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Prioridades para la acción
El Programa de Acción de la CIPD fue el primer documento
internacional aprobado por consenso que incluyó estimaciones
del costo de poner en práctica determinadas acciones(3). Definió
un programa básico de acciones prioritarias a emprender en
el sistema de atención primaria de la salud, entre ellas:
- Planificación de la familia e infraestructura para la
prestación de los servicios;
- Servicios adicionales de salud reproductiva (inclusive
atención prenatal y del parto normal en condiciones de
seguridad; información, educación y comunicación acerca
de la salud reproductiva—inclusive ITS, sexualidad humana,
procreación responsable y lucha contra prácticas nocivas
como el corte genital femenino—, prevención de la infecundidad;
asesoramiento psicosocial y diagnóstico de las
infecciones de transmisión sexual; y remisión a establecimientos
de mayor capacidad, educación y asesoramiento
cuando hay complicaciones del embarazo y el parto);
- Prevención de las ITS, inclusive el VIH/SIDA;
- Datos, investigaciones y formulación de políticas de
población y salud reproductiva.
El costo anual de este conjunto de acciones se estimó en
17.100 millones de dólares anuales en 2000, importe que
aumentaría hasta 18.500 millones de dólares en 2005, 20.500
millones de dólares en 1010 y 21.700 millones de dólares en
2015. El consenso a que se llegó fue que los países en desarrollo
movilizarían dos terceras partes de los importes necesarios
con cargo a los recursos nacionales y que los países donantes
aportarían asistencia internacional equivalente a un tercio
del importe total.
En el Programa de Acción se señaló que esas estimaciones
se revisarían con el transcurso del tiempo(4), y que se necesitarían
recursos adicionales en diferentes niveles de los
sistemas de salud y para acciones de apoyo en esferas como
la educación, la reducción de las tasas de mortalidad, la
ampliación de los medios de acción de la mujer y la participación
social.
NUEVAS PROYECCIONES. Después de la CIPD, se generaron
otras estimaciones de costos para el programa de desarrollo
en general. En 1995, la Iniciativa 20/20 para satisfacer las
necesidades de servicios sociales básicos, que hizo suya la
Cumbre Mundial de Desarrollo Social, exhortó a los países en
desarrollo a dedicar un 20% de sus presupuestos nacionales a
la salud, la educación y otros aspectos sociales del desarrollo
y también instó a los países donantes a asignar a esas cuestiones
un 20% de su asistencia para el desarrollo. Según las
estimaciones de la Comisión de Macroeconomía y Salud, las
necesidades totales para un conjunto de acciones prioritarias
de salud en países de bajos ingresos ascendería a 66.000
millones de dólares por año (5).
En lo concerniente a la salud reproductiva, en 2001
se presentó al período extraordinario de sesiones de la
Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA
una estimación de necesidades de entre 7.000 millones y
10.000 millones de dólares anuales para un conjunto integral
de medidas de prevención, tratamiento y atención del
VIH/SIDA. Sobre la base de análisis ulteriores, se incrementaron
esas proyecciones(6). Se estimó que hacia 2005 se
necesitarían 9.200 millones de dólares anuales para poner en
práctica acciones clave y desarrollar la infraestructura. Los
componentes de esas estimaciones relativos a la prevención
sólo fueron marginalmente superiores a las estimaciones
establecidas en la CIPD(7).
Actualmente se están preparando nuevas estimaciones de
las necesidades para el conjunto total de medidas relativas al
VIH/SIDA, de modo que reflejen tanto la continua propagación
de la pandemia como la necesidad de contar con fondos
adicionales a fin de fortalecer la infraestructura de salud,
de modo que pueda prestar los servicios necesarios.
Este ejemplo demuestra la naturaleza dinámica de las
proyecciones de recursos, a medida que las prioridades de
las intervenciones se ajustan a las condiciones locales y a
los costos de ejecución, y que se van comprendiendo mejor
las necesidades de los sistemas. Siempre es arduo calcular de
antemano los costos de la transición hacia nuevos sistemas
de planificación, gestión y prestación de los servicios.
El vínculo entre la prevención del VIH/SIDA y los programas
de salud reproductiva es una cuestión prioritaria al
formular políticas(8). Los nuevos programas verticales sobre
el VIH/SIDA incurren en costos iniciales para los sistemas
de gestión dedicados a esa actividad y otros requisitos institucionales
(9). Si bien es más fácil seguir la pista a las corrientes
de recursos para programas verticales especiales (en lugar de
tener que desagregar determinados costos de los presupuestos
generales del sistema de salud), la programación integrada
puede abordar múltiples necesidades y aprovechar los efectos
sinérgicos entre diferentes componentes, aprovechando al
mismo tiempo las economías de escala(10).
Pese a las dificultades intrínsecas para seguir la pista a
las corrientes de recursos, el UNFPA informa periódicamente
sobre la financiación de conjuntos de medidas básicas para la
población y la salud reproductiva acordadas en la CIPD. En
2003, los donantes aportaron aproximadamente 3.100 millones
de dólares, sólo 54% del compromiso que esos donantes
habían asumido según el Programa de Acción para el año
2000 y 51% de los importes requeridos para 2005.
Se estimó que en 2003 los gastos nacionales de países en
desarrollo para el conjunto de medidas ascenderían a 11.700
millones de dólares; pero una gran proporción de esos desembolsos
se efectuaron en unos pocos países de gran magnitud,
como el Brasil, China, la India, Indonesia y México. Muchos
países—particularmente los más pobres, donde son bajos los
gastos per cápita en salud—dependen principalmente de los
recursos aportados por donantes para sufragar sus necesidades
en materia de planificación de la familia, salud reproductiva,
VIH/SIDA, información relativa a la población, e investigación
y políticas al respecto(11).
