6.000 millones de dólares remitidos anualmente a Filipinas a fines del decenio de 1990, las mujeres migrantes aportaron una tercera parte(57). Debido a que suelen recibir menos paga por igual trabajo (o a que están empleadas en sectores deficientemente remunerados), el importe total que remiten las mujeres puede ser inferior en comparación con el de los hombres. Sin embargo, los datos disponibles indican que las mujeres envían una proporción mayor de sus ingresos, regular y sistemáticamente(58).

Un estudio realizado en 2000 por el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación para la Promoción de la Mujer (INSTRAW) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indica que las mujeres procedentes de Bangladesh que trabajan en el Oriente Medio envían al lugar de origen, en promedio, un 72% de sus ingresos(59). El mismo estudio pone de manifiesto que un 56% de las remesas de mujeres se utilizaron para sufragar necesidades cotidianas y servicios de salud o educación, pauta que refleja las prioridades de las mujeres que migran al extranjero(60. Esto se debe en gran medida a que las mujeres tienen mayor inclinación a efectuar inversiones en sus hijos que los hombres y, en sociedades más tradicionales, tienden a carecer de control sobre las decisiones financieras, los bienes y las propiedades(61).

Los hombres, en cambio, tienden a gastar el ingreso de las remesas en artículos de consumo, incluidos automóviles y aparatos de televisión, y también a efectuar inversiones, por ejemplo, en bienes raíces y ganado(62). Por otra parte, un estudio de mujeres migrantes procedentes de Ghana y residentes en Toronto reveló que muchas se proponían construir viviendas en su país de origen (un 56% de ellas ya habían iniciado ese proceso)(63). Otra encuesta efectuada en la República Dominicana comprobó que un 100% de las mujeres repatriadas desde España habían establecido sus propias empresas(64).

Las remesas tendrían un papel aun más importante en promover el desarrollo y reducir la pobreza si las mujeres no estuvieran sujetas a discriminación en cuanto al salario, el empleo, el crédito y la adquisición de bienes, y si no se las excluyera de la adopción de decisiones en la familia y en las organizaciones del lugar de origen. Otro factor de disuasión para las mujeres más pobres es que los bancos tradicionales tienden a imponer altos cargos al usuario. Algunas instituciones están tratando de reducir el costo de los giros monetarios y posibilitar que las mujeres mantengan el control de sus remesas y las destinen a actividades productivas y de desarrollo. Entre esas instituciones figuran Fonkoze, banco haitiano alternativo cuya clientela está constituida por mujeres en un 96%(65); ADOPEM en la República Dominicana, filial de la Red Mundial de Bancos de Mujeres(66); el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)(67); y la Asociación Ovhibashi Mohila Sramik de Bangladesh (BOMSA), establecida por las mujeres migrantes repatriadas(68).

Las instituciones internacionales también han estado considerando más de cerca la cuestión de las remesas enviadas por mujeres migrantes, a fin de comprender de qué manera maximizar sus contribuciones al desarrollo socioeconómico, inclusive recientes actividades del INSTRAW y del UNFPA para fortalecer la investigación y el diálogo sobre políticas(69).

FORJAR REDES DE SOLIDARIDAD, PROMOVER LA IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES Y EL DESARROLLO

Sumadas a sus remesas financieras, las “remesas sociales” de las mujeres migrantes (ideas, conocimientos teóricos y prácticos, actitudes, etc.) también pueden estimular el desarrollo socioeconómico y promover la vigencia de los derechos humanos y de la igualdad entre hombres y mujeres. Las mujeres migrantes que envían dinero transmiten una nueva definición de lo que significa ser mujer y esto puede afectar la manera en que las comunidades consideran a las mujeres(70). Además, las mujeres que han migrado al extranjero también tienen un papel en la promoción de los derechos de las mujeres que quedaron en el lugar de origen. Un buen ejemplo es el de las enérgicas gestiones ante las autoridades que efectúan las mujeres expatriadas afganas para promover una mayor participación femenina en la nueva Constitución de su país de origen(71). En Bélgica, las expatriadas congoleñas apoyaron a sus compatriotas en la lucha por obtener mayor representación en la Asamblea Nacional mediante las primeras elecciones libres celebradas en la República Democrática del Congo(72).

Las mujeres que viven en el extranjero suelen adquirir actitudes, opiniones y conocimientos que pueden redundar en un mejor nivel de salud de la familia en el país de origen. Según un informe del Banco Mundial, un mejor estado de salud infantil y menores tasas de mortalidad son atribuibles a la educación en salud que reciben las mujeres migrantes residentes en el extranjero; esto se comprobó en casos de familias en Guatemala, México y Marruecos. Además, es más probable lograr esos beneficios para la salud cuando quienes emigran son las madres y no los padres(73).

Las remesas colectivas—reunidas por asociaciones en la diáspora—raramente se encaminan explícitamente a mejorar las vidas de las mujeres. Una excepción es la Asociación neerlandesa de filipinos en el extranjero. Los miembros proporcionan remesas colectivas en apoyo de mujeres pobres mediante programas de microcrédito y de establecimiento de pequeñas expresas(74). Otra excepción es una asociación de expatriados mexicanos en los Estados Unidos que envían fondos al estado de Michoacán (México). El gobierno local utiliza esas donaciones para capacitar a las mujeres en la confección de uniformes escolares que se venden a la Cámara de Comercio para su distribución en todo el país(75). Sin embargo, y en general, como lo demuestra el estudio de las asociaciones de migrantes procedentes de América Latina en los Estados Unidos, con frecuencia se excluye a las mujeres migrantes de la adopción de decisiones, tanto en el país que envía como en el que recibe migrantes. Los hombres administran la mayoría de las asociaciones en el país de destino y en el de origen, mientras las mujeres asumen papeles de apoyo administrativo, recaudación de fondos y organización de eventos(76).

A medida que va aumentando la cantidad de mujeres migrantes al extranjero, también aumenta la cantidad de mujeres que establecen sus propias redes de migrantes y transfieren conocimientos prácticos o recursos que están suscitando transformaciones en las ideas tradicionales sobre los papeles apropiados de hombres y mujeres(77). En Alemania, grupos de mujeres inmigrantes autoorganizados han cumplido funciones importantes en la lucha contra la trata de seres humanos y el racismo, y han promovido la condición jurídica y social independiente de las esposas de migrantes(78). Además, varios grupos de mujeres hicieron eficaces gestiones ante las autoridades para que el matrimonio forzado sea ilegal entre los 2,5 millones de emigrados turcos residentes en ese país(79). Mediante el programa “Migración para el desarrollo en África”, las mujeres oriundas de Guinea que viven en el extranjero están ayudando a las mujeres empobrecidas de sus lugares de origen a establecer y desarrollar microempresas(80). A partir de 1993, mujeres africanas residentes en Francia han formado una red de asociaciones de migrantes con el propósito de facilitar su integración en las sociedades anfitrionas y mejorar la calidad de vida en los países de origen(81).

LOS EFECTOS DE LA MIGRACIÓN SOBRE LOS PAPELES DE GÉNERO Y LA IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES

La migración puede transformar los papeles tradicionales, privados y públicos, de hombres y mujeres. Pero la relación entre migración e igualdad de hombres y mujeres es compleja. Si bien las experiencias son disímiles, cuando las mujeres migran solas (y no como parte de una familia), y además ingresan en el país legalmente y trabajan fuera del hogar, es más probable que consideren que su experiencia es positiva, especialmente si su radicación es permanente(82).

Cuando las mujeres migran por razones de reunificación familiar, tal vez algunos parientes fanáticos restrinjan sus relaciones sociales, en un intento de preservar la identidad cultural y “la honra”. Esto crea situaciones particularmente difíciles para las mujeres y las niñas que han dejado atrás una red amplia de parientas y amigas a quienes podían recurrir en procura de apoyo emocional. Este tipo de aislamiento cultural probablemente ocurrirá entre familias y comunidades de inmigrantes que se consideran marginadas y piensan que su identidad cultural está amenazada por el predominio de la sociedad anfitriona.

