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UNFPA - United Nations Population Fund

State of World Population 2005

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CAPÍTULO 5

© Tim Dirven/Panos Pictures
Joven madre afgana y su hijito desnutrido esperan en un centro de nutrición dirigido por Médecins sans
frontières.

La travesía sin mapas:
adolescentes, pobreza y género

-Adolescencia: oportunidades y riesgos

-Salud reproductiva en las vidas de los adolescentes y la juventud

-Los jóvenes y el VIH/SIDA

-Matrimonio en la infancia

-Los jóvenes y el empleo

"Algunos grupos piensan que somos demasiado jóvenes para saber. Deberían tener presente que somos demasiado jóvenes para morir". - Héctor, 20 años de edad, Honduras, Miembro del Programa del UNFPA Global Youth Partners

La actual generación de jóvenes es la mayor registrada en la historia humana. Casi la mitad de la población mundial-más de 3.000 millones de personas-tienen menos de 25 años. De esos jóvenes, un 85% vive en países en desarrollo(1). Muchos de ellos están llegando a la adultez sumidos en la pobreza y enfrentando el peligro del VIH y el SIDA. Casi un 45% de todos los jóvenes-515 millones-sobreviven con menos de dos dólares diarios(2).

Dentro del grupo de los jóvenes, los adolescentes están en una particular etapa de formación. Hay 1.200 millones de adolescentes de entre 10 y 19 años de edad(3), rebosantes de energía y posibilidades. Sus mentes están abiertas a recibir conocimientos, adquirir aptitudes y absorber valores. Sus actitudes aún están en formación. Necesitan adquirir conocimientos prácticos y aptitudes para la vida, además de acceso a los servicios de salud reproductiva y la información al respecto, tanto para su propio bienestar como para su más plena participación en el desarrollo de sus países.

En la Declaración del Milenio, de las Naciones Unidas, no se menciona a los adolescentes, quienes están en gran medida ausentes en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). No obstante, dado que representan una proporción tan grande de los pobres del mundo, afectan y están afectados por todos esos objetivos. A lo largo de los próximos diez años, los adolescentes de hoy participarán en el logro de los ODM. Antes del plazo que vence en 2015, quienes hoy tienen diez años tendrán 20 y estarán preparados para asumir plenamente el papel de agentes del desarrollo. Las decisiones normativas con respecto a la educación, la salud, el empleo y los derechos humanos de los jóvenes de hoy también afectarán la próxima ola de 1.200 millones de niños que llegarán a la adolescencia hacia 2015(4). Las decisiones que hoy se adopten- o las oportunidades que se pierdan-reverberarán durante varias futuras generaciones(5).

18    |    DEFINICIÓN DE TÉRMINOS

El uso y los significados de los términos "jóvenes", "juventud", y "adolescentes" varían en diferentes sociedades del mundo, en función del contexto político, económico y sociocultural. En el presente informe se utilizan las siguientes definiciones de las Naciones Unidas:

  • Adolescentes: 10 a 19 años de edad (adolescencia temprana, 10 a 14 años, y adolescencia tardía, 15 a 19 años)

  • Juventud: 15 a 24 años de edad

  • Jóvenes: 10 a 24 años de edad


Adolescencia: oportunidades y riesgos


La experiencia de la adolescencia es polifacética y depende de muchos factores, inclusive el propio género, el lugar de residencia, el contexto sociocultural, las circunstancias económicas y el estado civil. Un importante factor determinante es si un adolescente está o no protegido y amparado por una familia acogedora, o está tratando de sobrevivir con escasa o ninguna ayuda, al igual que muchos huérfanos del SIDA. La generación actual también está creciendo en un mundo cada vez más globalizado, lo cual plantea un nuevo conjunto de problemas y posibilidades(6).

Si bien millones de adolescentes disfrutan de ámbitos propicios, son amados y se benefician con crecientes oportunidades y libertad, hay millones de otros sujetos a amenazas que obstan a su tránsito seguro y saludable hacia la adultez. La pobreza agrava los retos y los riesgos de la adolescencia; obliga a muchos padres y madres a enviar a sus hijos a trabajar, a menudo en condiciones peligrosas. Muchas niñas y muchos niños varones no tienen oportunidad de recibir una educación.

