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Salud materna
En la actualidad, en los países en desarrollo, las complicaciones
obstétricas son la causa principal de defunción de
mujeres en edad de procrear y constituyen uno de los problemas
de salud más urgentes y refractarios(1). Se reconoce que
reducir las tasas de mortalidad y morbilidad derivadas de la
maternidad es un imperativo moral y de derechos humanos,
así como una prioridad de importancia crucial para el desarrollo
internacional, acorde con las fijadas por el Programa
de Acción de la CIPD y los Objetivos de Desarrollo del
Milenio.
Es trágico que, pese al progreso logrado en algunos
países, el número de defunciones anuales en todo el
mundo—calculado en 529.000, o una por minuto—no ha
cambiado sustancialmente después de la CIPD, según estimaciones
recientes efectuadas por la OMS, el UNICEF y el
UNFPA(2); de esas defunciones, un 99% ocurren en países en
desarrollo. Llegan a millones las cantidades de mujeres que
sobreviven pero padecen enfermedades y discapacidad debido
al embarazo y el parto. Aun cuando es difícil obtener datos,
la Iniciativa sobre la Maternidad sin Riesgo, una coalición
de organismos de las Naciones Unidas y ONG, estima que
por cada defunción de una madre, hay entre 30 y 50 casos
de morbilidad, tanto temporal como crónica (3).
La CIPD reconoció que sería posible prevenir la mayoría
de esas defunciones y lesiones si se proporcionara un más
amplio acceso a la atención por personal capacitado antes,
durante y después del embarazo; en consecuencia, la CIPD
exhortó a los países a ampliar los servicios de salud materna
en el marco de la atención primaria de la salud, y a formular
estrategias a fin de superar las causas intrínsecas de mortalidad
y morbilidad de las madres (4).
En los últimos diez años, hubo un cambio paradigmático
en las prioridades mundiales para reducir las tasas de defunción
y enfermedad debidas a la maternidad. En el pasado, los
investigadores y los profesionales pensaban que era posible
detectar los embarazos de alto riesgo y proporcionarles tratamiento,
y que la atención prenatal podría prevenir muchas
defunciones de madres. También exhortaron a que se capacitara
a las parteras tradicionales, a fin de reducir los riesgos
de enfermedad o muerte durante el embarazo.
Pero las intervenciones de esos dos tipos no redujeron
las tasas de mortalidad derivada de la maternidad(5).
Actualmente, los profesionales de la salud y los encargados
de formular políticas están en general de acuerdo acerca de
que las defunciones de madres, en su mayoría, obedecen a
problemas de difícil detección previa—cualquier mujer
puede experimentar complicaciones durante el embarazo,
el parto y el puerperio—pero que esas complicaciones casi
siempre son susceptibles de tratamiento, a condición de que
se disponga de acceso a atención obstétrica de emergencia.
Desde mediados del decenio de 1990, los gobiernos, los
organismos internacionales, incluido el UNFPA, los investigadores
y las entidades de la sociedad civil se han centrado
en las intervenciones consideradas más eficaces: ampliar el
acceso de las mujeres a la atención de personal capacitado en
el parto; mejorar los establecimientos de atención obstétrica
de emergencia y el acceso de las mujeres a los mismos para el
tratamiento de las complicaciones del embarazo; y asegurar
que se disponga de sistemas de remisión a establecimientos
de mayor capacidad y de transporte para que las mujeres
que padecen complicaciones puedan recibir tratamiento
sin tardanza.
Asimismo, en la lista de prioridades mundiales, para
lograr que la maternidad sin riesgo ocupe un alto lugar hay
que asegurar que las mujeres tengan acceso a servicios de
planificación de la familia, a fin de reducir los embarazos
no deseados; y mejorar la calidad y capacidad generales de
los sistemas de salud de los países, especialmente en el plano
de distrito, además de fortalecer los recursos humanos.
