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desigualdad de género
y salud reproductiva
La violencia sexual es común en las vidas de las adolescentes.
Esta grave conculcación de sus derechos también perjudica su salud
reproductiva y sexual. Recién en el último decenio ha comenzado a
documentarse la magnitud de la violencia sexual cometida contra las
niñas. En estudios realizados en la India, Jamaica, Malí, la República
Unida de Tanzanía y Zimbabwe se comprobó que entre 20% y 30% de
las adolescentes habían sido objeto de violencia sexual(58).
COACCIÓN Para muchas adolescentes, su primera experiencia
sexual es forzada. En Sudáfrica, un 30% de las jóvenes manifiestan
que su primera actividad sexual se realizó bajo coacción. La violencia
sexual entorpece el desarrollo de las niñas, dificultando que permanezcan
en la escuela, destruyendo su confianza en los adultos y en
otros jóvenes de la misma edad y colocándolas en situación de
riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual, quedar embarazadas
o padecer daños físicos o psicológicos a corto y largo plazo.
Con frecuencia, los varones adolescentes y adultos toleran, o
incluso propician, la coacción sexual. También las jóvenes pueden
considerar que la violencia sexual o la actividad sexual obtenida por
la fuerza, el temor o la intimidación es algo normal, que en algunas
comunidades o sociedades refleja normas de género perversas.
En un estudio realizado en Sudáfrica se comprobó que la
violencia y la coacción sexuales contra las jóvenes estaban tan
generalizadas que se las denominaba “amor cotidiano”(59). En otro
estudio sobre 30.000 jóvenes, uno de cada cuatro varones afirmó
que había tenido relaciones sexuales sin el consentimiento de la
compañera(60). Los jóvenes, tanto varones como niñas, expresaron
su convicción de que imponer relaciones sexuales a una persona
que uno conoce es simplemente “una relación sexual intensa”,
y no violencia sexual, y las mujeres, en su mayoría, declararon
que son las propias mujeres las responsables del abuso sexual.
Casi en todas partes, son similares las circunstancias de la
violencia sexual: las niñas son con frecuencia objeto de violación u
otros tipos de abuso perpetrados por personas que conocen, inclusive
miembros de sus familias. A veces, los atacantes son miembros
respetados de sus comunidades: maestros, empleadores e incluso
dirigentes religiosos. Los educadores reconocen cada vez más la
necesidad de contrarrestar activamente la violencia. En Sudáfrica,
la Escuela de Salud Pública de la Universidad de El Cabo Occidental
formuló criterios para combatir la violencia sexual y por razones
de género ya desde la escuela primaria, cuestionando las actitudes
de los maestros y alentándolos a que transmitan a sus estudiantes
mensajes contra la violencia.
TRATA DE JÓVENES MUJERES Y NIÑAS Hay grandes variaciones
en las estimaciones del número de mujeres y niñas que cada año
son objeto de trata en la industria del sexo (a menudo mediante
coacción o secuestro) y sometidas a esclavitud laboral, pues oscilan
entre 700.000 y 4.000.000(61). En el último decenio ha aumentado
considerablemente la venta de jóvenes mujeres como esclavas sexuales,
lo cual constituye una grave conculcación de sus derechos y una
amenaza para su salud(62). La extrema pobreza, la baja condición
de las mujeres y niñas, los ineficientes controles fronterizos y la
colusión de los agentes encargados de hacer cumplir la ley, son
todos factores contribuyentes a ese aumento.
En Asia y Europa oriental, niñas ya de 13 años son objeto de
trata como “novias por correo(63)”. En la India, se estima que dos de
cada cinco trabajadoras del sexo tienen menos de 18 años de edad(64).
En Sri Lanka, la mayoría de los trabajadores del sexo son niños
varones(65). Según una estimación regional, cada año entre uno y
dos millones de hombres y mujeres son víctimas de trata, la mayoría
de ellos en Asia. Más de 225.000 proceden del Asia sudoriental y
otros 150.000 del Asia meridional(66).
Muchas mujeres procedentes de los países de la ex Unión
Soviética son llevadas a Israel, otras partes del Oriente Medio o
Europa occidental; muchas tienen menos de 16 años de edad. En
muchos países, lo más probable es que el sistema judicial encarcele
o expulse a las jóvenes, en lugar de castigar a los tratantes.
Con frecuencia, se mantiene ocultas a las jóvenes trabajadoras
del sexo, paro que no reparen en ellas las autoridades. En Camboya,
por ejemplo, una evaluación de la política de “uso de condones
100%” para las trabajadoras del sexo comprobó que cuando la policía
acudía para tomar nota de sus identidades, las jóvenes trabajadoras
del sexo solían estar escondidas(67).
Los jóvenes trabajadores del sexo, tanto mujeres como varones,
corren grandes riesgos de infección con el VIH. Tienen escaso o ningún
poder de negociación, no pueden insistir en el uso de condones y
suelen ser víctimas de coacción o violencia para que accedan a entablar
relaciones sexuales, de modo que aumenta la probabilidad de
transmisión del VIH. La prevalencia del VIH entre jóvenes trabajadores
del sexo tiende a ser alta: desde un nivel estimado en el 25%
en Camboya hasta el 48% en partes de la India y el 70% en Abidján
(Côte d’Ivoire)(68).
Algunos países han comenzado a cuestionar la industria de la
trata, a menudo en alianza con líderes comunitarios. Por ejemplo, a
comienzos del decenio de 1990, el Gobierno de Tailandia asignó alta
prioridad a prestar asistencia a los jóvenes que corrían riesgo de
ingresar en la industria del sexo. Se incluyeron varias zonas, entre
ellas ocho provincias de Tailandia septentrional, donde hay altas
tasas de VIH/SIDA y altos porcentajes de niñas que abandonan la
escuela(69). Se capacita a los maestros para que detecten a las niñas
que corren alto riesgo de ser vendidas y colaboren con sus familias
para mantenerlas en la escuela y que ganen dinero localmente.
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