Por otra parte, para muchas otras mujeres migrantes la experiencia de la migración es tan positiva que tal vez titubeen en regresar a su lugar de origen por temor de tener que resignarse a perder la autonomía recientemente adquirida. En cambio, a veces es más probable que los varones migrantes deseen regresar al lugar de origen(83). Esta situación queda ilustrada en estudios sobre migrantes oriundos de la República Dominicana(84) y de México(85), residentes en los Estados Unidos. Si bien el trabajo puede ser la clave de la mayor independencia de las mujeres, sus esposos pueden ver menoscabada su posibilidad de ascenso social y tal vez terminen ocupando empleos menos calificados. También se comprobó que las mujeres migrantes suelen integrarse más rápidamente, debido al contacto con instituciones locales (como escuelas y servicios sociales) y es más probable que adquieran la ciudadanía estadounidense(86).

Cuando un hombre jefe de familia emigra al extranjero, algunas mujeres pasan a tener un papel más preponderante en cuanto al uso de los fondos de la familia, aun cuando continúe su dependencia relativa de las remesas(87). Por ejemplo, en Kerala (India), las mujeres que quedaron atrás informan de que las remesas de sus esposos que trabajan en los Estados del Golfo elevaron su autoridad y su condición social: un 70% de ellas abrieron sus propias cuentas bancarias, un 40% comenzaron a obtener un ingreso propio y la mitad tenían a su nombre los títulos de propiedad de sus tierras o viviendas(88).

Sin embargo, cuando las remesas son de poca cuantía o se interrumpen, muchas mujeres compensan el ingreso perdido, por lo general mediante empleos remunerados o estableciendo pequeñas empresas. Pese a que esto entraña estrés adicional y mayores responsabilidades, también puede conducir a una mayor autonomía y una mejor condición social. Durante los decenios de 1980 y 1990, cuando las economías de los países de destino experimentaron grandes contracciones y el ingreso proveniente de las remesas se fue extinguiendo, las mujeres africanas asumieron el control de las tareas agrícolas y aportaron más al ingreso de la familia(89). No obstante, cuando los esposos migrantes abandonan completamente a sus esposas, las consecuencias pueden ser atroces, particularmente cuando se estigmatiza a las mujeres por estar solas, o privadas de la propiedad de inmuebles y tierras, o imposibilitadas de obtener trabajo.

La migración también afecta los papeles masculinos tradicionales. Un estudio de hombres procedentes de Bangladesh que habían emigrado a Singapur reveló que, una vez repatriados—y a diferencia de la práctica consuetudinaria—muchos escogieron por sí mismos a sus futuras esposas y, en algunos casos, las trataron con mayor equidad, a consecuencia de sus experiencias en el extranjero(90). Cuando son los hombres quienes quedan atrás, ellos también puede adaptarse y aceptar nuevos papeles. Un estudio sobre mujeres que habían emigrado de Indonesia comprobó que muchas manifestaron que sus esposos las trataban con más respeto y asumían mayores responsabilidades en la crianza de los hijos(91). En los Estados Unidos, los esposos de migrantes dominicanas tendían a contribuir más a las tareas del hogar y a pasar más tiempo en él que con sus amigos92. No obstante, cuando son los hombres quienes quedan atrás, la migración de sus esposas tal vez constituya una afrenta a las nociones tradicionales de identidad y autoridad masculinas.



La experiencia de la migración: Aprovechar oportunidades, superar obstáculos

Las experiencias de las mujeres migrantes son tan variadas como sus antecedentes y las comunidades a las que se trasladan. Si bien la migración conlleva muchos beneficios, no le faltan problemas.

Desde un principio, las políticas de inmigración discriminatorias pueden limitar los cauces de migración legal. Esto relega a muchas mujeres a los sectores laborales más vulnerables o a una condición de dependencia respecto de los inmigrantes varones; en los peores casos, las mujeres pueden terminar como víctimas de trata. Las migrantes, en su mayoría, proceden de países en cuya trama social y cultural está profundamente arraigada la discriminación contra la mujer. Esto coloca a muchas en situación desventajosa que, a su vez, puede redundar en insuficiente acceso a la información relativa a las oportunidades de trabajo en los países de destino, así como a los costos, beneficios y medidas necesarias para migrar legalmente y en condiciones de seguridad(93). Al solicitar la asistencia de otra persona o de un contrabandista, la mujer puede colocarse en situación de considerable peligro y endeudarse excesivamente.

Durante el tránsito, las mujeres migrantes—en particular, cuando se trata de migración no autorizada—corren riesgo de acoso y abuso sexuales. Pueden ser objeto de coacción para ofrecer favores sexuales a cambio de protección o de permiso para atravesar fronteras(94). Por ejemplo, investigadores que estudiaron casos de mujeres migrantes que viajaban solas a través de Centroamérica rumbo a México constataron que los hombres percibían a esas mujeres como “dispuestas a cualquier cosa”. A menudo, los hombres migrantes obligaban a las mujeres migrantes a entablar relaciones sexuales con las autoridades fronterizas a fin de franquear el paso a todo el grupo(95). En 2005, la organización Médecins sans frontières informó de que tanto los oficiales de seguridad como otros migrantes estaban infligiendo abusos sexuales a mujeres y menores procedentes de países de África al sur del Sahara durante su tránsito a través de Marruecos, rumbo a España. Las mujeres también son vulnerables a lo largo de la frontera entre Marruecos y Argelia, particularmente al acoso de los contrabandistas y los tratantes que quieren explotarlas sexualmente. El aborto en malas condiciones no es infrecuente y también se registraron incidentes de embarazadas que eran depositadas y abandonadas en la frontera entre Marruecos y Argelia(96). Hay pruebas anecdóticas de que al menos un 50% de las mujeres migrantes que parten del África occidental hacia Europa vía Marruecos están o bien embarazadas, o bien en compañía de niños de corta edad. Muchas dan a luz sin atención y ocultas en los bosques, por temor a ser deportadas si acuden a los servicios médicos(97).

Tras llegar al país de destino, las mujeres migrantes están en situación doblemente desventajosa—por ser inmigrantes y por ser mujeres—y a veces triplemente desventajosa, cuando se agregan factores de raza, clase o religión. Las que sufren sevicias y violencia tal vez no tengan idea de cuáles son sus derechos y tal vez teman repercusiones si recurren a la policía o a servicios de apoyo. Las mujeres también tienen necesidades prioritarias en materia de salud reproductiva y derechos reproductivos, pero las barreras jurídicas, culturales o idiomáticas redundan en que muchas tropiecen con dificultades para tener acceso a la información y a los servicios.

DELIBERADAMENTE O POR OMISIÓN: POLÍTICAS DISCRIMINATORIAS

Las políticas de países de origen y de destino afectan las decisiones sobre quién ha de emigrar y cómo lo ha de hacer. A veces, hay discriminación por inadvertencia, mientras en otros casos, las mujeres tal vez dominen en ciertas corrientes migratorias, como las de enfermeras y trabajadoras domésticas, pero es bien posible que se haga caso omiso de sus necesidades y sus derechos concretos. Algunas políticas redundarán en la exclusión lisa y llana de las mujeres inmigrantes. Otras políticas—a veces bien intencionadas y encaminada a aumentar las oportunidades de empleo—dejan de lado, no obstante, las múltiples responsabilidades femeninas en cuanto a trabajo, familia y comunidad. En ausencia de guarderías infantiles y redes de familias ampliadas, aquellos factores pueden impedir que las mujeres participen en cursos para adquirir conocimientos prácticos o aprovechen otras oportunidades educacionales de que disfrutan los inmigrantes(98).

