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Prioridades para la acción
En 1994, la CIPD otorgó un significado práctico al desarrollo
centrado en el ser humano. El Programa de Acción reconoce
que para lograr un crecimiento económico sostenido y mitigar
la pobreza, es imprescindible efectuar inversiones en los
seres humanos y ampliar sus oportunidades y capacidades.
El consenso de El Cairo estimuló una respuesta mundial:
- Facilitó mayores adelantos en la comprensión internacional
de la salud y la habilitación de las mujeres, que se
expresaron en 1995, en la Cuarta Conferencia Mundial
sobre la Mujer celebrada en Beijing;
- Promovió la focalización en las oportunidades individuales
y el diálogo sobre desarrollo y lo colocó en el centro de las
políticas y estrategias de población;
- Fue un factor catalizador de la ampliación del papel de
las organizaciones de la sociedad civil en el diálogo sobre
desarrollo;
- Legitimó los acuerdos internacionales sobre necesidades
de recursos a fin de alcanzar las metas de desarrollo.
Debido a esos resultados, la CIPD contribuyó a preparar
el camino para los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
En este decenio, se han logrado adelantos en las políticas
nacionales, regionales e internacionales, de conformidad con
las aspiraciones planteadas en la CIPD. Se ha promovido la
salud reproductiva en políticas e instituciones. Se ha reconocido
la diversidad de situaciones demográficas en todo el
mundo y los países han tratado de formular políticas y
programas que respondan a las necesidades percibidas.
Actualmente, se abordan y se adoptan medidas con respecto
a temas que anteriormente se dejaban de lado en los
debates sobre política, entre ellos, las prácticas tradicionales
nocivas, la violencia por motivos de género, la salud reproductiva
de los adolescentes, la atención posterior al aborto,
las necesidades de salud de refugiados y personas que viven
en situaciones de emergencia, la seguridad de suministros
de productos de salud reproductiva y planificación de la
familia, y el papel de la cultura como vehículo para promover
los derechos humanos básicos.
Es mucho lo que ha cambiado en el mundo después de
1994. Se ha transformado pronunciadamente el marco ideológico
e institucional para las iniciativas de desarrollo. La descentralización
de la adopción de decisiones, los cambiantes
equilibrios en las responsabilidades públicas y privadas, los
nuevos mecanismos de financiación y las limitaciones presupuestarias,
sumados a las acciones de reforma sectorial, los
programas verticales para determinadas enfermedades y la
mayor prioridad otorgada a la reducción de la pobreza, han
transformado los términos del debate y de la adopción de medidas.
No obstante, el enfoque participatorio de las acciones
nacionales, centrado en el ser humano, que es el aspecto
medular del Programa de Acción de la CIPD, es hoy más pertinente
que nunca. En momentos en que el mundo trata de
alcanzar los ambiciosos objetivos de la Cumbre del Milenio,
siguen teniendo una importancia central el compromiso
político y la dedicación de suficientes recursos financieros y
humanos a la aplicación del Programa de Acción de la CIPD.
Las acciones para lograr una mejor salud maternoinfantil,
la igualdad de género, el adelanto educacional, la
reducción de la pobreza, la calidad del medio ambiente y las
mejores alianzas en pro del desarrollo dependen de movilizar
la voluntad política y la financiación necesarias para plasmar
en la realidad el consenso de El Cairo. El acceso
universal a los servicios de salud reproductiva, a la educación,
y a la participación social, tienen importancia vital
para la dignidad y la seguridad nacionales y son importantes
condiciones del progreso para mitigar la pobreza.
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