|
Resumen para la Prensa
Los países están logrando reales progresos en la realización de un enérgico Programa de Acción mundial que vincula
la mitigación de la pobreza con los derechos de la mujer y el acceso universal a servicios de salud reproductiva.
Transcurridos 10 años de la nueva era iniciada en 1994 en El Cairo por la Conferencia Internacional sobre la
Población y el Desarrollo (CIPD), han mejorado la calidad y el alcance de los programas de planificación de la familia
y maternidad sin riesgo, se están intensificando las acciones preventivas del VIH, y los gobiernos adoptan el
Programa de Acción de la CIPD como plan de campaña esencial para alcanzar los objetivos de desarrollo.
Pero la insuficiencia en los recursos, los prejuicios de
género y las deficiencias en los servicios a los pobres y los
adolescentes, están obstando a un mayor adelanto en
momentos en que se agravan los problemas; esto es lo
que indica el informe El Estado de la Población Mundial 2004,
preparado por el UNFPA, Fondo de
Población de las Naciones Unidas.
El informe, titulado El Consenso de El
Cairo, diez años después: Población, salud
reproductiva y acciones mundiales para eliminar
la pobreza, pasa revista a los
adelantos y a los obstáculos para que
los países apliquen el Programa de
Acción, casi a mitad de camino hacia
la meta, fijada para 2015. En el informe
se examinan las acciones para
abordar: los vínculos entre población y
pobreza, la protección del medio
ambiente, la migración y
urbanización, la discriminación contra
mujeres y niñas; y las principales cuestiones
de salud reproductiva, entre ellas el acceso a
anticonceptivos, la salud de las madres, el VIH/SIDA, y las
necesidades de los adolescentes y de la población en general
en situaciones de emergencia.
El Programa, aprobado en El Cairo hace 10 años por 179
países, aspira a equilibrar la población mundial y los recursos
del planeta, mejorar la condición de la mujer y velar por
el acceso universal a los servicios de salud reproductiva,
inclusive planificación de la familia. El punto de partida
fue la premisa de que el tamaño, el crecimiento y la
distribución de la población están estrechamente vinculados
con las perspectivas de desarrollo y que las acciones en uno
de esos temas refuerzan las acciones en
los demás.
Pero el Consenso de El Cairo asignó
prioridad a efectuar inversiones en los
seres humanos y ampliar sus oportunidades,
en lugar de tratar de reducir el
crecimiento de la población. Se
consideró que al ampliar los medios de
acción de la mujer y asegurar los derechos
de cada mujer, cada hombre y cada
joven — inclusive el derecho a la salud
reproductiva y a la opción en cuanto al
número de hijos y al momento de tenerlos
— son medidas clave para el
crecimiento económico sostenido y la
mitigación de la pobreza.
En varias conferencias regionales celebradas al cumplirse
10 años de la CIPD, y en las respuestas a la Encuesta
Mundial del UNFPA, muchos gobiernos de todo el mundo
han reafirmado decididamente su compromiso en pro del
Programa de Acción. Están de acuerdo en que su eficaz
aplicación tiene importancia crítica para alcanzar antes de
2015 los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre ellos eli-
Resumen para la prensa
Los países están logrando reales progresos en la realización de un enérgico Programa de Acción mundial que vincula
la mitigación de la pobreza con los derechos de la mujer y el acceso universal a servicios de salud reproductiva.
Transcurridos 10 años de la nueva era iniciada en 1994 en El Cairo por la Conferencia Internacional sobre la
Población y el Desarrollo (CIPD), han mejorado la calidad y el alcance de los programas de planificación de la familia
y maternidad sin riesgo, se están intensificando las acciones preventivas del VIH, y los gobiernos adoptan el
Programa de Acción de la CIPD como plan de campaña esencial para alcanzar los objetivos de desarrollo.
