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Población y pobreza
Hay claras pruebas de que cuando se posibilita que las personas
tengan menor cantidad de hijos si así lo desean, esto
contribuye a estimular el desarrollo y reducir la pobreza,
tanto en los hogares como a nivel macroeconómico.
TAMAÑO Y BIENESTAR DE LA FAMILIA. Recientes investigaciones
apoyan la premisa de que al tener numerosos hijos
(no planificados) se impone una pesada carga en los pobres,
mientras que las familias más pequeñas tienen una mayor
movilidad económica ascendente.(2)
La fecundidad afecta la pobreza de una familia de diferentes
maneras:
- Las familias más pequeñas distribuyen el ingreso entre
menor cantidad de personas y, por ende, aumenta el ingreso medio per cápita. Una familia de cierto tamaño tal vez esté
por debajo del límite de pobreza, pero si tuviera un miembro
menos, podría elevarse por encima del límite de pobreza.
- Cuando es menor el número de embarazos, también se
reducen las tasas de mortalidad y morbilidad de las
madres y a menudo esto redunda en mayor educación y
más oportunidades económicas para la mujer. La muerte o
la discapacidad de una madre pueden empujar a una familia
hacia la pobreza. La capacidad de la madre para obtener
un ingreso puede rescatar a la familia de la pobreza.
- Las altas tasas de fecundidad perjudican la educación de
los hijos, especialmente de las niñas. Las familias más
numerosas tienen menores recursos que invertir en la
educación de cada hijo. Además, el embarazo precoz
interrumpe la educación de la joven y en las familias
numerosas, las madres suelen retirar a las hijas de la
escuela para que ayuden a cuidar a sus hermanos. Lo
frecuente es que el menor nivel educacional redunde en
mayor pobreza para la familia y también en la transmisión
de la pobreza a las generaciones sucesivas.
- Las familias donde las tasas de fecundidad son menores
están en mejores condiciones de efectuar inversiones en la
salud de cada hijo y de proporcionar a todos sus hijos una
nutrición adecuada. La desnutrición redunda en perturbación
del crecimiento, subdesarrollo del cerebro y una
consecuente imposibilidad de llegar a altos niveles de
productividad en la fuerza laboral.
EFECTOS MACROECONÓMICOS. Las altas tasas de fecundidad
obstaculizan el desarrollo de diversas maneras. En 2001,
la Comisión de Macroeconomía y Salud de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) señaló: “A nivel de la sociedad, el
rápido crecimiento de la población rural, en particular,
impone enormes tensiones sobre el medio ambiente físico y
la productividad alimentaria, a medida que va disminuyendo
la proporción entre la mano de obra y la tierra de cultivo disponible.
Los campesinos sumidos en una pobreza
desesperante probablemente acudan a las ciudades y se hacinen
en ellas, con lo cual las tasas de urbanización aumentan
y esto agrava las consecuencias negativas en materia de congestión
y disminución del capital urbano per cápita”.
Por otra parte, las menores tasas de fecundidad redundan
en ventajas económicas. En un estudio realizado en 2001
sobre 45 países se comprobó que si en el decenio de 1980 esos
países hubieran reducido la fecundidad en cinco alumbramientos
por 1.000 habitantes, la incidencia media nacional
de la pobreza, de 18,9% a mediados del decenio de 1990, se
habría reducido hasta 12,6% entre 1990 y 1995.(3)
En momentos de celebrarse la Conferencia de El Cairo,
era difícil obtener pruebas econométricas de este “efecto de
población” sobre el crecimiento económico, y el pensamiento
económico predominante tendía a descartar ese efecto o a
considerar que tenía menor importancia. En 1986, un estudio
del National Research Council en los Estados Unidos(4) llegó a la
conclusión de que el crecimiento de la población tenía poco
o ningún efecto sobre el crecimiento económico en general,
pese a sus importantes efectos a escala del hogar; pero ese
estudio se basó en datos recogidos en los decenios de 1960 y
1970, cuando muchos países en desarrollo estaban iniciando
sus procesos de transición demográfica.
LA OPORTUNIDAD DEMOGRÁFICA. Una nueva serie de
investigaciones realizadas a mediados del decenio de 1990(5) ,
basadas en datos recogidos a lo largo de períodos más prolongados,
indicó que la disminución de las tasas de fecundidad
abre una “oportunidad demográfica” de índole económica.
Cuando es menor el número de hijos dependientes en relación
con la población en edad activa, los países pueden efectuar inversiones adicionales que pueden estimular el
crecimiento económico y contribuir a reducir la pobreza.
Esta oportunidad se abre por única vez y se cierra a
medida que las poblaciones van avanzando en edad y que,
eventualmente, comienza a aumentar nuevamente la
proporción de dependientes (niños y ancianos).
Varios países del Asia oriental—los llamados Tigres
Asiáticos—y algunos otros han aprovechado este dividendo
económico. En China hubo una espectacular baja en la incidencia
de la pobreza(6). En un estudio se estimó que debido a
la declinación de las tasas de fecundidad en el Brasil, el crecimiento
anual del PIB per cápita había aumentado en 0,7
puntos porcentuales. México y otros países de América Latina
han registrado efectos similares. Por otra parte, algunos
países han desaprovechado en gran medida la oportunidad
de un “regalo del cielo” debido a la ausencia de una buena
administración pública, o a políticas conducentes a efectuar
inversiones improductivas(7).
