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MENSAJES CLAVE: al dar a conocer el Informe El Estado de la Población Mundial 2005

1. IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES Y REDUCCIÓN DE LA POBREZA
2. LOS DERECHOS HUMANOS DE LA MUJER
3. SALUD REPRODUCTIVA Y REDUCCIÓN DE LA POBREZA
4. VIH/SIDA: LAS MUJERES Y LOS JÓVENES
5. PLANIFICACIÓN DE LA FAMILIA
6. LOS ADOLESCENTES Y LOS JÓVENES
7. SITUACIONES POSTERIORES A CONFLICTOS Y DESASTRES NATURALES
8. RECOMENDACIONES CLAVE
  • Los pasmosos niveles de pobreza reinantes afectan a casi la mitad de la población mundial. En la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas celebrada el mes pasado, los gobiernos del mundo concordaron, como nunca antes, en que es necesario que “la pobreza quede relegada a la historia”. Y relegar a la historia la pobreza significa relegar a la historia la discriminación por motivos de género. El progreso para la mujer es progreso para todos.

  • Es necesario efectuar inversiones en las mujeres, los jóvenes y los servicios de salud reproductiva, a fin de acelerar el desarrollo y la reducción de la pobreza, en beneficio de la generación actual y de las generaciones futuras.
    • Si no se presta atención a esas cuestiones de importancia crítica, no será posible alcanzar los objetivos relativos a la pobreza mundial y el desarrollo.
    • Las mujeres y los jóvenes representan una gran proporción de la población mundial y son la clave para reducir la pobreza. Están en el centro mismo del desarrollo. No obstante, ambos grupos carecen de voz y de poder cuando se adoptan decisiones relativas a las políticas y las prioridades en los gastos.
    • Para reducir la pobreza es necesario contar con una población saludable, liberada de la enorme carga de los problemas de salud reproductiva, inclusive el VIH/SIDA. Los problemas de salud reproductiva—inclusive el VIH—son en todo el mundo la principal causa de muerte y enfermedad de las mujeres en edad de procrear.
    • La desigualdad entre hombres y mujeres y la deficiente salud reproductiva entrañan para las sociedades y las economías costos enormes, aun cuando evitables. Esos costos llegan a un máximo en los países más pobres, especialmente en lo concerniente a las mujeres, las adolescentes y sus familias.
    • Si se eliminara la discriminación contra las mujeres y las niñas y se subsanara la mala salud reproductiva, podría reducirse la pobreza y podrían liberarse el potencial y la productividad de los seres humanos.
  • El mundo no puede permitirse continuar avanzando con tanta lentitud hacia la igualdad entre hombres y mujeres. Si se cumpliera la promesa de igualdad de derechos para las mujeres y las niñas—formulada hace más de medio siglo al crearse las Naciones Unidas—, ésa sería la clave para resolver muchos de los problemas mundiales actuales.

    • Cuando las mujeres están educadas, disfrutan de buena salud y están empleadas, y además pueden adoptar decisiones acerca de la procreación y la vida reproductiva, todos se benefician. La promoción de la igualdad es no sólo un fin en sí mismo, sino también una poderosa fuerza para liberar de la pobreza a individuos, familias, comunidades y países.

    • Es necesario reducir la desigualdad a fin de lograr mayor eficiencia económica y más prosperidad.
    • La discriminación y la violencia contra la mujer están propagando el VIH/SIDA. Hoy, el SIDA afecta cada vez más a las mujeres, y cada vez más a las mujeres jóvenes.

    • La violencia contra las mujeres y las niñas es una epidemia silenciosa de proporciones alarmantes. Condena a millones de mujeres y niñas a vivir presas del temor. Además de los sufrimientos inconmensurables que causa esa violencia, también menoscaban la plena participación social y económica de las mujeres.
  • Las inversiones en los jóvenes figuran entre las más acertadas que pueda hacer cualquier país, en el corto y en el largo plazo.

  • A un costo modesto, podemos relegar la pobreza a la historia, salvar vidas de mujeres y de niños y proteger a los jóvenes contra el flagelo del VIH/SIDA. Es preciso que todos los países den cumplimiento a las promesas formuladas a las mujeres y los jóvenes, efectuando inversiones en sus oportunidades educacionales, económicas y políticas, en su vida reproductiva y en su seguridad.

