UNFPAEL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2003
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HOME: EL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2003: el vih/sida y los adolescentes
State of World Population
Sections
panorama general de la vida de los adolescentes
desigualdad de género y salud reproductiva
el vih/sida y los adolescentes
promoción de comportamientos más saludables
satisfacción de las necesidades en materia de servicios de salud reproductiva
programas integrales para adolescentes
asignar prioridad a los adolescentes
Notas
Fuentes Para los Recuadros
Indicadores
Gráficos y Cuadro

el vih/sida y los adolescentes

Factores contribuyentes
Diferencias regionales
Efectos del SIDA sobre los jóvenes
Comercialización social de anticonceptivos
Servicios para la prevención y la atención del VIH/SIDA

Factores contribuyentes

El VIH/SIDA ha pasado a ser una enfermedad de los jóvenes, puesto que los jóvenes adultos de 15 a 24 años de edad constituyen la mitad de aproximadamente 5 millones de nuevos casos que cada año se agregan a las infecciones con el VIH en todo el mundo. No obstante, los jóvenes suelen carecer de la información, los conocimientos prácticos y los servicios que necesitan para protegerse a sí mismo contra la infección con el VIH. Su provisión tiene importancia crucial para contrarrestar la epidemia.

Según se estima, cada día unos 6.000 jóvenes se infectan con el VIH/SIDA—uno cada 14 segundos—y la mayoría de ellos son jóvenes mujeres. A fines de 2001, se estimaba que 11,8 millones de jóvenes de 15 a 24 años de edad estaban viviendo con el VIH/SIDA, es decir, un tercio de la cantidad total de personas que viven con el VIH/SIDA en todo el mundo. De ellos, sólo unos pocos tienen conocimiento de su propia reacción serológica positiva al VIH(1). (Cuadro 4).

Cuadro 4: Jóvenes de 15 a 24 años de edad que viven con el VIH/SIDA, por sexo: diciembre de 2001 (2)

Región
Jóvenes mujeres porcentajes
per cent
Jóvenes varones porcentajes
per cent
Total
África al Sur del Sahara 67 33 8,600,000
África septentrional y Oriente Medio 41 59 160,000
Asia oriental y el Pacífico 49 51 740,000
Asia meridional 62 38 1,100,000
Asia central y Europa oriental 35 65 430,000
América Latina y el Caribe 31 69 560,000
Países industrializados 33 67 240,000
Todo el mundo 62 38 11,800,000
Fuente: UNICEF/ONUSIDA/OMS.

Además, hay 13 millones de niños menores de 15 años que han perdido a uno o a ambos progenitores debido al SIDA. De esos huérfanos, una abrumadora mayoría vive en África. Las proyecciones para 2010 arrojan 25 millones(3).

Gráfico 4: Nuevas infecciones con el VIH en 2002, por grupo de edades

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Fuente: ONUSIDA

Factores contribuyentes

Una combinación de factores sociales, biológicos y económicos contribuye a estimular la pandemia de SIDA:

POBREZA El VIH/SIDA es una enfermedad sumamente correlacionada con la pobreza. En un estudio sobre 72 países efectuado por el Banco Mundial se indicó que tanto el bajo ingreso per cápita como la gran desigualdad en los ingresos estaban vinculados con las altas tasas nacionales de infección con el VIH; un aumento de 2.000 dólares en el ingreso per cápita estaba asociado con una disminución del 4% en las infecciones(4). En 2001, la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en su período extraordinario de sesiones sobre el VIH/SIDA, reconoció que “la pobreza, el subdesarrollo y el analfabetismo figuran entre los principales factores que contribuyen a la propagación del VIH/SIDA”.

LAS NIÑAS Y LAS MUJERES SON MÁS VULNERABLES Por razones atinentes a la biología, el género y las normas culturales, las mujeres son más susceptibles que los varones a la infección con el VIH. Se estima que hay 7,3 millones de jóvenes mujeres que viven con el VIH/SIDA, en comparación con 4,5 millones de jóvenes varones. En África al Sur del Sahara, las dos terceras partes de los jóvenes de 15 a 19 años de edad que se agregan a las filas de los infectados son mujeres. Entre las mujeres, el máximo de la prevalencia del VIH tiende a ocurrir alrededor de los 25 años de edad, es decir, entre 10 y 15 años antes que el máximo para los varones(5).

Desde el punto de vista biológico, el riesgo de que una mujer se infecte durante relaciones sexuales sin protección es de 2 a 4 veces mayor que para un varón(6); las jóvenes mujeres son incluso más vulnerables debido a que sus aparatos reproductores están aún en proceso de maduración y que los desgarramientos de sus tejidos ofrecen un fácil acceso a la infección(7).

