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Panorama general de la vida
de los adolescentes
Los adolescentes están heredando un mundo en rápida evolución,
plasmado cada vez más por influencias mundiales, entre ellas:
- La mundialización del intercambio comercial, las inversiones
y las relaciones económicas.
- Los medios de comunicación de masas y el desarrollo de una
cultura de jóvenes.
- Las modalidades de gobernabilidad y la exclusión de ciertos
grupos sociales.
- La descentralización de la adopción de decisiones.
- La cambiante naturaleza del trabajo, que requiere nuevas
aptitudes y capacidades.
- La urbanización y la migración.
- Las enfermedades nuevas y que están reapareciendo, particularmente
el VIH/SIDA.
- Las cambiantes estructuras de la familia y la dispersión de los
miembros de la familia.
- El comercio en drogas ilícitas y la trata de seres humanos.
- Los conflictos y las conmociones sociales.
Los cambios políticos, sociales y económicos y los problemas
sociales resultantes están afectando las relaciones entre los progenitores
y los hijos, la forma en que se considera la autoridad paterna
y las instituciones que sirven a los adolescentes. Hay una enorme
diversidad en las circunstancias en que se encuentran los jóvenes,
entre distintos países y dentro de un mismo país. A continuación
se consideran algunos de esos aspectos.
CAMBIOS EN LAS FAMILIAS Y LAS CONDICIONES DE VIDA En
muchos ámbitos, tradicionalmente las relaciones entre los niños
y sus progenitores han sido sólo un componente de una red de
relaciones en la familia ampliada. Pero la migración, los nuevos
valores y conceptos, la pobreza, la dispersión familiar y los efectos
del VIH/SIDA han reducido la dependencia respecto de la familia
ampliada, particularmente en las ciudades. Esto ha acrecentado las
demandas a que están sujetos los progenitores, pero privándolos al
mismo tiempo de los sistemas de apoyo.
Muchos jóvenes están viviendo sin uno o ambos progenitores y
muchos también no puedan depender de sus familias para que los
apoyen. Un análisis de los datos de encuestas para países seleccionados
realizadas a fines del decenio de 1990(12) indica las proporciones
de jóvenes adolescentes de entre 10 y 14 años de edad que no viven
con su padre o su madre, la cual osciló entre 3% en Jordania y 13%
en Nicaragua y hasta más del 20% en algunos países africanos, y
además indicó que la cantidad de niñas que se encontraban en esta
situación era mayor que la de varones. Los niños que vivían con
un progenitor (en la mayoría de los países, con mayor frecuencia
la madre y no el padre) iban desde menos del 10% en Jordania hasta
el 32% en Nicaragua. Si bien escasean los datos sobre las diferencias
entre zonas urbanas y rurales, en Etiopía el 60% de los adolescentes
campesinos vivían con ambos progenitores, en comparación con el
41% de las niñas y el 47% de los varones en las zonas urbanas.
HUÉRFANOS Y NIÑOS DE LA CALLE La pérdida de uno o de ambos
progenitores cambia profundamente la vida de los adolescentes,
obligándolos a transformarse en jefe de familia o a vivir en las
calles. La pobreza y los conflictos políticos y étnicos exacerban la
situación.
Hasta el momento, a causa del SIDA han quedado huérfanos al
menos 13 millones de niños menores de 15 años. Según los pronósticos,
antes de 2010 se duplicará con creces la cantidad total de niños que
han quedado huérfanos a causa de la epidemia a partir de sus
comienzos(13). Antes del comienzo del SIDA, un 2% de los niños de
países en desarrollo era huérfanos. Actualmente, en diez países
de África al Sur del Sahara—Botswana, Burundi, Lesotho, Malawi,
Mozambique, la República Centroafricana, Rwanda, Swazilandia,
Zambia y Zimbabwe—más del 15% de los niños menores de 15 años
han quedado huérfanos(14).