MENSAJES, DATOS Y CONCLUSIONES SOBRE TEMAS CONCRETOS

1. IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES Y REDUCCIÓN DE LA POBREZA

La igualdad entre hombres y mujeres—la igualdad de género—es no sólo un fin en sí misma, sino una condición previa para liberar de la pobreza a las personas, las familias, las comunidades y los países, y acelerar el desarrollo.

  • La discriminación contra mujeres y niñas entraña desaprovechar la capacidad individual de casi la mitad de la población, limitando su plena contribución al desarrollo nacional. Actualmente, hay en el mundo 1.700 millones de mujeres de entre 15 y 49 años de edad.

  • Entre las estrategias clave figuran: promover la educación de la mujer, los servicios de salud reproductiva y los derechos económicos y políticos; y eliminar la violencia contra la mujer.

  • La educación de las niñas—especialmente a nivel secundario y superior—redunda en enormes beneficios en cuanto a la reducción de la pobreza, la mejora del nivel de educación y el estado de salud de la próxima generación, la prevención del VIH, la salud de madres y niños de corta edad, las perspectivas de obtener ingresos, la reducción de las tasas de fecundidad y la eliminación de las prácticas nocivas.

    • Cada año de educación de las madres se correlaciona con una reducción de entre 5% y 10% en las tasas de mortalidad de menores de un año.

    • Cada tres años de educación adicional se correlacionan con hasta un hijo menos por mujer.

  • Las mujeres, en su mayoría, son el sostén o bien parcial, o bien primordial, o único de ellas mismas y de sus familias. La investigación indica que cuando las mujeres controlan el ingreso de la familia, tienden a efectuar mayores inversiones en sus hijos que los hombres.

  • Cuando las mujeres pueden aplazar el matrimonio y la procreación, completar su educación e ingresar en la fuerza laboral, pueden lograrse familias más pequeñas, aumentos en los ahorros y mayor prosperidad socioeconómica. Este factor fue la fuerza impulsora del milagro económico de los “Tigres asiáticos”.

2. LOS DERECHOS HUMANOS DE LA MUJER

El mundo no puede permitirse continuar el lento avance hacia la igualdad entre hombres y mujeres. Desde la creación de las Naciones Unidas, hace 60 años, se han formulado muchas promesas para dotar de iguales derechos a las mujeres y los niños. Pese a apreciables progresos, es mucho más lo que queda por hacer para salvar la discrepancia entre las retóricas y las realidades que viven millones de mujeres y niñas en todo el mundo.

Uno de los mayores logros del siglo XX fue la creación de un sistema internacional de derechos humanos para que todos disfruten de los mismos derechos. Si bien algunos países han logrado adelantos, en particular en la aprobación de políticas y leyes y la mejora del acceso a la educación y los servicios de salud, para millones de mujeres y de niñas la promesa de los derechos humanos no se ha plasmado en la práctica:

  • La violencia contra las mujeres y las niñas es una callada epidemia mundial de proporciones alarmantes: una de cada tres mujeres es apaleada, obligada contra su voluntad a entablar relaciones sexuales o víctima de otros abusos, por lo general por parte de un miembro de su familia o un conocido. La violencia por motivos de género sigue sin disminuir en países tanto ricos como pobres. Es común la impunidad de quienes la perpetran y las mujeres y las niñas no tienen adónde recurrir.

  • Casi dos terceras partes de los 800 millones de adultos analfabetos son mujeres. De los 137 millones de jóvenes analfabetos (15 a 24 años de edad), 63% son mujeres.

  • En todo el mundo, las mujeres sólo ocupan un 16% de los escaños parlamentarios; un progreso desalentador en comparación con 1990, cuando la participación política de la mujer era del 12%. Algunos países en desarrollo han logrado enormes avances: Rwanda, por ejemplo, tiene la más alta proporción de mujeres parlamentarias en todo el mundo (49%), y supera a Suecia (45%).

