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UNFPA - United Nations Population Fund

State of World Population 2005

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CAPÍTULO 1

© Mikkel Ostergaard/Panos Pictures
Una niña se tambalea sobre un endeble puente que cruza un callejón inundado y contaminado en uno de
los tugurios de Phnom Penh (Camboya).

Panorama general

"No es necesario formular nuevas promesas; lo único que se necesita es dar cumplimiento a los compromisos ya asumidos". - Projecto del Milenio, de la Naciones Unidas

El mundo tiene una oportunidad sin precedentes de plasmar en la realidad la promesa de igualdad y de protección contra la miseria. En el próximo decenio, miles de millones de personas pueden ser liberadas de los grilletes de la pobreza. Pueden salvarse las vidas de 30 millones de niños y dos millones de madres(1). Es posible contrarrestar la propagación del SIDA. Millones de jóvenes pueden desempeñar un papel de mayor importancia en el desarrollo de sus países y, al mismo tiempo, crear un mundo mejor para sí mismos y para las generaciones venideras.

Para que esta promesa se convierta en realidad, es indispensable contar con igualdad entre hombres y mujeres y servicios de salud reproductiva.

En el año 2000, los líderes de 189 países se reunieron en la Cumbre del Milenio, de las Naciones Unidas, y celebraron un pacto mundial sin precedentes para reducir la pobreza. De la Declaración del Milenio se derivaron ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y se fijó el año 2015 como plazo para alcanzar esos objetivos. En 2002, el Proyecto del Milenio, de las Naciones Unidas, congregó a más de 250 expertos prominentes a fin de asesorar al Secretario General de las Naciones Unidas sobre la manera de llevar a la práctica los ODM. Sus conclusiones se reflejan en la edición de este año del informe El Estado de la Población Mundial.

La igualdad entre hombres y mujeres es un derecho humano, uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la clave para alcanzar los otros siete. El Proyecto del Milenio llegó a la conclusión de que la salud reproductiva es imprescindible para alcanzar los ODM, inclusive el objetivo de la igualdad entre hombres y mujeres. Las inversiones en igualdad entre hombres y mujeres y salud reproductiva arrojan numerosas utilidades que pueden acelerar el progreso social y económico, y tener efectos duraderos sobre las futuras generaciones.

Igualdad y equidad entre hombres y mujeres: Los costos de la discriminación por motivos de género son más altos para los países de bajos ingresos y, dentro de un mismo país, para los pobres. Las mujeres constituyen una gran proporción de la fuerza laboral y desempeñan un papel de importancia central en las economías rurales y en la producción alimentaria. Asimismo, son las principales fuentes de cuidados para la próxima generación. La discriminación por motivos de género despilfarra capital humano utilizando ineficientemente las capacidades individuales y, por ende, limitando la contribución de las personas. También menoscaba la eficacia de las políticas de desarrollo(2).

Cuando se eliminan las sobrecargas resultantes de la discriminación, aumentan la capacidad de las mujeres y sus posibilidades de obtener ingresos. Además, las mujeres tienden a reinvertir esas ganancias en el bienestar de sus hijos y sus familias, multiplicando sus contribuciones al desarrollo nacional. Al habilitar a las mujeres se impulsa el adelanto de los países hacia los ODM y se mejoran las vidas de todos.

Salud reproductiva y derechos reproductivos: La carga considerable y en gran medida prevenible que impone una deficiente salud reproductiva recae más gravemente sobre las mujeres más pobres y sus familias, es decir, sobre quienes menos capacidad tienen para hacer frente a sus consecuencias. La posibilidad de efectuar opciones libres y bien fundamentadas en cuestiones reproductivas, inclusive las relativas a la procreación, es un componente fundamental de la libre determinación en las demás esferas de la vida de la mujer. Debido a que esas cuestiones afectan tan profundamente a las mujeres, no es posible separar la salud reproductiva del objetivo más amplio: la igualdad entre hombres y mujeres.

El dividendo de la igualdad: inversiones estratégicas, grandes utilidades


Para que sea posible conquistar los ODM antes del plazo fijado, 2015, que se aproxima aceleradamente, será necesario que los países efectúen inversiones acertadas de sus escasos recursos. Como se indica en el Capítulo 2, la experiencia indica que para estimular el progreso del país puede ser particularmente eficaz efectuar inversiones simultáneas en tres esferas: educación de niñas y mujeres; servicios de salud reproductiva e información al respecto; y derechos económicos de la mujer(3). Las mujeres que participan en el proceso político, en calidad de individuos o como miembros de organizaciones de la sociedad civil, pueden contribuir a que esas cuestiones prioritarias se mantengan en un lugar prominente de la agenda nacional y pedir a los gobiernos y a otros agentes clave que rindan cuentas del cumplimiento de los compromisos asumidos.