Las particulares necesidades de mano de obra de un país afectan directamente la medida en que hombres y mujeres tienen probabilidades de encontrar trabajo en el extranjero y posibilidades de migrar legalmente. Tradicionalmente, las políticas que invitan a inmigrantes con carácter transitorio para colmar lagunas en determinados sectores, tienden a favorecer las ocupaciones donde predominan los hombres. Desde que en el siglo XIX se descubrió la existencia de oro y diamantes en Sudáfrica, por ejemplo, hubo gran demanda de hombres migrantes. En Sudáfrica, los ciudadanos de los 14 países miembros de la Comunidad del África Meridional para el Desarrollo (SADC) tienen más probabilidades de encontrar trabajo legal en la industria de la minería, donde un 99% de los empleados son hombres. No hay un sector de empleo equiparable que facilite el ingreso de las mujeres(99). En cambio, si bien los agricultores comerciales sudafricanos prefieren trabajadoras de países vecinos, debido a que la migración transfronteriza suele ser irregular, las mujeres que migran por razones laborales siguen sin la protección de las leyes existentes(100). Si bien la industrialización en Asia ha requerido mano de obra para la construcción, las manufacturas y los cultivos en plantaciones (“trabajo de hombres”), las mujeres mayormente satisficieron la demanda de servicio doméstico y cuidado de los niños(101).

Cuando los países de destino prefieren candidatos calificados, las implicaciones para las mujeres migrantes pueden ser de dos tipos. Las mujeres de bajo nivel socioeconómico y con poca educación pueden tener graves desventajas y muy probablemente terminarán trabajando en empleos irregulares, estacionales y en el sector paralelo y no estructurado de la economía (“sector informal”)(102). En Francia, por ejemplo, un estudio comprobó que las mujeres constituyen las dos terceras partes de quienes no pueden adquirir ciudadanía debido a sus insuficientes conocimientos lingüísticos(103). Asimismo, la entrada de trabajadores calificados puede basarse en determinados criterios, por ejemplo, prueba de haber trabajado ininterrumpidamente un cierto número de años, conocimiento de idiomas, un determinado nivel de ingresos o nivel educacional(104). Esos criterios, aunque no deliberadamente, discriminan contra la mujer. Por otra parte, la demanda de mano de obra calificada también puede abrir oportunidades de migración en beneficio de mujeres mejor educadas, como ocurrió cuando en el decenio de 1980, Australia cambió sus preferencias, y ya no favoreció a los trabajadores manuales, sino a los profesionales(105).

A veces, los gobiernos restringen la inmigración de mujeres a fin de “protegerlas”. Por ejemplo, se prohibió la migración de mujeres a Bangladesh, el Irán, Nepal y el Pakistán(106). Los datos aportados por el Gobierno de Bangladesh muestran que menos de 1% de los migrantes entre 1991 y 2003 fueron mujeres. Esto se debió en gran medida a las mayores restricciones y barreras burocráticas que obstaculizaron más la emigración de mujeres(107). No es necesario señalar que esto sólo aumenta las probabilidades de que las mujeres recurran a vías irregulares(108). Un ejemplo: según el Banco Asiático de Desarrollo, los Estados del Golfo y del Asia sudoriental tienen considerables cantidades de mujeres indocumentadas oriundas de Bangladesh(109). Pero recientemente, esas políticas gubernamentales han comenzado a cambiar. En 2005, Bangladesh derogó la prohibición(110) y, ese mismo año, la Corte Suprema de Nepal dejó sin efecto el requisito de que una mujer menor de 35 años necesitara el consentimiento de sus progenitores o de su esposo para obtener un pasaporte(111).

Las leyes laborales tienden a excluir algunos sectores de la economía en que predominan las mujeres inmigrantes, como el servicio doméstico y la industria del entretenimiento(112). Esto redunda en que muchas mujeres inmigrantes dependan de sus empleadores en lo tocante a su condición legal, sus necesidades básicas, como vivienda y alimentos, y el pago de los salarios que se les adeudan y que los empleadores tal vez retengan arbitrariamente a fin de forzarlas a actuar contra su voluntad. Además, las medidas gubernamentales para restringir la inmigración y limitarla a contratos provisionales a corto plazo, significan que muchas mujeres no pueden cambiar de empleador(113). Esto puede atraparlas en situaciones abusivas, sin control público y, en muchos casos, fuera del alcance de las políticas públicas.

En cada país de destino pueden variar los derechos, así como las condiciones de empleo y de trabajo, de conformidad con las leyes laborales y las políticas de inmigración. En muchos países, por ejemplo, se hace caso omiso de los derechos de las trabajadoras domésticas y muchas pasan años en el extranjero antes de volver a ver a sus familias (véase el Recuadro 8). Con frecuencia, las reglamentaciones del país de destino prohíben que los inmigrantes con bajas calificaciones laborales lleven consigo a sus familias. Esto está suscitando exhortaciones a adoptar políticas propicias a las familias y que apoyen a las trabajadoras inmigrantes. Italia y España figuran entre los escasos países que otorgan a los trabajadores no calificados la posibilidad de reunificación familiar, privilegio por lo general reservado a los inmigrantes que poseen “calificaciones profesionales”. También figuran entre los pocos países que han promovido activamente los derechos de las trabajadoras domésticas, debido en gran medida a las enérgicas gestiones que efectuaron ante las autoridades las organizaciones de mujeres(114).




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GEOGRAFÍA Y NECESIDAD: LA GLOBALIZACIÓN Y EL ADVENIMIENTO DE LA FAMILIA TRANSNACIONAL

A raíz de los desplazamientos humanos en masa ha surgido un nuevo fenómeno: la familia transnacional. Son familias transnacionales aquéllas cuyos miembros pertenecen a dos hogares, dos culturas y dos economías, simultáneamente. Esa situación tiene muchas variantes y se caracteriza por cambios entre quienes asumen papeles de jefes de familia, inclusive abuelas y jóvenes que se encargan de los niños cuando el padre, la madre o ambos están en el extranjero(1).

Cuando ambos progenitores se marchan, son las ancianas, las tías y otras mujeres de la familia quienes más probablemente han de encargarse de criar a los niños(2). Otras veces, los padres y madres migrantes tal vez dejen a los niños en el país de destino, mientras viajan reiteradamente de ida y vuelta. Una ilustración de este fenómeno es el caso de los “astronautas” del Asia oriental, quienes mantienen empresas en su país de origen, pero dejan a sus esposas e hijos en el Canadá(3). Grupos oriundos del Caribe y de Ghana que emigraron al Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos, se han adaptado a situaciones problemáticas de trabajo y de vida movilizando redes de la familia ampliada para que críen a sus hijos en el lugar de origen(4). En Cabo Verde, cuya población en la diáspora es mayor que la de residentes, casi todas las familias tienen miembros residentes en el extranjero(5). Las familias de Cabo Verde tal vez estén repartidas entre tres y cuatro ubicaciones diferentes, por ejemplo, la mujer trabaja en Italia o Portugal, su esposo en los Países Bajos, y los hijos quedan en el país de origen, al cuidado de parientes(6). Dado que hay más de ocho millones de filipinos que trabajan y viven en el extranjero, las familias filipinas transnacionales también son muy comunes(7).

Cuando las madres migran, la decisión puede ser penosísima. Para las mujeres, la separación también está colmada de sentimientos de culpa. Para los hijos, la pérdida del cuidado y el afecto de la madre puede cobrarse un alto costo emocional. Sean cuales fueren las circunstancias, las mujeres migrantes suelen tener escaso margen de opción, y se ven obligadas a dejar atrás a sus seres queridos. Si bien los hijos suelen decir que preferirían que quienes migran sean los padres y no las madres, muchos expresan gratitud y se enorgullecen de los sacrificios de sus madres. Estudios realizados en Indonesia y Filipinas encontraron en general escasas pruebas de efectos negativos sobre los hijos(8). Los hijos de progenitores migrantes tenían comportamientos y valores similares a los hijos de progenitores no migrantes y no se comprobó que estuvieran en situación más desventajosa, que padecieran trastornos o que tropezaran con mayores dificultades psicológicas. Un estudio que abarcó todo el país comprobó que era mayor la cantidad de hijos de migrantes filipinos que figuraban en el cuadro de honor de las escuelas y tenían menos probabilidades de repetir un grado que los hijos de quienes permanecían en el país(9). Otro estudio demostró que los niños comprendían que la decisión de migrar adoptada por sus madres obedecía a razones económicas y tenía la intención de procurar el bienestar de sus hijos(10).