Las limitaciones al progreso no son sólo financieras.
Será necesario intercambiar información y tecnologías,
además de otras formas de asistencia técnica, para que
los recursos puedan aplicarse de la manera más eficaz.
NECESIDADES DE RECURSOS HUMANOS. No es posible
acelerar el progreso y no puede mejorarse la calidad, a menos
que los programas puedan contratar, capacitar y retener al
personal. Diferentes puestos requieren diferentes aptitudes—
capacitación técnica médica, aptitudes para el asesoramiento
psicosocial, capacidad para la difusión en la comunidad,
aptitudes de supervisión y gestión, etc.—, que con frecuencia
escasean. Además, los sueldos en la administración pública
suelen ser insuficientes para atraer a los hombres y las
mujeres más capaces.
Además, para ampliar la cobertura de los programas
también es preciso estar en condiciones de asegurar que se
disponga de recursos humanos cuando las necesidades sean
mayores, muchas veces en ámbitos remotos o que carecen de
equipamiento y servicios. Cada uno de esos problemas de
recursos humanos debe abordarse de manera sistemática, por
lo general en el marco de una reforma general del sistema.
NECESIDADES DE PRODUCTOS. No es posible lograr nuevos
adelantos, a menos que se cuente con los productos esenciales
para ejecutar los programas. El UNFPA, en colaboración
con otros importantes donantes, ha tratado de asegurar un
suministro fiable de medicamentos, equipo y suministros
de calidad con destino a servicios de salud reproductiva.
Según se estima, actualmente los donantes aportan
mucho menos que la proporción histórica de los costos de
productos anticonceptivos: a comienzos del decenio de 1990, los donantes aportaban un 41% de los importes necesarios
para los productos, cuando actualmente aportan la mitad
de esa proporción. Debido a este déficit en la financiación,
ha sido preciso establecer sistemas para responder a las
peticiones de emergencia formuladas por los países a fin
de prevenir el agotamiento de las existencias y la escasez.
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35 |
DINÁMICA DE LA POBLACIÓN Y FORMULACIÓN
DE POLÍTICAS |
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El Plan Nacional de Desarrollo de Nicaragua (2003) es un buen ejemplo
de la manera en que los países pueden integrar la dinámica de
población en los procesos nacionales de formulación de políticas y
planificación.
El Plan, redactado con la asistencia técnica del UNFPA, indica que el
crecimiento de la población y la migración interna y externa tienen
importantes implicaciones para la reducción de la pobreza. Exhorta a
mejorar los sistemas de recopilación de datos demográficos y creación
de empleo y a prestar especial atención a las necesidades de los jóvenes
en cuanto a los servicios de salud reproductiva y sexual y la
educación al respecto.
El Plan ha influido sobre otros procesos de desarrollo iniciados por
el Gobierno o en los cuales ha participado, entre ellos la preparación del
Documento de Estrategia para la Reducción de la Pobreza, la formulación
del Marco de Asistencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo,
la determinación de las acciones necesarias para alcanzar los Objetivos
de Desarrollo del Milenio y los planes nacionales sobre población,
juventud y desarrollo. El Plan también ha propiciado un diálogo fructífero
entre los encargados nacionales de formular políticas en diversos sectores
de desarrollo, y la colaboración local entre diferentes sectores,
notablemente en cuanto a proporcionar servicios para los adolescentes. Fuentes
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OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO. El Proyecto
del Milenio, de las Naciones Unidas, asigna prioridad a los
diagnósticos de necesidades de recursos y necesidades de
capacidad para alcanzar esos objetivos en los próximos 11
años(12). Las evaluaciones efectuadas por expertos reconocen
que, para conquistar los Objetivos de Desarrollo del Milenio,
es fundamental contar con servicios de salud reproductiva
(inclusive los de planificación de la familia, maternidad
sin riesgo y prevención de las infecciones de transmisión
sexual)(13).
En consecuencia, para alcanzar los Objetivos de
Desarrollo del Milenio será necesario efectuar inversiones
multisectoriales, inclusive inversiones en cuestiones de
población y salud reproductiva.
Es preciso aumentar sustancialmente los recursos (tanto
los aportados por donantes como las asignaciones de los
presupuestos nacionales) con destino a la ejecución del
Programa de Acción de la CIPD y el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero esos recursos deben utilizarse
eficazmente. En el cambiante ámbito institucional resultante
de la descentralización y la delegación de facultades de decisión
en los sectores sociales, esto requerirá el desarrollo de
aptitudes y capacidad a nivel nacional y a niveles administrativos
más bajos. Muchos países, en particular los más
pobres, carecen de suficientes recursos financieros y humanos;
es preciso formular planes eficaces para superar esas
limitaciones.
En 2002, los donantes reafirmaron su aspiración de proporcionar
asistencia internacional con una cuantía de 0,7%
de su producto nacional bruto, durante la Conferencia
Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo celebrada
en Monterrey (México). Sólo cinco países donantes
han alcanzado ese nivel de apoyo(14).
A fin de conquistar los Objetivos de Desarrollo del
Milenio y los objetivos, de importancia crítica, de la CIPD,
y lograr reales adelantos en cuanto a reducir los numerosos
aspectos de la pobreza humana, los pasados compromisos en
pro de la asistencia para el desarrollo deben dejar de ser
declaraciones de buenas intenciones y transformarse en
activas alianzas y efectivas inversiones.
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