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UNFPA - United Nations Population Fund

State of World Population 2005

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CAPÍTULO 9

© Maria Soderberg/Panos Pictures
Una mujer se quita su burqa en Kandahar (Afganistán).

Plan de campaña para alcanzar
los Objetivos de Desarrollo del
Milenio y continuar

-Empoderamiento de la mujer: elevación de las familias y los países por encima de la pobreza

-Empoderar a los jóvenes: los ODM y más adelante

-Acceso universal a la salud reproductiva: cumplir con los objetivos de El Cairo para alcanzar los ODM

-Derechos e igualdad: orientación de las políticas para la reducción de la pobreza

-Recursos: un modesto precio para la dignidad humana y la equidad

Acceso universal a la salud reproductiva: cumplir con los objetivos de El Cairo para alcanzar los ODM


El Proyecto del Milenio, de las Naciones Unidas, ha establecido de manera inequívoca que la salud reproductiva es una estrategia central y con eficacia en función de los costos para conquistar los ODM(3). La salud reproductiva es un derecho humano, afirmado y reafirmado como prioridad de desarrollo en los acuerdos internacionales a partir de 1994, inclusive en las conmemoraciones del décimo aniversario de la CIPD y de la Conferencia de Beijing. En 2005, se reiteró un arrollador apoyo al programa de la CIPD, además de reconocer los fuertes vínculos entre salud reproductiva y desarrollo, en varias reuniones de alto nivel sobre los ODM celebradas con ministros de salud, de hacienda y de planificación, y con representantes de banco de desarrollo, entidades de la sociedad civil y organismos de las Naciones Unidas(4).

Los problemas de salud reproductiva, en su mayoría, son prevenibles mediante intervenciones de eficacia comprobada. La salud reproductiva y los derechos reproductivos son un aspecto integrante de la reducción de la pobreza, la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres y el empoderamiento de la mujer, así como de las acciones para reducir las tasas de mortalidad de madres y menores de un año y combatir el VIH/SIDA. Un más alto nivel de salud reproductiva mejora la calidad de la vida de las familias. Cuando los individuos y las parejas pueden escoger el tamaño de sus familias y el espaciamiento entre alumbramientos, y se produce una tendencia hacia familias más pequeñas, los países de bajos ingresos pueden escapar de la "trampa demográfica de la pobreza"(5).

Los programas de salud reproductiva pueden proporcionar un acceso cómodo-"todo en un mismo lugar"-a un conjunto de servicios para los pobres. Los servicios de salud reproductiva abarcan planificación de la familia, prevención y tratamiento de las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, y atención de la salud de la madre y el niño(6). También pueden abarcar educación sobre nutrición, provisión de suplementos vitamínicos, inmunización y prevención del paludismo. Lo ideal, como se ha demostrado en algunos proyectos, es que los servicios de salud reproductiva también puedan proporcionar información y remisión a otros programas, como los que abordan el analfabetismo femenino, la violencia por motivos de género, los derechos jurídicos, el acceso al microcrédito y la capacitación a fin de adquirir aptitudes para el empleo. Al vincular los programas de salud reproductiva con oportunidades adicionales para las mujeres y los jóvenes, es posible ayudarlos a superar otras limitaciones que constriñen sus opciones reproductivas y estimulan la propagación de la epidemia de SIDA.

37    |    CAMPAÑA MUNDIAL SOBRE LOS JÓVENES Y LOS ODM

El reconocimiento del papel desempeñado por los jóvenes en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), el UNFPA ha asumido el liderazgo y emprendido, junto con otros organismos de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y las comisiones económicas regionales, la campaña Faces of Young People and the MDGs (Rostros de jóvenes y ODM). La campaña se propone crear conciencia y atraer la atención de los encargados de formular políticas. Su mensaje es simple: es preciso hacer inversiones en los jóvenes.

