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UNFPA - United Nations Population Fund

State of World Population 2005

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CAPÍTULO 2

© Jacob Silberberg/Panos Pictures
Tres niñas observan a su maestra en un aula de la aldea de Koutagba (Benin meridional).

Inversiones estratégicas:
el dividendo de la igualdad

-Pobreza de oportunidades y de opciones

-Inversiones de importancia crítica, grandes utilidades

-Conciliación de las funciones de producción y reproducción

-Rendición de cuentas por la justicia en asuntos de género

INVERSIONES DE IMPORTANCIA CRÍTICA, GRANDES UTILIDADES. Las inversiones que posibilitan que las niñas y las mujeres alcancen plenamente su potencial ofrecen un doble dividendo, debido a la doble función de la mujer, productiva y reproductiva. Además de sus contribuciones de importancia vital y pocas veces remuneradas a las economías del hogar, la comunidad y el país, las mujeres traen al mundo a la generación siguiente y son las principales encargadas de cuidarla. Las inversiones en la educación, la salud reproductiva y las oportunidades económicas de las mujeres y las niñas redundan en beneficios inmediatos, y también a más largo plazo y hacia sucesivas generaciones. Esos tres ámbitos de inversión constituyen elementos de importancia crítica y con efectos sinérgicos sobre el desarrollo del capital humano de la mujer, y por extensión, de sus hijos(5).

El "milagro económico" en el Asia oriental, un crecimiento sin precedentes entre 1965 y 1990, ofrece un ejemplo de cómo esos elementos pueden operar simultáneamente. En esos países, se subsanaron las discrepancias en la educación de niños varones y niñas, se amplió el acceso a la planificación de la familia y se posibilitó que las mujeres aplazaran la procreación y el matrimonio, al mismo tiempo que, debido a mayores oportunidades de trabajar, aumentó su participación en la fuerza laboral. La contribución económica de las mujeres contribuyó a reducir la pobreza y estimular el crecimiento (6). El Proyecto del Milenio, de las Naciones Unidas, indica que las regiones del Asia oriental y sudoriental fueron las únicas en que hubo "un enorme progreso" en la reducción de la pobreza, del hambre y de la desigualdad entre hombres y mujeres(7).

EL PODER DE LA EDUCACIÓN DE LA NIÑA.Tanto las niñas como los niños varones tienen derecho a la educación. La educación fomenta la dignidad y la conciencia de la propia valía. Ofrece oportunidades para adquirir conocimientos y aptitudes y mejora las perspectivas en la vida. Junto con la nutrición, la salud y la adquisición de conocimientos prácticos, la educación es la base del capital humano; esos componentes esenciales, en su conjunto, posibilitan que las personas tengan vidas productivas y contribuyan al crecimiento económico y el desarrollo de su país(8).

Pero la pobreza impide que millones de niños, especialmente niñas, asistan a la escuela. En los países menos adelantados, sólo la mitad de los niños egresan de la escuela primaria(9). Si bien a escala mundial se están eliminando las discrepancias en la educación primaria, sigue siendo mayor el número de niñas que el de niños varones que no asisten a la escuela(10). Las discrepancias siguen siendo grandes, dentro de un mismo país y entre distintos países: en los países del Asia meridional y los de África al sur del Sahara, sólo 69% y 49% de las niñas, respectivamente, completan su educación primaria(11). A nivel secundario, es aún menor el número de niñas que asisten a la escuela: sólo 30% y 47% de ellas están matriculadas en África al sur del Sahara y el Asia meridional, respectivamente(12). Esas discrepancias por motivos de género son evidentes en las tasas de alfabetización: en todo el mundo, hay 600 millones de mujeres analfabetas, en comparación con 320 millones de hombres analfabetos(13).