(Difusión vedada antes del 15 de septiembre de 2004)
estado de la población mundial 2004
El Consenso de El Cairo, diez años después: Población, salud
reproductiva y acciones mundiales para eliminar la pobreza
minar la extrema pobreza y el hambre, promover la igualdad
de género y la educación primaria universal, reducir la
mortalidad de madres y niños, combatir el VIH/SIDA y preservar
el medio ambiente.
Casi todos los países en desarrollo encuestados manifiestan
que han incorporado las cuestiones de población en sus
estrategias de desarrollo y reducción de la pobreza; muchos
han instaurado leyes y políticas para proteger los derechos
de la mujer y la niña; muchos han comenzado a integrar los
servicios de salud reproductiva en la atención primaria de
la salud, mejorar los establecimientos y la capacitación del
personal y ampliar el acceso del público. Las organizaciones
no gubernamentales despliegan cada vez mayor actividad en
la provisión de servicios de salud reproductiva y en la
promoción para ejecutar el Programa de Acción.
El uso de anticonceptivos modernos aumentó desde un
55% de las parejas en 1994 hasta 61% en la actualidad. A fin
de reducir las defunciones y lesiones derivadas de la maternidad,
se está haciendo cada vez mayor hincapié en la
atención del parto, la atención obstétrica de emergencia y
los sistemas de remisión de pacientes a establecimientos de
mayor capacidad. Muchos países han intensificado las acciones
para combatir el VIH/SIDA mediante medidas de
prevención, tratamiento, atención y apoyo. La salud reproductiva
de los adolescentes ha pasado a ser motivo de
preocupación en todo el mundo; y las campañas contra
la violencia por motivos de género reciben un apoyo cada
vez mayor.
Pero es mucho lo que queda por hacer para garantizar la
salud reproductiva y los derechos reproductivos, inclusive
los de 1.300 millones de adolescentes en todo el mundo, promover
la maternidad sin riesgo y frenar la propagación del
VIH/SIDA.
Diez años después de El Cairo:
- Más de 350 millones de parejas siguen careciendo de
acceso a una gama completa de servicios de
planificación de la familia.
- Las complicaciones del embarazo y el parto siguen siendo
una importante causa de defunción y enfermedad de
las mujeres: cada año, 529.000 pierden la vida por causas
mayormente prevenibles.
- En 2003, 5 millones de personas se agregaron a las infectadas
con el VIH; las mujeres constituyen casi la mitad
de todos los adultos infectados y casi las tres quintas
partes de los que viven en África al sur del Sahara.
- Si bien en muchas regiones están declinando las tasas
de fecundidad, la población mundial aumentará desde
los 6.400 millones actuales hasta 8.900 millones hacia
2050; los 50 países más pobres triplicarán su población
hasta 1.700 millones.
El décimo aniversario de la CIPD es una oportunidad
para que los gobiernos y la comunidad internacional renueven
sus compromisos y encuentren los medios de subsanar
los problemas que aún perduran.
Hay unos 2.800 millones de personas — dos de cada cinco
— que siguen esforzándose por sobrevivir con menos de 2
dólares diarios. La mala salud, la desigualdad de género y el
rápido crecimiento de la población perpetúan la pobreza y,
al mismo tiempo, son exacerbados por la pobreza.
Los encargados de formular políticas han estado remisos
en abordar la falta de equidad en la distribución de
información y servicios de salud, lo cual contribuye a mantener
a la gente en la pobreza. Los grupos más pudientes de
la población tienen un acceso mucho mayor que los pobres a
la atención del parto por personal capacitado y a la
provisión de anticonceptivos y otros servicios de salud
reproductiva. Las mujeres pobres comienzan a dar a luz a
edades tempranas y a lo largo de sus vidas tienen más hijos
que las mujeres en posición económica más desahogada.
Los países en desarrollo que han reducido la fecundidad
y la mortalidad efectuando inversiones en servicios de salud
y educación tienen mayor productividad, mayor ahorro y
mayores inversiones productivas, lo cual redunda en un crecimiento
económico más acelerado.
