|
Panorama general de la vida
de los adolescentes
Las oportunidades de educación y empleo tienen efectos directos,
además de importantes efectos indirectos, sobre la calidad de la
vida, inclusive la salud y las perspectivas de desarrollo. Son particularmente
importantes para los derechos y la salud sexual y
reproductiva de las adolescentes. Tanto la educación como las
oportunidades de empleo posibilitan que las niñas y las jóvenes
obtengan conocimientos, se comprendan a sí mismas, adquieran
autoestima y aptitudes y obtengan un ingreso; también ofrecen la
oportunidad de entablar relaciones con otros jóvenes y con adultos
fuera de sus familias, fuentes de información potencialmente
importantes(36) que pueden abrir nuevas oportunidades, distintas
del matrimonio temprano y la procreación precoz.
ESCOLARIDAD Y DISPARIDADES DE GÉNERO Los jóvenes, en su
mayoría, tienen algún grado de acceso a las oportunidades de recibir
educación, pero la situación es muy desigual: actualmente, hay
115 millones de niños que no asisten a la escuela primaria y de ellos,
un 57% son niñas(37). En los países en desarrollo, hay 57 millones de
jóvenes varones y 96 millones de jóvenes mujeres de entre 15 y
24 años de edad que no saben leer ni escribir(38). El analfabetismo
excluye a los jóvenes de una amplia gama de oportunidades.
No obstante, hay algunos aspectos favorables. Según la UNESCO,
en todas las regiones las niñas y las mujeres están obteniendo cada
vez mayor acceso a la educación y acortando las distancias que las
separan de los niños varones y los hombres(39). La Iniciativa de las
Naciones Unidas para la Educación de las Niñas, emprendida en
abril de 2000, trata de acelerar el adelanto educacional coordinando
y focalizando los recursos financieros y no financieros de múltiples
organizaciones, inclusive gobiernos, ONG y organismos de las
Naciones Unidas, a fin de crear una vasta campaña de promoción
para la educación de las niñas y proporcionar apoyo a los países que
lo solicitan. Unos 90 países se están encaminando a satisfacer las
metas mundiales en cuanto a eliminar la desigualdad de género en
la educación primaria antes de 2015(40).
No obstante, en tiempos de conflicto, crisis social y desastres
naturales, aumentan las cantidades de niños que no asisten a la
escuela(41). Han disminuido las discrepancias en la educación posterior
a la primaria, pero en muchos países pobres siguen siendo apreciables.
En algunos países, las tasas de abandono de los niños varones
superan las de las niñas y ha disminuido la matriculación de niños
varones. Los reveses económicos y el estancamiento de las economías
pueden obstaculizar el progreso.
En muchos países en desarrollo, menos de la mitad de todos los
niños siguen estudiando y llegan a la escuela secundaria. Las estadísticas
educacionales muestran una pronunciada disminución en
la escolarización de las niñas después de la escuela primaria(42). Al
llegar a los 18 años, en promedio, las niñas han recibido 4,4 años
menos de educación que los varones(43).
Los maestros tal vez contribuyan, consciente o inconscientemente,
al problema. Por ejemplo, las investigaciones realizadas en Kenya
han mostrado que los maestros socavan la confianza de las niñas
en el aula, contribuyendo a que ellas piensen que no deben asistir a
la escuela(44). Los maestros toleran que los varones amedrenten a las
niñas y tienen menores expectativas acerca del desempeño académico
de éstas. Algunos maestros reconocieron que preferían a los varones
y a menudo asignaron a las niñas trabajos serviles, como el barrido
del aula, mientras asignaban a los varones tareas académicas.
Con frecuencia se retira a las niñas de la escuela, se las mantiene
en el hogar y, en general, ellas tienen sus interacciones mucho más
estrechamente reguladas a partir de la menarca, o comienzo de la
menstruación(45). Los datos que vinculan directamente la menarca
con el abandono de la escuela son de difícil obtención, pero las
pruebas antropológicas son abundantes. De la India meridional,
pasando por México, hasta Egipto, se vigila estrechamente a las
niñas y se restringe sustancialmente su movilidad, pues se considera
que son vulnerables al embarazo prematrimonial, el cual infringe
las normas sociales(46).
Una edad temprana al contraer matrimonio por primera vez
y al dar a luz es más común entre las jóvenes que tienen menos
educación(47).
Gráfico 3: Porcentaje de mujeres que han dado a luz antes de cumplir 20 años, por nivel de educación
Click here to enlarge image
Fuente: División de Población de las Naciones Unidas |
Las tasas de fecundidad disminuyen a medida que aumenta
el nivel educacional. Las mayores diferencias dentro de una misma
región ocurren en África, el Asia occidental y América Latina y el
Caribe, donde las mujeres que tienen educación secundaria o superior
tienen en promedio tres hijos menos que las que carecen de
educación. A medida que va disminuyendo el tamaño total de la
familia, esas diferencias se hacen menos evidentes.
LOS JÓVENES Y EL EMPLEO En todo el mundo, se estima que en
2000 había 352 millones de niños de entre 5 y 17 años de edad económicamente
activos y que de ellos, más de 246 millones trabajaban
ilegalmente y casi 171 millones, en condiciones peligrosas(48).
