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INTRODUCCIÓN

Más que nunca, los jóvenes están en movimiento. En estas últimas décadas, los cambios políticos, económicos, sociales y demográficos en muchos lugares del mundo han desarraigado a mucha gente y estimulado la migración hacia las ciudades y hacia el extranjero. El volumen creciente del comercio, los transportes más rápidos y más baratos y las comunicaciones más fáciles han alentado a más y más jóvenes a migrar dentro y fuera de sus fronteras nacionales.

El sueño de mejores oportunidades y la demanda externa de su fuerza de trabajo pone en movimiento a muchos jóvenes. La violencia, la guerra, la pobreza, el desempleo, el crimen o la persecución llevan a muchos otros a escapar.

Muchos parten con exiguas pertenencias, poco dinero y escasa información sobre sus destinos, pero llevan consigo los grandes activos de la juventud: resistencia, variedad de recursos y perserverancia. Pero, precisamente a causa de su edad, se enfrentan a obstáculos y peligros que ponen a prueba su firmeza.

Los jóvenes en movimiento son decididos. Muchos carecen de documentos, y atraviesan fronteras como visitantes o turistas. Otros pagan a contrabandistas para que los hagan cruzar la frontera. Si es necesario, cruzan océanos en embarcaciones precarias o desiertos abrasadores escondidos en camiones. Encuentran un modo.

En movimiento, los jóvenes son vulnerables. Pueden ser llevados por un contrabandista a un destino distinto del pactado. Lo que empezó como una búsqueda de una vida mejor puede terminar, para muchos, particularmente mujeres jóvenes, como una trampa: en las redes de los traficantes sexuales o confinadas en un trabajo doméstico semiesclavo. Algunos jóvenes son arrojados al torbellino de la guerra o el conflicto civil. Son tomados como soldados o huyen como pueden, con sus familias o sin ellas.

La migración internacional de los jóvenes tiene implicancias demográficas, sociales, culturales y económicas. Los jóvenes entre 10 y 24 años constituyen más del 30 por ciento de la población de los países en vías de desarrollo.(1) La mayoría de los jóvenes migrantes viene de esos países.

Muchos países, en particular aquellos con poblaciones envejecidas, se benefician de los jóvenes migrantes, que ocupan los puestos peor pagados que nadie más quiere, contribuyendo a la gran maquinaria que mueve ciudades y comunidades. Ellos aportan el trabajo manual en la agricultura y la construcción, hacen trabajo doméstico y aseguran servicios en hogares, hoteles y restaurantes. También existe una demanda creciente de trabajadores calificados en áreas como la salud, la comunicación y los deportes.

La emigración de los jóvenes reduce la fuerza de trabajo de los países de origen en una franja de edad altamente productiva, incluyendo a muchos recientemente entrenados o calificados. Pero los jóvenes migrantes envían dinero a sus países y, al regresar, les llevan su experiencia y sus habilidades.

La migración supone la pérdida de las redes de familia y amistad que dan a los jóvenes un apoyo y un sentido de identidad y dirección. Por otro lado, las mujeres jóvenes especialmente- pueden encontrar cierta liberación de los roles tradicionales.

Su integración depende en gran medida de las políticas que los países de destino implementan para ayudarlos a aprender el idioma, encontrar trabajo, vivienda, educación y salud, y protegerlos del racismo, la xenofobia y la discriminación. También depende de la habilidad de los migrantes para adaptarse. Los jóvenes suelen ser más flexibles y deseosos de aprender, y pueden ayudar a sus mayores.

Las mujeres jóvenes que migran solas pueden insertarse en su nueva sociedad, y disfrutar de la autonomía que les brindan la educación y el empleo; pero dentro de la familia, el instinto en muchas comunidades inmigrantes tiende a limitar el contacto "exterior" de sus hijas y los riesgos que conlleva. Estas cuestiones pueden suscitar tensiones entre migrantes y anfitriones, y dentro de las comunidades inmigrantes, que recién ahora están siendo plenamente reconocidas.