Al posibilitar que las personas tengan menor cantidad de
hijos, si así lo desean, se ayuda a estimular el desarrollo y a
reducir la pobreza, tanto en los hogares como en la sociedad.
Las familias más pequeñas disponen de más excedentes
para efectuar inversiones en la educación y la salud de sus
hijos. El rápido crecimiento de la población contribuye al
estrés medioambiental, la urbanización descontrolada y la
pobreza rural y urbana.
Al reducirse las tasas de fecundidad se reduce la
proporción de niños dependientes de la población en edad
activa y se abre así por única vez (antes de que las poblaciones
de más edad pasen a ser una carga) la oportunidad de
que los países efectúen inversiones para estimular el crecimiento
económico y contribuir a la reducción de la pobreza.
En consecuencia, el Programa de la CIPD, basado en los
derechos humanos, que aborda la interdependencia entre
población y pobreza, es imprescindible para el logro de los
Objetivos de Desarrollo del Milenio. Los países en desarrollo
que respondieron a la Encuesta Mundial del UNFPA, en su
mayoría, adoptaron diversas estrategias para abordar los
vínculos entre población y pobreza.
Las pautas insostenibles de consumo y producción, sumadas
al rápido crecimiento de la población, están deteriorando el
medio ambiente. Va en aumento el número de personas que
utilizan cada vez más intensamente mayor cantidad de
recursos y así están dejando una “huella” sobre el planeta
mayor que nunca antes.
Una clase consumidora mundial en rápido crecimiento
está usando los recursos del planeta a una velocidad sin precedentes
con efectos proporcionalmente mayores que el
aumento en el número de consumidores. Los agricultores,
los ganaderos, los explotadores forestales y los urbanizadores
han eliminado casi la mitad de los bosques que existían
originariamente en el mundo. De las existencias piscícolas
del mundo, las tres cuartas partes se han agotado o han
excedido los límites sostenibles.
Hay 500 millones de personas residentes en países que
padecen estrés hídrico o escasez de agua; se prevé que hacia
2025, esa cantidad llegará a entre 2.400 millones y 3.400
millones de personas. Las poblaciones pobres en acelerado
crecimiento suelen no tener otra opción sino explotar su
medio ambiente local a fin de satisfacer las necesidades de
alimentos y combustible para su subsistencia.
Muchos países informaron de que habían adoptado medidas
para abordar los vínculos entre población, pobreza y
medio ambiente.
Las cuestiones de género influyen en gran medida sobre
la manera en que se utilizan y aprovechan los recursos.
Tanto en la CIPD como en el examen de la aplicación de su
Programa de Acción en 1999, los países de todo el mundo
afirmaron que la igualdad entre hombres y mujeres es
imprescindible para un desarrollo sostenible y un ordenamiento
racional de los recursos naturales.
Debido a la constante migración del campo a las ciudades, el
número de residentes urbanos aumenta con una velocidad
doble del crecimiento de la población total. Hacia 2007, los
residentes en ciudades constituirán la mayoría de la
población mundial; hacia 2030, esa mayoría existirá en
todas las regiones. Pero las megaciudades con 10 o más
millones de habitantes (que actualmente son 20, 15 de ellas
en países en desarrollo) y las ciudades de tamaño pequeño e
intermedio siguen creciendo y excediendo gravemente la
capacidad de las infraestructuras y los servicios locales.
La CIPD reconoció que las personas se desplazan dentro
de su país a consecuencia de la falta de equidad en la
distribución de recursos, servicios y oportunidades. Una respuesta
normativa esencial es la provisión de servicios
sociales, inclusive los de salud reproductiva, en las zonas
urbanas pobres; también es imprescindible satisfacer las
necesidades de comunidades locales donde los servicios son
insuficientes.