Pese a las leyes que prohíben el trabajo infantil, aproximadamente
186 millones de niños menores de 15 años de edad estaban
trabajando en 2000(49). Esto incluía 138 millones de niños de entre 10
y 14 años de edad—aproximadamente, uno de cada cuatro—, que
mayormente realizaban tareas no agrícolas(50). En Asia se registra el
número más alto de trabajadores menores de 15 años, 127,3 millones,
y le siguen el África al Sur del Sahara con 48 millones, y América
Latina y el Caribe, con 17,4 millones(51).
Según se estima, de los adolescentes de 15 a 17 años de edad,
141 millones, o el 42%, trabajaban en el año 2000(52).
Las tasas de desempleo entre los jóvenes son altas—56% en
Sudáfrica, 34% en Jamaica—y casi en todos los países, al menos el
doble del promedio para adultos(53). En muchos países en desarrollo,
la discriminación por motivos de género en la educación y las oportunidades
de empleo redunda en más altas tasas de desempleo entre
las mujeres jóvenes(54). La falta de educación limita las perspectivas
de empleo de muchos jóvenes, especialmente de las mujeres, y los
confina en tareas mal remuneradas y a menudo sujetas a riesgos,
en el servicio doméstico, en tareas agrícolas o en fábricas.
Cuadro
2. Porcentaje de adolescentes empleados en 2000, por edad,
sexo y región (55)
|
Región
|
Mujeres |
|
Varones |
| |
10-14 |
|
15-19 |
|
10-14 |
|
15-19 |
| África oriental |
35 |
|
62 |
|
38 |
|
66 |
| África central |
26 |
|
53 |
|
29 |
|
60 |
| África septentrional |
6 |
|
21 |
|
11 |
|
41 |
| África meridional |
2 |
|
35 |
|
3 |
|
40 |
| África occidental |
21 |
|
44 |
|
31 |
|
60 |
| Caribe |
7 |
|
23 |
|
13 |
|
39 |
| Centroamérica |
4 |
|
30 |
|
9 |
|
54 |
| América del Sur |
7 |
|
34 |
|
11 |
|
55 |
| Asia oriental |
0 |
|
49 |
|
7 |
|
51 |
| Asia sudoriental |
9 |
|
43 |
|
10 |
|
47 |
| Asia centromeridional |
13 |
|
35 |
|
14 |
|
52 |
| Asia occidental |
4 |
|
25 |
|
5 |
|
41 |
| Australia-Nueva
Zelandia |
0 |
|
52 |
|
0 |
|
53 |
| Europa—Total |
0 |
|
25 |
|
0 |
|
30 |
| Europa occidental |
0 |
|
23 |
|
0 |
|
27 |
| Europa meridional |
0 |
|
23 |
|
0 |
|
29 |
| Europa septentrional |
0 |
|
41 |
|
0 |
|
44 |
| Europa oriental |
0 |
|
23 |
|
0 |
|
27 |
| Melanesia |
13 |
|
49 |
|
17 |
|
59 |
| América del Norte |
0 |
|
38 |
|
0 |
|
41 |
| Fuente: Organización
Internacional del Trabajo |
|
|
COMBINACIÓN DEL TRABAJO Y LA EDUCACIÓN De los niños
adolescentes económicamente activos, la mitad trabaja a jornada
completa y la mitad combina el trabajo con la escuela(56). Muchos
jóvenes consideran que el trabajo es menos un obstáculo a su
educación o un riesgo para su salud y seguridad, que una estrategia
positiva de supervivencia para sí mismos y sus familias, un medio
de obtener recursos para el futuro y una entrada hacia la adultez
responsable. El trabajo puede dotar a las mujeres de sus propios
recursos y ampliar sus opciones en cuanto a la oportunidad del
matrimonio y la elección de su futuro esposo.
Escasean mucho las investigaciones sobre los efectos de combinar
el trabajo y la educación sobre los ingresos y las oportunidades de
vida en el futuro. Un estudio realizado en el Brasil comprobó efectos
desiguales. Un comienzo temprano en algunas ocupaciones, como
las construcciones civiles, las artesanías o las actividades comerciales,
realzaba las perspectivas a largo plazo de los jóvenes varones, pero
por lo general el comienzo temprano reducía el ingreso futuro,
debido primordialmente a que el trabajo obstaculizaba la educación.
Había algunos beneficios en el caso de las niñas empleadas domésticas,
pero sus oportunidades quedaban muy limitadas(57). A medida
que pasaban a ser más estrictos los conocimientos prácticos necesarios
para ocupar empleos mejor remunerados, las compensaciones
recíprocas pueden ser más difíciles. Además, las jóvenes que
comienzan a trabajar en la adolescencia tienen mayor cantidad
de hijos, más tarde(58).
Otra preocupación en cuestiones normativas surge
de la gran cantidad de adolescentes que no trabajan, ni asisten
a la escuela, ni están casados. Las circunstancias de esos jóvenes
varones y mujeres son de difícil determinación y es difícil llegar
a ellos. Por ejemplo, en el Pakistán, un 12% de los varones de
10 a 14 años de edad no trabajan, ni asisten a la escuela, ni
están casados, y esta proporción aumenta hasta el 15% entre los
que tienen de 15 a 19 años de edad. Entre las niñas, un 30% de
las que tienen de 10 a 14 años de edad y más del 45% de las que
tienen entre 15 y 19 años están “haciendo nada”(59).
|