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UNFPA - United Nations Population Fund

State of World Population 2005

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CAPÍTULO 3

© Chris de Bode/Panos Pictures
Una anciana eleva sus plegarias por la paz en el campamento de Oromo para personas internamente
desplazadas en Uganda. Durante 19 años, el Ejército de Resistencia del Señor ha aterrorizado a los habitantes de las provincias septentrionales.

La promesa de los derechos

-Derechos humanos y reducción de la pobreza

-Derechos humanos de las niñas y las mujeres

-Derechos humanos: componentes esenciales de los ODM

-Los derechos reproductivos en la práctica

-Derechos, género y cultura: en procura de la convergencia

-Apoyo a grupos no representados

Derechos, género y cultura: en procura de la convergencia


El concepto de derechos humanos coliga a los habitantes del mundo en una humanidad común. Los estándares de derechos humanos adoptados a escala mundial deslindan el respeto por la rica diversidad de culturas y costumbres del mundo, y el rechazo de prácticas nocivas que ponen en peligro a las mujeres y las niñas. La CEDAW y la CRC, entre otros acuerdos internacionales, aclaran explícitamente que los gobiernos deben abstenerse de invocar las costumbres, la tradición o las creencias religiosas para justificar prácticas nocivas y lesivas a los derechos humanos y que además son formas de violencia y de conculcación de los derechos reproductivos de la mujer(51). No obstante, hubo casos en que se recurrió al relativismo cultural y se motejó a los derechos humanos internacionales de "occidentales" a fin de legitimar prácticas y leyes nocivas que perpetúan la inequidad en cuestiones de género(52). Por otra parte, las normas de derechos humanos en vigor reflejan un claro consenso internacional al respecto para orientar la acción y la responsabilidad de los países.

Varias prácticas nocivas están firmemente arraigadas en la tradición. Aun cuando muchas de ellas reflejan un prejuicio de género subyacente, han sido adoptadas por padres, madres, abuelos y abuelas y legadas de una generación a la siguiente. Por ende, son facetas comúnmente aceptadas de la vida comunitaria. Pero la cultura no es estática; es dinámica y es algo adquirido(53). Las personas no son productos pasivos de sus culturas, sino que son activos participantes en su interpretación y su conformación. Como lo ha demostrado la experiencia en todo el mundo, las comunidades que comprenden los peligros dimanados de ciertas prácticas y las cuestionan desde su propio lente cultural, pueden movilizarse para cambiarlas o eliminarlas.

Los enfoques con sensibilidad cultural pueden ser eficaces para promover los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres, en diversos contextos nacionales y locales(54). Esos enfoques destacan la importancia de comprender la complejidad del contexto sociocultural en que operan los procesos de desarrollo. Asimismo, esos enfoques determinan los papeles y las perspectivas de diversas protagonistas y consideran la manera en que pueden introducirse cambios a nivel tanto normativo como de la sociedad. Esto incluye analizar las estructuras locales de poder y escuchar las opiniones de los líderes locales y los custodios de las normas y creencias culturales reinantes. Se toma en cuenta la importancia de detectar las subculturas y velar por la participación de aquellos cuyas voces tradicionalmente no se escuchan, entre ellos las mujeres, los adolescentes, las minorías étnicas y otros grupos. Los enfoques con sensibilidad cultural se centran en el diálogo comunitario y en la creación de conciencia acerca de derechos humanos y cuestiones de género, utilizando lenguaje y símbolos sociales que pueda internalizar la comunidad.

Las acciones para proscribir prácticas discriminatorias como el matrimonio en la infancia, los asesinatos "para preservar la honra", los ataques para desfigurar con ácido y las prácticas para "heredar" o "purificar" a las viudas, entre otras, tienen pocas probabilidades de éxito, a menos que vayan acompañadas de medidas eficaces para promover normas equitativas que respeten los derechos de las niñas y las mujeres. Por ejemplo, algunos países de África al sur del Sahara y de Asia han proscrito la mutilación o corte genital femenino, la selección prenatal en función del sexo y el matrimonio en la infancia, pero tropiezan con dificultades para obligar a que se acaten dichas prohibiciones. En la medida en que las hijas sigan siendo objeto de discriminación y devaluación, especialmente en el contexto de las limitadas opciones de que disponen las familias pobres, la mera prohibición del matrimonio en la infancia no logrará su propósito. De manera similar, tal vez sea difícil eliminar la mutilación o corte genital femenino cuando está estrechamente vinculado con las posibilidades de una mujer de contraer matrimonio y adquirir una identidad social. Esa práctica suele ser alentada por los parientes y marca el ingreso de la niña a una posición de mayor reconocimiento por la comunidad y mejor condición social.