En el año 2000 había en todo el mundo 175 millones de
migrantes internacionales — una de cada 35 personas —,
en comparación con 79 millones en 1960. Muchas personas, y
un creciente número de mujeres, buscan empleo en el
extranjero y esto tiene repercusiones de gran magnitud en
los países de origen y en los de destino. Los efectos
económicos son bidireccionales.
La CIPD exhortó a los países a abordar las causas profundas
de la migración, especialmente el problema de la
pobreza. Unas tres cuartas partes de los países manifiestan
que han adoptado algún tipo de medida para abordar la
migración internacional; en 1994, la proporción era una
quinta parte. Algunos países han establecido controles fronterizos
más rigurosos, mientras otros tratan de integrar
mejor a los migrantes. Muchos países favorecen la mayor
coordinación de las políticas de migración, pero el tema
sigue siendo delicado.
La igualdad de género y la habilitación de la mujer fueron
aspectos medulares de los propósitos de la CIPD, vinculados
fuertemente a la salud reproductiva y los derechos reproductivos.
Desde 1994, más de la mitad de todos los países han
adoptado leyes nacionales sobre los derechos de la mujer,
han ratificado convenciones de las Naciones Unidas o han
establecido comisiones nacionales para la mujer.
El progreso ha sido desigual. Muchos países han introducido
leyes sobre la violencia por motivos de género, pero
después no las han hecho respetar en la práctica. Sólo 28
países han aumentado la participación política de la mujer.
De todos los países, menos de la mitad cuenta con iniciativas
para educar a los hombres acerca de la propia salud
reproductiva y la de sus compañeras. Las medidas de
promoción del adelanto de la mujer son susceptibles de cortes
presupuestarios. Sólo 42 países pudieron aumentar el
gasto público en escuelas y sólo 16 aumentaron el número de
escuelas secundarias para niñas.
Son prioridades para mejorar la condición de la mujer:
eliminar la discrepancia de género en la educación; aumentar
el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva y a la
información al respecto; efectuar inversiones en infraestructura
para mitigar la carga de trabajo de la mujer;
reducir la discriminación en el empleo, en la propiedad de
bienes raíces y en la herencia; acrecentar el papel de la
mujer en los órganos gubernamentales; y reducir radicalmente
la violencia contra las mujeres y las niñas.
Las deficiencias en los servicios de salud reproductiva y
sexual causan en todo el mundo una quinta parte de la
carga de morbilidad y mortalidad prematura y una tercera
parte de las enfermedades y las defunciones de mujeres en
edad de procrear.
Sigue aumentando el apoyo al concepto general,
propugnado por la CIPD, de salud reproductiva y derechos
reproductivos, inclusive planificación de la familia y salud
sexual. Este año, la 57a. Asamblea Mundial de la Salud
reconoció el Consenso de El Cairo y aprobó por primera
vez una estrategia de la OMS para la salud reproductiva, a
fin de acelerar el adelanto hacia los Objetivos de Desarrollo
del Milenio.
La planificación de la familia posibilita que las personas
y las parejas determinen la cantidad de sus hijos y el espaciamiento
entre ellos, un derecho humano básico
reconocido. Hay aproximadamente 201 millones de mujeres,
especialmente en los países más pobres, que siguen teniendo
necesidad insatisfecha de anticonceptivos eficaces.
Satisfacer esas necesidades costaría unos 3.900 millones de
dólares por año y así se prevendrían 23 millones de alumbramientos
no planificados, 22 millones de abortos
inducidos, 142.000 defunciones relacionadas con el embarazo
(inclusive 53.000 a causa de abortos realizados en malas
condiciones) y 1,4 millón de defunciones de lactantes.