LA TRAMPA DE LA DEPENDENCIA

Las mujeres que migran en virtud de planes de reunificación familiar por lo general ingresan al país de destino como familiares a cargo y tal vez tengan sólo un acceso limitado al empleo, los servicios de salud y otros servicios sociales(115). En países que distinguen entre el derecho de los migrantes a trabajar y el derecho a residir allí, las mujeres que ingresan como familiares a cargo tal vez sólo puedan trabajar ilegalmente(116). La condición de familiar a cargo también puede conducir a un “desperdicio de profesionales”. Esto ocurre cuando las mujeres migrantes capacitadas permanecen desempleadas o sólo pueden encontrar trabajo en ocupaciones muy por debajo de sus calificaciones. Además, si su matrimonio se desintegra o si la relación con su esposo es abusiva, una mujer inmigrante puede encontrarse atrapada por amenazas de deportación o pérdida de la patria potestad sobre sus hijos. Los hijos también sufren por la ausencia de apoyo material y emocional cuando el padre abandona a la familia o el matrimonio se disuelve. Al otorgar a las mujeres migrantes que han sido objeto de malos tratos una condición legal independiente, como ocurre en Suecia y los Estados Unidos—en lugar de hacer depender la situación de esas mujeres de la de parientes masculinos o esposos—se contribuye a proteger sus derechos y a liberarlas de la violencia(117).

TRABAJO Y SALARIOS

La proporción de mujeres inmigrantes que integran la fuerza laboral varía de un país a otro; no obstante, en general el nivel de desempleo es más alto para las mujeres inmigrantes(118). En muchos casos, esto también se constata en comparación con los niveles para hombres y mujeres nativos del país de destino, al igual que en comparación con los inmigrantes masculinos. Por ejemplo, en 17 países miembros de la OCDE (para los que se cuenta con datos), las tasas de desempleo de mujeres extranjeras son sustancialmente mayores que las correspondientes a mujeres nativas(119). Entre los inmigrantes procedentes de países de la SADC y residentes en Sudáfrica, un 38% de las mujeres inmigrantes estaban desempleadas, en comparación con un 33% de las mujeres nativas, un 30% de los hombres nativos y un 23% de los hombres inmigrantes(120).

Cuando las mujeres migrantes tienen altas tasas de desempleo y discriminación, muchas se ven obligadas a aceptar cualquier trabajo que esté disponible(121). Esto puede contribuir a que las poblaciones nativas piensen que las mujeres inmigrantes carecen de capacitación, aun cuando tal vez muchas tengan mayores calificaciones que las necesarias para el trabajo que hacen. Por otra parte, en algunos casos tal vez se ofrezca a los migrantes la oportunidad de ascender en la escala de remuneraciones: en los Emiratos Árabes Unidos, las trabajadoras domésticas filipinas se están empleando cada vez más como chóferes, una ocupación que tiene más altos sueldos y mayores prestaciones sociales(122).

En comparación con la situación de las mujeres en sus países de origen, las migrantes tal vez tengan salarios más altos; pero, en comparación con las mujeres del país de destino, probablemente estarán en condiciones mucho peores(123). Ganar menos puede conducir a que esas mujeres se empobrezcan y puede tener efectos negativos sobre las familias que quedaron atrás, al disminuir el monto de las remesas. Los datos de la Oficina de Censos de los Estados Unidos correspondientes al año 2000 indican que un 18,3% de las mujeres nacidas en el extranjero son pobres, en comparación con 13,2% de las mujeres nativas; y que de los hogares que tienen como jefa a una mujer inmigrante, un 31% son hogares pobres(124). Además, los bajos salarios pueden afectar la reunificación familiar para mujeres migrantes que son el único patrocinante de sus parientes. Esto se debe a que muchos países, como el Canadá y los Estados Unidos, requieren que quienes patrocinan la reunificación familiar aporten pruebas de sus ingresos y su autosuficiencia económica(125).

Los bajos salarios pueden tener nefastas implicaciones para las inmigrantes de más edad, especialmente las que están subempleadas, indocumentadas, son viudas o trabajan en empleos carentes de toda prestación. En muchos países de destino, entre ellos el Canadá y los Estados Unidos, los planes de pensión y otros programas sociales se basan en aportaciones a las cajas de jubilaciones efectuadas durante mucho tiempo y como porcentaje del sueldo. Además, haber trabajado irregularmente durante toda la vida significa que muchos inmigrantes de más edad carecen de ahorros para su jubilación o para sufragar su atención médica(126). En muchos países europeos, los derechos a una pensión se basan en los años de trabajo y de residencia. Las crecientes cantidades de migrantes de más edad dentro de la región europea está despertando particulares preocupaciones con respecto a las necesidades de las ancianas inmigrantes. En los Países Bajos, más del 90% de las mujeres marroquíes de 55 o más años de edad manifiestan que nunca han trabajado. En Austria, las mujeres inmigrantes que no proceden de países europeos son las que tienen los más bajos ingresos en el país; entre las de 60 o más años, un 19% de las procedentes de la ex Yugoslavia y un 23% de las procedentes de Turquía nunca tuvieron ningún tipo de ingreso propio(127).

GRUPO ÉTNICO Y RACISMO: BARRERAS ADICIONALES AL TRABAJO Y LOS SALARIOS

El grupo étnico de pertenencia y la clase social complican el problema de la discriminación por motivos de género, coartan el adelanto y redundan en menores salarios(128). Por ejemplo, en el Reino Unido (que desde hace mucho tiempo depende de los inmigrantes para cubrir empleos en la atención de la salud) el acoso se practica por doquier y el personal de raza negra (mayormente, mujeres caribeñas) está concentrado en gran medida en las categorías inferiores(129). En los Emiratos Árabes Unidos, una trabajadora doméstica procedente de Filipinas que tenga un diploma universitario gana un salario mucho más alto que su homóloga procedente de la India, sean cuales fueren las calificaciones de ésta última(130). Un estudio europeo constató que cuando las mujeres ciudadanas de países europeos se emplean en el servicio doméstico—a diferencia de las extranjeras—tienden a ser tratadas como profesionales(131).

Los Estados Unidos ofrecen un ejemplo de la manera en que las tareas domésticas se dividen de conformidad con líneas étnicas y raciales. En los decenios de 1950 y 1960, las mujeres afroamericanas predominaban en esas ocupaciones, pero hacia fines del decenio de 1980, esa proporción había disminuido pronunciadamente en todo el país. Aproximadamente al mismo tiempo, la brecha fue colmada por mujeres extranjeras nacidas en América Latina; solamente en Los Ángeles, la proporción pasó del 9% al 68%(132).




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MIGRACIÓN Y FECUNDIDAD

Una opinión bastante generalizada que puede servir para intensificar los sentimientos contra la inmigración es que los migrantes tienen más altas tasas de fecundidad que los no migrantes. Pero esto varía en gran medida entre distintas comunidades de inmigrantes, y depende de las circunstancias imperantes en el país anfitrión, del nivel socioeconómico de la mujer, de las normas culturales sobre fecundidad y del acceso a los servicios de salud reproductiva. En términos generales, cuando los inmigrantes (especialmente, los oriundos de países en desarrollo) llegan por primera vez, la tendencia es a que tengan mayor cantidad de hijos que los nativos, pero esa tendencia disminuye a lo largo del tiempo, debido a que muchos migrantes terminan adoptando las normas reproductivas del país anfitrión, lo que redunda en tasas de fecundidad similares a las de la población nativa(1).

El aplazamiento del matrimonio, la separación entre cónyuges, las presiones económicas, el costo de la crianza de los hijos, la autonomía femenina, la evolución de valores y normas, y las presiones para obtener legitimidad mediante la asimilación en las sociedades anfitrionas, son todos factores contribuyentes a la disminución de las tasas de fecundidad(2). Un estudio de 24 grupos de migrantes a Australia a lo largo de un período de 14 años, indicó que en todos los grupos, salvo dos (libaneses y turcos), las tasas de fecundidad o bien convergían hacia las locales o bien disminuían hasta niveles más bajos que los de la población nativa(3). La encuesta abarcó comunidades de migrantes procedentes de Egipto, Grecia, Malta, Nueva Zelandia, Polonia, Sudáfrica y Viet Nam, entre varios otros. En Suecia, un estudio sobre migrantes procedentes de 38 países comprobó que quienes habían vivido en el país durante al menos cinco años tenían niveles de fecundidad similares a los de la población nativa(4).

