Introducción Introducción Capítulo 5 Capítulo 5
Capítulo 1 Capítulo 1 Notas Notas
Capítulo 2 Capítulo 2 Notas para las citas Notas para las citas
Capítulo 3 Capítulo 3 Notas para los recuadros Notas para los recuadros
Capítulo 4 Capítulo 4 Indicadores Indicadores
CAPÍTULO 2 Printer Friendly imprimir artículo
Chapter 1 Una poderosa corriente silenciosa:
Las mujeres y la migración

Globalización y migración de mujeres

Millones de rostros, innumerables experiencias

Las repercusiones socioeconómicas de la migración de mujeres

La experiencia de la migración: Aprovechar oportunidades, superar obstáculos

En una fábrica tailandesa, junto a la frontera con Myanmar, una mujer joven con rostro suavemente redondeado y grandes ojos, confecciona alhajas de fantasía para su exportación a América del Norte. Su nombre es Saokham; gana 140 baht tailandeses (aproximadamente 3,50 dólares EE.UU.) por día. En esta parte del mundo, es un salario respetable, particularmente para alguien que creció en la miseria en una aldea serrana de la provincia de Shan (Myanmar). Aun cuando Saokham recibió ocho años de enseñanza escolar gratuita, no pudo continuar su educación porque sus padres eran demasiado pobres para sufragar las matrículas escolares. A los 14 años de edad siguió los pasos de su hermana mayor—que se había marchado del hogar hacía dos años—y emigró a la vecina Tailandia. Actualmente, vive con su joven esposo en una comunidad de compatriotas, cerca de la frontera con Myanmar. Dice: “Ahora que vivimos en Tailandia, tenemos dinero para comprar alimentos y para gastar. La vida es cómoda. En mi pueblo natal no teníamos trabajo, salvo en tareas agrícolas”.

Saokham forma parte de una revolución en constante crecimiento. Es una revolución relacionada con la movilidad y la autonomía; impulsada por la esperanza y asediada por el riesgo. No obstante, sigue siendo en gran medida silenciosa. Actualmente, 94,5 millones, o casi la mitad (49,6%) de todos los migrantes internacionales son mujeres(1). Si hasta hace poco la migración internacional ha ocupado un lugar marginal en las politicas públicas en todo el mundo, la cuestión de las mujeres migrantes ha recibido aun menos atención. Esto se debe a que la investigación no ha tomado en cuenta las contribuciones socioeconómicas y las experiencias singulares de las mujeres y las niñas(2).

Es una omisión importante, que tiene grandes consecuencias, no sólo para las propias mujeres migrantes, sino también para las familias y las comunidades que quedaron atrás. Sus remesas constituyen una contribución sustancial al desarrollo y la reducción de la pobreza. Pese a ello, las mujeres enfrentan obstáculos y riesgos desproporcionados por el simple hecho de ser mujeres. Esos obstáculos y riesgos son, entre otros, discriminación—en el lugar de origen y en el de destino—, malos tratos y explotación, que ponen de manifiesto hasta qué punto se descuidan sus derechos (véase el Capítulo 3). No obstante, en los hechos la migración ha sido una experiencia positiva para millones de mujeres y sus familias en todo el mundo. Al trasladarse a un nuevo país, las mujeres están expuestas a nuevas ideas y normas sociales que pueden promover sus derechos y posibilitar que participen más plenamente en la sociedad; también pueden tener influencia positiva sobre las normas de género en el país de origen. En todos los casos, los encargados de formular políticas necesitan centrar la atención en la manera en que la discriminación influye sobre el curso de la migración internacional a nivel individual, familiar, comunitario y nacional. Sólo cuando se encauce correctamente la migración internacional, se asegurará la vigencia de los derechos humanos de las mujeres migrantes y se plasmarán plenamente sus contribuciones a sus familias, sus comunidades y sus países.



"En ese país [Etiopía], hay muy limitadas oportunidades de empleo . . . sólo recuerdo cuánto sufrí antes de encontrar un empleo en el Yemen . . . si no me hubiera marchado al extranjero a trabajar, la situación habría empeorado para mí y mi familia".

— Mujer etiope que emigró (indocumentada) al Yemen para trabajar en el servicio doméstico. En un lapso de cuatro años, logró que sus cinco hermanas también emigraran.