Se han logrado importantes adelantos hacia la meta de
la CIPD de lograr acceso universal a los servicios de salud
reproductiva antes de 2015. Se ha prestado mayor atención a
los derechos reproductivos al dictar leyes y formular
políticas. Muchos países han reorientado sus servicios e
intensificado la capacitación a fin de mejorar la calidad de
los servicios, ampliar las opciones en métodos de
planificación de la familia y satisfacer mejor las necesidades
y aspiraciones de los clientes. Se han adoptado medidas
para integrar el tratamiento de las infecciones de
transmisión sexual (ITS) en otros servicios y para involucrar
más a los hombres en la protección de su propia salud reproductiva
y la de sus compañeras.
No obstante, en los últimos 10 años ha ido declinando el
apoyo de los donantes a los productos de salud reproductiva,
con lo cual ha empeorado la distancia entre necesidades y
suministros. Según se prevé, en los países en desarrollo
aumentarán en un 40% los usuarios de anticonceptivos
entre 2000 y 2015.
Las complicaciones obstétricas son la principal causa de
defunción de mujeres en edad de procrear en los países en
desarrollo y constituyen uno de los problemas de salud más
urgentes y refractarios en todo el mundo. Pese a los adelantos
en unos pocos países, no se ha asignado alta prioridad a
la cuestión y el número anual de defunciones en todo el
mundo no ha cambiado apreciablemente desde 1994.
La pobreza acrecienta pronunciadamente las probabilidades
de que una mujer muera a causa del embarazo o el
parto; ese riesgo en el período vital de una mujer es de 1 en
12 en el África occidental; pero en los países desarrollados,
es de 1 en 4.000.
De las defunciones debidas a la maternidad, la mayoría
tiene a causas tratables pero de difícil detección. Para reducir
ese número de defunciones es preciso aumentar el acceso
a la atención del parto por personal capacitado, ofrecer
atención obstétrica de emergencia cuando hay complicaciones
del embarazo y disponer de sistemas de transporte y
remisión a establecimientos de mayor capacidad, de modo
que las mujeres puedan recibir sin tardanza la atención que
necesitan.
En los países en desarrollo, la mitad de los partos cuentan
con atención de personal capacitado; pero en el Asia meridional,
sólo un 35% y en África al sur del Sahara, sólo un 41%.
Hay millones de mujeres que sobreviven después del
parto pero padecen enfermedades y discapacidad. Una de las
consecuencias más devastadoras es la fístula obstétrica,
lesión interna a consecuencia del trabajo de parto obstruido,
que causa incontinencia y con frecuencia relega a las mujeres
al ostracismo. El UNFPA y otros organismos están
tratando de prevenir la fístula y promover que se aplace el
matrimonio precoz y que se proporcione mayor acceso a la
atención de emergencia.
Después de la CIPD, los países, en su mayoría, han adoptado
medidas para promover la maternidad sin riesgo y
también están proporcionando mayor acceso a los servicios de
planificación de la familia para reducir el número de embarazos
no planificados. Al menos 40 países han iniciado
programas de atención posterior al aborto. Las complicaciones
del aborto realizado en malas condiciones son
importantes causas de defunción de las madres; la CIPD
exhortó a prestar mayor atención a este tema tan descuidado.
En sólo dos decenios, la pandemia de SIDA se ha cobrado 20
millones de vidas e infectado a 38 millones de personas.
Estas cantidades podrían aumentar mucho si los países no
adoptaran estrategias de prevención del VIH. De las personas
que corren alto riesgo de infección, menos del 20%
tienen acceso a medidas preventivas de probada eficacia.
Las consecuencias del SIDA son de vasto alcance. En algunas
zonas de África al sur del Sahara, un 25% de la población
en edad activa está infectada con el VIH. Los estudios indican
que si el 15% de la población de un país está infectada
con el VIH, su PIB disminuirá a razón del 1% anual.
