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Introducción
El 13 de septiembre de 1994, después de un intenso debate
que duró nueve días, la Conferencia Internacional sobre la
Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en El Cairo, aprobó
un Programa de Acción a 20 años, de vastos alcances, que fue
encomiado por delegados y comentaristas por iniciar “una
nueva era en cuestiones de población”.
El acuerdo de El Cairo, basado en el compromiso en pro
de los derechos humanos y la igualdad de género, exhortó a
los países a velar por la salud reproductiva y los derechos de
todos, como contribución de importancia crítica al desarrollo
sostenible y la lucha contra la pobreza, cuestiones que, según
lo establecido en la CIPD, son inseparables de las relativas a
la población.
En la sesión de clausura de la CIPD, la Dra. Nafis Sadik,
Directora Ejecutiva del UNFPA y Secretaria General de la
Conferencia, dijo ante los delegados: “A partir de la realidad
del mundo en que vivimos, ustedes han elaborado un
Programa de Acción para los próximos 20 años que nos
muestra el camino hacia una realidad mejor. El Programa
de Acción presenta objetivos y recomendaciones sumamente
específicos en las esferas, mutuamente reforzadas, de la
mortalidad de menores de un año y madres, la educación
y los servicios de salud reproductiva y planificación de la
familia, pero sus efectos serán mucho más vastos. Este
Programa de Acción tiene posibilidades de cambiar el mundo”.
Al cabo de diez años de la nueva era, ha llegado el momento
de evaluar la situación:
- El Programa de Acción de la CIPD proporciona un plan
de campaña en cuestiones de población y salud reproductiva
que, a juicio de los países, es imprescindible para
alcanzar las metas de desarrollo en todo el mundo,
inclusive eliminar la extrema pobreza y el hambre,
ampliar los medios de acción de la mujer, reducir la
mortalidad derivada de la maternidad, preservar el medio
ambiente y frenar la pandemia de VIH/SIDA. En recientes
reuniones a escala regional y mundial y en la práctica, los
gobiernos han reafirmado decididamente su compromiso,
basado en la experiencia de utilizar el Programa de Acción
como indispensable estrategia para mejorar el bienestar de
las personas y velar por la vigencia de los derechos humanos.
- Muchos países en desarrollo han logrado enormes
adelantos en la aplicación de las recomendaciones de
la CIPD y han logrado resultados apreciables. Esos países
están tratando de integrar los factores de población con los
planes de desarrollo, mejorar la calidad y el alcance de los
programas de salud reproductiva, promover los derechos
de la mujer, satisfacer las necesidades de los jóvenes y de
las personas en situaciones de emergencia y fortalecer las
acciones de prevención del VIH. Sigue aumentando el
acceso a los servicios de planificación de la familia; en los
países en desarrollo, de las parejas casadas, un 60% utiliza
actualmente métodos anticonceptivos modernos, en comparación
con entre 10% y 15% en 1960.
- No obstante, la insuficiencia de los recursos y la persistencia
de los déficit en los servicios a las poblaciones
más pobres están obstaculizando el adelanto para responder
a los continuos retos, inclusive la propagación del
VIH/SIDA, especialmente entre los jóvenes, las necesidades
insatisfechas de planificación de la familia y las altas tasas
de fecundidad y mortalidad materna en los países menos
adelantados. Es preciso que los donantes den cumplimiento
a los compromisos asumidos en El Cairo y asignen la debida
prioridad a la salud reproductiva en los planes de asistencia
para el desarrollo y lucha contra la pobreza; además, es
menester aumentar la escala de los programas y ampliarla
para alcanzar la meta de la CIPD en cuanto a ofrecer servicios
integrales de salud reproductiva para todos antes de 2015.
Como lo indica su título, la CIPD se basa en la premisa de que
el tamaño, el crecimiento y la distribución de la población se
vinculan estrechamente con las perspectivas de desarrollo
económico y social y que las acciones en una esfera refuerzan
las acciones en las demás.
Esta premisa fue objeto de creciente aceptación durante
los dos decenios transcurridos después de la primera
Conferencia Mundial de Población, que se había celebrado
en 1974, dado que en las regiones en desarrollo la población
creció rápidamente y también fue en aumento el número
de países que acumularon experiencia en la ejecución de
programas de planificación de la familia. En 1994, los países en desarrollo, en su mayoría, tenían conciencia de la necesidad
de abordar las cuestiones de población a fin de promover
el desarrollo económico y mejorar el bienestar de las personas.