  • Muchos países no han dado cumplimiento a la meta para 2005, planteada en 1995 en la Cuarta Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer, de revocar la legislación discriminatoria. En muchos países, las mujeres carecen de igualdad de derechos sociales, económicos y políticos, inclusive los derechos dentro del matrimonio y de la familia. En muchos países pobres, se impide a las mujeres ser propietarias de bienes o de tierras y heredar a sus esposos fallecidos, lo cual agrava el empobrecimiento y la explotación de las viudas y sus hijos, y acelera la propagación del VIH.
  • Si bien muchos países están tratando de promover la igualdad entre hombres y mujeres, sus acciones suelen ser de pequeña escala y estar deficientemente financiadas.
  • Para que pueda alguna vez lograrse la igualdad entre hombres y mujeres, así como la reducción de la pobreza, es imprescindible fomentar una alianza con los jóvenes varones y los hombres, para que presten su apoyo. Dado que los hombres tienen un poder preponderante en la adopción de decisiones, para lograr la igualdad en la vida política y económica, así como en la familia, eliminar la violencia contra las mujeres y frenar la epidemia de SIDA, es imprescindible lograr transformaciones sociales que fomenten la responsabilidad compartida y el respeto a los derechos de las mujeres y las niñas.

3. SALUD REPRODUCTIVA Y REDUCCIÓN DE LA POBREZA

El acceso universal a la salud reproductiva—como lo convinieron en 1994 los 179 gobiernos reunidos en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD)—es la clave para reducir la pobreza, mejorar la calidad de la vida de todos, promover la igualdad entre hombres y mujeres y aumentar la productividad.

Los trastornos de la salud reproductiva—inclusive el VIH/SIDA—son en todo el mundo la principal causa de muerte y enfermedad de las mujeres (entre 15 y 44 años de edad), y la segunda causa por orden de importancia de defunción y muerte, si se considera globalmente a los hombres y las mujeres en edad de procrear.

  • Las mujeres y las adolescentes empobrecidas que residen en países pobres son las que pagan el precio más alto, demasiado a menudo, al costo de sus propias vidas. Los trastornos de la salud sexual y reproductiva constituyen un 32% de todas las causas de defunción y muerte de las mujeres en todo el mundo.

  • Cada año, como resultado de los problemas de salud reproductiva, se pierden 250 millones de años de vida productiva. Los países que ya se están debatiendo contra la pobreza pagan un alto precio debido a los altos costos para los presupuestos públicos y la menor productividad.
  • La salud reproductiva es cuestión de equidad y derechos humanos: no hay ningún otro aspecto de la salud que refleje disparidades e inequidades tan notorias entre ricos y pobres, tanto entre distintos países como dentro de un mismo país.

  • Los problemas de salud reproductiva reflejan los efectos de la pobreza y la discriminación por motivos de género sobre las vidas de las mujeres:

    • Cada año, medio millón de mujeres mueren a causa de complicaciones relacionadas con el embarazo;

    • En el mundo en desarrollo solamente, hay 76 millones de embarazos no planificados;

    • Se practican 19 millones de abortos en malas condiciones, que causan lesiones permanentes y muerte;

    • La feminización del VIH/SIDA, puesta de manifiesto por el rápido aumento de las cantidades de mujeres infectadas, especialmente mujeres jóvenes;

    • La fístula obstétrica, trastorno debilitante que afecta a más de dos millones de jóvenes adolescentes y mujeres.

Esos problemas son todos prevenibles en gran medida. La solución reside en empoderar a las mujeres y aumentar el acceso a los servicios de salud reproductiva para llegar al nivel de que disfrutan los países y las personas de mayores recursos.

4. VIH/SIDA: LAS MUJERES Y LOS JÓVENES

El VIH/SIDA está diezmando comunidades enteras y afectando a las personas durante sus años de mayor productividad. SI bien inicialmente la epidemia afectó mayormente a los hombres, actualmente entre las víctimas de SIDA predominan cada vez más las mujeres, y cada vez más las mujeres jóvenes.

  • Casi la mitad de los 40 millones de personas que actualmente viven con el VIH son mujeres. La pobreza, la discriminación y la violencia contra la mujer agravan la epidemia de VIH/SIDA. De todos los nuevos casos de infección con el VIH, las tres cuartas partes son de transmisión sexual entre hombres y mujeres, lo cual acusa la desigualdad de género y el control de los hombres en la adopción de decisiones, factores ambos centrales en la epidemia.