Ampliar la educación de niñas y mujeres: Debido a la discrepancia de género en la educación, hay casi dos veces más mujeres analfabetas que hombres analfabetos. En las regiones más pobres, es mayor el número de niñas que el de varones que no asisten a la escuela y esa discrepancia se amplía a nivel secundario, aun cuando la educación secundaria y superior para las niñas es especialmente importante a fin de reducir la pobreza. El nivel educacional de una mujer aumenta su potencial para obtener ingresos, reduce la mortalidad de madres y menores de un año y mejora en general la salud reproductiva. Un mayor nivel educacional está asociado con más bajas tasas de infección con el VIH. Las niñas educadas tienen más probabilidades de aplazar el matrimonio y la procreación y, en cambio, adquirir aptitudes a fin de mejorar las perspectivas económicas, para sí mismas y sus familias. Los múltiples beneficios de la educación de la niña también conducen a mejorar la salud y la educación de la próxima generación.

Mejora de la salud reproductiva: En todo el mundo, una de las principales causas de muerte y discapacidad de las mujeres son los problemas de salud reproductiva(4). Estos problemas, en su mayoría, son susceptibles de prevención. El acceso universal a servicios de salud reproductiva es un compromiso internacional y un imperativo de derechos humanos. Es también una poderosa inversión para los países que combaten la pobreza.

Las mujeres y las adolescentes empobrecidas y con limitado acceso a servicios de salud reproductiva son quienes más se resienten. Esas mujeres y sus familias son quienes tienen menos capacidad para hacer frente a las consecuencias de los trastornos de la salud reproductiva: los costos de la atención de la salud, la pérdida de la contribución de una mujer a la supervivencia de la familia y el efecto del SIDA pueden empujar a las familias pobres hacia la miseria. Cuando una mujer no puede determinar el número y el espaciamiento de sus hijos ni el momento de tenerlos, se coarta su oportunidad de tener otras actividades productivas y comunitarias y de obtener un empleo estable y una más alta remuneración.

Los costos para los presupuestos públicos y de desarrollo nacional son considerables. Según algunas estimaciones, los trastornos de la salud reproductiva causan, a escala mundial, la pérdida de 250 millones de años de vida productiva, y reducen en hasta un 20% la productividad general de las mujeres(5). El embarazo en la adolescencia, la epidemia del SIDA y el exceso de fecundidad debido a la falta de servicios de planificación de la familia, sobrecargan aún más los presupuestos nacionales, frenan el desarrollo social y económico y agravan la pobreza.

Provisión de oportunidades económicas: Si bien las mujeres han estado ingresando en la fuerza laboral remunerada en cantidades crecientes, enfrentan discriminación en diversas formas, inclusive una opción restringida de ocupaciones y menores salarios. Sus iniciativas empresariales pueden quedar frustradas por leyes y costumbres que se combinan para impedir que las mujeres sean propietarias de bienes o beneficiarias de créditos, o puedan controlar los ingresos. En algunas regiones, las mujeres no pueden heredar bienes, ni siquiera de sus esposos fallecidos. Muchas terminan trabajando en el sector paralelo o no estructurado (informal), donde el trabajo no está reglamentado, la remuneración es escasa y a menudo hay riesgos e inseguridad(6).

En los países en desarrollo, gracias al trabajo de las campesinas se produce del 60% al 80% de los alimentos(7), pero muchas suelen enfrentar restricciones sobre los derechos a la propiedad, el uso y la herencia de la tierra. La investigación realizada en algunos países de África al sur del Sahara comprobó que la producción podría aumentarse en hasta un 20% si un mayor número de mujeres tuvieran acceso y control en condiciones de igualdad al ingreso agrícola, los servicios agrícolas y la tierra(8). En muchos de esos países, el SIDA limita aún más la productividad de las mujeres, quienes suelen esforzarse por mantener a sus familias y atender a los enfermos, con poco apoyo social.

