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Chapter 1 Rajini
INDIA, ESPOSA DEL GOLFO

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La migración del marido de Rajini,
Unnkrishnan, uno de los así llamados "trabajadores del Golfo", lo llevó desde el estado indio de Kerala a Arabia Saudita. Desde allí envía regularmente sus remesas a Rajini, que maneja su hogar y los ingresos familiares.

Sus horóscopos armonizaban perfectamente. Su comunidad da mucha importancia a la armonía de los horóscopos, y el resto no era grave; Rajini y Unnikrishnan iban a casarse.

Rajini es la menor de cuatro hermanos que crecieron en Kotakka, un pueblito de Kerala, el pequeño estado del sudoeste indio. Su padre era un farmacéutico en una compañía que producía medicinas herbáceas.

Rajini tuvo una infancia muy protegida. Fue a una escuela local, y se graduó en Historia en una universidad a distancia: no tuvo que dejar su casa para estudiar. Rajini nunca fue sola a ningún sitio, y su padre tomaba todas sus decisiones, grandes o pequeñas. Cuando él murió, en 1999, su hermano mayor, como nuevo cabeza de familia, se hizo cargo de su vida. Las familias tradicionales de la cultura nair se toman muy en serio las relaciones jerárquicas. Los mayores merecen respeto y consideración; los más jóvenes -y más aún las mujeres y niñas- no suelen desafiar sus decisiones.

Así que en 2002, cuando Rajini tenía veinte, su familia decidió que se casaría con Unnikrishnan, que trabajaba como jefe de controles en el puerto de Jeddah, en Arabia Saudita. Sus familias no se conocían; un vecino propuso el matrimonio al posible novio, de vacaciones en su pueblo. Unnikrishnan aceptó encantado, sin haber conocido a Rajini y sabiendo que no podrían vivir juntos, porque Arabia Saudita no permitiría que su mujer migrase con él. Rajini estaba en contra:

Sabía que habría largos períodos de separación y que yo tendría que vivir con su madre viuda. Pero no podía hacer nada. Mi familia lo consideró una buena alianza porque él estaba trabajando en el exterior y les pareció que la seguridad y el bienestar financieros que venían con esa boda eran muy importantes. Además nuestros horóscopos armonizaban perfectamente, así que el resto no importaba mucho.

Rajini y Unnikrishnan se conocieron en su ceremonia de compromiso; su boda se realizó sólo unas semanas más tarde porque las dos familias querían que el matrimonio quedara confirmado antes de que él partiera.

Por suerte, enseguida nos gustamos. Me parece que el mes y medio que pasamos juntos antes de que él se volviera a Jeddah fue el momento más feliz de mi vida de casada. Él es una persona cálida, muy gregaria, la casa estaba llena de sonidos y risas. Sus amigos venían a visitarnos, y nosotros salíamos de compras, íbamos al cine. Cuando se fue, hasta los vecinos comentaron la diferencia, porque de pronto la casa se había quedado silenciosa.

En unas pocas semanas, Rajini se había convertido en una "esposa del Golfo", una entre un millón de mujeres de Kerala que viven sin sus maridos, emigrados a los países del Golfo Pérsico. Lo cual les trae soledad, pero también puede ofrecerles poder: con su marido lejos, la mujer tiene que tomar decisiones, conducir las finanzas familiares, manejar la casa y ocuparse de los niños y los parientes políticos ancianos.

De pronto yo ya no era una hija despreocupada y malcriada. Antes de irse, mi marido me dijo que me iba a mandar dinero todos los meses y que yo tenía que manejarlo. Me encontré cargada de responsabilidades.

Rajini tuvo que ocuparse de una casa grande que siempre necesitaba algún arreglo, cuidar a su suegra y, en su momento, a su bebé.

Al principio estaba muy asustada porque nunca antes había hecho esas cosas y no había nadie para enseñarme. Tuve que aprender de la experiencia, y con el tiempo empecé a disfrutar de estas responsabilidades, porque sabía que tenía el apoyo de mi marido en todo lo que hacía. Me sentía positiva, fuerte, con mucho más poder que en mi época de soltera, cuando no tenía ningún control sobre mi vida.

Pero el verdadero punto de quiebre, dice Rajini ahora, llegó hace dos años, cuando tuvo que supervisar, casi sin ayuda, la construcción de su nueva casa. Habían hecho los planos durante unas vacaciones de Unnikrishnan y habían tomado un préstamo en el banco a nombre de Rajini.

El hecho de que haya podido supervisar la construcción, manejar cantidades importantes de dinero, controlar a los obreros, me dio la confianza de que podía enfrentar cualquier situación.