La educación secundaria y terciaria de las mujeres tiene importancia particularmente estratégica. Según el Proyecto del Milenio, proporciona "los mayores beneficios para el empoderamiento de la mujer(14)". La educación secundaria arroja mayores beneficios para las mujeres que para los hombres, entre ellos un mayor uso de servicios de salud materna y planificación de la familia y un cambio de actitudes respecto de prácticas nocivas(15). Además, las probabilidades de que una mujer que tiene educación secundaria comprenda los peligros del VIH y la manera de prevenir su propagación son superiores a las de una mujer analfabeta. En Egipto, las mujeres que tenían educación secundaria tenían probabilidades cuatro veces mayores de oponerse a la mutilación o corte genital de sus hijas que las mujeres que nunca habían egresado de la escuela primaria(16). La educación secundaria también desempeña un papel más significativo que la educación primaria en la reducción de la violencia contra la mujer, por ejemplo, al facultar a las mujeres para que se aparten de parejas abusivas (17). A continuación se resumen los beneficios sociales y económicos de la educación de las niñas:

La educación de las niñas contribuye al crecimiento económico. Efectuar inversiones en la educación de las niñas es una de las maneras más eficaces de reducir la pobreza. Según una estimación, los países que no alcanzan el ODM de lograr la paridad en la educación corren riesgo de perder entre 0,1 y 0,3 puntos porcentuales por año en su crecimiento económico per cápita(18). En los países de África al sur del Sahara y del Asia meridional, las tasas de crecimiento económico podrían haber sido casi 1% superiores si esos países hubieran comenzado con discrepancias de género más pequeñas, como las del Asia oriental, y hubieran logrado adelantos hacia eliminar esas discrepancias al mismo ritmo que se observó en el Asia oriental entre 1960 y 1992(19).

Las madres educadas acrecientan el capital humano, dada su influencia sobre la salud, la educación y la nutrición de sus hijos. Las hijas de madres educadas tienen mayores probabilidades de asistir a la escuela(20). La educación de una madre también redunda en más altas tasas de inmunización y mejor nutrición de sus hijos, y ambos factores favorecen el aumento de las tasas de matriculación escolar y mejoran el desempeño de los niños en la escuela. Cada año de educación de las madres acarrea una reducción de entre 5% y 10% en las tasas de mortalidad de niños menores de cinco años(21).

La educación mejora las perspectivas económicas de la familia, al mejorar las calificaciones y las aptitudes de la mujer. A medida que las mujeres mejor educadas van ocupando más empleos remunerados, las familias van disfrutando de más altos ingresos y va en aumento la productividad global. En las economías rurales, la educación de las mujeres y las niñas puede redundar en una mayor producción agrícola. En Kenya, por ejemplo, según un estudio se estimó que el rendimiento de los cultivos podría aumentar hasta 22% si las agricultoras tuvieran el mismo nivel de educación y las mismas facultades para adoptar decisiones que los hombres(22).

La educación mejora la salud reproductiva. Las mujeres educadas tienen mayores probabilidades de ir en procura de atención prenatal y atención del parto por personal capacitado, y también probablemente utilizarán más los métodos anticonceptivos. Tienden a aplazar la iniciación de la actividad sexual, el casamiento y el comienzo de la procreación hasta más tarde que las mujeres carentes de educación. Además, las mujeres educadas tienen menor cantidad de hijos: cada tres años adicionales de educación se correlacionan con hasta un hijo menos por mujer(23). Cuando las mujeres tienen menor cantidad de hijos, en general el bienestar y las perspectivas de desarrollo de cada niño mejoran(24).

SUPERAR LA DISCREPANCIA. Muchos países han logrado adelantos en la educación de las niñas. Pero, pese a la comprobada eficacia de dicha educación para reducir la pobreza y estimular el desarrollo, las más recientes estimaciones sugieren que varios países no alcanzarán la meta de los ODM de eliminar la disparidad entre varones y mujeres en todos los niveles de la educación antes de 2015: al menos 21 países no alcanzarán la meta relativa a la educación primaria y 27 países no alcanzarán la meta para la educación secundaria(25). El plazo establecido anteriormente, de eliminar las disparidades entre varones y mujeres "preferiblemente para 2005", ya ha quedado incumplido por varios países(26).