En zonas urbanas, los jóvenes varones pueden verse obligados por la pobreza a sobrevivir en las calles. En situaciones de conflicto, los adolescentes, varones y niñas, suelen ser enganchados como soldados o como esclavos domésticos y sexuales por las fuerzas armadas rebeldes (véase el Capítulo 6). Las niñas adolescentes pueden ser víctimas de explotación y abuso o se las hace objeto de trata y se las somete a esclavitud sexual en una escala sin precedentes (véase el Capítulo 7)(7).

PARA LAS NIÑAS, MENOS OPORTUNIDADES Y MÁS RIESGOS. Las expectativas basadas en el género influyen en gran medida en la experiencia de la adolescencia(8). Con frecuencia, las niñas están en situación desventajosa. Al ingresar en la pubertad, el prejuicio contra las niñas las coloca en situación de mayor riesgo que los varones de abandonar la escuela, ser objeto de violencia sexual y contraer matrimonio precozmente. Es posible que durante ese período se amplíen las libertades y oportunidades de los varones, mientras que la experiencia de las niñas suele ser lo opuesto(9). Durante dicho período, las diferencias en el trato pueden tornarse más pronunciadas, y tal vez se eduque a las niñas para que se transformen en esposas y madres, mientras que los niños son preparados para mantener el hogar. Lo típico es que se espere que las niñas sean dóciles, mientras que se alienta a los niños varones a proyectar fortaleza y control. Las expectativas con respecto a los niños varones pueden contribuir a comportamientos agresivos o riesgosos, con efectos dañinos para los propios niños y para terceros (véase el Capítulo 6).

Para muchas niñas, particularmente las que viven en la pobreza, la adolescencia acarrea más riesgos y menos libertades. En recientes investigaciones realizadas en la provincia más poblada de Sudáfrica, KwaZulu-Natal, se comprobó que si bien la pobreza tiene efectos negativos sobre todos los jóvenes, esos efectos son mayores sobre las jóvenes, quienes tienen menor acceso a la información y menor poder de negociación para influir sobre las decisiones, inclusive la manera de protegerse a sí mismas contra el VIH(10). Las niñas tienen más probabilidades que los varones de la misma edad de abandonar la escuela, o bien debido al embarazo o bien para ayudar en las tareas del hogar y la crianza de los niños o cuidar a parientes enfermos(11). Esto se refleja en tasas de alfabetización más bajas entre las jóvenes: de los 137 millones de jóvenes analfabetos en todo el mundo, un 63% son de sexo femenino(12). Las adolescentes enfrentan mayores riesgos de ser objeto de prácticas nocivas y de padecer mala salud reproductiva y corren mayores riesgos de contagiarse con el VIH. En algunas sociedades, se prohíbe a las niñas que alternen socialmente con los niños varones y se restringe su ámbito de juego o desplazamiento fuera de su vivienda. Para los millones de niñas que contraen matrimonio precozmente, la infancia se interrumpe abruptamente.

Los miembros de la familia, los amigos, las escuelas, las comunidades y los medios de difusión influyen fuertemente sobre la percepción por parte de los adolescentes de su propio valor y su propio potencial. Los padres, madres y otros adultos en la comunidad pueden aportar orientación y apoyo y fomentar la comprensión entre generaciones, cuando los adolescentes se enfrentan con los nuevos retos en sus vidas. Al criar a las niñas y los niños varones de modo tal que se respeten recíprocamente, que aspiren por igual a recibir una educación y a tener oportunidades de trabajo, y que aspiren a un trato equitativo en la pareja y en el matrimonio, se contribuye a establecer familias fuertes y promover los objetivos de desarrollo.