Asimismo, las jóvenes enfrentan más altos riesgos sociales. Cuando tienen relaciones sexuales, tienden a predominar las relaciones con hombres de más edad y esto aumenta las probabilidades de que sus compañeros sexuales ya estén infectados. Algunas adolescentes están muy atraídas hacia los “gavilanes”, hombres mucho mayores y en mejor posición económica (por lo general, casados) que ofrecen a las niñas dinero, a cambio de relaciones sexuales. Lo más común es que las adolescentes con actividad sexual, al menos en África, tengan compañeros cuyas edades son entre 2 y 10 años superiores, que les ofrecen regalos, como jabón, perfumes, comidas en restaurantes y adornos. Algunas niñas pobres proporcionan relaciones sexuales a cambio de dinero para pagar la matrícula escolar o ayudar a sus familias. Una vez que han entablado relaciones con esos hombres, que son maestros, chóferes, dueños de tiendas o incluso agentes de policía, las niñas tienen escaso poder para negociar el uso de condones(8).

Los hombres suelen buscar compañeras sexuales más jóvenes, con pocas probabilidades de estar infectadas con el VIH(9). En algunos lugares, hay un mito dominante: que las relaciones sexuales con una virgen pueden curar el SIDA o las infecciones de transmisión sexual. Ese mito entraña mayores peligros para las jóvenes, víctimas de relaciones sexuales forzadas o bajo coacción.

RIESGO QUE CORREN LAS JÓVENES CASADAS El matrimonio no siempre protege a las jóvenes contra la infección con el VIH. Dado que el porcentaje de jóvenes varones que inician tempranamente su actividad sexual es muy superior al porcentaje de jóvenes mujeres, éstas probablemente contraen matrimonio con un hombre que ya tiene experiencia sexual. En Pune (India) se realizó un estudio en una clínica para infecciones de transmisión sexual. El estudio comprobó que de las 4.000 mujeres que acudían a la clínica en busca de tratamiento, un 25% tenía una infección de transmisión sexual y un 14% tenía reacción serológica positiva al VIH. Entre el 93% de las jóvenes casadas, un 91% tenía sólo un compañero sexual: su esposo.

Un estudio realizado en Kisumu (Kenya) comprobó que la mitad de las mujeres cuyos esposos eran 10 o más años mayores estaban infectadas con el VIH, en comparación con ninguna de las mujeres cuyos esposos eran hasta tres años mayores(10). Dentro del matrimonio, es muy difícil para las mujeres negociar el uso de condones, especialmente si son mucho más jóvenes que sus esposos.

FALTA DE INFORMACIÓN Y DE CONOCIMIENTOS PRÁCTICOS PARA SU PROTECCIÓN Debido a que en muchos países, las cuestiones sexuales son un tema tabú, hay grandes cantidades de jóvenes que carecen de la información—o los conocimientos prácticos suficientes —para negarse a tener relaciones sexuales o negociar prácticas sexuales de menor riesgo. Si bien la mayoría de los jóvenes han oído acerca del VIH/SIDA, son pocos los que tienen conocimientos suficientes para protegerse a sí mismos contra la infección.

Las encuestas realizadas en 40 países indican que la mitad de los jóvenes tienen conceptos erróneos acerca de la manera en que se transmite el VIH(11). En Ucrania, si bien un 100% de las adolescentes han oído hablar del SIDA, sólo un 21% conocen tres métodos de prevención. En Somalia, sólo el 26% de las adolescentes han oído hablar del SIDA y sólo un 1% saben como protegerse a sí mismas. En Botswana, donde una de cada tres personas está viviendo con el VIH/SIDA, virtualmente todos los jóvenes han oído hablar del SIDA y más del 75% tienen conocimientos sobre tres métodos primarios de protección. No obstante, un 62% de las jóvenes tenían al menos un concepto erróneo sobre cómo se transmite el VIH. Es excesivo el número de jóvenes que piensan que con sólo mirar a una persona pueden determinar si está infectada con el VIH.

SENTIMIENTOS DE INVENCIBILIDAD Los adolescentes tienden a subestimar, desestimar o denegar los riesgos de infección con el VIH. Los estudios de casos realizados por la OMS indican que sólo entre una quinta parte y un tercio de los jóvenes consideran que corren algún riesgo(12). Muchos jóvenes no reconocen que el comportamiento de sus parejas también los hace correr riesgos. Muchos otros tal vez crean que la infección con el VIH sólo ocurre entre trabajadoras del sexo, toxicómanos u hombres que tienen relaciones íntimas con otros hombres. Los sentimientos de invencibilidad, sumados a la falta de conocimiento sobre las consecuencias del comportamiento riesgoso, los pueden impulsar a adoptar menos precauciones para proteger su salud, y su vida./p>

INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL Las infecciones de transmisión sexual aumentan considerablemente la probabilidad de infección con el VIH(13), además de tener otras consecuencias en materia de salud reproductiva, como dolores crónicos, infecundidad o embarazos ectópicos que ponen en peligro la vida de la embarazada. Si bien escasean los datos sobre esas infecciones en los países en desarrollo, en particular en lo concerniente a los jóvenes, la OMS estima que al menos una tercera parte de más de 333 millones de nuevos casos curables que ocurren cada año afectan a personas menores de 25 años(14). Además, los jóvenes también tienen probabilidades mucho mayores que los adultos de volver a infectarse después de haber recibido tratamiento.