  • Contrariamente a la creencia muy difundida de que las mujeres casadas están “protegidas”, muchas han sido infectadas por su único compañero sexual: en África al Sur del Sahara, entre un 60% y un 80% de las mujeres con reacción serológica positiva al VIH han sido infectadas por sus esposos.
  • Los jóvenes menores de 25 años constituyen casi la cuarta parte de todas las personas que viven con el VIH. La mitad de todos los nuevos casos de VIH está constituida por jóvenes de 15 a 24 años de edad, y cada día, 6.000 se agregan a los ya infectados.

  • Las mujeres jóvenes corren riesgos especiales: en África al Sur del Sahara, las mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años de edad constituyen un 76% de todos los jóvenes que viven con el VIH. En el Caribe, el Oriente Medio y el África septentrional, un 70% de todos los jóvenes que viven con el VIH son mujeres.

5. PLANIFICACIÓN DE LA FAMILIA

La planificación de la familia es un derecho humano, cuya vigencia es fundamental para que las mujeres puedan conformar sus propios destinos y liberar a sus familias de la pobreza. Figura entre las más racionales inversiones, con la más alta eficacia en función de los costos, que pueda realizar un país.

  • La planificación de la familia posibilita que las mujeres aplacen la procreación, de modo de poder completar su educación, participar en la fuerza laboral y adquirir conocimientos prácticos y experiencia.

  • La planificación de la familia contribuye a la más alta calidad de la vida (debido al menor tamaño de la familia), tanto de las personas como de las familias; a la reducción del hambre; a la reducción de la mortalidad de madres y niños de corta edad; a la prevención del VIH (mediante el acceso a la información y el suministro de condones (preservativos)); al desarrollo social y económico; y al equilibrio entre los recursos naturales y las necesidades de la población (debido a un crecimiento demográfico más lento).

  • La planificación de la familia es un factor de importancia para la reducción de la pobreza: los países tienen una oportunidad que no se repetirá en el futuro de beneficiarse con el “dividendo demográfico”. A medida que las familias van siendo más pequeñas y que mayores cantidades de jóvenes ingresan en su etapa productiva, con menor cantidad de familiares a cargo, el resultado puede ser mayores ahorros e inversiones por cada niño, si se han establecido atinadas políticas sociales y económicas. Del crecimiento económico de los “Tigres asiáticos” entre 1965 y 1990, una tercera parte se ha atribuido a este “dividendo”. Y en los países en desarrollo sería posible reducir la pobreza en un 14% para 2015, como resultado de tales dividendos demográficos.

  • Las tasas de fecundidad han disminuido desde un promedio de más de seis alumbramientos por mujer en el decenio de 1960 hasta menos de tres en la actualidad. Pero en los países más pobres, las mujeres siguen teniendo, en promedio, cinco hijos.

  • Hay unos 201 millones de mujeres que carecen de acceso a anticonceptivos eficaces. Si tuvieran opción, muchas utilizarían métodos de planificación de la familia. En África, sólo un 20% de las mujeres casadas utilizan métodos anticonceptivos modernos, en comparación con el 54% a escala mundial.

  • Se prevé que la población mundial ha de aumentar desde los 6.500 millones actuales hasta 9.100 millones para 2050. Este crecimiento, en su mayor parte, ocurrirá en los 50 países más pobres, donde se prevé que la población se ha de duplicar con creces.

6. LOS ADOLESCENTES Y LOS JÓVENES

La actual generación de jóvenes (menores de 25 años de edad) es la mayor registrada en la historia humana: 3.000 millones, casi la mitad de la población mundial. Las inversiones en los jóvenes figuran entre las inversiones más estratégicas que pueda hacer un país, en el corto y en el largo plazo. No obstante, los encargados de formular políticas han hecho caso omiso en gran medida del hecho de que los jóvenes pueden constituir una poderosa fuerza para promover el desarrollo y reducir la pobreza.

  • En los países en desarrollo vive un 85% de los jóvenes (de 15 a 24 años de edad). Los países más pobres son los que tienen más altos porcentajes de jóvenes. Hay más de 500 millones de jóvenes que viven en la pobreza y subsisten con menos de dos dólares diarios. En Asia reside el 70% de los jóvenes del mundo en desarrollo. Las limitadas oportunidades de obtener una educación, adquirir aptitudes y conseguir un empleo, sumadas a los riesgos de infección con el VIH, explotación y violencia, caracterizan la vida de millones de jóvenes que viven en la pobreza.

