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desigualdad de género
y salud reproductiva
En varias regiones del mundo, está aumentando la edad al contraer
matrimonio, pero está disminuyendo la edad en que los jóvenes
llegan a la madurez sexual(36), y en la vida de los jóvenes el comienzo
de la actividad sexual es más temprano, con lo cual se alarga el
lapso en que corre riesgos la salud de las jóvenes y los jóvenes.
En la mayoría de los ámbitos, las normas sociales de género
conforman las primeras experiencias sexuales de varones y mujeres.
Las jóvenes a menudo son objeto de presión o coacción para que se
avengan a tener comportamientos sexuales riesgosos, mientras que
se alienta a los varones a asumir esos riesgos; de modo que es posible que los varones esperen que sus compañeras accedan a esas conductas
o, de lo contrario, las hagan objeto de intimidación o violencia.
Las experiencias sexuales tempranas suelen estar asociadas con
otros comportamientos riesgosos, entre ellos el consumo de alcohol
y drogas o cigarrillos, particularmente en el caso de los varones.
Para muchas niñas, las primeras experiencias sexuales van
acompañadas de coacción(37). Cuanto más joven sea la niña y cuanto
mayor sea la diferencia de edad entre ella y el varón, tanto mayor
será la probabilidad de que se entable una relación de explotación.
En muchas partes del mundo persisten las normas de género
desiguales, en que se suele alentar a los jóvenes varones a que
amplíen sus experiencias sexuales y, al mismo tiempo, se insta a las
jóvenes a abstenerse. En algunos lugares, el equilibrio puede estar
muy distorsionado y puede haber demandas muy intensas para que
la mujer conserve su castidad y, al mismo tiempo, poca o ninguna
exigencia de que los varones hagan gala de autocontrol sexual o
traten a sus compañeras con respeto. Esas expectativas diferentes
son nocivas para los jóvenes, tanto varones como mujeres, y
obstan al establecimiento de relaciones saludables, responsables
y equitativas.
Varios estudios realizados en 21 países indican que la primera
experiencia sexual de más de un tercio de los adolescentes varones
es con una trabajadora del sexo. Los adolescentes sexualmente activos
manifiestan que tienen relaciones sexuales con diversas compañeras,
entre ellas sus novias, sus conocidas y trabajadoras del sexo(38).
Por lo general, las jóvenes mujeres tienen actividad sexual dentro
del marco del noviazgo piensan que esas actividades son un medio
de fortalecer la relación. Debido a su falta de poder, su temor a la
violencia y su noción del “deber conyugal”, muchas jóvenes no
pueden hablar con sus esposos acerca de si sus relaciones sexuales
son o no oportunas.
Con frecuencia, las desiguales normas de género, inclusive las
expectativas de pasividad femenina, reducen la posibilidad de que
las jóvenes efectúen opciones racionales acerca de su salud sexual.
Otro factor que también puede limitar sus opciones es el temor a
perder a su compañero sexual. En estudios realizados en los Estados
Unidos se llegó a la conclusión de que entre las niñas abandonadas
después de su iniciación sexual, la depresión resultante es tan
intensa como la causada por la muerte de un miembro de la familia(39).
En todas las culturas, el comportamiento sexual de los varones
refleja y afirma la identidad masculina. Pero los conceptos culturales
de identidad varían. Las cambiantes condiciones sociales y culturales
(por ejemplo, el mayor nivel de educación, la naturaleza en evolución
del trabajo, el acceso a los medios de difusión de masas, la
ampliación de los medios de acción de la mujer, las transformaciones
de los valores de una generación a otra, el aumento de las uniones
no oficializadas, la reducción de los papeles de la familia ampliada,
los crecientes costos de la crianza de niños, la urbanización y la
migración internacional) están redefiniendo algunos conceptos
aceptados de la masculinidad y de las relaciones entre hombres y
mujeres, haciendo un mayor hincapié en la responsabilidad.
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COMPORTAMIENTOS ACORDES
CON EL GÉNERO |
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Las investigaciones realizadas en Sudáfrica mediante “grupos focales”
comprobaron que las normas de género
limitan el poder de negociación de las jóvenes
para protegerse durante los encuentros sexuales.
“Las normas sociales dominantes sobre la masculinidad
presentaban a los varones como héroes
conquistadores y machos que asumían riesgos
en cuestiones sexuales”, mientras que las jóvenes
mujeres estaban predispuestas a “responder
con pasividad o con una fútil resistencia a las
embestidas masculinas”.
Las adolescentes tienden a afirmar que la
razón por la que tienen actividad sexual es para
cimentar una relación con la persona de quien están enamoradas. Cuando las niñas insisten en
el uso de condones, esto puede perturbar la relación.
Cuando los jóvenes varones tratan de iniciar
relaciones sexuales con las jóvenes, pueden
valerse de esa emoción para persuadirlas.
En “grupos focales” realizados en el Senegal,
los jóvenes de 14 a 16 años de edad convinieron
en que las expectativas acerca de las relaciones
se caracterizaban por la falta de respeto. Los
varones sospechaban que las niñas estaban interesadas
primordialmente en el dinero y otras
cuestiones materiales y tanto los varones como
las niñas manifestaron que cuando éstas se
niegan a tener relaciones sexuales corren riesgo
de ser golpeadas o violadas.