Pero eso no llena el gran vacío emocional de su vida. Rajini habla con su marido casi todos los días pero lo extraña siempre, y sobre todo cuando su hija o su suegra se enferman o en las fiestas, cuando todo el mundo está contento. De tanto en tanto, Rajini y su marido hablan de terminar esta separación: él tampoco es feliz alejado de ella. Pero saben que sus opciones son limitadas. Con sólo un título secundario, Unnikrishnan tiene pocas posibilidades de conseguir en la India un trabajo que le permita ganar lo que gana ahora. Y la otra opción sería empezar su propio negocio -algo que la mayoría de los migrantes sueñan-, pero para eso tienen que esperar hasta terminar de pagar la hipoteca de la casa.


"El evidente beneficio de las remesas consiste en mitigar el efecto de la pobreza sobre las familias que se quedan en el país, y en elevar sus niveles de vida."

Así que ahora Rajini espera que él consiga trabajo en un país que le permita traer a su familia.

Eso sería lo mejor, porque nos hemos acostumbrado a un cierto nivel de vida, a no tener que ahorrar en comida, ropa o servicios médicos.

Rajini sólo va al hospital público local para procedimientos de rutina, vacunas y refuerzos para su hija. Para todo lo demás puede pagar médicos privados. Y está planeando mandar a su hija a una de las mejores -y probablemente más caras- escuelas de Kotakkal. Ya ha reunido el costo de la matrícula. Pero sigue sintiendo que el precio que tiene que pagar es excesivo:

No creo que toda la plata del mundo pueda pagar la soledad terrible que tiene que soportar una esposa del Golfo. La gente que me ha visto pasar de ser la hija de alguien a ser una mujer que maneja por sí misma un hogar y una familia está muy impresionada. Me elogian y me respetan, pero no saben lo sola que estoy, sobre todo a la noche, con la única compañía de un teléfono. Los demás tienen alguien con quien hablar. ¿Y yo con quién hablo?

La soledad de Rajini se completa con una vida doméstica tediosa y una interminable rutina hecha de cocinar, limpiar los dos dormitorios y el salón de la casa, cuidar a su hija de tres años, hacer las compras, ir al banco. Su día empieza a las 6.30 de la mañana; muchas veces termina en la cama a las 22, demasiado cansada como para leer o mirar las novelas en la televisión. Su única pausa es esa hora, cada tarde, en que camina medio kilómetro para ir a visitar a su familia.

¿Querrías que tu hija se casara con un trabajador del Golfo?

Nunca, Dios quiera que nunca tenga que hacerlo.

El único alivio de esta monótona rutina llega cuando su marido está en casa, dos meses cada dos años y medio. No puede hacerlo con más frecuencia: el pasaje es caro, tiene que traer regalos para toda la familia, y a su empleador no le gusta darle licencia. Por eso no pudo estar presente cuando nació su hija.

Para el parto me fui a la casa de mi madre, como se acostumbra, y mi familia hizo todo para hacerme sentir cómoda. Fui a uno de los mejores hospitales de Kotakkal, pero extrañé a mi marido, sobre todo cuando empezó el trabajo del parto. Nadie podía darme la fuerza y el apoyo moral que él me habría dado, y cuando llegó el bebé lloré porque él no estaba allí para compartir ese momento conmigo. Recién pudo ver a su hija cuando tenía un año y medio.

Así que, ahora, Rajini no quiere tener más hijos. Unnikrishnan sí querría, pero ella le dijo que para eso deberían vivir juntos. Y está preocupada porque su hija va a empezar su vida escolar sin su padre. Él parece estar de acuerdo: la última vez que se vieron, le dijo que regresaría cuando la niña empezara la escuela, porque quiere participar en su crecimiento.

Él también se da cuenta de lo importante que es para nosotros vivir juntos; todo podría ser muy distinto si estuviera aquí. Lo que hacemos ahora es como "jugar al matrimonio". No nos hemos sacado las máscaras, todo es muy poco natural. Cuando él viene por unas pocas semanas los dos hacemos muchos esfuerzos. Nos queremos, nos cuidamos, yo cocino todo lo que le gusta. Si tenemos diferencias o discusiones las olvidamos enseguida porque queremos aprovechar esos pocos días que vamos a pasar juntos. Y la pena de la separación también se renueva cada vez. Cuando se acerca el momento de su partida empezamos a contar los días que faltan, a sentirnos tristes. Así que él sólo vio una parte de mí, mi parte positiva. Yo creo que tampoco lo conozco de verdad.

Rajini sueña con vivir con su marido, pero teme que eso no sucederá pronto. Según su horóscopo, su destino es seguir separada de él por algún tiempo: los astrólogos dicen que pueden ser hasta 17 años.

Cuando pienso en esa posibilidad me desespero, pero nunca se lo dije a él, porque tengo la esperanza de que mis plegarias puedan cambiar mi destino.



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