Globalización y migración de mujeres

Si bien a lo largo de la historia las mujeres, en su mayoría, han migrado debido al matrimonio o la reunificación familiar, en los últimos decenios aumentó el número de mujeres—casadas y solteras—que migran por sí solas o en compañía de otras mujeres u otros migrantes ajenos a su círculo familiar(3). Las mujeres están en marcha en todas partes del mundo, impulsadas por las oportunidades y las fuerzas de la globalización. Los prejuicios con respecto a lo que es trabajo “adecuado para el hombre” o “adecuado para la mujer”, sumados a políticas oficiales y prácticas de los empleadores influyen sobre las razones por las que hombres y mujeres se trasladan, las ocupaciones a las que aspiran y las condiciones en que se desplazan.

Si bien hay demanda tanto de mujeres como de hombres migrantes, estos últimos probablemente ocuparán empleos más calificados y mejor remunerados. Las mujeres, por otra parte, suelen verse constreñidas a ocupaciones tradicionalmente “femeninas”—como tareas domésticas, sectores de servicios (camareras, etc.) y trabajo sexual—con frecuencia, empleos inestables con bajos salarios, ausencia de servicios sociales y deficientes condiciones de trabajo(4). No obstante, debido a que el cuidado de los demás y las tareas de enfermería siguen siendo funciones tradicionalmente femeninas, algunos cauces de inmigración están ahora ampliamente abiertos y cuentan con mecanismos oficiales para satisfacer la demanda de empleadas. Por otra parte, aun cuando su migración sea legal, con frecuencia las mujeres quedan relegadas a empleos en que están sujetas a discriminación, condiciones arbitrarias de trabajo y malos tratos.



Gráfico 5: Tendencias de la migración femenina, por continente/región, 1960-2005

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Fuente: División de Población de las Naciones Unidas. 2006. Trends in Total Migrant Stock: The 2005 Revision.


LA DECISIÓN DE PARTIR

Además de responder a la demanda mundial de servicios, las mujeres adoptan la decisión de marcharse al extranjero debido a diversos factores que las “empujan” fuera de su país de origen, entre ellos, obligaciones familiares, desempleo, bajos salarios, pobreza, escasas oportunidades sociales y económicas y deseo de ampliar sus horizontes. Por lo general, pesan sobre las mujeres mayores restricciones, en lo concerniente a las finanzas y la adopción de decisiones, que sobre los hombres, y esto puede obstaculizar su libertad de movimiento. No obstante, las oportunidades de obtener ingresos en el extranjero pueden paliar las limitaciones tradicionales de la movilidad femenina. Los disturbios económicos y sociales también pueden proporcionar el ímpetu para marcharse. Por ejemplo, la crisis económica de 1998 y la “dolarización” de la moneda ecuatoriana en el año 2000 desencadenaron una cuantiosa corriente de nuevos migrantes a España(5). De manera similar, la crisis financiera de 1997 en Asia condujo a la emigración de muchas mujeres provenientes de los países más pobres(6). Para las mujeres educadas que no pueden superar la discriminación en el empleo existente en su propio país, la emigración ofrece una oportunidad de encontrar trabajo que más probablemente aproveche sus aptitudes(7). Asimismo, las mujeres migran para huir de matrimonios abusivos y tradiciones patriarcales que limitan sus oportunidades y su libertad(8). Otro factor que impulsa a muchas a partir es la discriminación contra ciertos grupos de mujeres: madres solteras, mujeres solteras, viudas o divorciadas(9).




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LA FEMINIZACIÓN DE LA MIGRACIÓN: CANTIDADES Y TENDENCIAS

En los últimos 40 años, la cantidad de mujeres que han migrado es casi igual a la de hombres. La mayoría de ellas se trasladaron para ir al encuentro de sus esposos en los países de destino: Australia, el Canadá, Nueva Zelandia y los Estados Unidos. Hacia el año 2005, la cantidad de mujeres migrantes era ligeramente superior a la de hombres migrantes en todas las regiones del mundo, a excepción de África y Asia(1).