En 2005, la iniciativa abarcó una exposición de fotografías en la Sede de las Naciones Unidas, Nueva York, que documenta las vidas de jóvenes de África, los Estados árabes, Asia, Europa oriental y América Latina y el Caribe. Cada serie fotográfica relata la historia de la vida de un joven en relación con los ODM. Entre otras actividades, cabe mencionar la formulación de guías estratégicas para encargados de formular políticas, la preparación de folletos, el establecimiento de un sitio Web y un concierto para recaudación de fondos previsto para 2006, al que han de asistir músicos célebres y artistas jóvenes, concentrándose en los jóvenes, el SIDA y la pobreza.


VINCULACIÓN ENTRE PROGRAMAS DE SALUD REPRODUCTIVA Y DE LUCHA CONTRA EL VIH/SIDA. La lucha contra el VIH es un componente de los servicios de salud reproductiva. No obstante, a medida que se fueron aportando más recursos para combatir la epidemia, fueron evolucionando los servicios paralelos, dotados de su propio personal, sus propias estructuras administrativas y su propia financiación. La continua aportación de recursos ofrece una oportunidad de aumentar la eficiencia, promover los objetivos de salud en los ODM y plasmar en la realidad el objetivo de la CIPD de atención universal de la salud reproductiva para los millones de personas que viven en la pobreza, cuya calidad de vida, y cuya supervivencia misma, dependen de esos objetivos.

No obstante, si los programas paralelos redundan en la proliferación de clínicas especializadas, los fondos destinados al VIH/SIDA pueden desviar personal y recursos de otras necesidades prioritarias de salud para los pobres, así como de otros objetivos de salud incluidos en los ODM(7). Esto podría menoscabar las acciones para fortalecer y racionalizar los sistemas de salud. También causaría un grave perjuicio a los usuarios: los pobres suelen recibir sólo información y servicios fragmentarios, aun cuando puedan tener acuciantes preocupaciones con respecto al VIH y a otras cuestiones de salud reproductiva. Además, las infecciones de transmisión sexual, como el VIH y muchos otros problemas de salud reproductiva, dimanan de las mismas actitudes y comportamientos.

Al vincular e integrar la prevención y la atención del VIH en los servicios generales de salud reproductiva es posible fortalecer ambas. Ambos tipos de servicios enfrentan los mismos retos: escasez de personal capacitado, suministros esenciales y equipo, falta de establecimientos adecuados y escasez de aptitudes de gestión. Ambos tipos de servicios enfrentan obstáculos similares en cuanto a suscitar demanda para los servicios y superar la estigmatización que impide a los clientes utilizarlos, cuestión en la que hay gran experiencia entre los profesionales de la salud reproductiva. Ambos tipos de servicios requieren suministros similares y aptitudes análogas en los agentes de salud. En algunas regiones, la integración es una obligación moral: en África al sur del Sahara, donde está generalizada la epidemia de SIDA, 63% de las mujeres tienen necesidad insatisfecha de anticonceptivos eficaces(8) y, en consecuencia, hay una alta proporción de embarazos no deseados. Muchas mujeres no saben si están infectadas con el VIH y por lo tanto hay riesgo de que trasmitan el virus a sus hijos. En esas circunstancias, el acceso a un conjunto mínimamente integrado de servicios de planificación de la familia, VIH y salud materna puede posibilitar que las mujeres se protejan tanto de los embarazos no deseados como del VIH y puede prevenir la transmisión del VIH a sus hijos.

La integración de un conjunto mínimo de servicios de salud reproductiva y VIH/SIDA puede tener alta eficacia en función de los costos. Por ejemplo, un estudio comprobó que al integrar los servicios de planificación de la familia e infecciones de transmisión sexual en la atención primaria de la salud, se produce en un 31% el costo de esos servicios, pues hay economías de escala en gastos de personal, suministros y gastos administrativos generales(9). Otros estudios piloto realizados por la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF) y el UNFPA demostraron que se logran considerables economías y una mayor demanda de servicios cuando se incorpora la detección voluntaria del VIH y el asesoramiento voluntario al respecto en los servicios existentes de salud sexual y reproductiva(10).