Pese a los riesgos de migrar, la mayoría de los jóvenes la considera una experiencia fructuosa, que les ofrece trabajo, mejor preparación, conocimiento del mundo y el establecimiento de unas redes que benefician tanto al país de origen como al de destino.

Soñando con partir

La globalización y el mayor acceso a la información pueden hacer que los jóvenes sean más conscientes de las oportunidades que no encuentran en sus países. La exposición al cine y la televisión, el acceso más amplio a internet, las historias de los migrantes y lo que pueden ver sobre las vidas de las personas más acomodadas de sus propios países motivan sus sueños.

Los jóvenes tienen sus esperanzas puestas en un futuro donde sus visiones y su potencial puedan realizarse. Al enfrentar oportunidades desiguales y limitadas, no es una sorpresa que una amplia proporción de los jóvenes de los países en vías de desarrollo y los países en transición quieran migrar, por ejemplo: 51 por ciento en los países árabes,(2) 63 por ciento en Bosnia,(3) más del 60 por ciento en Primorie, Rusia Oriental,(4) 47 por ciento en Perú(5) y 25 por ciento en Eslovaquia.(6)

Pero deseos no suelen convertirse en realidad. Son pocos los que hacen verdaderos planes para irse, y menos aún los que se van a los países que eligieron. Sin embargo, el hecho de que tantos jóvenes consideren irse se ha convertido en un tema de debate para muchas sociedades.

¿Cuántos se van?

Poco se sabe de la diversidad y complejidad de los jóvenes que migran. La información es extremadamente limitada, porque durante muchos años se suponía que los migrantes internacionales eran hombres en edad laboral. Se suponía que las mujeres y los jóvenes sólo migraban como parte de sus unidades familiares. Ahora muchos países recopilan información sobre mujeres y jóvenes que migran solos, pero pocos la facilitan en un formato utilizable, y menos aún la analizan. Los jóvenes siguen siendo bastante invisibles en el rejercio, los debates públicos y las políticas sobre migración internacional.

Pese a su ausencia de los debates sobre migración internacional, los expertos acuerdan en que los jóvenes entre 15 y 30 años siempre han constituido y siguen constituyendo una proporción importante de los migrantes. Se calcula que en 2006 había en el mundo más de 191 millones de migrantes internacionales.(7) La mayoría proviene de países en vías de desarrollo y países en transición.(8) Y suelen migrar a países vecinos más prósperos o a países desarrollados.

Se calcula que la proporción de jóvenes de países en vías de desarrollo que cruza las fronteras representa alrededor de un tercio del flujo migratorio general,(9) y alrededor de un cuarto del total de los migrantes internacionales, con cifras que van desde el 50 por ciento de todos los inmigrantes nicarag├╝enses establecidos en Costa Rica(10) al 20 por ciento de todos los tayikos en Rusia.(11) Si ampliáramos la definición de juventud para incluir a los que tienen entre 25 y 29 años, los jóvenes constituirían la mitad del flujo migratorio y un tercio del total de los migrantes internacionales.(12)

Las mujeres migran tanto como los hombres.(13) Se puede suponer que esto también es cierto entre los jóvenes. Por ejemplo, las mujeres jóvenes son la mayoría de los trabajadores domésticos y enfermeros que migran. Los hombres jóvenes predominan entre los migrantes de América Central.

En el mundo de hoy, la movilidad física se asimila cada vez más a una movilidad económica ascendente. Temprano en la vida, antes de tener un empleo fijo o una familia, los supuestos beneficios de migrar en la búsqueda de nuevas y mejores oportunidades pueden superar claramente los costos.(14) La juventud ofrece la ventaja de un marco de tiempo mayor para enfrentar los desafíos de irse al exterior, y para recibir sus potenciales recompensas.(15)

Informes producidos en diversas regiones indican que hay una proporción creciente de adolescentes entre los trabajadores migrantes. En las Américas esto se ha convertido en una característica importante de la migración en los últimos 15 años.(16) Por ejemplo, 15 por ciento de todos los mexicanos que buscaban empleo en los Estados Unidos en 1997 eran adolescentes.(17) Un estudio realizado en albergues para migrantes en transito hacia los Estados Unidos, de Centroamérica y México reportó que el 40 por ciento de los recién llegados tenía entre 14 y 17 años.(18) Estudios en la frontera entre Tailandia, Myanmar y China reportan adolescentes de 13 años cruzando fronteras solos.(19)

Generalmente, los jóvenes tienen menos voz y menos poder que sus mayores, y la propia migración internacional no lleva mucho tiempo siendo considerada a nivel público y las agendas globales. La falta de datos sobre los jóvenes que cruzan fronteras es un obstáculo importante para el desarrollo de políticas y respuestas apropiadas para este grupo de edad tan vulnerable.