Dado que en la mayoría de los casos, el VIH se transmite
por vía del contacto sexual, los servicios de salud reproductiva
y sexual y la información al respecto proporcionan un
punto de entrada de importancia crítica para la prevención,
dado que pueden: impartir educación sobre los riesgos e
influir sobre los comportamientos sexuales; detectar y tratar
las ITS; promover el uso correcto y sistemático de condones
(preservativos) masculinos y femeninos; y contribuir a prevenir
la transmisión de la madre al hijo. Al vincular las
acciones de prevención y la detección voluntaria del VIH y el
asesoramiento al respecto con los servicios de salud reproductiva
existentes, es posible llegar a mayor cantidad de
personas, reducir el estigma y economizar recursos.
La CIPD reconoció que la discriminación y la violencia
aumentan particularmente la vulnerabilidad de las mujeres
y las niñas, de modo que se están intensificando las medidas
para abordar esa desigualdad por motivos de género.
Entre las jóvenes africanas de 15 a 24 años de edad, los casos
de infección son de dos a tres veces superiores a los de varones
de la misma edad. Con frecuencia, las mujeres casadas
no pueden negociar el uso de condones, aun cuando sepan
que sus esposos tienen múltiples compañeras sexuales.
En el último decenio han mejorado los medios para el
tratamiento del VIH, pero la enorme mayoría de las personas
infectadas carecen de acceso a terapias contra los
retrovirus que podrían salvarles la vida. La OMS y el programa
ONUSIDA se han propuesto hacer asequible el
tratamiento para 3 millones de personas antes de 2005 y
reducir el costo de los medicamentos. Al aumentar la disponibilidad
de tratamiento, una mayor cantidad de personas
acudirán a los servicios de salud, donde pueden recibir mensajes
de prevención.
De los países que respondieron a la Encuesta Mundial,
las tres cuartas partes cuentan con una estrategia nacional
sobre el VIH/SIDA. En muchos países, nuevas políticas y la
coordinación con las ONG señalan cambios positivos, pero
muchas personas en los grupos de alto riesgo no se benefician.
La financiación de los donantes con destino a
condones (preservativos) es muy inferior a la necesaria y las
acciones educacionales son insuficientes.
A partir de 1994 y, especialmente en los últimos años,
muchos países han logrado notables adelantos en cuanto a
abordar los temas, a menudo delicados, de la salud reproductiva
de los adolescentes, inclusive las necesidades de
información y servicios que posibiliten que los adolescentes
prevengan la infección y el embarazo no deseado.
Los jóvenes de 15 a 24 años de edad constituyen la mitad
de todas personas que se agregan a los infectados con el VIH
— una cada 14 segundos — y las mujeres jóvenes corren
especiales riesgos. En todo el mundo, la tendencia es a aplazar
el matrimonio; aumentan las cantidades de adolescentes
que tienen actividad sexual antes del matrimonio y suelen
carecer de los conocimientos o los medios para protegerse a
sí mismos.
En muchos países, el matrimonio y la procreación precoces
siguen siendo la norma para las niñas, que a menudo se
casan con hombres de mucha mayor edad. Las adolescentes
casadas tienen menos probabilidades que las demás de la
misma edad de finalizar sus estudios y muchas probabilidades
de infectarse con el VIH u otra ITS.
El UNFPA y otros organismos despliegan múltiples acciones
para enseñar a los jóvenes acerca de la salud
reproductiva, además de impartir aptitudes para la vida y
para el empleo. Una importante prioridad es llegar a las
jóvenes casadas, a las que viven en zonas rurales y en asentamientos
urbanos pobres y a las que no asisten a la escuela.
De los países encuestados, un 90% informa acerca de
medidas para abordar la salud reproductiva de los adolescentes.
Pero las medidas adoptadas van muy a la zaga de las
necesidades y es preciso intensificar pronunciadamente las
intervenciones eficaces.
Después de la CIPD, aumentó en gran medida la atención
prestada a las necesidades de salud reproductiva de las mujeres
en situación vulnerable a causa de guerras y desastres.
De las decenas de millones de refugiados en el mundo,
una cuarta parte son mujeres en edad de procrear; de esas
mujeres, una de cada cinco probablemente esté embarazada.