Sin embargo, hay variaciones, en función del grupo étnico y de una compleja interacción de factores socioeconómicos, culturales y políticos. En el Reino Unido, por ejemplo, los datos censales indican que todos los principales grupos pertenecientes a minorías étnicas tienen más hijos que la población nativa, especialmente entre los inmigrantes oriundos de Bangladesh, la India y el Pakistán(5).

Además, las mujeres migrantes también tienden a tener menor cantidad de hijos que sus homólogas en los países de origen(6). Por ejemplo, si bien en Belice, Costa Rica, la República Dominicana y El Salvador, las mujeres inmigrantes tienden a tener más hijos que las nativas (en Costa Rica, las tasas de fecundidad de inmigrantes son superiores en 40%)(7), sus tasas de fecundidad son, no obstante, inferiores a las de sus compatriotas que quedaron en sus países de origen. Las inmigrantes africanas en España tienen tasas de fecundidad ligeramente superiores a las de la población nativa pero mucho menores que las de sus países de origen(8). Por otra parte, en los Estados Unidos se verifica lo opuesto: las mujeres inmigrantes tienden a tener más hijos que las que quedaron en el país de origen; y si bien las tasas de fecundidad de inmigrantes son también más altas que las de las nativas, no afectan las tasas generales de fecundidad(9).

Durante los preparativos de la migración y en los cinco primeros años de asentamiento en un nuevo país, las mujeres inmigrantes pueden aplazar la maternidad y centrarse más en encontrar trabajo pero, después de unos pocos años, deciden empezar a tener familia. Esto queda ilustrado por el caso de las ecuatorianas que emigran a España. En los últimos años, ese país ha recibido grandes cantidades de jóvenes mujeres inmigrantes sudamericanas. En 1999, los hijos de mujeres ecuatorianas representaban sólo 4,9% de todos los alumbramientos de extranjeras, pero hacia 2004 constituían el 19,5%(10).

El nivel de fecundidad de las migrantes también puede depender de la edad y el nivel educacional, así como de la corriente migratoria a la que las mujeres pertenecen. La migración puede causar separación conyugal y esto puede redundar en el aplazamiento de la maternidad. Pero, una vez que la familia está reunificada, comienzan a aumentar las tasas reproductivas(11). En Australia, las mujeres inmigrantes profesionales calificadas tienen menores tasas de fecundidad que las nativas, mientras que quienes ingresan como refugiadas o por razones de reunificación familiar tienden a tener mayor cantidad de hijos(12). Las mujeres que migran cuando son muy jóvenes pueden adaptarse más rápidamente a las normas reproductivas de la sociedad anfitriona: en Francia, las tasas de fecundidad de mujeres inmigrantes que llegaron al país antes de cumplir 13 años son sólo ligeramente más altas que las de mujeres francesas; pero las tasas de fecundidad de quienes tenían de 25 a 29 años de edad en el momento de inmigrar son pronunciadamente más altas(13).


SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA

La salud de cualquier migrante resulta afectada por su género, sus antecedentes socioculturales y étnicos, el tipo de trabajo que realiza y su condición legal, así como la medida en que él o ella pueda sufragar costos y tener acceso a servicios, transporte y seguro de salud(133). Una anterior familiaridad con la educación y los servicios de salud pertinentes también afectará la capacidad del migrante para adoptar decisiones bien fundamentadas con respecto a su salud.

Si un migrante no puede hablar el idioma local, es más probable que tropiece con problemas para tener acceso a los servicios de salud. Los empleos en condiciones de explotación y baja remuneración también tienen efectos al respecto, y lo propio ocurre con la medida que el migrante y su comunidad están integrados en las corrientes principales de la sociedad. Por añadidura, la discriminación y el racismo por parte de los encargados de los servicios de salud acentúan las barreras culturales y lingüísticas.

Pero el propio país de destino y las mujeres inmigrantes se beneficiarían con un mayor acceso a la información y los servicios de salud reproductiva, inclusive servicios para las embarazadas y para la prevención y el tratamiento del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS). Por otra parte, las mujeres inmigrantes suelen ser oriundas de países donde la mala salud es una realidad cotidiana. Muchas poseen escasa información sobre cuestiones de salud y tienden a ser más pobres y menos educadas que sus homólogas nativas. El estado de salud puede resultar más comprometido por el estrés de ajustarse a un nuevo país y/o a la violencia y la explotación sexual.

Los trastornos del embarazo entre las migrantes han sido un grave problema en la UE, donde varios estudios constataron que las migrantes reciben poca o ninguna atención prenatal y tienen altas tasas de mortinatalidad y mortalidad infantil(134). Un estudio realizado en el Reino Unido comprobó que la exclusión social y el hecho de no ser blancas figuraban entre los principales factores de pronóstico de altas tasas de morbilidad materna(135). Otras investigaciones realizadas en ese país ponen de manifiesto que los hijos de mujeres asiáticas tienen menor peso al nacer y que las tasas de mortalidad perinatal y postnatal son mayores entre las inmigrantes procedentes del Caribe y del Pakistán que en la población en general(136). Varios estudios efectuados en hospitales también muestran que mujeres africanas que dieron a luz en Francia y Alemania tuvieron más altas tasas de complicaciones del embarazo y defunción perinatal que las homólogas nativas(137). Las inmigrantes turcas en Alemania también tenían más altas tasas de mortalidad perinatal y neonatal y en general, todas las mujeres inmigrantes tendían a tener más altas tasas de mortalidad materna(138). En España, los alumbramientos prematuros, el bajo peso al nacer y las complicaciones del parto son especialmente comunes entre las inmigrantes procedentes de África, Centroamérica y América del Sur(139).

Las mujeres inmigrantes suelen tener mayor incidencia de embarazos no deseados, debido al deficiente acceso a los anticonceptivos y a falta de información sobre éstos y la manera de obtenerlos. Varias investigaciones realizadas sobre países de América Latina indican que las mujeres migrantes encuestadas tienen mayor cantidad de embarazos no deseados y más bajo uso de anticonceptivos y, en general, utilizan los servicios de salud reproductiva con menor frecuencia que las no inmigrantes(140). En todos los países de Europa occidental la situación es la misma(141). En Alemania, los investigadores atribuyen la merma en el uso de anticonceptivos a que los programas se orientan a personas que hablan alemán y los inmigrantes a menudo provienen de países donde simplemente no se dispone de información sobre planificación de la familia(142). Asimismo, las presiones socioculturales pueden impedir que las mujeres migrantes recurran a los servicios, por temor a que las descubran los miembros de sus familias.

Las más altas tasas de aborto entre las inmigrantes reflejan su limitado poder en la adopción de decisiones y su falta de acceso a servicios de calidad de planificación de la familia. En España, las solicitudes de aborto tienden a ser dos veces más comunes entre las mujeres inmigrantes, especialmente las procedentes de países del África septentrional y al sur del Sahara(143). En Noruega, corresponde a las mujeres no occidentales más de una cuarta parte de todas las solicitudes de aborto, aun cuando ellas representan un 15% de la población(144). Un estudio realizado en una región de Italia constató que las mujeres nacidas en el extranjero tenían probabilidades tres veces mayores de someterse a un aborto que las mujeres locales(145).