En la Encuesta Mundial del UNFPA sobre los adelantos desde la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en 1994, de los 142 países encuestados, 58 respondieron que había aumentado el gasto en la enseñanza pública, pero sólo 14 países habían emprendido iniciativas para promover la educación de las niñas. De 129 países que presentaron informes, 23 habían aprobado leyes sobre la igualdad en la educación de niñas y niños varones y 16 habían aumentado el número de escuelas secundarias para niñas(27).

Las familias pobres deben considerar cuidadosamente los costos de enviar a sus hijas a la escuela, en comparación con los posibles beneficios, y este análisis suele reflejar y reforzar las normas de género. Por ejemplo, en sociedades donde las únicas opciones en la vida de una mujer son el matrimonio y la procreación, la educación de una niña puede considerarse un lujo, especialmente después de que se toman en cuenta las contribuciones de la niña a las tareas del hogar, las labores agrícolas y el cuidado de los niños o los ancianos. Además, tal vez se considere que el matrimonio transfiere a otra familia las inversiones efectuadas en una hija, con escasos beneficios para el padre y la madre de esa niña.

Para plasmar plenamente los beneficios de la educación de las niñas, es preciso que los países superen las barreras que impiden la asistencia de las niñas a la escuela. Las estrategias eficaces para superar la discrepancia de género en la educación se centran en las comunidades pobres y abordan obstáculos concretos. Por ejemplo, la protección de las niñas dentro de la escuela y su seguridad en tránsito desde y hacia la escuela es una cuestión de gran importancia para padres y madres, que puede abordarse agregando mujeres maestras y medidas de seguridad, reduciendo el tiempo de traslado al aumentar el número de escuelas y, en general, logrando que las escuelas sean "más acogedoras para las niñas". (Algo tan simple como agregar un retrete separado para las niñas puede lograr una diferencia). Al eliminar los derechos de matriculación escolar y otros costos es posible mitigar los obstáculos económicos: Bangladesh, México, Uganda, la República Unida de Tanzanía y otros países han tenido éxito al ofrecer almuerzo escolar gratuito, subsidios y becas(28). Tiene importancia vital lograr una mayor matriculación de las niñas a nivel secundario, inclusive medidas para retener a las adolescentes casadas y embarazadas. A nivel mundial, las iniciativas de la UNESCO sobre educación para todos y educación de las niñas promueven la asistencia de las niñas a la escuela.

Es importante mejorar tanto la calidad como la cantidad de la educación. Abordar cuestiones como la escasez de maestros, el hacinamiento en las aulas y el contenido y la pertinencia de la enseñanza son esenciales a fin de posibilitar que los jóvenes adquieran las aptitudes necesarias, prevenir la infección con el VIH, o buscar mejor empleo. Para mejorar la calidad también es menester contar con currículos sensibles a las cuestiones de género y eliminar estereotipos de género que afectan el trato a niñas y niños varones en el aula, así como los temas que estudian. Esto posibilita que las niñas aprovechen al máximo su educación y las equipa mejor para trascender las rígidas normas de género que coartan su pleno potencial. Por ejemplo, la educación puede alentarlas a considerar una más amplia gama de empleos, inclusive ocupaciones no tradicionales(29). Las aptitudes en tecnologías de la información y la comunicación (ICT) pueden abrir un mundo de oportunidades, especialmente a medida que los países van mejorando los niveles de conocimiento de ICT y la infraestructura rural. Varios países han establecido programas para capacitar a niñas y mujeres. Por ejemplo, en la República Islámica del Irán se ofrece capacitación en tecnología de la información a las campesinas, especialmente las amas de casa(30).

Es incuestionable el poder de la educación de las niñas para reducir la pobreza, lograr igualdad entre hombres y mujeres y promover el desarrollo. Pero la educación, por sí misma, no basta cuando no hay instituciones y sistemas sociales de apoyo que amplíen las oportunidades y las libertades de que disfrutan las mujeres, su acceso a los recursos y el control de las decisiones que afectan sus vidas. Las medidas para mejorar simultáneamente la salud reproductiva y las oportunidades económicas de la mujer pueden maximizar los dividendos sociales y económicos de la educación de la niña.

