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UNFPA - United Nations Population Fund

State of World Population 2005

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CAPÍTULO 6

© David Alan Haviv/VII
Un hombre muestra orgullosamente su hijito a los visitantes en una aldea de la isla Chacahua (México).

Alianzas con adolescentes
varones y hombres

-Papel del hombre en el logro de los Objetivos de Desarollo del Milenio

-El efecto sobre los hombres de los papeles de género

-Para llegar a los niños varones y los hombres

-Reinterpretación de la masculinidad

-Los años formativos

-Aceleración del progreso

El efecto sobre los hombres de los papeles de género


Aun cuando las mujeres y los hombres comparten sus vidas, sus respectivas expectativas, oportunidades y comportamientos suelen ser ampliamente divergentes. Es imprescindible comprender esas diferencias cuando se formulan políticas y programas eficaces. Los hombres no pueden considerarse un grupo homogéneo: las normas varían, tanto entre distintas sociedades como dentro de una misma sociedad. en función de diversos factores de índole socioeconómica, cultural, étnica y otros(9). No obstante, el ideal de masculinidad está muchas veces asociado con bravura, fortaleza, independencia y actividad sexual(10).

Desde edad temprana se enseñan a los niños varones, tácita y explícitamente, los ideales y las expectativas de sus madres, padres, así como los de los demás niños y de toda la sociedad, acerca de su futuro como hombres. Este ideal de "hombría" puede conformar las actitudes y los comportamientos de los niños varones y los hombres. El concepto de masculinidad vigente en la sociedad está conectado con la autoidentidad, el sentido de pertenencia y de la propia valía. Cuando domina un ideal de masculinidad, probablemente será transmitido en primer lugar dentro de la familia y luego será reforzado por la comunidad, por otros hombres y mujeres, por los líderes de opinión y por los medios de difusión. En consecuencia, los niños varones y los hombres enfrentan presiones para alcanzar ese ideal. A menudo, internalizan las expectativas y las actitudes que acompañan ese ideal, a costa de perjudicarse a sí mismos y perjudicar a los demás. Las expectativas de la sociedad también pueden restringir la posibilidad de que los hombres se consideren a sí mismos como compañeros atentos, no violentos y responsables(11).

El ideal de considerar a los hombres como fuentes del sostén económico de sus familias, en control y dotados de autoridad, influye sobre las maneras en que se relacionan con sus esposas, sus hijos y otros hombres y mujeres. Por ejemplo, el desempleo puede frustrar que un hombre pruebe que es el "sostén del hogar". Algunos hombres tratan de cumplir esta función migrando en busca de trabajo, aun cuando deban abandonar a sus familias y a sus amigos. Cuando sus aspiraciones quedan desvirtuadas por falta de oportunidades o cuando se encuentran alejados de sus familias, algunos tal vez busquen gratificación en el alcohol o las drogas o en encuentros sexuales peligrosos. En Europa oriental, la disminución durante el decenio de 1990 de la esperanza de vida de los hombres se atribuyó al estrés y la depresión causados por el desempleo en las economías en transición. Su desaliento se reflejó en altas tasas de alcoholismo, violencia doméstica, suicidio y enfermedades cardiovasculares(12).

Muchas sociedades toleran tácitamente la asunción de riesgos por los hombres y el uso de la violencia para ejercer autoridad. Con frecuencia, se socializa a los niños varones y los hombres para que acepten la violencia como comportamiento masculino apropiado, un medio de poner en evidencia su hombría y proteger su "honra". Esto se refleja en altos niveles de violencia, tanto de los hombres entre sí como contra las mujeres. Es posible que los niños varones tropiecen por primera vez con la violencia dentro de sus propias familias, en forma de malos tratos domésticos.

Si bien son con frecuencia los hombres jóvenes quienes perpetran actos de violencia, también son sus principales víctimas: en algunos países de América Latina, los adolescentes varones (15 a 19 años de edad) constituyen un 69% de las víctimas de homicidio(13). La investigación realizada en varios países sugiere que hasta un 10% de los jóvenes han sido objeto de propuestas sexuales no deseadas y abuso sexual precoz. Además, los jóvenes con frecuencia imponen relaciones sexuales forzadas a sus novias, simpatías o compañeras sexuales ocasionales, como lo ponen de manifiesto las investigaciones realizadas en México, Nigeria, el Perú y Sudáfrica. En Camboya, el Perú y Sudáfrica, una proporción sustancial de jóvenes varones manifestaron que participaban activamente en actos de violación colectiva perpetrados por pandillas(14). Para ayudar los jóvenes varones a evitar esos comportamientos dañinos, es necesario, en primer término, comprender los factores sociales, culturales y económicos interrelacionados que los impulsan.

LAS VIDAS SEXUALES Y REPRODUCTIVAS DE LOS HOMBRES. Durante gran parte de su historia, los estudios sobre población y salud reproductiva, a diferencia de otros temas de desarrollo, se centraron casi exclusivamente en las mujeres y, específicamente, en su fecundidad y en sus vidas reproductivas(15). Fue muy escasa la información recopilada acerca de los hombres. En consecuencia, son pocos los servicios y programas de salud reproductiva que reflejan las necesidades y perspectivas específicas de los hombres. No obstante, al analizar las encuestas nacionales entre hombres de entre 15 y 54 años de edad realizadas en los últimos diez años en 39 países en desarrollo, se logra una mejor comprensión del comportamiento sexual masculino y de sus diferencias con el comportamiento sexual de la mujer(16).