El Instituto Promundo de Río de Janeiro investigó
los factores que conducen a algunos jóvenes
varones a conducirse con las mujeres más
correctamente que otros. Los varones partidarios
de la “equidad de género” trataban de entablar
relaciones sobre la base de la igualdad y la intimidad,
y no de la conquista sexual, se oponían a la
violencia contra la mujer, querían compartir la
responsabilidad en la crianza de los hijos y querían
asumir responsabilidad por la salud
reproductiva. A raíz de esta investigación, se formuló
un programa para promover una
masculinidad saludable entre los varones adolescentes,
mediante actividades encaminadas a
crear conciencia sobre la violencia contra la
mujer y promover la buena salud. Fuentes
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NOVIAZGO Y RELACIONES Están cambiando los patrones de las
relaciones entre jóvenes varones y jóvenes mujeres(40). Al aumentar
la edad en que se contrae matrimonio, aumenta la oportunidad de
entablar amistades, noviazgos y relaciones más serias entre jóvenes
varones y mujeres. La prevalencia de esas pautas varía en diferentes
ámbitos y contextos sociales.
En algunos ámbitos es común, aun cuando irregular, que la mayoría
de los jóvenes salgan con parejas, pero el contenido de la relación
varía. La intensidad de la relación varía en función de la edad: los
estudiantes universitarios suelen entablar relaciones más estrechas.
Para la gran mayoría de los jóvenes (particularmente en el Asia oriental
y occidental) tales relaciones no incluyen la actividad sexual.
Es frecuente la supervisión de las relaciones de adolescentes
por parte de padres y madres, pero hay grandes minorías—con
predominio de varones más que de mujeres—que establecen relaciones
sin permiso. Investigaciones realizadas recientemente en los
Estados Unidos(41) indican que al menos la quinta parte de los jóvenes
adolescentes tienen actividad sexual, a menudo a espaldas de sus
progenitores. El conocimiento por parte de los adultos de las experiencias
sexuales de sus hijos suele ser limitado.
En los ámbitos donde los valores reinantes imponen la abstinencia
prematrimonial, hay mayor tendencia a no impartir a los
jóvenes información sobre salud sexual y reproductiva y a no debatir
esas políticas.
COMIENZO PRECOZ DE LA ACTIVIDAD SEXUAL Va en aumento
la iniciación sexual fuera del matrimonio, particularmente para
los varones. Los adolescentes, tanto varones como niñas, que tienen
actividad sexual, suelen comenzar con escasos conocimientos sobre
la sexualidad, la salud reproductiva, las prácticas sexuales menos
riesgosas o sus derechos individuales a negarse y abstenerse de la
actividad sexual.
En Filipinas, el Perú, Tailandia y Viet Nam, los jóvenes, tanto
varones como niñas, tienen tendencia a considerar que las relaciones
sexuales prematrimoniales son más aceptables para los varones que
para las mujeres(42). La tendencia es a que los jóvenes varones comiencen
a tener relaciones sexuales al menos dos o tres años antes que
las jóvenes; y en algunas partes del mundo, esto ocurre en el marco
de ritos de iniciación sexual o con una trabajadora del sexo(43).
En el Brasil, Etiopía, el Gabón, Haití, Kenya, Letonia, Malawi,
Nicaragua y Polonia, más de una cuarta parte de los varones de 15 a
19 años de edad entrevistados afirmaron que su primera relación
sexual había ocurrido antes de cumplir 15 años(44). En América Latina
y el Caribe, la edad media del primer encuentro sexual para los
varones es más temprana que para las niñas, y oscila desde 12,7 años
para los varones y 15,6 para las niñas en Jamaica hasta 16,0 años
para los varones y 17,9 años para las niñas en Chile(45).
Un estudio a fondo puso de manifiesto dos patrones en las
primeras experiencias sexuales de los jóvenes varones, conclusiones
que son paralelas a las de otras investigaciones(46). El primer patrón,
calificado de “impulsivo”, ocurría a edad temprana (15 o menos
años), y la motivación del niño era la curiosidad, la “necesidad física”
o la presión de otros jóvenes de la misma edad. Por lo general
ocurría en un hotel o en un prostíbulo, con una trabajadora del
sexo. En caso de utilizar anticonceptivos, se empleaban condones.
La segunda pauta, calificada de “ocasional”, correspondía a una
primera experiencia sexual del varón con una amiga o una conocida
casual en diversas ubicaciones, a menudo espontáneamente y sin
emplear anticonceptivos.
En el caso de las niñas adolescentes, la actividad sexual prematrimonial
varía considerablemente en diferentes regiones: menos
del 12% en Asia, hasta una cuarta parte en América Latina y
aproximadamente la mitad en África al Sur del Sahara.