INVERSIONES ESENCIALES EN SALUD REPRODUCTIVA Y DERECHOS REPRODUCTIVOS. La salud reproductiva es un derecho humano, un elemento básico del capital humano y un aspecto esencial de la igualdad entre hombres y mujeres. Forma parte integrante del bienestar de las mujeres y sus familias(31). Las mujeres pobres son quienes tienen mayor necesidad y, como lo indican las investigaciones presentadas a continuación, esas mujeres, sus familias y sus sociedades en general tienen mucho que ganar con la mejoras en su salud reproductiva. Los problemas conexos pueden empujar a los hogares más profundamente hacia la pobreza(32). Las mujeres pobres suelen ser quienes menos acceso tienen a los anticonceptivos; por ende, suelen tropezar con dificultades para determinar el número de sus hijos y el espaciamiento entre ellos; y esto limita sus perspectivas de disfrutar de buena salud y empleo estable y de procurar mejores oportunidades económicas que puedan elevar su nivel de vida(33). El estado de la salud reproductiva de una mujer también afecta en gran medida a sus hijos-el futuro capital humano del país-y, por consiguiente, tiene consecuencias socioeconómicas, tanto a corto como a más largo plazo(34). Si bien los ODM no incluyeron explícitamente el objetivo de la CIPD de acceso universal a servicios de salud reproductiva antes de 2015, actualmente se reconoce en general que las inversiones en salud reproductiva son imprescindibles para alcanzar los ODM(35).

La atención de la salud reproductiva, por conducto de servicios de planificación de la familia, posibilita que las mujeres aplacen la procreación, para poder completar su educación, participar en la fuerza laboral y adquirir aptitudes y experiencia. Cuando se dispone ampliamente de anticonceptivos, las mujeres tienden a aplazar la procreación, a reducir el número de sus embarazos y a dar por terminada antes su etapa de fecundidad(36). Para las adolescentes que tienen actividad sexual (casadas o solteras), la planificación de la familia puede significar la diferencia entre el embarazo precoz y una educación.

Los problemas de salud reproductiva menoscaban las acciones de reducción de la pobreza al erosionar la productividad. Los problemas de salud reproductiva son un importante factor de enfermedad que afecta desproporcionadamente a las adolescentes y las mujeres. Esos problemas reducen la productividad laboral de la mujer, en algunos casos en un 20%, y a escala mundial cuestan cada año 250 millones de años de vida productiva(37).

Al dar a las personas la libertad y los medios de escoger el número de hijos que desean se logran familias más pequeñas, un crecimiento más lento de la población y una menor presión sobre los recursos naturales. Se espera que la población mundial aumente desde la cantidad actual, de 6.500 millones de personas, hasta 9.100 millones para 2050, en el supuesto de que continúe la tendencia histórica al aumento en el uso de métodos de planificación de la familia(38). La mayor parte de este aumento ocurrirá en países que se debaten contra la pobreza. Desde el punto de vista de los derechos humanos, es necesario satisfacer la demanda insatisfecha de personas y parejas de contar con métodos anticonceptivos. La reducción de la fecundidad no deseada también tiene importantes repercusiones a macroescala.

La salud reproductiva puede proporcionar importantes beneficios económicos debido al "dividendo demográfico". Cuando los países experimentan transiciones demográficas a consecuencia de menores tasas de mortalidad y de fecundidad, cambian las estructuras de la población. Las familias se hacen más pequeñas, con una más alta proporción de jóvenes adultos que ingresan en su etapa productiva, pero con menores cantidades de familiares a cargo, tanto niños como ancianos. Si se adoptan las políticas sociales y económicas apropiadas, esta situación puede redundar en un aumento de los ahorros y los recursos de que disponen las familias para efectuar inversiones en cada hijo y también puede posibilitar que los países efectúen inversiones a fin de aumentar la productividad y el crecimiento económico(39). Los economistas consideran que el dividendo demográfico en el Asia oriental generó un tercio del crecimiento económico sin precedentes que experimentaron esos países entre 1965 y 1990(40). Los investigadores estiman que los países en desarrollo pueden destinar sus dividendos demográficos a reducir la pobreza en aproximadamente 14% entre 2000 y 2015(41).

