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Salud sexual y reproductiva
y planificación de la familia
Desde la CIPD, el UNFPA se ha esforzado por mejorar la calidad
de la atención, aumentar el acceso a los servicios, velar
por que los suministros y los equipos se provean en cantidades
suficientes y mejorar las aptitudes técnicas de gestión y
de trato interpersonal del personal de salud, proporcionando
apoyo técnico, equipo y capacitación.
Más recientemente, también ha prestado atención a
movilizar las comunidades para que exijan servicios de salud
de más calidad y una mayor participación de las mujeres
en su gestión. El UNFPA está apoyando “voces más fuertes
en favor de la salud reproductiva”, iniciativa innovadora
encaminada a facultar a los usuarios dotándolos de conocimientos
acerca de su salud reproductiva y sus derechos
reproductivos y apoyando los mecanismos comunitarios
de modo que tengan una “voz más fuerte” y velen por que
se adopten medidas para mejorar la atención de la salud
reproductiva. En esta iniciativa, el UNFPA coopera con
la Organización Internacional del Trabajo, el UNICEF
y la OMS.
COMUNIDADES DE CLIENTES EDUCADOS. La premisa es
que los usuarios mejor informados tendrán mejores interacciones
con los encargados de prestar servicios y también
tendrán mayores probabilidades de movilizarse para lograr
cambios en el plano de la comunidad. Promover la acción
colectiva de las comunidades para que exijan servicios de
calidad también puede contribuir a velar por que la descentralización
de los servicios de salud en curso en muchos
países no redunde en una reducción de los recursos para
atención de la salud reproductiva.
El proyecto Voces Más Fuertes ha establecido enlaces
entre organizaciones que anteriormente no habían colaborado:
promotores de derechos reproductivos, grupos
organizados de mujeres, encargados de servicios de salud
y organizaciones centradas en la financiación comunitaria
o la reforma del sistema de salud.
La iniciativa de Voces más Fuertes se inició en la India,
Kirguistán, Mauritania, Nepal, el Perú y la República Unida
de Tanzanía. Entre las actividades cabe mencionar enfoques
participatorios a fin de aumentar el acceso de las mujeres a
los servicios de salud reproductiva, vincular a los grupos
de mujeres con los encargados de prestar servicios a fin de
promover una mejor atención y movilizar a los jóvenes
de modo que colaboren con los encargados en la prestación
de servicios acogedores para los jóvenes.
En Kirguistán, varios grupos comunitarios recaudaron
fondos y renovaron dispensarios obstétricos sobre el terreno;
las mujeres miembros de las comunidades están expresándose
para combatir la antigua tradición de “secuestrar a la novia”,
pues constituye una infracción a los derechos reproductivos.
En Mauritania, se crearon dos planes en microescala de
seguro de salud con base comunitaria para velar por que las
mujeres pobres tengan acceso a servicios de maternidad.
En Nepal, los participantes en el proyecto elaboraron una
iniciativa pionera de estrategia nacional para mejorar la
calidad de la atención en los servicios de salud reproductiva,
que incorpora “la demanda” y los derechos reproductivos, como
componentes esenciales de los servicios de buena calidad.
En la República Unida de Tanzanía, los participantes en
el proyecto han establecido el primer enfoque de la calidad
de la atención sobre la base de los derechos humanos,
haciendo hincapié en el fomento de la capacidad local y
el monitoreo de los servicios por parte de la comunidad,
en forma compatible con las medidas de descentralización.
PAGO DE LOS SERVICIOS. Muchos países están determinando
medios de cobrar por los servicios, en momentos en que hay
déficit en los recursos gubernamentales y de donantes con
destino a la salud reproductiva. Las medidas para recuperar
los costos han tenido resultados desiguales. En Bangladesh,
por ejemplo, la Estrategia del Sector de Salud y Población
(1997) impulsó a las ONG a abandonar la provisión de servicios
de planificación de la familia en el hogar y a cobrar pequeñas
sumas por servicios que anteriormente eran gratuitos.
Al mismo tiempo, las ONG trataron de mejorar sus servicios.
Cuando se evaluaron los cambios, se comprobó que los
clientes apreciaban los servicios prestados y consideraban
que se los trataba con cordialidad y respeto en las clínicas
de las ONG; pero también se comprobó que los cambios
produjeron “un sentimiento generalizado de que en los establecimientos
de salud se discrimina contra los pobres y que
los servicios de calidad están fuera de su alcance porque no
pueden pagarlos (50)”.
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