En África al Sur del Sahara, en particular, las experiencias
sexuales iniciales de las niñas probablemente ocurren con hombres
considerablemente mayores, con frecuencia a cambio de dinero o
regalos. Esas condiciones reducen pronunciadamente la posibilidad
de que las niñas negocien una situación de menos riesgo y aumentan
sus posibilidades de contagio con infecciones de transmisión sexual
y VIH o de quedar embarazadas. Debido a que las relaciones sexuales
entre personas de distintas generaciones están impulsadas en parte
por la pobreza, y también se consideran una manera de elevar la
condición social de la niña, a veces los padres y madres las alientan(47).
A medida que las parejas van avanzando hacia el matrimonio,
en la mayoría de las relaciones es bien posible que haya actividad
sexual prematrimonial, inclusive en ámbitos relativamente
conservadores(48).
La falta de otras oportunidades, entre ellas empleo, deportes o
actividades religiosas y culturales, tiende a aumentar la importancia
central del comportamiento sexual en la autodefinición y la autoestima
de los adolescentes.
EMBARAZO NO DESEADO Muchos jóvenes, varones y niñas, están
comenzando su actividad sexual en etapas más tempranas de sus
vidas. Al no escoger la abstinencia como una opción, una gran
proporción de adolescentes y jóvenes necesitan tener acceso a
métodos de planificación de la familia, a fin de evitar los
embarazos no deseados(49).
Debido a sus limitados conocimientos y a que disponen de poca
orientación, lo probable es que los adolescentes no adopten medidas
para disminuir el riesgo en las relaciones sexuales ni usen anticonceptivos.
En la mayoría de las experiencias sexuales precoces sigue
siendo infrecuente el uso de anticonceptivos. Las jóvenes mujeres
siguen informando acerca de menores tasas de uso que los varones,
lo cual da pruebas del desequilibrio de poder en la negociación del
uso de métodos de planificación de la familia con sus compañeros o
de las restricciones en el acceso de las niñas a los servicios (debido
a falta de información, a sentimientos de vergüenza, a las leyes en
vigor, a las actitudes de los proveedores de servicios de salud y a las
prácticas o costumbres sociales).
Los estudios comunitarios sugieren que entre 10% y 40% de las
jóvenes solteras han tenido un embarazo no deseado. En estudios
sobre mujeres próximas a contraer matrimonio, los más altos porcentajes
corresponden a obreras de fábrica solteras, adolescentes
que no asisten a la escuela y mujeres que acuden en procura de
servicios de salud, pues más de un tercio entre ellas había tenido
un embarazo no deseado(50).
La mayoría de los embarazos no deseados de jóvenes solteras
terminan en aborto(51), lo cual plantea un grave problema de salud
pública, dado que muchos—cuando no la mayoría—de esos abortos
se realizan en malas condiciones y son practicados por personas que
carecen de formación médica o en establecimientos donde no se
satisfacen las normas mínimas de higiene y atención.
En estudios realizados en cuatro países de América Latina se
comprobó que entre 10% y 14% de los embarazos entre mujeres
jóvenes que nunca habían estado casadas terminaban en aborto; en
otros cuatro países, los porcentajes eran iguales a la mitad. En los
pocos países de Asia donde se han realizado estudios se comprobaron
pautas diversas(52). En Kazakstán, donde históricamente se ha aceptado
que se recurra al aborto en caso de embarazo no deseado, las tasas
siguen siendo altas, de un 45%; en cambio, en Filipinas, el aborto
es relativamente raro (un 7%) y predominan los alumbramientos
después del matrimonio(53).
USO DE ANTICONCEPTIVOS En los países en desarrollo, sólo
recientemente se ha comenzado a recopilar datos detallados sobre
comportamientos sexuales prematrimoniales. En 13 países donde
se cuenta con encuestas apropiadas acerca del momento en que
ocurren diferentes comportamientos sexuales y reproductivos, se
observan grandes diferencias en la edad de comienzo de la actividad
sexual y en la proporción de actividad sexual protegida por
anticonceptivos(54)
En los tres países asiáticos estudiados(55), era muy probable que
las mujeres conservaran su virginidad hasta el matrimonio (en dos
de los países, más del 95%), pero una vez comenzada la actividad
sexual, sus posibilidades de protección mediante anticonceptivos
eran muy bajas. Las tasas de virginidad prematrimonial en América
Latina(56) variaban desde 58% (Colombia) hasta 90% (Nicaragua) y en
África, desde 45% (Kenya) hasta 73% (Zimbabwe).
En los países de América Latina y África estudiados, más del
40% de los embarazos de mujeres solteras con actividad sexual culminaron
con el nacimiento de niños vivos antes del matrimonio.
El nacimiento de niños vivos poco después del matrimonio era
común en todas las regiones. En sólo dos países de América Latina
(Brasil y Colombia), más de la mitad de la actividad sexual entre la
iniciación sexual y el matrimonio se realizó con protección de anticonceptivos.
Lo más común era que entre dos tercios y tres cuartas
partes de la actividad sexual se realizara sin protección.
A medida que las jóvenes parejas van estableciendo relaciones a
largo plazo, son mayores las probabilidades de que utilicen anticonceptivos,
pero tienden a utilizar métodos distintos de los condones,
con lo cual disminuye su posibilidad de protegerse a sí mismos
contra las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH(57).
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