Las transformaciones en las actitudes y las normas de género son posibles, especialmente cuando se toman en cuenta las opiniones y las preocupaciones de la comunidad. Por ejemplo, las medidas para reducir el número de casos de mutilación o corte genital femenino han tenido éxito cuando fueron acompañadas de la aceptación de rituales inocuos que obedecen al mismo propósito social, de modo de preservar valores importantes para la comunidad(55). La participación de personas socialmente prominentes, inclusive los líderes religiosos, puede tener importancia crucial para el cambio de las normas sociales. Un elemento clave en el espectacular éxito logrado en la República Islámica del Irán con la ampliación del acceso a la planificación de la familia (en los últimos dos decenios, la tasa de fecundidad total del país disminuyó desde un promedio de más de siete hijos por mujer hasta 2,3(56)), fue el apoyo pleno de los imanes. Ellos alentaron las familias más pequeñas y emitieron edictos religiosos que hacían suya una gama completa de métodos anticonceptivos, inclusive la anticoncepción quirúrgica masculina(57). En el Yemen, se preparó una guía para los imanes y otros líderes religiosos que establece nexos entre planificación de la familia y salud reproductiva, y textos del Corán, y destaca las enseñanzas del Profeta relativas a la igualdad de mujeres y hombres. En Camboya, las alianzas concertadas con monjes y monjas budistas están contribuyendo a abordar la amenaza del VIH para los jóvenes(58).

Al aprovechar los sistemas de creencias y valores culturales y religiosos positivos imperantes en las comunidades locales, y al crear conciencia sobre el daño causado por los estereotipos de género y las prácticas conexas, los enfoques con sensibilidad cultural logran promover los derechos humanos de la mujer y la igualdad entre hombres y mujeres.

10    |    VOCES MÁS FUERTES PARA LA SALUD REPRODUCTIVA Y LOS
              DERECHOS REPRODUCTIVOS: EMPODERAR A LAS MUJERES,
              EMPODERAR A LAS COMUNIDADES

La calidad de la atención atañe tanto a los derechos como a los servicios. Cuando las personas y las comunidades tienen conciencia de sus derechos, pueden exigir una atención apropiada. Esta exigencia, a su vez, puede influir sobre quienes dispensan los servicios y sobre los sistemas de salud, mejorando su comprensión de cómo pueden prestar mejores servicios. Ésta es la premisa implícita en la iniciativa de "Voces más fuertes para la salud reproductiva", emprendida en 2001 por el UNFPA en colaboración con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), con financiación de la Fundación pro Naciones Unidas. Al aportar a las personas información sobre sus derechos, la iniciativa ha movilizado a los residentes de comunidades en la India, Kirguistán, Mauritania, Nepal, el Perú y la República Unida de Tanzanía para colaborar en pro de las mejoras en sus vidas.

En cuatro provincias rurales u oblasts de Kirguistán, la iniciativa ha creado mayor conciencia acerca de la Ley de derechos reproductivos, del año 2000. Las comunidades, los encargados de prestar servicios y los funcionarios de administraciones locales se reúnen regularmente para considerar la aplicación de la ley y los agentes de policía locales, maestros y abogados han recibido capacitación sobre derechos reproductivos. Uno de los cambios más importantes es que ahora, las comunidades objetan la práctica tradicional de "secuestro de la novia". Las familias están rescatando a hijas que han sido secuestradas como novias contra su voluntad y los líderes tribales están examinando denuncias sobre novias secuestradas.


"Debido a los problemas de salud sexual y reproductiva y la violencia doméstica, algunas familias sufrían problemas que fueron considerados a nivel de la aldea. No teníamos opiniones en común sobre esos temas. No teníamos conocimientos acerca de la Ley de derechos reproductivos. Pensábamos que estaba prohibido escribir acerca de cuestiones de salud sexual y reproductiva. Ahora conocemos de la Ley y sabemos cuáles son nuestros derechos".