El acceso a servicios de salud reproductiva redunda en grandes economías para los servicios de salud pública y otros servicios sociales. Los problemas de salud reproductiva son prevenibles en gran medida: al contar con sistemas de salud más fuertes y mejor acceso a los servicios es posible evitar muchos de esos problemas y sus onerosas consecuencias. Se estimó que en Tailandia y Egipto, cada dólar invertido en planificación de la familia ahorró aproximadamente 16 y 31 dólares, respectivamente, en costos de servicios de salud, educación, vivienda y otros servicios sociales(42). Los costos para los presupuestos y las economías nacionales de la epidemia de SIDA y las altas tasas de embarazo en la adolescencia son bien conocidos y están ampliamente documentados(43).

3    |    LA SEGURIDAD HUMANA DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO

En un mundo cada vez más globalizado, donde las epidemias, el VIH/SIDA, los problemas del medio ambiente y la migración desafían las fronteras nacionales, el concepto de seguridad nacional ha comenzado a evolucionar y ya no se limita a la seguridad centrada en el Estado, sino que ha hecho una transición hacia un concepto de la seguridad humana más centrado en el ser humano. La Comisión de Seguridad Humana, de las Naciones Unidas, define esa situación como "protección contra la miseria, protección contra el miedo y libertad para adoptar decisiones por cuenta propia". Esto sigue siendo un ideal lejano para gran parte de la población mundial, en especial, los 2.700 millones de personas que viven en la pobreza, y para quienes han visto sus vidas sacudidas por conflictos violentos o desastres naturales.

La protección contra el temor es algo desconocido para los millones de niñas y mujeres sujetas cotidianamente a actos de violencia y abusos, a menudo en sus propios hogares. Millones de mujeres nunca han tenido la libertad de adoptar sus propias decisiones, porque otros las adoptan por ellas: si han de asistir o no a la escuela, si han de contraer o no matrimonio, si han de tener o no hijos o si han de votar o no. Muchas mujeres no pueden siquiera imaginar la seguridad reproductiva: el control de su propia fecundidad y de los medios de detectar y prevenir los riesgos reproductivos y contrarrestarlos. Tampoco están esas mujeres libres del temor al embarazo no deseado, a la infección con el VIH o a morir o sufrir graves lesiones en el embarazo y el parto. No obstante, la seguridad reproductiva sigue siendo fundamental para lograr el empoderamiento de la mujer, la igualdad de género y el bienestar de la familia, así como para el logro de los ODM. Fuentes


DERECHOS ECONÓMICOS Y TRABAJO INVISIBLE DE LA MUJER. Las mujeres son la columna vertebral de sus familias, las bases de la vida comunitaria, las encargadas de cuidar a los enfermos y los ancianos y quienes mayormente se ocupan de la próxima generación. Además de administrar el hogar y obtener y preparar alimentos, muchas realizan tareas agrícolas o trabajan en fábricas, mercados, minas, oficinas o talleres donde se explota a los obreros. En promedio, las mujeres suelen trabajar más horas que los hombres(44), y lo hacen casi siempre en ausencia de políticas, leyes, instituciones, servicios, arreglos familiares y tecnologías para ahorro del tiempo que las apoyen. Gran parte de su labor no se reconoce, no se remunera y es invisible. Aun cuando va en aumento el número de mujeres que ingresan en la fuerza laboral, ellas corren el riesgo de ser despedidas si quedan embarazadas y, en general, tienen menos ingresos y menos seguridad en el empleo que los hombres. La desigualdad en los derechos económicos coloca a millones de mujeres en situación desventajosa cuando tratan de mejorar la calidad de sus propias vidas y las de sus hijos. Un mejor acceso de las mujeres a los recursos económicos y al control de éstos puede ser un factor fundamental para elevar por encima de la pobreza a las familias y las comunidades.

