Sacar provecho de la esperanza: Migración internacional, remesas y desarrollo
Las remesas-es decir, los ingresos que los migrantes envían a sus países de origen-son la principal razón por la que algunos expertos afirman que la migración internacional es importante para la reducción de la pobreza. Si bien es difícil determinar las cifras exactas, se trata de sumas enormes. Según estimaciones del Banco Mundial, en 2004 las remesas efectuadas por cauces oficiales aportaron aproximadamente 232.000 millones de dólares EE.UU. y de este importe, los países en desarrollo recibieron 167.000 millones(65). Se considera que el importe real de las remesas es sustancialmente mayor, dado que es preciso tomar en cuenta los fondos transferidos por cauces oficiosos o paralelos.
El valor de las remesas es considerablemente mayor que el de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) y, por orden de importancia, ocupa el segundo lugar entre las fuentes de recursos externos recibidos por los países en desarrollo, y se sitúa después de las inversiones extranjeras directas (IED). Además, las remesas tienden a ser fuentes de ingresos más predecibles y estables que las IED o la AOD. Para algunos países pequeños, esas remesas representan una gran proporción del PIB, como en los casos de Tonga (31%), la República de Moldova (27%), Lesotho (26%) y Haití (25%)(66). Un 70% de las IED en China proceden de la diáspora china(67). Los efectos de las remesas sobre las economías de los países en desarrollo son tan grandes que, según el Banco Mundial, un 10% de aumento en la proporción del PIB de un país constituida por las remesas podría redundar en una reducción de 1,2% en la proporción de personas que viven en extrema pobreza(68).
Esa teoría queda confirmada por las estadísticas. En Nicaragua, más del 60% de los 22.000 hogares que entre 1998 y 2001 escaparon a la pobreza tenían un miembro de la familia que residía en el extranjero(69). Las remesas de los migrantes enviadas a El Salvador, Eritrea, Jamaica, Jordania y el Yemen en el año 2000 acrecentaron en más del 10% el PNB de esos países(70). Ese mismo año, 1,2 millón de marroquíes lograron escapar de la pobreza debido únicamente a la magnitud del ingreso proveniente de las remesas(71). Según la CEPAL, en 2002 las remesas del extranjero ayudaron a elevar sobre la linea de la pobreza a 2,5 millones de personas residentes en países de América Latina y el Caribe(72).
La propensión a remitir dinero-y el importe enviado-dependen de varios factores, entre ellos, la edad, el número de familiares a cargo, el estado civil del migrante y la duración de su residencia en el país de destino. Un estudio comprobó que los migrantes mexicanos tienen más probabilidades de enviar dinero a sus familias cuando están casados, son menores de 40 años y tienen sólidos contactos sociales en el país anfitrión(73). Las mujeres, pese a tener menor ingreso, envían una proporción de éste mayor que la de los hombres(74) (véase el Capítulo 2); los migrantes temporales envían más dinero que los residentes permanentes; y los trabajadores no calificados o semicalificados tienden a generar importes totales de remesas mayores que los profesionales sumamente calificados (aun cuando esto se debe en parte a que estos últimos constituyen un grupo más pequeño)(75). Otro factor que afecta la cuantía de las remesas es la solidez de los lazos familiares del migrante y su intención de regresar o no al país de origen. En otras palabras, los migrantes que prevén que un día regresarán al país de origen tienen más inclinación a enviar remesas que quienes optan por permanecer en el país de destino. Esto implica que las remesas pueden disminuir a lo largo del tiempo, a medida que se van debilitando los lazos con las comunidades de origen(76).
Si bien y al parecer, los efectos de las remesas sobre los países en desarrollo son claramente beneficiosos, algunos autores siguen cuestionando que las remesas tengan consecuencias positivas para la pobreza en el corto plazo, o el desarrollo a más largo plazo. Un problema de gran magnitud es que quienes menos se benefician con las remesas son las personas más pobres y los países más pobres. Los que reciben mayores importes son los países de ingresos medianos: en 2002, los países de África al sur del Sahara recibieron sólo 1,5% de todas las corrientes de remesas(77). Esto sólo demuestra que las personas de las regiones más pobres son quienes más dificultades tienen para migrar, para obtener fondos y para remitirlos desde el extranjero. Otra cuestión motivo de preocupación es que las remesas a veces pueden exacerbar la desigualdad del ingreso en el país de origen, pues las familias y las comunidades que reciben remesas prosperan, mientras no ocurre lo propio con sus vecinos menos afortunados(78). Además, algunos expertos aducen que las remesas propician la dependencia, al desalentar las medidas gubernamentales necesarias a fin de reestructurar las respectivas economías(79). Otros investigadores afirman que los países donantes utilizarán las remesas como excusa para eludir el cumplimiento de sus compromisos de aportar AOD a fin de combatir la pobreza; y al mismo tiempo, los países en desarrollo podrían descuidar las necesidades de sus poblaciones más vulnerables debido a que algunas familias pobres están recibiendo ingresos en forma de remesas. Por ende, pese a sus contribuciones a la reducción de la pobreza, la migración no necesariamente es, en última instancia, un factor de igualación, particularmente en un mundo donde las desigualdades van en aumento.
