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UNFPA - United Nations Population Fund

State of World Population 2005

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CAPÍTULO 2

© Jacob Silberberg/Panos Pictures
Tres niñas observan a su maestra en un aula de la aldea de Koutagba (Benin meridional).

Inversiones estratégicas:
el dividendo de la igualdad

-Pobreza de oportunidades y de opciones

-Inversiones de importancia crítica, grandes utilidades

-Conciliación de las funciones de producción y reproducción

-Rendición de cuentas por la justicia en asuntos de género

Conciliación de las funciones de producción y reproducción


Las funciones de producción y reproducción de la mujer están inextricablemente vinculadas entre sí. Aun cuando su tiempo y su energía pueden estar fuertemente absorbidos por las responsabilidades en la familia y la necesidad de obtener ingresos, las mujeres satisfacen cada vez más esas dos necesidades. No obstante, las políticas públicas no se han mantenido a la par de los cambios sociales suscitados por la creciente participación de las mujeres en la fuerza laboral y las cambiantes estructuras de la familia; tampoco han satisfecho plenamente el derecho fundamental de la mujer a determinar el número de sus hijos y el espaciamiento entre ellos.

Va en aumento el número de países que se están percatando de que las mujeres necesitan apoyo para equilibrar la vida en el trabajo y la vida en la familia, y que la crianza de los hijos es un derecho y una responsabilidad que comparten hombres y mujeres. El apoyo bien orientado puede posibilitar que las mujeres obtengan mejores empleos y puede alentar a los hombres a asumir una mayor proporción de las responsabilidades concernientes a la salud reproductiva y la crianza de los hijos. Esto, a su vez, probablemente contribuirá al crecimiento económico y la reducción de la pobreza.

Los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) prohíben la discriminación por motivos de embarazo y maternidad y estipulan que se deben proporcionar servicios de atención a la maternidad(63). Muchos países han adoptado medidas en consonancia. Los países escandinavos establecieron desde hace mucho tiempo políticas propicias a la familia y los países europeos están prestando cada vez mayor atención a la importancia de la licencia de paternidad y a los papeles del padre dentro de la familia(64). En Kenya se comprobó que al reducir el costo del cuidado de los niños, aumentan la participación de la mujer en la fuerza laboral y la matriculación de niñas en la escuela secundaria(65). La mitad de los gobiernos que examinaron el adelanto al cabo de diez años respecto de los compromisos asumidos en 1995 en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing), informan de que han adoptado algunas medidas de apoyo a las mujeres y los hombres para que equilibren las responsabilidades de la familia y el trabajo(66). Pero en general, las políticas no incluyen ni el papel de los padres ni la manera en que éste se vincula con el empleo de las madres que trabajan, las cuales siguen siendo responsables primordiales del cuidado de los niños(67). Las políticas raramente responden a las necesidades concretas de determinados grupos, como los de bajos ingresos, los indigentes o las minorías étnicas(68). Asimismo, las normas de género hacen más difícil para los padres aprovechar la licencia de paternidad cuando se dispone de ella(69). En Europa, cuando los hombres aprovecharon las políticas propicias a las familias, sus carreras se resintieron(70). Además, las políticas en materia de licencias varían ampliamente en lo concerniente a los derechos de los beneficiarios y el apoyo financiero que reciben. En todos los casos, las políticas nacionales que abordan las relaciones recíprocas entre papel reproductivo y productivo deben orientarse por el derecho de las personas y las parejas a escoger el número de hijos que desean tener y ofrecer apoyo y flexibilidad para equilibrar las demandas de la vida en la familia con las del trabajo.

Los programas de salud reproductiva que abordan las relaciones de género y la potenciación económica de la mujer arrojan mayores beneficios potenciales que los que hacen caso omiso del contexto en que se adoptan las decisiones reproductivas(71). Al proporcionar oportunidades de recibir educación y capacitación, así como de aplazar el matrimonio y la procreación, se puede posibilitar que las jóvenes desarrollen cabalmente su potencial como agentes económicos(72). Debido a que hay millones de mujeres trabajadoras que tienen hijos, los empleadores pueden ayudarlas estableciendo políticas propicias a la familia que alienten los horarios flexibles de trabajo, las guarderías infantiles y el acceso a la atención de la salud. Actualmente, en Jordania y Malasia, los empleadores son responsables de proporcionar guarderías en el lugar de trabajo(73). En varios países, los empleadores han comenzado a proporcionar información y servicios sobre salud reproductiva y prevención del VIH, dado que comprenden que la buena salud acrecienta la productividad y reduce el ausentismo. Una organización no gubernamental internacional, Business for Social Responsibility, integrada por 80 importantes compañías de todo el mundo (entre ellas, Coca-Cola y Sony), ha preparado una guía en que se detallan los beneficios económicos de apoyar la salud reproductiva de sus empleadas(74).

DERECHOS POLÍTICOS, PODER Y PARTICIPACIÓN. La participación política de las mujeres transforma los procedimientos de fijación de prioridades para las políticas públicas y contribuye a que la administración pública sea más igualitaria e inclusiva(75). Al ejercer más plenamente ese derecho, las mujeres pueden promover medidas para reducir la pobreza. La investigación muestra que, a medida que van aumentando las cantidades de mujeres que ingresan en el ámbito de la política, cambian los programas públicos, disminuye la corrupción y mejora la gobernanza(76). Esos cambios pueden acelerar la amplia transformación social que se necesita para alcanzar los ODM; ésta es una razón fundamental por la que el Equipo de Tareas sobre la educación y la igualdad entre hombres y mujeres, del Proyecto del Milenio, indicó que la mayor participación política de la mujer es una prioridad estratégica(77).