- Aldayarova, 37 años, Kirguistán


"Nunca pensamos que eso podría pasarle a nuestra hija. Zarema aceptó una invitación a salir con este joven sólo una vez. Pocos días después.supimos que era una novia secuestrada. Nuestro primer pensamiento fue traerla de regreso al hogar. Pero nosotros respetamos nuestras tradiciones, de modo que decidimos dejarla por el momento con aquella familia. Más tarde, nos reunimos varias veces con Zarema. Yo me fui convenciendo cada vez más de que ella no iba a ser feliz con esa familia. Entonces, después de dos semanas, la trajimos de regreso. Todos los participantes en los talleres llegaron a la misma conclusión: que ante todo es necesario proteger los intereses y los derechos de las personas, antes que los de la sociedad..Otras cuatro familias adoptaron la misma decisión; no sacrificaron a sus hijas".

- La madre de Zarema, Kirguistán


Las poblaciones indígenas pobres del Perú, y especialmente sus adolescentes, tropiezan con barreras económicas, socioculturales y de género para recurrir a servicios de salud reproductiva. Voces más fuertes para la salud reproductiva opera en el distrito urbana más densamente poblado de Lima, San Juan de Lurigacho, donde un tercio de la población es joven y vive en extrema pobreza, y en la región de Pucallpa, en la jungla amazónica. La iniciativa, colaborando con los jóvenes, los proveedores de servicios de salud y los padres y madres, está mitigando el estigma que pesa sobre el acceso de las adolescentes a los servicios de salud reproductiva

Los jóvenes están expresándose activamente en foros comunitarios públicos. Adolescentes y encargados de servicios de salud han participado en talleres conjuntos para fomentar la confianza y decidir de qué manera lograr que los servicios sean más acogedores para los jóvenes. En Pucallpa, el acto público de DiscoSIDA, completo con luces, música y videofilmes, atrajo a más de 600 jóvenes y 23 maestros para intercambiar ideas sobre la prevención de las infecciones de transmisión sexual y el VIH, el uso de condones (preservativos) y la presión que ejercen los jóvenes sobre otros jóvenes. El Gobierno formuló una Guía de políticas de salud de los adolescentes mediante un proceso participatorio que incluyó a jóvenes y a otras organizaciones de la sociedad civil.


"Debemos cuidarnos a nosotras mismas, adoptar nuestras propias decisiones, tener nuestras propias ideas y ser más responsables, puesto que somos las únicas que vamos a protegernos y que nos preocupamos por nosotras mismas. Somos responsables de nuestro futuro".

- Niña adolescente en San Juan de Lurigacho


"Muchos pacientes vienen una vez y, si no son bien tratados, ya no vuelven".

- Proveedor de servicios de salud, Pucallpa


En la India, estado de Haryana , los grupos de autoayuda de mujeres participan en la mesa de negociación con las autoridades de distrito en reuniones de planificación de servicios de salud y plantean sus preocupaciones relativas a salud reproductiva y derechos reproductivos ante los encargados de prestar servicios y los panchayats (consejos locales de aldea). Esos grupos, operando como "centinelas", observan la calidad de la atención y salvaguardan los derechos de la mujer. Se capacita a los encargados de prestar servicios para que consideren las perspectivas de las clientas sobre la calidad de la atención. El proceso participatorio ha quebrado la "cultura de silencio" reinante en las comunidades con respecto a las prácticas nocivas, como la selección prenatal en función del sexo, la violencia en el hogar y el matrimonio en la infancia. Las mujeres de la comunidad están ahora más dispuestas a hablar acerca de cuestiones de derechos humanos.


"Después de recibir capacitación, hablé de cuestiones de salud sexual y salud reproductiva con mis dos hijas adolescentes, y también con mi esposo y mis vecinos. Consideramos detalladamente nuestros derechos. Ahora, si hubiera algún caso de violencia contra una mujer en nuestro vecindario, no lo toleraríamos en silencio, como solíamos hacerlo en el pasado".

- Mujer participante en una aldea del estado de Haryana, India


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