Hay muchas otras razones para que los adolescentes busquen
refugio en las calles. Los hogares y las familias se desintegran
debido a la guerra o a situaciones de emergencia civil(15). Los niños
pueden ser empujados a abandonar su hogar debido a la extrema
pobreza, la violencia o las toxicomanías en la familia, o a conflictos
con sus parientes. Los niños tal vez escapen de malos tratos físicos o
mentales, del fracaso escolar, de los problemas de salud mental o de
comportamiento, del aburrimiento, de la falta de oportunidades o
de las relaciones insatisfactorias con otros jóvenes(16).
Las estimaciones mundiales del número de niños de la calle
varían desde 100 millones, con la mitad de ellos en América
Latina(17), hasta 250 millones(18). Esas cantidades están aumentando
rápidamente y las cantidades de niños de corta edad que viven
en las calles son superiores a las registradas nunca antes(19).
En Filipinas, por ejemplo, se informó en 1991 de que había
220.859 niños de la calle; en 1999, había 1,5 millón(20). En los países en
desarrollo, los niños de la calle pueden tener sólo 8 años, mientras
que en los países desarrollados suelen ser mayores de 12 años(21).
En Asia, los niños de la calle muy probablemente serán varones y no
niñas. Las niñas son menos visibles en la calle, posiblemente debido
a que es menor el número de las que se marchan de sus hogares o
son abandonadas por sus familias; o debido a que las niñas son
recogidas más rápidamente por las autoridades o que se las confina
y explota.
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TRABAJO CON JÓVENES QUE VIVEN EN LAS CALLES |
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El grupo El Caracol en México trabaja con niños de la calle de 15 a
23 años de edad. Los educadores callejeros entablan relaciones con los
jóvenes; les enseñan acerca del VIH/SIDA, las toxicomanías y otros
problemas sanitarios y sociales; y después colaboran con los jóvenes
para determinar cuáles son sus necesidades. El Caracol dirige un restaurante,
una imprenta y una granja para cría de conejos, donde los
jóvenes trabajan como pasantes y aprendices. Un programa de transición
proporciona considerable libertad y responsabilidad. El personal
trabaja con los jóvenes para que estos creen nuevas identidades, ayudándolos
a abandonar la autodefinición de “niños de la calle”.
En Nepal, el Plan de Bienestar de la Infancia trabaja en la zona de
tugurios de Pokhara y proporciona a los niños de la calle una clínica y
un centro de enseñanza de oficios y reintegración. Comenzó en 2002
con ex toxicómanos y niñas que habían sido objeto de trata. Los estudiantes
reciben enseñanza de oficios durante tres años y también
estudian matemáticas, ciencias, inglés y nepalí. El programa fomenta la
autoestima, ofrece capacitación en primeros auxilios y bienestar social
para que los jóvenes de la calle adquieran independencia y proporciona
servicios constantes de asesoramiento psicosocial a los jóvenes que
han experimentado traumas psicológicos.Fuentes
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Debido a sus precarias circunstancias residenciales y económicas
y a su falta de acceso a las instituciones de servicios sociales, los
jóvenes sin hogar suelen estar malnutridos, tener salud deficiente y
ser toxicómanos y susceptibles al abuso sexual y al VIH/SIDA(22). Los
adolescentes sin hogar, considerados por lo general “demasiados
mayores” para ser candidatos a la adopción, figuran entre los grupos
más postergados en lo concerniente a acciones de rehabilitación o
estrategias de prevención del VIH(23). Los jóvenes de la calle, a
menudo percibidos como una amenaza a la sociedad, son objeto de
violencia, tanto por parte de los agentes encargados de la aplicación
de la ley como del “vigilantismo”.
URBANIZACIÓN Y MIGRACIÓN Las zonas urbanas están cambiando,
los pequeños poblados se están transformando en ciudades y las
grandes ciudades siguen ampliándose. La urbanización es una
influencia especialmente importante en los países menos adelantados.
Las personas migran en respuesta a las oportunidades, las privaciones
económicas o las emergencias medioambientales, lo cual refleja a
la vez la insuficiencia de las inversiones en desarrollo rural y la
deficiente gestión de los recursos(24).
La experiencia urbana de los jóvenes simultáneamente les ofrece
oportunidades y los expone a riesgos. En cada uno de los aspectos
de sus vidas, los adolescentes migrantes siguen siendo un grupo
sumamente vulnerable y a menudo inaccesible.