19    |    LAS VIDAS DE LAS NIÑAS CAMPESINAS EN ÁFRICA

La investigación realizada con participación de la comunidad en Burkina Faso, Malí y el Senegal fundamentó las acciones de Family Care International y el UNFPA para abordar las necesidades y los derechos de las adolescentes campesinas. Esa investigación reveló algunos aspectos importantes de sus vidas:

Educación: En Malí, las niñas creen en la educación, pero un 72% de las niñas campesinas nunca asistieron a la escuela. La educación suele ser interrumpida por matrimonios en la infancia y forzados, o a causa del costo y la distancia de las escuelas secundarias, o de la costumbre de que las niñas campesinas pasen un año trabajando como sirvientas domésticas en la ciudad para así obtener ingresos con destino a sus ajuares de novias. Una niña de 18 años de Malí dijo: "En nuestra aldea, nunca hubo una niña diplomada. Para nosotras, la educación es un sueño remoto". Un padre dijo: "Una niña no necesita realmente recibir educación, puesto que en todo caso se marchará para establecer otra familia, y entonces las ventajas de su educación beneficiarán a terceros". Esta percepción tuvo mucho eco en la comunidad.

Salud reproductiva: En los tres países, las niñas suelen recibir información confusa e intimidante acerca de la pubertad y la menstruación. Los servicios de salud reproductiva y la información sobre pubertad y planificación de la familia son rudimentarios. Menos del 30% de las niñas y mujeres campesinas dan a luz con la asistencia de personal capacitado y muchas tienen miedo de utilizar los servicios médicos locales. Una joven casada en Malí dijo: "No vamos a la maternidad cuando nacen nuestros hijos debido a que la partera tiene modales hoscos y nos grita durante el parto. Además, no hay medicamentos y las camas están sucias. Preferimos que nuestros hijos nazcan en nuestras casas".

Medios de vida: Las niñas campesinas trabajan duramente para contribuir a la economía del hogar, pero sus perspectivas de seguridad económica quedan limitadas por la falta de educación, el matrimonio en la infancia, el alumbramiento precoz, la falta de movilidad y la pobreza de sus ámbitos rurales. Fuentes


UN ESLABÓN AUSENTE EN LAS POLÍTICAS Y LOS PRESUPUESTOS. Muchos programas públicos se centran en la salud de la infancia y la educación primaria, pero raramente se presta atención a las necesidades de los adolescentes. Las resultantes omisiones normativas privan a los adolescentes de un apoyo muy necesario. Al mismo tiempo, los países corren el riesgo de perder las utilidades de sus inversiones iniciales en los niños. Por ejemplo, si bien las acciones internacionales se focalizaron en la educación primaria, son la educación secundaria y la educación superior-especialmente para las niñas-las que aportan utilidades especialmente altas en lo tocante a la reducción de la pobreza, el crecimiento económico, la salud reproductiva y, en general, los ODM(13).

En las políticas de reducción de la pobreza, a menudo se ha dejado de lado a los adolescentes, aun cuando esta situación tal vez esté cambiando: entre 2002 y 2003, 17 de los 31 países que finalizaron su respectivo Documentos de Estrategia para la Reducción de la Pobreza (PRSP) dedicaron considerable atención a los jóvenes(14). Pero de ellos, sólo seis individualizaron a los jóvenes entre los grupos que vivían en la pobreza(15).

Aun cuando muchos países han elaborado políticas o programas para la juventud, son pocos los que prestan a las cuestiones de la juventud la atención concertada y sostenida que merecen. Los presupuestos son limitados y raramente se sigue la pista o se cuantifica la proporción de los recursos destinada a los jóvenes. Los países suelen carecer de datos fiables desagregados por sexo sobre los adolescentes y los jóvenes, inclusive cuando hay investigaciones sobre la pobreza o información que documenta los beneficios macroeconómicos y de desarrollo de efectuar inversiones en los adolescentes(16). Una evaluación de nueve países patrocinada por el UNFPA comprobó que cuando los gobiernos recopilan datos fidedignos sobre los jóvenes, posteriormente se presta atención a la juventud en las políticas(17).

RENDICIÓN DE CUENTAS CON RESPECTO A LOS JÓVENES. Tradicionalmente, los adolescentes han sido excluido de las decisiones que afectan sus vidas. Pero ahora los gobiernos nacionales, las ONG y los organismos de las Naciones Unidas incluyen cada vez más a los jóvenes en la adopción de decisiones y en grupos consultivos, a escala tanto mundial como nacional. El UNFPA, por ejemplo, estableció en 2004 el Panel Consultivo de la Juventud, como foro para la participación de la juventud. El Panel asesora al Fondo sobre la mejor manera de abordar las necesidades y los derechos de los jóvenes en los planes y programas nacionales de desarrollo a los que brinda apoyo(18). La Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF) incluye a jóvenes entre los miembros de su Junta Directiva(19).