Los enfoques macroeconómicos tradicionales y los programas de desarrollo, en su mayoría, han hecho caso omiso de las contribuciones económicas de las mujeres, debido en parte a que por lo general no se desagregan los datos por sexo y no se computa en las cuentas nacionales su trabajo no remunerado. En muchas zonas rurales, las mujeres y las niñas dedican cada día muchas horas a recoger agua y combustible, pero esa labor raramente aparece en las cuentas nacionales(45). En Zambia, las mujeres dedican 800 horas por año a recoger agua y leña; en la República Unida de Tanzanía y Ghana, dedican 300 horas a recoger leña(46). Las mejoras en la infraestructura, como fuentes de agua potable costeables y bien ubicadas y servicios sanitarios, combustibles modernos para la cocción de alimentos y mejores transportes, podrían mitigar esa carga y liberar a las niñas para que asistieran a la escuela, además de posibilitar que las mujeres se dedicaran a otras actividades productivas y comunitarias. También podría incrementarse el uso por las mujeres de los servicios de salud(47). Pero esas mejoras pueden quedar relegadas, a menos que los encargados de formular políticas aborden explícitamente los factores de género y que las mujeres tengan un papel en la adopción de decisiones comunitarias.

ACCESO A LOS BIENES Y CONTROL DE ESTOS. En muchas regiones, las restricciones impuestas al derecho de la mujer a ser propietaria, utilizar y heredar bienes y recibir créditos, reducen su contribución a la producción agrícola y al desarrollo en general. Tales restricciones también impiden que las mujeres efectúen inversiones en las tierras que cultivan. Una de las siete prioridades estratégicas recomendadas por el Equipo de Tareas del Proyecto del Milenio sobre la educación y la igualdad entre hombres y mujeres es que se aborde la cuestión de la falta de equidad en la herencia y los derechos de propiedad.

En los países en desarrollo, las campesinas producen entre 60% y 80% de los alimentos, pero en muchos países se sigue prohibiendo que una mujer adquiera tierras o las venda sin el consentimiento de su esposo. Por ejemplo, en gran parte de África al sur del Sahara, las viudas no tienen virtualmente ningún derecho a la tierra o a la herencia de sus esposos(48). Varios países africanos han introducido legislación para otorgar a las mujeres igualdad de derechos a la propiedad y el uso de la tierra y a heredar bienes. Esto es especialmente pertinente a la lucha contra el SIDA, dado que la vulnerabilidad económica de las mujeres limita su capacidad para protegerse contra el VIH(49). En Liberia, por ejemplo, se ha establecido la igualdad de derechos de las mujeres y las niñas a la herencia. Actualmente, la Ley de Abolición del Poder Conyugal en Botswana da a las mujeres facultades iguales para adoptar decisiones con respecto a los bienes de la familia. En Eritrea se ha capacitado a funcionarios jurídicos para que promuevan los derechos de la mujer a la propiedad de la tierra. En la región de América Latina y el Caribe, algunos países, entre ellos Barbados, Belice y Costa Rica, han otorgado a las mujeres que viven en concubinato derechos a los bienes de la pareja y a la herencia.

No obstante, sigue habiendo falta de equidad en el acceso a los recursos. En América Latina, África al sur del Sahara y el Asia meridional, las mujeres constituyen la tercera parte, o menos, de los propietarios de tierras(50). En esas regiones, las agricultoras suelen cultivar parcelas más pequeñas que los hombres y tener menor acceso a los servicios de apoyo agrícola, aun cuando constituyen la mayoría de los agricultores(51). En países africanos, las mujeres reciben menos del 10% de todos los préstamos reservados a pequeñas explotaciones agrícolas y sólo 1% del total del crédito destinado al sector agrícola(52). Pero cuando las mujeres obtienen recursos y servicios financieros, suele aumentar la productividad. En investigaciones del Banco Mundial en algunos países de África al sur del Sahara se comprobó que la producción podría aumentar en hasta 20% si las mujeres tuvieran acceso y control, en condiciones de igualdad, a los ingresos agrícolas, los servicios agrícolas y las tierras(53).

