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desigualdad de género
y salud reproductiva
El corte genital femenino (también denominado mutilación genital
femenina o circuncisión femenina) amenaza la salud sexual y
reproductiva de millones de niñas en África al Sur del Sahara
y el Oriente Medio.
En el Sudán, la infecundidad resultante de la infibulación
puede estar correlacionada con mayores altas tasas de divorcio(70).
Las actitudes masculinas, en particular con respecto al control de la
sexualidad femenina, son un importante factor de perpetuación del
corte genital femenino(71).
En todo el mundo, hay unos 130 millones de niñas y jóvenes
mujeres que han sido objeto de corte genital y cada año hay otros
dos millones que corren riesgo de sumarse a ellas (6.000 por día).
El corte genital femenino se practica en unos 28 países y las tasas
de prevalencia oscilan desde el 5% en la República Democrática del
Congo hasta el 98% en Somalia, la península árabe y la región del
Golfo(72). En estudios realizados en 1995 se comprobó que un 97% de
las mujeres egipcias casadas de entre 15 y 49 años de edad habían
sido circuncidadas; en Malí, esta proporción era en 1998 del 94%(73).
La mayor parte de esos procedimientos son practicados por
personal no médico—inclusive comadronas tradicionales, parteras
y “ancianas”—utilizando navajas o cordeles no esterilizados, lo cual
acrecienta las posibilidades de infección; por lo general, no se dispone
fácilmente de tratamiento de emergencia o postoperatorio(74).
MANERAS DE REDUCIR EL CORTE GENITAL FEMENINO Muchos
países han promulgado leyes para prohibir el corte genital femenino,
entre ellos Burkina Faso, Djibouti, Egipto, Ghana, la República
Unida de Tanzanía, el Senegal y el Togo. Si bien esas leyes imponen
multas y reclusión carcelaria(75), la aplicación de tales leyes suele no
ser rigurosa y la práctica continúa, rodeada de mayor secreto.
Se está tratando de reducir la incidencia del corte genital femenino
y de cambiar las actitudes subyacentes acerca de la sexualidad
femenina y el valor de la mujer. En Kenya, el Fondo de Desarrollo
de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), la ONG Maendeleo
ya Wanawake y el Programa de Tecnología Apropiada para la Salud
(PATH) han promovido la “Circuncisión verbal”, un rito alternativo
de tránsito a la adultez que preserva los aspectos positivos de la tradición
cultural(76). En Kenya, la Ley sobre la Infancia, aprobada en
2001, prohíbe el corte genital femenino(77). Un programa de reclusión
durante una semana, enseñanzas tradicionales, educación sobre
salud y asesoramiento psicosocial va seguido de una celebración por
toda la comunidad en que se ofrecen festines, danzas y cantos, para
afirmar la gozosa transición hacia la madurez femenina.
El proyecto, además de la participación de los líderes comunitarios,
ha involucrado a hombres y niños varones, especialmente
padres y hermanos; los adolescentes varones han manifestado que
se negarán a contraer matrimonio con niñas que han sido objeto
de corte genital, con lo cual han tranquilizado a padres y madres
acerca de las futuras posibilidades de matrimonio de sus hijas no
circuncidadas. En enero de 2000, el UNFPA y varios otros organismos
de las Naciones Unidas suscribieron un acuerdo para ampliar
estas medidas y llevarlas a otras comunidades donde son altas las
tasas de corte genital femenino.
En el Senegal, la organización Tostan ha tratado de crear conciencia
sobre la salud y los derechos, lo cual condujo a la adopción
de decisiones colectivas en 938 aldeas (18% de 5.000 comunidades
registradas) en el sentido de abandonar la práctica del corte genital
femenino y del matrimonio precoz(78). En Malí, la organización
Healthy Tomorrow (Futuro saludable) asume un enfoque más explícitamente
crítico y utiliza la música para educar a las personas
acerca de los efectos nocivos de esa práctica(79).
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