    • Si no se efectúan hoy las inversiones necesarias en los jóvenes, esto tendrá repercusiones a largo plazo sobre las vidas individuales, los sistemas de salud, la seguridad, el crecimiento de la población y las economías y podría arraigar la pobreza durante varios decenios. Por otra parte, las inversiones en los jóvenes pueden conducir a una mayor productividad y al desarrollo socioeconómico.

    • Los jóvenes constituyen la mitad de los desempleados en todo el mundo. Cuando hay grandes cantidades de jóvenes desempleados, esto puede propiciar la persistencia de la pobreza, la continua propagación del VIH, la desigualdad y los disturbios civiles.
  • En la actualidad, los adolescentes (10 a 19 años de edad), cuya cantidad es de 1.200 millones, están en una etapa crítica de la vida. Las decisiones que se adopten hoy para su bienestar reverberarán durante generaciones en el futuro.

    • Los adolescentes están ingresando en su etapa productiva y reproductiva. Las inversiones en promover una población de jóvenes educados, saludables y dotados de aptitudes y perspectivas de empleo pueden impulsar en gran medida el desarrollo y la reducción de la pobreza. Pero los adolescentes suelen ser el eslabón perdido en las políticas y los presupuestos: las inversiones efectuada en beneficio de la infancia pueden quedar desaprovechadas si no se sigue prestando atención a los adolescentes en momentos en que efectúan su transición a la adultez.

    • Si bien muchos adolescentes están creciendo en ámbitos que los acogen y los protegen, la pobreza coloca a millones de adolescentes en situación de riesgo y limita sus perspectivas en la vida. Pueden verse obligados a dejar de lado la educación a fin de ayudar al sostén de sus familias y con frecuencia corren riesgos de ser reclutados por la fuerza como niños soldados o como esclavas sexuales; también corren riesgos de explotación sexual o comercial; orfandad; o total abandono.
  • Hay más de 1.000 millones de adolescentes (10 a 19 años de edad) que están ingresando en su etapa de procreación. En su mayoría, comenzarán a tener actividad sexual antes de cumplir 20 años, y muchos de ellos ya estarán casados. Esos adolescentes necesitan con urgencia servicios de salud reproductiva e información al respecto, a fin de prevenir los embarazos precoces y no planificados, los abortos realizados en malas condiciones, las defunciones y lesiones derivadas de la maternidad y las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA.

  • Las adolescentes, especialmente las que viven en la pobreza, deberían constituir un grupo prioritario para reducir la pobreza y promover la igualdad entre hombres y mujeres:
    • Las niñas tienen más probabilidades que los niños varones de abandonar la escuela como resultado de la pobreza y la discriminación, así como debido a embarazos precoces y matrimonio en la infancia. Esto menoscaba sus futuras perspectivas de escapar de la pobreza, tanto para ellas mismas como para sus hijos. Si bien en todo el mundo se están reduciendo las discrepancias de género en la educación, en el Asia meridional y en África al Sur del Sahara, sólo 69% y 49%, respectivamente, de las niñas egresan de la escuela primaria; a nivel secundario, las proporciones son aún menores: sólo 47% y 30% de las niñas están matriculadas.

    • Las adolescentes son particularmente vulnerables a la violencia y la explotación sexuales, a entablar “relaciones sexuales para sobrevivir” y a la trata; y también a las prácticas nocivas, entre ellas la mutilación o corte genital femenino. En todo el mundo, casi un 5% de los ataques sexuales afectan a niñas de 15 años de edad o menores.
    • Cada año, unos 14 millones de niñas adolescentes (15 a 19 años de edad) dan a luz. Las niñas adolescentes tienen probabilidades de perder la vida en el embarazo o el parto de dos a cinco veces mayores que las mujeres de entre 20 y 30 años de edad. En los países en desarrollo, entre una cuarta parte y la mitad de las niñas adolescentes ya han dado a luz antes de cumplir 18 años. La planificación de la familia puede significar la diferencia entre tener un embarazo precoz y recibir una educación.

    • Cada año, las adolescentes se someten a cinco millones de abortos realizados en malas condiciones, para interrumpir embarazos no deseados. En el mundo en desarrollo, en ese grupo de edades, un 40% de todos los abortos realizados en malas condiciones se practicaron en África al Sur del Sahara.

