INTEGRACIÓN SOCIAL O CHOQUE CULTURAL

KhadijaDiversas investigaciones han mostrado que los hijos y nietos de los migrantes tienden a ser más educados y conseguir empleos mejor remunerados que las generaciones anteriores. Esta movilidad ascendente es uno de los aspectos positivos de la migración internacional.(2)

Esto no elimina la posibilidad de que los hijos de familias migrantes puedan tener sentimientos de alienación. Como Khadija, los jóvenes de origen inmigrante suelen sentirse atrapados entre dos culturas. Sus esfuerzos para encontrar su lugar pueden enfrentarlos con miembros de sus familias y sus comunidades étnicas, pero también con integrantes de su nueva sociedad. Muchos se sienten lastrados por las expectativas tradicionales sobre las actitudes y conductas apropiadas para hombres y mujeres, mientras su círculo de amigos y su entorno social les ofrecen otras ideas. También pueden sentir la presión de seguir ciertas normas de su nueva comunidad que pueden no coincidir con sus propios valores o elecciones personales.

Los padres pueden no entender las elecciones de sus hijos, y percibirlas como una rebelión contra su autoridad. Muchos tratan de solucionarlo, pero algunos reaccionan imponiendo restricciones, especialmente a las adolescentes: pueden sacarlas de la escuela, encerrarlas en la casa, limitar opresivamente su participación en actividades sociales o deportivas con sus amigos, y, en los casos más extremos, llegar a la violencia y el abuso. Los matrimonios arreglados o forzosos de las hijas con un hombre del "viejo país" son una estrategia de ciertos padres inmigrantes para garantizar que sus hijas mantengan sus valores.(3) Las hijas también son vistas como una "visa" valiosa para el futuro marido. En Noruega, 82 por ciento de las hijas de inmigrantes marroquíes se casaron con ciudadanos marroquíes entre 1996 y 2001.(4) La proporción fue del 76 por ciento para las hijas noruegas de inmigrantes paquistaníes en el mismo período.(5) Los arreglos matrimoniales también pueden funcionar en el sentido inverso: las mujeres jóvenes de los países de origen son casadas con hombres que emigraron pero quieren una esposa de su propio entorno cultural.

En general, las jóvenes hijas de migrantes obtienen mejores resultados escolares y se adaptan más fácilmente a sus nuevas sociedades que los muchachos. Las muchachas tienen actitudes más positivas hacia la integración y usan el idioma nacional más que los muchachos.(6) Ellos, en cambio, aprueban más frecuentemente el separatismo y se sienten más discriminados.(7) Los varones jóvenes también pueden obligar a sus pares femeninas a respetar las costumbres tradicionales.

Enclaves y vecindarios de inmigrantes pueden desarrollarse cuando más familias llegan a reunirse con sus parientes y se instalan donde pueden encontrar instituciones sociales y religiosas conocidas. Estos enclaves juegan un papel positivo al ayudar a los recién llegados a encontrar empleo e instalarse en el país de destino. Pero los enclaves de inmigrantes también pueden reforzar las barreras que impiden la adaptación y los cambios sociales y económicos. Los niños pueden obtener menos educación y habilidades lingüísticas, y ser marginados de la comunidad local. Los empleadores suelen discriminar a los jóvenes migrantes de ciertos grupos étnicos. En Europa, el racismo y la discriminación contra los jóvenes de origen turco y marroquí suelen citarse como una razón para sus altas tasas de desocupación. En 2000, la tasa de desocupación de los trabajadores de origen migrante en Alemania era del 16 por ciento, más del doble que la media nacional.(8)

Los jóvenes sin perspectivas sociales y económicas pueden adoptar ideas que promueven actitudes de confrontación con la sociedad establecida.(9) Los esfuerzos para prevenir y atenuar la confrontación violenta deben concentrarse en los jóvenes cultural y socialmente alienados, así como en los jóvenes económicamente marginalizados y relegados de todas las comunidades. La integración política, cultural y económica de los jóvenes de origen migratorio a sus nuevas comunidades debe ser facilitada por políticas que busquen su integración y participación en escuelas e instituciones comunitarias, políticas y económicas. En las escuelas, los maestros deben ser entrenados para prevenir el racismo, la xenofobia y la discriminación.

Ciertos países y comunidades se concentran en aumentar las perspectivas educativas de los jóvenes mejorando su transición entre la escuela y el mercado laboral, conectándolos a redes laborales y eliminando barreras que limiten su acceso a la participación cívica.

Es posible tomar medidas para prevenir la discriminación y la exclusión. Ciertas prácticas prometedoras para combatir la xenofobia y el racismo incluyen programas de mentorado como el de Peacemaker en el Reino Unido, que reúne jóvenes en situación de riesgo con mentores de otro entorno étnico.(10) Los programas exitosos también intentan llegar hasta los padres inmigrantes y los líderes comunitarios para comprometerlos en los esfuerzos de integración de los jóvenes.

Afortunadamente hay un reconocimiento creciente en los países de destino de que la integración es un proceso de doble vía, que no sólo requiere la adaptación de los inmigrantes sino también la de las instituciones y comunidades del país, y que para ser exitosa debe tener lugar en cuatro esferas de la vida: económica, social, cultural y política.(11) Actualmente hay una plétora de iniciativas en el nivel local, entre empleadores, sindicatos, grupos comunitarios y el público, que ofrecen apoyo lingüístico, mentorado, consejo, acceso a puestos de trabajo, y formas de participación en la sociedad cívica.(12)

Cada vez más, los países perciben la necesidad de reaccionar frente a la situación de la juventud relegada de origen migratorio. Por ejemplo en Europa, donde la fricción proveniente de la migración ha traído atención pública y política a la juventud marginalizada, cuatro Jefes de Estado convocaron a la Unión Europea a establecer un "Pacto sobre la Juventud". El pacto se concentra en educación y preparación para eliminar la marginalización de los jóvenes y permitir a la Unión Europea que cumpla con sus metas económicas.(13) Además, el Consejo de Europa lanzó de junio a septiembre 2006 una campaña dirigida a la juventud con el tema "Todos diferentes - todos iguales", que hace énfasis en los derechos humanos, la participación, la diversidad y la inclusión.(14)