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Igualdad de género y
habilitación de la mujer
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En un reciente análisis de los informes nacionales sobre el
adelanto hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio se comprobó
que “pese a que los informes, en su mayoría, reflejaban
una perspectiva basada en los derechos humanos al referirse
al Objetivo 3 [Igualdad entre los géneros y autonomía de
la mujer], el enfoque de las cuestiones relativas a la mujer
cuando se consideran otros objetivos sigue siendo de carácter
instrumental, en lugar de basarse en los derechos humanos.
Ejemplos de ello son los análisis de la mortalidad en la infancia
en varios informes, donde se suele indicar que la falta de
conocimientos de la mujer con respecto a las prácticas de
atención y alimentación es una barrera para alcanzar el objetivo.
En esa formulación se hace caso omiso de las variables
de género que median en la supervivencia infantil, aceptando
al mismo tiempo y sin observaciones la invisibilidad de los
padres en la crianza y el cuidado de los hijos (11)”.
Incluso diez años después de la Conferencia de El Cairo,
el informe comprobó que “se sigue considerando a las
mujeres en función de sus vulnerabilidades” dentro de sus
funciones tradicionales de madres, o como víctimas, y no
como agentes del proceso de desarrollo.
Otros impedimentos del progreso son la persistente falta
de datos de buena calidad desagregados por sexo, la escasez
de recursos financieros y técnicos con destino a programas
para la mujer, a escala tanto internacional como nacional, y la confusión acerca de los méritos relativos de la incorporación
en los programas de cuestiones de género, en
comparación con programas centrados en la mujer.
DATOS. En ausencia de datos desagregados por sexo, se hace
imposible fijar valores básicos de referencia (benchmarks) o
supervisar la eficacia de políticas o programas. En la mayoría
de los países persisten las graves deficiencias en los datos
disponibles sobre la actividad económica de la mujer y su
capacidad para adoptar decisiones, así como sobre los diferentes
efectos de programas de lucha contra la pobreza y
otros programas. Los datos que posibilitan las comparaciones
entre distintos países son aún más escasos. Es preciso asignar
prioridad y fortalecer las acciones actualmente en curso para
subsanar esas deficiencias (12).
LIMITACIÓN EN LOS RECURSOS. Un segundo problema
persistente es la escasez de recursos. Muchos compromisos
asumidos por los gobiernos y los organismos no pueden satisfacerse
debido a la falta de fondos. Los programas nacionales
que promueven el adelanto de la mujer son particularmente
susceptibles a los cortes presupuestarios arbitrarios cuando
escasean los recursos fiscales. Una tendencia particularmente
desafortunada es la de reducir la cuantía de los recursos
destinados a programas centrados en la mujer u organismos
que se ocupan de la mujer, con el argumento de que ahora las
cuestiones de género se integran en las actividades de toda la
institución.
MEDIDAS PARA INCORPORAR LAS CUESTIONES DE GÉNERO.
En el decenio de 1990, el enfoque preferido fue la incorporación
de los asuntos de género en los programas, en respuesta
al reconocimiento de que es fácil aislar o marginar los programas
u organismos que se centran en la mujer. No obstante,
la incorporación de los asuntos de género en los programas
en general es un proceso difícil, en que las buenas prácticas
aún están en evolución.
En la Encuesta Mundial realizada por el UNFPA se comprobaron
considerables deficiencias en la comprensión de lo
que significa el enfoque de la equidad de género y la manera
de colocarlo en condiciones operacionales dentro de los
programas y las políticas, de conformidad con lo requerido
por la CIPD. La incorporación de las cuestiones de género en
los programas principales, en ausencia del respaldo de una
organización de mujeres, puede tener un efecto difuso y ser
mucho más fácil de postergar que las iniciativas centradas
en la mujer. Lo necesario es una coordinación de las acciones
para incorporar las cuestiones de género en los programas
(con un claro enfoque en investigación operacional para
determinar qué da y qué no da buenos resultados y por qué
razones, en las principales instituciones(13)) y un mecanismo
para la mujer con sólidos recursos y buena fundamentación
(inclusive los ministerios de asuntos de la mujer o igualdad
de género o los coordinadores cuestiones de género dentro
de los ministerios, comisiones y departamentos), que posean
la capacidad técnica y política para impulsar políticas y
programas.
VOLUNTAD POLÍTICA. Tras esos factores está presente la
cuestión de la influencia política y el compromiso político.
En situaciones en que un movimiento nacional de mujeres
que se expresa con claridad puede propugnar las políticas,
programas y recursos necesarios, los adelantos pueden ser
rápidos. En otras situaciones, las ONG y otras organizaciones
de la sociedad civil conducen interesantes programas para
lograr la igualdad de género que, en su mayoría, no han
ampliado su escala para llegar a ser apoyados por el gobierno.
No obstante, incluso en situaciones en que el movimiento
de mujeres no es vigoroso, es posible que el liderazgo político
desempeñe un papel importante, al promover la igualdad de
género y la ampliación de los medios de acción de la mujer
a nivel de las políticas.
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11 |
CONVENCIÓN SOBRE LA ELIMINACIÓN DE
TODAS LAS FORMAS DE DISCRIMINACIÓN
CONTRA LA MUJER |
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Para que pueda traducirse el enfoque basado en los derechos humanos
de las cuestiones de población en leyes, políticas y programas eficaces,
es importante que se aplique eficazmente el principal instrumento de
derechos humanos existente, la Convención sobre la eliminación de
todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW).
El Grupo de Tareas 3 del Proyecto de las Naciones Unidas para el
Milenio, sobre educación primaria e igualdad de género ha recomendado
que se utilice la Convención para monitorear el progreso e
intensificar la rendición de cuentas sobre la igualdad de género y la
ampliación de los medios de acción de la mujer. En un estudio realizado
en el año 2000 se llegó a la conclusión de que la efectiva utilización de
la Convención depende de que se la conozca en general; que se entable
un diálogo entre representantes gubernamentales, miembros del
Comité relativo a la Convención y ONG; que se utilicen indicadores
desagregados por sexo para seguir la pista a políticas, leyes y presupuestos;
y que los gobiernos reconozcan de qué manera vincular las
políticas con la Convención.
Hasta la fecha, no se ha aprovechado suficientemente la
Convención para verificar la aplicación del Programa de Acción de la
CIPD o elaborar mecanismos para dicha aplicación. Fuentes
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