1    |    2005: JALONES EN EL CAMINO HACIA LOS ODM

Este año comienza la cuenta regresiva de diez años hacia el plazo de 2015 para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. También ofrece varios jalones mediante los cuales puede medirse el grado de progreso e intensificarse la acción para mejorar la condición humana. El año 2005 marca:

  • El 10° aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer
  • El 30° aniversario de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer
  • El 60° aniversario de la aprobación de la Carta de las Naciones Unidas, que consagró en su Preámbulo "la igualdad de derechos de hombres y mujeres"
  • El examen a cabo de diez años del Programa de Acción Mundial para los Jóvenes hasta el año 2000 y años subsiguientes.

El año 2005 también transcurre poco después del 10° aniversario de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (1994), que reafirmó la igualdad entre hombres y mujeres y la salud reproductiva y los derechos reproductivos, como elementos fundamentales del desarrollo sostenible.


La promesa de los derechos humanos


Uno de los logros más memorables del siglo XX fue el establecimiento de un sistema internacional de derechos humanos que afirma la igualdad de derechos para todos. Los ODM se basan en el respeto a los derechos humanos: la dignidad humana, la seguridad personal y la protección contra la miseria, el temor y la discriminación. Como se indica en el Capítulo 3, lograr la vigencia de los derechos humanos no es una cuestión de caridad: es, a la vez, una obligación ética y una responsabilidad colectiva. Para alcanzar los ODM y fomentar el desarrollo humano es necesario ampliar los medios de acción de los pobres, especialmente las mujeres, los jóvenes y las poblaciones marginadas, que a menudo están doble o triplemente desposeídas.

El marco de derechos humanos de la mujer está bien establecido. Hay convenciones internacionales y regionales, así como constituciones y leyes nacionales en muchos países, que consagran la protección de los derechos de la mujer. No obstante, en la práctica sigue persistiendo una generalizada denegación de la vigencia de los derechos humanos de la mujer. Cuando hay leyes que salvaguardan los derechos de la mujer, la aplicación de esas leyes suele ser débil y limitada por presupuestos escasos. Las instituciones sociales encargadas de defender los derechos de la mujer están imbuidas de prejuicios por motivos de género. En muchos países, la costumbre y la tradición tienen prelación sobre la política oficial. Las mujeres y las niñas menores de edad son obligadas a contraer matrimonio contra su voluntad; se tolera la violencia contra las niñas y las mujeres; se exonera a quienes perpetran violaciones; y se deniega a la mujer la igualdad de derechos dentro de la familia y el matrimonio, así como los derechos a la propiedad y la herencia y en otras cuestiones.

Los derechos reproductivos son fundamentales para la vigencia de los derechos humanos, especialmente los derechos humanos de la mujer. Derivan del reconocimiento del derecho básico de todas las personas y todas las parejas a adoptar decisiones acerca de la reproducción sin sufrir discriminación, coacción o violencia. Esto incluye el derecho al más alto nivel posible de salud y el derecho a determinar el número y el espaciamiento de sus hijos, y el momento de tenerlos. También comprende el derecho a dar a luz en condiciones de seguridad y el derecho de todas las personas a protegerse a sí mismas contra el VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

Los contextos sociales y culturales ofrecen a la vez retos y oportunidades para promover los derechos humanos de la mujer. Los enfoques con sensibilidad cultural se basan en valores positivos, captan el apoyo de líderes comunitarios y personas influyentes y movilizan una apropiación comunitaria de amplia base de iniciativas que promueven los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres.

Es preciso otorgar atención prioritaria a los derechos de grupos marginados, que representan una gran proporción de la población mundial y muchos de los cuales viven en la pobreza. Las personas discapacitadas constituyen un 10% de la población mundial (o 600 millones)(9). Según se estima, hay unos 370 millones de indígenas que viven en unos 70 países(10). La cantidad de migrantes internacionales se estima en 175 millones(11). La desigualdad por motivos de género agrava las múltiples variantes de la discriminación que las mujeres pertenecientes a aquellos grupos ya están enfrentando.

Salud reproductiva: una medida de equidad


La salud reproductiva influye sobre tres ODM-reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna y combatir el VIH/SIDA-y tiene consecuencias para todos los demás objetivos, como se analiza en el Capítulo 4. No hay ningún otro aspecto de la salud en que se registren tan amplias disparidades entre ricos y pobres, dentro de un mismo país y entre diferentes países(12). Ninguna otra cuestión de salud demuestra tan claramente los efectos de la desigualdad por motivos de género sobre las vidas de las mujeres.