Los datos revelan que la iniciación sexual masculina tiende a ocurrir a edad más temprana que la de las mujeres y que los varones tienen mayor número de compañeras sexuales, tanto dentro como fuera del matrimonio(17). El matrimonio es relativamente infrecuente entre los hombres que tienen poco más de 20 años o menos. Por otra parte, los hombres jóvenes tienden a tener mayor cantidad de compañeras sexuales que los hombres de más edad, lo cual refuerza la necesidad de prestar atención especial a este grupo de edades en lo concerniente a la prevención del VIH. En casi todos los países en desarrollo encuestados, los hombres de 20 a 24 años de edad, en su mayoría, informaron de que su iniciación sexual había ocurrido antes de cumplir 20 años. Aun cuando esto varía sustancialmente de una región a otra, en algunos países hasta un 35% manifiestan que su iniciación sexual ocurrió antes de cumplir 15 años(18).

La salud reproductiva y la anticoncepción siguen siendo primordialmente responsabilidad de la mujer. Un gran porcentaje de hombres casados de entre 25 y 39 años de edad, en particular en África al sur del Sahara, manifiestan que no han hablado de planificación de la familia con sus compañeras. Los métodos masculinos-condones (preservativos) y vasectomía-sólo representan un pequeño porcentaje del uso de anticonceptivos a escala mundial, salvo en unos pocos países industrializados y en China(19).

La proporción de hombres de entre 15 y 49 años de edad que saben que el condón previene el VIH varía ampliamente, desde 9% en Bangladesh hasta 82% en Brasil. En muchos lugares, va en aumento el uso de condones entre los hombres que tienen actividad sexual, particularmente entre quienes tienen más altos niveles de educación y entre quienes viven en zonas urbanas. Esto tal vez dependa de la disponibilidad: menos de la mitad de los hombres que viven en zona rurales del Chad, Guinea, Malí, Mozambique y el Níger tenían conocimiento de una fuente de condones(20).

Es inquietante la proporción de hombres que padecen infecciones de transmisión sexual, pero no informan a sus compañeras sexuales al respecto. En algunos países en desarrollo, al menos tres de cada diez hombres de 15 a 54 años de edad no habían dicho nada a sus compañeras; en Benin y el Perú la proporción era seis de cada diez. De los hombres de 15 a 54 años de edad con actividad sexual en Benin, Malí, el Níger y Uganda que en los últimos doce meses habían padecido una infección de transmisión sexual, sólo la mitad, o menos, habían informado a sus compañeras sexuales al respecto(21).

26    |    HOMBRES EN TRANSICIÓN EN CENTROAMÉRICA

Una investigación pionera sobre la paternidad, liderada por la Universidad Centroamericana con apoyo del UNFPA, determinó los factores que influyen sobre los papeles de los hombres en calidad de padres. En Costa Rica, el Salvador, Honduras y Nicaragua se encuestó a un total de 4.790 padres, y a otros hombres y mujeres. Se pusieron en evidencia tres tipos:

"Hombres tradicionales" (51% de los encuestados), suponen que los hombres están "naturalmente" ubicados en la cumbre de la jerarquía familiar. Se ven a sí mismos como fuente de subsistencia y encargados de la disciplina, hasta por la fuerza, de ser necesario. Piensan que expresar afecto y comprensión a sus hijos puede erosionar su autoridad y respecto y consideran que las relaciones sexuales fuera del matrimonio (por parte de los maridos) son aceptables. Esos hombres tendían a tener 50 años o más y a ser pobres, analfabetos o dotados de una educación mínima, y vivían en zonas rurales.

"Hombres modernos" (39%) son afectuosos con sus hijos y comparten la responsabilidad de su crianza, independientemente de que se haya disuelto o no el vínculo. Rechazan el uso de la violencia, consideran que la anticoncepción es una responsabilidad compartida y apoyan el papel de la mujer fuera de la esfera doméstica. Esos hombres, en su mayoría, tenían entre 20 y 49 años de edad, habían egresado de la educación secundaria o superior, y vivían en las ciudades. Muchos de esos hombres "modernos" o "transicionales" eran jóvenes padres, expuestos a las nuevas ideas y normas acerca de la igualdad entre hombres y mujeres y la necesidad de compartir las cuestiones de salud reproductiva y los derechos y responsabilidades al respecto con las mujeres.

"Hombres en transición", el 10% restante, estaban ubicados en posiciones intermedias. Con frecuencia están colmados de incertidumbres y expresan nociones conflictivas acerca de la identidad masculina.

Los más altos niveles educacionales están estrechamente correlacionados con actitudes más equitativas en cuestiones de género. Esto confirma las investigaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe que indican que egresar de la educación secundaria tiene importancia crítica para la reducción de la pobreza y las transformaciones sociales y económicas necesarias para alcanzar los ODM. Fuentes


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