SERVICIOS SENSIBLES A LOS FACTORES CULTURALES

Los factores socioculturales pueden influir sobre la situación de las migrantes en materia de salud reproductiva, incluidos los resultados del embarazo y el parto y el acceso a servicios de planificación de la familia. Con frecuencia, las mujeres procedentes de ámbitos más tradicionales se avergüenzan al ser examinadas por personal médico masculino, lo cual obstaculiza el acceso a servicios de salud reproductiva y obstétricos(146). En Dinamarca, varios estudios indican que la deficiente comunicación entre migrantes y encargados de servicios de salud, sumada al insuficiente uso de intérpretes capacitados, es una importante causa de deficiencias y demoras en la atención ginecológica(147). Un estudio comprobó que en Suecia, las inmigrantes jóvenes que son madres solteras tienen más probabilidades de registrarse tarde (después de 15 semanas de embarazo) en los centros de atención prenatal. El estudio llegó a la conclusión de que, al dotar al personal de aptitudes transculturales y al proporcionar intérpretes, podría mejorarse la calidad de la atención(148). En San Pablo (Brasil), según informes médicos, las tasas de mortalidad materna e infantil entre inmigrantes bolivianas eran muy superiores—en el caso de la mortalidad infantil, de tres a cuatro veces superiores—a las de las mujeres locales. Una migrante a menudo no acepta una operación cesárea—que puede salvarle la vida cuando hay obstrucción del parto—debido a que según algunas culturas indígenas esto entraña riesgo de pérdida de feminidad que puede impulsar a su esposo a abandonarla(149). En respuesta, la Secretaría Municipal de Salud está tratando de perfeccionar su programa y de incluir trabajadores de difusión en los idiomas quechua y aymara.

No obstante, pese a los mayores riesgos y obstáculos en el acceso a los servicios de salud, el contacto con nuevas normas relativas a la crianza de los hijos y a la adopción de decisiones por las mujeres puede ampliar los medios de acción de éstas. En verdad, en algunos casos, las mujeres inmigrantes obtienen acceso a servicios de salud reproductiva e información al respecto por primera vez en sus vidas (véase el Recuadro 10).




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ASUMIR CONTROL: MIGRACIÓN Y USO DE ANTICONCEPTIVOS

Muchas mujeres migrantes aprovechan la oportunidad de tener acceso a servicios de planificación de la familia con un entusiasmo tal que pone de manifiesto la situación relativamente desventajosa reinante en sus países de origen. En Bélgica, por ejemplo (al igual que en varios otros países), las tasas de uso de anticonceptivos de las mujeres inmigrantes son más altas que las de las mujeres nativas, y los métodos modernos van reemplazando a los tradicionales. Esta situación fue confirmada por un estudio que comprobó que de las mujeres migrantes turcas y marroquíes casadas de entre 25 y 29 años de edad, un 79% y 71%, respectivamente, utilizaban anticonceptivos, en comparación con sólo 44% y 35% en sus países de origen(1).

Una encuesta realizada en 2001 entre las mujeres procedentes de Malí y residentes en París comprobó que su tasa de utilización de métodos de planificación de la familia era casi tan alta (70%) como la de las mujeres francesas, en llamativo contraste con la tasa en Malí, que permanecía en sólo 6%. De esas mujeres, un 60% indicaron que recién al llegar a Francia se enteraron de la existencia de métodos anticonceptivos. Además, un 60% de ellas manifestaron que utilizaban anticonceptivos pese a la oposición de sus esposos(2).


PROPICIAR LA ESPERANZA, BRINDAR ATENCIÓN

Va en aumento el número de países que tratan de mejorar el nivel de salud reproductiva de las mujeres inmigrantes. Después del tsunami de 2004, en un estudio sobre inmigrantes procedentes de Myanmar y residentes en dos provincias de Tailandia, los investigadores descubrieron que una de cada cuatro madres había dado a luz sin atención de personal capacitado, 55% de todos los lactantes no habían sido inmunizados y sólo la mitad de todas las mujeres casadas estaban usando anticonceptivos. El estudio también comprobó que un 50% de todos los adultos entrevistados carecían de conocimientos básicos acerca del VIH, pese a la relativamente alta proporción (30%) de hombres solteros que manifestaron que pagaban para obtener relaciones sexuales, pero no utilizaban sistemáticamente condones (preservativos). En respuesta, la ONG World Vision, con el apoyo del UNFPA, amplió recientemente un programa al servicio de las comunidades de inmigrantes. Hasta la fecha, el personal de proyecto ha establecido clínicas de salud móviles, ha emprendido una campaña de educación sanitaria y ha contratado a personal médico que conoce el idioma birmano(150).

A lo largo del tiempo, Australia, el Canadá y Suecia han formulado políticas de amplia base a fin de abordar las barreras culturales y lingüísticas, no sólo impartiendo cursos de capacitación y contratando personal de servicios que posea sensibilidad cultural, sino también promoviendo la integración social y política de inmigrantes y refugiados. Se está comprobando que este enfoque es eficaz: varios estudios realizados en esos países han puesto de manifiesto iguales condiciones del embarazo para las inmigrantes y las mujeres nativas(151).




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VARADAS EN TRÁNSITO, LAS TRABAJADORAS DEL SEXO Y LAS JÓVENES RECIBEN APOYO Y ESPERANZAS

El pequeño poblado de Tecún Uman en Guatemala, junto a la frontera con México, atrae a muchos migrantes. En la “pequeña Tijuana”, el trabajo en la industria del sexo, el alcoholismo, la delincuencia y el tráfico de estupefacientes han proliferado tan rápidamente como la población de migrantes, quienes durante el pasado decenio han duplicado la población local, para llegar ahora a 32.000 habitantes. Casi la mitad son menores de 24 años de edad y proceden principalmente de países de Centroamérica y América del Sur, y de Asia. Esas personas, en su mayoría, van rumbo a los Estados Unidos o han sido deportadas desde México tras uno o más intentos fracasados.

En 2002, las investigaciones del Ministerio de Salud y Servicios Sociales constataron una tasa de prevalencia del VIH de 3,13% entre las trabajadoras del sexo, la mayoría de las cuales eran mujeres jóvenes. Muchas partieron inicialmente como migrantes pero quedaron varadas, sin medios para obtener ingresos, salvo trabajar en la industria del sexo. La violencia está tan generalizada que con frecuencia, las jóvenes se ven obligadas a trocar relaciones sexuales a cambio de protección.

Estoy muy asustada, pero la necesidad de viajar para mantener a mi hijo me ayuda. Sobre todo, toda mi familia necesita mucha ayuda"

Mujer salvadoreña de 21 años de edad, tras su primer intento fallido de atravesar la frontera.

"No tengo dinero; el poco que traía conmigo me fue robado; me atacaron y me quitaron todo el dinero y mis documentos."

Mujer hondureña de 24 años de edad, tras su segundo intento fallido de atravesar la frontera.

El UNFPA, preocupado por la creciente vulnerabilidad de las mujeres migrantes al VIH y consciente de la necesidad de adoptar medidas preventivas en la población local, se ha asociado con una ONG, EDUCAVIDA, y con La Casa del Migrante, dirigida por una orden religiosa católica, en virtud de una iniciativa financiada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). La Casa del Migrante ofrece albergue durante tres días, mientras los migrantes esperan recibir fondos para poder continuar su viaje hacia el Norte. Esto proporciona a los agentes de extensión una oportunidad de crear conciencia acerca del VIH/SIDA. Entre agosto y diciembre de 2005, atravesaron las puertas de La Casa del Migrante 32.597 personas (de las cuales, 2.484 eran trabajadoras de la industria del sexo). Los servicios ofrecidos abarcan sesiones educacionales sobre prevención del VIH, asesoramiento y detección voluntarios (VCT), distribución de condones (preservativos), tratamiento de las infecciones de transmisión sexual y atención médica, inclusive atención de las embarazadas. Las actividades de prevención también llegan a la población local, donde los líderes comunitarios y las organizaciones locales ahora están encabezando la lucha contra el VIH/SIDA(1).


MUJERES MIGRANTES Y VIH

Escasean los datos sobre infección con el VIH de los migrantes internacionales. No obstante, lo que está bien documentado es la alarmante “feminización” de la pandemia, que pone de manifiesto lo que puede suceder cuando se dejan totalmente de lado los derechos de la mujer.