En los países más pobres, donde las tasas de fecundidad
se mantienen a un alto nivel, todavía transcurrirá algún tiempo antes de que se abra la oportunidad demográfica,
pero al efectuar inversiones desde hoy—en particular, al
mejorar la prestación de servicios de salud reproductiva—se
podría acelerar la aparición de dicha oportunidad y asegurar
futuros dividendos.
Los países de diferentes regiones del mundo se encuentran
en diferentes etapas de la transición demográfica. En el
Asia meridional, se llegará al punto máximo de la proporción
entre población activa y dependientes entre 2015 y 2025.
En América Latina y el Caribe, la proporción de la población
activa comenzó a aumentar antes que en el Asia
oriental y llegará a su máximo en el lapso 2020-2030, pero el
cambio proporcional ha sido menos pronunciado y, en consecuencia,
el dividendo económico será menos repentino y
menos intenso. Algunos países árabes y delAsia central llegarán
al momento de su oportunidad demográfica dentro de
un plazo de dos decenios, mientras que otros tardarán más.
En gran parte de África al Sur del Sahara, el dividendo
demográfico está aún muy lejos. La población sigue siendo
muy joven y la proporción de personas en edad activa es relativamente
pequeña. Muchos países recién están iniciando la
transición demográfica y otros ni siquiera han comenzado.
Según proyecciones, solo 11 países llegarán a su proporción
máxima de personas en edad activa antes de 2050. No obstante,
hay en la región una gran necesidad de anticonceptivos, lo
cual sugiere que al ampliar los programas de calidad, se
podría acelerar el momento en que los países recojan el
dividendo demográfico.
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4 |
LA DESIGUALDAD EN CUESTIONES
DE SALUD REPRODUCTIVA
FOMENTA LA POBREZA |
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La CIPD reconoció que la mala salud y los embarazos
no planificados pueden determinar si una
familia queda atrapada en la pobreza o escapa a
ésta, como los pobres saben desde hace mucho
tiempo. Pero los encargados de formular políticas
han tardado mucho en abordar la falta de
equidad en la distribución de información y servicios,
que contribuye a que las personas sigan
siendo pobres.
Al analizar los datos sobre el acceso a servicios
de salud reproductiva de diferentes grupos
de ingresos en la población de 56 países se pone
de manifiesto que los grupos más pobres están
indudablemente en situación desventajosa, de
diversas maneras:
- La mayor discrepancia entre poblaciones más
ricas y más pobres ocurre en la atención del
parto por personal capacitado, el más costoso
de los servicios de salud reproductiva;
- Las mayores diferencias se acusaron en las
tasas de fecundidad en la adolescencia: las
mujeres más pobres tienen hijos a edades más
tempranas;
- Las desigualdades debidas al nivel de ingresos
son mayores en cuanto a la maternidad sin
riesgo, la fecundidad en la adolescencia, el uso
de anticonceptivos y las tasas de fecundidad total, que en lo concerniente a la mortalidad de
menores de un año;
- Las mujeres pobres tienen, a lo largo de toda
su vida, mayor cantidad de hijos que las mujeres
de mayores recursos;
- Los países pobres acusan un mayor riesgo de
mortalidad y morbilidad de lactantes, niños y
madres y en todo los países, las mujeres
pobres enfrentan riesgos mayores que las
demás;
- La utilización de métodos de planificación de
la familia, en particular métodos modernos, es
mayor en los segmentos más pudientes de la
sociedad.
Esas constataciones corroboran lo indicado
en el informe El Estado de la Población Mundial
2002, en que se examinaron datos procedentes
de 44 países. La escasez de recursos, personal
capacitado, oportunidades y actividades de difusión
privan a los pobres de acceso a los servicios
de salud reproductiva y de la información al respecto,
y los efectos saltan a la vista.
Los déficit en cuanto a información y servicios
obedecen a diversos factores:
- Las mujeres y las parejas pobres tienen menor
acceso a la información y a las aptitudes resultantes
de la educación para ampliar sus
conocimientos;
- Las personas y las comunidades pobres quieren
evitar los riesgos—es menos probable que ensayen nuevos comportamientos—dado que
su margen de error es tan pequeño;
- Los costos de la información y los servicios
(costos monetarios oficiales y oficiosos y costos
de transporte y de oportunidad) son más
intimidantes para los pobres;
- Cuando tratan a los pobres, los encargados de
prestar servicios tienen menor disposición y
posibilidad de interactuar tan estrechamente
como se necesita para ofrecer información y
apoyo sobre temas delicados;
- Los servicios no están ubicados en lugares
accesibles a los pobres, ni se ofrecen en horarios
convenientes para éstos;
- Las poblaciones de mayores recursos se ingenian
más para recurrir a las instituciones oficiales y
recibir una respuesta a sus demandas.
En 2000, en los países en desarrollo solo un
3% del producto interno bruto (PIB) se dedicó al
sector de salud; en los países menos adelantados,
esa proporción fue incluso menor. En
muchos países, los gastos aún tienden a favorecer
a los hospitales y los establecimientos
médicos de la capital y hubo escaso progreso
hacia una distribución más equitativa de los
recursos a nivel local: el porcentaje de los gastos
nacionales de salud dedicado a los servicios locales
de salud se ha mantenido estacionario en los
países en desarrollo y ha disminuido en los países
menos adelantados. Fuentes
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