|
Salud sexual y reproductiva
y planificación de la familia
Algunas de las tareas más innovadoras realizadas después
de la CIPD se han encaminado a involucrar a los hombres en
proteger la salud reproductiva de sus compañeras, así como la propia. Debido a su mayor acceso a los recursos y al poder,
los hombres suelen determinar el momento y las condiciones
de las relaciones sexuales, el tamaño de la familia y el acceso
a los servicios de salud. En el diseño de los programas de
salud reproductiva se están incorporando cada vez más
disposiciones para contrarrestar las maneras en que la
desigualdad de género limita el acceso de las mujeres—
y a veces el de los hombres—a los servicios de salud (57).
Antes de la CIPD, el tema de la población tendía a
centrarse casi exclusivamente en el comportamiento de las
mujeres con respecto a la fecundidad y se prestaba escasa
atención al papel de los hombres, en el estudio de los aspectos
a macroescala y las implicaciones del crecimiento de la
población y las tasas de fecundidad(58). En consecuencia, los
programas básicos de planificación de la familia estaban
al servicio casi exclusivamente de las mujeres.
ACTITUDES CON RESPECTO A LA INFORMACIÓN Y LOS
SERVICIOS. Desde hace mucho tiempo, la investigación ha
demostrado que los hombres desean tener mayores conocimientos
acerca de la salud reproductiva y quieren apoyar a
sus compañeras más activamente. El deseo de los hombres
de limitar el tamaño de sus familias suele posibilitar que las
mujeres que deseen utilizar anticonceptivos así lo hagan. Las
investigaciones sobre actitudes y prácticas masculinas, inclusive
un análisis de una Encuesta Demográfica y de Salud que
abarcó 17 países y proporcionó datos sobre los esposos, durante
el decenio de 1990(59), sugiere que las opiniones de hombres y mujeres con respecto a la anticoncepción y el tamaño de la
familia están mucho más próximas entre sí que lo que
muchos especialistas creían antes(60). En general, los hombres
quieren mayor y mejor información y acceso a los servicios(61).
Los varones de entre 15 y 24 años de edad quieren menor
cantidad de hijos que los de 25 a 34 años y éstos, a su vez,
quieren menos que los hombres mayores de 50 años (62).
Cuando los programas excluyen a los hombres, menoscaban
la propia eficacia. La salud reproductiva de los hombres
afecta directamente a la de sus compañeras, y ésta es una
realidad que la pandemia del SIDA ha hecho patente.
Proporcionar tratamiento a las infecciones de transmisión
sexual de las mujeres carece de sentido, a menos que los
compañeros que las han infectado también reciban tratamiento
y participen en la educación sobre prevención.
INCLUSIÓN DE LOS HOMBRES EN LA SALUD REPRODUCTIVA.
En casi todos los países y en miles de programas gubernamentales
y de ONG, se están encontrando maneras creativas de
involucrar a los hombres en los programas de salud reproductiva.
Los hombres han respondido positivamente a esas acciones.
Todos los países que respondieron a la Encuesta Mundial
del UNFPA (2003) manifestaron que habían adoptado medidas para promover los métodos anticonceptivos masculinos. Se
han llevado a cabo campañas para que los hombres apoyen a
las mujeres en todos los países del Asia central y en la mayoría
de los países de Asia y el Pacífico, de África y del Caribe.
Más de la mitad de los países caribeños manifestaron que
habían formulado planes para alentar un mayor involucramiento
de los hombres en la salud reproductiva.
LABOR PARA CAMBIAR LAS NORMAS DE GÉNERO.
Un tercer enfoque se centra en los hombres como compañeros
de las mujeres y trata de encontrar oportunidades para abordar
las maneras en que las posiciones sociales limitan los
papeles sexuales y reproductivos de las mujeres y los hombres.
Algunos programas abordan explícitamente la falta de
equidad en las normas de género, que menoscaba la salud de
hombres y mujeres; y tratan de educar a los hombres acerca
de las maneras en que el control de los recursos de la familia,
la violencia en el hogar o las opiniones sobre sexualidad masculina
o femenina, por ejemplo, pueden perjudicar la buena
salud reproductiva.
Algunos programas, como el de movilización de los jóvenes
varones en Sudáfrica, el programa de mejores opciones
en la vida para los niños varones en la India, el programa
“Strength Campaign”, Men Can Stop Rape, el programa de concienciación
de los adolescentes varones en Nigeria y Cantera en
Centroamérica tratan de transformar los valores subyacentes
a los comportamientos perjudiciales(65). Esos programas han
demostrado que cuando se alienta a los hombres a hablar de
sus creencias, pasan a cuestionar los elementos nocivos de
las ideas tradicionales de masculinidad y acogen con agrado
la oportunidad de actuar de manera diferente.
Algunos programas promueven la comunicación y el
respeto entre hombres y mujeres en cuestiones de salud
reproductiva y tratan de crear aptitudes de negociación,
tanto en las mujeres como en los hombres. Muchas acciones
se centran en varones jóvenes y solteros, cuyas ideas acerca
de los papeles de género y la sexualidad aún están en
evolución(66). Desde Costa Rica hasta Kenya y Filipinas, los
programas están trabajando con jóvenes varones para abordar
sus opciones de salud sexual y desarrollar sus aptitudes.
Por ejemplo, la Asociación Deportiva Juvenil Mathare en
Kenya, ha establecido un programa de educación de jóvenes
por otros jóvenes para la prevención del VIH(67). La ONG
brasileña ECOS destaca los vínculos entre masculinidad,
paternidad y salud(68).
Otra estrategia importante es colaborar con hombres que
ocupan funciones de liderazgo, pues ellos pueden influir
sobre otros hombres y promover la salud de la mujer.
|