FOCALIZACIÓN EN LOS DERECHOS. Una característica adicional
del período posterior a la CIPD es el reconocimiento de
que las defunciones y la discapacidad derivada de la maternidad
constituyen conculcaciones de los derechos humanos de
las mujeres y dependen en gran medida de la condición de la
mujer en la sociedad y de su grado de independencia económica
(6). Varias convenciones sobre derechos humanos apoyan
la opinión de que las mujeres tienen derecho a servicios de
atención de la salud que aumentan la probabilidad de supervivencia
después del embarazo y el parto(7). También se está
prestando mayor atención en todos los planos a otras cuestiones
relacionadas con los derechos, entre ellas, el papel de las desigualdades de género en el nivel de atención de la salud
y los efectos de la violencia por motivos de género sobre los
embarazos (8).
No obstante, diez años después de El Cairo, las necesidades
de las mujeres suelen no tener una alta prioridad para
los gobiernos y las comunidades. Las mujeres siguen careciendo
de facultades para escoger la atención obstétrica que
quieren. La pobreza, los conflictos y los desastres naturales
empeoran la salud reproductiva y agregan nuevos problemas
en cuanto a asegurar la maternidad sin riesgo (9).
En la CIPD se planteó como objetivo reducir la mortalidad
derivada de la maternidad hasta la mitad de los niveles
registrados en 1990 antes del año 2000 y lograr una nueva
reducción a la mitad antes de 2015. También se exhortó a
reducir las diferencias entre países en desarrollo y desarrollados
y dentro de un mismo país, y a reducir en gran medida el número de
defunciones y las tasas de
morbilidad derivadas del
aborto realizado en malas
condiciones.
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| SERVICIOS DE SALUD PARA LAS MADRES |
[Los servicios de maternidad], basados en el concepto de la elección basada en una información correcta, deberían incluir la educación sobre la maternidad sin riesgo, cuidados prenatales coordinados y eficaces, programas de nutrición materna; asistencia adecuada en los partos evitando el recurso excesivo a las operaciones cesáreas y prestando atención obstétrica
de emergencia; servicios de remisión en los casos de complicaciones en el embarazo, el parto y el aborto; atención postnatal y planificación de la familia . . . |
| —Programa de Acción de la CIPD, párrafo 8.22. |
En el examen realizado
en 1999 de la ejecución del Programa de Acción de la
CIPD se destacó la conexión entre los altos niveles de
mortalidad derivada de la maternidad y de pobreza
y se exhortó a los Estados a “promover la reducción
de la morbimortalidad materna, como cuestión
prioritaria de salud pública y de derechos reproductivos”
y velar por que “la mujer tenga fácil acceso a
atención obstétrica esencial, servicios de atención de la salud materna bien equipados y adecuadamente dotados de personal, asistencia calificada durante el parto, atención
obstétrica de emergencia, remisión y envío eficaces a niveles
superiores de atención en caso necesario (10)”.
En el año 2000, en la Cumbre del Milenio, también se
estableció que la salud materna es una urgente prioridad en
la lucha contra la pobreza. El Objetivo 5 de Desarrollo del
Milenio exhorta a lograr antes de 2015 una reducción del 75%
en el índice de mortalidad materna (el número de defunciones
de madres por cada 100.000 nacidos vivos), en comparación
con los niveles registrados en 1990.
Conquistar esas metas será difícil. En todo el mundo en
desarrollo, la proporción de todas las embarazadas que reciben
al menos algún tipo de atención durante el embarazo es
de aproximadamente 65%; un 40% de los partos ocurren en
establecimientos de salud; y poco más de la mitad de todos los partos reciben atención de personal capacitado. Pero en
el año 2000, en el Asia meridional sólo un 35% de los partos
fueron atendidos por personal capacitado; en África al Sur
del Sahara esa proporción fue 41% (superior a la registrada
en 1985, de un tercio); en las regiones del Asia oriental y de
América Latina y el Caribe, la proporción fue 80% (11).