En Nicaragua, una consulta con adolescentes de todo el país, realizada con el apoyo del UNFPA y el UNICEF, condujo a que el Gobierno adoptara una política integral de la juventud (20). En Panamá, el Pacto Nacional de la Juventud de 1999 suscitó compromisos públicos por parte de los candidatos presidenciales y contribuyó a la formulación de un plan nacional de la juventud, con el apoyo del UNFPA(21). En Túnez, las consultas nacionales celebradas cada cinco años bajo la conducción del Presidente, han involucrado a decenas de miles de jóvenes. En la India, el UNFPA colaboró en 2004 con el Parlamento Nacional y el programa ONUSIDA para celebrar una sesión especial del Parlamento de la Juventud sobre el VIH/SIDA, en que participaron unos 3.000 estudiantes. Durante la sesión especial, los líderes de la juventud propusieron legislación, en presencia de líderes políticos de gran experiencia.

El enfoque de la reducción de la pobreza basado en los derechos humanos requiere que se preste atención a las necesidades de los más vulnerables y los más marginados. Pero las voces de los grupos de adolescentes postergados son oídas raramente durante las deliberaciones sobre políticas. Con el apoyo del UNICEF, grupos de jóvenes procedentes de tugurios y prostíbulos de Bangladesh, que habían sido víctimas de abuso y trata, influyeron sobre la formulación del Plan Nacional de Acción contra el abuso sexual y la explotación de los niños(22). Además, el UNFPA ha apoyado la labor pionera para dar voz a grupos particularmente excluidos y llevar a ellos educación y servicios sobre salud reproductiva. Entre ellos cabe mencionar a los jóvenes discapacitados en Jamaica(23); los jóvenes gitanos en Bulgaria; los jóvenes de grupos étnicos en la República Democrática Popular Lao(24) y los adolescentes indígenas de Panamá(25).

Una medida clave puede ser eliminar las barreras legislativas a la participación de los grupos de promoción de la juventud e institucionalizar los mecanismos pertinentes. En Bulgaria, por ejemplo, los parlamentos de la juventud están vinculados a los gobiernos locales. En Costa Rica, la Ley General de 2002 sobre la persona joven autorizó a la Asamblea Nacional de la Juventud, una red de comités locales de la juventud, a establecer una política nacional de la juventud. El UNFPA proporcionó el principal apoyo a amplias consultas por el Viceministerio de la Juventud con jóvenes de todo el país, lo cual a su vez condujo a la política integral basada en los derechos humanos, aprobada por Costa Rica en 2003(26). La Política de la Juventud preparada en 1996 en Mozambique condujo a la legalización de las organizaciones de la juventud y a la creación del Consejo Nacional de Juventud, que dio una voz en los debates gubernamentales a las 120 organizaciones de la juventud que la constituyen. Kenya ha establecido oficialmente el Parlamento de la Infancia, con representantes menores de 21 años que se desempeñan como ministros en cada esfera de gobierno(27).

INVERSIONES EN LOS JÓVENES. ¿Cuántos de los jóvenes de hoy serán ciudadanos saludables y productivos cuando lleguen a la adultez? ¿Cuántos se agregarán a quienes padecen enfermedades y penurias económicas? Si no se hacen hoy las necesarias inversiones en los jóvenes, esto tendrá repercusiones a largo plazo en las vidas individuales, los sistemas de salud, la seguridad, la demografía, las economías y el desarrollo (28). Por otra parte, las medidas que se adopten hoy para abordar las disparidades de género, la pobreza y la falta de poder asegurarán el futuro. El Equipo de Tareas sobre la educación y la igualdad entre hombres y mujeres, del Proyecto del Milenio, recomienda asignar prioridad en esas inversiones a las adolescentes que viven en la pobreza.

Los 1.500 millones de jóvenes que representan el 29% de la población de las regiones menos adelantadas tienen derecho a una proporción equitativa de los recursos(29). Este argumento tiene mayor peso aún en los países más pobres, donde es mayor la proporción de jóvenes en relación con el resto de la población(30); y lo mismo ocurre en países donde hay grandes inequidades socioeconómicas estructurales; y en países que emergen de una guerra, donde muchos jóvenes prestaron servicios como combatientes o perdieron a sus padres o madres.