Entre las regiones desarrolladas, América del Norte es excepcional en cuanto a que desde 1930, la cantidad de mujeres migrantes ha sido superior a la de hombres migrantes y sigue siéndolo, tanto en el Canadá como en los Estados Unidos(2). En Europa y en Oceanía también se están registrando crecientes cantidades de inmigrantes de sexo femenino, que desde el año 2000 son superiores a las cantidades de sexo masculino(3). Entre los migrantes a Australia, en los últimos tres decenios el número de mujeres ha sido superior al de hombres. Las mujeres que migran a Australia, Nueva Zelandia, Europa y América del Norte, en su mayoría, lo hacen por razones de reunificación familiar, y por orden de importancia, siguen las cantidades de migración laboral y de solicitantes de asilo(4).

En el mundo en desarrollo, también han aumentado pronunciadamente las cantidades de mujeres migrantes laborales(5).

En Asia, el número de mujeres que emigran de algunos países ha sobrepasado al de hombres. Las mujeres, en su mayoría, migran solas a países vecinos del Asia oriental, el Oriente Medio y otros países. Hacia el año 2000, según estimaciones, había dos millones de mujeres asiáticas que trabajaban en países vecinos(6). En 2005, más del 65% de casi 3.000 filipinos que se marchaban del país cada día para trabajar o residir en el extranjero, eran mujeres(7). En 2002, por cada emigrante masculino de Sri Lanka había dos mujeres que emigraban(8). Entre 2002 y 2003, en promedio un 79% de todos los migrantes que se marchaban de Indonesia para trabajar en el extranjero eran mujeres(9). Se estima que hacia mediados del decenio de 1990, cada año 800.000 mujeres asiáticas migraron al Oriente Medio, mayormente como trabajadoras domésticas(10).

Las mujeres de América Latina y el Caribe también tienen mucha movilidad. Hacia 1990, las mujeres migrantes de América Latina fueron las primeras del mundo en desarrollo cuyas cantidades alcanzaron paridad con las de hombres migrantes(11). Los países de destino fueron los de Europa, América del Norte y otros de América del Sur. La tendencia a la feminización también es muy llamativa entre migrantes que se desplazan desde Centroamérica y América del Sur hacia España, pues en 2001 las mujeres constituían casi un 70% de todos los inmigrantes procedentes del Brasil y de la República Dominicana(12). Las mujeres de esta región también predominan claramente en las corrientes migratorias hacia Italia, donde en el año 2000 un 70% o más de las personas provenientes de 13 de los 30 países de origen eran mujeres(13). A partir del decenio de 1950, en cada decenio las cantidades de mujeres caribeñas migrantes a América del Norte han sido superiores a las de hombres; y las mujeres están bien representadas en las categorías de trabajadores calificados(14). La industria del turismo ha sido un importante factor de atracción que impulsó la migración de mujeres caribeñas(15).

En África, la pobreza generalizada, las enfermedades, la degradación de los suelos y las altas tasas de desempleo masculino están contribuyendo a un sostenido aumento en las cantidades de mujeres migrantes, con tasas superiores al promedio mundial(16). Hacia 2005, de los 17 millones de inmigrantes en África, un 47% eran mujeres— en comparación con 42% en 1960—y los mayores aumentos ocurrieron entre migrantes en las regiones orientales y occidentales del continente(17). Si bien las mujeres africanas, en su mayoría, circulan dentro de su región, también se están desplazando hacia países de América del Norte y de Europa. Por ejemplo: las mujeres procedentes de Cabo Verde constituyen un 85% de todas las personas de ese país que migran a Italia(18). Las oportunidades de empleo en Francia han atraído a crecientes cantidades de mujeres educadas procedentes de zonas urbanas del Senegal(19). Las enfermeras también están en marcha: nigerianas hacia la Arabia Saudita; y otras procedentes de Ghana, Sudáfrica y Zimbabwe migran al Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos(20).

En la región de los países árabes, las normas socioculturales siguen limitando la movilidad femenina. Aun cuando se carece de datos fidedignos, en general se acepta que la cantidad de hombres emigrados supera en mucho a la de mujeres. Los principales factores han sido el desempleo, los conflictos armados y las necesidades económicas. Los hombres jóvenes que migran desde países más pobres hacia los Estados productores de petróleo donde las condiciones económicas son mejores, han predominado en las corrientes migratorias para satisfacer la demanda de trabajadores en la construcción y en las infraestructuras, después del aumento en los precios del petróleo.


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