En muchos lugares, los servicios disponibles de maternidad
sin riesgo no pueden satisfacer la demanda o no son
accesibles a las mujeres debido a la distancia, el costo u otros
factores socioeconómicos. Tal vez se asigne una baja prioridad
a la atención del embarazo en las listas de prioridades
de los hogares, dado su alto costo en tiempo y dinero. Se
sigue considerando que muchas mujeres no son dignas de la
inversión y esto tiene trágicas consecuencias para ellas; para
sus hijos, que tienen menos probabilidades de sobrevivir o
de tener una infancia saludable en ausencia de una madre;
y también para sus comunidades y sus países.
RESULTADOS DE LA ENCUESTA MUNDIAL. En sus respuestas
a la Encuesta Mundial del UNFPA (2003), 144 países informaron
de que habían adoptado medidas concretas para reducir
el número de defunciones y lesiones derivadas de la maternidad;
113 informaron acerca de la adopción de múltiples
medidas. Las más comunes eran la capacitación de los
encargados de prestar servicios de salud (76 países); el
establecimiento de planes, programas o estrategias (68); la
mejora de la atención prenatal y postnatal (66); la actualización
de la recopilación de datos y el mantenimiento de
registros (45); y la provisión de información o de servicios
de promoción (40).
Pero sólo algunos países han logrado reducir las tasas de
mortalidad derivadas de la maternidad (en su mayoría, son
países de ingresos medianos; unos pocos son países pobres).
En China, Egipto, Honduras, Indonesia, Jamaica, Jordania,
México, Mongolia, Sri Lanka y Túnez, se ha reducido apreciablemente
el número de defunciones durante el pasado
decenio. Las acciones para lograr la maternidad sin riesgo
en todos esos países tienen como factor común la presencia
de personal capacitado para la atención del parto, sistemas
eficaces de remisión a establecimientos de mayor capacidad
y servicios básicos o integrales de atención obstétrica de
emergencia.
En la mayoría de los demás países el progreso ha sido
lento y siguen registrándose tasas trágicamente altas de
mortalidad y morbilidad derivada de la maternidad en
varias regiones, entre ellas la mayor parte de África al Sur
del Sahara y las partes más pobres del Asia meridional. Si
bien se prevé que en los próximos diez años habrá algunos
adelantos para combatir la mortalidad y la morbilidad de las
madres, será preciso intensificar las intervenciones actuales
y destinar mayor cantidad de recursos a esas acciones, para poder lograr adelantos apreciables en cuanto a la protección
de las vidas y la salud de las mujeres.
Cuadro 1: Estimaciones de mortalidad materna por región, 2000
|
Región
|
Índice de mortalidad materna
(defunciones de madres por
100.000 nacidos vivos)
|
Número de
defunciones
de madres
|
Riesgo de muerte
materna a lo largo
de toda la vida, 1 en:
|
| TOTAL MUNDIAL |
400 |
529.000 |
74 |
| REGIONES DESARROLLADAS |
20 |
2.500 |
2.800 |
| Europa |
24 |
1.700 |
2.400 |
| REGIONES EN DESARROLLO |
440 |
527.000 |
61 |
| África |
830 |
251.000 |
20 |
| África septentrional
|
130 |
4.600 |
210 |
| África al Sur del Sahara |
920 |
247.000 |
16 |
| Asia |
330 |
253.000 |
94 |
| Asia oriental |
55 |
11.000 |
840 |
| Asia centromeridional |
520 |
207.000 |
46 |
| Asia sudoriental |
210 |
25.000 |
140 |
| Asia occidental |
190 |
9.800 |
120 |
| América Latina y el Caribe |
190 |
22.000 |
160 |
| Oceanía |
240 |
530 |
83 |
| Fuente: OMS, UNICEF, y UNFPA, Maternal Mortality in 2000: estimaciones de OMS, UNICEF, y UNFPA. 2003,
Organización Mundial de la Salud: Ginebra. |
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