Casi todas-99%-las defunciones derivadas de la maternidad ocurren en países en desarrollo. Las vidas de la mayoría de esas mujeres-y las de sus recién nacidos- podrían salvarse si se les dispensara sin demora la atención de emergencia de que disponen las mujeres en mejor posición económica. Cada minuto, una mujer pierde la vida debido a complicaciones del embarazo o el parto y otras 20 quedan gravemente lesionadas o impedidas(13). Y cuando una mujer muere de parto, disminuyen pronunciadamente las posibilidades de supervivencia del niño. Los recién nacidos sin madre tienen probabilidades entre tres y diez veces mayores de morir que los demás(14). Prevenir los embarazos no deseados mediante el acceso a la planificación de la familia podría evitar entre 20% y 35% de las defunciones maternas(15) y salvar las vidas de más de 100.000 madres cada año.

La rápida propagación de la epidemia del SIDA pone aún más de manifiesto las consecuencias de las disparidades entre hombres y mujeres para la salud reproductiva: las tres cuartas partes de las infecciones con el VIH son de trasmisión sexual heterosexual y, en muchos casos, se transmiten del esposo a su esposa. Aun cuando la transmisión puede prevenirse, la capacidad de las mujeres para protegerse a sí mismas contra el VIH suele estar restringida por el desequilibrio en las relaciones de poder para adoptar decisiones, la violencia por motivos de género, la inseguridad económica y las prácticas nocivas. Hasta la mitad de las nuevas infecciones con el VIH ocurren entre los jóvenes. Las mujeres jóvenes corren riesgos especiales. Las personas que son pobres, de sexo femenino y jóvenes suelen ser quienes tienen menos poder y menos oportunidad para protegerse a sí mismas.

La desigualdad entre hombres y mujeres impulsa la epidemia. En muchas sociedades, las normas y las expectativas sociales que idealizan las proezas y la fuerza masculinas legitiman la multiplicidad de compañeras sexuales del hombre y su autoridad en la adopción de decisiones. Las trágicas consecuencias- para hombres y mujeres individuales, para niños que han perdido a uno o a ambos progenitores debido al SIDA y para países enteros-son bien conocidas. Un acceso limitado a la educación y los servicios de salud mantienen la prevención y el tratamiento fuera del alcance de millones de personas pobres.

Los adolescentes y los jóvenes: una travesía sin mapas


Dado que casi la mitad de la población mundial (casi 3.000 millones) son personas menores de 25 años, los jóvenes tienen importancia crucial para la reducción de la pobreza y el desarrollo. La actual generación de jóvenes es la mayor en la historia. Más de 500 millones de jóvenes (de 15 a 24 años de edad ) viven con menos de dos dólares diarios(16). Están viviendo en un mundo diferente del de sus padres y madres: el SIDA, la tecnología de la información y las comunicaciones y la mundialización son poderosas fuerzas que conforman sus vidas.

Los jóvenes constituyen la mitad de los desempleados del mundo. Si bien el trabajo ofrece a algunos la oportunidad de obtener ingresos, aprender, y desarrollar nuevas aptitudes, muchos otros están atrapados en sectores de baja remuneración y bajas calificaciones, con escasas oportunidades de adelantar o de escapar a la pobreza(17). Muchos de quienes comienzan a trabajar en la adolescencia o en la primera infancia están sujetos a malos tratos y explotación, como se analiza en el Capítulo 5.

La adolescencia-definida como el tramo de edades entre 10 y 19 años-es un momento de importancia crítica para aprender, así como para adquirir aptitudes y valores que puedan durar toda la vida. Para quienes viven en la pobreza puede ser un momento de menor libertad y mayores riesgos. Muchos adolescentes se ven obligados a abandonar la escuela para ayudar a mantener a sus familias o debido al embarazo o el casamiento. Las adolescentes son particularmente vulnerables al embarazo precoz, el abuso sexual, el matrimonio en la infancia y otras prácticas dañinas, inclusive la mutilación o corte genital. En los próximos diez años, lo probable es que 100 millones de niñas estén casadas antes de cumplir 18 años(18). Cada año, unos 14 millones de adolescentes dan a luz(19). Además, tienen probabilidades de morir debido a complicaciones del embarazo entre dos y cinco veces mayores que las mujeres mayores de 20 años(20), y también sus hijitos tienen menos probabilidades de sobrevivir. Debido a la pobreza, muchas recurren a relaciones sexuales comerciales para obtener los productos de primera necesidad para ellas mismas y sus familias. Los 15 millones de huérfanos a causa del SIDA(21) que deben valerse por sí mismos para sobrevivir y cuidar a sus hermanitos, y las enormes cantidades de otros niños en todo el mundo que han sido abandonados y viven en la calle, los problemas y los riesgos se multiplican pronunciadamente.

