UNFPAEL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2004
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HOME: EL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2004: Salud materna
State of World Population
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Notas
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Gráficos y Cuadro

Salud materna

Nuevos enfoques
Causas y consecuencias
Morbilidad materna
Fístula obstétrica
Reducción de la mortalidad y la morbilidad derivadas de la maternidad
Dificultades en la medición
Respuestas integrales
Atención prenatal
Atención por personal capacitado
Atención obstétrica de emergencia
Atención posterior al aborto
Calidad de la atención de la salud materna
Los hombres y la salud materna
El UNFPA y la maternidad sin riesgo

En la actualidad, en los países en desarrollo, las complicaciones obstétricas son la causa principal de defunción de mujeres en edad de procrear y constituyen uno de los problemas de salud más urgentes y refractarios(1). Se reconoce que reducir las tasas de mortalidad y morbilidad derivadas de la maternidad es un imperativo moral y de derechos humanos, así como una prioridad de importancia crucial para el desarrollo internacional, acorde con las fijadas por el Programa de Acción de la CIPD y los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Es trágico que, pese al progreso logrado en algunos países, el número de defunciones anuales en todo el mundo—calculado en 529.000, o una por minuto—no ha cambiado sustancialmente después de la CIPD, según estimaciones recientes efectuadas por la OMS, el UNICEF y el UNFPA(2); de esas defunciones, un 99% ocurren en países en desarrollo. Llegan a millones las cantidades de mujeres que sobreviven pero padecen enfermedades y discapacidad debido al embarazo y el parto. Aun cuando es difícil obtener datos, la Iniciativa sobre la Maternidad sin Riesgo, una coalición de organismos de las Naciones Unidas y ONG, estima que por cada defunción de una madre, hay entre 30 y 50 casos de morbilidad, tanto temporal como crónica (3).

Nuevos enfoques

La CIPD reconoció que sería posible prevenir la mayoría de esas defunciones y lesiones si se proporcionara un más amplio acceso a la atención por personal capacitado antes, durante y después del embarazo; en consecuencia, la CIPD exhortó a los países a ampliar los servicios de salud materna en el marco de la atención primaria de la salud, y a formular estrategias a fin de superar las causas intrínsecas de mortalidad y morbilidad de las madres (4).

En los últimos diez años, hubo un cambio paradigmático en las prioridades mundiales para reducir las tasas de defunción y enfermedad debidas a la maternidad. En el pasado, los investigadores y los profesionales pensaban que era posible detectar los embarazos de alto riesgo y proporcionarles tratamiento, y que la atención prenatal podría prevenir muchas defunciones de madres. También exhortaron a que se capacitara a las parteras tradicionales, a fin de reducir los riesgos de enfermedad o muerte durante el embarazo.

Pero las intervenciones de esos dos tipos no redujeron las tasas de mortalidad derivada de la maternidad(5). Actualmente, los profesionales de la salud y los encargados de formular políticas están en general de acuerdo acerca de que las defunciones de madres, en su mayoría, obedecen a problemas de difícil detección previa—cualquier mujer puede experimentar complicaciones durante el embarazo, el parto y el puerperio—pero que esas complicaciones casi siempre son susceptibles de tratamiento, a condición de que se disponga de acceso a atención obstétrica de emergencia.

Desde mediados del decenio de 1990, los gobiernos, los organismos internacionales, incluido el UNFPA, los investigadores y las entidades de la sociedad civil se han centrado en las intervenciones consideradas más eficaces: ampliar el acceso de las mujeres a la atención de personal capacitado en el parto; mejorar los establecimientos de atención obstétrica de emergencia y el acceso de las mujeres a los mismos para el tratamiento de las complicaciones del embarazo; y asegurar que se disponga de sistemas de remisión a establecimientos de mayor capacidad y de transporte para que las mujeres que padecen complicaciones puedan recibir tratamiento sin tardanza.

Asimismo, en la lista de prioridades mundiales, para lograr que la maternidad sin riesgo ocupe un alto lugar hay que asegurar que las mujeres tengan acceso a servicios de planificación de la familia, a fin de reducir los embarazos no deseados; y mejorar la calidad y capacidad generales de los sistemas de salud de los países, especialmente en el plano de distrito, además de fortalecer los recursos humanos.

FOCALIZACIÓN EN LOS DERECHOS. Una característica adicional del período posterior a la CIPD es el reconocimiento de que las defunciones y la discapacidad derivada de la maternidad constituyen conculcaciones de los derechos humanos de las mujeres y dependen en gran medida de la condición de la mujer en la sociedad y de su grado de independencia económica (6). Varias convenciones sobre derechos humanos apoyan la opinión de que las mujeres tienen derecho a servicios de atención de la salud que aumentan la probabilidad de supervivencia después del embarazo y el parto(7). También se está prestando mayor atención en todos los planos a otras cuestiones relacionadas con los derechos, entre ellas, el papel de las desigualdades de género en el nivel de atención de la salud y los efectos de la violencia por motivos de género sobre los embarazos (8).

No obstante, diez años después de El Cairo, las necesidades de las mujeres suelen no tener una alta prioridad para los gobiernos y las comunidades. Las mujeres siguen careciendo de facultades para escoger la atención obstétrica que quieren. La pobreza, los conflictos y los desastres naturales empeoran la salud reproductiva y agregan nuevos problemas en cuanto a asegurar la maternidad sin riesgo (9).

En la CIPD se planteó como objetivo reducir la mortalidad derivada de la maternidad hasta la mitad de los niveles registrados en 1990 antes del año 2000 y lograr una nueva reducción a la mitad antes de 2015. También se exhortó a reducir las diferencias entre países en desarrollo y desarrollados y dentro de un mismo país, y a reducir en gran medida el número de defunciones y las tasas de morbilidad derivadas del aborto realizado en malas condiciones.