La muerte a causa de complicaciones del parto es sumamente
frecuente en países afectados por desastres, donde las
mujeres carecen de acceso a la atención de la maternidad.
Durante la guerra, son más frecuentes los casos de
violación y violencia por motivos de género y las víctimas
muy probablemente contraerán una ITS, inclusive el
VIH/SIDA. En una situación de desastre, pueden desintegrarse
las relaciones estables y las unidades familiares. Los
jóvenes resultan muy afectados por esos cambios, conducentes
al aumento de las tasas de embarazo en la adolescencia,
relaciones sexuales en condiciones de riesgo y aborto.
El UNFPA y otros grupos de asistencia humanitaria responden
a las emergencias aportando los materiales básicos
necesarios para el parto en condiciones de seguridad, la
protección contra el embarazo no deseado y las ITS.
También apoyan las campañas de educación y las medidas
de seguridad en los campamentos para prevenir la violencia
sexual y ofrecer asesoramiento psicosocial y tratamiento a
las víctimas de violación.
Las medidas eficaces para aplicar el Programa de Acción
de El Cairo y combatir la pobreza dependen de contar con
financiación suficiente y alianzas eficaces. Después de la
CIPD y del examen de la aplicación de su Programa al cabo
de cinco años, se han entablado alianzas entre gobiernos y
muy diversas organizaciones de la sociedad civil, entre ellas
grupos comunitarios de mujeres, organizaciones de derechos
humanos, sindicatos, universidades, fuentes privadas de
servicios de salud y parlamentarios.
Pero hay un déficit en los recursos. Los donantes convinieron
en aportar 6.100 millones de dólares anuales con
destino a programas de población y salud reproductiva antes
de 2005, es decir, sufragar un tercio del total de las necesidades.
En 2002 (el año más reciente para el que se dispone
de datos), las contribuciones ascendieron a 3.100 millones
de dólares, sólo la mitad de lo prometido.
En 2003, los gastos nacionales de países en desarrollo
para el conjunto de medidas acordadas en la CIPD ascendieron
a 11.700 millones de dólares; pero una gran proporción de
ese total corresponde a unos pocos países de gran magnitud.
Los países más pobres dependen en gran medida de los recursos
de donantes para sus programas de planificación de la
familia, salud reproductiva y otras actividades relativas a la
población. Es preciso contar con mayores recursos para combatir
la pandemia de VIH/SIDA; la financiación al respecto
va en aumento, pero aún está muy lejos de lo necesario.
Las prioridades de políticas para la acción en los
próximos 10 años son: integrar mejor las cuestiones de
población en la planificación nacional; ampliar los programas
para satisfacer las necesidades de los grupos más pobres
de población; fortalecer la planificación urbana para prestar
servicios a comunidades marginales; efectuar inversiones en
desarrollo rural; reformar leyes y políticas para eliminar la
discriminación contra la mujer; e incorporar
sistemáticamente la participación de la sociedad civil en las
prácticas institucionales.
Es menester fortalecer en gran medida la prestación de
servicios integrales de salud reproductiva y planificación de
la familia, mediante mejoras en la capacidad, las cadenas de
suministros y la calidad. Es preciso aumentar la escala de
las intervenciones para asegurar la maternidad sin riesgo.
Las intervenciones relativas al VIH/SIDA deben vincularse
más eficazmente con otros componentes de la salud reproductiva.
Es necesario intensificar las acciones para llegar a
todos los adolescentes necesitados de información y servicios,
inclusive los casados y los que no asisten a la escuela.
Diez años después de la CIPD, el mundo necesita más que
nunca esa meta de desarrollo centrado en el ser humano.
Los problemas actuales — entre ellos cuestiones de seguridad,
continua propagación del VIH/SIDA y persistente
pobreza acompañada de prosperidad sin precedentes —
hacen imprescindible la aplicación del Programa de El
Cairo, a fin de que se plasme en la realidad su sueño de un
futuro mejor para todos.
|