Un estudio realizado en Sudáfrica demostró que las probabilidades de que las adolescentes contrajeran infecciones de transmisión sexual eran superiores en un 30% a las de los varones de la misma edad, debido a que tenían relaciones con hombres de más edad, que probablemente padecían infecciones de transmisión sexual(15).

Los estudios sobre gonorrea en países escogidos del Oriente Medio y África comprobaron que las más altas tasas de infección se registraban en el grupo de 15 a 19 años de edad(16). En estudios realizados en la Argentina, Botswana, Filipinas, el Perú, la República de Corea y Tailandia se comprobó que una gran minoría de jóvenes, mayormente varones, han experimentado síntomas de infecciones de transmisión sexual(17).

En general, los jóvenes tienen escasos conocimientos acerca de las infecciones de transmisión sexual. En un estudio sobre jóvenes trabajadoras del sexo en Camboya se comprobó que sus limitados conocimientos se basaban en una combinación de hechos objetivos, mitos y rumores no siempre correctos(18). Una lamentable idea errónea de muchos jóvenes, que se comprobó en Kampala (Uganda) y en la ciudad Ho Chi Minh (Viet Nam) es que los síntomas desaparecerán con el correr del tiempo o con una buena higiene personal (al igual que el VIH). Esta creencia también era compartida por una de cada cinco estudiantes universitarias en Ilorin (Nigeria), 30% de los jóvenes en algunas zonas de Chile y la mitad de los jóvenes, varones y mujeres, en algunas localidades de Guatemala(19).

Lo probable es que los jóvenes busquen remedios tradicionales para las infecciones de transmisión sexual o que hagan caso omiso de los síntomas. Esta pauta se atribuye a sentimientos de culpabilidad por haberse contagiado y al estigma que tiende a asignárseles en los centros de salud, inclusive en las clínicas que dispensan tratamiento para las infecciones de transmisión sexual.

USO DE ALCOHOL Y DROGAS Compartir las agujas para inyectarse drogas es un medio sumamente eficiente de propagar el VIH, debido a que se introduce el virus directamente en el torrente circulatorio. Al combinar el consumo de drogas con las relaciones sexuales a cambio de dinero, se proporciona un puente para el VIH, desde los toxicómanos por vía endovenosa hacia la comunidad en general.

El consumo de drogas suele comenzar en la adolescencia. En Nepal, donde la mitad de los 50.000 toxicómanos del país tienen entre 16 y 25 años de edad, la incidencia del VIH entre los toxicómanos por vía endovenosa aumentó desde el 2% en 1995 hasta casi el 50% en 1998(20). La epidemia de VIH en la Federación de Rusia es la que crece con mayor rapidez en el mundo, impulsada por la creciente cantidad de jóvenes toxicómanos. En China, las más altas tasas de VIH se registran entre toxicómanos por vía endovenosa, que suelen ser hombres jóvenes.

Va en aumento el número de toxicómanos, en particular en Europa oriental y central, y lo propio ocurre con el número de usuarios ocasionales. Según las cifras correspondientes al año 2000 proporcionadas por el ONUSIDA, los toxicómanos por vía endovenosa constituyen más de la mitad de los casos de VIH en la Argentina, Bahrein, China, España, la Federación de Rusia, Georgia, el Irán, Italia, Kazajstán, Letonia, Moldova, Portugal y Ucrania(21).

El consumo de alcohol también puede impulsar la epidemia de VIH, al aumentar los comportamientos sexuales riesgosos. Un estudio realizado en Rwanda comprobó que los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad que consumían alcohol tenían menos probabilidades de abstenerse de las relaciones sexuales(22). En un estudio sobre adolescentes en Jamaica, se comprobó que los que habían experimentado con bebidas alcohólicas tenían posibilidades 2,4 veces mayores que los demás de tener actividades sexuales, a igualdad de otros factores(23).

INTERACCIÓN CON LA TUBERCULOSIS En todo el mundo, la tuberculosis es la principal causa de defunción de los pacientes de SIDA; un tercio de todos ellos están tuberculosos. Los infectados con el VIH tienen probabilidades mucho mayores que los demás—según algunas estimaciones, 800 veces superiores—de presentar tuberculosis activa(24). En Kenya, entre 1990 y 1996 se duplicó la prevalencia, tanto del VIH como de la tuberculosis(25).

Los jóvenes deberían estar vacunados para prevenir la tuberculosis (26). En la mayoría de los casos, la tuberculosis es tratable utilizando terapias de observación directa. Si se dispensa un tratamiento a medias, o erróneo, esto puede conducir a una tuberculosis resistente a los medicamentos, y el tratamiento se hace mucho más difícil y más costoso. Por consiguiente, los programas de lucha contra la tuberculosis, incluidos los que benefician a los jóvenes, deben formar parte de las estrategias de prevención y atención del SIDA.

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