La salud de los migrantes
Al menos inicialmente, los inmigrantes suelen estar en mejor estado de salud que sus contemporáneos, tanto en los países de origen como en los de destino. Esto se debe a que la buena salud es una ventaja: las políticas de admisión con frecuencia estipulan que los inmigrantes deben someterse a un reconocimiento médico. Para los inmigrantes irregulares, que emprenden viajes riesgosos y llenos de exigencias, la buena salud es una ventaja(111). Pero los inmigrantes-especialmente los indocumentados-pueden terminar privados de servicios de salud, especialmente si no pueden sufragar la atención médica y/o temen ser deportados. Muchos inmigrantes están expuestos a ámbitos de trabajo peligrosos, condiciones insalubres en sus viviendas, explotación laboral e insuficiente acceso a los servicios de salud(112).
Los inmigrantes-especialmente los que están en situación irregular-están sujetos a condiciones que los pueden hacer más vulnerables a las enfermedades infecciosas y perjudicar su salud. En verdad, la OIM señala varios estudios que muestran que entre los inmigrantes hay más altas tasas de mortalidad de menores de un año y mayor cantidad de malformaciones congénitas. En algunos países, las mujeres inmigrantes de primera y segunda generación suelen padecer más altas tasas de enfermedades crónicas(113). Muchas mujeres tropiezan con problemas particulares en lo concerniente a la atención de la salud reproductiva (véase el Capítulo 2). No obstante, hay múltiples factores determinantes del estado de salud y los resultados son tan diversos como los antecedentes y el estado general de cada inmigrante. Algunos migrantes, al radicarse en el extranjero pueden obtener acceso a mejores servicios de salud y educación al respecto. Por otra parte, los inmigrantes educados y calificados son quienes menos probabilidades tienen de sufrir a raíz de la experiencia de migración.
Hay varias razones, relacionadas entre sí, por las que ciertos grupos de inmigrantes corren mayores riesgos en cuanto a su salud. En primer lugar, como señala la OMS, la pobreza es el factor determinante de importancia crítica: son los más pobres quienes suelen tener peor salud. En comparación con los residentes, los inmigrantes tienen muchas mayores probabilidades de estar en mala situación económica(114). Además, los planes nacionales de atención de la salud, en su mayoría, discriminan contra inmigrantes transitorios y no autorizados, al autorizar sólo la atención de emergencia para quienes no sean ciudadanos. Los inmigrantes en situación irregular temen que quienes dispensan servicios de salud los denuncien ante las autoridades; esto a menudo los disuade de buscar tratamiento médico y lo que a menudo comienza como un trastorno de menor importancia puede intensificarse y transformarse en una grave enfermedad(115). Pese a esos y otros problemas, pocos funcionarios ejecutivos parecerían estar dispuestos a replantear las políticas existentes y establecer nuevas reglamentaciones que podrían beneficiar tanto a los inmigrantes en situación irregular como al sistema de atención de salud(116). Por otra parte, también los países de destino se beneficiarían: los inmigrantes que gozan de buena salud están en mejores condiciones de aprovechar las oportunidades educacionales y aportar más a la economía nacional(117). Las preocupaciones del público con respecto a los costos deben ubicarse en un marco más amplio: es decir, deberían cotejar la mayor contribución que pueden hacer los inmigrantes en buen estado de salud al país de destino, con los costos adicionales que pesan sobre las sociedades cuando no ofrecen atención de salud a su debido tiempo(118).
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Pese a los estereotipos muy difundidos y a las creencias comunes, ni los migrantes ni la migración, en sí mismos, aumentan los riesgos de transmisión del VIH: los factores que agravan la vulnerabilidad de los migrantes a la enfermedad son las arduas condiciones y las tribulaciones que deben padecer muchos de ellos en su experiencia migratoria(1)
La separación de la familia y del cónyuge, el aislamiento y la soledad, pueden impulsar a muchas personas a entablar relaciones sexuales de alto riesgo. La movilidad misma de los migrantes dificulta más llegar a ellos con información sobre prevención, condones (preservativos), asesoramiento psicosocial y servicios de detección o de atención. Con frecuencia, las comunidades de migrantes están marginadas en materia social, cultural, económica y lingüística y esto, a su vez, interpone barreras al acceso a los servicios de salud(2).