MÁS TRABAJO, MENOS PAGA. En la mayoría de las familias, las mujeres contribuyen sustancialmente a mantener el hogar, y a veces son el principal o el único sostén(54). En muchos hogares pobres, el trabajo de la mujer es imprescindible para la supervivencia de la familia. Además, las mujeres tienden a reinvertir un porcentaje de sus ingresos mayor que los hombres en el bienestar de sus hijos y sus familias. Por ejemplo, según el Banco Mundial, el control del ingreso por parte de una madre tiene un efecto marginal sobre la supervivencia infantil casi 20 veces superior al efecto del padre(55). En las zonas donde las mujeres obtienen salarios y controlan los recursos, aumentan los ingresos de los hogares, se elevan los niveles de vida y las familias tienden a beneficiarse más que cuando los hombres tienen un control exclusivo(56).

La participación de la mujer en el empleo no agrícola está aumentando sostenidamente, pero no en todas partes. En sólo 17 de los 110 países para los que hay datos, las mujeres constituyen más de la mitad de los asalariados y esto ocurre principalmente en los países más desarrollados, Europa oriental y Asia central(57). Si alcanzaran niveles de educación secundaria o superior, esto posibilitaría que un mayor número de mujeres reunieran los requisitos para una participación más equitativa en los buenos empleos. A menudo, la educación o capacitación que reciben las mujeres no se adapta bien a los mercados locales y por ende, coarta su participación económica(58).

Cuando las mujeres están empleadas, hay un número sustancialmente mayor de mujeres que de hombres en el sector paralelo o no estructurado (informal), que tiende a ofrecer salarios más bajos, con menor reglamentación y menor protección y seguridad(59). Las mujeres constituyen aproximadamente las dos terceras partes de los empresarios que trabajan por cuenta propia en el sector paralelo(60). Las leyes laborales ofrecen poca protección a esos trabajadores, quienes raramente tienen acceso a planes de pensión o de seguridad social.

Muchos países han enmendado las leyes que discriminaban contra la mujer en el empleo y la privaban de igual remuneración por su trabajo(61). No obstante, en todos los sectores las mujeres reciben menor paga que los hombres: según el Banco Mundial, en países desarrollados, ganan 77 centavos por cada dólar ganado por los hombres y en países en desarrollo, sólo 73 centavos. Además, los más bajos ingresos a lo largo de toda la vida también reducen la capacidad de ahorro para la jubilación, y en consecuencia, las mujeres ancianas y las viudas son especialmente vulnerables a las privaciones en la ancianidad(62).


"La continua marginación de las mujeres en la adopción de decisiones ha sido a la vez una causa y un efecto del lento progreso en muchas esferas del desarrollo".

- Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan


4    |    VIET NAM: MEJORAR LA ECONOMÍA DE LA FAMILIA, UNA MUJER
            POR VEZ

En Dong Loi, una pequeña comunidad agrícola en las mesetas de Viet Nam septentrional, una iniciativa que combina microcrédito y servicios de salud reproductiva, emprendida por la Unión de Mujeres de Viet Nam con el apoyo del UNFPA demuestra que el liderazgo de las mujeres puede ayudar a las familias pobres a liberarse de la pobreza. Los miembros de una cooperativa de mujeres han duplicado el ingreso a sus hogares en dos años, debido en gran medida a la cría y venta de ganado adquirido mediante préstamos. Los fondos adicionales posibilitan que las participantes mantengan a sus hijos en la escuela, compren suministros, fertilizantes y semillas, e incluso adquieran computadoras u otros bienes de consumo.

"Gracias a este proyecto, ha mejorado la economía de toda la aldea", dice Dinh Thi Nga, líder del grupo. "Otra razón de nuestro éxito es que casi todas las mujeres de mi grupo utilizan métodos de planificación de la familia".

Nga agrega que el proyecto ha aportado a Dong Loi dos enseñanzas importantes: "En primer lugar, las mujeres podemos tener un papel prominente en el desarrollo comunitario si se nos da la oportunidad y, en segundo lugar, a fin de lograrlo, necesitamos acceso al crédito y la capacitación, así como a servicios de salud reproductiva y planificación de la familia; ambos factores están íntimamente ligados al desarrollo económico".


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