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UNFPA - United Nations Population Fund

State of World Population 2005

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CAPÍTULO 8

© James Nachtwey/VII
Una mujer internamente desplazada atiende a su hijo enfermo en el hospital de Mornei, Darfur Occidental
(Sudán).

Las mujeres y los jóvenes en
situaciones de crisis humanitaria

-Después de una crisis: oportunidades para la equidad y la paz

-Un marco en evolución para los derechos humanos

-Participación de las mujeres e igualdad de género: hacia la recuperación

-Habilitar a los jóvenes tras el fin de las crisis

-Protección de la salud reproductiva y los derechos reproductivos en emergencias humanitarias

"Durante la transición hacia la paz, se abre una oportunidad sin par de establecer un marco de reconstrucción del país que responda a las cuestiones de género. En verdad, la participación de las mujeres en el establecimiento de la paz y la reconstrucción es un componente fundamental del proceso de inclusión y democracia que puede contribuir a una paz duradera". - Noeleen Heyzer, Directora Ejecutiva, Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM)

Después de celebrarse la Cumbre del Milenio, de las Naciones Unidas, en el año 2000, en 40 países estallaron conflictos(1). En 2004, un único desastre natural-el maremoto en el Asia oriental-se cobró más de 280.000 vidas y desplazó a más de un millón de personas(2). Inmediatamente después de una guerra o un desastre, se desintegran los sistemas educacionales y de salud, aumenta la violencia por motivos de género, se propagan el VIH y otras infecciones de transmisión sexual, y suelen aumentar pronunciadamente las tasas de mortalidad, tanto de madres como de niños menores de un año.

Las numerosas crisis humanitarias crean obstáculos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). De los 34 países pobres que más lejos están de alcanzar los ODM, 22 están sumidos en conflictos o acaban de salir de ellos(3). Las crisis medioambientales, cuya frecuencia y gravedad van en aumento, también afectan desproporcionadamente a los pobres. En el último decenio del siglo XX, casi 2.000 millones de personas fueron afectadas por desastres naturales y de ellas, un 86%, por inundaciones y sequías(4). La naturaleza y la magnitud de los conflictos han cambiado, pues va en aumento la cantidad de conflictos armados que ocurren dentro de un mismo país, y no entre países distintos. Los 118 conflictos armados ocurridos durante el decenio de 1990 fueron, en su mayoría, conflictos internos(5), que tienden a durar más que las guerras entre distintos países y afectan gravemente a los civiles, inclusive con actos de secuestro, violación, mutilación, tortura y matanza en masa. Muchos civiles se ven obligados a abandonar sus hogares y sus comunidades, y la violencia sexual suele generalizarse. Durante los conflictos y después de ellos, las mujeres y los jóvenes son particularmente vulnerables. De los 35 millones de refugiados y personas internamente desplazadas que hay en el mundo, un 80% son mujeres y niños(6).

La recuperación después de un conflicto armado es un proceso que dura varios decenios y la paz que se instaura posteriormente puede ser frágil. Casi la mitad de todos los países que emergen de una guerra reinciden en la violencia dentro de los siguientes cinco años(7). Las inversiones estratégicas en las mujeres y los jóvenes, efectuadas durante las crisis y después de ellas, pueden contribuir a reducir la pobreza y a mejorar las perspectivas de desarrollo sostenible y paz duradera. Debido en gran medida a las acciones de organizaciones de la sociedad civil, la comunidad internacional reconoce cada vez más las necesidades y los derechos de los jóvenes y las mujeres en situaciones de crisis humanitaria. Actualmente, se presta mucho más atención a la manera en que esos grupos pueden ser facultados para participar en procesos de establecimiento de la paz y reparación que transformen sus sociedades destrozadas.

Después de una crisis: oportunidades para la equidad y la paz


Cuando estalla un conflicto o se desencadena un desastre natural, las mujeres sobrevivientes suelen ser quienes sobrellevan la más pesada carga en las tareas de socorro y reconstrucción. Pasan a ser las principales encargadas de atender a los demás sobrevivientes, entre ellos niños, heridos o enfermos, y ancianos. La vulnerabilidad y las responsabilidades de las mujeres se agravan por la pérdida de sus esposos y sus medios de vida, y la necesidad de obtener artículos de primera necesidad para la supervivencia de la familia(8).

En la planificación de tareas de socorro y recuperación, a menudo se han dejado de lado las necesidades concretas de las mujeres. En gran medida, se ha hecho caso omiso de la vulnerabilidad de las niñas y las mujeres a la explotación, la trata y el abuso y lo propio ocurrió con sus necesidades de atención relativas al embarazo, los suministros sanitarios y la ropa localmente apropiada. Con frecuencia, la asistencia de emergencia ha sido administrada por hombres y entregada a los hombres, sin prestar atención a si se beneficiaban o no las mujeres y los familiares a cargo.

El período de transición posterior a una crisis ofrece una valiosa oportunidad de establecer políticas y procesos que aceleren la recuperación, así como formular razonables planes de acción para alcanzar los ODM y dar cumplimiento a los programas más amplios de desarrollo y seguridad. Pero es frecuente que las mujeres queden excluidas de las negociaciones de paz y que, cuando un nuevo gobierno asume el poder, las mujeres también queden excluidas del proceso de adoptar decisiones y preparar presupuestos.

Según el Proyecto del Milenio, de las Naciones Unidas, las mujeres y las niñas en situaciones de conflicto y posteriores a conflictos son uno de los tres grupos principales para los cuales el apoyo tiene importancia crítica(9). Las políticas nacionales y la asistencia externa que proporciona dicho apoyo, posibilitan que las comunidades se reconcilien, que se quiebre el ciclo de conflictos y que se acelere la transición hacia el desarrollo sostenible. Esas políticas y esa asistencia pueden aprovechar plenamente las aptitudes de la mujer en cuanto a reconstituir la trama social y reestablecer la vida económica de las comunidades destruidas.

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