Los países más pobres son los que tienen mayores porcentajes de jóvenes. No obstante, los encargados de formular políticas sólo prestan una limitada atención a los adolescentes y los jóvenes, los cuales son en gran medida invisibles en los ODM. Va en aumento el número de encargados de formular políticas que se percatan ahora de la urgencia de efectuar mayores inversiones en educación, salud reproductiva, bienestar y perspectivas futuras de los jóvenes, especialmente las adolescentes, como cuestión de derechos humanos y también de interés nacional. Las grandes cantidades de jóvenes deficientemente educados y sin perspectivas de empleo auguran la persistencia de la pobreza, la desigualdad y los disturbios civiles(22). Por otra parte, si hubiera una gran población de jóvenes capacitados que ingresan en la etapa más productiva de sus vidas, esto podría impulsar poderosamente el desarrollo, como lo ha demostrado el crecimiento económico de los "Tigres asiáticos".

Alianzas con los jóvenes varones y los hombres


Dado que las normas y estereotipos de género limitan las posibilidades tanto de los hombres como de las mujeres, la igualdad de género puede ser una propuesta ventajosa para unos y otras: "doble felicidad", como se expresa en una campaña para alentar a los hombres a asumir mayores responsabilidades domésticas(23) Los propios hombres están cuestionando cada vez más las nociones de "masculinidad" que restringen su humanidad, limitan su participación en las vidas de sus hijos y los colocan a ellos y a sus compañeras en situación de riesgo. Muchos esposos y padres quieren apoyar más a sus familias, pero a su vez, necesitan apoyo a fin de superar ideas profundamente arraigadas acerca de las relaciones entre hombres y mujeres. Además, dado que son responsables por muchos problemas de salud reproductiva, los hombres desempeñan un papel indispensable en la solución de esos problemas.

En todo el mundo, muchos programas innovadores están multiplicando la positiva participación de los hombres en la lucha en pro de la igualdad y la salud reproductiva. Algunas iniciativas alientan la participación conjunta en las decisiones acerca de anticoncepción, planes de emergencia para la atención del embarazo y el trabajo de parto, y detección voluntaria del VIH. Otros hacen hincapié en los hombres como agentes de cambios positivos y los alientan a cuestionar más ampliamente las normas de género. Algunos trabajan con varones adolescentes en un momento formativo y potencialmente riesgoso de sus vidas. Unas pocas iniciativas logran llegar a grandes cantidades de hombres en su lugar de empleo o en las instituciones militares o policiales. No obstante, esos programas, en su mayoría, son de poca magnitud en comparación con la escala del problema de transformar las relaciones entre hombres y mujeres, como se analiza en el Capítulo 6. Se necesitan con urgencia acciones más decididas para involucrar más plenamente a los hombres en cuestiones de salud reproductiva, vida en familia e igualdad entre hombres y mujeres.

Violencia por motivos de género: un precio demasiado alto


La violencia por motivos de género no tiene fronteras, económicas, sociales o geográficas. Es una violencia perpetrada mayormente por los hombres contra las mujeres, que reflejan y refuerza simultáneamente la inequidad de género. El precio que se cobra en forma de menoscabo de la dignidad, la autonomía y la salud de la mujer es horroroso: a escala mundial, una de cada tres mujeres ha sido o bien golpeada, o bien obligada bajo coacción a entablar relaciones sexuales no deseadas, o bien objeto de malos tratos, a menudo por parte de un miembro de la familia o de alguien que la mujer conoce(24). A comienzos del siglo XXI, la violencia mata y daña a tantas mujeres y niñas de entre 15 y 44 años de edad como el cáncer(25). Los costos para los países-en mayores gastos de salud; demandas ante los tribunales, la policía y las escuelas; y pérdidas en el nivel educacional y en la productividad-son enormes. La cifra correspondiente a los Estados Unidos es de unos 12.600 millones de dólares anuales(26).