    • En los próximos diez años, probablemente 100 millones de niñas adolescentes ya estarán casadas antes de cumplir 18 años. Muchas de ellas figuran entre los más pobres entre los pobres. Las adolescentes casadas son particularmente vulnerables al abandono escolar, el embarazo precoz, la infección con el VIH causada por esposos de más edad y la violencia sexual.

7. SITUACIONES POSTERIORES A CONFLICTOS Y DESASTRES NATURALES

Después de conflictos y desastres naturales, se suele prestar muy poca atención a las mujeres y los jóvenes, quienes pueden desempeñar papeles clave en las tareas de establecimiento de la paz y reconstrucción. Su activa participación política y económica ofrece una real oportunidad de establecer una paz duradera, reducir la pobreza y mejorar el desarrollo.

  • Desde el año 2000, han estallado conflictos en 40 países. Muchos de los países más pobres están sumidos en conflictos o saliendo de ellos. Aproximadamente la mitad de los países que emergen de una guerra reinciden en la violencia en plazos de hasta cinco años.

  • En el decenio de 1990, casi 2.000 millones de personas resultaron afectadas por desastres naturales. En el tsunami ocurrido en 2004 en el Asia oriental, más de un millón de personas quedaron desplazadas.

  • De los 11 millones de refugiados que hay en el mundo y de los 25 millones de personas internamente desplazadas, un 80% son mujeres y niños. Las mujeres y las niñas son especialmente vulnerables a la violencia, la explotación y la trata sexuales, durante las emergencia y después de éstas, inclusive cuando residen en campamentos de refugiados.
  • Las personas internamente desplazadas son particularmente vulnerables a los padecimientos y los ataques: el derecho internacional no ofrece ninguna protección eficaz porque no atravesaron fronteras. En la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas, los gobiernos acordaron ayudar a proteger los derechos humanos de las personas internamente desplazadas.
  • Después del fin de un conflicto, las viudas y los niños suelen quedar en la miseria y constituir una gran proporción de la población.

    • Esos jóvenes han pasado sus primeros años en medio de la guerra, en lugar de asistir a la escuela. La mitad de los niños del mundo que no asisten a la escuela viven en países donde reinan conflictos o en situaciones posteriores a conflictos.

    • Muchas mujeres y muchas niñas han sido brutalmente violadas y embarazadas por la fuerza, traumatizadas y a menudo rechazadas por sus propias familias y comunidades. Son vulnerables a la explotación sexual y la trata con fines sexuales y a entablar “relaciones sexuales para sobrevivir” y para mantenerse a sí mismas y a sus hijos.
  • Los problemas de salud reproductiva—inclusive el VIH/SIDA y la mortalidad derivada de la maternidad—suelen agravarse espectacularmente como resultado de las situaciones de emergencia.

    • Se estima que en 2003, una de cada nueve embarazadas en el Sudán murió de parto.

    • En Rwanda, la violación durante el genocidio en 1994 intensificó la epidemia de VIH en el país: según se estima, un 67% del medio millón de mujeres y niñas violadas quedaron infectadas con el VIH.

    • Las mujeres y los jóvenes están en especial situación de riesgo. Si cuando hay una emergencia se ofrecen servicios de salud reproductiva y seguidamente se restauran los sistemas nacionales de salud, es posible salvar vidas de mujeres y recién nacidos, prevenir una más amplia transmisión del VIH/SIDA y la intensificación de otros trastornos graves de salud.

Las mujeres y los jóvenes representan proporciones apreciables de esas poblaciones (y de la posible fuerza laboral) que tienen necesidades acuciantes. Pero cuando se entablan negociaciones de paz y se formulan planes de reconstrucción, a menudo se deja de lado a las mujeres y los jóvenes, los cuales pueden y deben desempeñar papeles de importancia crucial en la reconciliación y la creación de estabilidad, si se les ofrecen servicios apropiados de educación y salud, además de oportunidades económicas y políticas.

8. RECOMENDACIONES CLAVE

  • La igualdad entre hombres y mujeres y la salud reproductiva no sólo son requisitos indispensables para la reducción de la pobreza, sino que también son factores clave para acelerar el desarrollo.

  • Las inversiones en las mujeres y los jóvenes tienen importancia crítica para alcanzar los objetivos de reducción de la pobreza, establecimiento de una paz duradera y seguridad nacional y humana.

