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Salud reproductiva para comunidades en crisis
Uno de los logros más significativos después de la CIPD
ha sido la atención mucho mayor que se ha prestado a las
necesidades de salud reproductiva de poblaciones que han
padecido conflictos armados y desastres naturales y, en
consecuencia, han visto acrecentada su vulnerabilidad.
Hace un decenio, la asistencia humanitaria a las poblaciones
afectadas por emergencias complejas se limitaba en
general a proporcionar alimentos, agua y saneamiento,
albergue y protección, además de atención primaria de la
salud. En todo el mundo, hay más defunciones causadas
por complicaciones del embarazo y el parto susceptibles de
prevención que debido al hambre y la inanición, pero en la
asistencia de emergencia raramente se incluyeron materiales
básicos para el parto en condiciones de seguridad y la atención
obstétrica de emergencia. El riesgo de embarazo no
deseado e infección de transmisión sexual aumenta pronunciadamente
en los campamentos de personas desplazadas,
pero en esos ámbitos fueron escasos los agentes de asistencia
humanitaria que proporcionaron servicios de planificación
de la familia, tratamiento y asesoramiento psicosocial posterior
a la violación, o ni siquiera condones (preservativos).
Esta situación comenzó a cambiar en 1994, debido a la
CIPD, en cuyo Programa de Acción se abordó concretamente
la necesidad de salud reproductiva de las personas desplazadas,
y que por primera vez invitó a las mujeres refugiadas a
expresarse en un foro internacional acerca de sus necesidades
de salud reproductiva.
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| SALUD REPRODUCTIVA PARA PERSONAS DESPLAZADAS |
Los inmigrantes y las personas desplazadas en muchas partes del mundo tienen un acceso limitado a la atención de la salud reproductiva y pueden estar expuestos a grandes riesgos para su salud y sus derechos reproductivos. Los servicios deben ser especialmente sensibles a las necesidades de cada mujer y cada adolescente y tener en cuenta su situación, muchas veces de impotencia, prestando particular atención a las que son víctimas de violencia sexual. |
| —Programa de Acción de la CIPD, párrafo 7.11 |
A mediados del decenio de 1990, el UNFPA, la Oficina del
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
(ACNUR), la OMS y otros organismos aliados colaboraron en
la preparación del Inter-agency Field Manual for Reproductive
Health in Refugee Settings(1), (Manual interinstitucional de
campaña para la salud reproductiva en situaciones de refugiados),
y convinieron en un conjunto de normas mínimas
de atención.
El UNFPA ha reunido materiales necesarios en situaciones
de emergencia y ha preparado botiquines de salud reproductiva,
integrados por 12 componentes, inclusive suministros
para el parto aséptico y en condiciones de seguridad, el tratamiento
de complicaciones obstétricas, la prevención y el
tratamiento de las ITS, inclusive el VIH/SIDA, y la planificación
de la familia. A partir de 1996, los organismos, las
organizaciones y los gobiernos han pedido y utilizado los
botiquines en más de 50 países y territorios.
LOS DERECHOS SE APLICAN A LAS SITUACIONES DE
EMERGENCIA A MEDIDA QUE SE INTENSIFICAN LAS
NECESIDADES. Las mujeres en edad de procrear constituyen
un 25% de las decenas de millones de refugiados y personas
internamente desplazadas a causa de guerras, hambre, persecución
o desastres naturales. De esas mujeres, una de cada
cinco probablemente esté embarazada. El descuido de la
salud reproductiva en situaciones de emergencia tiene
graves consecuencias, entre ellas embarazos no deseados, defunciones de madres y lactantes susceptibles de prevención
y propagación de las ITS, incluido el VIH/SIDA.
La CIPD afirmó que el derecho a la salud reproductiva se
aplica a todas las personas y en todo momento. Los programas
de salud reproductiva eficaces salvaguardan los derechos
humanos, entre ellos el derecho a la salud, el derecho a decidir
libremente el número y el espaciamiento de los hijos, el
derecho a la información y la educación y el derecho a la
protección contra la violencia sexual y la coacción.
Incluso en las mejores circunstancias, el embarazo y el parto
pueden entrañar peligros para la mujer. Los conflictos y los
desastres naturales entrañan riesgos aún mayores para la
mujer debido a la repentina pérdida de atención médica,
agravada en muchos casos por situaciones de trauma, malnutrición,
enfermedad o violencia.