Los jóvenes tal vez se desplacen con sus familias o por cuenta
propia, en busca de trabajo o de educación. La información sobre
las razones por las cuales migran los adolescentes es muy escasa y
es mucho lo que debe inferirse a partir de otros datos. Por ejemplo,
los datos obtenidos en el Togo correspondientes a 1998 indican que
un 34% de las niñas de 10 a 14 años de edad vivían en ciudades, en
comparación con el 28% de los niños varones y que las diferencias
aumentaban para el grupo de 15 a 19 años de edad: 44% las niñas
y 34% los varones(25). Esto sugiere que en las ciudades en el Togo
ofrecen—o parecen ofrecer—mejores oportunidades educacionales
y económicas para las niñas (Cuadro 1). Se registraron patrones
similares en Bolivia y Filipinas.
Cuadro 1: Porcentaje de adolescentes que viven en ciudades,
desglosados por sexo y por edades, países seleccionados
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Niñas |
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Varones |
| |
10-14 |
|
15-19 |
|
10-14 |
|
15-19 |
| Chad (1996-1997) |
22 |
|
23 |
|
23 |
|
29 |
| Togo (1998) |
34 |
|
44 |
|
28 |
|
34 |
| Bolivia (1998) |
61 |
|
75 |
|
60 |
|
69 |
| Nicaragua (1998) |
58 |
|
62 |
|
55 |
|
60 |
| Filipinas (1998) |
45 |
|
57 |
|
45 |
|
51 |
| Kirguistán (1997) |
26 |
|
29 |
|
25 |
|
26 |
| Fuente: The Population
Council. |
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La experiencia de los migrantes desde zonas rurales hacia las
ciudades varía considerablemente. En muchos países en desarrollo,
las tareas domésticas son una de las principales fuentes de ingresos
para las niñas y las jóvenes en zonas urbanas. En Bangladesh, las
labores textiles en las ciudades han ofrecido a las jóvenes migrantes
oportunidades insólitas de obtener ingresos, ahorrar para su dote
y aplazar el matrimonio; en su mayoría, sus experiencias han sido
muy positivas(26). En cambio, en Nigeria las jóvenes aprendizas de
sastre son muy vulnerables al abuso sexual debido a su posición
subordinada en el trabajo y su separación de sus familias(27).
Con frecuencia, las jóvenes migran a las ciudades o al extranjero
para vivir con las familias de sus esposos. Tal vez no se trate de una
opción libre, especialmente cuando la mujer es pobre o huérfana(28).
En Tailandia, las personas de 15 a 19 años de edad constituyen
la mayor proporción de los migrantes; manifiestan que tropiezan
con dificultades en las ciudades, pues cuentan con pocos adultos
que puedan ayudarlas con sus problemas(29).
Un estudio sobre migrantes internacionales que regresan a
México de los Estados Unidos (donde, según se estima, trabajan
8 millones de mexicanos) comprobó que un 24% de ellos eran menores
de 25 años(30). Un 80% de esos jóvenes encontraron trabajo en los
Estados Unidos; en el grupo de 12 a 17 años de edad, casi todos en
la industria o los servicios.
LOS NIÑOS Y LA GUERRA En el decenio de 1990, debido a los
conflictos perdieron la vida casi dos millones de niños y seis millones
resultaron gravemente lesionados o permanentemente discapacitados
(31). En 2000, según se estima, 300.000 niños soldados
participaron en 30 conflictos en todo el mundo(32).
Cada día hay 5.000 niños que pasan a ser refugiados y de cada
230 habitantes del mundo, uno es un niño o un adolescente obligado
a huir de su hogar(33). Después de más de dos decenios de guerra en el
Afganistán, centenares de miles de adolescentes están refugiados en
el Pakistán; la pobreza de la familia y la falta de acceso a la educación
han impulsado a esos jóvenes a trabajar como tejedores de alfombras,
recolectores de basuras, obreros en fábricas de ladrillos, sirvientes
domésticos, e incluso vendedores de drogas(34).