Varios factores de índole fisiológica, social y cultural militan para que las mujeres y las niñas corran riesgos particularmente altos de infectarse con el VIH y otras ITS durante el proceso de migración. Las mujeres migrantes indocumentadas que quedan varadas en países de tránsito, en ruta hacia su destino final, y no pueden trabajar allí, pueden verse obligadas a entablar “relaciones sexuales para sobrevivir”, a cambio de artículos básicos o alimentos; esto aumenta la probabilidad de infección(152).

La violencia sexual torna a las mujeres aún más vulnerables. En un estudio sobre Sudáfrica se comprobó que las agricultoras migrantes procedentes de Mozambique y Zimbabwe eran particularmente susceptibles a la infección con el VIH debido a la violencia sexual. Un 15% de las encuestadas manifestaron que habían sido violadas o conocían a alguien que había sido violada o acosada sexualmente mientras realizaba labores agrícolas. Esas mujeres, en su mayoría, temían perder su empleo si denunciaban la violencia de que habían sido objeto. Según las encuestadas, los principales perpetradores eran los hombres procedentes de Zimbabwe(153).

La vulnerabilidad de las mujeres migrantes queda confirmada por algunas sombrías estadísticas. Según el programa ONUSIDA, en Francia, un 69% de todas los diagnósticos de VIH atribuidos a contactos heterosexuales durante 2003 correspondieron a inmigrantes, de los cuales, un 65% eran mujeres(154). En Costa Rica, una organización de servicios comprobó que un 40% de las mujeres que recibieron tratamiento por infecciones de transmisión sexual eran inmigrantes(155). En Sri Lanka, el Gobierno informó de que por cada inmigrante masculino que tenía reacción serológica positiva en 2002, había siete mujeres inmigrantes en las mismas condiciones. Aun cuando no se han dado a conocer las causas de esta enorme disparidad, los investigadores sugieren que el abuso sexual por parte de los empleadores y la explotación en los domicilios supuestamente “seguros” de las trabajadoras domésticas podían ser factores contribuyentes(156). A fin de minimizar los riesgos de infección, el Gobierno (con el apoyo del ONUSIDA y de la OMS) ha establecido programas de orientación antes de la partida a fin de que las mujeres migrantes estén al corriente de los riesgos del VIH/SIDA(157).

La migración estacional y la migración circular, en que las personas se marchan de su lugar de origen pero regresan a él periódicamente, también pueden contribuir a la transmisión del VIH(158). Un estudio realizado en el Senegal reveló que mientras están en el extranjero, los migrantes tienen relaciones sexuales sin protección y al regresar infectan a sus esposas. Las mujeres carentes del apoyo de sus esposos, los cuales han migrado, tal vez recurran al trabajo sexual para sobrevivir mientras ellos están en el extranjero(159).

Cuando los varones migrantes se infectan con el VIH, suelen cesar las remesas, debido o bien a que pierden su empleo, o bien a que deben gastar buena parte de sus ingresos en la atención de su salud. Según el ONUSIDA, las mujeres tal vez recurran a las relaciones sexuales como trueque o migren a su vez, para subsanar la menor cuantía de las remesas y mantener a los miembros de la familia(160). Botswana, país con una de las más altas tasas de prevalencia del VIH en todo el mundo (33,4%), comprueba que van decreciendo las remesas por parte de los esposos que padecen enfermedades relacionadas con el SIDA. Esto deja a las mujeres—por lo general las de más edad—obligadas a hacerse cargo de cuidar a los niños huérfanos(161).



La violencia por motivos de género es no sólo una conculcación de los derechos humanos, sino también una amenaza a la productividad y a la integración en la sociedad del país de destino.



VIOLENCIA CONTRA LA MUJER Y PRÁCTICAS NOCIVAS

La violencia por motivos de género es la manifestación más exacerbada de las desiguales relaciones entre hombres y mujeres. Debido a su condición de mujeres y de extranjeras (además de su raza y su grupo étnico), las mujeres inmigrantes corren riesgos desproporcionados de malos tratos físicos y violencia en el hogar, en las calles y en el lugar de trabajo. El problema es tan profundo, que el Secretario General de las Naciones Unidas emite informes exclusivamente sobre ese tema(162).

La violencia por motivos de género no sólo constituye una conculcación de los derechos humanos, sino que además amenaza la salud, la productividad y la integración social y económica de la mujer en la sociedad anfitriona. Algunos inmigrantes también proceden de culturas que mantienen prácticas nocivas, como la mutilación o corte genital femenino, los matrimonios forzados y los llamados “asesinatos para preservar la honra”.

Si bien hay una notable escasez de datos sobre la violencia ejercida contra mujeres migrantes, algunos estudios de menor magnitud indican una alta incidencia de malos tratos (véase también el Capítulo 3). Según un estudio reciente, en México un 46% de las mujeres migrantes habían sufrido algún tipo de violencia y un 23% de ellas manifestaron que los principales perpetradores habían sido los oficiales de aduana; seguían los agentes de la policía federal con 10%; la policía judicial y municipal 10%; y finalmente, los miembros de las fuerzas armadas con 6%(163). Según la Oficina de Empleo de Sri Lanka, en 2001 más de 1.600 mujeres denunciaron acoso en el lugar de trabajo en el extranjero(164).

CUANDO EL HOGAR NO ES EL LUGAR DONDE ESTÁ EL CORAZÓN, SINO ALLÍ DONDE ESTÁ EL DOLOR

La violencia doméstica no tiene límites. Ha infiltrado todas las sociedades, todos los grupos y todos los niveles de ingresos en todo el mundo: son víctimas de malos tratos domésticos desde un 10% de las mujeres en algunos países hasta 69% en otros(165). Las tensiones de trasladarse a un nuevo ámbito, del desempleo, de los salarios insuficientes y del racismo pueden causar frustración que se descarga en malos tratos infligidos a las compañeras(166).

En una encuesta se comprobó que un 31% de las inmigrantes procedentes de América Latina informaron de que sus compañeros habían redoblado sus actos de violencia después de radicarse en los Estados Unidos y un 9% de ellas manifestaron que los malos tratos habían comenzado después de llegar a ese país(167). Varios estudios indican que la violencia doméstica en los grupos de inmigrantes es muy superior a la tasa, estimada en 22,1% a lo largo de toda la vida, para la población estadounidense en general(168). Las tasas de malos tratos sexuales y físicos contra las mujeres inmigrantes encuestadas oscilaban de 30% a 50% en grupos procedentes de América Latina, el Asia meridional y Corea del Sur(169). Un estudio sobre mujeres de clase media con educación superior procedentes del Asia meridional y residentes en Boston reveló que casi un 35% de ellas habían padecido malos tratos físicos y un 19% habían sido víctimas de abuso sexual infligido por sus compañeros(170). Y según un informe sobre la salud en la ciudad de Nueva York, un 51% de los homicidios de mujeres cometidos por compañeros íntimos correspondía a mujeres nacidas en el extranjero, en comparación con 45% en la población nativa(171). En Alemania, un estudio gubernamental comprobó que 49% de las mujeres turcas casadas habían padecido violencia física o sexual(172).

Las mujeres migrantes procedentes de sociedades donde se aceptan por lo general los malos tratos domésticos como aspecto “normal” de las relaciones entre hombres y mujeres, probablemente no acudirán en busca de ayuda a la policía y otros servicios, especialmente si temen deportación o que los perpetradores se desquiten con ellas. Según los datos sobre violencia doméstica recogidos en Colombia, Nicaragua y el Perú, hay menos probabilidades de que las mujeres inmigrantes soliciten asistencia de la policía y los establecimientos de salud, en comparación con las mujeres nativas. Y ninguna de las mujeres que denunciaron malos tratos había solicitado ningún tipo de atención médica(173). De manera similar, una encuesta nacional representativa realizada en el Canadá constató que las mujeres inmigrantes y pertenecientes a “minorías visibles” (68% de ellas inmigrantes) que dijeron haber sido víctimas de malos tratos tenían menos probabilidades de acudir a servicios en busca de ayuda que la población en general(174). Otros factores, como el aislamiento cultural, lingüístico y social, hacen menos probable que las mujeres migrantes soliciten asistencia, aun cuando existan cauces de protección social y recursos jurídicos. Esto es especialmente así cuando las mujeres no tienen conciencia de sus derechos. Según investigaciones realizadas en los Estados Unidos, las mujeres inmigrantes tienden a permanecer en relaciones abusivas durante más tiempo que las mujeres estadounidenses nativas y, en consecuencia, padecen graves trastornos físicos y emocionales(175).