La situación legal o ilegal y la ocupación de un migrante también influirán sobre la medida en que él o ella se arriesga a exponerse al virus. Los migrantes indocumentados tal vez teman ser deportados si recurren a servicios de salud o tal vez, y en primer lugar, no puedan sufragar esos servicios. Las mujeres migrantes que ingresan en el país de forma irregular, que pierden su rumbo durante el tránsito, que viajan solas, o que son objeto de trata, o están desempleadas, o se marcharon de su país sin contar con recursos, tal vez entablen relaciones sexuales para poder sobrevivir o se dediquen al trabajo sexual; esas mujeres corren mayores riesgo de explotación, de violencia y, por extensión, de infección con el VIH(3). Con frecuencia, los migrantes saben muy poco acerca del VIH y tienen una mínima experiencia previa con servicios de salud en sus países de origen. La migración estacional o cíclica también puede acrecentar los riesgos de transmisión al cónyuge o a la pareja sexual(4). |
MIGRACIÓN Y VIH/SIDA
Hasta el momento, los investigadores no han podido ahondar mucho en la cuestión de las relaciones entre migración y VIH/SIDA, debido a la carencia de datos fidedignos y a la complejidad del problema. No obstante, los expertos, en su mayoría, afirman que el desplazamiento desde zonas de bajo riesgo hacia zonas de alto riesgo acrecienta las probabilidades de infección con el VIH y que cuando hay migración circular, es más probable que el virus "se reubique"(119).
Según un informe encomendado por la Comisión Mundial sobre las Migraciones Internacionales, un 66% de todas las infecciones con el VIH de transmisión heterosexual diagnosticadas en la Unión Europea ocurren en personas procedentes de países con alta tasa de prevalencia, particularmente de África(120). De manera similar, en Australia, entre 2000 y 2004 más de la mitad de todas las infecciones por vía heterosexual se diagnosticaron en personas que procedían de un país con alta tasa de prevalencia o cuyos compañeros sexuales procedían de un país de alta prevalencia. En el Canadá, una cuarta parte de las infecciones con el VIH diagnosticadas en 2005 ocurrieron entre personas procedentes de países con alta tasa de prevalencia de África al sur del Sahara y el Caribe(121). Por otra parte, aun cuando quienes se oponen a la inmigración a veces culpan a los inmigrantes de "ser portadores del VIH/SIDA", es la propia experiencia de la migración lo que puede hacerlos más vulnerables(122). Tampoco queda muy claro en qué punto del ciclo de la migración ocurre la infección: antes de la partida, en la etapa de tránsito, tras llegar al país de destino o durante una visita ulterior al país de origen. Además, con frecuencia los migrantes están excesivamente representados en las estimaciones sobre prevalencia del VIH debido a que los países de destino y los empleadores a veces exigen que los migrantes se sometan a pruebas de detección, requisito que no se impone a los residentes.
Aun cuando en las regiones más pobres del mundo hay pocos datos sobre el VIH y la migración, en general se ha asociado la migración con una mayor vulnerabilidad a las enfermedades transmisibles. Las estadísticas del Departamento de Salud de Filipinas indican que, de los 1.385 ciudadanos filipinos registrados como seropositivos en 2005, un 33% eran personas que trabajaban en el extranjero(123). En Uganda, la tasa de seroprevalencia entre los migrantes repatriados es 11,5%, el doble de la existente entre quienes no migraron(124). Se estima que en Sudáfrica, está infectado con el VIH uno de cada tres mineros, muchos de los cuales son inmigrantes procedentes de países vecinos(125).
Además, el vínculo entre la movilidad de la población y el VIH es uno de los factores más deficientemente comprendidos y más frecuentemente dejados de lado, entre los causantes de la rápida propagación de la enfermedad en el África meridional(126). La incidencia más alta no ocurre en las regiones más pobres de África, sino en países como Sudáfrica y Botswana, que cuentan con una buena infraestructura de transportes, tasas relativamente altas de desarrollo económico y considerable migración interna y transfronteriza(127). Los datos obtenidos con respecto a Mozambique indican que el VIH se está propagando con mayor velocidad en las provincias por las que pasan las principales arterias de transporte hacia Malawi, Sudáfrica y Zimbabwe y dentro de las provincias de origen de los migrantes que trabajan en Mozambique y Sudáfrica(128). Las tasas más altas de infección de Zambia se registran en ciudades y poblados que están "a horcajadas de importantes rutas de transporte"(129).