Los diversos rostros de los jóvenes migrantes

Los hombres y mujeres jóvenes que migran provienen de todo tipo de ambiente social, económico, educativo y étnico. Cruzan fronteras por muchas razones: en busca de trabajo, temporario o permanente; como refugiados huyendo de conflictos o persecuciones, a veces tras haber perdido o ser separados de sus padres; en busca de una mejor educación; para reunirse con padres u otros parientes que ya se instalaron en otro país; o por matrimonio, incluyendo las jóvenes implicadas en matrimonios arreglados o forzados. Algunos padres alientan la migración de sus hijos para que escapen de la pobreza o la escasez de opciones en su país. Otros quieren asegurarse que ellos y otros miembros de la familia sean cuidados más adelante.(20) Muchos jóvenes se ven atraídos por falsas promesas de mejores vidas. Algunos viajan acompañados, otros solos. Decenas de miles de niños y adolescentes que cruzan fronteras sin documentos y sin sus padres o custodios legales son detenidos y deportados cada año.(21)

Aspiraciones individuales, situaciones familiares, inclinaciones culturales y calidad general de vida están entre los factores que influyen para que los jóvenes decidan migrar. Para los hombres jóvenes, el viaje al extranjero puede ser un rito de pasaje. En ciertas zonas de África Occidental las mujeres jóvenes acostumbran migrar durante un tiempo para hacer trabajo doméstico, en sus propios países o fuera de ellos.(22) Las jóvenes ahorran sus salarios en preparación para el matrimonio. Mientras que muchos jóvenes y sus padres conocen los desafíos y riesgos de la migración, otros los ignoran y terminan desilusionados por la dureza de la vida y las condiciones laborales.

Ciertas corrientes migratorias y tipos de trabajo favorecen a un sexo sobre el otro. Por ejemplo, los hombres jóvenes representan la mayoría de los migrantes que dejan Albania,(23), India (estado de Kerala)(24) y África Occidental.(25) Los jóvenes son preferidos para trabajos con mayor gasto físico, como la construcción. Los jóvenes con un cierto nivel de educación entrenados en tecnologías de la comunicación y la información y en investigación científica son reclutados por las multinacionales y bienvenidos en países que intentan seguir siendo competitivos y rentables en los mercados globales. Una forma más rara de migración forzada definida por el sexo es el tráfico de muchachos, especialmente desde Bangladesh, India y Pakistán, para convertirse en jinetes de camellos en países del Golfo Pérsico, donde ese deporte es popular.(26)

Las mujeres jóvenes predominan en las migraciones para trabajo doméstico. Para muchas jóvenes, la migración puede ofrecer una vía de escape de las restricciones que imponen las normas tradicionales de género. Pero, por su condición femenina, las experiencias migratorias de las jóvenes abundan en abusos y violencia, especialmente de naturaleza sexual. En países de Asia, África y América Latina, donde muchas mujeres jóvenes se han desplazado desde el campo a las ciudades para trabajar en fábricas orientadas a la exportación, sus ingresos pueden mejorar su posición dentro de la familia y garantizarles mayor peso en las decisiones sobre sus destinos, permitiéndoles por ejemplo resistir presiones para que se casen y tengan hijos pronto. Aunque no están, de ningún modo, exentas de acosos sexuales y otras violaciones a sus derechos humanos, para muchas jóvenes la experiencia y las calificaciones que adquieren en su trabajo pueden ser un paso hacia la migración al extranjero, en busca de empleos mejor pagados.



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