Las inversiones en los jóvenes no sólo son una prioridad para el fomento de los derechos humanos y la reducción de la pobreza, sino que también podrían proporcionar un "dividendo demográfico". Según las proyecciones, para 2050 la población de los 50 países más pobres se duplicará con creces, desde 800 millones en 2005 hasta 1.700 millones(31). Si se efectuaran mayores inversiones en su educación, su salud reproductiva, sus aptitudes para trabajar y sus oportunidades de empleo, esos jóvenes pueden ser una fuente de mayor productividad(32). Al posibilitar que las jóvenes parejas escojan cuándo contraer matrimonio y cuándo tener hijos, tendrán mayor control sobre sus propias vidas y esto, probablemente, conducirá a familias más pequeñas y a un crecimiento más lento de la población. La existencia de una mayor fuerza laboral con relativamente menos familiares a cargo (ancianos y niños), ofrece una oportunidad sin precedentes para efectuar inversiones y promover el crecimiento económico, como se ha comprobado en los países del Asia oriental (véase el Capítulo 2). En cambio, si no se responde a las necesidades de los jóvenes, esto podría arraigar más la pobreza y estancar el desarrollo durante varios decenios en el futuro.

Las inversiones apropiadas en los jóvenes pueden reducir el riesgo de violencia y disturbios civiles. Los hombres jóvenes están desproporcionadamente involucrados en los delitos violentos(33). Sobre la base de datos de 145 países, la investigación indica que cuando hay grandes grupos de jóvenes con escasas oportunidades de educación y de empleo decoroso, aumenta el riesgo de disturbio civil y conflicto armado(34). Las inversiones en la educación pueden reducir los riesgos, pero sólo cuando están respaldadas por la creación de empleos para grandes cantidades de jóvenes educados(35).

Las inversiones en los jóvenes pueden no sólo paliar los riesgos personales, sino también ahorrar miles de millones de dólares en productividad perdida y gastos públicos directos a consecuencia de abandono escolar, embarazo en la adolescencia, toxicomanías, delincuencia y VIH/SIDA. Dichas inversiones también arrojarán dividendos a largo plazo en las sociedades y las economías(36).

20    |    CASAS MUNICIPALES PARA ADOLESCENTES Y JÓVENES:
              EMPODERAMIENTO DE COMUNIDADES EN NICARAGUA

Nicaragua, país donde un 65% de la población es menor de 25 años, tiene una de las tasas más altas de las Américas de fecundidad en la adolescencia. Sólo seis de cada diez adolescentes asisten a la escuela y sólo la mitad llega a la escuela secundaria. A partir de 1998, el UNFPA ha colaborado con aliados locales a fin de establecer Casas para adolescentes y jóvenes en 21 municipalidades, que abarcan un 25% de la población adolescente del país.

Las Casas promueven los derechos, las aptitudes cívicas y la participación de los jóvenes, así como la importancia de ampliar los medios de acción de las comunidades y entablar un diálogo entre generaciones. Los adolescentes reciben información y capacitación en cuestiones de salud reproductiva, violencia, toxicomanías y enseñanza de oficios y difunden cuestiones de salud reproductiva y derechos reproductivos en la comunidad y por conducto de los medios de difusión.

Posibilitar que los jóvenes asuman la responsabilidad de sus propios destinos ha dado buenos resultados. Los jóvenes capacitados como líderes y como asesores de otros jóvenes están desempeñando un papel social más activo en sus comunidades. Los jóvenes han cambiado sus actitudes acerca de estereotipos y papeles de género perniciosos. Entre 1999 y 2003, las prácticas para prevenir el embarazo aumentaron desde 66% hasta 83% y el uso de anticonceptivos aumentó desde 52% hasta 80%.

"La Casa Municipal para Adolescentes es un lugar donde me siento importante y donde aprendo cómo hacer sentir a los demás que también son importantes. . . . Es un lugar donde aprendo a organizar actividades y donde nunca termino de aprender. En pocas palabras, es una oportunidad".
- Michael, adolescente de la Municipalidad de Estelí


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