  • El fortalecimiento de los sistemas de salud, de modo que beneficien a los pobres, constituye un importante componente del conjunto de medidas para combatir la pobreza. Esto significa redoblar los esfuerzos y los recursos para dar cumplimiento al compromiso asumido en 1994 en la CIPD de ofrecer servicios de salud reproductiva para todos. La Organización Mundial de la Salud ya ha advertido que, a menos que se realicen acciones concertadas para alcanzar los objetivos mundiales de atención de la salud, no se llegará a tiempo al plazo de 2015 establecido por los gobiernos y esto entrañará un enorme costo para las personas, las sociedades y la capacidad productiva de los países.

  • Más de 250 prominentes expertos mundiales se congregaron para asesorar al Secretario General de las Naciones Unidas sobre la manera de lograr “que la pobreza quede relegada a la historia”. Sus conclusiones, dadas a conocer a principios de 2005, fueron claras: la igualdad entre hombres y mujeres y la salud reproductiva son condiciones indispensables para reducir la pobreza.

    • Entre sus ”actividades de ganancia rápida” figuran: la eliminación de los cargos por servicios de educación y salud prestados a los pobres; un mayor acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva; la provisión de suministros de planificación de la familia; la realización de campañas nacionales para eliminar la violencia contra la mujer; y la participación de las mujeres en la formulación de planes nacionales de reducción de la pobreza.
  • Tiene importancia crítica movilizar recursos adicionales con fines de prevención del VIH—la primera línea de defensa para frenar la epidemia—así como ofrecer tratamiento y atención a los ya infectados. La lucha contra el VIH/SIDA requiere que se combata la desigualdad entre hombres y mujeres.

  • Los programas sobre VIH/SIDA y salud reproductiva han tendido a operar independientemente los unos de los otros. No obstante, las personas necesitan un conjunto esencial de servicios que satisfagan sus necesidades de prevención y tratamiento del VIH y, al mismo tiempo, aborden otras esferas de importancia crítica de sus vidas reproductivas, entre ellas, prevenir las defunciones derivadas de la maternidad y los embarazos no deseados. En consecuencia, el fortalecimiento de los vínculos entre programas de salud reproductiva y programas sobre el VIH/SIDA es una cuestión de orden ético y potencialmente eficaz en función de los costos.

  • Los países en desarrollo enfrentan un crítico déficit de anticonceptivos y condones (preservativos). Pese al importante papel que desempeña la planificación de la familia en la reducción de la pobreza, desde 1995 ha ido declinando el apoyo de los donantes. En 2003, el apoyo de los donantes sufragó el equivalente de un condón por hombre y por año en el mundo en desarrollo; y seis condones por hombre y por año en África al Sur del Sahara, donde es mayor el apoyo de los donantes y donde está más difundido el VIH. A medida que van aumentando el tamaño de las poblaciones y la demanda de planificación de la familia, y a medida que se van intensificando las acciones de prevención del VIH/SIDA, esos déficit pasan a ser cada vez más acuciantes.
  • El costo de la dignidad humana y de las vidas salvadas es modesto (inferior a 200.000 millones de dólares por año) y resulta insignificante en comparación con lo que el mundo gasta en cuestiones militares (un millón de millones de dólares por año) o dedica a los subsidios agrícolas. Durante 2005, las iniciativas con mejores perspectivas que adoptaron los países donantes incluyeron acuerdos para reducir la deuda, acrecentar la asistencia en los próximos años—inclusive la duplicación de la asistencia a África—y otros planes para recaudar recursos adicionales.

  • El precio es, en verdad, modesto:

    • Por menos de cincuenta centavos diarios por cada persona que vive en situación de extrema pobreza—menos de lo que cuesta un pocillo de café en muchos países desarrollados—es posible rescatar de la pobreza en los próximos diez años a mil millones de personas.
    • Y el importe necesario para mejorar y salvar las vidas de mil millones de las personas más pobres del mundo es inferior al total de las proyecciones de los costos de reconstrucción después del devastador huracán Katrina.

Con respecto al título: Los gobiernos del mundo han formulado muchas promesas sobre la igualdad y la equidad entre hombres y mujeres y el acceso a los servicios de salud reproductiva. Pero el progreso ha sido desigual. Promover la igualdad de derechos, de oportunidades y de opciones entre las mujeres y los hombres entraña la promesa de los derechos humanos, la dignidad humana y la protección contra la necesidad y el miedo.

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