En 1998, en la República Democrática del Congo y en el
Afganistán, niños de 13 y más años de edad fueron reclutados por
la fuerza para el servicio militar(35). En 1999, las fuerzas armadas de
Angola rodearon y capturaron a grupos de jóvenes en los mercados
callejeros. En Myanmar, se informa de que el ejército ha impuesto
la conscripción forzada de niños menores en las escuelas. En El
Salvador, Etiopía y Uganda, una tercera parte de todos los niños
soldados eran niñas.
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SIERRA LEONA: LA RECONSTRUCCIÓN
POSTERIOR A LA GUERRA Y
LOS ADOLESCENTES |
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Varios años después de la guerra civil en Sierra Leona, hay aún innumerables
jóvenes y adolescentes, especialmente niñas,
empobrecidos, huérfanos y con frecuencia
sexualmente explotados y excluidos de las acciones
de reconstrucción, según una investigación
realizada en 2002 en que la Comisión de
Mujeres para las Mujeres y los Niños Refugiados
empleó adolescentes como principales investigadores
y encuestados.
Durante el conflicto, finalizado en 1999, los
jóvenes que combatían en facciones antagónicas
pasaron a ser a la vez perpetradores y víctimas de
la violencia. Los caudillos prometieron a los jóvenes
que se alistaban en las fuerzas militares una
porción de los recursos de diamantes de Sierra
Leona, pero posteriormente denegaron la paga
prometida a los soldados adolescentes e infringieron
continuamente sus derechos humanos.
Al comenzar la reconstrucción posterior a la guerra,
se excluyó a los adolescentes de la
formulación de políticas, con lo cual quedaron
desempleados, sin educación y sin acceso a la
atención médica.
Sierra Leona carece de clínicas costeables y
acogedoras para los jóvenes y la educación sobre
salud es inalcanzable para la mayoría de ellos.
Muchos jóvenes expresan que no creen en las
infecciones de transmisión sexual ni en el
VIH/SIDA.
Muchos adolescentes huérfanos participan
en actividades delictivas, en la vida en las
calles y en el uso de drogas. Con frecuencia,
las niñas y las jóvenes son obligadas a contraer
matrimonio precozmente o recurren a la
industria del sexo, debido a presiones económicas
o de sus progenitores, lo cual las sujeta
más a traumas físicos, mentales y sexuales—y
al riesgo de las infecciones de transmisión
sexual, incluido el VIH/SIDA—, como ocurrió
durante la guerra, cuando la violación era
común. Las recientes iniciativas para contrarrestar
la violencia por motivos de género no
se han puesto en práctica ni entraron en vigor.
La desconfianza de los adolescentes con respecto
a los adultos y al Gobierno, sumada a la
exclusión de los jóvenes por los adultos en las
tareas de reconstrucción, ha obstaculizado el
proceso de integración y mantenimiento de la
paz.
Diversos organismos de bienestar de la
infancia ofrecen asistencia a la reconstrucción de
Sierra Leona y protegen los derechos del niño,
pero su apoyo es fragmentario y suele haber
competición para obtener recursos destinados a
la asistencia a grupos vulnerables. Los múltiples
departamentos gubernamentales que se ocupan
de diferentes aspectos del bienestar de los niños
no están coordinados entre sí. Las organizaciones
de jóvenes carecen de recursos para avanzar
hacia la formulación de políticas.
El estudio conducido por los jóvenes recomendó la introducción
de cambios en las políticas y los marcos jurídicos
nacionales, a fin de proteger mejor a los niños,
los adolescentes y los jóvenes, involucrando
al mismo tiempo a los jóvenes en la formulación
de políticas, su aplicación y su puesta en práctica.
El estudio menciona la preocupación primordial
de los adolescentes por la falta de educación
y exhorta a que se preste mayor atención a la
educación y la enseñanza de oficios; destaca
que la igualdad de género y los servicios de
salud reproductiva son imprescindibles y exhorta
a adoptar medidas para reducir la violencia
sexual y física y proporcionar a las mujeres
oportunidades educacionales. Fuentes
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