No obstante, los estereotipos de género y las responsabilidades familiares restringen la participación de la mujer en la adopción de decisiones políticas y las mujeres siguen en gran medida ausentes de los órganos nacionales que adoptan decisiones. En general, el progreso es lento y desigual(78). A escala mundial, las mujeres ocupan sólo un 16% de los escaños en parlamentos nacionales, proporción superior en menos de 4 puntos porcentuales a la registrada en 1990. Hasta la fecha, sólo 19 países han alcanzado la meta del 30% establecida por las Naciones Unidas para 1995(79). En otros 31 países, las mujeres ocupan entre 20% y 29% de los escaños. No obstante, desde 1990 las mujeres han logrado progresos en la vida política. Las leyes que establecieron cuotas fueron un importante factor del aumento de la representación política de la mujer en los parlamentos nacionales de América Latina y el Caribe, África al sur del Sahara y en los nuevos países de la ex Yugoslavia. La mayor representación es también resultado de las gestiones realizadas por grupos de mujeres, que siguen movilizando y creando grupos de apoyo(80).

A nivel local, las mujeres suelen tener mayores oportunidades de ejercer el poder, especialmente cuando hay procesos de descentralización. Tanto en la India como en Francia, las políticas para aumentar la participación política de las mujeres en las comunidades de base condujeron a su ingreso en grandes cantidades en los órganos locales que adoptan decisiones. En la India, más de un millón de mujeres forman parte de gobiernos locales(81). En un estudio de los panchayats (consejos locales de gobierno en la India), se comprobó que la inclusión de mujeres había producido profundos cambios, entre ellos, una mayor disposición de dichos consejos a responder a las demandas locales para mejorar la infraestructura, la vivienda, las escuelas y la atención de la salud(82). Dicha investigación indica que los panchayats presididos por mujeres formularon políticas más sensibles a las necesidades de mujeres, niños y familias. Etiopía, Jordania y Namibia, entre otros países, también informan acerca del aumento de la participación de la mujer a nivel local(83).

La participación política de la mujer no necesariamente está correlacionada con los niveles nacionales de pobreza: varios países de África al sur del Sahara, la región más pobre del mundo, tienen proporciones más altas que las existentes en Francia, el Japón y los Estados Unidos, donde las mujeres sólo ocupan un 15% o menos de los escaños legislativos (84). Actualmente, Rwanda, el país del mundo con mayor proporción de mujeres en el Parlamento, ha superado al respecto a Suecia (véase el Capítulo 8)(85).

5    |    FAMILIAS EN TRANSICIÓN

La mundialización (globalización), la urbanización, la modernización, la migración, las guerras, los desastres naturales y la dinámica de la población han transformado la vida de la familia. Es menor el número de familias ampliadas que viven bajo un mismo techo. La pobreza ha obligado a grandes cantidades de padres, madres y jóvenes a buscar trabajo lejos de sus familias. En algunos lugares, la rápida propagación del SIDA ha redefinido lo que significa ser una familia: hay grupos de hermanitos huérfanos que viven juntos, bajo el cuidado de un hermano o hermana mayor o de un abuelo o abuela. Esas cambiantes estructuras de la familia tienen importantes implicaciones en materia de políticas. El número de hogares cuyo jefe es una mujer va en aumento en las regiones tanto desarrolladas como en desarrollo, y en muchos países constituyen entre una quinta parte y una tercera parte de todos los hogares. También va en aumento la proporción de hogares cuyo jefe es una madre que también proporciona la mayor parte del apoyo económico, o todo el apoyo disponible. A veces, los niños también necesitan trabajar para contribuir a la supervivencia de la familia.

Actualmente, las mujeres que trabajan tienen menor acceso a las redes de apoyo que otrora proporcionaban las familias ampliadas, y esa ausencia aún no ha sido salvada por medidas sociales. En el informe del Equipo de Tareas sobre la educación y la igualdad entre hombres y mujeres, del Proyecto del Milenio, se afirma: "No hay ningún país que efectúe inversiones en los servicios de atención necesarios para satisfacer plenamente las necesidades de las mujeres y sus hijos". Cuando se carece de guarderías infantiles, las madres solteras tropiezan con particulares problemas, inclusive restricciones en las horas de trabajo o en el tipo de empleo que pueden obtener. El apoyo irregular o ausente del padre a la manutención de los hijos complica aún más la lucha para subvenir a sus necesidades.

Tradicionalmente, las mujeres son quienes soportan la carga de atender tanto a los niños como a los ancianos. A medida que se va alargando el período vital y las poblaciones van envejeciendo, el tiempo y los recursos necesarios para atender a los ancianos pueden exceder la capacidad de las generaciones más jóvenes para absorber esas tareas. Para las ancianas, las consecuencias acumuladas de la discriminación a lo largo de todas sus vidas en los mercados laborales, las pensiones insuficientes y los débiles apoyos sociales, a menudo redundan en empobrecimiento y más bajos niveles de vida en sus últimos años. Cuando a lo largo de toda la vida se ha recibido nutrición insuficiente y deficientes servicios de salud reproductiva, esto puede redundar en enfermedades crónicas, particularmente en las ancianas de países en desarrollo. La distancia geográfica hacia otros miembros de la familia puede contribuir al aislamiento y la postergación de las ancianas. Fuentes



"La insuficiente representación de las mujeres en las estructuras de adopción de decisiones refleja el nivel de madurez del proceso democrático.e indica que una sociedad es menos democrática y menos igualitaria".

- Declaración sobre la Igualdad de Género en África, Jefes de Estado y de Gobierno de Estados Miembros de la Unión Africana, Addis Abeba (Etiopía), julio de 2004


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