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Salud materna
Cada país que ha logrado bajas tasas de mortalidad derivada
de la maternidad ha establecido un enfoque sistemático,
involucrando a agentes capacitados para la atención sistemática
del parto, la atención obstétrica de emergencia para
tratamiento de las complicaciones y un sistema de remisión
a establecimientos de mayor capacidad y transporte que
asegure el acceso a servicios que pueden salvar vidas.
Entre las primeras medidas para prevenir la defunción
y la discapacidad de las madres figura mejorar los establecimientos
médicos, de modo que las mujeres soliciten
atención, y ampliar los servicios que están sobrecargados.
Es preciso prestar particular atención a llegar a los pobres,
a las poblaciones aisladas debido a su ubicación y a las
afectadas por la guerra y los desastres naturales.
También tiene importancia crucial movilizar a las
familias, las comunidades y los países para que apoyen a
las mujeres durante el embarazo y el parto, mediante marcos fortalecidos de políticas, leyes y reglamentaciones en favor
de la salud materna (22).
Asimismo, la planificación de la familia tiene importancia
crítica para reducir las tasas de mortalidad y morbilidad
de madres. Al satisfacer la necesidad insatisfecha existente
en materia de anticonceptivos se reducirían en todo el
mundo los embarazos, de modo que la mortalidad materna
disminuiría entre 25% y 35%(23). La reducción de los embarazos
en la adolescencia también tendría importantes efectos.
Las estrategias para reducir la mortalidad derivada de
la maternidad también necesitan el apoyo de medidas más
amplias que aborden la salud de la mujer, entre ellas, la
mejor nutrición de mujeres y niñas, de modo de crear
resistencia y evitar la anemia, combatir las enfermedades
infecciosas como el paludismo y evitar la violencia. Las intervenciones
en materia de salud reproductiva promueven la
salud y la supervivencia de los menores de un año y proporcionan
un importante vínculo entre los objetivos de salud
para niños y madres.
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