La violencia por motivos de género adopta muchas formas, desde los enfrentamientos domésticos debido a los cuales millones de mujeres viven en el temor de ser objeto de abuso sexual o violación, hasta las prácticas nocivas, que abarcan, entre otras, mutilación o corte genital femenino, asesinato "para preservar la honra" y violencia relacionada con la dote matrimonial. En Asia, hay al menos 60 millones de niñas "desaparecidas" debido a la selección prenatal en función del sexo, el infanticidio o la falta de cuidados(27). Cada año, hay hasta 800.000 personas objeto de trata transfronteriza y un 80% de ellas son mujeres y niñas, mayormente explotadas en la industria comercial del sexo(28). Dentro de un mismo país, las cantidades son incluso mayores. En el Capítulo 7 se consideran la prevalencia mundial, las causas y las consecuencias de la violencia por motivos de género y las medidas que se están adoptando actualmente para combatir esta epidemia mundial.

Las mujeres y los jóvenes en crisis humanitarias


Después de la celebración en el año 2000 de la Cumbre del Milenio, de las Naciones Unidas, han estallado conflictos en más de 40 países(29). Los desastres naturales son cada vez más frecuentes y afectan a más gente que nunca. En 2004, el maremoto causó la muerte de 280.000 personas y el desplazamiento de otro millón(30).

La desintegración de los sistemas sociales a consecuencia de conflictos o desastres deja a las mujeres y los jóvenes en situación especialmente vulnerable. Durante los conflictos, se utiliza con frecuencia la violación como arma de guerra, dejando a millones de mujeres traumatizadas, embarazadas a la fuerza o infectadas con el VIH. Las crisis conducen a la desintegración de las protecciones comunitarias y familiares. La violencia por motivos de género es un riesgo constante. La falta de servicios de salud suele causar un pronunciado aumento en las tasas de mortalidad de madres y menores de un año. Los grupos armados reclutan por la fuerza a niños y adolescentes como soldados o los obligan a convertirse en sirvientes domésticos o esclavos sexuales. Con frecuencia, las mujeres se ven obligadas a abrirse paso por sí mismas para mantenerse y mantener a sus hijos, además de atender a los sobrevivientes. Por esas y otras razones, las crisis humanitarias suelen conducir a una inseguridad económica y social a largo plazo. De los 34 países más alejados de la consecución de los ODM, 22 están en situación de conflicto o emergiendo de él(31).

Las actividades de establecimiento de la paz y reconstrucción ofrecen la oportunidad de corregir las inequidades que suscitan conflictos. En el Capítulo 8 se detallan las acciones para abordar las necesidades y los derechos de las mujeres y los jóvenes inmediatamente después de las crisis. Su participación es imprescindible para establecer planes de acción racionales y equitativos, a fin de reducir la pobreza en la transición posterior a las crisis. En este capítulo también se destaca la difícil situación de las personas internamente desplazadas y se describen las acciones realizadas en algunos países que han atravesado por conflictos para comenzar desde cero y crear sociedades donde haya equidad de género.

2    |    LA CIPD Y LOS ODM: VÍNCULOS PARA LA REDUCCIÓN DE LA POBREZA
            IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES Y SALUD REPRODUCTIVA

ODM 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre

  • Las inversiones en los derechos económicos de la mujer-igualdad de oportunidades de trabajo y salario, crédito, recursos agrícolas, herencia y derechos a la propiedad-aumentan la productividad, el rendimiento de los cultivos y el bienestar de las familias. El control de las mujeres sobre los recursos del hogar conduce a mayores inversiones en la salud, la nutrición y la educación de los hijos.
  • Muchos entre los países más pobres están sumidos en conflictos o están emergiendo de ellos. Las inversiones en las mujeres y los jóvenes fomentan la reconstitución de sociedades y economías, la reducción de la pobreza y la paz y estabilidad duraderas.
  • Los problemas de salud reproductiva afectan desproporcionadamente a las mujeres y a los pobres, y pueden empujar más profundamente a las familias hacia la pobreza.
  • Las familias más pequeñas contribuyen a reducir el hambre y a aumentar las inversiones efectuadas en cada hijo. Esto conduce a una fuerza laboral más saludable y más capacitada, a una reducción de las tasas de fecundidad, a menores gastos públicos y al aumento del ahorro y las inversiones, además de acelerar el desarrollo social y económico.