Algunos expertos también expresan preocupación puesto que las remesas, en su mayor parte, no se destinan en general a inversiones productivas. Esto sucede debido a que las remesas son recursos de propiedad privada, utilizados en gran medida para contribuir al ingreso de la familia y no a las corrientes de capital, y debido a que los migrantes tienden a no estar familiarizados con los instrumentos de inversión(80). Por otra parte, muchas investigaciones realizadas destacan que las remesas pueden desempeñar potencialmente un papel más significativo en cuanto al desarrollo y la mitigación de la pobreza. Las remesas se utilizan o bien para efectuar inversiones o bien para financiar el consumo, pero en uno y otro caso aportan importantes beneficios a los hogares, las comunidades y los países que las reciben(81). Se ha comprobado que las remesas son más estables que otros tipos de corrientes financieras privadas hacia los países en desarrollo y pueden amortiguar los efectos de las fluctuaciones y los choques económicos sobre esos países(82). Después de efectuar un análisis exhaustivo, la OIM llega a la conclusión de que lo más probable es que quienes reciben remesas internacionales ahorren ese dinero y lo utilicen para financiar pequeñas empresas y facilitar la obtención de créditos que sirven como capital de inversiones. Al crear nueva demanda de bienes y servicios intensivos en mano de obra, también pueden acrecentar la demanda agregada y, por consiguiente, el producto y el ingreso(83). El Banco Mundial, las Naciones Unidas y otras instituciones de desarrollo han expresado opiniones similares(84).
Los expertos, en su mayoría, concuerdan en que lo que falta son mecanismos capaces de aprovechar el potencial de las remesas a fin de promover el crecimiento económico a más largo plazo. Otro problema es el costo de la transferencia de fondos. Si bien dicho costo se ha ido reduciendo, sigue siendo una barrera importante debido a que puede suponer hasta un 20% del ingreso proveniente de las remesas(85). Varias instituciones, entre ellas el Banco Mundial, ya están abordando este problema(86).
CÓMO APROVECHAR LAS REDES TRANSNACIONALES: REMESAS COLECTIVAS Y "SOCIALES"
En la actualidad, las mejores comunicaciones y el menor costo de los transportes significan que la migración ya no entraña una ruptura definitiva con el pasado. Una cantidad grande y creciente de vínculos con la comunidad de origen ayuda a mantener los lazos locales, nacionales, étnicos y religiosos. A su vez, esos lazos contribuyen a generar otros tipos de corrientes financieras que se suman a las remesas individuales, entre ellas, las IED, el turismo de expatriados, además de la filantropía y la recaudación de fondos en relación con el lugar de origen(87). Aun cuando hay un enorme potencial de desarrollo por conducto de redes estructuradas de la diáspora, siguen siendo incipientes los mecanismos para encauzar dichas corrientes financieras.
Las remesas colectivas podrían combinarse con fondos equivalentes aportados por fuentes públicas u organismos de desarrollo(88). En la actualidad, el volumen de las remesas colectivas sigue siendo muy pequeño. En América Central, representa sólo 1% del total de las remesas(89). En México, varios programas gubernamentales están tratando de encauzar las corrientes de remesas de los trabajadores hacia el desarrollo de infraestructuras y el estímulo a la creación de empresas. En 2002, los gobiernos federal, estatales y municipales de México iniciaron el programa "Tres por Uno", que aporta tres dólares por cada dólar de las remesas enviadas desde los Estados Unidos. En 2004, el programa logró recaudar 70 millones de dólares EE.UU., que seguidamente fueron utilizados para financiar proyectos regionales, comunitarios y de infraestructura. Los organizadores del programa están colaborando ahora con el Banco Mundial a fin de iniciar proyectos conducentes a aumentar el nivel de empleo y alentar así a posibles futuros migrantes a
que permanezcan en el país de origen(90).
La red transnacional de la diáspora también puede constituir una cabeza de puente para empresas del país de origen que tratan de comercializar bienes y servicios en el país de destino(91). Por ejemplo, muchos atribuyen a los coreanos emigrados la exitosa penetración en el mercado de los Estados Unidos de
automóviles, productos electrónicos y otras manufacturas coreanas. En el Canadá, la migración de personal calificado procedente de países asiáticos condujo a un aumento del 74% en las importaciones desde Asia hacia ese país. Mientras tanto, las redes estructuradas y oficiosas de la diáspora están desempeñando un notable papel en la transmisión de información y conocimientos a los compatriotas que quedaron en el país de origen(92). La importancia de esas redes está suscitando recomendaciones concretas de explotar su potencial de desarrollo en una sociedad globalizada.
Además, está la cuestión de las remesas "sociales": la transferencia de ideas, información, conocimientos, actitudes, pautas de comportamiento, identidades, cultura y capital social, desde una sociedad a otra(93). En sus contactos con las comunidades de origen, o al regresar a ellas, los migrantes pueden operar como agentes de transformación política y cultural, lo cual puede ser particularmente beneficioso para el fomento de la igualdad entre hombres y mujeres (véase el Capítulo 2). No sólo se benefician los países de origen, sino también los países de destino. Por ejemplo, la OIM afirma que en Australia, la inmigración en gran escala desde países de Asia y otros países ha estimulado en gran medida las interacciones económicas, sociales y políticas de ese país con los países de origen. La organización señala que, si bien tales beneficios aún no se han "cuantificado", son, no obstante, de magnitud apreciable e incluyen la diversidad lingüística y cultural y una mayor "apertura" hacia otros países, además de la ampliación concomitante de la gama de actitudes, valores y costumbres. Todo ello ha contribuido sustancialmente a la cultura y al modo de vida en Australia(94).
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