En la Declaración de compromiso en la lucha contra el VIH/SIDA, formulada en 2001 por 189 gobiernos, éstos se comprometieron a formular y comenzar a aplicar para 2005 estrategias que posibiliten que los migrantes y los trabajadores móviles tengan acceso a programas de prevención del VIH/SIDA, inclusive la provisión de información y de servicios sociales(130). En la Declaración se estipula una mayor representación y participación de diversas poblaciones móviles cuando se formulen planes nacionales; otra recomendación es involucrar a los empleadores, los sindicatos, las organizaciones comunitarias y las trabajadoras comerciales del sexo en los programas de prevención y atención del VIH/SIDA(131). En Tailandia, el Gobierno está tratando de prevenir las enfermedades infecciosas entre los muchos miles de migrantes indocumentados detenidos (a menudo durante semanas o meses enteros) en el Centro SuanPlu de Bangkok. Allí se proporciona a los detenidos información sobre el VIH/SIDA en su propio idioma(132).
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En virtud del derecho internacional, todos los trabajadores migrantes-sea cual fuere su condición jurídica-tienen derecho a la protección de sus derechos humanos fundamentales, al igual que cualquier otro ser humano. La Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares es el instrumento internacional más completo que protege sus derechos. Esta Convención, basada en los tratados previos sobre derechos humanos básicos, entró en vigor en 2003. Establece estándares mínimos que están obligados a defender todos los gobiernos que se adhieren a la Convención. Pero, a diferencia de la mayoría de los demás instrumentos de derechos humanos, éste no ha sido ratificado por la mayoría de los países desarrollados.
La Convención establece los derechos humanos que todos deben disfrutar, trátese de trabajadores migrantes documentados o indocumentados, entre ellos: protección contra la esclavitud y la violencia; acceso a atención médica de emergencia y educación de los hijos de trabajadores migrantes; igual trato que los nacionales en las condiciones de trabajo; derecho a afiliarse a sindicatos y otras organizaciones que defiendan sus intereses; y derecho a la identidad cultural y a la libertad de conciencia y de religión. Los trabajadores migrantes documentados tienen derechos adicionales, entre ellos acceso a la vivienda, a recibir servicios sociales y de salud, a formar sindicatos y organizaciones, y a votar en sus países de origen. También se establece que los migrantes tienen la responsabilidad de acatar las leyes nacionales del país de destino y respetar la identidad cultural de sus habitantes. Aun cuando no se reconoce explícitamente el derecho a la reunificación familiar, se alienta a los países a facilitarla. La Convención también exhorta a eliminar la trata y el contrabando de seres humanos, actividades clandestinas tan plagadas de infracciones a los derechos humanos que han motivado la aprobación de protocolos sobre esos temas a la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada, Transnacional del año 2000.
Los Estados partes en la Convención que protege a los migrantes están obligados a esforzarse por lograr una reglamentación más humana y equitativa de la migración internacional. Se recomienda que informen a los migrantes acerca de sus derechos, faciliten a los trabajadores migrantes y a los empleadores información sobre las políticas y las leyes, y presten asistencia a los trabajadores migrantes y sus familias. Para prevenir abusos, la Convención restringe la función de contratar migrantes a entidades gubernamentales o agencias privadas debidamente autorizadas.
Hay varios otros instrumentos y mecanismos de derechos humanos que han evolucionado hacia la defensa de los derechos de los trabajadores migrantes, entre ellos, los órganos de vigilancia del cumplimiento de los tratados internacionales, los convenios de la Organización Internacional del Trabajo y las Cartas de derechos humanos a nivel regional. El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos de los migrantes ha desempeñado un importante papel en cuanto a llamar la atención sobre derechos de grupos vulnerables-especialmente, mujeres y niños-y la necesidad de robustecer las medidas para prevenir abusos, inclusive las relativas a trabajadoras domésticas, trata de seres humanos, violencia contra la mujer y racismo. Asimismo, los migrantes pueden presentar denuncias sobre conculcación de sus derechos ante el Relator(1).
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