Las mujeres que tienen hijos y migran como familiar a cargo de sus esposos suelen verse injustamente obligadas a escoger entre resguardar su propia seguridad personal o mantener su condición de inmigrante legal. En los Estados Unidos se ha enmendado la legislación para permitir que las mujeres migrantes que han padecido violencia doméstica regularicen su situación de legalidad independientemente de sus compañeros(176). Suecia permite que las mujeres inmigrantes que han sido víctimas de malos tratos por sus compañeros suecos obtengan un permiso de residencia permanente. En 2003, se aprobó un 99% de las solicitudes de residencia recibidas de víctimas de violencia doméstica(177).

Azerbaiyán, Belice, El Salvador, Indonesia y Jamaica informan de que están impartiendo capacitación a líderes comunitarios, funcionarios gubernamentales, agentes de policía, trabajadores sociales y otros profesionales a fin de que aborden más eficazmente la cuestión de la violencia contra las mujeres trabajadoras migrantes(178). En países donde hay grandes poblaciones de inmigrantes, hay también varias ONG que tratan de responder a las diversas necesidades de las mujeres víctimas de sevicias en el hogar. Un ejemplo es una organización con sede en Vancouver (Canadá), MOSAIC, que colabora con hombres y mujeres para prevenir los malos tratos y abordar las necesidades mentales, físicas y psicológicas de las mujeres víctimas. Esa organización también ofrece sesiones en grupos pequeños en idiomas hindi, punjabi, urdu e inglés a hombres inmigrantes procedentes de la India y el Pakistán, para ayudarles a que asuman responsabilidad por su comportamiento abusivo y le pongan fin(179).



Las mujeres con hijos que migran como familiares a cargo de sus esposos a menudo se ven injustamente obligadas a optar entre su propia seguridad y la conservación de su condición de residente legal.



MUTILACIÓN O CORTE GENITAL FEMENINO

Cada año, dos millones de mujeres corren riesgo de mutilación o corte genital femenino, práctica tradicional que consiste en la ablación parcial o total de los genitales externos. Debido a la migración, la práctica se ha extendido desde 28 países de África y otros del Asia meridional y el Oriente Medio, donde es común, y ha pasado a países de Europa, América del Norte y del Sur, Australia y Nueva Zelandia(180). Los investigadores estiman que solamente en el Reino Unido, cada año se practica el “corte” a entre 3.000 y 4.000 niñas; y se agregan 86.000 mujeres y niñas inmigrantes de primera generación que ya han sido sometidas al procedimiento(181). Según el censo del año 2000 en los Estados Unidos, 881.300 migrantes africanos proceden de países donde se practica ampliamente la mutilación o corte genital femenino. Esa cantidad no incluye a los refugiados y solicitantes de asilo (cuyo total en 2000 se estima en 50.000 personas), muchos de quienes proceden de Eritrea, Etiopía, Somalia y el Sudán, los países del mundo donde se registran algunas de las más altas tasas de prevalencia de la mutilación o corte genital femenino(182). La mutilación o corte genital femenino es una cuestión de derechos humanos que puede causar trastornos de salud física y mental a corto y largo plazo, inclusive mayores riesgos de complicaciones del parto y de mortalidad infantil(183).

En países que reciben inmigrantes de otros países donde se practica la mutilación o corte genital femenino, los encargados de formular políticas enfrentan el problema de establecer enfoques con sensibilidad cultural encaminados a eliminar esa práctica. Al menos once países industrializados ya han promulgado leyes que la prohíben(184). Muchas organizaciones, como la Asociación Médica Británica y el Sistema de Salud y Escuelas de Parteras de Dinamarca, están tratando de asegurar que los agentes de salud estén en buenas condiciones de atender a las mujeres que han sido objeto de esa práctica(185). Bélgica, Alemania y Suecia también han establecido directrices médicas(186). Asimismo, varias ONG están colaborando con mujeres inmigrantes en sus comunidades, en apoyo del derecho a la integridad corporal. En los Estados Unidos, el Centro Sauti Yetu para mujeres africanas está adoptando un enfoque integral que incluye capacitación intercultural de quienes prestan servicios y establecimiento de un centro de documentación de esas prácticas en países occidentales(187).

DELITOS DES “HONROSOS”

Los delitos cometidos para “preservar la honra” e “impulsados por las pasiones” son prácticas sancionadas socialmente que permiten que un hombre mate, viole o inflija sevicias de otro tipo a una parienta o compañera cuando sospecha o tiene la certeza de que ella ha incurrido en “comportamientos inmorales”, es decir, comportamientos definidos socialmente como “causa de bochorno” a la familia o que cuestionan la autoridad masculina.

En el año 2000, en la primera resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicada concretamente a esta cuestión, los países de todo el mundo reiteraron que los delitos cometidos en nombre de la honra o la pasión son atroces conculcaciones de los derechos humanos y reafirmaron su compromiso—consagrado en los instrumentos internacionales de derechos humanos—de ponerles fin(188). En 2003, la Asamblea del Parlamento Europeo aprobó una resolución en que exhorta a todos los Estados miembros a “enmendar sus leyes nacionales de asilo e inmigración para asegurar que las mujeres tengan derecho a permisos de residencia y/o asilo cuando se ven amenazadas por los llamados “delitos para preservar la honra”. También exhorta a los miembros, entre otras cosas, a hacer “aplicar más eficazmente las leyes que castigan todos los delitos cometidos en nombre de preservar la honra(189)”.

En el Reino Unido, la policía está reexaminando los registros de 117 asesinatos cometidos en el pasado para determinar cuántos entre ellos fueron cometidos para “preservar la honra(190)”. Y Suecia mantiene un sistema que incluye operar por conducto del sector educacional y las autoridades gubernamentales, e impartir sesiones de orientación a los inmigrantes y las ONG sobre cuestiones de prevención y protección. Los informes de Juntas administrativas de condados indican que en 2001 en cada uno de tres condados, al menos 200 niñas habían acudido a los servicios sociales, u otras autoridades, o a ONG, para que las ayudaran a huir de la violencia dimanada de “la preservación de la honra”(191).

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Los gobiernos, los parlamentarios, las organizaciones de la sociedad civil, los medios de difusión y el sistema de las Naciones Unidas están prestando cada vez mayor atención a las repercusiones sociales, culturales, económicas y políticas de la migración internacional de mujeres. Se cuenta con un conjunto cada vez mayor de datos e investigaciones—aun cuando aún con limitaciones—que posibilitan percibir la magnitud y el potencial hasta ahora poco comprendidos de las posibles contribuciones de las mujeres migrantes al desarrollo social y económico y a la igualdad entre hombres y mujeres. Las mujeres migrantes enfrentan graves riesgos y obstáculos que pueden tener severas repercusiones y, en los casos más extremos, amenazar su supervivencia misma. Sin embargo, no necesariamente la experiencia de la migración ha de estar rodeada de riesgos cuando se ha comprobado que para tantos millones de personas es una experiencia positiva. Los riesgos y los problemas pueden evitarse adoptando medidas más enérgicas, encaminadas a facultar a las mujeres migrantes y proteger sus derechos humanos. Otras experiencias son intrínsecas de la migración y atañen a una mayor comprensión de las circunstancias sociales y culturales y a las cambiantes normas relativas a los papeles masculinos y femeninos. Pero es posible buscar soluciones, y así se está haciendo cada vez más, dentro de un marco de derechos humanos y sensibilidad cultural. Aun cuando esas acciones son en gran medida incipientes, y de alcance y amplitud insuficientes, ofrecen ideas acerca de la manera en que es posible mejorar los procesos migratorios en beneficio de las mujeres, de sus hijos, de sus familias y de toda la comunidad mundial.