ODM 2: Lograr la enseñanza primaria universal

  • Cuando las madres están educadas y las familias son más pequeñas, es mucho más probable que los niños asistan a la escuela.
  • Los prejuicios de género mantienen a muchas niñas apartadas de la escuela, a menudo para que ayuden a sus madres a cuidar a sus hermanitos y a atender las necesidades del hogar. Para muchas familias, la educación de los niños varones es una prioridad. Al eliminar los derechos de matriculación escolar y apoyar a las familias pobres, se puede asegurar que todos los niños completen su educación.

ODM 3: Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer

  • La igualdad entre hombres y mujeres frena el desarrollo. Para poder reducirla pobreza, es necesario que haya igualdad de derechos políticos, económicos, sociales y culturales.
  • La capacidad de la mujer para decidir libremente el número de sus hijos y el momento de tenerlos es la clave de su empoderamiento y del aumento de sus oportunidades de trabajo, educación y participación social.
  • Los hombres desempeñan un papel fundamental en cuanto al logro de la igualdad entre hombres y mujeres, la reducción de la pobreza y la conquista de los objetivos de desarrollo, inclusive la mejor salud de niños y madres y la menor transmisión del VIH, así como la reducción de la violencia por motivos de género.
  • La violencia contra las mujeres y las niñas acarrea enormes costos sociales y económicos, para las personas, las familias y los presupuestos públicos.
  • Eliminar el matrimonio en la infancia, posibilitar que las adolescentes aplacen el embarazo, abolir la discriminación contra las niñas embarazadas y proporcionar apoyo a las jóvenes madres, son medidas que pueden contribuir a asegurar que las niñas completen su educación; y esto puede ayudar a quebrar el ciclo de pobreza de una generación a la siguiente.
  • La educación secundaria de las niñas proporciona grandes beneficios en cuanto a reducción de la pobreza, igualdad entre hombres y mujeres, participación en la fuerza laboral y mejora de la salud reproductiva, incluida la prevención del VIH y la elevación del nivel general de salud y educación de las mujeres y los niños.

ODM 4: Reducir la mortalidad infantil

  • La salud reproductiva puede mejorar la supervivencia y la salud de los niños de corta edad. El espaciamiento entre alumbramientos y la atención de la salud materna pueden contribuir a prevenir las muertes de menores de un año. Asimismo, la planificación de la familia previene los embarazos no deseados: los niños no deseados son más propensos a enfermedades y muerte prematura.
  • La detección del VIH y otras infecciones de transmisión sexual en las embarazadas puede prevenir enfermedades, discapacidad y muerte en los niños de corta edad.
  • Al facultar a las adolescentes para que aplacen el embarazo es posible prevenir muchas defunciones de recién nacidos. Los hijitos de madres adolescentes padecen más altas tasas de mortalidad que los nacidos de mujeres de más edad.

ODM 5: Mejorar la salud materna

  • Los componentes clave de servicios de salud reproductiva-planificación de la familia, atención del parto por personal capacitado y atención obstétrica de emergencia-salvan vidas.
  • La planificación de la familia puede reducir entre 20% y 35% la mortalidad derivada de la maternidad.
  • La mejor calidad de la atención y el mayor acceso a servicios de salud materna (atención prenatal, del parto y del puerperio) mejoran la salud y la calidad de la vida de las mujeres y sus familias.

ODM 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades

  • La atención de la salud reproductiva abarca la prevención y el tratamiento de las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA.
  • La discriminación por motivos de género impulsa la epidemia de VIH/SIDA, colocando a las adolescentes y las mujeres de muchos países en situaciones riesgosas, inclusive dentro del matrimonio. Los programas de salud reproductiva asesoran a las personas y a las parejas sobre la prevención, previenen la transmisión de la madre al hijo y los embarazos no deseados en mujeres infectadas con el VIH y ofrecen opciones si estas mujeres prefieren tener hijos.

ODM 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

  • En los países en desarrollo, las mujeres son las principales productoras de alimentos y administradoras del agua y el combustible en el hogar y en la comunidad. Las inversiones en abastecimiento de agua potable, saneamiento, tecnologías para economizar tiempo y capacitación para adquirir conocimientos prácticos, pueden mejorar el ordenamiento sostenible de los recursos, la seguridad alimentaria, la nutrición y la salud, y reducir el tiempo dedicado a recoger agua y leña. Esto libera a las niñas y las mujeres para que se dediquen a actividades educacionales y de otros tipos.
  • Las fuentes de energía ecológicamente racionales pueden proteger a las mujeres y los niños contra los efectos dañinos de contaminantes y del fuego para cocción de alimento.
  • La atención de la salud reproductiva y la prevención de alumbramientos no deseados pueden contribuir a estabilizar las zonas rurales, frenar las presiones de urbanización y las ejercidas sobre el medio ambiente y mitigar la demanda de servicios públicos, de manera de equilibrar el uso de recursos naturales con las necesidades de la población.