SERVICIOS DE SALUD PARA LAS MADRES

[Los servicios de maternidad], basados en el concepto de la elección basada en una información correcta, deberían incluir la educación sobre la maternidad sin riesgo, cuidados prenatales coordinados y eficaces, programas de nutrición materna; asistencia adecuada en los partos evitando el recurso excesivo a las operaciones cesáreas y prestando atención obstétrica de emergencia; servicios de remisión en los casos de complicaciones en el embarazo, el parto y el aborto; atención postnatal y planificación de la familia . . .

—Programa de Acción de la CIPD, párrafo 8.22.

En el examen realizado en 1999 de la ejecución del Programa de Acción de la CIPD se destacó la conexión entre los altos niveles de mortalidad derivada de la maternidad y de pobreza y se exhortó a los Estados a “promover la reducción de la morbimortalidad materna, como cuestión prioritaria de salud pública y de derechos reproductivos” y velar por que “la mujer tenga fácil acceso a atención obstétrica esencial, servicios de atención de la salud materna bien equipados y adecuadamente dotados de personal, asistencia calificada durante el parto, atención obstétrica de emergencia, remisión y envío eficaces a niveles superiores de atención en caso necesario (10)”.

En el año 2000, en la Cumbre del Milenio, también se estableció que la salud materna es una urgente prioridad en la lucha contra la pobreza. El Objetivo 5 de Desarrollo del Milenio exhorta a lograr antes de 2015 una reducción del 75% en el índice de mortalidad materna (el número de defunciones de madres por cada 100.000 nacidos vivos), en comparación con los niveles registrados en 1990.

Conquistar esas metas será difícil. En todo el mundo en desarrollo, la proporción de todas las embarazadas que reciben al menos algún tipo de atención durante el embarazo es de aproximadamente 65%; un 40% de los partos ocurren en establecimientos de salud; y poco más de la mitad de todos los partos reciben atención de personal capacitado. Pero en el año 2000, en el Asia meridional sólo un 35% de los partos fueron atendidos por personal capacitado; en África al Sur del Sahara esa proporción fue 41% (superior a la registrada en 1985, de un tercio); en las regiones del Asia oriental y de América Latina y el Caribe, la proporción fue 80% (11).

En muchos lugares, los servicios disponibles de maternidad sin riesgo no pueden satisfacer la demanda o no son accesibles a las mujeres debido a la distancia, el costo u otros factores socioeconómicos. Tal vez se asigne una baja prioridad a la atención del embarazo en las listas de prioridades de los hogares, dado su alto costo en tiempo y dinero. Se sigue considerando que muchas mujeres no son dignas de la inversión y esto tiene trágicas consecuencias para ellas; para sus hijos, que tienen menos probabilidades de sobrevivir o de tener una infancia saludable en ausencia de una madre; y también para sus comunidades y sus países.

RESULTADOS DE LA ENCUESTA MUNDIAL. En sus respuestas a la Encuesta Mundial del UNFPA (2003), 144 países informaron de que habían adoptado medidas concretas para reducir el número de defunciones y lesiones derivadas de la maternidad; 113 informaron acerca de la adopción de múltiples medidas. Las más comunes eran la capacitación de los encargados de prestar servicios de salud (76 países); el establecimiento de planes, programas o estrategias (68); la mejora de la atención prenatal y postnatal (66); la actualización de la recopilación de datos y el mantenimiento de registros (45); y la provisión de información o de servicios de promoción (40).

Pero sólo algunos países han logrado reducir las tasas de mortalidad derivadas de la maternidad (en su mayoría, son países de ingresos medianos; unos pocos son países pobres). En China, Egipto, Honduras, Indonesia, Jamaica, Jordania, México, Mongolia, Sri Lanka y Túnez, se ha reducido apreciablemente el número de defunciones durante el pasado decenio. Las acciones para lograr la maternidad sin riesgo en todos esos países tienen como factor común la presencia de personal capacitado para la atención del parto, sistemas eficaces de remisión a establecimientos de mayor capacidad y servicios básicos o integrales de atención obstétrica de emergencia.

En la mayoría de los demás países el progreso ha sido lento y siguen registrándose tasas trágicamente altas de mortalidad y morbilidad derivada de la maternidad en varias regiones, entre ellas la mayor parte de África al Sur del Sahara y las partes más pobres del Asia meridional. Si bien se prevé que en los próximos diez años habrá algunos adelantos para combatir la mortalidad y la morbilidad de las madres, será preciso intensificar las intervenciones actuales y destinar mayor cantidad de recursos a esas acciones, para poder lograr adelantos apreciables en cuanto a la protección de las vidas y la salud de las mujeres.

Cuadro 1: Estimaciones de mortalidad materna por región, 2000

Región
Índice de mortalidad materna
(defunciones de madres por
100.000 nacidos vivos)
Número de
defunciones
de madres
Riesgo de muerte
materna a lo largo
de toda la vida, 1 en:
TOTAL MUNDIAL 400 529.000 74
REGIONES DESARROLLADAS 20 2.500 2.800
Europa 24 1.700 2.400
REGIONES EN DESARROLLO 440 527.000 61
África 830 251.000 20
África septentrional 130 4.600 210
África al Sur del Sahara 920 247.000 16
Asia 330 253.000 94
Asia oriental 55 11.000 840
Asia centromeridional 520 207.000 46
Asia sudoriental 210 25.000 140
Asia occidental 190 9.800 120
América Latina y el Caribe 190 22.000 160
Oceanía 240 530 83
Fuente: OMS, UNICEF, y UNFPA, Maternal Mortality in 2000: estimaciones de OMS, UNICEF, y UNFPA. 2003, Organización Mundial de la Salud: Ginebra.
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