La comunidad internacional está tomando nota: en varios acuerdos y resoluciones de las Naciones Unidas se ha exhortado a ofrecer a todos los usuarios de servicios un conjunto integral de servicios esenciales de salud reproductiva y VIH/SIDA(11). El Equipo de Tareas sobre el VIH/SIDA, del Proyecto del Milenio, hizo suya esa recomendación(12). Proporcionar un conjunto integrado a servicios esenciales es a la vez equitativo y ético. También es una manera estratégica de velar por que se fortalezcan los sistemas de salud, en lugar de debilitarlos adoptando enfoques fragmentarios y prioridades que compiten entre sí.

FORTALECIMIENTO DE LOS SISTEMAS DE SALUD. Los expertos concuerdan en que alcanzar los tres ODM relativos a la salud dependerá de si se efectúan inversiones que refuercen los sistemas de salud y amplíen su alcance hasta los grupos carentes de servicios, especialmente en zonas rurales y en tugurios urbanos(13). Tanto la CIPD como el Proyecto del Milenio, plantean un enfoque centrado en la prevención y la atención primaria de la salud: el primer punto de contacto de las personas que viven en comunidades pobres.

Los países, en su mayoría, han emprendido reformas a fin de mejorar la calidad, la eficiencia y la equidad de sus sistemas de atención de la salud. Pero en opinión de muchos expertos, el resultado es que hay menor equidad en el acceso y mayores costos de la atención de la salud para los pobres(14). En varias comunidades, factores macroeconómicos como el servicio de la deuda y las limitaciones de los gastos en salud han transferido muchos costos de salud a las familias. Los subsidios y las exenciones de pago de derechos al usuario no siempre llegan a las poblaciones que los necesitan y a veces benefician a grupos de más altos ingresos, en lugar de las personas muy pobres, y más necesitadas(15).

El costo de la atención de la salud sigue siendo una importante barrera que obsta al acceso a los servicios y a su utilización. Por ejemplo, estudios realizados en varios países han comprobado que cuando la reforma del sector del salud introdujo el pago de derechos por el usuario, esto redundó en pronunciadas reducciones en el uso de los servicios de salud materna(16). Quienes tienen derecho a beneficiarse de exenciones del pago de derechos no necesariamente las conocen y dichas exenciones tampoco se aplican de manera sistemática. Algunos sistemas de salud tienen tal déficit de recursos que es común que los clientes efectúen pagos clandestinos y se vean obligados a adquirir sus propios suministros médicos básicos. El Proyecto del Milenio ha exhortado a eliminar los cargos al usuario por servicios básicos de salud, y lo propone como una de las "soluciones de efectos rápidos"(17) para reducir las inequidades en materia de salud debidas a la pobreza y la discriminación por motivos de género.

Pese a los problemas, las reformas del sector de salud proporcionan excelentes oportunidades para fijar prioridades y abordar los estrangulamientos en la prestación de servicios de calidad. Al efectuar mayores inversiones en hospitales y menores en prevención, la atención básica de la salud ha quedado fuera del alcance y fuera de contacto con las urgentes necesidades de los más pobres entre los pobres. En África al sur del Sahara y en Asia, un 75% de los pobres viven en zonas rurales(18). Los servicios preventivos eficaces podrían contribuir a prevenir millones de casos de VIH, millones de defunciones de niños de corta edad y de madres, y pérdidas de vidas a causa del paludismo y otras enfermedades inexistentes en los países industrializados.

La escasez de profesionales capacitados es una preocupación de gran magnitud. En países africanos, no es infrecuente una proporción de un médico por cada 10.000 habitantes. Esto, en comparación con un médico por cada 500 personas en los Estados Unidos(19). Una solución, como lo han probado las medidas exitosas para reducir la mortalidad derivada de la maternidad, es reformar las leyes y políticas de modo de delegar facultades a las parteras y las enfermeras, cuando esto sea seguro y viable desde el punto de vista médico(20). En el Proyecto del Milenio se ha exhortado a impartir de inmediato capacitación a los agentes de salud comunitarios para que puedan ofrecer servicios e información esenciales a nivel local(21).