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| UN AMPLIO MANDATO |
La conferencia de 1994 recibió un mandato
expresamente más amplio que las anteriores
conferencias de población respecto de las
cuestiones de desarrollo, lo que indica que
cada vez se tiene mayor conciencia de que
la población, la pobreza, las modalidades de
producción y de consumo y el medio
ambiente están tan estrechamente
interrelacionados que no se puede considerar
ninguno de ellos en aislamiento. |
| —Programa de Acción de la CIPD, párrafo 1.5 |
UN NUEVO ENFOQUE. Pero la Conferencia de El Cairo cambió
radicalmente el enfoque de la comunidad internacional
con respecto a los problemas, relacionados entre sí, de la
población y el desarrollo, al poner a los seres humanos y
los derechos humanos en el centro de la ecuación, en lugar
de centrarse en las cantidades de población y las tasas de
crecimiento.
El aspecto fundamental de este cambio de paradigma fue
apartarse de la noción de que la población es esencialmente
una variable macroeconómica de la planificación y las políticas
y pasar a adoptar un enfoque basado en los derechos humanos, en el cual el aspecto fundamental
es el bienestar de las
personas. En el Programa de Acción
de la CIPD se exhortó a adoptar políticas
y programas encaminados a
crear un enfoque integrado que
vincule las acciones de población
con el desarrollo humano, la
ampliación de los medios de acción
de la mujer, la igualdad de género y
las necesidades y los derechos de las
personas, incluidos los jóvenes.
El Programa de Acción de la
CIPD reconoció que la clave del
desarrollo económico sostenido y
el desarrollo sostenible, así como
del logro de cantidades de población
que guarden equilibrio con el medio
ambiente y los recursos disponibles,
es efectuar inversiones en los seres humanos, ampliar sus oportunidades
y posibilitar que plasmen su potencial como seres
humanos.
Como parte de ese cambio de paradigma, la CIPD afianzó
la planificación de la familia, que otrora había sido el principal
centro de atención de las políticas y programas de
población, dentro de un marco más amplio de salud
reproductiva y derechos reproductivos, inclusive la planificación
de la familia y la salud sexual. La CIPD reconoció
que la salud reproductiva es un derecho humano de todos a
lo largo del ciclo vital y exhortó a los países a esforzarse por
lograr un acceso universal a servicios integrales de salud
reproductiva antes de 2015 (véase el Capítulo 6).
LAS OPCIONES INDIVIDUALES PROMUEVEN LA PROSPERIDAD. El consenso de la CIPD reconoció que, al posibilitar que las personas y los individuos determinen libremente la cantidad
y el espaciamiento de sus hijos y el momento en que estos
nacen, se acelera el progreso hacia familias más pequeñas y
un crecimiento más lento de la población, y se contribuye al
crecimiento económico y la reducción de la pobreza, a nivel
tanto del hogar como macroeconómico. Al mismo tiempo, el
consenso de la CIPD entendió que al no abordar las necesidades
y los principales déficit en materia de salud reproductiva
se contribuiría a perpetuar las altas tasas de fecundidad, de
mortalidad derivada de la maternidad y de crecimiento de
la población, con lo cual se menoscabarían las perspectivas
de reducción de la pobreza (véase el Capítulo 2).
DERECHOS DE LA MUJER. Se reconoció que la ampliación
de los medios de acción de la mujer es un fin importante en sí mismo, así como la clave para
mejorar la calidad de la vida de
todos. Sin una participación plena
y en un plano de igualdad de las
mujeres, no puede haber un desarrollo
humano sostenible. El
Programa de Acción destacó la
importancia de los derechos reproductivos
para la autonomía de la
mujer, así como en calidad de
complemento de la educación, la
habilitación económica y la participación
política (véase el Capítulo 5).
Se lograron importantes adelantos
en cuanto a enfrentar los urgentes
pero delicados problemas relativos a
la salud sexual de los adolescentes,
el VIH/SIDA y el aborto realizado
en malas condiciones. Se prestó una
atención sin precedentes a los grupos
que disponen de menos servicios, inclusive los campesinos pobres, las poblaciones indígenas,
los habitantes de tugurios urbanos, y las personas refugiadas
e internamente desplazadas.
PARTICIPACIÓN Y ALIANZAS. El acuerdo de El Cairo también
previó un proceso de desarrollo con participación de los interesados
y rendición de cuentas, en que se involucre activamente
a los beneficiarios para velar por que los objetivos de programas
y políticas estén vinculados con las realidades personales y
se entablen amplias alianzas entre gobiernos, organizaciones
internacionales y entidades de la sociedad civil.
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