ODM 8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

  • Las fuentes de trabajo decoroso para los jóvenes-una de las metas de este objetivo-sumadas a políticas socioeconómicas progresistas, pueden estimular el aumento de las economías y de la productividad y elevar los niveles de vida. Entre esas políticas figura la planificación de la familia, que posibilita que los jóvenes aplacen el momento de tener familia hasta que hayan adquirido las aptitudes y la experiencia necesarias para obtener un ingreso viable.
  • Las mayores oportunidades de obtener ingresos ofrecen a las jóvenes alternativas distintas del matrimonio y la procreación precoces, así como de la explotación sexual.
  • La alianza mundial para obtener suministros adecuados de medicamentos y productos esenciales para la salud reproductiva con destino a los países pobres-inclusive anticonceptivos, botiquines para la detección del VIH y tratamiento para el VIH y otras infecciones de transmisión sexual-tiene importancia crítica a fin de lograr la reducción de la pobreza, la igualdad entre hombres y mujeres y los objetivos relativos a la salud.

Fuentes


Para que la pobreza quede relegada a la historia


El mundo tiene una oportunidad sin precedentes de lograr que la pobreza "quede relegada a la historia" (32). Dado que hay casi 3.000 millones de personas(33) que se esfuerzan por sobrevivir con menos de dos dólares diarios, así como más de medio millón de mujeres que pierden innecesariamente la vida cada año por complicaciones del embarazo, 6.000 jóvenes que se suman cada día a los infectados con el VIH y millones de mujeres y de niñas que viven presas del temor a la violencia, es evidente, sin lugar a dudas, cuál es la respuesta éticamente aceptable: dar cumplimiento a las promesas de acción mundial, igualdad y equidad formuladas durante las conferencias de las Naciones Unidas que se celebraron en el decenio de 1990 y en la Cumbre del Milenio, de las Naciones Unidas, en el año 2000.

Las conclusiones de los expertos son claras: al efectuar inversiones en la igualdad entre hombres y mujeres, la salud reproductiva y el desarrollo de los jóvenes se logran múltiples efectos sociales y económicos a corto y largo plazo. Emprender campañas nacionales sobre la violencia contra la mujer; promover los derechos de la mujer a ser propietaria de bienes y heredarlos; ampliar el acceso a los servicios de salud reproductiva y enjugar el déficit de fondos para suministros y anticonceptivos; y asegurar que las mujeres participen en la formulación de políticas y estrategias de seguimiento de los ODM, figuran entre los "adelantos rápidos" de alto impacto establecidos por el Proyecto del Milenio, de las Naciones Unidas(34).

Para la aplicación de estas estrategias es preciso comprometer recursos a largo plazo y garantizarlos a un nivel sistemáticamente más alto que el actual. Los costos son moderados en relación con los beneficios que acarrean. Las inversiones necesarias para lograr una base de la dignidad humana y la seguridad humana y para ampliar las libertades y las opciones de las personas más pobres del mundo, representan sólo una fracción de lo que el mundo dedica a gastos militares(35). Todo el conjunto de medidas para los ODM podría financiarse si los países industrializados simplemente cumplieran la promesa formulada hace 35 años de asignar 0,7% de su ingreso nacional bruto a la asistencia oficial para el desarrollo. Entre los elementos del pacto mundial para eliminar la pobreza figuran: mejor administración pública y mayor transparencia, menor corrupción, mayor mitigación de la deuda, y eliminación de los subsidios agrícolas en los países ricos.

El mundo ha llegado a un consenso sin precedentes para eliminar la pobreza. Las estrategias son claras y se dispone de los medios técnicos. Es posible movilizar el liderazgo y los recursos necesarios. Como dijo Wangari Maathai, ganadora del Premio Nobel de la Paz de 2004 en su discurso de aceptación: "Llega un momento en que la humanidad debe hacer el tránsito hasta un nuevo nivel de conciencia, para alcanzar un nivel moral más alto. Ese momento es ahora.no puede haber paz si no hay un desarrollo equitativo(36) ".

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