Otra prioridad es contener el "éxodo de profesionales" médicos calificados que emigran al extranjero en busca de mejor remuneración y mejores condiciones de trabajo. Esto requiere la colaboración entre los gobiernos de países del norte y del sur, prestando atención a los derechos y a las condiciones de trabajo de los trabajadores de la salud(22). Los investigadores estiman que en 1999 emigraron de Ghana tantas parteras como las que habían recibido capacitación en el país ese mismo año(23). Pérdidas similares están ocurriendo en todos los países del mundo en desarrollo. Sólo la mitad de estos últimos tienen centros de capacitación de parteras, aun cuando éste es un sector prioritario de salud para alcanzar los ODM(24). Según se estima, los países de África al sur del Sahara necesitarán agregar un millón de agentes de salud a fin de poder alcanzar los ODM relativos a la salud(25). Para subsanar el déficit será necesario proporcionar mejores incentivos y mejorar la capacitación y la contratación, inclusive captar a quienes han dejado de lado el sector de la salud para trabajar en otras ocupaciones en sus propios países(26). También se necesitan administradores capacitados(27).

TRANSFORMACIÓN DE LOS SISTEMAS DE SALUD E INCORPORACIÓN DE MUJERES. La calidad de la atención sigue siendo uno de los retos principales para mejorar los sistemas de salud y alcanzar los ODM. La calidad de la atención no se limita a satisfacer normas médicas y científicas, ofrecer un suministro ininterrumpido de medicamentos esenciales seguros y otros productos y practicar los procedimientos correctamente: también abarca las interacciones personales cuando una persona visita un centro de salud. Por ende, requiere transformaciones en las actitudes y las aptitudes de comunicación de los encargados y administradores de servicios de salud, prestando particular atención a que los servicios no sean discriminatorios y tenga sensibilidad en cuestiones culturales y de género. Todos esos aspectos de la atención se resienten cuando los servicios de salud tienen insuficiente financiación o están abrumados. Los agentes de salud pueden ser valiosos miembros de sus comunidades, pero suelen carecer del respaldo necesario para ofrecer la mejor atención posible a sus clientes. Los problemas se agravan por la debilidad en la administración, las políticas ineficaces y la falta de suministros y equipos médicos esenciales.

Las personas pobres suelen manifestar que los agentes de salud los tratan mal o les faltan respeto(28). En consecuencia, es grande la cantidad de mujeres, hombres y adolescentes que recurren en cambio a miembros de la comunidad en quienes confían. Pero esos curanderos y parteras tradicionales carecen de la capacitación médica necesaria para resolver problemas de salud graves. La integración de currículos sensibles a las cuestiones culturales y de género en las instituciones que capacitan a los agentes de salud, especialmente en cuestiones de salud reproductiva, VIH/SIDA y salud de los adolescentes, es una inversión a mediano plazo con beneficios a largo plazo. Tiene gran importancia para lograr mejoras sostenidas en la calidad de la atención y puede maximizar la eficiencia y la eficacia de las inversiones en el sector de salud.

Como lo destaca el Equipo de Tareas sobre la salud de los niños y de las madres, del Proyecto del Milenio, los sistemas de salud son parte integrante de la trama social. El éxito de esos sistemas depende de la confianza que les dispensen las comunidades a cuyo servicio están. Esta confianza, a su vez, puede fomentarse sobre la base de enfoques basados en los derechos humanos, participatorios, que respondan a las cuestiones de género y sean acogedores para los jóvenes, además de alentar un diálogo continuo entre los clientes y los agentes de salud. Los derechos humanos, y los deberes que estos entrañan, pueden servir como guías para el desempeño del sistema de salud y pueden ayudar a los gobiernos y directores de programas a abordar los factores que obstan al progreso hacia los objetivos de salud en los ODM. Por ejemplo, la primacía del derecho de una mujer a la vida acarrea la obligación jurídica de los sistemas de salud de proporcionar atención por personal capacitado durante el parto y atención obstétrica de emergencia sin tardanza durante 24 horas diarias(29). Los derechos fundamentales a controlar la propia fecundidad y a protegerse contra el VIH deben ser principios orientadores de toda política y todo agente de salud. La discriminación por motivos de género, grupo étnico, edad u otras causas puede tener consecuencias graves e irreversibles para los clientes.

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