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Salud materna
CAUSAS COMUNES. Según la OMS, la mortalidad materna es
“la defunción de la mujer durante el embarazo o en un plazo de
42 días tras la terminación del embarazo, independientemente
de la duración o del lugar del embarazo, debido a cualquier causa
relativa al embarazo o agravada por éste o por la forma en que
se lo atiende, pero no por causas accidentales o incidentales (12)”.
En todo el mundo, hay una notable coherencia en cuanto
a las causas de defunción materna(13). Se deben, en un 80%, a
complicaciones obstétricas directas: hemorragia, sepsis, complicaciones
del aborto, preeclamsia o eclampsia, y trabajo de
parto prolongado u obstruido. Un 20% de esas defunciones
tienen causas indirectas, por lo general trastornos médicos
preexistentes agravados por el embarazo o el parto, inclusive
anemia, paludismo, hepatitis y, cada vez más, SIDA.
AMPLIAS DIFERENCIAS EN LOS EFECTOS. Pero hay amplias
diferencias—en proporción de 1 a 100—en el riesgo del
embarazo entre mujeres en países ricos y pobres, y esa diferencia
es la más alta entre todos los indicadores de salud
pública que vigila la OMS. El riesgo a lo largo de toda la vida
de una mujer en el África occidental de morir a causa del
embarazo o el parto es de 1 en 12; en las regiones desarrolladas,
el riesgo correlativos es de 1 en 4.000 (14).
Dentro de un mismo país, la pobreza acrecienta espectacularmente
las posibilidades de que una mujer pierda la vida
durante el embarazo o poco tiempo después(15). En verdad, en
muchos países hay discrepancias alarmantes entre las
mujeres en situación más desahogada y las más pobres, en
lo concerniente a la atención para la maternidad sin riesgo.
En Bangladesh, el Chad, Nepal y el Níger, las poblaciones en
mejor situación económica tienen altas tasas de asistencia
del parto por personal capacitado, mientras que para la
mayoría de las demás mujeres es sumamente infrecuente
contar con asistencia de personal capacitado (en esos países,
las tasas globales de atención de personal capacitado figuran
entre las más bajas del mundo). En otros países, donde las
tasas de atención por personal capacitado son bastante altas,
entre ellos el Brasil, Turquía y Viet Nam, las mujeres más
pobres siguen siendo las que menos probabilidades tienen
de recibir ese tipo de atención (16).
En el mundo desarrollado, las mujeres raramente pierden
la vida o experimentan discapacidades permanentes
debido a problemas relativos al embarazo, debido a que
reciben sin tardanza el tratamiento adecuado.
LAS “TRES DEMORAS”. En el proceso del parto en el hogar,
los expertos han clasificado las causas subyacentes de la mortalidad derivada de la maternidad según el modelo de las
“tres demoras”: demora en decidir ir en procura de atención
médica; demora en llegar a establecimientos donde se dispense
atención apropiada; y demora en recibir atención, una vez
que se llega al establecimiento de salud.
La primera demora es resultado de que no se reconocen
los signos de peligro. Esto suele ser consecuencia de la
ausencia de personal capacitado para atender el parto, pero
también puede obedecer a que la familia y la comunidad
titubean en enviar a la mujer a un establecimiento donde
se le dispensarán cuidados, debido a limitaciones financieras
o culturales.
La segunda demora es resultado de la falta de acceso a un
establecimiento de salud de mayor capacidad, como la falta
de transporte disponible, o la falta de conocimiento de que
esos servicios existen. La tercera demora obedece a problemas
en el mismo establecimiento donde ha sido remitida la
paciente (inclusive equipo insuficiente o falta de personal
capacitado, de medicamentos de emergencia o de sangre).
Por esta razón, los programas de reducción de la mortalidad
derivada de la maternidad deben asignar prioridad a la
disponibilidad, la accesibilidad y la calidad de las instalaciones
para la atención obstétrica. Todos los países que han logrado
reducir la mortalidad derivada de la maternidad lo han
hecho debido a un pronunciado aumento en la atención
del parto en los hospitales.
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