Cuando en diciembre de 2003, un intenso terremoto afectó
la localidad de Bam (República Islámica del Irán), más del
85% de la infraestructura de la zona afectada y más de la
mitad de su personal de atención de la salud se perdieron
en menos de un minuto. El trauma de la catástrofe redundó
en que muchas embarazadas tuvieran alumbramientos prematuros
o abortos espontáneos.
Recientemente, cuando las hostilidades en el Sudán obligaron
a más de 100.000 refugiados a trasladarse al Chad, las
embarazadas se vieron forzadas a dar a luz al costado de las
carreteras y en medio del desierto. La falta de todos los artículos,
hasta los más básicos para un parto sin contaminación
y en condiciones de seguridad—jabón, una hojita de afeitar
esterilizada para cortar el cordón umbilical y una lámina
de plástico para acostarse en el suelo—condenó a muchas
mujeres a infecciones mortales que dejaron huérfanos y
en situación de riesgo a sus hijos (2).
Un estudio realizado en 2002 tras la guerra en el
Afganistán, comprobó que las complicaciones del embarazo
y el parto eran la principal causa de defunción entre las
mujeres en edad de procrear. Sólo un 7% de las mujeres
afganas que fallecieron en el parto habían recibido
atención de personal de salud capacitado.
Al igual que lo que ocurre en ámbitos más estables, casi
todas las mujeres que presentan complicaciones del embarazo
pueden ser salvadas de la muerte y la discapacidad si reciben
tratamiento a tiempo. En las primeras 72 horas de producirse
el terremoto en Bam, el UNFPA ayudó al Ministerio de Salud
y Educación Médica del Irán a adquirir suministros de modo
que las embarazadas pudieran dar a luz sin riesgo en el hogar
y también ayudó a establecer instalaciones temporales para
la atención obstétrica de emergencia. En el Chad y en otros
lugares donde hay poblaciones de refugiados, el UNFPA
colabora con aliados locales para dispensar apoyo prenatal y crear un sistema de remisión de pacientes para la atención
de emergencias obstétricas. Durante la etapa aguda de la
crisis en el Afganistán, el UNFPA acudió con suministros y
equipo de emergencia y también contribuyó posteriormente
al desarrollo a más largo plazo, rehabilitando un hospital
de maternidad y capacitando a agentes de salud, entre otras
actividades.
Una reciente evaluación mundial efectuada por el Grupo
Interinstitucional de Trabajo sobre salud genésica en situaciones
de emergencia comprobó que actualmente, los lugares
donde hay poblaciones de refugiados ofrecen al menos alguna
combinación de atención prenatal, asistencia al parto, tratamiento
de las emergencias obstétricas y atención del recién
nacido y de la parturienta en el perpuerio. Se comprobó que
los índices de mortalidad materna en los campamentos de
refugiados de Kenya, el Pakistán y la República Unida de
Tanzanía eran inferiores a los índices generales, tanto en el
país de asilo como en los países de procedencia de los refugiados.
Si bien algunos componentes de los servicios de salud
materna—particularmente, la atención obstétrica de emergencia
—siguen requiriendo un fortalecimiento mucho
mayor, después de 1994 hubo un buen comienzo.
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LOS EFECTOS DE LOS CONFLICTOS SOBRE LAS
MUJERES Y LAS NIÑAS |
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Además de los efectos generales de la violencia y la falta de servicios
de salud:
- Las mujeres son particularmente vulnerables a las carencias de vitaminas
y de hierro, especialmente a la anemia, que puede ser mortal
para las embarazadas y sus hijitos.
- Las mujeres sufren diversos problemas de salud reproductiva, desde
la carencia de suministros sanitarios para la menstruación, hasta las
complicaciones del embarazo que ponen en peligro sus vidas.
- El estrés y las perturbaciones causados por la guerra suelen aumentar
la violencia sexual y por motivos de género.
- Las mujeres son principalmente responsables de atender a las personas
vulnerables a la guerra: niños, enfermos y ancianos.
- La vulnerabilidad de la mujer se agrava por la pérdida de hombres y
adolescentes varones, las perturbaciones en la estructura social
y otros factores propios de los conflictos.
Fuentes
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